Se había tomado ya un par de tragos de whisky cuando decidió que debía salir de aquel lugar que denotaba claramente que Caroline no había adornado, pues faltaba su toque perfeccionista en cada ornamento del árbol.
Pensó en ella y en que no debió dejar de estar a su lado a pesar de que le insistió lo contrario. Caroline siempre trataba de mostrarse fuerte aunque por dentro se estuviera quebrando, y no había duda alguna de que en aquellos momentos estaría sintiéndose desfallecer. Después de todo ya había perdido a su padre y ahora el darse cuenta de que su madre también se iría, seguramente la destruiría.
Mientras le dedicaba una última mirada al árbol de Navidad recordó el momento en que le había dicho que su madre estaba enferma y no había forma de curarla. Stefan creía que nunca podría olvidar la forma en que ella lo había aferrado mientras lloraba desconsolada. Se le partía el corazón de tan sólo recordar el temblor que recorría su cuerpo y volvía a él ese frustrante sentimiento de no poder hacer nada por ella más que abrazarla y sostenerla con fuerza.
Stefan estaba completamente seguro de que podría dar cualquier cosa a cambio de que Liz Forbes no estuviera enferma. Podría dar su honor, su palabra, su propia vida. Haría lo que fuera para que Caroline no sufriera.
