"Dios y el Diablo juegan al ajedrez con las almas de los hombres..." ¿Dónde leí eso? Ya no me acuerdo.
Ep. 4: Piezas y jugadores
Una mano se alzó lentamente, vacilando unos segundos antes de hacer su movimiento, hasta que un peón avanzó una casilla. Su oponente lo observó sin menosprecio, pues sabía bien que cada pequeña pieza y cada mínimo paso podían marcar la diferencia entre una victoria y una derrota. Con esto, un peón blanco y otro negro quedaron juntos en el centro del tablero, uno al lado del otro.
- Un desafío plantado cara a cara - sonrió el jugador de piezas blancas - Tal como ha sido desde el comienzo del mundo.
- No siempre fue así. Aún recuerdo los siglos durante los que te serví devotamente, antes de que me expulsaras.
- ¿Sigues resentido por eso?
- En absoluto - resopló el jugador de piezas negras - La libertad que obtuve al romper tus cadenas es inmensamente mejor que ser tu esclavo. Después de todo, así fue como logré convertirme en tu igual.
Los ojos rojos se entrecerraron molestos, pero no se oyó ninguna réplica. ¿Qué decir? No era más que la verdad, de modo que prefirió concentrarse en el juego. Movió también un peón, no era cuestión de precipitarse, pero al menos él ya tenía sus dos torres en juego. Su rival en cambio aún no había sacado ninguna pieza importante.
- Así que las conciencias de Uriel y Raguel ya han despertado - dijo su oponente, observando ambas torres blancas.
- La de Raguel la desperté en cuanto dejé mi lugar como Madara. Ya era su turno de encabezar mi ejército desde las sombras, al igual que Uriel desde la luz. En cambio tú... quiero decir, Danzou todavía no ha hecho nada.
- Lo llevo haciendo mucho tiempo ya, solamente que no lo tienes en cuenta, Madara - contradijo el del ojo vendado, indicando casi todos sus peones desperdigados.
- Las únicas piezas importantes que he desvelado de momento son tu pareja real, y eso contando que en realidad la reina es mía.
- No es culpa mía que tu rey no supiera apreciar a tu reina y se buscase otra. El mío, en cambio, la valora como la soberana que es y merece ser.
El silencio llenó el espacio entre ellos, mientras pensaban en su siguiente movimiento.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Al día siguiente, Ino se reunió con Gaara al mediodía en su despacho para darle a conocer sus progresos como espía.
- Bueno, esta misión ha sido más fácil de lo que esperaba - dijo, sonriendo satisfecha - El traidor es Sajou, sin ninguna duda.
- ¿Qué? - no podía ser, tenía que estar bromeando - Han pasado apenas dos días desde que te asigné la misión, ¿cómo puedes saberlo ya?
- ¿Acaso esperabas que me tomara meses averiguarlo o qué? - inquirió Ino confusa - Si me pediste precisamente a mí como espía, ya deberías estar al tanto de mis habilidades. Me refiero al Shintenshin.
- Claro que lo estoy - no, no lo había estado, se le había olvidado por completo la técnica de su clan.
- Bastaron unas pocas palabras amables y medianamente curiosas para que bajase la guardia. Al menos esta vez no tuve que comportarte como una mujerzuela estúpida y caliente por un hombre. Soy una kunoichi, por favor, ¡evidentemente soy inteligente! En fin, mi misión ha terminado - le dejó un informe sobre la mesa y se dispuso a salir del despacho - Avisaré a Sai de que recoja sus cosas, no tardaremos más que un par de horas en partir hacia Konoha.
¿Un par de horas y se marchará?, pensó el pelirrojo.
- Espera un momento, Ino - se levantó de su asiento, intentando detenerla antes de que llegase a la puerta.
- ¿Sí? - ella se giró y le miró - ¿Qué pasa?
- Estaba pensando que... - caminó despacio hasta ella con gesto muy serio - ya que has completado una misión tan importante en un tiempo récord, mereces que te dé una recompensa.
- No hace falta - sonrió ella, feliz y halagada - Para esto están los aliados, al fin y al cabo. Le remitiré a la Godaime tu buena disposición.
Intentó abrir la puerta otra vez para salir, pero Gaara la agarró de un brazo, impidiéndoselo.
- Espera un momento - murmuró que apenas se le oía, mirándola fijamente a los ojos - No te he dado permiso para que te vayas.
- Gaara, no necesito tu permiso. No soy una de tus ninjas, y no estoy bajo tus órdenes - le recordó la rubia - ¿Para qué quieres que me quede? ¿Necesitas que haga algo más?
- Esto, sí. Yo... - demonios, no podía coordinar ni un solo maldito pensamiento - Hay una cosa que...
Todavía la sujetaba del brazo sin soltarla, pero no era capaz de completar la frase. Ino se cansó de esperar una petición que al parecer no vendría, pero cuando intentó recuperar su brazo para irse, eso hizo reaccionar al Kazekage. Nunca había sido muy hábil con las palabras, pero actuando era otra cosa. Impulsivamente, la atrajo con fuerza hacia su cuerpo y buscó sus labios en un beso desesperado.
Ino abrió mucho los ojos por la sorpresa. ¿Qué narices se creía el pelirrojo que estaba haciendo? Bueno, evidentemente la estaba besando (y con muchas ganas), ¿pero por qué? Sin embargo, no pudo seguir preguntándoselo, porque el movimiento de la boca de Gaara sobre la suya estaba despertando todos los instintos de su cuerpo. La Yamanaka se lo permitió, disfrutando también del ardor del joven, y correspondiendo con la misma intensidad.
- Por favor, quédate - jadeó Gaara tras la oreja de la rubia, cuando al cabo de un rato hubo sofocado parte de las ansias descontroladas que ella le provocaba.
- No puedo - contestó Ino, soltando la ropa que había aferrado sobre el pecho del chico y alisando las arrugas - No voy a quedarme, la misión para la que vine ya ha terminado.
- Te daré otra - dijo él rápidamente.
- ¿Para qué? - preguntó la chica, separándose y recobrando la compostura - ¿Puedes darme un solo motivo para que no me vaya?
Gaara meditó al respecto, pero no encontró ninguno. Pero como Kazekage que era, tenía un as bajo la manga.
- No hay misión, pero aun así tengo el derecho de reclamar aquí tu presencia y retenerte - afirmó muy convencido de lo que decía - Después de todo, Temari es una de nuestras mejores kunoichis y actualmente se encuentra trabajando en Konoha. Así pues, es justo que tú hagas lo mismo en Suna.
La médica reflexionó sobre ese punto, y admitió que tenía razón.
- De acuerdo, como quieras entonces - aceptó, abriendo definitivamente la puerta para (por fin) salir de su oficina - Envía un mensaje a la Godaime, yo esperaré su respuesta.
Y sin más demora, cerró la puerta tras ella. Gaara soltó un suspiro por el aire que había estado reteniendo sin darse cuenta, y ya más tranquilo regresó a su asiento para continuar trabajando. No se iba, ella se quedaba; lo cual significaba que probablemente Sai también, pero en fin, era una consecuencia colateral sin mayor importancia.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
El ser del ojo vendado hizo una mueca ante la peculiar jugada de su oponente.
- Eh, ése ha sido un movimiento muy arriesgado, Madara - comentó Satanás con una sonrisita maléfica.
- No, no lo ha sido - replicó Dios vehemente - Sabía que no lo harías, no había ningún peligro en avanzar una casilla con mi rey hasta donde tu reina me ha puesto en jaque, Danzou. Después de todo, si tomases mi rey tan pronto, la partida se terminaría y no sería entretenida. Fuiste tú el temerario, con un jaque que en ningún momento tuvo la intención de ser mate.
- Creo que llevamos demasiado tiempo jugando a esto, conocemos demasiado nuestras respectivas formas de pensar - comentó, apoyando el mentón contra una mano mientras observaba el tablero - La próxima vez, quiero jugar al Pictionary.
- Como quieras. El caso es que ahora me toca a mí, y el siguiente movimiento... - su poderosa mano voló sobre las piezas, hasta tomar un caballo - le corresponde a Sariel.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Unos fuertes y nada delicados golpes tronaron contra la puerta de la oficina, antes de que una agitada morena apareciese en ella como si huyera del fuego.
- ¡Tsunade-sama! - la llamó Shizune nada más entrar en su despacho - Hemos recibido un mensaje del Kazekage, dice que solicita la permanencia de Ino en Suna hasta que Temari vuelva de Konoha.
- ¿Temari? - farfulló la Godaime - Ah sí, la examinadora de la Arena. ¿Qué tiene eso que ver con Ino? Le asigné una misión nada más, debería regresar en cuanto la termine.
- Si me permite, Tsunade-sama... - carraspeó la joven médica - Creo que lo mejor sería atender a la petición del Kazekage, después de todo él está en su derecho. Con su hermana trabajando para nosotros, es justo que reclame los servicios de Ino mientras tanto.
- Ah, está bien, de acuerdo - aceptó un poco de mala gana - Pero te encargo la vigilancia de esto, Shizune. No pierdas detalle de lo que suceda en Suna, ¿entendido? Y mantenme informada de todo.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
- ¿Hermosa? - se escuchó una voz, llamándola.
Ino se giró de inmediato y le sonrió a Sai. La luz del atardecer lograba darle un tono levemente más cremoso a su pálida piel. El shinobi, por costumbre, encerró la cintura de ella entre sus brazos.
- Tus labios están rojos, Ino - notó con divertida curiosidad - Dime, ¿quién ha sido el afortunado en descubrir la miel de tu boca?
- Lo creas o no, ha sido el mismísimo Kazekage. Por cierto, me llegó un mensaje de la Godaime, al parecer debo quedarme aquí trabajando hasta que regrese la hermana de Gaara. ¿Tú qué harás?
- También recibí un mensaje de Danzou-sama, ordenándome permanecer aquí - le contó - He tenido suerte, un rey debe permanecer siempre junto a su reina - hundió la cara en el hombro de la rubia e inhaló el aroma de su cabello - Así que Gaara-sama te besó. Bueno, no puedo decir que me sorprenda, es obvio que te desea.
Ambos amantes continuaron con sus juegos, desconociendo que muy cerca de ellos había otra presencia escuchándoles. En cuanto una solitaria lágrima rodó por su mejilla, decidió abandonar su escondite antes de que la descubrieran.
