Bueno... Me demoré siglos, lo sé... pero fue culpa de mis otros dos fics! lo que ocurre es que voy actualizando primero a uno, luego a otro y por último a este... ayer me senté, abrí mi historia y escribí de un tirón el capi... Éspero que la espera no les haya desagradado tanto.
Y ojalá les guste este capi. Ah! con respecto a la pregunta que hice en el capi anterior, la de Harry, sólo era una regunta para ver que creían. Ya sé que haré con ese chico, pero no les diré que... creo que en este capi els dejo un pista... o no sé, tómenlo como quieran
Ah! este capi es algo distinto, pues está basado sólo en Hermione. No sé... a mi me gustó. Debe ser duro volver a un lugar así... u.u Pónganse en el lugar de ella e imagínense lo que sería sentir lo que ella siente.
Terrible.
Gracias por sus comentarios... de verdad que me animan mucho! creo que alguien me preguntó lo que significaba el fic... "Missa Overture"... misa significa despedida... así que vendría a ser algo como "Overtura de Despedida".
AH! Por supuesto: ESPERO REVIEWS!
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Capítulo 4
Nº 6 de Sunflower
«…Si viviera, nuevamente…
Si pudiera volver, alguna vez…
Marchando, lentamente…
Atravesando umbrales iluminados, parajes antiguos.
Recomponiendo mi corazón con cada paso. Reconstruyendo mi alma con cada latido.
Recuerdos en las murallas, sueños en los suelos.
Sufrimientos en fotografías, rabias en las esquinas.
Y el dolor en cada espacio. El dolor encada mirada.
Cada segundo, cada minuto de vida… Cada hora, cada semana.
Tiempo, inexorable tiempo.
Queda un recuerdo. Uno solo.
Despierto, me muevo en la bruma, camino despacio…
Y vuelve todo a ocurrir, nuevamente.
El polvo confunde, guardando los recuerdos de tiempos pasados.
Y el dolor se escapa de mis manos, y me vuelve vulnerable. Y me encadena,
Me destruye.
Y giro mi cabeza, aguardando.
Y veo a la esperanza, escondida en un cajón.
En aquel cajón… que nos costó la vida»
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La barbilla le temblaba incontrolablemente, sin embargo se juró a si misma no llorar. No llorar más, al menos en ese momento. No por él, no por Ron.
Aunque lo único que quisiera en ese instante fuera llorar de rabia, de impotencia. Y gritar y revolcarse en el suelo de dolor y de ira.
No lo iba a hacer. Una vez más iba a obedecer a su mente, a su cabeza… y no lloraría. Las lágrimas le eran demasiado preciadas como para desperdiciarlas por él.
Se apareció en un lugar que no reconocía. Era una villa de Londres. Seguramente de antaño habría sido preciosa, pero ahora se encontraba destruida por completo. Las casas estaban quemadas y destrozadas y en el aire se encontraba la misma sensación que habitaba en Hogsmeade, al atravesar sus antiguas calles. Una sensación de abandono, de abatimiento… de dolor.
Entonces caminó por la calle principal, dejándose llevar. Sin importarle hacer ruido y que estuviera a descubierto. Qué más le daba que la encontraran? Que importaba eso ahora? Nada. Sería un alivio encontrar un pretexto para morir. Lo necesitaba. Lo pedía a gritos.
Entonces, al pasar frente a una casa destruida particularmente menos que las demás, un dejo de Déja vu le pasó por la mente. Entonces, sólo entonces, se dio cuenta de que aquella había sido su casa. Que aquella Villa había sido su entorno durante toda una vida. Y que no la había reconocido.
El hecho de no haber sido capaz de haberse dado cuenta de todo eso le produjo un fuerte sentimiento de horror. Si ya olvidaba todo… si olvidaba sus recuerdos más preciados e imborrables supuestamente… Qué iba a ser de ella? De qué viviría, si no era de recuerdos?
Tragando con dificultad, arrastrando los pies, se acercó a su casa. Le dolió profundamente atravesar la colgante verja que aún se balanceaba con el viento que corría libremente por el lugar y se sintió morir al tiempo que se paraba frente al umbral del hogar que tanto había amado. Que tanto la había protegido.
Le era desesperante pensar que tocaría a la puerta y no estaría su madre para ir a recibirla. Le era agobiante el hecho de que su padre no fuera a abrazarla y a preguntarle, con cara angustiada, cómo iba todo en el mundo que desconocía y al cual se hallaba unido por su única hija.
Cayó de rodillas, frente a la puerta de madera que aún se hallaba sobre sus goznes y fue incapaz de siquiera rozarla con sus dedos.
—Mamá… papá…—susurró, cerrando los ojos.
Entonces oyó pasos apresurados. Y oyó el sonido de los tacos de su madre chocar contra el piso de parqué. La puerta se abrió de par en par, con un sonido suave y un chirrido al final. Su mamá aparecía en el marco de aquella puerta con una sonrisa radiante. Llevaba unos jeans y un chaleco color rosa y su cabello lo llevaba recogido en un moño que le asentaba precioso. Entonces, por una puerta lateral, asomaba la cabeza medio calva de su padre y luego corría con los brazos abiertos hasta abrazarla cálidamente…
Abrió los ojos y el contacto de los reconfortantes brazos de su padre se desvanecieron en el viento.
Y se encontró de rodillas, llorando, haciéndose un ovillo en el suelo, al lado de un plato sucio y amarillento que un día estuviera lleno de leche, esperando a que Crookshanks bebiera de él.
Le costaba tanto aceptar que no tenía a nadie… que se sentía tan sola… que sólo quería un segundo de paz, pero que le era imposible encontrarlo… Le era tan duro creer que jamás podría volver a soñar, que jamás podría volver a tener ninguna maldita ilusión…
El felpudo le decía "Welcome" de manera inverosímil.
Le parecía casi un insulto, una broma demasiado cruel.
Cerró los ojos, apretando sus puños, haciéndose daño al enterrarse sus uñas contra las palmas. Pero aquello ya no importaba. Qué importaba ahora el dolor tan leve de unos simples cortes en sus mano, cuando por dentro estaba deshecha?
Se apoyó en la pared, intentando tranquilizarse.
Un viento frío le acarició el rostro.
Su respiración se volvió más acompasada y su cuerpo dejó de temblar. Pero se quedó allí, inmóvil, sin ser capaz de moverse. Necesitaba quedarse unos momentos. Necesitaba creer que al estar allí sus padres estarían un poco más cerca de ella y la reconfortarían invisiblemente al caer en sueños. Necesitaba creer. Creer una vez más.
Se quedó pensando unos momentos.
Y de pronto se preguntó si un recuerdo es algo que se tenía o algo que se había perdido.
Y de pronto se preguntó si algo perdido se debía al olvido o al dolor.
Y de pronto se preguntó porque todas las preguntas que se hacía le llevaban inevitablemente a pensar en Ron.
Despertó al otro día, tiritando. Caía una llovizna helada y ella sólo andaba con una túnica simple, aparte de los vaqueros y una solera debajo. Sacó su varita y secó su ropa humedecida. Se incorporó, con los músculos entumecidos y sintió un leve martilleo en su cabeza.
Entonces se halló de pie nuevamente frente a su casa.
Tomó aire y alargó su mano para apoyarla en la aldaba de plata, algo corroída por el descuido y el tiempo. La giró hacia abajo y sintió un leve clic. Empujó la puerta y se abrió de inmediato, mostrándole un sucio y desordenado Hall de entrada. Un espejo se hallaba roto a un lado de la pared y, más allá, un arrimo se hallaba partido por la mitad, con la planta que debería sostener botada en el piso, seca.
Entró en el número 6 de Sunflower.
Con un nudo en la garganta recogió un portarretratos viejo que vio próximo a ella. Lo miró, emocionada, y se vio a si misma, con unos seis años, montada en una bicicleta, con su madre y su padre a ambos lados de ella, sonriéndole a la cámara.
Sonriendo! Hace años no veía una sonrisa alegre y sincera!
Parecían tan radiantes… tan despreocupados…
Avanzó hasta el Salón, mareándose de pronto. Aún le parecía sentir el perfume floral de su madre al entrar en aquella habitación. Las cortinas estaban quemadas y los sillones, apolillados. En medio de los restos de la mesa de centro, aún permanecían unos libros, inmóviles y expectantes a que alguien los recogiera. Fue hacia ellos y los tomó con cariño entre sus manos, acercándolos a su pecho, como si fueran un tesoro demasiado inconmensurable.
Levantó la mirada. En la pared aún había un resto de sangre. Sus padres no habían muerto sin luchar.
Una pistola se encontraba cerca de la escalera. Suponía que sus padres habrían bajado del segundo piso, armados, esperando que aquello les sirviera para vencer a los magos que habían entrado a su casa aquella tarde de primavera. Había sido una esperanza algo estúpida, pero ellos no sabían a que se enfrentaban realmente.
Era extraño entrar en aquella casa un poco más de dos años después de que sus padres murieran. Jamás había podido atravesar el umbral de su propia casa. Pero por alguna razón, ahora había logrado juntar el valor. O tal vez era el simple hecho de anhelar demasiado algo que le hiciera sentir mejor. Aferrarse con todas sus fuerzas a lo único que le quedaba. Aquella casa.
Su casa.
Había ido al funeral, por supuesto. Había creído que iba a morir al tiempo que había visto como sus padres bajaban en cajas de madera oscuras y pulidas bajo la húmeda tierra del cementerio. Pero de alguna manera había logrado sobrevivir y había aprendido a convivir con el sentimiento de ya no tenerlos a su lado. Los extrañaba… oh, si… pero el dolor había mitigado un poco.
Sólo un poco… Pero al menos aún era posible vivir con aquel dolor.
Mirando las paredes, con sus cuadros y fotografías, pasó a la cocina. Aquel lugar se hallaba intacto. Había una revista abierta sobre la mesa de madera, como si la hubiesen dejado a medio leer. Al lado de ella, se hallaban los lentes de su padre.
Sus ojos se volvieron nublosos por unos segundos.
Torpemente, dejó el portarretrato y los libros sobre la mesa y se sentó en la silla, frente a la revista. Se quedó inmóvil, cerrando los ojos, imaginando por un momento que su padre le regañaba por estar hojeando la revista que él estaba viendo.
Entonces escondió la cara entre sus manos y lloró suavemente, llenando de ecos la habitación. Llenando de sonidos aquel lugar que había abandonado hacía ya bastante tiempo.
Sollozando, se levantó de un salto y corrió, atravesando la Sala, subiendo las escaleras, abriendo de un golpe una puerta blanca, entrando súbitamente a su habitación.
Sintió como su corazón se partía un poco más de dolor al verla.
Sin poder creerlo, se sentó sobre su cama, que se hallaba intacta. A su lado, en la mesita, había una caja. Extrañada, la cogió entre sus manos y la abrió.
Abrió mucho los ojos al encontrar un papel que rezaba en la parte superior "Plataforma Élfica de Defensa de los Derechos Obreros". Bajo el título se hallaba el nombre de Harry y el de Ron. Secretario y Tesorero.
Unos cuantos sickles de plata se hallaban en el fondo de la caja. También habían unas cuantas insignias.
Secretario y tesorero… Harry y Ron…
De pronto se dio cuenta de que faltaba algo. Faltaba alguien.
Harry…
Ni siquiera estaba Harry…
Incluso si tuviera la esperanza de vencer al Innombrable, ya jamás podrían volver a ser ellos… jamás podrían volver a ser "Harry, Ron y Hermione".
El trío dorado.
Maldito Voldemort… Maldito Harry… Maldito Ron… Maldita ella misma…
Si hubiera permanecido junto a Ron en aquel momento, tal vez habría podido alertar al pelirrojo de que un Avada Kedavra se dirigía a él… Harry no habría tenido que dar su vida por él… Voldemort habría muerto…
Pero no.
Draco Malfoy se había encargado de mantenerla ocupada.
Ni siquiera el hecho de haberlo matado le consolaba, tampoco el hecho de recordarlo sangrando, agonizando. Ni siquiera el hecho de recordándolo aullar de dolor, ahogándose en su propia pura e inmunda sangre. La culpa seguía en ella. El dolor no mitigaba. Absolutamente nada.
Cuanto odio… cuanto dolor…
Entonces se volteó y, juntando valor, abrió el cajón de la mesita que había tras ella.
«Juro Solemnemente que Mis Intenciones Si Son Buenas».
Sonrió levemente ante el título de aquel pergamino amarillento y arrugado. Lo alargó y leyó, conteniendo los sollozos que pugnaban por salir de su boca.
"Harry, Ron y Hermione plasman un juramento en este pergamino. Prometen cumplirlo así sea lo último que hagan. El castigo de no hacerlo será comer todos los días un pastel hecho por Hagrid…"
Se mordió la lengua, sintiendo que se moría de dolor. Sintiendo que se ahogaba de tantas lágrimas dentro de si.
"Yo, Ronald Bilius Weasley, prometo hacerme guardián de los Cannons y llevarlos a ser campeones de la Liga por primera vez desde 1892. Luego, algún día, cuando pueda reunir el valor, me declararé ante Hermione y supongo que le pediré que se case conmigo, aunque tenga que aguantarla con su rollo de la P.E.D.D.O. y todo eso. Juro que con mi primer sueldo le regalaré una túnica de gala a mi madre y que algún día voy a lograr que Hermione no lea durante todo un día. Juro que nadie jamás me ganará en el ajedrez y que algún día le diré a papá que su Ford Anglia es un auto salvaje y se encuentra en el bosque Prohibido…"
Rió, en una mezcla de felicidad y sufrimiento. Siguió leyendo.
"Yo, Hermione Jane Granger, juro leerme más de mil veces la Historia de Hogwarts y aprendérmela de memoria. Juro que algún día lograré liberar a los elfos de su esclavitud y sacar el más alto puntaje de EXTASIS en toda la Historia de Hogwarts. Juro que algún día lograré que mi pelo se vuelva manejable y que lograré que Ron estudie durante más de tres horas para un examen. Algún día lo venceré en ajedrez y tal vez hasta le diga que le quiero como más que un amigo. Juro que, siguiendo el consejo de Harry, escribiré un libro para que los hombres con la variabilidad de sentimientos del porte de una cucharita de té puedan comprender la compleja psicología femenina y que jamás dejaré un día sin estudiar ni aprender algo en toda mi vida…"
Cuántos juramentos habían quedado en el aire, sin cumplirse? Cuántos sueños habían quedado enterrados bajo las palabras "Harry murió"? Y qué podían hacer?
Comerse los pasteles de Hagrid?
Comerse los pasteles de Hagrid…?
Alargó la última parte del pergamino, juntando las fuerzas para leer lo siguiente.
"… Yo, Harry James Potter, juro solemnemente amar a Ginny por siempre. Prometo casarme con ella algún día y construir una Casa en el Valle de Godric, justo al lado de la Casa que tendrán Ron y Hermione (aunque ellos todavía no sepan esto). Prometo ser el padrino de la boda de ellos y también el padrino de su primer hijo, que se llamará Harry, por supuesto, en honor a mi… Por mi parte, prometo que mi primer hijo con Ginny se llamará Ronmione, en honor a ellos dos, y que si no lo cumplo, además de lo de Hagrid, dejaré de volar en mi Saeta por un año completo, algo que sería terrible, ya que no podría jugar por los Cannons, como planeo… Juro que algún día pasaré más de un mes sin sufrir un accidente ni meterme a algún Bosque Prohibido y que de Elfo Doméstico, tendré a Dobby. Pero, lo más importante de todo… es que Juro estar siempre junto a las tres personas que más amo en el mundo. A Ginny, por supuesto, y a las dos personas que hicieron de mi vida… que hicieron de mi vida una verdadera "vida" y aventura. Juro que siempre, siempre estaré junto a Ron y Hermione, porque sin ellos no soy nada, sin ellos yo no existiría, sin ellos, nada tiene sentido. Siempre estaremos juntos…"
Sus ojos no pudieron más.
Faltándole el aire, temblando violentamente, soltó el pergamino de sus manos y hundió la cara en una almohada roñosa, rogando ahogarse en ella. Rogando morir allí mismo.
A su lado, el pergamino permanecía abierto, con la última frase aún sin leer.
"… Siempre estaremos juntos, siempre seremos «Harry, Ron y Hermione»."
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Muy malo?
Recuerde: cualquier reclamo o sugerencia o avada kedavra virtual, mandarlo vía review.
Morgan Quid.
Hermana de Herms Weasley.
Amante del fantasma de Sirius Balck.
Con una segunda identidad llamada Ginny Weasley.
Con complejo de Hermione.
