Era medio día, había terminado de hacer las labores de casa y estaba preparando la comida, su esposo no tardaría en llegar y esperaba que lo hiciera de buen humor. Se sentía muy fatigada y débil. Desde que sus padres la obligaron a casarse con un primo lejano con el que casualmente compartía apellido no había sido realmente feliz.
En ese momento llego él como de costumbre se sentó a la mesa exigiendo su comida sin mirarla ni mucho menos saludarla.
- Esto esta asqueroso – gruño - ¿tan inútil eres que ni siquiera sabes hacer algo decente para comer?
Acto seguido cogió el plato y lo estampo derramando toda la comida por el suelo, después la cogió del pelo tiró contra el suelo y le dijo:
- ¡límpialo!, y más te vale que la cena sea más presentable.
Se marcho a seguir trabajando dejándola en el suelo.
Por la noche después de cenar, ella esperó a que el estuviese dormido para escribir una carta que llevaba días deseando escribir.
Al día siguiente todo transcurrió más o menos en el mismo clima. En cuanto se fue a trabajar ella se hecho a llorar diciéndose:
- Tengo que salir como sea de esto, ya no aguanto más, no se como permití que me insultara o me humillara y menos aún ponerme la mano encima ¡maldito squib!
Esa misma noche llego la respuesta a la carta que envió la noche anterior
Querida Helga:
La verdad es que me preocupa mucho tu situación, tienes que escapar cuanto antes de las manos de ese animal, junto a esta carta te adjunto un poción narcótica, tu sabes bien que hacer con ella.
Ahora mismo me encuentro con Helena lejos de lo que hasta hace una semana consideraba mi hogar, ya te contare cuando nos veamos, por cierto estamos en una posada en Hereford, reúnete con nosotras es la única solución a tu problema que se me ocurre por ahora, además tengo en mente algo fantástico de lo que quiero hacerte participe.
Rowena Ravenclaw.
Pd: por tu seguridad, mejor que esta carta no caiga en malas manos.
Una vez leída la carta y memorizando el lugar el que tenía que acudir, le prendió fuego con la varita, dejo la poción oculta en un lugar seguir y se acostó pensando que al día siguiente todo se solucionaría
A la mañana siguiente, preparo el desayuno y convenció, no sin mucho esfuerzo a u esposo para que desayunara, puesto que necesitaba energías para trabajar; si que el se diera cuenta le puso con el zumo del desayuno la poción para dormir de modo que solo tendría que esperar a que esta hiciera efecto. No tardo mucho en dormirse.
Helga recogió sus pertenencias en una pequeña maleta, cogió uno de los caballos y se alejo cabalgando en dirección a Hereford, feliz de haberse librado por fin de él.
Lo que no sabía es que uno de los vecinos más discretos la había visto huir, y que más tarde cuando su esposo pusiera el grito en el aire revolviendo todo en pueblo al percatarse de su abandono, este le comunicaría lo que había visto.
