Hola… por este ladito también me pasé para actualizar la nueva historia… como sé que notan es una historia que avanza de a poco en algunos aspectos cabe decir… Aun faltan muchas cosas por esclarecerse así que toca esperar como se desarrolla. Muchas gracias a las que siguen la historia… y sin mas les dejo el cuarto capitulo…
Cáp. 4: Visitas
La bolsa con los víveres que tenia en sus manos fue presionada con mayor fuerza, casi con la misma que la joven se abrazaba a él y lo besaba. Una de sus manos se posó en el hombro de la joven y con brusquedad la apartó.
- Inuyasha, ¿Por qué? – Preguntó mientras trataba de acercarse a él pero éste simplemente se alejaba de ella.
- Kikyo… - Musitó con cierta ira acumulada.
- Inuyasha, regresaste… - Una vez mas se abrazó a él escondiendo su rostro en su pecho fuerte – Mi amor ¿Por qué no me habías buscado?
- ¡¿Cómo que por qué no te habia buscado? – La tomó con rudeza de un brazo y la zamarreó con rabia.
- ¿Qué te pasa por qué me hablas así mi amor?
- Mi amor… ¡¿Mi amor? – Exclamó airado ante las cínicas palabras de ella – No me vengas con escenitas de amor cuando no eres mas que una traidora… - Examinó a la joven mujer frente a él, habia crecido al igual que el lo habia hecho, se habia vuelto mas hermosa que antes, sus cabellos negros y lisos, sus ojos negros, su esbelta figura, su hermosa y nívea piel, era igual de hermosa que antes – No me vengas con eso cuando me traicionaste – Su voz tomó un tono mas profundo, mas lento, mas varonil – Kikyo… - La bolsa cayó sus manos para dirigirlas a la estrecha cintura de joven y perderse en sus labios.
- Cuídate mucho hija – Se despidió su padre en las afueras de la mansión, tomó la maleta y llevó hasta el carruaje que esperara.
- ¿Dónde esta tu anillo de compromiso? – Le preguntó su madre mientras iban hasta el coche.
- Lo dejé en el joyero, no quiero andar exhibiéndolo por ahí, además me quiero concentrar en mis estudios…
- Sí entiendo, no puedes andar pensando en tu prometido todo el día – Sonrió la mujer con cierta complicidad – Comprendo que hayas estado algo tensa, entonces concéntrate en tus estudios, no veremos hija…
- Kagome mira quien vino a despedirse – Escuchó la voz de su padre, desvió su mirada y estuvo a punto de caerse de la impresión – El señor Taisho también quiere desearte suerte en tus estudios…
- Buenas tardes – El hombre tomó la mano de la joven y depositó un beso – No retrasaré mucho tu salida, solo venía despedirme
- Ya lo hizo, hasta luego – Hizo una inclinación y aceleró el paso hasta el carruaje que la llevaría a su internado.
- Kagome espera – La tomó con rudeza disimulada antes de que ella subiera – Lo de anoche…
- Olvídelo y olvide que yo me casaré con usted, primero muerta – Aseguró mientras se soltaba de él, miró a sus padres un par de metros mas allá con una sonrisa de aprobación.
- Conmigo no vienen esas amenazas, lo de anoche no pasó y te casaras conmigo por la salud de tu familia… ¿Entendido? – Quedó muda ante las palabras de él, sus ojos se inundaron de lagrimas, se iba a girar para marcharse pero el la tomó del brazo y depositó un beso en su mejilla peligrosamente cerca de sus labios – Ya estás advertida – Susurró antes de permitirle subir.
Una vez que el carruaje se alejó varios metros de su casa pudo respirar en paz, su corazón latía apresurado y varias lágrimas comenzaron a caer de sus ojos. ¿Qué demonios habia hecho para merecer aquello?, ¿Acaso era un castigo de Dios por nunca comportarse como una señorita? Eso no le podía estar pasando. Luego de una hora el carruaje se detuvo, habia llegado al internado; el lugar en que estudiaba era el mas reconocido de su ciudad, alli educaban a las señoritas de futuro, o al menos así decía su institutriz cada vez que alguien cometía una infracción a las reglas; era un lugar grande con bastos predios y un antigua construcción conformada por aulas de clase y dormitorios.
Cuando bajó del carruaje con ayuda del cochero vio a varias jovencitas entrando, conocía algunas pero eran cosas de simple vista, en la puerta del lugar estaba la directora recibiendo a todas las alumnas, adentro varias jovencitas hablaban entre si y ella sin ánimos de hacerlo se dirigió al que era su dormitorio.
- ¡Kagome! Que bueno que llegaste – La saludó su amiga Sango cuando la vio entrar - ¿Acabaste de llegar?
- Sí… - Dejó su valija sobre la cama y de inmediato comenzó a acomodar sus cosas como hacia su amiga.
- ¿Estás bien? – Preguntó Sango notando algo extraña a su amiga.
- Eh… Claro – Le brindó una sonrisa demasiado falsa para su gusto y ambas jóvenes continuaron con sus cosas, por supuesto Sango le hablaba de varias trivialidades durante el proceso.
Antes de la hora destinada a dormir, fueron llamadas a asistir al salón principal, algo así como una especie de teatro, alli se les dio una sencilla bienvenida y de nuevo se les dejó ir a sus respectivos dormitorios a descansar, en la mañana empezarían las clases.
- Me tengo que ir ya – Se levantó de la cama y comenzó a ponerse su vestido con extrema agilidad – De seguro Kagome ya se fue…
- ¿A dónde? – Preguntó con cierto interés.
- Ah… Pues a su internado, le faltan dos meses para terminar sus estudios, luego de que lo haga se casará con tu hermano – Terminó de vestirse y se inclinó hacia el hombre que aun estaba acostado y le dio un nuevo beso – Vendré mañana a la misma hora de hoy
- Me temo que no – Se levantó y comenzó a buscar su pantalón – Tengo trabajo, pero si vienes una hora después de esta, seguro me encuentras – Aseguró mientras se colocaba su pantalón.
- Tenlo por seguro – Se levantó y se dirigió a la puerta.
- Espero… - La detuvo con la mano en la puerta de salida de la casa – Que nadie sepa que estoy aquí, esta vez no tolerare una traición… ¿Entendido Kikyo?
- Yo no te traicionaría…
A esas horas ya habia oscurecido, aun así había varias personas por los alrededores, le tocaba caminar mucho desde ese lugar hasta su casa pero el ver a Inuyasha valdría la pena, aunque ahora debía buscar la manera de salir de casa a diario y a esas horas.
- ¡¿Estás haciendo qué? – Preguntó Miroku sin poderlo creer.
- Miroku, si quieres sal y grítalo al mundo – Giró sus ojos ante la absurda reacción de su amigo, no era para tanto o tal vez si lo era.
- Es que escúchate… - Tomó un poco de aire y agregó – ¿Aun sientes algo por ella?
La pregunta le cayó como balde de agua fría, no se habia preguntado eso, por lo tanto no tenia una respuesta.
- No lo sé Miroku – Al menos esa era la verdad, estaba absolutamente confundido – Cuando la vi estaba enfadado, pero luego la besé y… No sé si estoy confundido por el pasado o aun no me he olvidado de aquello
- No es que te quiera ver enfrascado en una venganza, pero no se te olvidé que…
- ¡Ya lo sé!, también sé como es Kikyo, no te preocupes no voy a permitir que nada mas pase – Aseguró y se convenció a si mismo de que las cosas serían así – Tengo que ir a trabajar, nos vemos mañana
El camino de la casa de Miroku a la mansión en que trabajaba, era largo pero el podía recorrerlo en corto tiempo arriba de su caballo; una vez alli cruzó la puerta y fue directo a los sembradíos, el dueño era un comerciante de algodón. Sus labores alli eran supervisar las tareas de los demás trabajadores pero el también los ayudaba no le gustaba mucho estar sentado sobre un caballo todo el día mientras los demás se rompían la espalda trabajando.
- ¡Tomémonos un descanso! – Habló a los hombres, algunas mujeres del interior de la casa les llevaron la comida, todos se sentaron bajó la sombra de un árbol a disfrutar del merecido descanso, un pequeño refrigerio antes de marcharse, pronto iba a oscurecer.
- Hey Inuyasha, nunca nos has dicho de donde vienes – Indagó uno de los trabajadores.
- Es que no vengo de ningún lugar en especifico, trabajaba en los botes mercantes, nada extraño – Comentó mientras se levantaba – Voy a caminar un poco, nos vemos en la mañana
- Claro, hey no vayas a pasar a los predios que hay más allá – Le advirtió alguien.
- ¿Por qué? – No tenia interés en hacerlo, pero le daba el curiosidad el porque no podía pasarlos - ¿En un convento o qué? – Se burló.
- No… Es un internado para señoritas – Explicó el hombre – Está ahí hace cinco años creo, el caso es que no querrás armar escándalo…
- Bien lo tendré en cuenta – Siguió su camino, tampoco le interesaba exhibirse a un grupo de jovencitas; efectivamente un par de metros mas allá apareció el cerco que delimitaba el fin de los predios de su jefe y mas allá pudo divisar un construcción, la hubiera confundido con otra mansión corriente sino fuera por la información que le dieran antes; apoyó sus manos en la cerca mirando detenidamente la zona, la noche llegó en menos de una hora y decidió que ya era tiempo de marcharse además alguien lo iba ir a visitar. Fue hasta donde dejaba a su caballo pastando y subió en él, por alguna extraña razón se sintió llamado por aquel internado, así que se devolvió en sus pasos subido a su caballo – ¿Qué demonios estoy haciendo? – Se recriminó el mismo en cuando se vio galopando con lentitud por los limites de aquel internado, cuando se disponía a marcharse los ladridos de varios perros lo alteraron volteó su mirada a un lado y vio una pequeña sombra siendo perseguida por lo que efectivamente eran perros y no estaban nada contentos; instó a su caballo a galopar hasta la pequeña sombra que atravesaba con cierta dificultad el cerco que la llevaría a los predios del lado en que trabajaba; pensó que seria un ladrón que habia llegado al internado de señoritas y se habia visto sorprendido por los canes, pero cuando se acercó a un mas se dio cuenta de que era un señorita una muy conocida por él; se bajó del caballo con rapidez para ayudarla a cruzar, ella ya habia pasado medio cuerpo pero al parecer su vestido estaba enredado, antes de que pudiera llegar ella jaló la prenda y cayó al suelo, los perros la hubieran seguido, sin embargo él tomó una roca y golpeó a uno, los demás huyeron al ver a uno de ellos caído.
Miró tras ella como los perros se devolvían en su camino, mas tranquila tomó un poco de aire mientras se quedaba tirada en el suelo, estaba muy cansada para levantarse.
- ¿Piensas quedarte ahí? – Preguntó de pie frente a ella quien alzó su cabeza y se sentó de inmediato en el momento en que lo reconoció – Al parecer me toca salvarte siempre – Extendió una mano a la joven para ayudarla a levantarse, ella con algo de duda aceptó.
- Gracias… - Habló con la respiración entrecortada, probablemente de correr tanto; algo avergonzada trató de acomodar su vestido, o mas bien el uniforme del internado uno de color azul claro, por lo que quitarle el polvo era algo difícil.
No pudo evitar marcar una sonrisa llena de ternura en su rostro, el verla tratando de limpiar el vestido mientras murmuraba miles de cosas enfuruñada, le recordaba a la Kagome niña. Transportado en aquella realidad del pasado, levantó una mano para posarla en sus cabellos y retirar algunas ramitas con cierta delicadeza; ella lo miró sorprendida pero no le dijo nada, el continuó con tarea luego pasó una mano por su flequillo acomodándolo, Kagome pegó un pequeño respingo.
- ¿Qué tienes ahí? – Sin pensarlo se acercó mas a la joven y le levantó el flequillo, arriba de su ceja encontró un cardenal en un tono violáceo oscuro, ese no era por el accidente con los perros, de inmediato lo asoció con la noche del establo.
- No es nada – Se alejó de él y acomodó sus cabellos de manera que este no se viera – Debe ser de cuando me caí pasando la cerca…
- Nunca supiste mentir… ¿Qué pasó con esos animales? – Le preguntó cambiando el curso que empezaban a tomar las cosas.
- Eh… - Miró a si internado tratando de buscar algo que decir, no es que fuera mala mintiendo solo que siempre habia sido mala para mentirle a él – Salí a montar, no recordaba los perros que vigilan el establo – Explicó, para que mentir sino podía.
- Debí suponerlo, siempre te gustó montar de noche y también meterte en problemas – La joven le lanzó una mirada fría y se giró para irse, no aguantaría las burlas de él – Hey espera es una broma – Fue hasta donde ella y la tomó de un brazo cuando ella ya tenia un pie en la cerca, la jaló y ella cayó en sus brazos.
- ¡Déjame!, ¡Suéltame! – Forcejeó hasta que se vio libre, su respiración era forzosa, Inuyasha supo que se habia asustado.
- Tranquila no te haré nada – Le aseguró alejándose varios pasos de ella que lo miraba con cierta vergüenza – Pero si te vas así como así los perros si te harán algo
- Lo siento – Se disculpó por su reacción – Y qué quieres que me quede aquí a esperar que los perros mueran, si revisan los dormitorios y no me ven voy a estar en serios problemas.
- Bien… Te voy a llevar – Subió a su caballo y lo acercó a ella - ¿Subes? – Le extendió la mano y ella aferró a él una vez mas, en unos segundos la tuvo frente él, Kagome nunca habia tenido mucho peso para él.
- ¿A dónde vamos? – Preguntó cuando vio que él ponía al caballo a galopar al lado contrario de la cerca.
- Sujétate – Tomó las riendas con firmeza e instó el caballo a andar a todo galope, el reproche se perdió en la garganta de Kagome y cuando vio que Inuyasha iba a hacer saltar el caballo la cerca, se abrazó a él y enterró su rostro en el pecho.
- Bájame ahora mismo – Renegó Kagome una vez que estuvieron al otro lado.
- Ya cálmate – Se rió sobre mientras continuaba cabalgando - ¿Dónde quedó ese espíritu aventurero?
- Enredado en la cerca – Espetó enfadada; en ese momento se dio cuenta que tenia el rostro ocultó en su pecho y que una de sus manos reposaban en su cintura, sonrojada en exceso se apartó lo máximo que pudo de él – Lo siento
Sonrió una vez mas cuando vio la actitud recatada de la joven frente a él, era gracioso verla comportarse así cuando de niña nunca lo hizo, ella siempre habia sido diferente a las demás jóvenes a cualquier edad, de niña le gustaba montar, correr y hasta trepar, mientras las otras niñas solo pensaban en jugar con muñecas y al té; ahora al parecer también era así, pues se escapaba a montar cuando las niñas a su edad deberían estar pensando en ser unas perfectas damas de sociedad.
- ¿Y?... – Preguntó ella devolviéndolo a la realidad – Soy impetuosa ¿Y?, no me interesa ser una falsa señorita
No se habia dado cuenta de haber dicho nada, pero aparentemente si lo habia hecho; se disculpó por sus palabras aunque no sabían cuales eran y continuó examinando a la joven. Era claro que los años habían hecho efecto en ella, ahora era toda una adolescente aunque podría decir que una mujer, pues según sus cuentas ella debería tener diecisiete años, claro que ya era una mujer, era una mujer físicamente hablando; tenia formas desarrolladas, una estrecha cintura, caderas perfectas, un busto generoso, piel cremosa levemente acaramelada, pero también habia cosas que no cambiaban, sus cabellos azabaches eran igual de sedosos y lisos pero con aquellos rizos en las puntas también estaban mas largos llegaban hasta la mitad de su espalda el brillo de su mirada seguía intacto, los rosetones que eran sus mejillas aun seguían y sus labios eran igual de rosados, solo que ahora eran mas rellenos, mas apetecibles lo describió para él mismo…
- Puedes dejarme aquí – Volvió a interrumpir ella sus pensamientos; Inuyasha detuvo el caballo y ella se bajó sin necesidad de ayuda – Otra vez gracias…
- Espera… - La llamó en un suave susurro – Tengo que…
- Mañana al mediodía no tengo clases, hacia allá hay un claro de árboles podemos hablar sin que nadie te vea – Le dijo antes de marcharse.
Esperó a que la joven entrara sana y salva para volver a su caballo e irse a casa, no lo iba negar se habia puesto algo nervioso cuando le iba a pedir que se vieran al día siguiente, el necesitaba saber un par de cosas y no sabia quien mas podía decírselo, porque en Kikyo no podía confiar…
- Demonios… - Masculló al recordar que Kikyo iría a su casa, se habia olvidado por completo de ella.
- ¿Kagome? – Habló su compañera incorporándose en la cama.
- Sí soy yo Sango – Cerró la puerta y fue al cuarto de baño, con rapidez se mojó un poco su rostro y se colocó su ropa de dormir.
- Por fin llegas, ya me estaba preocupando… ¿Todo bien? – Preguntó al ver que su amiga tenía una sonrisa en sus labios.
- Sí, todo perfecto – Aseguró mientras se arropaba en su cama, antes de caer dormida lo último que vio fue un par de ojos dorados, tan cálidos como el mismo sol.
- ¡¿Dónde demonios estabas Inuyasha?, te llevo esperando por horas – Le reclamó mientras caminaba de un lado a otro - ¡Dime algo!
- ¿Ya puedo hablar?... Bueno pues no te importa donde estaba – Respondió con simplicidad – Mira yo no fui quien te pidió venir, yo te dije que estaría a estas horas sí, pero no te dije que llegaría puntual para verte… No eres tan importante ya querida
- ¿Por qué me hablas así?
- Así soy ahora, y si te molestas conoces el camino devuelta a tu casita – Le indicó la puerta antes de recostarse en su cama, no estaba para reproches de nadie, estaba harto de los reproches.
- Inuyasha… No peleemos – Se sentó al lado de él – No vine a pelear, vine a hacer algo mas divertido – Sonrió y se inclinó a besarlo, él no se apartó debía alejar ciertas cosas de su mente y tal vez Kikyo lo ayudaría.
- ¿Vamos Kagome? – La invitó Sango abriendo la puerta de la habitación.
- No… Yo voy a quedarme a leer un poco – Levantó el libro que tenía en sus manos y su amiga continuó el camino en compañía de otras jóvenes.
Esas horas estaban libres, los maestros estaban en una junta por lo que tenían el resto del día libre. Cuando perdió de vista a sus amigas, cerró el libro y salió de las instalaciones del instituto, caminó hasta los establos que a esta hora estaban despejados de cualquier perro vigilante, con cuidado sacó una de las yeguas, en el internado les enseñaban a montar claro que al estilo de las mas perfectas damas; como le habían enseñado tiempo atrás, como él le enseñó tiempo atrás, subió al animal ensillado y lo instó a galopar a todo velocidad. En un corto tiempo llegó al lugar, éste era un pequeño claro rodeado de muchos árboles, no era concurrido por nadie y ella lo usaba como refugio cuando quería leer sin ser molestada. Bajó de la yegua y lo ató a la rama de un árbol en un espacio bueno para pastar, le acarició el pelaje a la yegua, esta relinchó haciendo reír a la joven.
- ¿Me cuentan la broma? – Preguntó en un susurró tras la joven.
- Me asustaste… No te escuché llegar – Tomó un poco de aire antes de hablar.
- Estamos aquí hace un rato – Le acarició la cabeza a su caballo antes de atarlo en un árbol contiguo.
- Bueno, no puedo tardar mucho así que dime… ¿Qué quieres saber?
- ¿Cómo dices? – Preguntó mientras caminaba tras la joven que se sentó en un grupo de rocas.
- Sí… No soy tonta y sé que si regresaste y además no quieres que nadie sepa que estás aquí, es por algún motivo en especial
- Veo que sigues siendo tan perspicaz como antes – Sonrió sentándose frente a ella con su espalda apoyada en un árbol
- Y bien… ¿Qué es lo que pasa? – Preguntó ella con su atención fija en él; en realidad el habia cambiado, no se parecía en nada al muchacho que era su amigo, cuando eso el tendría su misma edad era un joven educado, caballeroso, asediado por varias jovencitas eso incluía a su hermana pero la imagen de ahora era distaba mucho de aquella, podía decir que se veía menos caballeroso un poco tosco, pero también lucía mejor físicamente, tenia un mejor físico, un gran torso, fuertes brazos y piernas, los rasgos de su rostro eran mas varoniles, su piel tenia un leve bronceado pero algo que jamás cambiaría era el hermoso color de sus ojos, era un hermoso dorado, diferente al de Sesshomaru, pues este era cálido.
- Primero quiero saber ¿Cómo estás? – Le preguntó mirándola fijamente.
- Bien, todo bien – Respondió como si fuera una pregunta casual, él levantó una de sus cejas, Kagome sabia que él lo que quería saber era acerca de los sucedido con Sesshomaru – No lo he vuelto a ver… - Mintió aunque para su suerte el le creyó – Bueno… Ahora si dime que es lo que en serio quieres saber – Suspiró y esperó que él le preguntara.
- No quiero saber nada Kagome… - Cuando el pronunció su nombre su corazón brincó en su pecho, era la primera vez desde su reencuentro que él lo hacia – Solo quería tener tiempo de poder hablar contigo, no nos vemos hace seis años y quería saber que habia sido de mi pequeña niña – El se levantó de su puesto y se puso en cuclillas frente a ella – Ahora cuéntame…
La tarde entera se la pasaron hablando de trivialidades, ella mas que todo fue quien habló de esos seis años, porque el solo hizo pequeños comentarios y estuvo atento a sus palabras, para el momento en que el sol caía ambos se despidieron y quedaron de verse al día siguiente aunque en un horario diferente. Él la visitaría en su pequeño escondidijo en la noche.
A Kikyo le toca hacer la oración de la resignación…jajajaja…que se quede con lo suyo…jajajaja Bueno como ven las cosas empiezan a evolucionar con Inu y Kagome pero las cosas no serán color de rosa… Así… Bueno espero que les haya gustado, les mando un abrazo… un beso… nos vemos luego…
