Kate dio una última calada a su cigarro mañanero, observando cómo los jóvenes charlaban animadamente y entraban en el instituto. Tiró la colilla al suelo y con el zapato la pisó levemente. Acto seguido se acomodó mejor la falda granate que le hacían llevar y suspiró fastidiada. No le gustaba nada llevar uniforme. Ella quería vestir su propia ropa, cosa que había hecho los primeros días hasta que el director le dio un toque de atención a ella y a sus padres y éstos ya le obligaron a seguir las normas del centro. Faircroft Preparatory Academy era uno de los mejores centros de Nueva York. Era un centro sofisticado y gozaba de tener unas instalaciones estupendas. También presumía de preparar perfectamente a sus alumnos de cara a la Universidad. Su reputación había sido construida a base de una fuerte educación, compromiso y responsabilidad. Kate realmente se cuestionaba en qué momento aceptó estar en un instituto tan pijo y egocéntrico.
-Ten, necesitarás esto si quieres que los profesores consideren que eres buena alumna.
Kate se giró al escuchar cómo una voz femenina le hablaba. Al girarse se encontró con una chica más bajita que ella, que también vestía uno de los muchos uniformes que el centro ofrecía, tendiéndole un paquete de chicles de menta.
–Si les caes bien te inflarán mucho la nota. Créeme que lo querrás. – Kate sonrió y cogió un chicle, masticándolo ágilmente para sentir el frescor invadiendo su boca.
– ¿Eres la voz de la experiencia? – preguntó divertida.
-¿Acaso lo dudas? – ambas rieron. - Por cierto, soy Lanie. Lanie Parish. Aunque dudo que te acuerdes de mi nombre en estos primeros días.
-Kate Beckett, encantada. Y tranquila, me acordaré… - al final rio dándole la razón. – Puede que me cueste un poco quedarme con tu nombre.
-No te culpo, te entiendo perfectamente. – sonrió levantando las manos, comenzando a andar para entrar en el instituto, obligando así que Kate también entrara tras ella. - ¿Qué tal va tu adaptación?
-La verdad es que me encuentro con gente muy agradable que hacen que me sea más fácil. – comentó distraídamente buscando su taquilla. – Creo que estoy integrada y aceptada en el grupo de las populares – rio entre dientes.
-Ugh, ¿con Meredith y compañía?
-Me ha encantado ese tono que has empleado. – rio cruzándose de brazos, mirándola divertida. - ¿No te caen bien?
Lanie alzó una mano y enarcó una ceja.
-Hermana, yo no soy tan cotilla como el diablo empedernido. No voy a criticarla, no me apetece. Sólo diré que no me cae bien una chica de ese grupo.
Kate sonrió y localizando su taquilla fue hasta ella.
Lanie la siguió y se apoyó en una de las taquillas continua a la de Kate.
-¿Vas a la famosa fiesta del viernes? – le preguntó mientras intentaba abrirla.
-¿Esa de la que todo el mundo habla? – Kate asintió. – No lo sé, ¿tú irás?
-El capitán del equipo de lacrosse me aseguró diversión así que supongo que sí.
-¿Qué? ¿John Corewill?
Kate asintió, esta vez exasperada porque su taquilla no se abría y empezó a darle golpes. Lanie, todavía sorprendida por lo que le acababa de confesar la cogió por los hombros impidiendo que continuara con su particular espectáculo.
-¿Me estás diciendo que John Corewill te ha tirado los tejos? - Beckett volvió a asentir. – Madre mía chica, tú sí que no pierdes el tiempo. Oh, pero… debo advertirte que John más bien es de los que van de flor en flor…
Beckett alzó una mano para que no se preocupara.
-No busco ningún compromiso, yo sólo busco diversión y algo me dice que con él la lograré. Así que tranquila, no me voy a pillar de él. – volvió a su tarea de dar golpes en su taquilla y al ver que no podía abrirla, su cabreo iba en aumento.
-Realmente eres una chica libre y dura. – rio volviéndose a apoyar en la otra taquilla.
Lanie miró a su derecha y vio que justamente a su lado estaba Rick, que sacaba libros y apuntes de su taquilla distraídamente para poder meter su palo de lacrosse y su mochila deportiva, totalmente sin darse cuenta de las chicas.
-¡No puto entiendo esta mierda de instituto! ¡Tanto presumir y tienen una puta taquilla de mierda que no se abre!
Lanie se quedó mirando fijamente a Richard ignorando el desquicio de Kate.
Su mente empezó a trabajar con fluidez.
Debía actuar.
-Bueno Kate, yo me tengo que ir ya. Tengo laboratorio y si conocieras al señor Evans ya tendrías tu culo en una silla. – comentó en un tono más alto para que Richard les escuchara, cosa que no consiguió.
Así que optó por acercarse directamente a él.
- ¡Rick! – exclamó, saludándolo, provocando que él joven diese un brinco y se le cayese el palo de lacrosse.
-Lanie, qué susto. – respiró profundamente y se restregó los ojos. Esa mañana no le había dado tiempo a beberse su café y era realmente un alma en pena hasta que no se despertase del todo.
-¿Conoces a Kate? – Lanie fue directamente al grano, cogiéndolo del brazo y tirando levemente de él, casi provocando su caída puesto que se había agachado para recoger el palo. Logró posicionarlo más cerca de ella y que se diera cuenta de su existencia.
Kate estaba suspirando totalmente frustrada cuando vio que Lanie se había acercado con un chico hacia ella. Se echó el pelo hacia atrás con la mano observando cómo el joven miraba con detenimiento su movimiento.
-Huh, hola, soy Kate. Kate Beckett.
Miró divertida al joven que tenía delante, totalmente pasmado. Llevaba una camiseta granate con un dibujo de un caballero y el logo de "Knights" que representaba al instituto. Era un joven bastante alto, algo más que ella. Cosa que le gustó pues casi toda la gente que había conocido era más bajita que ella. Se fijó cómo su pecho y sus brazos se ajustaban a la camiseta y cómo de su cabello corto sobresalía perfectamente un flequillo cuidado que caía sutilmente sobre su cara, resaltando sus ojos azules. Unos ojos bastante curiosos puesto que podía observar un brillo especial en ellos.
Lanie le dio un codazo a Richard para que hablase, puesto que se había quedado totalmente mudo.
-Ri… Richard Rodgers. – sonrió nervioso. – Encantado.
-Bueno chicos, yo me voy. Kate, si quieres después de clase te enseño las instalaciones.
-Me harías un favor porque apenas me las han enseñado.
-De acuerdo, nos vemos chicos.
Kate se despidió de Lanie y al ver que Richard no decía nada volvió a su tarea de dejarse los puños en su taquilla, maldiciéndola en voz alta.
Rick miró a su alrededor y se dio cuenta de que estaba él solo con ella y debía aprovechar la situación.
-Déjame ayudarte… - dijo con una voz bastante baja. Acto seguido, Rick dio un fuerte golpe por debajo y otro seguido más cerca de la cerradura. La puerta enseguida se abrió – Ya está. El año pasado tuve esa taquilla y me costó semanas pillarle el truco. Menos mal que logré que me la cambiaran– sonrió, aún un tanto cohibido.
-Oh, gracias – Kate sacó sus libros y se los colocó entre su pecho y su brazo. Resaltando así su escote al tener un par de botones de la camisa desabrochados. Rick le dedicó una rápida mirada y decidió retroceder un poco para no empezar a sudar y a tartamudear.
–No lo entiendo, ya había golpeado donde has golpeado tú y no se abría.
-Eso es porque necesitaba más fuerza para abrirse. – dijo, agachándose para recoger su palo y guardándolo en su taquilla.
-¿Me estás llamando debilucha? – protestó, frunciendo su ceño y pronunciando su afamada vena de la frente.
-¿Q-q-qué? N-no… ¡No! – dijo cerrando nervioso su taquilla.
Kate rió a carcajadas al volver a ver la tartamudez del chico por los nervios.
-Relax, estaba bromeando.
-Ah… Lo siento.
-¿Por qué te disculpas?
-Bueno, no quiero que pienses que soy uno de esos tíos que piensan que las mujeres no servís para nada y que sois débiles y necesitáis la ayuda y protec…
Rick enseguida enmudeció al notar el contacto del dedo de Kate en sus propios labios. Le había puesto su dedo encima callándolo. No sólo eso, también se había acercado a él considerablemente. Podía permitirse el lujo de observar a la perfección esos ojos verdes con matices marrones que no había tenido la oportunidad de haber apreciado anteriormente. Podía pasear su mirada por su cara y darse cuenta de que apenas llevaba maquillaje, pero igualmente estaba preciosa. Podía observar a la perfección labios tan pequeños que ella tenía y que al moverse de su boca salía un agradable aliento de menta.
-¿Qué? – preguntó, cuando ella le quitó el dedo de encima, siendo consciente de que le había dicho algo bastante indignada. Pero él sólo podía centrar su atención en lo guapa que era.
-¡No entiendo por qué me hacen ir con uniforme y tú vas con una simple camiseta de un caballero! – respondió dándole sucesivos golpes en el pecho con el dedo que antes había puesto en sus labios para que se callase. - ¿Qué clase de injusticia es esta?
Richard se tuvo que centrar para poder responderle. Para él estaba siendo un martirio que esa mujer le tocara tanto. Además, le estaba poniendo muchísimo enfadada. Sentía que en cualquier momento iba a explotar.
-Oh, es… - carraspeó tratando de respirar hondo. Era increíble lo que esa mujer era capaz de provocar en su interior. – Es el logo del instituto. Me la dejan llevar porque estoy en el equipo de lacrosse y hoy me toca entrenamiento. Es todo publicidad para el centro, ya sabes, por si voy por la calle para que me vean. Cuando no tengo entrenamiento tengo que ir con corbata y camisa.
Kate, que había adoptado una postura de brazos cruzados terminó relajando el rostro.
-¿Eso quiere decir que me tengo que apuntar a la mierda del equipo de lacrosse para poder ir más cómoda?
-Oye, tampoco te pases.
-¿He herido tus sentimientos de equipo de machotes? – Kate volvió a acercársele de nuevo desafiante, arrinconándolo contra un pilar del pasillo.
-N-no… Q-quiero decir no. – volvió a repetir más seguro.
Kate soltó una risita que a él le pareció encantadora.
-Eres muy mono. – respondió cogiéndole del moflete. - ¿Lo sabías? – lo soltó y se alejó de él.
Rick se tiñó de rojo, totalmente avergonzado. Es gesto le había pillado totalmente desprevenido.
-También hay otros deportes como por ejemplo natación, por si te quieres apuntar e ir más cómoda. O también ajedrez si no te gusta hacer deporte…
Kate estalló a carcajadas y se acercó de nuevo a él, que seguía totalmente tieso y apoyado en el pilar.
-Y también eres gracioso. Gracias por las propuestas, lo pensaré. – Kate se acercó más y le susurró en el oído con una voz melosa. – Sí que me gusta hacer deporte. Y no te imaginas cuánto. – retrocedió con la cabeza para observar como se había quedado boquiabierto y le dio unas palmaditas en el hombro, sonriéndole provocativamente y se fue.
Lo dejó apoyado en el pilar conteniendo la respiración y totalmente rojo. Richard se había despertado ese día tarde con las sábanas entre las piernas y ya pensó que había empezado con el pie izquierdo. Pero desde luego lo que acababa de vivir él no lo veía como empezar el día con el pie izquierdo.
