Feliz Navidad chicos!—un par de días tarde, pero aquí está mi "regalo" hacia ustedes. ¡Gracias por todo y espero les guste el capítulo!

Disclaimer: Percy Jackson & The Olympians pertenece a Rick Riordan.

Comentarios:
Nai0310: Exacto, demasiadas interrupciones, Hera se está volviendo loca. Jajaja exacto, amor...o tentación ;) Gracias por comentar! Actualizo pronto.
Cassiopeia Druella Black Stark: Bueno, Percy está muy confundida sobre todo el asunto de Luke, no le es fácil captar que está allí. Pero claro, habrá más celos de parte de Apollo. ;) Sobre la chica latina, sip, es Reyna. Oh, sí, el nuevo libro de Rick me tiene mal—necesito que salga ya. Actualizo pronto! Gracias por comentar :)
Den Uzumaki: Feliz cumpleaños, aquí está el capítulo.
Giomarysgratero: Me alegra te encante! Actualizo pronto! Muchas gracias :')
Lavida134: Todo eso estará en este capítulo ;) Actualizo Pronto!
Daap: En este capítulo se darán todas las conversaciones pendientes, junto a una pequeña sorpresa que les tengo casi al final del capítulo ;) Bueno, amo a Luke, pero no. Percy y Apollo son pareja. Gracias por comentar! Actualizo Pronto.
CecyBlack: Me alegra mucho te haya gustado el capítulo :') No es en general hacia todos los dioses que Percy se enojo con Annabeth, sino que piensa que su mejor amiga la traicionó por creerle a ellos y no a ella. Sobre Hermes y Annabeth...bueno, creo que lo sabrás en este capítulo ;) Actualizo Pronto! Saludos.
Norlacorrea & Kathyta: Actualizo Pronto!
Genesis: Bueno, no encuentro ninguna de ellos en español, por lo que todas las que he leído son en ingles. Hay uno en particular que me encanta, se llama Peaches. ¿Cuales has leído tu? Oh, claro que no, no pienso abandonar esta historia aún, me alegra te gustara el capítulo!
Fanpj: Hola! Me alegra te gustaran mis fics! :'D actualizo pronto! Saludos.


Capítulo 4

—Ignóralos, padre—Apollo rodó los ojos—Probablemente solo son los niños jugando.

Los semidioses se miraron los unos a los otros. ¿Los niños?
Al parecer habían niños en el Olimpo, probablemente hijos de dioses menores, o ninfas bebes, o algo así. Ningún dios quiso especificar, por lo que los semidioses se quedaron con la duda.

Apollo aprovechó la distracción para hablarle a Percy a través de sus poderes como dios.

¿Estás bien?
La semidiosa dio un brinco, no esperándose escuchar la voz del dios en su cabeza. Frunció el entrecejo, más decidió seguirle la corriente.

¿Sí, por qué no habría de estarlo? Su tono fue cortante.

Apollo dudó. Sé que te duele que Luke esté aquí. Te conozco y sé que estás confundida por todo esto.

Percy guardó silencio.
Apollo suspiró. Solo quería saber si estabas bien.

Percy suspiró antes de pensar. Estoy bien...ella dudó antes de seguir, pero no pudo evitar decir lo siguiente. Gracias por preocuparte.

Siempre, princesa. Siempre.

Percy tragó en seco ante eso, forzándose a sí misma a verse molesta. Era mejor si Apollo pensaba que ella lo odiaba a que él notara lo mucho que lo extrañaba.

—Muy bien...—Zeus dijo al final, parando cualquier conversación silenciosa que Apollo y Percy pudieran tener—Lee, hijo mío.

Capitulo 3: Llamamos al taxi del tormento eterno.

—Oh, genial, las tres viejas locas—Poseidon se estremeció.

Annabeth nos estaba esperando en un callejón por la calle Church. Sacó a Tyson y mí de la acera, justo cuando un camión de bomberos iba para la Preparatoria Meriwether.
—¿Dónde lo encontraste?—Preguntó ella, señalando a Tyson.
Ahora, en circunstancias diferentes, yo habría sido realmente feliz de verla. Hicimos nuestra paz el verano pasado, a pesar del hecho que su madre era Atenea y no se llevaba con mi padre.

—Eso no debería serles de impedimento a ustedes—Afrodita señaló—Es ridículo, porque sean enemigos no significa que ustedes deban serlo. ¿Qué? ¿Si fueran novios ustedes se harían novias?
—¡No!—ambas chicas murmuraron, al mismo tiempo que ambos dioses se veían escandalizados.
—Exacto—la diosa del amor concluyó.
—Bueno...—Percy empezó, causando que Annabeth se sonrojara—Annie es hermosa...
—Por favor no digas más—Athena rogó, escandalizada ante la idea de una de sus hijas saliendo con una hija de Poseidon.

He echado de menos a Annabeth probablemente más de lo que quisiera admitir.

—Awwww.
Annabeth le sonrió a Percy.
—Aw que hermosa—dijo burlona—¿Me extrañaste mucho?
—No—Percy mintió, rodando los ojos.

Pero yo había sido atacada por los gigantes caníbales, Tyson había salvado mi vida tres o cuatro veces, y todo lo que Annabeth podía hacer era actuar como si él fuera el problema.
—Él es mi amigo,—le dije.
—¿Está sin hogar?
—¿Qué tiene eso que ver con nada? Oye, él puede oírte sabes. ¿Por qué no le preguntas a él?
Me miró sorprendida. —¿Él puede hablar?
—Hablo,—dijo Tyson admitió. —Tú eres bonita.
—¡Ah, asqueroso!—Annabeth se apartó de él.

Poseidon se vio ofendido.
—¡Ey! ¿Cuál es tu problema con Tyson?—Hazel frunció su entrecejo—Suena súper dulce.
—Lo es—Annabeth aseguró inmediatamente—En esos momentos...bueno, lo leerán pronto. Ahora estamos en mejores términos.

Yo no podía creer que estaba siendo tan grosera. Examiné las manos de Tyson, estaba segura de que debían de haber estado gravemente quemadas por esquivar balas ardiente, pero se veía bien —sucias y llenas de cicatrices, con uñas sucias el tamaño de las papas fritas— pero siempre se veían así.

—Alguno de sus poderes como monstruo tal vez—Jason señaló.
Percy se vio irritada ante el concepto de Tyson siendo llamado monstruo, pero técnicamente lo era.

—Tyson,—dije con incredulidad. —Tus manos no están ni siquiera quemadas.
—Por supuesto que no,—Annabeth murmuró. —Me sorprende que el lestrigón haya tenido las agallas para atacarte con él alrededor.
Tyson parecía fascinado por el pelo rubio Annabeth. Trató de tocarlo, pero ella le golpeó la mano.

—Awwww—Piper suspiró—Que tierno Tyson.
Annabeth suspiró, arrepentida de lo mal que lo había tratado en el pasado.

Thalia suspiró, entendiendo el odio de su amiga por los Cíclopes.

—Annabeth,—dije, —¿De qué estás hablando? ¿Lestri-qué?
—Los monstruos en el gimnasio. Son una raza de caníbales gigantes que viven en el extremo norte. Odiseo se encontró con una vez, pero nunca he visto uno tan al sur como Nueva York antes.
—Lestri—ni siquiera puedo decir eso.

—Yo tampoco—la mayoría de los semidioses dijo.

¿Cómo se llaman en Inglés?
Lo pensó por un momento. —Canadienses—decidió.

Frank levantó la mano como si estuviese en un salón.
—Sigo ofendido—él se señaló.
—Lo siento, Frankie. Nada personal, es solo...como una broma, ¿no?—Percy miró a Annabeth, la cual se encogió de hombros.

—Ahora vamos, tenemos que salir de aquí.
—La policía estará detrás de mí.
—Ese es el menor de nuestros problemas,—dijo. —¿Has tenido los sueños?
—¿Los sueños...sobre Grover?"
Su rostro se puso pálido. —¿Grover? No, ¿qué hay con Grover?

—Oh no, si Grover no es sobre lo que Annie ha estado soñando...¿qué más esta sucediendo?
—Unos capítulos atrás se mencionó que habían problemas en el campamento—Hestia les recordó a los semidioses—Probablemente es sobre eso.

Le dije mi sueño. —¿Por qué? ¿Sobre qué tenía que soñar?
Sus ojos parecían de tormenta, al igual que su mente estaba compitiendo con un león millones de millas por hora.

Hermes se vio distraído por un momento. La chica se veía extremadamente seductora cuando eso le sucedía a sus ojos...

Al captar su línea de pensamientos, él rápidamente sacudió su cabeza. No podía pensar así.

Bueno...si podía. Nada se lo impedía, pero no quería tener problemas con su hermana por encontrar a su hija sexy.

—Campamento,—dijo al fin. —Grandes problemas en el campamento.

Los semidioses compartieron una mirada preocupada. El campamento era un hogar para todos ellos. ¿Qué le estaba pasando?

—¡Mi madre estaba diciendo lo mismo! Pero, ¿qué tipo de problemas?
—No sé exactamente. Algo anda mal. Tenemos que llegar de inmediato. Los monstruos me han estado siguiendo todo el camino desde Virginia, tratando de detenerme. ¿Habéis tenido una gran cantidad de ataques?
Sacudí la cabeza. —No en todo el año...hasta hoy.

—Oh, Wow—Leo se vio sorprendido—Suertuda.
—Más que suerte fue por Tyson—Percy se encogió de hombros.

—¿Ninguno? ¿Pero cómo...?—Sus ojos se dirigieron a Tyson. —Oh.
—¿Qué quiere decir, 'oh'?

—¿Todavía no sabes que es un monstruo? ¡Incluso yo lo noté!—Jason se vio incrédulo—Bro, por favor...
—Oh, Jason. Recuerda que soy lenta..—Percy suspiró—En cambio del amor que siento por ti, que fluye con la rapidez de un río.
Bro—Jason jadeó dramáticamente, tocándose el pecho como si estuviese abrumado.
Bro—Percy lo imitó.
Ambos estiraron las manos, como si quisieran unirlas, pero estaban en esquinas diferentes de la sala.
Luke rodó los ojos mientras que Poseidon y Zeus compartían una mirada divertida, y Piper y Apollo reían suavemente.

Tyson levantó la mano como si estuviera todavía en la clase. —Los canadienses en el gimnasio llamaron algo a Percy... ¿Hija del dios del mar?
Annabeth y yo intercambiamos miradas. Yo no sabía cómo podía explicar, pero pensé que Tyson merecía la verdad, después de que casi lo mataran.

—Claro.

—Grandote,—le dije: —¿Has oído alguna vez las viejas historias sobre los dioses griegos? Como Zeus, Poseidón, Apollo, Atenea—
—Sí,—dijo Tyson.
—Bueno... los dioses siguen con vida. Ellos siguen en torno a la civilización occidental, viven en los países más fuertes, así como ahora están en los . Y, a veces tienen hijos con los mortales. Niños llamados mestizos.

—Esa fue una buena explicación—Dionisio asintió lentamente.
La mayoría brincó. Habían olvidado que él estaba allí, o que prestaba atención.
—¿Gracias?—Percy compartió una mirada perpleja con Annabeth. El Sr. D acababa de...¿darle un cumplido?

–Sí,—dijo Tyson, como si todavía estuviera esperando a que yo llegara al punto.
—Uh, bueno, Annabeth y yo somos mestizas,—dije. —Somos como los héroes...en entrenamiento.

—Heroínas—Athena corrigió.
Apollo le dio una mirada.
—Leí lo que dice aquí, no me culpes por los errores del libro.

Y cada vez que los monstruos recogen nuestro olor, nos ataquen. Eso es lo que los gigantes en el gimnasio son. Monstruos.
—Sí.
Me quedé mirándolo. No pareció sorprendido o confundido por lo que le estaba diciendo, lo que sorprendió y me confundió. —Así que... ¿me crees?

—Bueno, considerando que es un monstruo, creo que sí, sí te cree.
Percy rodó los ojos ante el sarcasmo de Ares. No había sido tan sencillo descubrir que su mejor amigo era un cíclope. Nadie parecía entender eso.

Tyson asintió. —¿Pero tú eres...hija del dios del mar?
–Sí,—admití. —Mi padre es Poseidón.

Poseidon le dio una sonrisa a su hija, la cual le sonrió también.

Tyson frunció el ceño. Ahora parecía confundido. —Pero entonces...

—¿Por qué es tan importante?—Piper se vio curiosa.
Thalia, Will, Nico, Percy y Annabeth compartieron una mirada cómplice. Luke entendió inmediatamente sus intenciones, y sonrió traviesamente.
Spoilers—Luke se les adelanto, sonriendo enormemente.
Los semidioses gruñeron mientras que Thalía, Nico, Will, Percy y Annabeth se quejaban.
—¡Oye! Esa era nuestra línea...

Una sirena sonó. Un coche de policía corrió por nuestro callejón.
—No tengo tiempo para esto,—Annabeth dijo. —Vamos a hablar en el taxi.
—¿Un taxi todo el camino hasta el campamento?—Dije. —¿Sabes cuánto dinero es—?

—Mucho.

—Confía en mí.
Dudé. —¿Qué pasa con Tyson?

—Oh, no pueden dejarlo allí—Hazel dijo rápidamente—Se metería en problemas.

Me imaginaba acompañada con mi amigo gigante en el Campamento Mestizo. Si él se asustaba en un patio normal con agresores normales, ¿cómo iba a actuar en un campo de entrenamiento para los semidioses? Por otra parte, la policía estaba buscándonos.

—Además de que no estaría asustado de los semidioses—Leo dijo de forma pensativa—Porque él también es parte de ese mundo.

—No podemos dejarlo,—decidí. —Va a estar en problemas, también.
—Sí.—Annabeth parecía sombría.—Definitivamente necesitamos llevarlo. Ahora, vamos.
No me gustó la forma en que dijo eso, como si Tyson fuera una enfermedad grande que teníamos que llevar al hospital, pero yo la seguí por el callejón.

Poseidon frunció el entrecejo en dirección de Annabeth, la cual se veía demasiado avergonzada por sus acciones que no pudo devolverle la mirada o decir algo para defenderse.

Juntos, los tres a hurtadillas a través de las calles laterales del centro de la ciudad, mientras que una enorme columna de humo se elevaba detrás de nosotros, del gimnasio de la escuela.
—Aquí,—Annabeth nos detuvo en la esquina de Tomás y Trimble. Ella se dio la vuelta en su mochila. —Espero tener una más.
Se veía aún peor de lo que me había dado cuenta al principio. Su barbilla estaba cortada. Ramas y pasto se enredaban en la cola de caballo, como si hubiera dormido varias noches a la intemperie. Las barras en el ruedo de sus pantalones se parecían sospechosamente a marcas de garras.

—Oh, Annie...—Will suspiró—Te cogieron fuerte esos monstruos.

Hermes interpretó eso de otra manera, y su mente lo traicionó, reproduciendo imágenes—imágenes no aptas para menores—sobre la semidiosa siendo cogida. No específicamente por monstruos, y ciertamente no por Will Solace, el chiquillo que era su novio. Se imaginó a si mismo cogiendo con Annabeth Chase.

Tuvo que cerrar los ojos para controlarse.

—¿Qué estás buscando?—Le pregunté.
A nuestro alrededor, las sirenas sonaron. Pensé que no pasaría mucho tiempo antes de que aparecieran más policías, en busca de una delincuente juvenil gimnasio-bombardera. No cabe duda de Matt Sloan les había dado una declaración.

—Urgh, el idiota probablemente les dijo que tu eras la causante de todo—Thalía se vio irritada.
—Obviamente—Nico frunció el entrecejo—La culpa de todo siempre recae sobre Percy.

Probablemente había torcido la historia en torno a que Tyson y yo éramos los caníbales sedientos de sangre.
—He encontrado uno. Gracias a los dioses.—Annabeth sacó una moneda de oro que reconocí como un dracma, la moneda del Monte Olimpo. Tenía a Zeus estampado en un lado y el Empire State Building en el otro.
—Annabeth,—le dije, —los taxistas de Nueva York no aceptaran eso.
Ella me ignoró, y gritó en griego antiguo. "¡Ô harma diabolês!"
Como de costumbre, en el momento en que hablaba en la lengua del Olimpo, de alguna manera lo entendía. Ella había dicho: Carro de Maldición.

Los semidioses se estremecieron, encontrando la mención de eso no muy reconfortante.
Los dioses sin embargo, suspiraron. Aquellas tres ancianas grises eran más irritantemente asquerosas que nada de lo que habían visto en sus vidas.

Eso no ayudaba precisamente a que me sintiera muy emocionada por lo que su plan era. Ella echó la moneda en la calle, pero en vez de caer en el asfalto, la dracma se hundió a través, y desapareció.
Por un momento, no pasó nada. Entonces, justo donde la moneda había caído, el asfalto se oscureció. Se fundió en una piscina rectangular del tamaño de una plaza de aparcamiento—burbujeante líquido rojo como la sangre. Entonces apareció un coche desde el fango.

—Suena un poco terrorífico—Frank murmuró.
—Solo espera a que veas como conducen—Percy se estremeció.

Era un taxi, bien, pero a diferencia de cualquier otro taxi en Nueva York, no era amarillo. Era gris ahumado. Quiero decir que parecía que estaba tejido de humo, como si se pudiera caminar a través de él. Había palabras impresas en la puerta —algo como MEHARSAN REGRISS

—¿Cómo pudiste leer eso?—Hermes lo interrumpió, mirando por encima de su hombro las letras en el papel—Ni yo puedo leer eso.
Apollo se encogió de hombros. Estaba acostumbrado a que su novia—ex novia—interpretara cosas como no eran por su dislexia.
—¿Qué decía en realidad?
Percy se encogió de hombros.
—Ni idea.
—Las hermanas grises—Annie respondió.
Los dioses gruñeron una vez más, mientras que los semidioses hacían una mueca al recordar la historia de las tres viejas.
—Ohhhh son las viejas de la historia de Perseus—Percy dijo de forma distraída.

—pero mi dislexia hizo difícil para mí descifrar lo que decía.
La ventana de pasajeros bajó, y una anciana asomó la cabeza. Tenía una mata de pelo gris que cubría sus ojos, y habló de una manera extraña murmurando, como si acabara de una inyección de novocaína.

—¿Qué es novocaína?—Hazel se vio curiosa.
—Anestésico—Athena respondió inmediatamente.

—¿Pasaje? ¿Pasaje?
—Tres al campamento mestizo,—Annabeth dijo. Abrió la puerta trasera de la cabina y nos hizo señas para entrar, como si todo esto fuera completamente normal.

—Solo Annabeth—Leo rió.
Dicha semidiosa le sacó la lengua de forma infantil.

—¡Ay!—La vieja gritó. —¡No llevamos a su especie!
Ella señaló con el dedo huesudo a Tyson.

—¿Por qué lo tratan tan mal?—Piper demandó—Es solo un chico.
Percy suspiró.
—Lo sé. Odio lo mal que lo tratan.

¿Qué era? ¿El día de tratar mal niños feos y grandes?
—Pago extra,—Annabeth prometió—Tres dracmas más a la llegada.
—¡Hecho!—gritó la mujer.
A regañadientes me metí en la cabina. Tyson se apretó en el medio. Annabeth se arrastró de último.
El interior también se llenó de humo gris, pero se sentía lo suficientemente sólida. El asiento estaba roto y abultado—no se diferenciaba de la mayoría de los taxis.

La mayoría asintió, resoplando.

No había pantalla de plexiglás que nos separa de la conductora vieja...Espera un minuto. No había sólo una anciana. Había tres, todas hacinadas en el asiento delantero, cada uno con el pelo fibroso que cubría sus ojos, las manos huesudas, y un vestido de color carbón cilicio.

—Es tan escalofriante eso—Jason se estremeció.
Nico se volteó a mirarlo.
—Jason...has luchado titanes, ¿y te da más miedo tres viejas?
El chico se sonrojó, más se encogió de hombros.

La que conducía dijo, —¡Long Island! ¡Prima de tarifa de metro! ¡Aja!
Apretó el acelerador, y mi cabeza se estrelló contra el respaldo.

Algunos se estremecieron con pena.
—Ohhhh auch.

Una voz vino a través del altavoz: Hola, esto es Ganimedes, el copero de Zeus, y cuando salgo fuera a comprar vino para el Señor de los Cielos, '¡siempre con el cinturón de seguridad!

—La seguridad es primero—Hestia asintió.
Algunos sonrieron ante la dulzura de la diosa.

Miré hacia abajo y encontré una cadena grande y negra en lugar de un cinturón de seguridad. Decidí que no estaba tan desesperada...todavía.

Si hubiesen estado en buenos términos, Apollo hubiese bromeado sobre la vez que él y Percy intentaron un jueguito con cadenas, pero al no estar en buen estado, sabia que su comentario la enojaría.

El taxi aceleró en la vuelta de la esquina de West Broadway, y la dama gris, sentada en el medio gritó, —¡Cuidado! ¡Ve a la izquierda!
—Bueno, si me dieras el ojo, Tempestad, ¡podía haber visto eso!—la conductora se quejó.
Espera un minuto. ¿Darle el ojo?
No tuve tiempo de hacer preguntas porque el conductor se desvió para evitar un camión de reparto de frente, pasó por encima de la acera con un golpe que agita mandíbula, y voló en el bloque siguiente.

—¿Acaso no pueden ver?—Piper resopló, para luego recordar la historia. —Oh, cierto, solo una puede.

—¡Avispa!—la tercera mujer dijo al conductor.—¡Dame la moneda de la muchacha! Quiero morderla.
—¡Tu mordiste la última vez, Ira!—dijo la conductora, cuyo nombre debía ser Avispa. —¡Es mi turno!
—¡No lo es!—gritó la llamada Ira.
La del medio, Tempestad, gritó: —¡Luz roja! ¡Frena!
En cambio, Avispa pisó el acelerador y subió a la acera, chillando en torno a otra esquina, y derribó una casilla de periódico.
—Disculpe,—le dije.—Pero... ¿podéis ver?

—Evidentemente la que conduce no tiene el ojo.

—¡No!—Avispa gritó desde detrás de la rueda.
—¡No!—Tempestad gritó desde en medio.
—¡Por supuesto!—gritó Ira por la ventana de escopeta.
Miré a Annabeth. —¿Están ciegas?
—No del todo,—ella dijo. —Tienen un ojo.
—¿Un ojo?
—Sí.
—¿Cada una?
—No. Un ojo en total.

—Un ojo en total, un diente en total, y...bueno, ustedes entienden.
—¿Por qué?
Se encogió de hombros.
—Ni idea, solo son así.

A mi lado, Tyson se quejó y se agarró del asiento. —No me siento tan bien.
—Oh, hombre,—le dije, porque yo había visto Tyson mareado en los paseos escolares y no era algo de lo que quisieras estar alrededor de cincuenta pies. —Aguanta, grandote. ¿Alguien tiene una bolsa de basura o algo así?

Algunos se estremecieron ante eso.

Las tres damas grises estaban demasiado ocupadas discutiendo como para prestarme atención. Miré a Annabeth, que se aferraba por su vida, y le di una mirada de ¿Por qué me hiciste esto a mí?

—La mirada que siempre le da—Jason señaló.
Percy le sonrió a su mejor amiga.
—Claro, ¿que clase de amiga seria ella si no me arrastrase en cosas completamente peligrosas?
Demeter resopló.
—¿Una buena amiga?—señaló la diosa.
Annabeth y Percy ambas se encogieron de hombros.

—Oye,—dijo, —Taxi Hermanas Grises es la manera más rápida al campamento.
—Entonces, ¿por qué no lo tomaste desde Virginia?
—Eso es fuera de su área de servicio,—dijo, al igual que debería ser obvio.

—Nada es obvio con Percy.
—Gracias—Percy dijo sarcásticamente.

—Sólo sirven en Nueva York y las comunidades circundantes.
—¡Hemos tenido gente famosa en esta cabina!—Ira exclamó. —¡Jason! ¿Te acuerdas de él?

Inconscientemente todos se voltearon hacia Jason Grace.
—No él, obviamente, habla de el Jason original—Percy señaló—El Jason de la leyenda.
—¿Qué soy yo entonces?—Jason se vio indignado—¿Una copia?
—Una muy linda copia—Piper besó su mejilla, haciéndolo sonreír.

—¡No me lo recuerdes!—Avispa lamentó. —Y no teníamos un coche en ese entonces, tu murciélago viejo. ¡Eso fue hace tres mil años!
—¡Dame el diente!—Ira trató de agarrar la boca de Avispa, pero Avispa le aplastó la mano. —¡Sólo si me da Tempestad el ojo!
—¡No!—Tempestad gritó. —¡Lo tenías ayer!
—¡Pero estoy conduciendo, vieja!
—¡Excusas! ¡Gira! ¡Ese fue tu salida!
Avispa se desvió duro en la calle Delancey, aplastándome entre Tyson y la puerta.

La mayoría se estremeció ante eso. Pobre Percy.

Golpeó el gas y se disparó hacia el puente de Williamsburg a setenta millas por hora. Las tres hermanas estaban peleando en serio ahora, bofetadas unas a otras como Ira trató de agarrar la cara de Avispa y Avispa trató de agarrar a Tempestad.

—La mejor descripción de hermanas que he escuchado—Hades señaló, pensando en sus peleas con sus hermanos y hermanas.
Demeter le dio una mirada sucia, a lo que él dios la señalo como queriendo decir un: "¿Ven?"

Con su pelo al viento y sus bocas abiertas, gritando la una a la otra, me di cuenta de que ninguna de las hermanas tenía dientes a excepción de Avispa, que tenía un incisivo amarillo musgo. En lugar de ojos, sólo se había cerrado, párpados hundidos, a excepción de Ira, que tenía un ojo inyectado en sangre verde que miraba todo con avidez, como si no se cansara de todo lo que veía.

—Probablemente no

Por último, Ira, que tenía la ventaja de la vista, logró dar un tirón a los dientes de la boca de su hermana Avispa. Avispa estaba tan molesta que se desvió hacia el borde del puente Williamsburg, gritando,
—¡'Amelo de vuelta! ¡'Amelo de vuelta!
Tyson se quejó y se agarró el estómago.
—Uh, si alguien está interesado,—le dije, —¡vamos a morir!

—¡Yo estoy interesado!—señalaron Poseidon y Athena, pues ambos hijos de ellos estaban allí.
Percy suspiró, robándole una mirada a Apollo. Usualmente, él siempre decía algo así en situaciones así, más Apollo se veía distraído mientras leía.

—No te preocupes,—Annabeth me dijo. Sonaba bastante preocupada.

—Eso la va a preocupar más.

—Las Hermanas Grises saben lo que están haciendo. Son realmente muy sabias.
Esto viene de la hija de Atenea, pero no era exactamente tranquilizador.

—Gracias—dijo Annie sarcásticamente.

Estábamos rozando el borde de un puente de ciento treinta metros sobre el East River.
—¡Sí, sabias!—Ira sonrió en el espejo retrovisor, mostrando su diente recién adquirido. —¡Nosotras sabemos cosas!
—¡Todas las calles de Manhattan!—Avispa jactó, todavía golpeando a su hermana. —¡La capital de Nepal!
—¡La ubicación que buscas!—Tempestad agregó.

—Oh, ahí esta el desliz—Hermes sonrió socarronamente—Siempre les pasa.
—¿Qué ubicación?—muchos fruncieron el entrecejo.
—Shh, ya veras.

Inmediatamente sus hermanas la golpearon por ambos lados, gritando, —¡Cállate! ¡Cállate! ¡Ni siquiera a preguntado todavía!
—¿Qué?—Dije. —¿Qué lugar? Yo no busco ningún...
—¡Nada!—Tempestad, dijo. —Tienes razón, hija, ¡No es nada!

—Oh, ahora va a querer saber más que nunca—Luke sonrió, divertido.
Los que la conocían bien asintieron.

—Dime.
—¡No!—todas ellas gritaron.
—¡La última vez que lo dijimos, fue horrible!—Tempestad dijo.
—¡El ojo se tiró en un lago!—Dijo Ira.

—Ah, si, la historia de Perseus—Hermes señaló—Chico amable, intentó abrazarme una vez, pero eso solo hizo las cosas incomodas.
—A mi también—Athena señaló, más ella se veía divertida—Era un chico dulce.

—¿Sabías que Perseus iba a ser mi nombre su hubiese nacido como un chico?—Percy le dijo a Frank, quien estaba sentado a su lado.
—Pero tu madre escogió Persephone—Frank señaló con curiosidad—¿Por qué ponerte el nombre de una diosa secuestrada?
—Bueno, querido Frank, a mi madre le gusta la historia de la diosa Persephone porque no es solo secuestrada, sino que en su secuestro ella descubre quien esta ella supuesta a ser, se convierte en una reina y encuentra el amor...no es una historia tan mala si lo miras bien.
—Mmmm, en eso tienes razón.

—¡Años para encontrarlo de nuevo!—Avispa gimió. —¡Y hablando de eso, dámelo de vuelta!
—¡No!—gritó Ira.
—¡Ojo!—Avispa gritó. —¡Dámelo!
Le pegó a su hermana Ira en la espalda. Hubo un pop enfermizo y algo salió volando de la cara de Ira.

—Oh dioses...—Leo se tornó verde, al igual que sus compañeros y uno que otro dios.

Ira fue a tientas, tratando de cogerlo, pero sólo logró lanzarlo con el dorso de la mano. El orbe verde viscoso navegó por encima del hombro, en el asiento trasero, y directamente en mi regazo.

—Ew. Ew. Ew. Ew. Ew. Ew.

Salté tan fuerte, que mi cabeza golpeó en el techo y el globo ocular se alejó.
—¡No puedo ver!—las tres hermanas gritaron.
—¡Dame el ojo!—Avispa lamentó.
—¡Dale el ojo!—Annabeth gritó.
—¡Yo no lo tengo!—Dije.
—Ahí, por tu pie,—Annabeth dijo. —¡No lo pises! ¡Agárralo!
—¡No voy a recoger eso!

La mayoría se estremeció. Ellos tampoco tocarían esa...cosa.

El taxi se estrelló contra la baranda y se deslizó junto con un chirrido horrible. El coche entero se estremeció, echando humo gris como si estuviera a punto de disolver la tensión.
—¡Voy a vomitar!—Tyson advirtió.
—Annabeth—grite, —¡deja a Tyson usar la mochila!
—¿Estás loca? ¡Agarra el ojo!
Avispa arrancó la rueda, y el taxi se desvió de la regleta. Nos precipitamos por el puente Brooklyn, más rápido que cualquier taxi humano. Las Hermanas Grises gritaron y se golpearon unas a otras y gritaron por su ojo.

—Oh, por los dioses, ¡solo dale el ojo!—Poseidon suspiró, preocupado—Luego te lavas las manos.
—No es tan sencillo—Percy se estremeció—Aun tengo daños emocionales por eso.
La mayoría rodó los ojos ante eso.

Al final controlé mis nervios. Me arranque un pedazo de mi teñida camiseta, que ya se estaba cayendo por todas las marcas de quemaduras, y lo utilice para recoger el ojo del suelo.
—¡Buena chica!—Gritó Ira, como si de alguna manera supiera que yo tenía su ojo desaparecido.—¡Devuélvemelo!
—No hasta que expliques,—le dije. —¿De qué estaban hablando, el lugar que busco?

—Por supuesto.
—Chica lista.

—¡No hay tiempo!—Tempestad exclamó. —¡Acelera!
Miré por la ventana. Efectivamente, los árboles y los coches y barrios enteros eran ahora, en una mancha gris. Ya estábamos fuera de Brooklyn, andando por el centro de Long Island.
—Percy,—Annabeth advirtió, —no pueden encontrar nuestro destino sin el ojo. Van a seguir acelerando hasta que nos rompamos en mil pedazos.

—Oh dioses no, simplemente dale el ojo. No ayudaría en nada si mueren.
Spoilers, honey. Ya veras que sucede.

—Primero tienes que decirme,—le dije. —O abriré la ventana y lanzare el ojo hacia el tráfico.
—¡No!—las Hermanas Grises se lamentaron. —¡Es demasiado peligroso!
—Estoy bajando la ventana.

—¿En serio lo hacías?
—Nah, no soy tan cruel. Me daban más pena que asco. Bueno, mucho asco, pero mucha más pena.

—¡Espera!—Las Hermanas Grises gritaron. —¡30, 31, 75, 12!
Los soltaron como si fuera un mariscal diciendo una jugada.
—¿Qué quieren decir?—Les dije. —¡Eso no tiene sentido!

—Son coordenadas—Athena adivinó.
Percy asintió.

—¡30, 31, 75, 12!—Ira dijo. —Eso es todo lo que puedo decir. ¡Ahora, danos el ojo! ¡Casi estamos en el campamento!
Estábamos fuera de la carretera actual, que penetraba rápidamente en el campo del norte de Long Island. Pude ver la colina Mestiza delante de nosotros, con su gigantesco árbol de pino en la cresta, el árbol de Thalía, que contenía la fuerza de vida de un héroe caído.
—¡Percy!—Annabeth dijo que con más urgencia. —¡Dales el ojo ahora!
Decidí no discutir.

Algunos rieron suavemente.
—Percy sabe que Annabeth siempre tiene la razón.
La semidiosa se sonrojó, viéndose modesta.
—Casi siempre—les recordó.

Tiré el ojo en el regazo de Avispa. La vieja lo cogió, la empujó en su cuenca de los ojos como si alguien de poner en un lente de contacto, y parpadeó. —¡Whoa!
Ella pisó el freno. El taxi giró cuatro o cinco veces en una nube de humo y se detuvo a su fin en medio de la carretera de la granja en la base de la colina Mestiza.

—Bueno, eso sonó divertido—Ares dijo sinceramente.
—Lo fue—Percy dijo sarcásticamente.

Tyson soltó un eructo enorme. —Mejor ahora.
—Muy bien,—les dije a las Hermanas Grises. —Ahora, decidme qué significan esos números.
—¡No hay tiempo!—Annabeth abrió la puerta. —Tenemos que salir ahora.

—¿Por qué? ¿No sería mejor si averiguan que son los números?
—Continúa, Apollo. Lo sabrás ahora.

Estaba a punto de preguntar por qué, cuando miré a la colina Mestiza y entendí. En la cresta de la colina había un grupo de campistas. Y estaban siendo atacados.

—Oh, genial—Will suspiró pesadamente. —Es aquel año...—se estremeció ante el recuerdo.

Nico se vio curioso. —¿Qué paso ese año?

Will abrió la boca para contestar, más Thalía se le adelantó, dándole una sonrisa traviesa a ambos chicos.
Spoilers, aliento de zombie. Tendrás que leerlo como el resto de nosotros.

—Es el final del capítulo—Apollo señaló—¿Quien quiere...?

El estruendo regresó, esta vez con más potencia.
Zeus gruñó irritado.
—¿Qué demonios es eso? No son los niños evidentemente, ellos saben que no deben molestarnos.

—¿Qué sucede?—Hera se vio molesta al igual que su esposo—¿Quien se atreve a perturbarnos de esa manera?

Luke rodó los ojos ante la actitud tan petulante de la diosa, mientras que los demás semidioses se miraban los unos a los otros. Sabían que el Olimpo completo estaba como "congelado" en el tiempo, nadie entraba, nadie salía y no existía el tiempo.

Sabían también que habían más personas en Olimpo además de los dioses; otros dioses menores, ninfas, musas, deidades...pero hasta ese momento nunca habían tenido una prueba tan fuerte de que no estaban solos allí.

—Sonó más como un golpe que como algo más—Piper señaló. —No fue directamente en la puerta, como si hubiese sido un toqueteo en ella, fue un estruendo. Como si alguien hubiese golpeado a alguien contra la puerta.

Annabeth asintió ante sus palabras, sintiéndose momentáneamente orgullosa de su amiga por haber pensado de esa forma.

—Tonterías, nadie se atrevería a hacer algo así, no en nuestra presencia—Zeus se vio amenazante, pensando en que quien se atrevió a mostrar tanta falta de respeto hacia ellos tendría una muerte lenta y dolorosa.

Luke rodó los ojos, desviando la vista. No soportaba las ínfulas de grandeza que los dioses tenían, como si fueran lo más importante del mundo. De alguna manera lo eran, porque eran dioses, pero Luke ignoró eso.

Ares se vio excitado ante el prospecto de una pelea. Habían pasado tanto tiempo enfoscados en esos estúpidos libros que no ayudarían en nada—era el pasado, no era como si pudiesen cambiarlo—, el dios necesitaba urgentemente un poco de acción o se volvería loco.

—Iré a ver que es—Ares sonrió de oreja a oreja, un brillo malévolo apareciendo en las dos bolas de fuego que llamaba ojos.

El dios de la guerra se pavoneó hasta la puerta, donde se detuvo solo para crujir sus nudillos de forma amenazante.

Abrió la puerta, más lo que sucedió luego fue tan inesperado que nadie supo como reaccionar en ese momento.

Ares salió disparado hacia atrás, chocando con una de las columnas de mármol y rompiéndola en el proceso—y rompiendo su cuello también. El dios gruñó un par de veces, más no logró levantarse.

—¿Qué esta sucediendo?—rugió Zeus, levantándose de su trono.

Los dioses todos tomaron posiciones de ataque. Todos menos Hestia, la cual desapreció de allí. Ella era la "ultima" olímpica. En situaciones de peligro, su tarea era desaparecer y solo regresar cuando todo estuviese bien. Si algo les sucedía a los demás, al menos quedaría ella.

Los semidioses hicieron ademan de tomar posiciones de ataque, más una fuerza sobrenatural se los impidió. Hades había levantado una mano en dirección de ellos, sus poderes deteniéndolos en una de las paredes de la habitación.

—Quédense allí—el dios les ordenó—Lo que sea lo suficientemente poderoso como para lastimar a Ares es demasiado para ustedes.

Percy se vio sarcástica. Ella misma había logrado vencer a Ares antes, además de que había luchado con un sinnúmero de monstruos y dioses en el pasado, además de que estuvieron en Tártaro. Dudaba que ella y sus amigos no pudieran contra lo que fuese que estaba allí.

La hija de Poseidon se tragó sus palabras cuando por la puerta entro un dios. Segundos después, cinco entraron, luego cinco más, y más y más hasta que hubieron más dioses menores que dioses olímpicos. Todos lucían un brillo de locura y desesperación, casi haciéndolos ver muy humanos.

—¿Qué significa esto?—Zeus rugió, la habitación completa rugiendo con él. Rayos cayeron dramáticamente, haciendo el suelo temblar y a los dioses menores temblar por un segundo.

Los demás dioses olímpicos imitaron a Zeus, sacando sus armas y tomando posiciones de defensa, pero sin llegar a atacar o a moverse.

—Merecemos una explicación, ¿No lo crees, Zeus?—uno de los dioses menores escupió—Intentamos salir, y no lo logramos. Llevamos semanas intentandolo. Semanas. ¿Qué esta sucediendo?

Ante el tono demandante del dios, la irritación brillo en los dioses olímpicos. ¿Se atrevían a hablarles así? Unos simples diosecillos como ellos, se atrevían a demandar algo de los dioses más importantes...un gruñido salió del pecho de Zeus.

Los dioses menores gruñeron también. Entre gruñidos algunos de ellos murmuraban cosas como dementes. Entre las palabras que algunos decían en demencia estaban las palabras salir y sexo.

Antes que algo pudiese suceder, Apollo levantó una mano en dirección de los semidioses. Al parpadear, ellos ya no estaban allí. La seguridad de los semidioses, de Percy, era primero que cualquier cosa. Al menos para él.

Entonces la verdadera lucha comenzó.


Los semidioses aparecieron en una habitación que no habían visto antes. Las paredes eran de un suave color crema, con enormes ventanas que parecían extenderse hasta el cielo estrellado arriba. Como en las demás habitaciones, no había techo. Arriba, la luna brillaba tenuemente, con miles de estrellas y constelaciones brillando.

La habitación era enorme, casi del tamaño del mismo campamento mestizo, con la única diferencia siendo que no había nada en la habitación, solo espacio y espacio.

Lo primero que Hazel pudo pensar fue: ¿Es de noche ya? Pero eso en realidad no tenia importancia, por lo que lo hizo a un lado. Ella parecía ser la única, además de Nico y Percy, que no parecían estar abrumados por el tan repentino viaje. Pero era casi como el viaje sombra, solo que más...rápido y menos escalofriante.

Por un momento, los semidioses estuvieron más que confundidos acerca de sus alrededores. Un segundo habían estado en la sala de tronos, y el siguiente habían aparecido en aquella habitación.

—¿Qué demonios?—Leo se quejó—¿Donde estamos?

—A donde nos trajeron, querrás decir—Luke frunció su entrecejo, mirando al rededor, su tono de voz de alguna forma exaltada. —Es claramente obra de los dioses.

—¿Puedes callarte?—Piper lo fulminó con la mirada—Algo iba a suceder en la sala de tronos con los dioses, por eso nos sacaron de allí. ¿Acaso no viste la forma en la que se miraban? Nada bueno puede salir de ese encuentro.

—Piensa lo que quieras, niña—Luke le dio una mirada llena de pena, como si la considerara inocente e ingenua. —No conoces la mentalidad de los dioses, yo si.

Antes que Piper pudiese saltar, claramente irritada, fue detenida ante el grito frustrado de Percy Jackson. La chica había ido a la puerta que parecía ser la salida de la habitación, solo para encontrar que estaba cerrada—casi sellada de hecho; no había salida alguna.

Al otro lado de la habitación, Jason jaló la única otra puerta de ese lugar. La puerta se abrió, pero antes que los semidioses pudieran emocionarse, Jason suspiró pesadamente, y se hizo a un lado para que ellos pudiesen ver el contenido de la habitación.

Era un baño.

—¡¿Qué clase de habitación esta completamente vacía, pero tiene un baño?!—Percy se vio incrédula, y le dio una mirada a su mejor amiga, la cual se encogía de hombros. —¡No tiene sentido! ¿Tú diseñaste esto, chica lista? Si lo hiciste, déjame decirte, ¡fallaste gravemente!

Annabeth rodó los ojos.

—Gracias, Percy, por tus palabras de aliento. No, no diseñé esto porque no es una habitación—la rubia señaló, para la confusión de los demás. Al verlo, ella rodó los ojos, y señaló al rededor. —Es un pasillo, ¿no lo ven? Las grandes ventanas, el piso alfombrado...

—¿Un pasillo? Esta habitación es del tamaño del campamento—Frank señaló.

—Estamos en el Olimpo, ¿recuerdas? Los dioses no tienen nuestra misma estatura, son enormes en realidad—Leo señaló, para luego sonreír pícaramente. —¿Cierto, Percy? Realmente enormes.

A la chica le tomo un segundo entender lo que Leo quería decir, y una vez que lo hizo, un enorme sonrojo subió a sus mejillas. Percy lo fulminó con la mirada, cansada de sus comentarios fuera de lugar, más su sonrojo arruinó su imagen de molesta.

—¿Lo sabes por experiencia propia, Leo?—Nico le dio una sonrisa falsamente dulce. Nadie supo que era más escalofriante, ver a Nico sonriendo, o sus palabras.

Leo se atragantó con el aire, tornándose más rojo de lo que ellos creían posible. Esta vez fue el turno de Percy de reírse de él.

—Y-Yo no...—Leo se veía perdido, sin encontrar nada que decir.

Percy chocó los cinco con Nico, ambos portando sonrisas igualmente de socarronas. Jason sonrió mientras que Piper rodaba los ojos, más sonreía de forma divertida. Thalia sonreía también, y opto por chocar los puños con Nico, el cual se vio sorprendido, más acepto el gesto.

—¿Pueden concentrarse?—Hazel suspiró—Estamos atrapados, ¿recuerdan? Pero ¿por qué...?

—Es evidente, ¿no?—Frank se atrevió a hablar. —Algo iba a suceder en la habitación. ¿Vieron lo inestables que estaban esos dioses? Los 12 debieron creer que estábamos en peligro para mandarnos aquí.

—Eso implicaría que se preocupan por nosotros—Luke señaló, incredulidad en su mirada.

—Cierra la boca un segundo, ¿Quieres?—Percy ordenó súbitamente. Luke se vio ofendido, pero entonces Percy mandó a callar a los demás. —Silencio, todos...¿escuchan eso?

Fuera de la puerta, estruendos se escuchaban en la distancia, seguido de golpes y de gritos de rabia. El sonido le trajo recuerdos no deseados a Luke, por lo que él tragó en seco y desvío la vista, decidiendo concentrarse en el cuello descubierto de Percy—cuello el cual le encantaría besar.

—Oh dioses, es una guerra—Hazel se vio horrorizada—Están luchando.

—Tranquila—Percy dijo rápidamente, no notando como el chico a su lado la observaba. —Son dioses, por más que luchen y se lastimen, no morirán. Nada grave puede pasar.

—¿Nada grave puede pasar?—Annabeth le dio una mirada incrédula—¡Viste cuantos eran! Las probabilidades de los 12 de ganarles son muy bajas, sin contar de que los dioses menores pueden destronar a Zeus y crear su propio imperio, o peor, lastimar a alguno de los 12 lo suficiente como para que este no se pueda recuperar nunca.

A pesar de que la mayoría de ellos no había pasado tanto tiempo con los dioses no pudieron evitar sentirse preocupados. Después de todo, entre ellos estaban sus padres. Y por más que fuese, se preocupaban por ellos.

Luke intentaba no dejarlo notar, pero a pesar de que odiaba a los dioses, incluyendo a su padre, lo menos que quería era otra guerra; no ayudaría en nada si los dioses eran destronados por unos dioses menores.

Los 12 eran buenos reinando, a pesar de que eran crueles sabían que hacer y como hacerlo. Por esa razón habían durado tantos siglos reinando. Eso era algo que Luke tenia que admitir aunque le doliese. Eran terribles padres, pero al menos sabían reinar.

Percy notó la creciente preocupación en sus amigos, y se forzó a si misma a dejar a un lado su propia preocupación; de nada serviría que todos entraran en caos por la preocupación. Ella se forzó a si misma a verse despreocupada.

—¿No estas siendo un poco dramática, Annie?

—No estoy siendo dramática, estoy siendo realista—dijo Annabeth de forma seria, no notando las intenciones de su amiga. —Ha pasado múltiples veces, con Kronos es un ejemplo de ello: es inmortal, no puede morir—Percy se estremeció ante eso—Pero lo "destruyeron" lo suficiente como para que él no pueda recuperarse ni tener forma física otra vez.

—Chica lista, los estas asustando—Percy le dio una mirada seria a su amiga, susurrando la primera parte para luego subir su voz. —Tengamos fe en que pueden arreglárselas ellos mismos. Estoy segura que no es la primera vez que algo así sucede, sabrán que hacer.

Por un momento el silencio reinó en la habitación.

—Percy tiene razón—Luke habló—Los dioses son...difíciles de vencer. Sabrán que hacer, no se preocupen.

—Tú lo sabes mejor que nadie, ¿no?—Thalia le dio una mirada a Luke, el cual se vio dolido por un segundo, para luego desviar la vista. Thalia tragó en seco—Lo siento, no fue mi intención, yo...

—Esta bien—Luke le aseguró, negando con la cabeza. —Entiendo, después de lo que te dije antes, un insulto de tu parte es lo menos que merezco.

En la mente de Thalia las imágenes corrían de forma rápida. Las veces que Luke la había tentado, las veces que se burló de ella por estar de parte de los dioses, cuando le espetó que a ella no le importaba el juramento que habían hecho, ("Familia"), de estar juntos...

Ella desvío la vista. Una cosa era considerar a una persona un héroe, más otra era notar que en realidad era el villano, y que por más que quisiese buscar en él el héroe que ella conocía antes, lo único que podía ver era el villano en que se había convertido.

Luke era ambos. Y ella no sabia si podía con algo así, si podía perdonarlo por todo lo que había hecho, si podía volver a ser su mejor amiga como antes.

Probablemente no, Thalía se recordó a si misma. No cuando ella era una cazadora de Artemis.

—¿Qué puede estar pasando ahora?—Piper mordió su labio, observando la gran puerta dorada.

Se seguía escuchando gritos y golpes, por lo que la respuesta fue obvia. Un temblor sacudió la habitación, y ellos no pudieron evitar soltar una exclamación de sorpresa y miedo.

El temblor murió unos segundos después, y nada más volvió a suceder.

Seguían peleando.

—La pregunta es por qué—Jason dijo. —¿Por qué pelean ahora?

—Quieren salir—Percy señaló.

Todos la miraron.
Ella rodó los ojos al ver que no parecían entender.

—El tiempo se detuvo, ¿recuerdan? Estamos en un tipo de cápsula del tiempo o algo así—ella ignoró a Annabeth, la cual intento corregir sus palabras. —Nadie sale, nadie entra, con excepción de los que mandamos a traer, y el tiempo no pasa. El sol y la luna salen, pero las horas no corren. Apollo dijo que...

Ella se cortó por un segundo, pero sacudió su cabeza y continuó.

—Apollo dijo que la razón por la que él conducía el carro del sol y Artemis la luna en estos momentos cuando estamos en esta cápsula del tiempo, o lo que sea, era para que los demás que están aquí en el Olimpo no notaran que el tiempo no se mueve. Pero al pacer lo notaron de alguna forma.

—Intentaron salir probablemente—Will dijo quietamente—Al ver que no podían, la desesperación empezó a consumirlos.

—¿Por qué?—Hazel frunció el entrecejo—No es como si el Olimpo fuese malo, es genial de hecho.

—Sí, pero imagínate que eres un ser inmortal que solo consigue que algo cambie al bajar al mundo mortal.—Will se detuvo, un sonrojo surcando sus mejillas ante lo siguiente, pero necesitaba decirlo para que entendieran—Imagínate que eres un ser lleno de deseo y sexualidad, pero súbitamente no puedes salir a...dejar salir esos impulsos sexuales en mortales...

Percy se sonrojó suavemente, recordando las múltiples veces que Apollo había dejado salir su parte lujuriosa de él con ella. Un estremecimiento cruzó su cuerpo ante el recuerdo, y ella tragó en seco, súbitamente sintiéndose muy acalorada en la fría habitación.

Oh, dioses, como extrañaba el toque de Apollo en su cuerpo.

El sentimiento se extinguió al recordar que él no había dejado salir sus impulsos con ella nada más, sino que también los había dejado salir con una musa.

Ella rechinó sus dientes, sintiendo una punzada de dolor atravesar su pecho y dejarla casi sin aire.

—La desesperación debe estar matándolos—Percy dijo, su voz casi un murmullo.

Will asintió lentamente. Hazel se había sonrojado, pero al menos logró entender, o comenzar a entender, el por qué de la lucha y desesperación de los dioses menores.

Por unos minutos, la habitación estuvo en silencio otra vez.

Todos estaban procesando la nueva información. Después de un rato el silencio se hizo inaguantable; afuera, los gritos seguían, y eso ponía a los semidioses cada vez más desesperados.

—¿Qué vamos a hacer?—Nico se vio preocupado, un suspiro escapando de su boca—Estamos encerrados aquí, todo mientras ellos se enfrentan y arriesgan sus vidas.

—Es lo menos que pueden hacer por nosotros—Luke bufó. Él se deshizo de su chaqueta, y la colocó en el suelo, sentándose sobre esta para no tener que sentarse sobre la alfombra llena de polvo. —Eso no es lo peor, deberíamos preocuparnos por otra cosa.

Frank se cruzó de brazos, y le dirigió una mirada.
—¿Por qué?

—No hay nada en esta habitación, solo un baño—el señaló—No hay camas, no hay comida, no hay sillas, no hay absolutamente nada. Solo las ventanas, la alfombra y el baño. No veo como podemos sobrevivir con eso.

—¿Sobrevivir?

Luke rodó sus ojos, viéndose impaciente. Para entonces, todos tenían su atención puesta en él, curiosos ante sus palabras.

—Usualmente cuando los dioses luchan duran años en la lucha—él señaló—La primera lucha contra los titanes duro una década; la segunda duro cinco años. ¿Qué nos dice que esta no durará años? ¿Cuanto tiempo pasará hasta que nos muramos de hambre?

Percy se encontró a si misma rodando los ojos.
—Muchas gracias, Sr. Dramático, por causar más preocupación y más caos entre nosotros. Eres genial haciendo eso.—el sarcasmo salía de Percy como olas.

Luke le devolvió la sonrisa sarcástica, sus ojos brillando de forma casi especial a pesar de las palabras de la chica.
—Gracias, Srta. Optimista.

A pesar de la situación, Piper tuvo que alzar una ceja. ¿Era así que ambos se trataban? ¿Y habían estado enamorados?

Lo que ella no sabia era que ellos nunca lograron tener una relación como tal, solo llegaron a tener besos robados y palabras dulces aquí o allá, más la mayor parte del tiempo se la pasaban luchando. Luke era el traidor, y Percy era la heroína.

No era como si hubiesen tenido tiempo para el romanticismo.

—No vamos a morir de hambre—Leo rodó sus ojos—Podemos comernos a Frank. Con lo grande que es tendremos carne para años.

—¡Oye!—Frank abrió sus ojos de par en par, y se apresuró a alejarse de Leo Valdez, viéndose asustado y asqueado al mismo tiempo. —¿Por qué no te comemos primero? Oh, no, espera, seria como comernos huesos.

Leo se vio ofendido. Antes que él pudiese defenderse, Hazel rodó los ojos y se paró entremedio de ambos. Ante la intervención de la chica, Leo desvío la vista mientras que Frank la atraía hacia él, su entrecejo fruncido.

—No podemos hacer nada—Annabeth dijo, volviendo al tema inicial. —Solo podemos esperar.

—¿Por cuanto tiempo?—Luke alzó las cejas.

Su pregunta fue ignorada. Nadie sabia con certeza cuanto tiempo seria, y a pesar de que intentaron no preocuparse, las palabras de Luke los preocupaban. Sabían que era la verdad, y no sabían que podrían hacer. Habían estado en situaciones peores, pero al menos en aquellas situaciones tenían forma alguna de conseguir alimentos. Allí no había ningún tipo de alimento.

Solo les quedaba esperar y confiar que los 12 no se olvidaran de ellos allí, y que no se tomaran tanto tiempo luchando.

...

Después de un tiempo, nada sucedía. Seguían encerrados, más los gritos habían cesado afuera, pero aun nadie venia a sacarlos de allí. Los semidioses habían intentado todo para salir, incluso las ventanas, pero no encontraron forma alguna.

Al final, terminaron siguiendo el ejemplo de Luke, y sentándose en el suelo a esperar.

Después de unos momentos en silencio, las conversaciones empezaron. Piper, Leo y Jason mantenían una conversación que parecía ser muy divertida, porque reían mucho.

Frank, Hazel y Nico hablaban, Frank y Nico compartiendo ideas sobre la Mitomagia, mientras que Hazel se veía divertida ante su novio y su hermano.

Thalía había empezado a hablar con Luke, más no fue nada importante. Eran comentarios aquí y allá, la tensión entre ellos siendo demasiado fuerte como para lograr llegar a algún lado.

Annabeth y Will parecían estar teniendo una conversación algo pesada, casi llegando a una pelea entre ambos, algo que casi nunca sucedía.

Percy había estado junto a ellos, más al ver como empezaban a pelear, decidió alejarse y dejarlos solos. Ella se acercó hacia Jason, pensando en quedarse con ellos y pasar un buen rato, más luego recordó algo.

—¿Piper?—Percy llamó. La chica levantó la mirada, y asintió a Percy, dándole a entender que le prestaba atención. —¿Tienes a katoptris?

La realización brilló en la chica, y asintió de forma animada. Nunca le gustaba usar esa daga mucho, no cuando siempre le daba visiones que terminaban lastimándola y preocupándola, pero en esos momentos era la única opción que tenían para saber qué sucedía afuera.

Ella desenvainó a katoptris.

—Puede tomar unos minutos—Piper le dijo a Percy, casi viéndose apenada.
—No importa—Percy le sonrió—Estaré por allá, cuando lo tengas...

Percy se dio la vuelta, pensando en irse para donde Frank y Hazel, pero en ese momento vio a Will alejarse de Annabeth, una mueca en su rostro. La hija de Poseidon se apresuró hasta donde su amiga, tomando asiento junto a ella en aquel rincón un poco separado de los demás.

—¿Todo bien?—Percy le preguntó suavemente, chocando sus hombros con los de ella de forma juguetona.

Annabeth suspiró, dejando caer su cabeza sobre el hombro de su mejor amiga.
—No lo sé. No importa, ¿Cómo estas tú?

Percy alzó una ceja, no creyéndole a su amiga, más entendiendo que ella no quería hablar de eso en esos momentos. En cambio, Percy se dedicó a rodearla con su brazo, dejando que su amiga se acurrucara sobre ella.

—¿Yo? Estoy bien—Percy dijo.

Annabeth no la miró, más Percy prácticamente pudo verla poniendo los ojos en blanco y dándole su mirada escéptica.

Ella suspiró, viéndose incapaz de mentirle a su mejor amiga. Después de todo, si no podía confiar en ella, no podía confiar en nadie.

—No es como si mi novio me hubiese engañado con alguien miles de veces mejor que yo, o como si el chico al que creía amar hace años esta de vuelta de los muertos, o como si estuviésemos encerradas en una habitación sin salida y sin saber que esta sucediendo afuera...oh, espera...eso es exactamente lo que pasa.

Annabeth suspiró, enterrando su rostro en el cuello de Percy, la cual empezó a acariciar su cabello. La rubia empezó a hablar, más su voz fue tapada por el cuello de Percy. Una sonrisa se creó en los labios de Percy, y no pudo evitar reír suavemente.

—Si hablas así no puedo escucharte.

Annabeth suspiró pesadamente, causándole cosquillas a Percy, pero terminó separándose de ella lo suficiente como para poderle hablar.

—Apollo no te engañó, Percy.

Percy suspiró pesadamente. Todas sus sospechas fueron confirmadas; su mejor amiga había estado hablando de eso con Apollo, pero no con ella. Le creía a Apollo, pero no a ella. A su mejor amiga.

—Creía que yo era tu mejor amiga, Annabeth—su voz salió más fría de lo que quería, y ella cerró los ojos para contener su rabia. —Anna, te amo, pero esto es entre Apollo y yo. Te agradecería inmensamente que no te metieras en esto.

—Es muy tarde para eso—la rubia se vio incomoda.

Percy se separó de ella totalmente, poniendo gran distancia entre ellas. Sus ojos verdes, usualmente lindos y brillantes, tomaron una frialdad y seriedad que asustaron a Annabeth como nunca antes.

—¿Apollo y tú...?

Annabeth se vio incrédula.
—¿En serio piensas tan bajo de mi?—ella demandó, enojándose ella también. ¿En serio Percy podía llegar a creer que ella tenia algo con Apollo? ¡Por los dioses! Era el padre de su novio.

Percy rodó los ojos.

—Claro que no, chica lista. Solo intento ver una razón para tu actitud con respecto a la situación. Me cuesta mucho entender como puedes creerle a Apollo, pero no a mi. Hablando de eso, ¿Cómo te enteraste? Dudo mucho que Apollo haya ido a contártelo.

—No, claro que no. Escuché una conversación entre Apollo y Hermes.

—Sabia que Hermes lo sabia—Percy suspiró de forma irritada.

—Escucha, Percy, lo más importante es que Apollo no te engañó, y que te ama.

—Annabeth, te amo, en serio lo hago. Pero no voy a detenerme a mi misma de golpearte si vuelves a decir eso. Tú no sabes lo que sucedió.

—Al contrario, Percy, se más que tú—Annabeth le dijo.

El fuego regresó a los ojos de Percy.

—¿Ah si? Así que sabes que Apollo estaba teniendo relaciones con la misma musa de la ultima vez que pelamos.

—Percy...

Percy la ignoró, continuando con su monologo, no notando como las lagrimas que tanto había aguantado empezaban a derramarse, partiéndole el corazón a su mejor amiga, la cual odiaba verla llorar.

—¿Sabes que estaba haciéndole el amor de la misma forma en que me lo hace a mi, mirándola igual que me miraba a mi, diciéndole que la amaba de la misma forma en que me lo decía a mi?—Percy tragó en seco, viendo como Annabeth se estremecía con pena.

Las imágenes corrían por la mente de Percy, causándole más dolor. La imagen de Apollo, su cuerpo sobre el de Calíope, la sonrisa dulce y gentil que le dio a la musa, los besos en el hombro que le daba mientras se movía dentro de ella, las palabras de amor que murmuraba...

—¿Sabes también que lo vi todo? ¿Sabes que estábamos teniendo una cita cuando eso sucedió?—la voz de Percy se rompió momentáneamente, a lo que ella aclaró su garganta.

—Lo sé, Percy—la voz de Annabeth estaba llena de pena, y su mirada era gentil.

—¿Entonces? ¿Por qué haces esto? ¿Qué sabes que es más importante que mis sentimientos?

—Nada es más importante que tus sentimientos, Percy—Annabeth le dijo con fiereza. —No dejes que nadie te diga lo contrario.

La chica tragó en seco.

—Pero sí—Annabeth continuó—Sé algo más, algo importante. Pero debes confiar en mi.

—Sabes que lo hago—Percy rodó los ojos, viéndose impaciente. Lo había dicho antes, si no podía confiar en ella, no podía confiar en nadie.

—¿Cuando te he mentido?—Annabeth le preguntó. La respuesta era evidente: nunca. Le había omitido información antes, pero nunca le había mentido, y Percy lo sabia.

—Nunca.

Annabeth se vio satisfecha, más parecía no saber como empezar a hablarle a su amiga. Percy le dio una mirada larga. No iba a mentir, le daba esperanza las palabras de su amiga; si ella sabia algo...tal vez no todo estaba perdido entre Apollo y ella.

—Habla, chica lista.

Y ella habló.

...

Piper suspiró de forma irritada. Ella sostenía a katoptris en su mano firmemente, esperando que su daga decidiera funcionar y mostrarles alguna visión, más esta no hacia nada.

—Amor, cálmate—Jason le dijo gentilmente, tomando a katoptris de su mano y dejándola a un lado de ellos. Él atrajo a Piper hacia él, y la abrazó fuertemente.

—No puedo, Jason, necesito ayudar en algo—Piper frunció el entrecejo—Siento que no he estado haciendo nada aquí, y ahora cuando la oportunidad de ayudar, la estúpida daga no hace nada...

—Ey, no digas eso—Jason besó su frente con amor—Eso no es cierto, puedes ayudar y lo has hecho antes. No es tú culpa que katoptris no tenga ninguna visión que enseñar, tal vez tiene que ver con que estamos atrapados aquí, o tal vez es porque el tiempo no se mueve.

Piper se encogió de hombros, recargándose más de su novio, viéndose aun irritada.

—No es tu culpa—Jason le repitió, esta vez de forma más firme. —Cuando haya algo digno de mostrar, la daga lo enseñará. Por ahora...ven aquí.

Piper levantó la cabeza, solo para perderse en los hermosos ojos azules de Jason. Él le dio su mejor sonrisa, y ella también sonrió. Jason se inclinó hacia ella y la besó, un beso suave y amoroso.

—¿Mejor?—Jason le dio un ultimo beso, sonriendo en sus labios, sus frentes pegadas.

Piper suspiró, una sonrisa contenta en sus delicados labios. No recordaba la ultima vez que Jason la había besado, probablemente había sido antes de empezar la lectura. No tenían mucho tiempo para nada en realidad, solo leer y leer y leer.

Ella extrañaba salir con él como antes y compartir tiempo con él.
—Mejor—ella admitió.

Piper recostó su cabeza sobre el hombro de Jason, y ambos observaron al rededor, no encontrando nada más que decir, más estando cómodos ante el silencio.

En la distancia, al otro lado de la habitación, separados de todos, estaban Annabeth y Percy, ambas inmersas en lo que parecía ser una conversación muy importante.

Frank discutía con Leo en tonos bajos mientras que Hazel rodaba los ojos y se metía entre ellos cada cinco segundos, intentando que nada más sucediese entre ellos.

Will hablaba animadamente con Nico, el cual por primera vez en su vida no parecía verse incomodo ante estar junto a otro ser humano. Una sonrisa orgullosa creció en Jason—Nico empezaba a abrirse más, y eso era lo único que Jason deseaba; que su amigo estuviese bien.

Thalia y Luke seguían inmersos en una conversación, aunque ahora parecía que Luke le reclamaba algo a la cazadora, porque su entrecejo estaba fruncido y señalaba a cada rato la corona en el pelo Thalía; la corona que la señalaba como la teniente de Artemis.

Jason frunció el entrecejo. Sabia que Luke y Thalía habían sido muy buenos amigos, y que ellos habían sido los que habían "adoptado" a Annabeth cuando era pequeña, más parecía que había más de lo que él creía en la relación de Thalía y Luke.

Jason empezó a sentirse mejor cuando recordó que Luke estaba enamorado de Percy, o eso era lo que Apollo había implicado en el primer libro con sus celos. Eso entonces significaba que Luke no quería a Thalia, y que la dejaría en paz.
Eso le agradó a Jason.

Un momento después, Jason se sintió culpable por pensar así. Percy no merecía a alguien como Luke, además de que era evidente el amor entre la semidiosa y Apollo. Jason se sintió mal por pensar así de una de sus mejores amigas, pero tampoco quería que su hermana estuviese con Luke.

—Babe, es una cazadora—Piper le susurró gentilmente, siguiendo su mirada. —Nada puede suceder y lo sabes.

Jason se forzó a si mismo a asentir.

—Lo sé—suspiró, para luego sonreír. —Además de que estoy seguro que Thalía lo asesinaría sin duda alguna si él intentase algo.

—Él no va a intentar nada—Piper le aseguró, viendo como Luke, a pesar de estar peleando/conversando con Thalía, observaba en dirección de Percy a menudo. —Sabes eso también.

Jason volvió a suspirar.
—Lo sé. Pero me preocupo. Es mi hermana, Piper...y Percy es mi amiga. No quiero que él...—Jason frunció el entrecejo—Tal vez estoy haciendo mal en juzgar a Luke, pero no puedo evitarlo, no después de saber que él era Kronos...—Jason suspiró—Me siento mala persona.

—Igual yo—Piper admitió—Solía pensar que era lindo Luke, desde la perspectiva de Percy, claro. Pero ahora...no lo sé, no puedo evitar sentir que él no esta del todo arrepentido por sus acciones, y me da miedo que Percy...salga más lastimada.

Estuvieron en silencio unos segundos.

—Percy esta destinada a salir lastimada—Jason suspiró—Sale con un dios, y sabes bien que solo hay una forma en la que eso puede terminar.

Solo podía terminar de la misma forma en que todos los romances entre mortales y dioses terminaban: con la mortal embarazada y el dios desapareciendo.

Y Percy no merecía eso.

Piper tragó en seco, asintiendo lentamente. Por supuesto que lo sabia, y eso le causaba más temor que antes. Percy Jackson había logrado conquistar el corazón de todos ellos con su personalidad. Y lo menos que Piper quería era que su amiga saliera lastimada.

Pero en algunas cosas ellos estaban mejor si no se metían.
Por eso, ambos desviaron la vista después de un momento, y se concentraron en otra cosa.

Después de unas horas, nadie sabia que hacer, y el lugar empezaba a tornarse más oscuro que antes, el cielo estrellado proveyendo suficiente luz para que la habitación fuera tenuemente iluminada, pero el sueño empezaba a apoderarse de todos.

Lentamente, ellos empezaron a quedarse dormidos.

La única que permaneció despierta fue Percy, la cual se encontraba demasiado confusa como para conciliar el sueño; sentía como si su cabeza hubiese sido invadida por un remolino gigante, llevándose a su paso todo pensamiento importante y solo dejando las palabras de Annabeth en su mente.

Apollo te ama.

Fue una trampa.

Calíope y Cupido.

No tenia sentido.

Sinceramente, a Percy le costaba mucho trabajo creer en las palabras de su mejor amiga, a pesar de que sabia que Annabeth nunca le mentiría.

Pero desde luego, los dioses eran expertos mintiendo, y Annabeth simplemente podía haberle creído a él y a sus mentiras.

Solo porque creas en algo no significa que es verdad.

Después de un tiempo se le fue imposible continuar despierta, por lo que terminó entregándose a los brazos de morfeo.

Al estar todos dormidos, nadie notó a katoptris brillando tenuemente, para luego enseñar escenas grotescas de los dioses; la sangre dorada sangre de los dioses por todas partes en la Sala de Tronos, dioses completamente lastimados de forma que eran casi irreconocibles...

...

La mañana siguiente, el sol brillaba tenuemente, alumbrando a los semidioses por el resplandor de la ventana. Lentamente, ellos empezaron a despertar.

Una vez que uno de ellos despertó, los demás también lo hicieron, como conectados.

Al mirar alrededor tuvieron que suspirar pesadamente—aun estaban encerrados.

—Tengo hambre—Leo gimió.

Nadie pudo decir nada, todos tenían mucha hambre. No habían cenado la noche anterior, y juzgando por la potencia del sol, era ya mediodía. No habían desayunado tampoco.

—¡El sol salió!—Hazel se vio casi emocionada—Eso significa que ya se terminó todo, ¿No? No creo que Lord Apollo conduzca el carruaje del sol si están en guerra.

Percy bostezó, más negó con la cabeza. Se veía bastante cansada, con grandes ojeras y el cabello bastante revolcado, más ante la mención del dios, ella rápidamente reaccionó, como por reflejo más que por acción voluntaria.

—Es el piloto automático—ella dijo.

Todos la miraron, curiosidad en sus rostros.

—¿Qué?—ella se vio defensiva ante las miradas.

—¿Cómo puedes saber que es el piloto automático?—Luke levantó una ceja. Parecía imposible que supiera eso, el sol se sentía igual.

Ella bufó. Luego de la guerra contra Kronos, que fueron los pocos meses que ella pudo tener citas oficiales con Apollo antes de ser secuestrada por Hera, había pasado más tiempo en el auto de Apollo que en su misma casa o que en el campamento.

Podía reconocer cuando era Apollo quien conducía y cuando era el auto solo.

En cierto punto la asustaba que conociera tanto a Apollo como para notar esos detalles, pero al mismo tiempo le daban un sentimiento de exuberancia enorme; estaba casi segura que lo conocía más que sus otras novias lo habían conocido; incluso más que Calíope.

—¿Sienten eso?—Percy cerró los ojos momentáneamente, disfrutando el sentimiento del sol sobre su piel, solo para luego fruncir el entrecejo al sentir su piel quemar rápidamente. —Es demasiado caliente, Apollo normalmente al conducir hace que no sea tan caliente, sino más cálido y reconfortante.

Ella se encogió de hombros ante las miradas de los demás. —Piloto automático.

—No dejas de sorprenderme—Frank le dio una sonrisa. Percy también sonrió, más le guiño un ojo, para la diversión de Hazel.

—Tengo hambre—Leo volvió a quejarse, atrayendo la atención de los demás.

—Deja de quejarte, todos tenemos hambre, al menos tenemos...—Percy se cortó al recordar que tenían un baño. —¡EL BAÑO!

Ella salió corriendo hacia el único baño existente, solo para que los demás captaran al mismo tiempo lo que ella había captado.

Todos empezaron a correr también hacia el baño, queriendo ser los primeros en usarlo, más Percy ya estaba en las puertas, puertas las cuales cerró inmediatamente y se encerró en el baño.

—¡Percy!

Ella se rió, divertida. Una vez sola, la sonrisa murió de sus labios. Ella cerró los ojos momentáneamente, pasando una mano por su revolcado cabello, un suspiro saliendo de sus labios.

Su reflejo le devolvía la mirada a través del espejo, sus ojos verdes demostrando lo cansada y lo dolida que estaba en realidad. Con la segunda guerra empezando poco tiempo luego de la primera, luego al perder la memoria y ser secuestrada, luego Tártaro, Apollo, los libros, Apollo otra vez, y ahora con el asunto de Luke...

Percy necesitaba un descanso, y lo necesitaba pronto. Ya no soportaba tanta presión y tantos problemas sobre sus hombros; se sentía más cargada que si estuviese cargando el peso del mundo una vez más.

La semidiosa se aseó, tomándose su tiempo. Al terminar, se sentía mucho mejor que antes, y se sintió lista para salir. Al hacerlo, fue bombardeada por Luke y Leo, los cuales se lucharon para entrar ellos primero al baño.

Ella rodó los ojos, encaminándose hacia donde los demás. Annabeth intentó captar la mirada de Percy, pero ella se rehusó a mirarla.

Annabeth bufó. A veces podía ser tan obstinada.

Piper había tomado a katoptris, observando de forma distraída las imágenes que mostraba, que en esos momentos eran simplemente imágenes de la sala de tronos; varias columnas habían sido destruidas, pero nada se veía demasiado preocupante.

Luke salió del baño en ese momento, solo para que Leo se abalanzara hacia el baño con desesperación, cerrando la puerta detrás de él, cerrándole la puerta en la cara de Will, quien gruñó.

El chico rubio se abrió paso hacia donde los demás, decidiendo pararse junto a la chica de ojos verde.
—Buenos días, Percy.

Percy lo miró, solo entonces viendo la cercanía del chico. Abrió y cerró la boca un par de veces, más simplemente sonrió de forma casi incomoda. No se acostumbraba a tenerlo tan cerca aun, no cuando se había convencido a si misma que no lo volvería a ver nunca más.

—Buenos días, Luke.

Ante el súbito jadeo de Piper, ambos se tornaron para mirarla.

Piper tenia los ojos abiertos de par en par, observando fijamente una imagen en su daga. Percy frunció el entrecejo, preocupada, y tomó a katoptris de su mano, preocupada ante la reacción de su amiga.

Al ver la imagen, Percy se congeló, su respiración cortándose en su garganta, un sonido saliendo de su boca, sonando como si sus pulmones hubiesen sufrido un colapso.

—¿Percy?

Ella salió corriendo hacia las puertas, la daga de Piper cayendo al suelo con un estruendo que les llamó la atención a todos. Ellos se acercaron hacia donde Piper, la cual se veía aun sorprendida, solo para ver entonces a Percy.

Percy empezó a jalar la puerta de forma desesperada, queriendo abrirla. La golpeaba, usaba a Riptide contra ella, volvía a jalar, a empujar...hacia de todo para abrirla, pero esta no se movía.

—¡Percy!—Luke dijo, horrorizado—¡Detente!

—¡Tus manos están sangrando, Percy!—Annabeth jadeó, viendo como la chica empezaba a clavar sus uñas en la puerta, como si quisiese desgarrar la puerta, algo que era imposible. —¡Detente!

Ella corrió hacia ella, levantando una mano para detener a Percy, solo para dar un paso hacia atrás ante la mirada que su amiga le dio; una mirada llena de desesperación y lo que parecían ser lagrimas. La rubia se vio casi asustada de su amiga.

Nunca la había visto así de desesperada; nunca.

Percy le sostuvo la mirada por un segundo, para luego continuar intentando abrir la puerta, sonidos de dolor y de rabia dejando sus labios cada segundo que se lastimaba intentando abrir la puerta.

—Percy, por favor...—Luke se unió a las plegarias de Annabeth—¿Qué estas haciendo? Detente, te estas haciendo daño. Lo que sea que te tiene mal no vale la pena si te estas lastimando...

Percy se volteó ante eso, y le dio su mirada furiosa a Luke, el cual se vio tan sorprendido que dio varios pasos hacia atrás, la intensidad de la mirada de Percy siendo demasiado para él soportar; y eso era decir mucho, pues Luke había soportado a los titanes.

Los demás compartieron una mirada preocupada, pero se vieron incapaces de hacer algo para detenerla, no cuando ella estaba así. No cuando esa Percy les causaba un miedo inmenso.

Ella se dio la vuelta para continuar con su misión de abrir la puerta cuando esta se abrió súbitamente, haciendo a Percy tropezar con la persona que la había abierto. Ella casi cayó en los brazos de Hermes, el cual la estabilizó.

—Percy...—Hermes empezó.
—¿Donde?—ella demandó, tomándolo de su toga y bajándolo hasta que estuvo a su estatura. El dios ni se inmutó, simplemente la observó con un deje de pena —¿Donde esta?
—Esta en la enfermería, pero, Percy, escucha...

Pero la chica ya había salido corriendo antes que el dios pudiese terminar su oración. Él se volteó hacia los semidioses, los cuales se veían perplejos y confusos.

Nico tomó a katoptris del suelo. La daga mostraba una sola imagen, la imagen de Apollo en el suelo, la sangre dorada de los dioses cubriendo su rostro y su cuerpo, una flecha atravesando el lugar donde su corazón estaba.

—Oh, dioses...—Nico abrió sus ojos de par en par, pensando en lo que Percy debía estar sintiendo. Él era consciente de lo que se sentía ver a alguien que amabas estar gravemente lastimado; nunca era lindo.

Luke miró por encima del hombro de Nico, y frunció el entrecejo al ver la imagen que la daga mostraba. ¿Eso tenia tan mal a Percy?

—¿Qué sucedió?—Annabeth le preguntó a Hermes, viéndose preocupada. —¿Por qué Percy salió corriendo de esa manera?

—Oh, Annie—Hermes suspiró, compartiendo una mirada con la semidiosa—Los dioses menores atacaron, algunos de nosotros están lastimados. Apollo...—Hermes le dio una mirada significativa a la semidiosa, la preocupación en sus ojos siendo clara.

La semidiosa jadeó sin poder evitarlo.
—Oh, dioses...Percy—ella no pudo terminar.
Hermes asintió.
—...Percy.

—Um, disculpen que interrumpa—Will se cruzó de brazos—Pero ¿Qué sucede? ¿Qué sucedió anoche?

Hermes suspiró una ultima vez. Entonces empezó su relato.

...


...

Era la primera vez que Percy venia a la enfermería de Apollo y el dios no estaba curando personas. Esta vez era diferente, esta vez lo estaban curando a él.

Toda la adrenalina que Percy sintió durante el trayecto desde el pasillo donde estaba atrapada a la enfermería desapareció súbitamente al entrar. Su corazón latía tan fuerte que ella no podía escuchar nada más que el rítmico sonido en sus orejas.

Por un segundo, no se atrevió a adentrarse más allá de la recepción. Pero entonces, una ninfa vestida como enfermera se dio la vuelta, y la vio. Percy pudo reconocerla vagamente; no sabia su nombre, ni de qué era ninfa, más siempre estaba en la enfermería.

—Lady Persephone...—la ninfa rápidamente agarró su antebrazo, haciendo que la semidiosa se estremeciera por el súbito contacto. La ninfa abrió la boca para decir algo más, probablemente para hacerle una pregunta o para pedirle que se fuera, cuando Percy la interrumpió.

—Apollo—se sentía ahogada, y su voz lo demostró. Le tomo un momento poder procesar una oración completa; lo único que parecía salir de su boca era Apollo. Apollo, Apollo, Apollo...—¿Donde esta Apollo?

—Mi Lady...—la ninfa suspiró, más soltó su agarre en la semidiosa, sus ojos claros volviéndose suaves y gentiles, como si temiese lastimar a la heroína con lo que le fuese a decir. —Lord Apollo no puede tener visitas en estos momentos.

—Por favor—Percy sonó ahogada una vez más, volviendo a sonar como si su capacidad para respirar se hubiese perdido.

La ninfa se vio sorprendida. Al parecer, había escuchado sobre Percy Jackson, y sabia que ella nunca era de rogar por algo, mucho menos a divinidades. Pero este era un caso diferente, extremadamente diferente.

—No me importa lo que me digas—Percy logró decir, su voz sonando como un jadeo. —Entraré a verlo me dejes o no...

—Lo sé—la ninfa tomó una voz más fuerte, como si encontrase a Percy honorable por eso, por su lealtad hacia el dios.

Por un momento, la ninfa no dijo nada. Percy se forzó a si misma a pensar en alguna estrategia para poder entrar, más no lo necesitó.

La ninfa se hizo a un lado.

—Tercera habitación a la derecha, junto al puesto de enfermeras; pasillo cuarto, área de cuidados intensivos.

Cuidados intensivos.

El aliento volvió a escapar de su garganta, más sus piernas actuaron por si solas, como en piloto automático. Cruzó los pasillos, consciente de que algunas ninfas se detenían al verla, solo para luego mirarse con pena y proseguir en sus actividades.

En el segundo pasillo que ella cruzaba, la desesperación la cubrió, y se encontró a si misma corriendo. Corrió los dos pasillos que le quedaban, sin importarle nada más, y encontró el área de cuidados intensivos.

Como siempre, las camillas se encontraban parcialmente vacías; solo uno que otro ser o divinidad encontrándose allí, sin contar a las enfermeras y los doctores y doctoras. El lugar entero estaba en total silencio, el único sonido siendo el de las maquinas y uno que otro televisor encendido.

Percy nunca había estado en esa área de la enfermería de Apollo. Nunca encontró un motivo para visitar el área intensiva, por lo que nunca lo había hecho. Nunca había visto la mirada preocupada de las enfermeras, nunca había visto a tantas divinidades en coma...

Ni siquiera sabia que las divinidades podían caer en coma.

Su preocupación creció.

Ella rápidamente encontró el puesto de enfermeras, y empezó a contar las puertas que llevaban a las habitaciones, ignorando la constante mirada de las ninfas y los dioses menores.

Una...
Dos...
Tres.

La tercera habitación a la derecha.

Un nudo creció en su garganta al ver la puerta; por un segundo, Percy no se pudo mover.

Lentamente, se forzó a si misma a salir de ese estado de estupor. El momento en que su mano tocó la perilla de la puerta, un dios menor apareció a su lado.

Ella abrió la boca, dispuesta a explicar o incluso amenazar a quien no la dejase entrar, más el dios, vestido como un doctor, asintió en su dirección. El movió su mano sobre la perilla, haciendo que un tenue brillo apareciese sobre este, y la puerta se abrió un poco.

Por supuesto. El dueño de la enfermería estaba allí; claro que tendrían protección extrema para su habitación.

El pensamiento cruzó a Percy, pero en el momento no fue importante, por lo que lo hecho hacia atrás. El dios esperaba a su lado, y al ver que ella no se movía, él aclaró su garganta suavemente. Tenia el cabello negro, con los ojos marrones y la piel del color del café.

—Lord Apollo esta en recuperación, fue gravemente lastimado—el medico se detuvo, viendo el dolor en los ojos de la mortal. Él suavizo su tono, y decidió no mencionar todo lo que Apollo tenia, no cuando eso podría preocupar a la semidiosa más. —Lord Apollo es un dios, se recuperará, solo que...podría tardar un poco.

Percy tragó ante eso. Al parecer Apollo iba a mejorar, pero eso no explicaba el por qué estaba en el área intensiva. Al parecer, había más que el medico no quería decirle, probablemente para que ella no se preocupase.

—¿Se recuperará?

—Solo el tiempo lo dirá. Esta sanando, muy lentamente, pero lo esta haciendo. Eso es bueno.—la sonrisa del doctor se vio forzada, lo que le indicó a Percy que este mentía.

Percy se vio sin aire una vez más, y el doctor le puso una mano reconfortante en su hombro, mano la cual Percy quito inmediatamente, odiando la pena que él parecía tenerle.

—Sea sincero, doc—Percy le pidió, su voz suave—Sé que me veo vulnerable, pero no lo soy. Puedo resistir la verdad, necesito saber la verdad.

El doctor se vio pensativo por un momento.
—Lord Apollo estaba en terribles condiciones cuando llegó esta mañana aquí—el doctor admitió—Solo un poco más de presión en su cerebro y no lo hubiera sobrevivido, dios o no, hubiese quedado en un estado de vegetación por siempre.

Percy volvió a sentirse ahogada. El aire no parecía entrar a su cuerpo, nada parecía hacerlo, solo las palabras del dios a su lado lo hacían.

—¿Presión en su cerebro?

—Múltiples flechas impactaron su cabeza. Una impactó su corazón, otra impactó su brazo izquierdo, tocando un nervio importante. Todo eso sin contar las veces que fue apuñalado.

El doctor no había terminado, más al ver la palidez de la semidiosa a su lado, decidió no continuar.

—Escucha, Percy. Lord Apollo esta mejor, realmente lo esta; esta sanando lentamente, y eso es lo importante. En estos momentos me temo que las visitas deben ser muy cortas, solo puedo dejarte unos minutos con él.

Percy quiso preguntar más, preguntar acerca de Apollo, saber si estaría completamente bien, si había algo que pudiese asegurarle que estaría completamente bien, pero en vez de eso, lo que salió de sus labios fue:

—¿Cómo sabes mi nombre?

El dios sonrió suavemente, más la sonrisa no llegó a sus ojos.

Súbitamente, Percy pudo leer la verdadera preocupación y el dolor en los ojos del dios a su lado. Una preocupación más grande de la que un simple doctor debería sentir por un paciente.

—Mi padre habla mucho sobre ti.

—¿Tu padre?—Percy preguntó, pero ella ya sabia; ¿cómo no saberlo? Las similitudes entre ambos eran demasiadas para ser una coincidencia. La calidez en sus ojos, la sonrisa suave, todo era igual. No tenían el mismo fisico, pero habían pequeñas cosas en común.

El dios volvió a sonreír, esta vez de forma gentil.

—Adelante, entra, solo puedo darte un par de minutos. Luego de eso...tomate una pausa de un par de minutos, y regresa. Habrá pasado suficiente tiempo para yo poderte autorizar a volver a entrar.

—Gracias—Percy le dijo, sinceramente agradecida.

Ella se dio la vuelta, dispuesta a entrar en la habitación de Apollo, cuando la voz del doctor la detuvo una vez más.

—Mi padre dice que, en todos sus años, nunca conoció una mujer como tú. Te llamó reina—el dios sonrió una vez más, sin saber que sus palabras le causaban dolor a la chica más que alegría. —Veo ahora que tenia razón; eres hermosa—por dentro y por fuera.

Percy se preguntó como él pudo saber que era hermosa por dentro y por fuera, pero pensó que tal vez tenia que ver con alguno de sus poderes como dios, por lo que simplemente se forzó a si misma a sonreír.

—Gracias.

Una reina.

Ella encontró el valor para entrar.

Al hacerlo, su vista fue inmediatamente a la figura reposando en la cama, con la cabeza vendada por un lado.

Sus rizos dorados habían sido manchados con sangre, como una mancha en el más fino trozo de oro, su rostro se veía lleno de paz a pesar de que Percy sabia que probablemente estaba pasando mucho dolor.

Su pecho estaba descubierto, dejando a la vista alguna que otra cicatriz vieja que Percy ya conocía a la perfección. Había sido vendado desde una esquina de su hombro izquierdo hasta más abajo de su pectoral, cubriendo también el área donde su corazón estaba.

Lentamente, Percy se acercó a la cama donde el dios reposaba.

La habitación era una habitación de hospital común y corriente, con la diferencia de que había menos maquinaria mortal, y más remedios naturales; ambrosía y néctar estaban conectados al dios por medio de suero.

Abrumada ante la imagen frente a ella, Percy se desplomó silenciosamente en la silla junto a la cama de Apollo. Lagrimas aparecieron en los ojos de la chica, y ella mordió su labio inferior para forzarse a si misma a no llorar otra vez.

Estaría bien, se intentó convencer a si misma. Apollo era un dios; estaría bien.

Pero aun así le dolía más que nada verlo lastimado.

Lagrimas silenciosas bajaron por sus mejillas, y antes de poder evitarlo Percy estaba llorando silenciosamente. Una de sus manos encontró la mano de Apollo, y la agarró fuertemente. Sus manos, siempre cálidas, estaban frías e inmóviles.

—Apollo...—Percy susurró. No supo por qué habló, él no podría escucharla, pero no pudo evitarlo.

Ella cerró los ojos con dolor, sintiendo su cuerpo temblar con sollozos silenciosos. Al abrir los ojos, ella se levantó de la silla.

Gentilmente, Percy trazó el contorno de su rostro con la punta de sus dedos. Su mano termino acariciando su mejilla. Nunca había visto a un dios así, vulnerable e inconsciente. Que Apollo fuese el primero que veía así lo hacia todo más doloroso.

Por unos minutos, nada sucedió.

Percy continuaba llorando silenciosamente, sin saber que hacer o decir, simplemente acariciando el rostro de Apollo, su otra mano aun estando entrelazada con la de Apollo.

El pensamiento de que tal vez no se recuperase se la estaba comiendo viva. ¿Qué sucedía si Apollo nunca se recuperaba? Lo ultimo que ella le había dicho...

Apollo podía nunca recuperarse, o podía recuperarse lentamente; demasiado lento. Percy era mortal, y si Apollo tardaba demasiado recuperándose...

Ella improbable que sucediese, como dijo el doctor, Apollo era fuerte. Pero era una probabilidad. Para los dioses el tiempo no era lo mismo que para los mortales. Un parpadeo para ellos podía ser una eternidad para los mortales.

¿Y si cuando él lograba terminar de recuperarse ella ya se había muerto?

Un sollozo involuntario salió de su garganta, resonando en la silenciosa habitación. No quería que eso sucediese, y que lo ultimo que él recordase de ella fuese lo ultimo que le dijo: que lo odiaba, que no quería volver a verlo...

—Era mentira—ella logró decir, su voz rompiéndose miserablemente. —Era mentira...Te amo más que nada, por favor...regresa a mi.

Percy iba a decir más, pero en ese momento alguien jadeo detrás de ella. Se volteó inmediatamente, separando su mano de la de Apollo. Al hacer eso, no notó como la mano de Apollo parecía apretar la suya débilmente, como un arco-reflejo.

Apoyado en una de las paredes de la habitación, Luke Castellan le devolvía la mirada a Percy, el dolor escrito en los ojos del antiguo traidor. No solo dolor, sino un deje de traición y rabia en sus ojos, haciendo aun más incomoda a Percy.

—¿Qué haces aquí?—Percy demandó. Ella rápidamente limpió sus mejillas, no queriendo que Luke la viese llorar. —¿Cómo entraste?

—¿Lo amas?—Luke preguntó. Él no parecía entender o escuchar a Percy, estaba fijado en lo que había descubierto. —¿Amas a...amas a ese...ese...dios?

Sabia que eran novios, esa parte la sabia, pero no sabia que tenían sentimientos los unos por los otros, o al menos que ella tenia esos sentimientos por él.

—Luke...—Percy intentó no sonar tan exasperada, pero le fue imposible. La presión de toda la situación estaba volviéndola loca, sentía como si fuese a explotar en cualquier momento. —¿Qué haces aquí?

—Lo amas. Amas a Apollo. Pero él es...él es...—Luke parpadeó, observando a quien él amaba. —¿Qué pasó con todo lo que solías creer? ¿Qué pasó contigo?

—¿Qué pasó conmigo?—Percy se vio incrédula. —Luke, por los dioses, pasó que me enamoré. Pasó que me di cuenta que no todos los dioses son malos. Apollo no lo es, yo...—ella sacudió la cabeza—No veo por qué tengo que darte explicaciones. Tú estas muerto, yo...

—No me molesta que me hayas superado, Percy—Luke la interrumpió—Tarde o temprano eso sucedería. Es solo que...—él suspiró, y negó con la cabeza—Olvídalo, ya no importa.

—¿Qué?—Percy insistió—Termina lo que empezaste.

—Nunca pensé que me olvidarías tan rápido—Luke admitió—Mucho menos con él. ¿Desde cuando...?No, olvídalo, no quiero saber.

Percy se vio incomoda ante el dolor que parecía estar en los ojos de Luke. Verdadero dolor, no los actos de mentira que él solía hacer a cada rato para convencer a muchos que había cambiado, esta vez había verdadero dolor en sus ojos.

—Luke, lo nuestro fue...no puedo decir que fue lindo, porque no lo fue. Tuvimos sentimientos los unos por los otros—Percy mordió sus labios, recordando aquellos sentimientos—Pero nunca estuvimos destinados a estar juntos. Ya viste lo que sucedió, nosotros...

—Aun te amo—Luke dijo suavemente.

A pesar de que había sido un susurro, sus palabras resonaron por toda la habitación, y golpearon a Percy más fuerte que cualquier golpe verdadero.

—Luke...

Él dio un paso hacia al frente, quedando justo en frente de Percy, y le agarró el rostro, sus manos acariciando sus mejillas.

—Aun te amo, Percy. No creo que deje de hacerlo en algún momento, lo que siento por ti es demasiado fuerte para olvidarte. Por favor, Percy...—ella no logro sostenerle la mirada. —¿No sientes nada por mi? ¿Nada?

—Luke...

¿Por qué preguntaba cuando la respuesta terminaría lastimándolo?

—¿No sientes nada cuando hago esto?—él junto sus cuerpos, dejando ningún espacio entre ellos. Percy se movió incomoda. Antes le encantaba eso, el contacto físico, ahora solo le gustaba cuando era con Apollo. —¿O cuando hago esto?

La besó.

Sus labios rozaron los de Percy suavemente, llenándose de un sentimiento que lo perseguía en Elysium. Sus labios eran suaves y cálidos, dejándole a Percy un sentimiento de que su boca se estaba quemando.

Lentamente, los ojos de Apollo empezaron a abrirse, más el dolor físico que sentía solo le permitió estar consciente por unos segundos. Pero unos segundos fue suficiente para ver la imagen frente a él. Antes de poder reaccionar, el dios había caído en la inconsciencia otra vez.

La besó en una forma en que nunca la había besado antes—la beso con gentileza y amor. Luke se sintió ebrio en el sentimiento de sus labios juntos, más Percy se sintió incluso más incomoda.

Ella se separó de él, empujándolo gentilmente.

Tenia sentimientos encontrados en su estomago, sentimientos que había enterrado hace mucho, y ahora que los había revivido con ese beso...prefirió que se quedasen enterrados.

En un momento llegó a amar a Luke, realmente lo amó, pero ya lo había superado.

Apollo tenia su corazón. Luke seguía significando algo para Percy, pero estaba en el pasado. Ella aun lo amaba, pero no en la forma en la que Luke hubiese deseado. Amaba su recuerdo, amaba lo que tuvieron, los sentimientos.

Pero ya no lo amaba a él.

Luke pareció notarlo, porque mordió sus labios, el dolor más presente que nunca en sus ojos, y dio varios pasos hacia atrás. A Percy le partió el corazón verlo así.

—Luke, espera...—Percy empezó, tomando un paso hacia adelante.

Luke levantó una mano para detener a Percy.

—Esta bien—le dijo, su voz casi rompiéndose, dándole un aspecto de vulnerabilidad que Percy no veía hace mucho, y por fin, desde su llegada alli, ella pudo ver al verdadero Luke alli, no al Luke que él había creado para protegerse a si mismo. —Entiendo.

—Luke...

—Entiendo—Luke repitió, esta vez más fuerte que antes. Él tomo varias bocanadas de aire, como si estuviese abrumado por su descubrimiento. Al mirar a Percy, intentó suavizar su mirada y no verse tan roto. —Solo quiero que seas feliz, Percy. Si tu lugar esta con Apollo, lo entiendo.

Percy estuvo tan sorprendida que se congeló por un segundo.

—¿Qué?

—Te amo, Percy. Te amo igual o incluso más que antes, pero se entender cuando mis sentimientos no son reciprocados. No intentaré nada contigo, sé respetar tus decisiones...—cada palabra parecía dolerle, pero solo quería ver a Percy feliz. —Solo recuerda que siempre estaré aquí para ti.

Percy mordió su labio inferior. Los sentimientos en ese momento la estaban abrumando, ella encontraba la situación más emotiva que cuando se despidieron en el lecho de su muerte.

Eso era algo completamente diferente, pero igual de profundo.

Esos eran ellos poniéndole un cierre a algo que siempre quedó inconcluso.

—Y yo siempre estaré aquí para ti—ella logró decir—Siempre seré tu mejor amiga.

Amiga. Una lagrima escapó de uno de los ojos de Luke.

Él le dio una sonrisa aguosa, y Percy cortó la distancia entre ellos, jalándolo hacia ella en un abrazo. Él cerró los ojos ante el contacto, y se dejó envolver por la chica que amaba.

...

Luke se fue luego de eso, dejando una vez más a Percy sola con Apollo.

Ella suspiró, volteándose hacia Apollo, solo para ver como este empezaba a parpadear de forma débil.

En un instante, ella estuvo a su lado.

—Apollo...—ella suspiró, sintiendo un alivio enorme al verlo consiente. Eso significaba que empezaba a sanar lo suficiente como para estar consciente.

Apollo la observó, por un segundo, una sonrisa débil apareció en sus labios. Él levantó una mano y acaricio la mejilla de Percy, la cual se derritió ante el toque.

—¿Estas bien?—ella rápidamente susurró.

La sonrisa de Apollo falló, y la mano que estaba acariciándola bajó hasta volver a estar sobre la cama.

El dios desvío la mirada al recordar lo que había visto hacer a Percy y a Luke juntos solo minutos atrás.

Por un segundo, Percy estuvo confundida. Entonces, pudo reconocer la mirada de Apollo, los celos escondidos en sus ojos junto al dolor.

—¿Lo viste?—ella suspiró, angustiada. No sabia porque se preocupaba tanto; después de todo, peores cosas ella había visto a Apollo hacer.

Apollo se volteó a mirarla, se veía extremadamente débil; demasiado débil, y por un segundo Percy tuvo miedo de que Apollo no la reconociera o que no se acordase de ella. O peor aun, de que Apollo no la quisiera allí.

Después de todo, le había dicho a Calíope que la amaba. ¿Qué tal si no quería que Percy estuviese allí?

Antes que Percy pudiese hacerse alguna otra idea ridícula, Apollo habló, su voz sonando débil y dolorosamente baja.

Era una sorpresa que estuviese consciente, y Percy lo sabia. Se veía más dormido que despierto, pero fue suficiente.

—¿Lo amas?

Percy abrió y cerró la boca un par de veces, para luego terminar suspirando. Ella negó con la cabeza, viendose segura de si misma. Era como le había dicho a Luke—una vez lo amó, pero ya no. No de la misma manera.

—No.

Apollo tragó en seco. Pareció necesitar unos segundos para formular otra oración.

Percy se vio preocupada, pensando en llamar al doctor para avisarle que Apollo había despertado para que le dieran algo para el dolor, pero Apollo volvió a hablar.

—¿Te gusta? ¿Tienes sentimientos hacia él?

—Apollo...—Percy suspiró suavemente, tomando asiento junto a él en la cama. —No siento nada romántico hacia Luke. Él me besó, no fui yo quien inició eso. Yo aun te...yo...

Apollo se quedó esperando, como si esperase que ella dijera algo más, pero Percy se mantuvo en silencio después de eso. Iba a decir que aun lo amaba, pero no se atrevió. No sabia que hacer si lo hacia.

Aun le dolía lo de Calíope, pero más le dolía ver mal a Apollo.

Los ojos de Apollo empezaban a cerrarse, su cabeza cayendo hacia alfrente varias veces; se sentía lo suficientemente mal como para que su cansancio lo hiciera perder la consciencia. Y no había nada que él pudiese hacer.

—¿Apollo?—Percy preguntó suavemente.

Apollo se forzó a si mismo a abrir los ojos.
—¿Mmmm?

—¿La amas?—Percy susurró.
El dios no necesitó preguntar de quién hablaban ahora.
—No.

Percy se vio llena de un conflicto interno. Pero supuso que al Apollo estar casi inconsciente, no podría mentir. —¿Te gusta? ¿Tienes sentimientos hacia ella?

—No, Percy. La unica mujer que me gusta eres tu. Mis sentimientos son solo tuyos. Te amo—las palabras salían casi enredadas por el esfuerzo de permanecer despierto.

Percy mordió su labio ante eso. Solo una pregunta más, y lo dejaría descansar.
—¿Por qué?

—¿Por qué te amo?—Apollo se vio confuso. Creía que ella sabia el por qué de su amor hacia él.

—No. ¿Por qué estuviste con ella si no sientes nada por ella?

Apollo suspiró una vez más, sus ojos cerrándose por completo, no sin antes murmurar un:
—No lo hice, princesa. Nunca te engañé...

Percy abrió la boca, pero Apollo había perdido la consciencia otra vez; como si solo hubiese despertado para preguntarle sobre el beso.

...

El doctor hizo que Percy saliera de la habitación un par de minutos después de eso.

Le dijo una vez más que podía regresar, pero necesitaba que Apollo estuviese solo por un par de minutos. Protocolo del área intensiva, o algo así.

Por eso, Percy salió de la habitación, no sin antes volver a apretar la mano de Apollo entre la suya.

Percy se mantuvo cerca de la enfermería, no queriendo salir de allí en caso de que algo malo sucediese.

Sabia que debía preocuparse por los demás, por Poseidon, el cual ella no sabia si había sido lastimado o no, pero lo único en su mente era Apollo.

Además de dolor por su situación actual, se sentía como si lo hubiese traicionado. Había besado a Luke—técnicamente él la besó a ella—pero aun así se sentía como si lo hubiese engañado.

Se forzó a si misma a recordar que un beso no se comparaba con un verdadero engaño, y Apollo la había engañado dos veces ya.

Un beso no era nada—no significaba nada en realidad, no cuando ella no había sentido nada.

Aun así...su lealtad la hacia sentir como una traicionera.
Y eso la molestaba mucho.

Después de un par de minutos sentada en la sala de esperas sin hacer nada, decidió ir al área de la enfermería de Apollo donde estaban las maquinas de comida.

Luego de comprar una bolsa de papas, ella decidió que ya había pasado suficiente tiempo como para que ella pudiese regresar.

Al entrar al área intensiva, no vio al doctor hijo de Apollo, más vio a la ninfa que le dijo donde estaba Apollo, y ella al verla le sonrió suavemente.

Percy se detuvo frente a la puerta de Apollo, y le preguntó a la ninfa con la mirada si podía entrar.

La ninfa asintió.

...

La tercera vez que Apollo despertó, sintió unas manos acariciando su cabello. Lo primero que pensó fue que era Percy, pero entonces reconoció el toque, y quedo sentado en un segundo, moviendo la mano de la musa con molestia.

Ante el súbito movimiento el dios se quedo sin aire, y cerró los ojos con dolor.

Se sentía mejor que las últimas dos veces que había despertado, pero no lo suficiente como para moverse así.

—Cuidado, amor...—Calíope rápidamente se movió para ayudarlo.

—No me toques—Apollo intentó rugir, o gritarle, pero su voz salió en un murmullo, su garganta doliendo ante su esfuerzo por hablar.

Solo entonces recordó la flecha que atravesó su garganta y que perforó sus cuerdas vocales.

Genial. El dios de la música lastimado en sus cuerdas vocales. Simplemente genial.

Sus esfuerzos por hablarle a Percy momentos antes solo habían dañado más sus cuerdas vocales, lo que le tomaría mucho tiempo más para curarse completamente.

Sanaría, pero aun así...pasaría un tiempo antes de que lograse cantar sin que le doliese la garganta.

Y él amaba cantar.

—¿Qué demonios haces aquí?—Apollo demandó, mirando al rededor de la habitación en busca de Percy.

Había estado seguro que la había visto...una mueca de rabia creció en su rostro al recordar con quien había visto a Percy, y lo que estaban haciendo. Su cuerpo empezó a brillar, encontrándose lo suficientemente lastimado como para no poder controlar sus poderes y su verdadera imagen.

Su único conforte era saber que Percy no tenia sentimientos por Luke.

—Me entere de lo que te sucedió y...—la musa se veía apunto de llorar. —Tuve que venir a verte.

Apollo sintió un horrible sentimiento en su estomago. ¿Y si Percy había visto a Calíope allí y por eso se había ido?

—¿No estas con Hermes ahora?—preguntó, deseando más que nada poder simplemente matar a la musa y que todos sus problemas terminasen. Pero no podía.

Calíope se vio incomoda por unos segundos, para luego sonreírle a Apollo suavemente.

—Hermes y yo tenemos algo, pero eso no significa que mis sentimientos por ti se hayan esfumado tan sencillamente. Apollo, amor...—ella levantó una mano como para tocarlo, pero Apollo le gruñó.

Empezaba a sentirse a si mismo desmayar, pero no quería perder la consciencia antes de asegurarse que ella se fuera de allí. No quería que de casualidad Percy regresase y la viese allí, eso solo daría más lo que ya estaba dañado.

—No me llames amor, no te atrevas a tocarme—Apollo le gruñó—¿Qué demonios haces aquí? No eres bienvenida aquí, no te quiero aquí.

Por encima de la cabeza de Calíope, Apollo pudo ver la puerta abrirse silenciosamente, y Percy entrar.

Mierda.

Por un segundo, Percy se vio sorprendida de que Apollo estuviese despierto, y una enorme sonrisa de felicidad apareció en su rostro. ¡Estaba despierto otra vez! Y juzgando porque se había sentado, y por el color que había regresado a sus mejillas, estaba mejor.

Entonces, Percy reconoció la mujer sentada en la cama con Apollo.

La sonrisa murió en sus labios, y ella se movió para irse, pero Apollo entonces usó los pocos poderes que podía usar sin lastimarse más, y la congeló en la puerta.

Percy tenia los ojos abiertos de par en par. Intentaba moverse, más no podía hacer nada.

No podía hablar, no podía moverse, no podía ni siquiera parpadear. Solo podía ver.

Rabia creció en ella. ¿Qué demonios quería Apollo? ¿Qué ella los viera otra vez juntos?

La mirada de Apollo le suplicaba que no se enojara, que escuchara y que viera, pero la rabia de Percy era cegadora.

—No tienes derecho a estar aquí después de lo que me hiciste—Apollo miró a la musa, rabia y desprecio en su mirada.

La musa no notó a la semidiosa detrás de ella. Estaba demasiado indignada ante la rabia que salía de Apollo. ¿No podía entender que todo lo que hacia lo hacia porque lo amaba?

—Sé que hice mal en engañarte, Apollo. Pero...no soporto verte con esa chiquilla—rabia desbordaba de la musa. —Hice lo que creí correcto, lo que me dijeron que era correcto. ¡Y lo fue! ¡Mira lo bien que todo termino! Percy terminó contigo y ahora estas libre de estar conmigo.

—No quiero estar contigo—Apollo ladró, sintiendo su rostro arder. Tenía fiebre.—Y lo sabes. Te lo he dicho un millón de veces. No sé quien te metió en la cabeza que lo correcto era hacerte pasar por Percy y seducirme...

La musa se vio irritada.

Aun no le perdonaba a Cupido que le hubiese mentido de esa forma. Muy adentro, ella sabia que nada de lo que hiciera haría que Apollo quisiera estar con ella, pero no podía parar de intentarlo.

Realmente lo amaba.

—Funcionó mejor de lo que crees—ella replicó con un deje de triunfo. —Percy te odia por engañarla, y ahora no tendrá motivo alguno para no volver con su querido Luke.

Apollo frunció el entrecejo, discretamente mirando hacia Percy, la cual continuaba congelada detrás de Calíope.

—¿Qué tiene que ver Luke Castellan en todo esto?

—Eros y yo lo mandamos a traer, por supuesto—Calíope sonrió—Así Percy podrá estar con él, y yo podré estar contigo. ¿No es ingenioso? Todo fue plan de Eros, desde haciendo que Percy perdiera la consciencia hasta yo haciéndome pasar por ella para que ella nos viera juntos...

La sonrisa de la musa era hermosa, pero la sonrisa de Apollo en esos momentos era cegadora.

Sonreía tan fuertemente que sentía que sus mejillas explotarían, se sentía tan mareado que no sabia como seguía consiente, pero se alegraba de estarlo.

Lo dijo frente a Percy...Percy sabe la verdad.

—Sí, un muy buen plan—Apollo ronroneó. Él descongeló a Percy, permitiendo que esta pudiese moverse. —Muy, muy buen plan. ¿Y sabes qué? Funcionó.

Los ojos de Percy inmediatamente se abrieron de par en par, al igual que su boca.

Por un segundo, la semidiosa continuó inmóvil, procesando las palabras que acababa de escuchar. Lentamente, la mirada de Percy cambió.

De confusión cambió a rabia.
Indignación, rabia, vergüenza...todo dirigido hacia la musa.

—Sí—Calíope sonrió, y se inclinó para besar a Apollo.

Percy reaccionó por arco-reflejo.

Antes que los labios de Calíope pudiesen tocar los de Apollo, una mano agarró su cabello y la jaló con tanta fuerza lejos de la cama que la musa solo pudo gritar.

Percy la lanzó contra la pared, una exclamación de rabia saliendo de sus labios, seguido por un: "¡Puta!"

—...Es una pena que amo a Percy—Apollo suspiró, falsamente apenado de la situación.

Calíope abrió sus ojos de par en par, su mirada llenándose de miedo ante la mirada fulminante de la semidiosa.

—¿Apollo?—Percy llamó, sin voltearse.

—¿Mmmm?—Apollo no podía contener su alivio y felicidad.

—¿Puedo matarla?—la semidiosa gruñó.

Calíope se vio indignada. Abrió su boca para hablar, probablemente para insultar a la semidiosa, pero antes de poder hacerlo un puño en su nariz la detuvo.

—Ay, perdón—Percy se vio falsamente apenada—¿Te dolió? ¿No? ¿Qué tal esto?

Mientras Percy la golpeaba, lo único que Calíope hacia era quejarse y chillar. Era una musa—una deidad, más la violencia nunca estuvo en ella. Era la musa de la poesía épica y la elocuencia, la musa conocida por su bella sonrisa.

Ella siempre se mantenía lo más alejada que podía de cualquier cosa que pudiese destruir su físico.
Sonrisa que Percy Jackson estaba decidida en destruir.

La rabia que Percy sentía era inmensa.

Toda esa semana había estado odiando, o intentado odiar, a Apollo, y sintiéndose una porquería al pensar en que era tan indeseable que su propio novio tuvo que buscar alguien más con quien hacer el amor.

Toda esa semana estuvo separada del hombre que amaba, solo por un capricho de una insignificante musa.

Tenia la imagen de ambos en la cama gravada en su mente, todo por culpa de ella.

Mientras Percy pensaba que Apollo la engañaba, Apollo en realidad había sido engañado.

...Por eso Apollo la miraba y la besaba de la misma forma en que besaba y miraba a Percy; porque para él, aquella había sido Percy.

La puerta de la enfermería se abrió, interrumpiendo la sesión de golpes que Percy le proveía a Calíope.

Hermes abrió los ojos de par en par ante la escena frente a él, y ante la distracción, la musa logró desaparecerse de allí, solo dejando una nube de polvo donde ella solía estar.

Percy tomó varias bocanadas de aire, empezando a bajar de su rabia.

—Wow. Um...—Hermes se vio incomodo. —¿Mal momento para venir a verte, hermano?

Apollo se rió débilmente, solo para toser inmediatamente luego de reír, su garganta pidiendo un descanso de tanta acción.

Todo su cuerpo le pedía descanso, pero Apollo se estaba forzando para permanecer despierto; necesitaba estarlo ahora que Percy sabia la verdad.

Pero fue demasiado para él.

Volvió a perder la consciencia unos segundos después, lo último que escuchó esa noche fue a Hermes preguntándole a Percy que había sucedido.

Y luego nada.