Salvarte


3


«Lo siento, hijo. Lo siento por todo lo que he hecho, y por lo que no pude hacer, también. Si pudiera desear algo, sería verte avanzar en la vida sin que nada te detenga. Eso me haría feliz y sería mi salvación…».

Todoroki deambulaba por las calles, o más bien su cuerpo, porque su alma volaba muy lejos de allí, en los lugares más sádicos de su mente, que lo llevaban a los recuerdos más dolorosos, torturándolo una y otra vez sin dejarlo descansar.

Avanzar, era eso lo que tenía que hacer. Lo único que, de momento, estaba en sus manos realizar.

Y tampoco lo estaba haciendo.

¿Cómo podía, si las cuerdas de la desesperación lo hundían más y más en el vacío de la culpa? ¿Cómo podría hacer feliz a su madre si ni siquiera podía hacerse feliz a sí mismo? ¿Cómo podía, si su cuerpo continuaba viviendo, pero su alma se había congelado en la tristeza, volviéndola una costumbre, tan así, que apenas la sentía?

—Me doy asco —susurró para sí, completamente ajeno a los entes que caminaban a su lado, atravesando la ciudad.

—¡Todoroki-kun! —Fue el llamado a Tierra. La voz que le hizo volver el alma al cuerpo con tan solo oírla. Se dio la vuelta y lo vio.

Midoriya le devolvía una sonrisa, esa tan típica suya que podía recordar incluso con los ojos cerrados. Su gesto dulce y pecoso le transmitieron la calidad que lo transportó a los años dorados, a aquellos en los que eran compañeros de curso y habían entablado una linda amistad. Todoroki sintió estragos en su interior al percatarse de cuán lejano sentía que había vivido todo aquello. Tanto, que hasta se preguntaba si realmente había pasado.

Tomó consciencia de cuánto había descuidado todo. De cuán egoísta había sido, que, de nuevo volvió a sentirse realmente mal consigo mismo.

—Midoriya —Fue todo lo que pudo ser capaz de decir. Estaba asombrado, angustiado y decepcionado consigo mismo. No dejaba de pensar en hacía cuánto que no lo veía—. ¿Qué haces por aquí?

El joven titubeó y finalmente se sonrojó, para su mayor sorpresa.

—Esto…

—¡Por aquí, Deku-kun! ¿No dijiste que querías ir al parque? ¡Ya he averiguado cómo ir! —Detrás de su amigo, una muchachita de cabello castaño hizo presencia para tomarlo por la espalda y tirar de él con total confianza. Todoroki pronto se enteró que se trataba de nada más y nada menos que de Uraraka Ochako. Su antigua compañera de instituto no se había percatado de su presencia, mientras abrazaba con cariño al peliverde, completamente ajena a los temblores que generaba en su presa, o más bien a gusto con ello.

—¿A-Ah… sí? ¡Q-Qué rápida eres! ¡Ya i-iba a buscarla en mi aplicación yo…! —Midoriya sonreía tímidamente, con el rostro más rojo que la sangre misma, pero sin apartarse ni un centímetro de su contacto.

—¿Verdad? Eso te pasa por citarme a un lugar donde no sabes ir. No es muy lejos de aquí, podemos… ¡T-TODOROKI-KUN! ¡L-Lo siento! ¡No te he visto!

El joven sonrió comprensivo ante las numerosas pequeñas reverencias que hacía la muchacha. Ella lo observaba fascinada, con sus dulces y enormes ojos curiosos, analizando cada centímetro de él.

—¡Qué alto estás! ¡Hace mucho tiempo que no te veo!

Todoroki abrió levemente los ojos ante el comentario y volvió a sonreírle debilmente.

—Sí, es cierto. He crecido un poco luego del egreso —No recordaba bien, pero su altura rondaba poco más del metro ochenta según el último examen médico que había tenido—. Tú también has crecido. ¡Quiero decir…!¡No de altura, pero te ves diferente!

La aclaración hizo que ambos estallaran en risas y el sintiera un poco de vergüenza ajena por lo que había dicho.

—Ya no tengo la suerte de crecer en centímetros —asintió, rascandose la mejilla en un gesto dulce y femenino—. Si paso el metro sesenta pronto alcanzaré a Deku-kun. ¡Y no quiero eso!

—¡Yo tampoco! —afirmó Midoriya de pronto muy serio, frunciendo el ceño ante la idea—. ¡Me gustas así, pequeñita pequeñita! —Uraraka le sonrió con picardía y él volvió a sonrojarse.

Todoroki se sintió fuera de lugar, pero pensó que cualquiera en su situación experimentaría lo mismo. Cuando esos dos se miraban, sucedía algo mágico. No sabía cómo explicarlo, pero definitivamente lo presentía. Era como si ambos se elevaran el uno al otro hacia lo más alto y el mundo cayera rendido a sus pies. Lo demás desaparecía, y solo quedaban ambos, envueltos en un aura de profunda ternura y cariño. El hechizo se rompía cuando lo volvían a observar a él, apiadándose de su carácter secundario en su historia.

—No sabía de lo de ustedes —habló con sinceridad, mientras notaba cómo ambos se sonreían avergonzados, como si hubieran sido descubiertos en su pequeño secreto—. Me… gusta. Se los ve bien.

Uraraka tomó con más firmeza el brazo de su amigo, sonriéndole con entusiasmo.

—¡Deku-kun siempre me ha gustado! —exclamó con descaro. Y, observándo de reojo a su pareja, admitió con la boca un poco más pequeña—: Pero solo he tenido el valor de confesárselo hace poco.


«Me gustas, Todoroki-san. Siempre lo has hecho.

«Nunca me lo has dicho.

«No podia. ¡Bah! ¡Miento! ¡Me daba miedo decírtelo!


—Yaoyorozu —susurró, paralizándose.

Uraraka lo observó confundida y se aproximó un poco más hacia él evidenciando que no lo había oído bien.

—Lo siento, no te he escuchado ¿Decías…?

Podía sentir la mirada de Midoriya fija en él, en una silenciosa curiosidad que conocía en demasía.

—¿Por qué?

—¿Qué…?

—Que por qué te has animado hace poco a confesarte. Ni siquiera trabajan en la misma agencia, seguramente perdieron contacto luego de todo este tiempo. No tenía…

—… sentido, ¿verdad? —lo interrumpió ella, sonriéndose con nostalgia—. Puede que haya sido cierto, pero ahora definitivamente lo tiene... Supongo que era mi cuenta pendiente. Si no lo he hecho antes fue únicamente por miedo, no porque me haya olvidado de mis sentimientos —En un gesto inconsciente, estrechó la mano de Midoriya—. Pero eso ya no importa, ¿no? ¡Por suerte, me ha correspondido!

—¿C-Cómo no hacerlo…? —tartamudeó el chico de las pecas abrumado.

Todoroki le sonrió, como siempre, sin desplegar sus finos labios.

—Entiendo.

Midoriya carraspeó, rascándose la nuca con algo de bochorno.

—Por cierto, hace mucho que no te cruzo en ninguna patrulla.

Shoto asintió.

—De seguro nos han asignado zonas distintas u horarios opuestos.

Uraraka se encogió de hombros.

—Es lo más inteligente. Así nos garantizamos que la ciudad esté enteramente cuidada por los mejores héroes que tenemos.

Esta vez ambos se sonrojaron, obviamente, cada uno a su manera: Midoriya volvió a ruborizarse y él apartó la mirada con disimulo.

—De todas formas, extraño patrullar contigo. Ya no nos vemos tan seguido como antes.

Todoroki se sintió incómodo, comenzó a sentir un molesto mareo, y las nauseas parecían apoderarse de su persona. Sus manos, ocultas en sus guantes por el intenso frío invernal, comenzaron a sudar sin que siquiera pudiera darse cuenta.

La culpa volvía a asfixiarlo, tirando de las cuerdas que rodeaban su cuello.

—Yo…

Pero Midoriya lo calló en silencio, regalandole una sonrisa comprensiva.

—No pasa nada. No tienes que explicarte.

El corazón de Todoroki volvió a bombear y el calor volvió a correr por sus venas. Lo miró significativamente, agradeciéndole con las palabras que no podía expresar con su boca.

Midoriya apartó la mirada con despreocupación, como si le dijera que no era nada, que no tiene que agradecerle porque no era necesario.

—Pero por si te interesa, este fin de semana celebraremos nuestro primer año juntos con amigos en un bar por la noche. No estás obligado a venir pero…

—¡Nos haría mucha ilusión que vinieras! ¡Incluso Bakugou-kun vendrá! —Uraraka lo observó casi suplicante, con sus enormes avellanas brillando por la emoción.

Midoriya asintió sonriendo.

—Así es. Nos gustaría que pudieras venir.

—Me gustaría. Está bien.

—¿De veras?

—Sí.

—¡Ah! ¡Qué genial! ¡Qué genial! —exclamaba Ochako, completamente extasiada, tomándose las mejillas con las manos—. ¡Seremos la clase A de nuevo!

Midoriya rio suavemente ante la emoción de su novia, algo enternecido y Todoroki se sintió contagiado.

—Creo que no tengo tu número. ¿Lo has cambiado? —inquirió el peliverde extrañado, rascandose la nuca con confusión—. Porque te he intentado contactar durante este tiempo pero los mensajes simplemente rebotaban.

No lo habrías logrado aunque quisieras. Me ocultaba del mundo.

—Sí. Lo he cambiado pero nunca pude recuperar los contactos —Mentira. Si podía, los borré uno por uno.

—¡Oh, sí! Ya veo. Detesto cuando sucede eso.

—Es muy molesto, sí —coincidió la chica.

Los tres intercambiaron sus números de telefono y se despidieron, prometiéndose verse en un futuro cercano.

—Si necesitas algo, por favor no dudes en llamarme —le dijo Midoriya, esta vez muy serio, sin apartar sus ojos aniñados de los suyos—. Te escucharé siempre que lo necesites.

Y Todoroki comprendió y esta vez sonrió, pero de una manera genuina, sincera, sin vergüenza y sin contenerse.

—Gracias, Midoriya.


La puerta resonó varias veces en un rintintín irritante que conocían muy bien. Contuvo un suspiro de agotamiento cuando lo vio.

—Monoma —dijo Momo con desgano.

Su ex compañero de la clase B inclinó la cabeza hacia un costado con altanería. Con su cabellera lacia y dorada, lucía más bien como un antiguo príncipe de la realeza que nació fuera de época.

—Vaya manera de saludarme… Decepcionada de verme, ¿ah? —Sus finos labios se curvaron en una sonrisa irónica. Sus ojos cobraron un brillo oscuro, casi siniestro—. Ni con los años se te quita la arrogancia de la clase A, ¿verdad? ¡Ah…! ¡Qué difícil debe ser!

Yaoyorozu lo maldijo en su fuero interno, dejando en el olvido sus buenos modales y principios. Pero fue su maldición silenciosa la que la dejó en evidencia: se mantuvo ausente, varada en el umbral de la puerta, con gesto inexpresivo, al igual que toda ella desde hacía días.

Oyó unos pasos fuertes provenientes de su lado de la oficina, y no tuvo que darse la vuelta para comprobar que la fiera se había despertado con aquel llamado.

—¿Qué quieres? —masculló Itsuka interponiéndose entre ambos, dedicándole al joven una cara de muy pocos amigos.

—¡Ah…! ¡Kendo! Me parecieron oír unos gruñidos por allí en el fondo, pero pensé que se trataba de alguna bestia o algo así…

—Pues no. Era yo. Así me pones cuando te apareces —murmuró antipáticamente, abriendo aun más la puerta para dejarlo pasar. Le dio la espalda, encaminándose hacia el sector del escritorio de la oficina y tomando asiento delante de la computadora.

Una sonrisa maliciosa se extendió por el rostro de él, mientras se situaba detrás de su ex compañera observando el monitor.

—Entonces tendré que venir más seguido.

«¡NO! ¡Dios mío! ¿¡Hasta cuándo el departamento de archivos nos lo seguirá enviando?!».

Momo contemplaba la coronilla del muchacho mordiéndose el labio inferior en un gesto derrotado. No podía afirmar que le caía mal, pero tampoco lo quería cerca. No sabía cómo lidiar con él, ni mucho menos acostumbrarse a su humor ácido y peligroso.

—Cállate, ¿quieres? Necesito concentrarme para buscar esto —masculló Itsuka, con el ceño levemente fruncido por la atención.

Monoma soltó una risa de mofa tan fingida que Yaoyorozu sintió dolor de cabeza con tan solo oírla.

«¡Ah…! ¡Aquí vamos de nuevo…!».

Momo buscó refugio en el sillón que se encontraba en el sector más alejado de la oficina. Se hundió entre los cojines, deseando que estos la ocultaran por completo. Cuando aquellos dos se enfrentaban, las chispas saltaban hacia todas direcciones; y, definitivamente, no pretendía que ninguna la alcanzara.

—¿Concentración para buscar un informe? Me parece que deberías regresar con Snake Hero, Kendo…

Yaoyorozu se sintió tan molesta como si se lo hubiera dicho a ella. Porque era un asunto que las afectaba a las dos por igual y a ninguna le daba gracia en lo absoluto. Cualquier ser humano con un mínimo de empatía se daría cuenta de que se trataba de un asunto sumamente delicado que no se debía tocar.

Respiró hondo e intentó serenarse.

No le daría lo que él quería.

Monoma solo les había tendido una trampa y únicamente aguardaba a que alguna de las dos cayera. Y ella, sin duda alguna, no le daría el gusto.

«Es solo una provocación… Solo una provocación», se decía, una y otra vez, intentando ignorarlo, intentando callar a su mente que bramaba por una contestación igual de agresiva.

Pero su mejor amiga no pudo con su genio.

Con tan solo escuchar cómo clickeaba el mouse sin ninguna delicadeza pudo discernir el cambio de humor de ella.

Itsuka estaba muy enojada y no pretendía ocultarlo.

El sonido de la máquina impresora era lo único que se escuchaba en aquel demoledor y tenso silencio. Cuando hubo terminado, la pelirroja tomó con rudeza los archivos impresos y se los estampó en el pecho sin tener cuidado en arrugarlos.

—¡I-Itsuka! —exclamó en un grito ahogado.

Pero su amiga no la miró, probablemente ni siquiera la oyó. Se encontraba lo suficientemente ocupada dedicándose a fulminar con la mirada al muchacho.

—Aquí tienes el informe. Sal de mi vista —siseó.

Yaoyorozu vio con sorpresa cómo Monoma tomaba los archivos con gesto contrariado. Usualmente se reía de las reacciones malhumoradas de su amiga, pero esta vez era distinto. No lucía divertido ni mucho menos conforme. Se veía serio, tanto, que ni siquiera pudo reconocerlo.

—Esto… —carraspeó, algo incómoda. Tragó saliva cuando vio ambos pares de ojos clavados en ella con intensidad—. ¿…Irán a la fiesta de Ochako-san y Midoriya-san?

—Quizás —dijo ella.

—No —dijo él.

Yaoyorozu les regaló un intento de sonrisa que quedó a medio hacer. Sin saber muy bien qué mas acotar, decidió escapar de la situación tomando su teléfono celular.

Sin pensarlo demasiado se dirigió a su aplicación de mensajería instantánea.

Releyó el último mensaje que había enviado y que no había obtenido respuesta alguna.

Quisiera verte.

¿Cuándo podrías?

Hizo una mueca avergonzada, sintiendo un poco de lástima de ella misma.

Debo de estar loca se dijo para sí, un poco decepcionada de su persona.

Tecleó rápidamente, como si de esa manera pudiera perdonarse su accionar, como si de esa forma su mente pasara por desapercibido su falta.

¿Cómo te encuentras?

¡Siento mucho molestarte, pero me interesa saberlo!

Lo envió casi cerrando los ojos y dejando el móvil a un lado. Con el corazón acelerado, escuchó cómo Monoma se retiraba de la habitación cerrando la puerta un tanto más fuerte de lo normal.

—Desgraciado —masculló Itsuka echándose a su lado con gesto malhumorado—. ¿¡Qué carajos puede saber ese imbécil de mí?! ¿Qué mierda le sucede? ¡Debería mantener su lindo trasero lejos de aquí o se lo patearé hasta que me de las gracias! ¿¡Cómo se atreve…?!—La observó atentamente durante unos segundos y espetó—: No me has reprendido. ¿Qué te pasa?

—Nada —mintió, apenas consciente de que no convencía a su amiga en lo absoluto. No la había escuchado, para nada. Se había puesto de pie, adornando su rostro con una sonrisa—: ¿Café o cortado?

La pelirroja la observó con atención durante unos cuantos segundos, intentando descifrar qué había detrás de aquella máscara sonriente que se había puesto. Pero se rindió con facilidad. Un mimo cuando se encontraba así de enfadada no se lo negaba a nadie.

—¡Café! ¡Uno bien fuerte! —bramó, aun malhumorada, poniéndose de pie de un salto, siguiéndola hacia ese sector de la oficina—: Oye, Momo. ¿Qué era lo que decías sobre la fiesta de Ochako y Midoriya?


Releyó el mensaje una y otra vez. Podía imaginársela a ella hablándole con la misma franqueza que con la que lo había hecho en La Bonne France, hechizándolo con la calidez nocturna de sus ojos.

Podía hacerlo pero no debía.

Porque era inaccesible para él.

En su estado, la calidez, la ternura y la amabilidad no estaban destinadas a su persona. Él continuaba encerrado, escondido dentro de los muros de hielo de los témpanos de la culpa.

—Lo siento —musitó desganado, agotado, cerrando la aplicación del celular y dejándolo a un lado en la mesada de su cocina.

Estaba harto de todo.

Estaba cansado de ser así y no poder dejar de serlo.

—¿Qué es lo que sientes?

Su hermana le sonreía amigablemente desde el umbral de la cocina. Lucía cansada, con los estragos que el estrés generaba en el humano adulto: las ojeras surcando por debajo de sus ojos y los ojos brillosos por el agotamiento.

—Ah, hola —saludó, taciturno—. ¿Acabas de llegar?

Fuyumi se descolgó el pesado bolso que parecía a punto de estallar a razón de las hojas y fotocopias que se escapaban del cierre.

—Sí, he llegado recién. Los chicos hoy han estado un poco revoltosos —comentó, estremeciéndose ante el recuerdo—. Esto… ¿Papá ha llegado? —inquirió echándole una furtiva mirada al reloj que colgaba arriba de la encimera con nerviosismo—. ¡S-Solo me retrasé unos minutos…! ¡El tren ha estado hecho un caos hoy!

—No tienes que darle explicaciones, ya tienes treinta años.

Su hermana lo observó con sus ojos grisáceos agrandados.

—S-Sí… Es cierto, pero todavía tengo la costumbre —murmuró apenada, con las mejillas encendidas.

Todoroki no le respondió, se limitó a observarla de reojo.

«Lo sé. No es tu culpa. Como tampoco lo es que te veas así».

Su hermana podría ser considerada una belleza despampanante si no fuera por los estragos que la baja autoestima y la falta de confianza habían hecho en ella. Con unas hermosas curvas femeninas, Todoroki se sentía un poco apenado de que ocultara su cuerpo debajo de capas y capas de ropa holgada y descuidada, demasiado conservadoras para su edad, haciéndola lucir una mujer mucho más mayor de lo que realmente era. Detrás de aquellas gafas se encontraba un rostro hermoso y delicado, que no tenía nada que ver con la mujer que apenas se peinaba para ir al trabajo.

«No te permito salir vestida así. Eres mi hija y no debes llamar la atención de nadie, ¿me entiendes? Ningún hombre debe acercarse a ti sin mi permiso. Ponte otra cosa, ahora», eran las palabras que había oído alguna vez al pasar por detrás de la puerta de su habitación. En un comienzo había escuchado con amargura los sollozos de Fuyumi resistiendo, intentando no ceder ante las órdenes del infame. Pero, finalmente, con el paso del tiempo, las negativas no tuvieron lugar.

Varias veces había intentado, con sutileza, recordarle que él no estaba de acuerdo con las manipulaciones extremas de su padre. Fuyumi solía sonreírse débilmente, sin apenas oírlo, con ausencia en la mirada, completamente cegada por la verdad a la que fue obligada a ver.

«Es mejor así, que nadie me note, Shoto. Quizás de más grande puedas entenderme».

Pero habían pasado los años y él nunca la comprendió. O más bien sí lo hacía; comprendía a la Fuyumi a la cual le habían lavado el cerebro, a la Fuyumi sumisa, manipulada. Por eso no podía culparla.

—¿Te sientes bien, Shoto? —preguntó ella, de pronto.

Parpadeó saliendo de su ensoñación, se encogió de hombros como toda respuesta, intentando pasar desapercibido.

Fuyumi se plantó delante su persona, observándolo minuciosamente con sus ojos miedosos y retraídos.

—M-Me preocupas, niño. No te veo bien desde hace un tiempo…

—No es nada —dijo, inexpresivo, inquebrantable.

Su hermana abrió y cerró la boca varias veces, dudosa de si debía emitir su opinión o no.

—Hace tiempo no te veo salir a ningún lado. Solo vas del trabajo a tu casa, y de vez en cuando te pasas por aquí. Esa no era tu vida, hermanito.

Él no respondió nada, porque no podía contradecirla.

No podía negar la realidad.

—S-Solo quería decirte que… ¡Todo está bien! —Le dio la espalda, dirigiéndose a la alacena para tomar un vaso. Se río de manera tímida, nerviosa por lo que acababa de pronunciar—. Quiero decir: está bien que sientas lo que quieras sentir, pero tú no le debes nada a nadie… A lo que voy es que no tienes que privarte de cosas que te gustaría hacer…

Todoroki abrió el rojo y el turquesa de par en par, incrédulo. Su hermana no era la clase de persona que soltaba verdades a la cara, era más bien el tipo de personas que las evitaba.

En su ayuda, Fuyumi soltó una risa suave, comprensiva.

—No pretendía confundirte —aclaró con suavidad, mientras introducía unas rebanadas de pan dentro de la tostadora eléctrica—. No me gusta meterme en tu vida; sabes bien que eso es verdad. Solo quiero decirte que… —observó distraídamente el techo, buscando las palabras adecuadas—. Simplemente si quieres hacer algo, hazlo. No temas.

El joven sintió un nudo en la garganta por la ironía. Que alguien como ella, tan miedosa, tan llena de inseguridades, le dijera algo así era espeluznante. Su hermana volvió a sonreírle con dulzura y con los ojos le habló. Vuela, Shoto. Sé libre. Vuela tan alto como yo nunca he podido hacerlo. Hazlo, por mí. Por ti. Por mamá.

Sus ojos se humedecieron y tuvo que apartar la vista, inclinando levemente la cabeza para que su flequillo ocultara sus sentimientos. Se encontraba consternado, con miedo. Le daba pánico el pensar cuán hondo había caído, de si había sido tan profundo que ya ni él podía darse cuenta de su situación.

Una pequeña luz en él titiló, débilmente pero brillante, allí en medio de su oscuridad interior.

Observó su celular de reojo con intenciones, con ganas de actuar, de realizar, de ser.

Pero las cuerdas volvieron a tirar nuevamente de él.

La culpa, el miedo, la angustia.

La desolación.

Me quedaré aquí… Solo un rato más…


—Ya, Momo. Basta. Dime de una vez que te pasa, ahora.

Yaoyorozu la contempló con sorpresa fingida, pero su amiga solo le dedicó un ceño fruncido.

—¡He dicho palabrotas con tal de ver si me retabas, hemos pasado dos o tres veces por tu local de carteras favorito, te comenté sobre las disculpas del sempai…! ¡Y nada! ¡No reaccionas con nada, mujer! ¡Desde hace días que andas así! Puedes negármelo todo lo que quieras, pero yo te conozco hace suficiente tiempo y no me pienso dejar engañar.

La castaña desvió la mirada hacia un costado, sintiéndose culpable por haber estado tan ausente con su amiga.

—No es nada. Siento no haberte prestado atención —Fue sincera, realmente lo fue, pero no era suficiente para Itsuka.

—No pretendía que te disculparas, Momo. Solo quiero que me digas qué es lo que anda pasando por tu mente estos días. Puedo darme cuenta que algo te pasa. ¡Es obvio!

—¡Lo sé! ¡Es que yo…!

—Es por Todoroki, ¿verdad? —adivinó, soltando un suspiro.

Momo sintió sus mejillas arder.

—¡A lo mejor sí! —se sintió tonta, extraña. Su amiga la observaba, de pronto, con ojos acusadores. O eso le pareció a ella, que de pronto se sentía más inmadura, más pequeña e infantil—. ¡L-Lo haces ver como si fuera una estupidez!

Esta vez la pelirroja se plantó delante de ella con los brazos cruzados en un gesto de clara severidad.

—¡No! Eso sí que no te lo permito. Eso lo piensas tú, querida. Lo que sí creo que es una verdadera estupidez es que no tengas la verdadera valentía como para contarme lo que sucede. ¡A mí! ¡A tu amiga desde hace vaya a saber cuánto tiempo! —se carcajeó, con amargura—. ¿Acaso alguna vez te he humillado por tus sentimientos? ¿Alguna vez te he hecho sentir mal con tus confesiones?

Yaoyorozu no supo qué responder, observó el suelo, apenada.

—No pretendo presionarte, lo siento si he sonado así —Esta vez fue más suave. Buscaba sus ojos con los suyos brillando con una preocupación genuina—. Solo quiero ayudarte.

Y Momo sintió su lengua más floja, el corazón más blando y el nudo en la garganta cada vez más grande.

—¡Es que…! ¡No lo sé! ¡Antes estaba muy segura de todo! ¡Y ahora no es así! ¡No lo es para nada! —Sus palabras brotaron a mares, con los tonos de voz fluctuando a lo largo de todas las oraciones. Parpadeaba rápidamente, intentando apaciguar las lagrimas que se agolpaban en sus orbes—.¿Y si me he equivocado? ¿Y si no era el momento? ¿Y si todo lo que hice fue una estupidez?

Itsuka la contemplaba afligida, adolorida por la angustia que Momo dejaba entrever con cada palabra que decía. Contemplando, con atención, a la explosión.

—No ha sido una estupidez. Para ti fue un reto sobrenatural poder confesarte, poder soltar todo lo que tenías dentro. ¿Cómo puedes pensar algo así de ti misma?

Esta vez sus ojos titilaron y lo inevitable, sucedió:

—¿¡Cómo no hacerlo?! —sollozó, cubriéndose el rostro con las manos, avergonzada. Estaban en medio de la vía pública, y Momo no podía sentirse más desubicada—. ¡Solo me tuvo lástima, Itsuka! ¡Le di pena y nada más!

La pelirroja instintivamente la estrechó contra sí, protegiéndola, dándole calor. A pesar de ser unos cuántos centímetros más baja que ella y con una contextura física mucho menor, ella era la que se mantenía más fuerte de las dos.

—No lo creo así. En serio. No lo conozco suficiente, pero dudo que sea esa clase de persona —acarició su largo cabello casi por inercia, tratando de apaciguar los temblores de su amiga—. Lo que sí creo es que estás siendo demasiado dura contigo misma.

—¡Me ignora...! ¡Me ignora completamente, Itsuka! ¡Siempre lo hizo! ¡SIEMPRE!

—Lo dudo, Momo. Repito: no lo conozco, y puede que me equivoque, pero no creo que te esté ignorando. Yo no creo que sea algo de esa índole, para mí, va más allá —Los ojos oscuros de Yaoyorozu titilaron ante la curiosidad—. Él no te ignora, él no puede ver, que es muy distinto.

Y Yaoyorozu recordó: el hielo de sus ojos, la ausencia de su mirada, las ojeras violáceas en su rostro cansado. La delgadez de sus hombros.

Se veía agotado.

Se veía ido.

«A lo mejor, no se trata de mí esta vez», pensó, sintiendo su labio inferior temblar. De alguna manera, aquella idea le generó aun más dolor que la otra opción.

—Quiero ayudarlo.

—Lo harás, te lo aseguro.

Yaoyorozu sonrió débilmente, mientras se apartaba las últimas lágrimas de las mejillas con el dorso de la mano. No se sentía mejor al respecto, pero sí mucho más ligera, menos sola.

—...Ni nada menos —agregó la más alta, esta vez regalándole una sonrisa más amplia—. Gracias. Siempre temo contarte algunas cosas porque no quiero que te aburras de mí.

Itsuka soltó un resoplido exagerado y le dio una pequeña palmada en el hombro, en una suave reprimenda.

—¡Uf! ¡Sí! ¡Justo yo... aburrirme de tí! ¡Ja! Ya quisieras, muchachita —le sonrió animadamente cuando la escuchó reír—. ¡Así te quiero ver! Más vale mantenerte así, que es nuestro día libre y por fin podremos salir a divertirnos.

—¡Es cierto! ¡Me olvidaba de la reunión de los chicos…!

—¿Lo ves? Hay muchos motivos para sonreír. ¡Esta noche la pasaremos bien, te lo aseguro!

Yaoyorozu sonrió, envalentonada pero con sus sentimientos no del todo convencidos.

Pero ella no sabía lo que vendría.

Que la salvación merodeaba cerca.

La de ella.

La de él.

No. Ni siquiera lo sospechaba.


—Estás linda.

—Tú también.

Se sonrieron y rieron; era absurdo, pero no les importó. Aquella noche sería única en mucho tiempo. Sería especial en varios aspectos, porque así lo querían.

Así lo deseaban.

Para los héroes era moneda corriente no tener salidas que sobraran. Contaban, más bien, con los dedos de una sola mano los ratos libres en familia o con amigos. Era en parte por eso, la razón por la que a pesar de ser personas públicas a la hora de quitarse el traje eran individuos solitarios. Pocos los comprendían; no eran muchos los que tenían la paciencia necesaria a la hora de lidiar con ellos. La mayoría, no podía soportar la falta de tiempo de estos, apartándolos rápidamente de sus vidas, enojándose con ellos y culpándolos por la falta de interés en los demás.

—¡Ah, ya están todos! —exclamó Itsuka fuera de sí, una vez que observó por la vidriera. Era de noche, y ambas muchachas se habían plantado con sus zapatos de taco alto frente al bar citado de la invitación.

—¡Así es! ¡Todos! ¡Ah! —la imitó Yaoyorozu, tomándose ambas mejillas con sus manos, con las pupilas encendidas por la emoción.

—¡Entremos de una vez!

Cuando atravesaron la puerta, la multitud se giró. Todos las recibieron con calurosos saludos, con exclamaciones ahogadas y gritos de emoción. No por ellas en particular, sino porque era una verdadera alegría compartir aquel lugar con absolutamente todas las personas que se encontraban allí. Sero, Ashido, Kirishima, Kaminari, Jirou e incluso Mineta eran solo algunos de los varios que se podían incluir. Todos se encontraban alrededor de una extensa mesa, sentados uno al lado del otro y enfrentados entre sí conversando animadamente. Al parecer, habían llegado hacía rato a juzgar por la cantidad de botellas y bebidas que se hallaban consumidas hasta por más de la mitad.

—¡Chicas! ¡Pudieron venir! —Ochako se puso de pie, luciendo un hermoso vestido color rosado por encima de las rodillas, dandole un aspecto dulce y juvenil. Su sonrisa de felicidad era tan grande que apenas entraba en su rostro. Las saludó a ambas con un cálido abrazo—. ¡Qué lindo es verlas de nuevo! ¡Están divinas! Bueno, como siempre. No es nada nuevo, ¿verdad?

Momo se ruborizó levemente, sin dejar de sonreír.

—¡Me gusta mucho tu vestido! —la halagó.

Ella le devolvió el gesto sin lucir muy convencida.

—¿Sí? ¿Tú crees? Bakugou-kun opina que parezco una muñeca de torta. Me encantaría poder lucir tan solo un diez por ciento de lo que luces ahora tú. ¡Eres una princesa! ¡Es increíble!

Yaoyorozu sentía que se moriría de la vergüenza. Susurró un pequeño y casi inaudible gracias, agachando la mirada.

—Pues dile a Bakugou-kun que primero aprenda a subirse bien los pantalones antes de opinar —intervino la pelirroja, guiñandole un ojo con complicidad.

—¿¡QUÉ HAS DICHO, PEDAZO DE TONTA?! —bramó el rubio, unas cuantas sillas al fondo, con los pelos crispados y expresión de perro enfadado.

Yaoyorozu tomó suavemente por la espalda a su amiga para hacerle entender, de manera discreta, que no buscara mayores problemas, pero esta no le hizo caso, plantándose una mano en su cadera y otra al lado de su boca para que su hablar fuera más fuerte.

—¡Lo que has escuchado! —Lejos de ser intimidada, su tono de voz era alto y estridente; su mirada, jocosa y desafiante.

—¡VEN Y ENSÉÑAME TÚ A VER SI ERES TAN CABRONA!

—¡Ah, ah! ¿Pero qué tenemos aquí? —silbó Kaminari con una sonrisa burlona observando la escena con claro regocijo—. ¡Esto solo podremos resolverlo con una pulseada!

Kirishima, quien se encontraba levemente ausente bebiendo de su jarra de cerveza, dejó la bebida a un lado para sonreír con malicia.

—Eso sí que quiero verlo —aseguró, mostrando sus afilados dientes.

Los ex compañeros de clase dejaron de lado sus bebidas, observando entre risas lo que montaban aquellos dos, otros observaron levemente horrorizados el espectáculo.

Itsuka le enseñó a Bakugou su nuevo puño, que había multiplicado por lo menos, unas cinco veces más su tamaño original. «¡Uh!», fue el grito de todos al unísono, que lejos de querer apaciguar las aguas, más bien parecían echar más leña al fuego.

Katsuki, más emocionado con el reto que enfadado, le mostró los dientes en una sonrisa retadora. Sus ojos rojos brillaban competitivos.

—¡Deja de presumir, niñata! ¡Ven aquí y resolvamos esto como se debe! —Había apoyado el codo encima de la mesa, arremangándose la camisa para dejar al descubierto su antebrazo fuerte y trabajado producto del intenso entrenamiento.

Itsuka avanzó por entre las personas, más envalentonada que nunca, dispuesta a darle lucha a uno de los mejores héroes pagos de su generación.

Yaoyorozu se mordió el labio inferior observando a la pelirroja con una mezcla de diversión e incredulidad en la mirada.

—Qué locura, ¿verdad? —Uraraka observaba a todos con ternura, como una madre a sus hijos viéndolos jugar en el parque—. Estamos en la 1-A de nuevo... Bueno, casi todos.

—¿Casi todos?

—Así es. Todoroki-kun todavía no ha venido.

Era solo un comentario, una frase dicha al azar. Una mera casualidad. Sin embargo, Yaoyorozu sintió que el alma se le caía al suelo con la mera mención de él.

De su, sin saberlo, victimario.

De su, sin sospecharlo, salvador.

—¿Ah… sí? —su voz tembló, más su sonrisa perlada y la música fuerte que sonaba de fondo disminuyeron el efecto de su nerviosismo.

Uraraka asintió, sin dejar de quitar la mirada de Itsuka y Bakugou, que yacían sentados uno frente al otro, regalándose sonrisas altivas y colocando sus brazos en posición.

—Pero vendrá dentro de poco, no te preocupes —le guiñó un ojo, con camaradería, como si de pronto comprendiera. Momo se ruborizó, sin poder evitarlo—. Acaba de mandarle un mensaje a Deku-kun avisando que estaba en camino.

—Ge-Genial…

La pulseada comenzó, y todos empezaron a abuchear al rubio y animar a la pelirroja, en un duelo en el que no se podía definir a un ganador, dado que estaba tan peleado que incluso Momo se sorprendió. Bakugou sonreía, emocionado, como si aquello hubiera aplacado por completo sus pocas ganas de acudir a esa reunión. Itsuka apretaba los dientes producto de la concentración, pero ni siquiera eso pudo disimular su evidente diversión.

—¡Bakugou más vale jubilarte!

—¡Vamos, Kendo!

—¡No sabía que Bakugou estaba tan oxidado! ¡La proxima vez lo desafiaré yo!

—¡Y yo!

—¡YA CIERREN TODOS EL PUTO CULO DE UNA VEZ, MIERDA! —gritó el rubio desenfrenado, incluso escupiendo a su contrincante sin siquiera darse cuenta.

Itsuka frunció el ceño ante las microscópicas gotas de saliva, pero ni siquiera eso le quitó la concentración.

—¡Dios mío! ¡Qué fuerza! —se sorprendió Ochako, llevándose una mano a la boca—. ¿Quién crees que ganará?

Yaoyorozu contemplaba la escena sin saber muy bien qué pensar.

—No tengo la más pálida idea.

Ambas intercambiaron sonrisas divertidas, más se dedicaron a observar la pulseada.

O por lo menos así fue hasta que lo oyó.

Hasta que su mundo volvió a sacudirse por la mera existencia de su voz.

El angel, el demonio. El victimario y el salvador.

El hielo y el fuego rozaron su oreja.

—¡Siento haber llegado tarde…! —jadeó.

Uraraka fue la primera en darse la vuelta.

—¡Todoroki-kun!

La castaña lo abrazó efusivamente, como había hecho con todos, tomando por sorpresa al joven, quien se paralizó ante el contacto. Le devolvió de manera tímida el gesto, apoyando levemente su mano sobre su espalda. Pero él no parecía prestarle atención, de hecho, apenas reparaba en la protagonista de la fiesta.

Todoroki la miraba a ella fijamente.

No dejaba de mirarla.

—Hola —le dijo seriamente, clavando el rojo y el turquesa en su persona. La observó enteramente, congelándola y quemándola a la vez.

—Ho-hola.. —Se sintió desfallecer cuando se escuchó tartamudear, apartando la vista por la vergüenza, por el miedo a su evidente rechazo. Se preguntaba, en su fuero interno, de donde diablos había sacado su valentía para declararse en La Bonne France aquella semana.

—¡Ahora sí! ¡Creo que ya estamos todos! —Uraraka irrumpió entre ambos risueña, ajena a la conexión que fluía entre los dos, tomándolos a ambos de los brazos y conduciéndolos hacia la interminable mesa—. ¡Vamos! Tomemos asiento, hay mucho que quiero saber de ustedes. ¡Deku-kun y yo los extrañábamos mucho…!

Yaoyorozu rio, producto de los nervios más que por diversión en sí.

De pronto, se oyó un ruido sordo y seco.

—¡AH, SÍ! ¡GANÉ, MALDITA! —bramó Katsuki, poniéndose de pie y dándole un gran sorbo a su shot alcohólico, mientras con su mano libre se secaba la frente perlada en sudor.

La mayoría comenzó a abuchear al rubio, acusándolo de manera indiscriminada de que había hecho trampa, de que su victoria no era digna y que debían volver a intentarlo, siendo palabras que él se tomaba muy en serio, despotricando contra todos más furioso que nunca.

—¿¡Pero qué dicen?! ¡Si lo han visto todos! ¿¡Acaso no ven o qué?! ¡Gane a posta, ESTÚPIDOS!

—Por aquí está bien, ¿verdad? —Ochako los acomodó muy cerca de Midoriya y ella, mostrandoles los asientos libres que quedaban que se encontraban uno al lado del otro.

—Perfecto —dijo él, sin quitar la vista de encima de Momo. Él corrió una de las sillas y le habló—: Siéntate.

Momo se sintió avergonzada ante el gesto, agradeciéndole entre susurros mientras miraba hacia otro lado, fingiendo que aquello no le sorprendía en sobremanera. Cuando se sentó al lado suyo sintió su perfume inundarla, un aroma costoso y elegante. Se sentía morir, volar, reír y llorar.

«Tonta... Tonta...».

—¡TODOROKI-KUN! —gritó Midoriya haciéndose escuchar por encima del sonido de la música, emocionado, observando al joven con adoración—. ¡Oh! ¡Y tú también, Yaoyorozu-san! ¡No los había visto! ¿Hace mucho llegaron?

Intercambiaron unas cuantas palabras, que no, que no habían llegado hacía mucho y que Todoroki acababa de hacerlo; que el lugar estaba muy bonito y que la noche de seguro mejoraría más y más con las horas. Que sí, que hacía frío y allí dentro estaba muy agradable…

Yaoyorozu hablaba en automático, incapaz de concentrarse de verdad en la conversación debido a la intensidad con la que Todoroki la observaba.

—¡Bueno, me alegro que les guste…! —sonrió Midoriya con gentileza—. En un rato cámbiense de lugar, ¿sí? Así podremos hablar mejor.

—Sí, claro.

—¡Sí!

—Sí que te ha hecho sudar Kendo, Bakugou —se carcajeaba Kirishima, mientras se servía más alcohol en su vaso.

—¡CÁLLATE!

El mozo llegó, situándose detrás de ellos. Tomó nota rápidamente de lo que querían beber.

—Un tequila —pidió ella.

—Que sean dos —habló él, sonriéndole a la muchacha levemente. Yaoyorozu apartó la mirada con pena, volviéndose a sonrojar.

Y no volvieron a entablar conversación.

Al cabo de unos minutos, el mozo regresó con sus tragos.

—Que los disfruten, chicos.

—Gracias —dijeron al mismo tiempo; ella echándose a reír con suavidad ante la coincidencia y él devolviendole una imperceptible sonrisa con ojos divertidos.

Sin saber muy bien qué hacer, Yaoyorozu tomó su trago, odiándose por ver a sus propios dedos temblar en torno del shot.

«¡Tonta! ¡Tonta!».

Se dirigió el tequila rápidamente a los labios, ansiosa por recordar el fuego bajando por su garganta, deseosa de olvidar el temor y entregarse a la desinhibición.

Pero el rojo y el turquesa no dejaban de reclamarla.

Levantó la vista para enfrentarlo, para poder saber qué era lo que pretendían aquellos ojos suyos tan insistentes.

La voz profunda y seria de él la acarició:

—Cuando estemos a solas quiero hablar contigo, ¿puede ser?

Sonaba amable, respetuoso, pero con un dejo imperativo propio de su padre.

Ella dejó el shot de tequila en la mesa, tomándose su tiempo para mantener a raya su corazón que se había descontrolado.

—…Lo que tu quieras.

Y por primera vez en la noche, el sonrojo cruzó las mejillas del joven.

Se miraron una última vez con intensidad antes de apartar al mismo tiempo la vista del otro y girarse para poder volver a respirar.

Porque a partir de entonces, no supieron qué sucedería con ambos.

A partir de aquel instante, él sería de ella; y ella de él.

No lo sabían.

Lo sabían todo.


Nota final de capítulo: Siento la demora, pasaron muchas cosas... Me fui de vacaciones y estuve un poco ocupada con mis estudios. ¡Ah! ¡Que dificil es estudiar en verano! Aprovecho los ratos libres que tengo para escribir. Hay dias que me cuesta mucho, otros simplemente todo fluye y puedo pasarmela escribiendo varias hojas.

Creo que la deje en una parte un poco picante, ¡lo siento! Pero pueden ir adivinando que a partir de aca, la historia entre ambos empieza de verdad. Pero no diré nada.

Como mencione antes, poco a poco otros personajes comienzan a aparecer. Tenia ganas de describir un poco mas el contexto en el que viven los protagonistas, qué se yo... salio lo que salio.

Mil gracias por leer y muchas más por los que se toman el tiempito para dejar algun comentario.

Espero que les guste este capitulo.

Un saludo enorme.