El mapa de mi vida.
¿Has sentido alguna vez ese agujero en el pecho? Ese vacio tan grande que succiona todo a su paso. Como un agujero negro, que arrastra consigo, hacia el abismo, todo lo que eres y te deja vacio. Ese agujero que te oprime el espacio en el que estaba tu corazón. Uno que te corta la respiración y te convierte en un zombie. El agujero lacerante, que parece que nunca dejara de doler, que nunca acabara. Aixa-Gabii Serrada
Corrí tanto como mis piernas y los tacones me permitieron.
Me lleve por delante a mujeres, niños, hombres jóvenes, ancianos, camareros….A todos.
Las lágrimas nublaban mi vista y aumentaban mi pánico por estrellarme.
-Bella.- detrás de mi podia escuchar los gritos de Alice, pero yo solo quería esconderme, en el primer lugar, pequeño, oscuro y encerrado que encontrara. Uno donde Edward Cullen no existiera.
-El baño es mi única opción.- maquino mi mente rápidamente, mientras seguía corriendo.
No se cuanto corrí. No se a cuentas personas atropelle. No se si me caí. No sabía calcular el dolor de mis pies. Solo sabia del dolor que estaba instaurado en mi pecho y el familiar ardor que carcomía mis entrañas.
-Edward.- dije al fin, soltando un quejido agónico, mientras abrazaba mis piernas, sentada sobre la tapa del escusado.
Cualquiera podría pensar que agonizaba y exageraba, pero para mí, esta fiesta, ese divorcio y este corazón roto, eran el fin del mundo.
Yo no estaba preparado para verlo.
A duras penas tuve fuerza para pedirle sin lágrimas y agonía, un divorcio decente y poco dramático. No tenia fuerza para verlo y hacer de cuentas que hace tres años, estaba viviendo la mejor etapa de mi vida.
El si era feliz, yo no.
El había tomado todo de mí. Mi ser, mis sueños, mis miedos, mis penas, mis recuerdos, mis infelicidades, mis hermosos momentos, mis malos episodios, y se los había llevado todos con el, dejándome un mal sabor de boca y un vacio en el lugar donde estaba mi corazón.
Yo había perdido la facultad de reír. De ser feliz. De regocijarme de algo. De soñar, de entregarme. De vivir.
El era todo lo que tenía. Mi amanecer, mi atardecer y mi anochecer.
Yo antepuse todo por el. Puse primeo sus sueños, sus miedo, sus heridas, sus dolores, sus recuerdos. Deje que en nuestro matrimonio todo fuera el.
En mi vida, todo había sido el.
-Bella ¿Estas aquí?.- pregunto Alice
Silencie mis quejidos y trate de mantener la calma. No quería que ella me viera. No quería que nadie me viera.
-¿Bella?- pregunto de nuevo.
-Olvídalo Alice, aquí no esta.- esa voz. Yo conocía muy bien esa voz.
La había escuchado decirme mi vida, mi amor, mi cielo, mi princesa, buenos días, te amo, te deseo, quiero que te cases conmigo, y un sinfín de palabras más.
No pude controlar, la serie de recuerdos agónicos que fluyeron de mí e hicieron mi pecho arder aun mas.
Un gemido huyo de mi pecho sin poder retenerlo. El dolor era demasiado intenso y mi conciencia me torturaba aun más.
-¿Bella?- ahora era el que me llamaba.
-Se que estas aquí, reconozco tu llanto. Sal.- ordeno. No me moví ni un milímetro, quería despistarlo. No caería en su juego, no de nuevo.
-Alice no esta. No te vera llorar. Sal y hablemos ¿Qué te paso allá en la fiesta que huiste así?
Tenía el descaro de preguntar que me pasaba. Solo le faltaba decir que estaba loca y que por eso actuaba así. Quería matarlo.
-Bella, no seas infantil, sal y déjame consolarte. No te pediré explicaciones
-No quiero que me consueles.- conteste en un tonto impulso, sin controlar lo que salía de mi boca.
En un abrir y cerrar de ojos, la puerta de mi cubículo estaba abierta y ante mi, estaba la imagen mas hermosa y dolorosa del mundo. Mi Edward, que me miraba extrañado y preocupado.
-Princesa ¿Qué paso?- mi corazón latió desbocado, cuando uso ese nombre cariñoso para llamarme. Como en los años anteriores, como siempre.
-Yo no soy un princesa.- aclare enfurruñada y cubriendo mi cara con mis manos.
-Siempre lo serás para mi.- no más por favor.
-Edward déjame en paz.- no se de donde obtuve la fuerza suficiente para sacar voz y pronunciar esas palabras con determinación.
-Si me dices que te pasa.
-No quiero hablar contigo. Cuando vas a entender que no te quiero cerca.
-Bella tu y yo nos debemos una conversación desde hace tres años. Creo que nuestro aniversario es una buena oportunidad ¿No crees?- pregunto jocoso, acercándose a mi.
-Nosotros no tenemos aniversario, porque ni amigos somos.- aclare desdeñosa, tratando lo mas posible de alejarme de el.
-Bella, no huyas.
-Me duele.- se me escapo sin poderme controlar.
-¿Te duele algo? ¿Estas bien? Déjame llevarte con un medico. Bella, mírame.
-No.- dije segura, mientras trataba de ocultar las nuevas lágrimas que brotaban de mí. El no entendía cuanto sufría por su partida. El no entendía cuando me dolía, tenerlo cerca. El no sufría como yo lo hacia.
-Edward no quiero que me ayudes, ni que me hables, ni que te me acerques. Estoy bien, no me moriré, aunque debería, para acabar con esto.- como siempre hable de mas.
-¿Qué estas diciendo?
-Quítate, que me quiero ir.- dije segura de mi misma, limpiando mis lágrimas y tratando de enderezarme.
-No.- afirmo tranquilo.
-Por Dios santo, ya basta de dejarme agonizar frente a ti, quítate.- grite con todas mis fuerzas, derramando algunas lagrimas en el proceso.
-Déjame llevarte al medico.
-El medico no puedo currar esta obsesión crónico que tengo por el dolor.- afirme, tratando de pararme, sin acercarme a el.
-Bella.- rogo de nuevo.
-Permiso, por favor.- rogué por última vez.
-Mi niña, dime que pasa.- pidió de nuevo.
-No seas infantil y quítate.- esta vez asedio y me dejo pasar.
-¿Como puedo contactarte?
¿Tres años después de dejarme tirada y sin corazón, por la curvas de una mujer mucho mejor que yo, quieres preocuparte con lo que te sobra de tu agitada vida social?
-A menos que sea para temas relacionados con correcciones ortográficas, que quieras asesoría para escribir un libro o discutir algún tema con respecto al mío, como cualquier otro fan, puedes hacerlo por mis redes sociales, o si es muy urgente el numero de mi agente. De resto, no tienes que contactarme para mas nada.- aclare pasando a su lado y saliendo del baño, destrozada y con menos animo que nunca.
Llegue a mi apartamento, bañada en lágrimas. Con la cara llena de maquillaje corrido, mi vestido arrugado, mi cabello sudado y mis zapatos en la mano. Destruida.
Al salir del baño, corrí de nuevo como nunca, hasta llegar a donde aguardaba la limosina que nos había traído a Alice y a mi. No supe nada de ella, debido a que corrí tan rápido que ni la divise.
En todo el trayecto llore y agonice con los mas arduos recuerdos de los momentos en los que creí que Edward Cullen, podia amar a Bella Swan, la cosita feíta y soñadora que siempre había sido. La que suspiraba por un película y pegaba en su pared el poster de un actor determinado. Esa que, por su gradación, ceno en familia y no perdio la virginidad con su ardiente novio, como solían llamar a Edward en la secundaria
Y es que la vida me permitió soñar y vivir por instantes un dejo de felicidad, que más tarde se transformaría en la más cruda desdicha.
Y es que para muchos, el divorcio es una oportunidad de ser libres y de encontrarse a si mismos solos, con dinero y en New York. Para Edward fue así, para mi fue todo lo contrario.
Me transforme en una inútil sentimentalmente. No servía para nada ni para nadie. Solo para sufrir, y sobrevivir.
Siquiera pude escribir un libro de amor con un final feliz después de una trama fresca. Tuve que llegar a un final feliz después de un truculento camino.
Y es que, mi trabajo era cuidar de Edward y ahora, no podia ni cuidar de mi.
A pesar del frio de la época en New York, me desvestí y me metí en la tina, sin importarme la temperatura del agua, con ganas de borrar de mi piel el dolor y las ganas de morir.
Por horas estuve allí, contando burbujas y viendo en ellas mi vida y mis sueños, hasta que explotaban.
La sonrisa, después de Edward a mis labios nunca volvió, y a pesar de que lo intente, volver a comenzar no era tan fácil.
El hueco en mi pecho se instauro ese día que el me engaño con otra y no se cerrería, hasta que la muerte me diera la paz que necesitaba.
No sabía como continuar, ni por quien hacerlo.
El se había llevado el mapa de mi vida.
Comentarios?
