Capítulo 4

Winry POV

Pasé varias horas vagando por las calles de Central, intentando distraerme mirando todo a mí alrededor. No quería volver a casa, me deprimía la sola idea de permanecer ahí.

No supe cuanto tiempo fue, pero cuando noté que comenzaba a oscurecer decidí volver a mi hogar. Cuando llegué, me sorprendió de sobremanera encontrar las luces encendidas y a mi marido en casa.

Una vez que crucé la puerta, Ed me recibió sonriente.

-Te esperaba.- me dijo mientras se acercaba y depositaba un fugaz beso en mis labios.

-Salí a dar un paseo.- le respondí sin emoción alguna.

-¿Te divertiste?

-Supongo.

-Bien, ahora tú y yo saldremos a cenar. He hecho una reservación en tu restaurant favorito.

Sonreí cansada. Realmente no estaba de humor, pero no me sentía capaz de negarme.

-Entonces espérame aquí, iré a vestirme.

-Opino que así estás perfecta.- dijo Edward acariciando mi cintura por encima de mi ropa.

-He estado caminando por horas, y quisiera tomar un baño.

-Insisto en que no es necesario.

-¡Por favor, Edward!- repliqué liberándome de sus brazos.

Noté que él me miraba confundido mientras yo subía las escaleras, y no era para menos, pues no estaba acostumbrado a verme de mal humor.

Minutos después entré a la ducha, disfrutando del agua caliente que acariciaba mi cuerpo. Aquella sensación era idónea para los momentos en los que deseaba pensar, y lo que ahora pasaba por mi cabeza era mi relación con Edward.

Podía asegurar sin temor alguno que nos habíamos casado enamorados. Éramos jóvenes, pero sabíamos muy bien lo que sentíamos.

Para ese entonces Ed era un novato en el ejército, pero su futuro era prometedor, y yo apoyaba sus sueños, al grado de llegar a perder mis propias ambiciones.

Cuando Edward comenzó a obtener reconocimiento, las apariencias constituyeron en él una nueva prioridad y tener una esposa que se dedicara a la mecánica no parecía algo muy bien visto, por lo que tuve que olvidarme de mi taller y mi oficio y convertirme en la elegante y sofisticada esposa del coronel.

Más no fue lo anterior lo que hizo que poco a poco fuera muriendo nuestro amor, sino el hecho de que Edward ya no pasaba tanto tiempo en casa, y nuestros intereses mutuos tomaron rumbos diferentes.

Cuando nos casamos, ambos queríamos una bonita casa que pudiésemos llenar de niños y donde pudiéramos vivir felices. Las típicas tonterías de juventud, pero algo que de verdad yo deseaba. Él, por su parte, ya había perdido todo interés en la descendencia y yo ya no lo comprendía.

Me atemorizaba admitirlo en voz alta, pero la verdad era que ya no amaba a Edward. Lo único que me ataba a él era la costumbre y mi miedo a la soledad, más, a la vez quería terminar con esa vida que no tenía sentido.

Quería recuperar mis sueños perdidos, quería vivir mi vida sin depender de alguien más, quería volver a ser yo misma, pero, ¿Cómo?

Y sin darme cuenta me había puesto a llorar. Todo tiene que acabar pronto, si no, dudo ser capaz de soportarlo.

Ceso mi llanto, y me armo de valor para tomar mi papel de la buena esposa. Pronto…pronto terminará.

Edward POV

De verdad me gustaría pasar más tiempo con ella, pero mis obligaciones no me lo permiten. Sus repentinos cambios de humor me preocupan, pues ella no se había comportado así antes. En cuanto me sea posible pediré unas vacaciones y le compensaré toda su soledad.

La gente comienza a decirme que me obsesiona el trabajo, pero en realidad solo estoy cuidando de mi éxito, pues debo preservar esta buena vida que mi amada Winry disfruta, aunque eso ya no parece ser suficiente.

Interrumpo mis pensamientos, pues ella ya ha bajado la escalera, lista para nuestra velada.

Se ha puesto ese vestido negro que tanto me gusta, y no puedo dejar de sentir que la amo cada vez más con el paso del tiempo.

Rápidamente me aproximo a ella y le ofrezco mi brazo.

-Eres tan hermosa.- le digo casi con devoción, y ella apenas logra sonreír.

La noto distante, pero quizás eso se arregle en unos minutos.

Subimos a mi auto y apenas cruzamos palabra camino al restaurant. Al llegar, nos guiaron a nuestra mesa, la mejor, y nos sentamos frente a frente.

-La vista es bella, ¿no?- le pregunté al percatarme que ella observaba el horizonte iluminado.

-Lo es.- respondió sin más.

Cuando comenzamos a cenar, Winry me cuestionó sobre asuntos de trabajo, lo que me pareció incómodo, pues no estábamos cenando en casa como un día cualquiera, por lo que me decidí a desviar el tema.

-¿Recuerdas aquella cita en la que te pedí que fueras mi esposa?- le pregunté sin poder evitar sonreír levemente, y ella abrió los ojos con evidente sorpresa.

-Fue un verdadero desastre, ¿cierto?- hablé nuevamente, y me desconcertó ver las lágrimas que comenzaban a salir de sus ojos.

-Fue…aquí mismo, en este restaurant.- dijo ella, esforzándose por no sollozar.

-Jamás me percaté de que la chaqueta que llevaba puesta tenía ese agujero en el bolso. Estaba tan angustiado cuando me di cuenta de que el anillo que iba a darte había desaparecido.

Una risa interrumpió su llanto y yo la imité.

-Pasaste horas buscándolo. Recuerdo que te ofreciste a limpiar el lugar tú mismo solo para encontrarlo.- agregó Winry con una sonrisa genuina.

-Y no hay un solo día en que no agradezca el que hayas aceptado casarte conmigo.

Al decirle esas palabras, su semblante cambia, y desvía la mirada, como si se sintiera culpable por algo. Decido ignorarlo, pues estábamos pasando un rato muy agradable y no quería que terminara.

Busqué entre mis memorias algunas anécdotas dignas de recordarse, y el tiempo voló entre risas y nostalgia.

Nos interrumpimos cuando nos informaron que ya casi era hora de cerrar el restaurant. La tomé de la mano y ambos nos levantamos de nuestros asientos.

El trayecto de regreso a casa fue más agradable, no hablamos mucho, pero se podía percibir cierta complicidad en nuestro silencio.

Entramos a nuestro hogar, y sin más preámbulos nos dirigimos a la habitación. No pude evitar clavar la mirada en ella cuando empezó a quitarse el vestido. La tela resbalando por sus finas curvas de una forma muy sensual, fue suficiente para sentirme acalorado.

Abracé a Winry por detrás, aferrándome a su suave cuerpo, y besé su cuello.

-E…Edward, cariño…no es… sábado todavía.- me dijo entre suspiros. Ignoré la observación.

Debido a mi apretada agenda de trabajo no podíamos compartir demasiada intimidad, por lo cual, los sábados estaban destinados a preservar nuestra vida sexual, pues temía que eso pudiera afectar mi matrimonio. Y parecía funcionar, pues la abstinencia de los días anteriores hacía que la lujuria aflorara en ese encuentro semanal.

Pero hoy no podía contenerme, estaba demasiado excitado como para dejar escapar la ocasión.

Lentamente, comencé a deslizar los tirantes de su vestido por sus hombros, deleitándome al sentir la suavidad de su piel. Recorrí con mis labios el trayecto de su cuello a su espalda, retirando la tela en el proceso. Winry respiraba agitada, sujetándose con fuerza a mis antebrazos mientras yo la acariciaba, eso me hacía comprender que ya no habría más objeciones.

Finalmente, el vestido termina en el suelo, lo cual aprovecho. Acaricio los firmes pechos de mi esposa y ella se arquea, provocando fricción entre mi miembro y su trasero. Emito un ronco gemido en el oído de ella. Ambos estamos enloquecidos de pasión.

Sin poder esperar más la deposito de espaldas en la cama y abro sus piernas con cierta brusquedad. Un extraño brillo inunda los ojos de Winry. Nuestras miradas se cruzan durante varios segundos, en los cuales permanezco inmóvil.

De pronto, ella se incorpora sobre sus codos y se acerca a besarme. Luego me susurra unas palabras…y la magia del momento se rompe.

*******

Agradezco mucho a quienes siguen la historia, y a: wined-16, soranji96 y a g-a-b-y por sus reviews.

¡Hasta el próximo capítulo!