Hola n.n. Por fín he podido seguir. Diós, que agobiada estaba TToTT.

Weno, para agradecer los magníficos reviews que me han dejado 2 wapas...n.n.

Akane: Jeje, cuando dije lo de Tasuki sí que lo decía por tí (ya sé que te gusta mucho). Aunque hay otro que te gusta aún más que aún no ha salido n.nU. Tratare de apresurarme estas Navidades y llegaré pronto a su aparición. Con lo referente a que no mate a "ese"...claro que lo mataré xD. No, es coña...n.nU. Que a mí también me cae muy bien... Trankila, a ese no lo haré sufrir demasiado. Weno, grácias como siempre por el review y hasta pronto. n.n.

Miriko-Arya: Me alegra que te enganche, porqué a mi mis fics siempre me parecen un poco deplorables TToTT. Pero weno, grácias como de costumbre por mandarme un review y un besazo muy fuerte n.n.

SUSURROS DE LAS ALAS DE FUEGO

Capítulo 3. Alas de fuego. Ataques nocturnos

Hacía dos días que habían partido de Eiyou. Cabalgaban por la mañana y de noche reposaban unas tres o cuatro horas. Mejor dicho, Nuriko era el único que dormía. Chichiri permanecía sentado en todo momento, sin seña alguna de querer dormirse. Nuriko estaba descubriendo muchas cosas de su nuevo compañero, a parte del hecho de que ya era raro de por sí. Había notado que a veces, para compensar sus horas de sueño, Chichiri dormía mientras cabalgaba, pero en cambio dominaba su montura con total facilidad. Además, su caballo no parecía dar los bruscos golpes que el suyo al pasar por un socavón: era como si la própia mente de Chichiri amortiguara el impacto.

Poco a poco, habían dejado atrás las llanuras con algunos setos y las ciudades y villas y se habían adentrado en frondosos e inacabables bosques, en los cuales la luz del día se convertía en una suave y agradable penumbra. Estaba anocheciendo y llevaban avanzando desde que había salido el sol. Chichiri no mostraba signo alguno de cansáncio, pero Nuriko empezaba a cabecear a ratos, notando en su cuerpo el sueño de largas jornadas de viaje. Su compañero tardó unos minutos en darse cuenta, pero al final disminuyó la velocidad y se puso a su altura.

- ¿Necesitas descansar, no? -inquirió.

- No -dijo Nuriko, manteniéndose en sus trece- No me hace falta...

- No te preocupes -dijo Chichiri con una sonrisa- Más vale que estés absolutamente lúcido, aunque para ello tengamos que parar unas horas -miró alrededor, mientras detenía lentamente su caballo- Este parece un buen sitio.

Diez minutos más tarde, Nuriko estaba echado en el suelo, tapado con una manta y contemplando una hoguera que habían encendido entre él y Chichiri. Su compañero permanecía sentado al pie de un árbol, mirando al fuego sin decir nada. El chico de cabellos violetas suspiró pesadamente y entornó los ojos.

- Me pregunto si la estrella que buscamos estará muy lejos todavía...

- No lo creo -dijo Chichiri con mucha seguridad- Noto su aura muy cerca de aquí...aunque este lugar entorpece mi telepatía. La montaña de Reikkaku está demasiado cerca... Ese lugar tiene una gran cantidad de energía divina e interfiere en mi aura.

- Chichiri -inquirió Nuriko- Es sólo curiosidad pero...¿cuánto tiempo llevas viviendo en palacio?

- Desde que tenía catorce años, más o menos -respondió la estrella con una ligera sonrisa triste- Fue entonces cuando el emperador empezó a buscar a las estrellas de Suzaku. Mi família era bastante pobre, así que...bueno, no se lo pensaron mucho cuando me entregaron a palacio. Pensaban que seguramente tendría una vida mejor si venía al servicio imperial...

Nuriko cerró los ojos con tristeza, recordando que él estaba en una situación semejante...alejado de su família contra su voluntad.

- La vida de una estrella...es muy solitária, ¿verdad? -preguntó lentamente, con la voz rota.

Recibió una sorprendida mirada por parte de su compañero, pero después Chichiri suspiró tristemente y desvió la mirada.

- Sí, lo es -dijo casi sin voz- A parte de nuestros compañeros, no podemos confiar en nadie más... En este imperio, como ya te dije, no valemos nada... Solamente podemos entendernos plenamente con los que son como nosotros...

- Entonces...estos años también...los debes haber pasado muy solo... -susurró Nuriko apenado.

- No ha sido tan grave -mintió rápidamente Chichiri- En ocasiones veía a Hotohori y hablábamos...y también he viajado mucho por el país de Konan... No puedo quejarme -añadió, cubriendo su mirada con el sombrero oriental- Mejor dejemos esto, nos estamos poniendo sentimentales. Duerme un rato. Partiremos una hora antes de que salga el sol.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Nuriko despertó en la plena y absoluta oscuridad de la noche, en medio de un bosque lleno de silencio y a rebosar de sombras. Ni siquiera se había dado cuenta de que se dormía profundamente. Seguramente de eso ya hacía horas, porqué la hoguera estaba prácticamente apagada. Aún así, no notaba frío, de modo que se quedó donde estaba, suspirando plenamente. Chichiri no estaba por ningún lado, lo que al principio le asustó. Pero, quizás dominado por el sueño o por otra causa, aquella inquietud desapareció, buscando en su mente explicaciones triviales. Cerró los ojos con calma y se dispuso a dormirse de nuevo.

Un error que, en otras circunstáncias, podría no haberse perdonado en su vida.

Se dió cuenta de ello cuando sintió unas manos que le aferraban con fuerza las muñecas y y los tobillos. Abrió los ojos bruscamente, en alerta, pero entonces sintió una mano que cubría su boca salvajemente, evitando que de su garganta saliera un solo sonido. Eran muchos, podía notarlo... Quizás ocho, más o menos.

Por suerte para él, su poder reaccionó en el acto, proporcionándole la fuerza necesária para quitárselos de encima y hacerles "volar por los aires". Una vez libre, se puso en pie a toda prisa, alejándose de aquel lugar.

"Maldita sea...Chichiri, ¿dónde estás?"

De repente, sintió algo que aferraba sus tobillos, haciéndole caer de bruces sobre la hierba. Maldijo su suerte y, con total facilidad, rompió la cadena que había inmobilizado sus piernas. Echó a correr de nuevo, tratando de despistar a sus perseguidores. Pero entonces sintió un doloroso destello rozar su brazo derecho, seguido por la sangre resbalar por su piel hacia abajo.

Le habían herido...quizás con una flecha. Sólo sabía que la herida escocía horrores. Se tambaleó ligeramente, aún con los ojos desacostumbrados a la oscuridad, confuso y aturdido.

Súbitamente, pero, notó que algo iba mal. Su vista se desenfocaba constantemente. La cabeza le daba vueltas y sus extremidades empezaban a no responderle. Un sudor frío empezaba a cubrir su frente, mientras una extraña opresión le impedía llenar los pulmones por completo. Se desplomó bruscamente sobre la hierba, con seguidos y bruscos espasmos recorriendo su cuerpo, mientras un dolor extraño se expandía por cada uno de sus músculos...y perdía el conocimiento, cayendo en los brazos de la inconsciéncia...presa del veneno que había penetrado en su cuerpo.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Movió lentamente la cabeza, ahogando un quejido de dolor al sentir su cuerpo fuertemente entumecido. Escuchaba un rumor cercano, que se fue haciendo nítido hasta convertirse en voces masculinas que hablaban cerca. Aún estaba gravemente aturdido, pero pronto sus sentidos empezaron a trabajar más deprisa, permitiéndole abrir los ojos y vislumbrar de un modo difuso su entorno.

Estaba en una habitación ténuemente iluminada por antorchas. Su cuerpo descansaba sobre un suelo frío y duro, aunque él sentía todo su cuerpo extrañamente caliente. Notaba un dolor vago pero creciente a la altura del brazo derecho. Su mente retrocedió hasta el momento en el que le habían herido, atando cabos hasta caer en la cuenta de que la flecha estaba envenenada. Reaccionando ante tal idea, trató de incorporarse, pero sintió que sus pies y manos estaban inmobilizados, seguramente atados por cuerdas. Empezó a forjecear para quitárselas, pero entonces escuchó unas burlas cercanas.

- Es inútil que trates de liberarte... -respondió una voz hombruna- El veneno que circula por tu sangre ha debilitado casi hasta el límite tus fuerzas...

Nuriko tardó unos instantes en asimilarlo, pero entonces entendió el porqué del calor en su cuerpo. Tenía fiebre, la notaba con claridad, al igual que el sudor frío que se deslizaba por su rostro. De pronto, notó que su torso estaba descubierto, cosa que le hizo hacerse aún más preguntas. Vió la silueta de un hombre que se inclinaba sobre él.

- ¿Quienes...sóis...? -consiguió susurrar, agudizando los ojos.

- Je, no te preocupes, muchacho... -dijo el sujeto- Somos los bandidos de Reikkaku... Cuando te hemos cogido en el bosque, creíamos que eras una bonita muchacha... Queríamos pasar un buen rato...

Sintió de repente unas fuertes manos que le incorporaban, acto seguido unos dedos atrapar su mentón y un aliento caliente en su rostro.

- Pero, la verdad...tampoco somos exigentes... -dijo sin verguenza alguna- Que seas un hombre o una mujer no importa lo más mínimo... -un coro de risas siguió a tal comentário.

Un odio creciente empezó a inundar la mente de Nuriko, aunque su cuerpo debilitado no parecía tener intención de seguirle. Entendía porqué no había podido romper las cuerdas. Su cuerpo absolutamente drogado no respondía, ni siquiera con el poder divino... Se mordió el labio inferior con impoténcia, al sentir los dedos ásperos del tipo acariciar su cuello.

- ¿Qué os parece, muchachos...? Es bastante tentador...

Súbitamente, pero, una puerta se abrió con brusquedad, golpeando la pared en su trayectória. De inmediato, una voz masculina se hizo oír con fuerza, reberberando en la sala.

- ¡¿Se puede saber qué estáis haciendo...?! -gritó casi con autoridad.

- Sólo nos divertíamos un rato... -se quejó uno de los tipos.

El recién llegado no dijo nada, únicamente se avanzó unos pasos y cogió a Nuriko por debajo de los brazos, ayudándole a ponerse en pie y a andar. Una mirada aguda del chico hizo que todas las quejas se acallaran.

- Me lo llevo de aquí. Espero que el jefe no llegue a enterarse de que queríais ponerle una sola una mano encima... Lo digo por vuestro própio bien.

Segundos más tarde, la puerta se cerró tras ambos y se encontraron en un ámplio y sombrío pasillo. Nuriko levantó la mirada con curiosidad, estudiando detenidamente al hombre que le acompañaba. Era mayor que él, quizás un par de años. Su piel era de un tono quemado, sus cabellos de un azul oscuro brillante. Su rostro era más bien agradable, con unos ojos azul oscuro casi negro. Curiosamente, una larga cicatriz cruzaba su mejilla izquierda. Al cabo de unos instantes, el chico le miró.

- ¿Te encuentras bien...? -preguntó- Debes perdonarles. Hace poco desertaron de un banda rival y les tenían acostumbrados a una vida muy salvaje... Espero que no te hayan hecho daño...

- Creo que no... -susurró Nuriko forzosamente- Pero...me duele todo...

- Tranquilo, es el efecto del veneno de las flechas -explicó el chico- Te llevaré ante alguien que quiere verte...

- ¿Quién...? -inquirió Nuriko con curiosidad.

- Ya lo verás... Sólo puedo decirte...que tiene más en común contigo de lo que crees -respondió el otro misteriosamente.

Definitivamente, la estrella de Suzaku empezaba a sentirse a gusto con aquel chico. Sabía de cierto que también era un bandido, pero no parecía para nada brusco o agresivo. Más bien parecía simplemente un chico rebelde.

- Grácias...eh...

- Koji. Aquí todos me llaman así -esclareció el chico.

Andaron un par de minutos por pasillos penumbrosos y casi laberínticos, hasta que al final llegaron a una enorme puerta de madera que parecía muy antigua. Koji se plantó frente a la entrada, se aclaró la garganta.

- ¿Puedo pasar? ¿Quién eres? Soy Koji, el inseparable compañero del jefe. De acuerdo...adelante -recitó, como si estubiera dialogando con alguien.

"Y yo que pensaba que este tipo era un poco normal...¬¬U" pensó Nuriko, con una ceja temblándole.

Koji abrió las puertas con una sola mano y le ayudó a entrar, para cerrar segundos más tarde. Nuriko estudió el entorno: se encontraba en una habitación bastante espaciosa, de paredes del mismo color marrón apagado. Unas cuantas antorchas iluminaban la sala, dándole un aspecto tétrico. Al fondo había una mesa de madera baja, con unas esterillas para sentarse a ambos lados.

Sentado en el suelo, con las piernas cruzadas, estaba un chico de más o menos diecisiete años. Estaba inclinado, como pensativo, manipulando algo que tenía sobre la mesa. Vestía una camisa blanca y pantalones del mismo color, aunque en el suelo a su lado había un abrigo totalmente negro. Llevaba un pendiente en cada oreja y una venda en la mano derecha, como si estubiera herido. El muchacho en cuestión tenía los cabellos desordenados y rebeldes de un peculiar color encendido, casi rojo.

- Genrou, le he traído, tal y como tú querías... -anunció Koji.

El aludido se dió la vuelta, mirándolos fijamente. Con ello, dejó al descubierto dos rasgados ojos de un color entre pardo y naranja. Nuriko se fijó con curiosidad en los dos pequeños colmillos que sobresalían de la línia de sus labios, confiriéndole un aspecto más...¿salvaje?. El chico se puso en pie lentamente y se acercó a ellos, clavando sus ojos en Nuriko. Sin siquiera decir una sola palabra, levantó la mano y tomó el mentón de Nuriko. Ante aquel gesto, el chico reaccionó bruscamente, apartando la cara como en un acto reflejo.

- No me toques...maldito... -susurró el Suzaku lleno de ira, aunque no pudo hacer ningún movimiento más a causa de la debilidad.

El pelirrojo miró al chico de cabellos azules, que suspiró con resignación.

- Antes los chicos han intentado sobrepasarse con él... -explicó rápidamente.

El otro clavó sus ojos cobrizos en él, con una mirada llena a la vez de prepoténcia y comprensión.

- No quería hacerte nada -se explicó. Su voz era masculina, llena de fuerza, pero a la par con un deje infantil- Sólo quería ver hasta dónde te ha alcanzado el veneno...

De nuevo repitió aquel gesto, poniendo sus dedos en el mentón de Nuriko. Después, estos se deslizaron para encontrar la línea de su clavícula y después posarse en la artéria aorta. La seriedad que el chico irradiaba le proporcionaba a la estrella cierta tranquilidad, algo que no había notado de inmediato. El tal Genrou se giró y les hizo una seña a ambos para que se acercaran y tomaran asiento frente a sí. Ayudado por Koji, Nuriko se sentó frente al pelirrojo, sintiendo que en cualquier momento perdería el equilibrio. Genrou puso algo frente a sí: un recipiente con un líquido amarillento que desprendía un aroma muy fuerte.

- Bébetelo -dijo simplemente- Disolverá el veneno de tu sangre. Es un antiguo secreto del clan de Reikkaku. Sólo lo conocemos los cabecillas.

El Suzaku desconfió al principio, pero sabía que no podía hacer nada más. Con las manos temblorosas, cogió el recipiente y se bebió el contenido de un sorbo. Un notório y agradable calor recorrió su cuerpo, mientras volvía a enfocar claramente lo que tenía ante sí. Entonces, percibió que el pelirrojo le estaba sonriendo.

- ¿Mejor? -inquirió.

- Sí... -asintió Nuriko, suspirando plenamente. Las preguntas seguían estallando en su cabeza- ¿Quienes sois vosotros? Los bandidos no suelen atender así a sus prisioneros...

El chico que tenía frente a sí sonrió maliciosamente, dejando ver aún más sus blancos colmillos, que, por otro lado, no añadían si no atractivo a su imagen.

- Yo soy Genrou, el jefe de los bandidos de la montaña de Reikkaku -explicó lentamente, jugando con las vendas de su mano diestra- Él es Koji, mi segundo. Podríamos decir que nos criamos en esta montaña. Ambos somos huérfanos y estábamos bajo la tutela del anterior cabecilla. Una lucha entre bandas rivales terminó con su vida y yo ocupé su lugar. Por desgrácia, el clan rival han visto en ello una oportunidad y estamos en plena lucha por el dominio de la montaña -decía todo eso con total serenidad, como si no fuera en absoluto un problema- Los hombres que has encontrado al despertarte desertaron de nuestros enemigos y les acogimos aquí.

- Entiendo -replicó Nuriko, sintiendo que sus fuerzas retornaban- Pero eso no explica por qué me habéis ayudado.

Genrou sonrió maliciosamente, mientras entornaba los ojos. En un segundo, deshizo el vendaje de su antebrazo derecho y le mostró al muchacho algo que permanecía grabado sobre su piel.

Nuriko cayó casi en shock al ver el reluciente carácter rojo "ala" brillando sobre su piel.

- ¿Tú...tú eres...? -empezó.

- Tasuki, una estrella de Suzaku -terminó por él el otro, quitándole importáncia- Me sorprendió que te capturaran con tanta facilidad, más teniendo en cuenta que tu poder es la fuerza. Supongo que no debes estar acostumbrado a la lucha...

- ¿Cómo sabes eso? -inquirió Nuriko, ligeramente enfadado.

- Me lo dijo Chichiri -explicó Tasuki.

- ¿Chi...Chichiri...? -exclamó Nuriko sin poder creérselo. ¿Qué pintaba Chichiri en todo aquel asunto?

Tasuki ladeó la cabeza, mientras cogía un vaso de alcohol y daba un largo sorbo.

- Nos conocemos desde hace un par de años. Él ya sabía que yo era una estrella de Suzaku -dijo, agachando la cabeza- Yo no entendía muy bien todo eso y aún era un adolescente, de modo que no descubrió mi identidad ante el emperador. Dijo que vendría a buscarme una vez fuera absolutamente necesário. Hoy ha venido a verme, aunque tenía que marcharse rápido para informar a palacio y no sé qué más. Al regresar, ha visto que te habían capturado mis hombres, así que me ha advertido que eras uno de Suzaku y que sería mejor que te tratara bien.

- Si es así...¿por qué no me has ayudado hasta ahora? -inquirió Nuriko, ceñudo. "¿O sea que Chichiri me ha estado tomando el pelo desde el principio...?"

El silencio se hizo incómodo, mientras Tasuki permanecía completamente serio.

- Pues...porqué... -una enorme e infantil sonrisa maliciosa inundó su cara- Se me había olvidado.

Nuriko y Koji cayeron de sopetón al suelo.

- ¿¡Así tratas a tus compañeros en apuros...!? -exclamó Nuriko furioso, cogiéndole del cuello de la camisa.

- Tranquilízate, anda... -susurró Tasuki- Lo importante es que no te ha pasado nada.

- Bueno... -aceptó el chico de cabellos violetas, sentándose de nuevo, aunque ligeramente enfurruñado- Entonces...¿vendrás con nosotros cuando Chichiri regrese?

Tasuki pareció meditar mucho su respuesta, aunque en realidad ya tenía pensada la respuesta desde hacía mucho rato.

- No -respondió.

- Pero...tu deber de estrella... -replicó Nuriko sorprendido.

- No puedo abandonar la banda así -se explicó Tasuki, entornando levemente los ojos- Son la única família que he conocido. Te aseguro que no todos son como esos tipejos de antes. Les tengo mucho aprecio y no puedo dejar que el clan rival les haga daño -sus intensos ojos ardientes se posaron en Nuriko, mientras ambos se sostenían la mirada- Una vez este enfrentamiento se resuelva, iré con vosotros. Koji se convertirá en el nuevo jefe. Ya lo hemos hablado con anterioridad y es lo mejor para todos.

- Lo entiendo -dijo Nuriko, con una triste sonrisa. "Nadie querría nunca dejar a su família..."

De repente, un sonido estruendoso rompió la calma imperante. Acto seguido, un tremendo temblor sacudió el edificio entero, haciendo que se desprendiera polvo del techo. Los tres se pusieron en pie bruscamente, en absoluta alerta.

- ¿Qué es eso...? -preguntó Nuriko, confundido.

- Nos atacan otra vez... -dijo Koji mordiéndose el labio inferior.

- Malditos sean... -susurró Genrou, poniéndose rápidamente su abrigo negro y saliendo de la sala- ¡Todos a sus puestos! ¡Vuelven a la carga!

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Era algo impresionante. Nuriko jamás había visto una batalla de verdad, por lo que no pudo evitar sentirse perdido entre tantos hombres que luchaban. Armados con lanzas, espadas, hachas o cualquier otra arma, se enfrentaban a vida o muerte por las laderas de las montañas. Koji marchó de inmediato, ya que había ido a inspeccionar el terreno.

- Son más que nosotros, Genrou -explicó al volver- Deben ser por lo menos más de doscientos...

- Maldita sea -maldijo el pelirrojo- Aunque después sea peligroso, tendré que utilizar "eso".

Aquello llamó de inmediato la atención de Nuriko, que le miró de reojo.

- ¿Eso? -preguntó.

Tasuki sonrió, visiblemente más seguro de sí mismo, mientras sacaba de su espalda algo que relucía de un modo metálico. Mostró ante ambos un gran abanico de un color plateado.

- ¿Piensas derrotarlos con esto? -preguntó Nuriko ceñudo. "¿Por qué habrá gente tan rara en el mundo...?"

- Espera y mira -dijo Tasuki sonriendo maliciosamente.

Súbitamente, escucharon el sonido de varios gritos, para ver segundos más tarde un grupo de unos quince que se les acercaban a toda prisa, blandiendo sus armas en alto. Tasuki levantó en el aire el abanico y profirió un grito de guerra.

- ¡Rekka...Shinen!!

De un modo inesperado, un rayo llameante manó del objeto, produciendo una ardiente onda expansiva que embistió a los atacantes, dejándoles inconscientes y llenos de quemaduras. El pelirrojo agachó el abanico, complacido por su efecto. Después, sus ojos se deslizaron para posarse en Nuriko, que le miraba absorto.

- Es mi poder de estrella -dijo sonriendo maliciosamente- Soy el domador de las llamas.

Sus ojos se clavaron en la oscuridad de la noche, vislumbrando al fondo los grupos de enemigos que se acercaban.

- Koji, ¿están todos listos? -inquirió el jefe.

- Todo preparado, Genrou -asintió el chico de cabellos azules.

- Bien. Esta noche será larga...muy larga -dijo Tasuki muy serio. Sus ojos se posaron en la otra estrella de Suzaku- ¿No echarías una mano? Tu fuerza será de gran ayuda, no lo dudo.

Nuriko ni siquiera se lo pensó un solo instante.

- Por supuesto -respondió, con una leve sonrisa- Cuenta conmigo.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Avanzaron silenciosamente, como sombras escurriéndose en el tenebroso bosque. Debían darse prisa si no querían que los bandidos de Genrou les descubrieran. Ocultándose medio camuflados en los árboles, consiguieron llegar a un claro que estaba a unos trescientos metros de la base de los de Reikkaku. Los hombres vestidos de negro aguardaron escondidos, esperando la señal de su cabecilla, la cual llegó de inmediato. Al saber que no había peligro, se reunieron. Al cabo de unos minutos, llegó un chico corriendo a toda prisa desde la dirección contrária.

- ¿Cómo está la situación...? -preguntó el que parecía liderar el grupo.

- De momento ambos bandos estamos igualados. Creo que no se han recuperado todavía del ataque de hace dos días -explicó el espía- Tanto es así que parece ser que Genrou ha sacado su relíquia.

- El abanico hechizado -dijo el jefe, entendiendo la situación- Podemos enfrentarnos a eso.

- Pero... -opuso el chico.

- ¿Pero...? -inquirió el jefe, molesto.

- Hay alguien más con ellos -explicó el recién llegado- No sé quién es...pero parece que posee una fuerza extraordinária. Está causando estragos entre los nuestros...

El silencio se hizo el amo, mientras el cabecilla meditaba sobre lo que deberían hacer. Al final, se irguió, con una mirada amenazante en sus ojos oscuros.

- O sea que Genrou se ha procurado alguien con poderes especiales, ¿no? -inquirió burlón- Contra eso...también podemos luchar...

Levantó una mano e hizo un gesto con un dedo a uno de los hombres que le habían seguido. El aludido avanzó unos pasos, hasta que la luz de la luna le dió de lleno en la cara, revelando un rostro joven y curiosamente enérgico.

- ¿Te encargarás tú de ese tipo? -preguntó el jefe, aunque la respuesta era obvia.

Una leve sonrisa de seguridad se dibujó en el rostro joven muchacho, mientras una leve brisa zarandeaba sus cabellos atados en una cinta.

- No te defraudaré, padre -dijo solamente, antes de desaparecer fugazmente en la noche.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Un grupo de diez hombres les barraron el paso, dispuestos a aniquilarlos sin ningún problema, pero no esperaban recibir el impacto del brazo derecho de Nuriko, el cual provocó un efecto dominó que les catapultó unos diez metros más allá. Tasuki no podía creer lo que veía: no esperaba que realmente la poténcia de aquella estrella de Suzaku fuera tan grande. Y además, advirtió que Nuriko no era únicamente fuerte: era ágil, flexible, resistente y rápido, aunque, claro, su velocidad no podía compararse a la del jefe de los bandidos, el cual era capaz de escurrise en un segundo sin que siquiera pudieran verle.

- No lo haces nada mal para ser la primera vez -dijo Tasuki sonriendo maliciosamente, mientras pisotaba la cabeza de un tipo que había tratado de atacarle.

- ¿Pero qué pensabas? -inquirió Nuriko, levantando un puño y dejando sin dientes a un enemigo que quería atacarle por la espalda.

Enseguida habían travado una gran complicidad entre ambos. Era como si se complementaran a la perfección.

- ¡Cuidado, Genrou! -gritó la voz de Koji.

El pelirrojo no supo qué se le venía encima hasta que levantó la cabeza y vió que una enorme roca lanzada por sus enemigos desde lo alto de la ladera se le venía encima. Su rapidez le permitió escapar en el acto, aunque dejó a Nuriko donde estaba.

- ¡Apártate! -le gritó Tasuki, aunque sabía que no había tiempo.

Pero Nuriko ni siquiera se movió, solamente levantó una mano por encima de su cabeza. La roca que hubiera aplastado a cualquiera aterrizó sobre su palma, mientras él la sostenía con solos los cinco dedos. La expresión de Tasuki y Koji en aquellos momentos hubiera sido digna de ver.

- Genrou, creo que deberíamos acoplarle al clan... -dijo el chico de cabellos azules con la boca abierta.

- Te entiendo... -respuso su compañero, totalmente patidifuso. Su seriedad regresó en un segundo, observando cómo Nuriko lanzaba la roca sin esfuerzo alguno para hacer huir despavoridos a un grupo de veinte que llegaban por la senda de ascenso- La situación está mal todavía... Será mejor que nos separemos. Koji, ve con nuestro grupo arriba, creo que tienen problemas. Nuriko, tú desciende un poco por ese camino y evita que lleguen hasta la base -añadió señalando un sendero que descendía por el bosque de la ladera- Yo mientras tanto iré por el oeste. Vamos.

Dicho esto, Tasuki y Koji desaparecieron fugazmente, haciendo uso de su compenetrada velocidad. Nuriko dirigió sus ojos hacia su objetivo, mientras saltaba al nivel inferior y corría ladera abajo para impedirles el paso a los que llegaran. Pronto dejó de oír los gritos de la batalla detrás de sí, para sumirse en un silencio que casi ahogaba. Sin tropezar siquiera una vez, llegó a una zona donde los claros se sucedían uno tras otro, aunque no había visto aún a ningún enemigo.

De repente, pero sintió algo cortar el aire, algo que se le acercaba. Instintivamente, se agachó y permaneció inclinado. Vió una afilada arma de hoja metálica clavarse en el tronco de un árbol a su izquierda. Había pasado tan cerca que unos mechones de su cabello violeta quedaron en el aire. Impresionado por aquel ataque fortuito, dirigió sus ojos hacia el otro lado del claro.

Había alguien de pie allí, alguien que podía sentir que le observaba atentamente.

- ¿¡Quién eres!? -gritó Nuriko, en alerta- ¡Muéstrate!

El aludido sonrió maliciosamente, él pudo ver su sonrisa.

- Tú eres Nuriko, ¿no? -preguntó- La estrella de Suzaku con el poder de la fuerza.

- ¿¡Cómo sabes eso...!? -inquirió Nuriko- ¡Díme quién eres...!

Como si aquello fuera una órden, el desconocido avanzó, para dejar que un rayo de luna cayera sobre su rostro. Ante él apareció sun chico de unos diecisiete años, ataviado con unas ropas negras de combate. En su frente llevaba una cinta negra, al igual que otra que recogían sus cabellos de un color verdeazulado, los cualles llevaba largos. Sus ojos rasgados tenían un tono violeta intenso, agudo y lleno de seguridad.

- Me han enviado para matarte -dijo únicamente el recién llegado- Creo que será una lucha muy larga y equilibrada...

- ¿Quién eres tú...? -preguntó Nuriko, levantando ambos brazos sobre su cuerpo, sintiendo una extraña sensación.

Sin variar la firme expresión de su rostro, el otro se llevó las manos tras la cabeza, desatando el nudo de la cinta que cubría su frente. La tela resbaló por su rostro, hasta que él la atrapó con una mano.

El corazón de Nuriko dió un salto en su pecho, al sentir que lo que veía ante sí debía ser totalmente irreal...

Justo en el centro de la frente del chico, resplandecía un carácter rojo, que aparecía en cursiva.

"Demonio..."

Una revelación que no esperaba.

"Tamahome..."

Los ojos de Nuriko descendieron hasta la mirada de su oponente, que había adquirido rápidamente una posición de ataque. Una sonrisa maliciosa se dibujó en su rostro.

- Vamos a luchar, Nuriko -su expresión se agudizó- Como estrellas de Suzaku.

-O-O-O-O-O-O-O-O-O-

No me matéis aún y esperad al siguiente cap. n.n. Hoy estaba muy inspirada y lo he escrito todo en menos de una hora OuO.

Jeje, nada, para comentários o lo que sea, ya lo sabéis, mandádme un review.

Atte

Haruka-chan