La Liga de Barthez
Rachel escuchaba la radio; tenía tiempo que no oía a Magdalena Ciani y aquel disco que compró no lo había reproducido. La canción que escuchaba, "Habanera", era del disco de Arias Francesas.
«L'amour est un oiseau rebelle que nul ne peut apprivoiser, et c'est bien en vain qu'on l'appelle...» Se escuchaba la hermosa voz de Magdalena junto a la voz desafinada de Rachel que, aunque su francés fuera pésimo, cantaba alegre mientras planchaba el uniforme de su escuela. Rachel estaba con los clásicos nervios de la alumna nueva, pero también, sentía la felicidad de que había logrado una amistad, y por accidente, ya que sus habilidades sociales no eran las mejores. Mientras pasaba la tarde preparando todo, Rachel había pensado en lo que Kayako le había dicho sobre el nuevo campeonato de beyblade, y también en que le debería de importar mucho más de lo normal el pasado de Boris. Era cierto que Rachel no lo conocía bien, solo sabía que le había dado un ataque de locura y quería conquistar el mundo a base del juego pero para conocer más la historia tenía que jugar a ser la detective.
Cuando la información ya no solía salir en las noticias, Rachel sabía a donde recurrir en búsqueda de ella: La biblioteca. El único lugar en la tierra donde Rachel podía encontrar grandes fuentes de información. Al llegar aprovechó para sacar el carné de identificación, luego fue a la hemeroteca, donde almacenaban los periódicos e imágenes, y buscó los de hace dos años con información del campeonato mundial del beyblade. Encontró un primer periódico con un título en primera plana que decía:
"Rusia cede de un campeonato de Beyblade épico ".Lo primero que uno pensaría con el título seria como si lo más fantástico e inesperable hubiera pasado, pero era todo lo contrario. Rachel comenzó a leer el artículo: "El campeonato de Beyblade concluyo de manera asombrosa como horrorosa. Los nuevos campeones Tyson Kinomiya, Max Mizuhara, Ray Kon y Kai Hiwatari (este último nieto de Voltaire Hiwatari), mejor conocidos como los bladebreakers; lograron no solo ganar el campeonato sino también desenmascarar un horrible secreto de las empresas BioVolt. Como todos sabremos las empresas BioVolt se han caracterizado a lo largo de los años por ser una de las mejores exportadoras de materiales industriales a países como Australia, Estados Unidos y gran parte de Europa. Pero usted querido lector se preguntará ¿qué tiene esta empresa que ver con este simple juego? Pues demasiado. Al finalizar el torneo, y darse la copa a los campeones, desenmascararon a Voltaire Hiwatari y a Boris Balkov (Abad de la abadía Balkov), como los dueños de un horroroso plan de querer controlar al mundo a base de soldados entrenados en el beyblade los cuales eran, en su mayoría, niños. Y los Demolition Boys eran uno de ellos."Rachel observó la fotografía del grupo de los Demolition Boys, se veían a los cuatro muchachos escoltados por oficiales rusos. Ellos se mostraban musculosos pero pálidos y ojerosos, a pesar que la fotografía estaba en blanco y negro. Debajo de ella se observaban sus nombres, de izquierda a derecha: Ian Papov, Bryan Kuznetsov, Tala Ivanov y Spencer Petrov. Siguió observando la fotografía y notó que el chico de en medio, Tala Ivanov, parecía estar en un estado de shock, pero dos de sus compañeros le cubrían cierta parte del cuerpo y cara. Rachel continúo leyendo: "Al inspeccionar la abadía Balkov, se descubrieron laboratorios experimentales donde la mitad de los equipos eran proporcionados por las empresas BioVolt y cárceles medievales donde castigaban a los niños que salían del sistema de entrenamiento. La policía evacuó a más de 180 niños a casas hogar, para poder comenzar a identificarlos. También se cree que existan cuerpos de niños muertos, enterrados en los jardines de la abadía (la policía investiga esos detalles). Y mientras para Voltaire Hiwatari y Boris Balkov, se encuentran esperando juicio por explotación infantil y abusos psicológicos, siendo así que les den aproximadamente de ocho a doce años de prisión sin libertad condicional".
Rachel tragó difícilmente. Estaba sorprendida por lo que había leído pero decidió seguir en busca de más periódicos. A lo largo de media hora encontró más información que daban casi los mismos detalles del primer periódico que leyó. Decidió imprimir unos cuantos y al terminar de investigar se pasó a la zona de computadoras, tomó una, abrió el explorador de Google y escribió: Campeonato Mundial de Beyblade. En la primera página parecieron detalles de los dos últimos campeonatos cuando, en el tercer enlace, apareció la página oficial de la BBA. Rachel dio clic, entró y al cargar la página lo primero que apareció fue "World Tournament Champion Coming Soon". Quedó perpleja y lo único que hizo fue tomar sus copias e ir a pagarlas.
Rachel dejó la biblioteca y se fue directa a la parada de autobús para poder llegar a casa. En el trayecto iba leyendo los artículos de los periódicos y en ninguno vio información sobre niños muertos en la abadía, ya que eso era lo que más le hacía helar la sangre. Si en algún pasado Boris había sido capaz de matar a niños, solo por no seguir sus exigencias, de ahora en adelante Rachel tendría que dormir con un bate de béisbol a lado suyo. Mientras más pensaba no entendía el motivo de porque la había adoptado, tal vez para cambiar la imagen pública y ver que era buen padre o necesitaba un desquite para todo, y Rachel para eso era muy buena; ser una persona de con la cual desquitarse. Pero un miedo terrible, el primer miedo que realmente sentía, la hizo sentir varias alarmas en su cabeza.
«¡Saca eso de tu cabeza!» pensó buscando la tranquilidad.
Llego a casa, abrió la puerta y escuchó a Boris con otra persona. Confirmado, Boris si recibía visitas.
— Espero y que todo salga como lo acordamos Barthez —dijo Boris en un tono de voz muy diferente al como hablaba con ella. Era un tono molesto— si no, conocerás al diablo.
La visita hecho una carcajada. Rachel confirmó que era un hombre quien le acompañaba.
— Cálmate Balkov, todo está como lo hemos acordado. Solo es cuestión de esperar los torneos de admisión al campeonato mundial y...
Rachel aventó la puerta para hacerse notar, pero a la vez, fingir que no había escuchado esa pequeña parte de la plática. Los hombres se callaron abruptamente. Ella puso la carpeta de copias bajo su brazo izquierdo y esperó a que Boris hiciera acto de presencia, pero no pasó. Así que a ella no le quedó más que actuar.
— ¿Hola?
— ¡En el comedor! —exclamó Boris.
Rachel se armó de valor y se dirigió hacia la habitación, estando allí se quedó parada en el dintel y miró a Boris sentado en la silla principal, y a su lado a un hombre de cabello negro largo hasta sus hombros; chaleco color vino de fina estampa y una botella de vodka en la mesa. Mala señal.
— Rachel, querida ¿dónde estabas? —preguntó Boris con una sonrisa tétrica.
— En la biblioteca.
— ¡Ah, un ratoncito de biblioteca! —Exclamó aquel hombre—. No me habías mencionado eso Boris.
Ambos comenzaron a reírse. Rachel les miro extrañada.
— Perdóname Rachel, él es Jean-Paul Barthez. Un viejo amigo mío.
«¿Tienes amigos?» pensó Rachel mientras sonreía suavemente.
— Mucho gusto, Rachel —dijo mientras alzaba su vaso de cristal.
Ella seguía sonriente. En esos momentos Boris notó la carpeta que traía bajo el brazo.
— ¿Y eso es…? —preguntó apuntando.
— Una... —soltó nerviosa— una lista de libros.
— ¿Cómo? —preguntó dudoso—. Si ya tienes los de la escuela.
— No, son otros libros, más bien novelas.
— ¡Ah! —Exclamó Barthez—. Que interesante. ¿Qué te gusta leer, niña?
— Lo que sea. Cualquier estilo es bueno.
— Excelente —dijo mientras le daba un trago al vodka—. Te traeré algunos libros que tengo en casa.
— Gracias señor Barthez.
Rachel se dio la media vuelta para desaparecer por el pasillo que conducía hacia las escaleras. Por un momento sintió que su corazón quería salir por su garganta; ambos comenzaban a alcoholizarse y las cosas podrían haber llegado a mayores, pero lo mejor que pudo hacer fue encerrarse en su habitación.
Al día siguiente Rachel se levantó al alba, realizó la rutina matutina y se alistó para irse a la escuela, pero su nuevo padre no se presentó para acompañarle. No le tomo importancia, salió de esa casa dejando a Boris en las condiciones que se encontrara.
Llegó a su nueva escuela y se veía tan diferente de cómo la primera vez que estuvo ahí. Demasiados estudiantes riendo, practicando deportes, leyendo. ¡Que fantástico lucía! Llegó a su casillero, se dispuso acomodar sus libros y corroboraba su horario. Antes de tocar la campana, muchos estudiantes le preguntaron si era nueva y ella respondía que sí. Unos cuantos le quitaban su horario para indicarle cuales eran los salones y, efectivamente, lo que Kayako le había dicho, todos le jugaban bromas a los nuevos cambiándoles los salones. Rachel les respondía con una sonrisa y un gracias, ella ya sabía en qué salones estaría. La campana sonó y se dispuso a ir a su primera clase: matemáticas. Para ella fue asombroso su primera clase, el resto de los alumnos parecían querer lanzarse por la ventana. En su segunda clase, que fue historia, coincidió con Kayako, lo cual le ánimo aún más el día.
— ¡Rachel! —exclamó al verle entrar en el salón.
— ¡Kayako ¿cómo estás?!
— Bien, me alegra verte, ven acércate y siéntate aquí en frente mío —dijo alegre mientras tomaba la silla. Rachel se acercó y tomó asiento—. ¿Qué tal tu primer día? —preguntó dudosa.
— ¡Maravilloso!
— Que alegre, admiró tu humor. Casi siempre todos nos queremos lanzar por la ventana en la primera clase —ambas sonrieron—. ¿Tienes con quien juntarte para el receso?
—Ah no.
— Genial, te invito para que conozcas a mis amigos. Les agradarás —dijo mientras le daba palmadas en el hombro.
Rachel sonrió con gran alegría.
Finalizó la clase y la hora de receso llegó. Ambas fueron directas a la cafetería, ya que ahí era donde se juntaban los amigos de Kayako. Al fondo, en una mesa rectangular junto a una ventana se encontraban dos muchachos, una chica de cabello café oscuro largo; tez blanca; ojos color café y una mirada muy tranquila, parecía despreocupada de todo y a su lado estaba un jovencito de cabello corto negro; una piel aperlada y una enorme felicidad en su rostro.
— ¡Chicos! —exclamó Kayako.
Ambos alzaron la mirada observando a Kayako y una chica nueva.
— ¡Hola! Miren, ella es Rachel.
Los dos le miraron confusos.
— Hola —habló nerviosa ante la seriedad.
— Hola... —respondieron al unísono.
— ¡Bien! —Exclamó Kayako para animar el ambiente—. Rachel, ella de ahí en la esquina es Hitomi Tokugana, la más seria de todos nosotros, como ya lo habrás notado. Él es mi hermanito Kazuki, es un año menor que yo, por eso ese aire inocente pero no te confíes, es un demonio...
— ¡Cállate Kayako! —chilló el muchacho.
Rachel les miró con su nerviosa sonrisa.
— Pero siéntate Rachel, ¿traes almuerzo?
— No, lo olvide, pero compraré algo.
— No te conviene comprar hoy —interrumpió Hitomi mientras le observaba fríamente—, usualmente los lunes son sobras del viernes.
— Ok... sobreviviré hasta la hora de salida.
— ¡No lo lograrás! —Exclamó sorprendido Kazuki—. Sería bueno compartir los almuerzos.
— ¡Excelente idea hermanito! ¿Qué traes contigo Hitomi? —preguntó Kayako muy animada.
Ella se agachó, tomó su bolsa y la puso en la mesa. Kayako le cogió y le abrió para ver que era.
—Bien... un lonche de atún y algo de curry. ¿Qué te echó mamá, Kazuki?
— Algo de pesado, creo que la cena de anoche. ¿Y a ti?
— Yo me compre una bolsa de papas fritas grandes y unas cuantas capas de pan.
— ¿Y el lonche?
— Lo olvidé —dijo con una gran sonrisa—. Pero tú mantente callado —dijo seriamente mientras le señalaba con el dedo—. ¿Entendido? —él cabeceó—. Bien juntemos los almuerzos.
Kayako y Hitomi acomodaron todo en una bandeja mientras Rachel observaba la unión de comidas.
— Hitomi, ¿y Youichi? —preguntó la azabache mientras preparaba un lonche de papas fritas.
— Pues me dijo que iría con los de computación hacer algo. Ya sabes, sus cosas de hacker-ñoño. Ya después nos verá aquí.
— ¿Quién es Youichi? —cuestionó Rachel.
— Otro amigo nuestro, Youichi es mi M.A.D.K. —dijo Kayako mientras le daba un loche de papas fritas.
— ¿M.A.D.K.? —preguntó dudosa aceptando el lonche.
— Mejor Amigo Desde Kínder —respondió Kazuki.
— ¡Oh! —Exclamó—. Interesante... Bueno, gracias por el almuerzo muchachos.
— ¡No agradezcas!
— Me da pena no poder compartirles algo.
— ¡No te preocupes! Hoy por ti, mañana por mí.
Ambas chicas se sonrieron y se prepararon para almorzar. Rachel miró al lonche de papas fritas, era algo que jamás había visto en su vida, pero curiosa, lo probó. Hitomi le pasó un poco de curry, ella le dio las gracias y la joven alzó su cabeza en respuesta. Mientras almorzaban Rachel se dedicó a escuchar la conversación de los tres chicos. Se reía con las cosas graciosas que decían y de vez en cuando respondía a preguntas que le hacían. Durante la plática, alguien llegó y observó una espalda desconocida.
— ¡Oye ese es mi lugar! —exclamó molesto.
Rachel, al escuchar esa furiosa demanda, se quedó petrificada y Kayako volteó molesta a mirar al dueño de esa voz.
— ¡¿Tienes que ser tan inoportuno Youichi?!
— ¡Si!
— ¡Qué imbécil eres! Cálmate y déjame presentarte a la nueva integrante del grupo. Rachel —llamó mientras volteaba a verle—, este amargado es Youichi.
Rachel se acomodó para conocer aquel chico de cabello azabache, llevaba anteojos; pulseras negras en ambas muñecas y una bolsa de laptop en su mano. La expresión molesta de Youichi pronto se transformó en un fruncir y contempló a la chica nueva. Era bonita, tenía un aspecto inocente, tal vez porque estaba asustada. Ahí Youichi supo de su error.
— Lo... lo siento... —habló entrecortado, mientras acomodaba el cabello que traía en su cara.
Youichi vio a Rachel. Ella era una hermosa chica con esa mirada de miedo que mostraba, Youichi era capaz de hincarse a sus pies a pedirle disculpas por su actitud.
— ¡Youichi, ya la espantaste! — exclamó Kayako volviéndolo en sí.
— Yo... lo siento, perdón —soltó a trabas— Rachel, ¿verdad? —Ella afirmó con su cabeza—. Mucho gusto. Discúlpame y por favor quédate ahí, yo me sentare con Hitomi.
El trío vio extrañado a Youichi, jamás había mostrado una actitud amable hacia alguien fuera del grupo. Este fue y se sentó en medio de Hitomi y Kazuki, sin dejar de mirar a Rachel, quien se unió al cuestionamiento del grupo.
— Y ya conociste a toda la pandilla —habló Kayako rompiendo la tensión—. Youichi es un experto en computación, puede eliminar y crear virus a una computadora, también se está enseñando en las artes oscuras del hackeo.
Rachel volteó a verle sorprendida.
— ¡No es cierto, Rachel! —exclamó nervioso, logrando que los dos chicos que estaban a su lado le mirasen boquiabiertos.
— ¡Ay Youichi! Tú me hackeaste mi cuenta de correo.
— ¡No tienes pruebas Kayako!
— No, pero sé que fuiste tú...
Y la conversación avanzó hacia una discusión hasta que la campana sonó.
En la clase de deportes los cuatro: Kayako, Hitomi, Youichi y Rachel tocaron juntos. Crearon equipos para voleibol y comenzaron a jugar. Kayako y Hitomi estaban en el equipo contrario junto a otros cuatro. Rachel y Youichi tocaron juntos. Rachel era un asco para los deportes, si al beyblade no le entendía menos al voleibol. Una bola estuvo a punto de darle en la cara pero, Youichi la salvó, a lo que Kayako y Hitomi quedaron sorprendidas; conocían a Youichi y sabían que si el balón iba directo hacia sus caras, lo dejaría caer para burlarse de ellas.
— Gracias Youichi.
— De nada —respondió con una sonrisa boba.
Su primer día en la escuela terminó y con una gran sonrisa llegó a casa. Entró y para su sorpresa no escuchó ni un ruido. ¿Acaso Boris no estaba? Se dirigió hacia el comedor y ni una señal de él. Avanzó hacia las escaleras cuando la puerta del estudio se abrió.
— ¿Qué tal el día? —preguntó sin mirarla.
Rachel, que ya estaba a mitad de escalones, volteó.
— Normal.
Boris no se atrevía a mirarle, lo más probable es que estuviera demasiado crudo y la mirada lo delataba.
— Que bien. ¿Ya comiste?
— No.
— ¿Sabes hacer de comer?
— Algo.
— Qué bueno, porque esta vez no haré nada —dijo amargamente.
Se dio la media vuelta y salió directo hacia el comedor. Rachel tragó difícilmente y se fue a su habitación.
La semana pasó rápidamente, Rachel se acopló muy bien al grupo de Kayako y los demás. Ya era parte de esa familia y se sentía muy feliz. A pesar de que casi no hablaba mucho, parecía que competía con Hitomi por el título de seriedad; pero en definitiva Hitomi se lo quedaba, Rachel a veces lanzaba carcajadas con alguna payasada que hiciera Kayako o Youichi y Hitomi solo mostraba una sonrisa en su rostro. El viernes después de finalizar la escuela Rachel llegó a casa y fue recibida con una enorme sorpresa. Miró a cuatro jóvenes sentados en la sala de estar. Uno era rubio, tez morena; con ojos azul marino y una cara demasiado seria. Una muchacha de cabello rosado; se veía como una pequeña elfo indefensa. Un joven, el que parecía ser el más alto de todos; con cabello muy corto entre color gris y aqua, tenía su pierna cruzada y sus ojos cerrados. Y el último un muchacho de tez afroamericana, cabello en rastras y algo gordito, traía un blade en mano y se mostraba nervioso. Los cuatro chicos sincronizaron sus miradas hacia ella.
— ¿Y esto es...? —cuestionó curiosa Rachel.
Cuando el muchacho de cabello rubio iba abrir la boca, Boris y Barthez aparecieron en medio de la sala de estar.
— ¡Ah Rachel! —exclamó Barthez.
— Qué bueno que llegas hija —mencionó Boris muy contento. Rachel al escuchar "hija" quería arrancarse las orejas—. Quiero presentarte al equipo europeo que participará en la competencia hacia el campeonato mundial: El Batallón Barthez.
Rachel parpadeó sorprendida y volvió a mirarles.
— Te presentaré a mis niños —continuó Barthez mientras se acercaba a ellos—. Ella es Mathilda Alster, es la bebé del grupo —en ello lanzo una risa, la cual Boris acompañó—. Espero que se hagan muy buenas amigas. Él es Claude Tavarez, es un chico serio pero no te dejes intimidar, en el fondo es un gran chico con quien platicar, ¿no es así Claude? —él afirmó suavemente—. El jovencito de allá, es Aarón Silva. Es un tipo muy intrépido —Rachel dudo ya que él se veía el más nervioso de los cuatro—. Y el último de mis niños —decía mientras se acercaba a él—, es Miguel Lavalier. Él es el mejor de mis chicos —en ello Barthez puso su mano derecha sobre el hombro de Miguel. Rachel notó como lo apretaba con fuerza. No le dio buena espina.
— Y ella es mi hija —dijo Boris mientras se acercaba—, Rachel.
Boris la tomó por los hombros y le dio un abrazo. Rachel se estremeció ante tal acto y lo primero que cruzó a su mente fue en querer golpearlo en las costillas e irse corriendo sin importar lo que dijeran de ella.
« ¡Que sea la última vez que me abrazas Balkov! » Pensó Rachel mientras su mirada desataba horror.
Y el Batallón Barthez lo notó.
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