¡Hola a todos otra vez! :)

¿Cómo han estado? uff, este ha sido el capítulo más largo que he escrito en todas mis historias (espero que les guste un montón) Ayer me fui a confesar, así que ando limpia de pecados, completamente lista para iniciar la Semana Santa. A quienes no sean católicos les digo que es la semana mas importante de nuestro calendario religioso :)

En fin, volviendo al fic, este capítulo (como adivinarán por el título) es el parto ¡Conoceremos al bebé! xD ¿Cómo se imaginan que será?

ATENCIÓN: Las fiestas vikingas que agrego en este capítulo son de MI INVENCIÓN. no tengo idea de si los vikingos tenían tradiciones como estas (creo que sí, eran un pueblo muy ceremonial) pero no tuve tiempo de investigar mucho y decidí inventarlas. Espero me disculpen esta falta a la historia universal.

MIL GRACIAS A: Veddartha, hinayo-sempai, analuchera, Chofis, Espartano y tayloves por sus hermosos COMENTARIOS :)

Disclaimer: Nada es mío. Solo me divierto escribiendo.


Capitulo 4.

¿Dijo que va a nacer? ¡Por los Dioses, va a nacer!

Una de las tantas extrañas tradiciones que había en Berk era una fiesta llamada Fá Sonur*, que se llevaba a cabo cuando una mujer llevaba entre siete y ocho meses de embarazo. Cuando no se sabía el tiempo exacto, bastaba con que el vientre estuviera muy bien hinchado y pasado los síntomas primerizos (náuseas, antojos y vómito).

Consistía en una especie de fiesta. La casa de los esposos, recientemente bendecidos con la dicha de estar esperando un hijo, abriría las puertas a sus vecinos y amigos para que compartieran bromas, comida y llenaran el ambiente de buena vibra. La esposa debía someterse a una especie de ritual, donde la anciana limpiaría sus energías de modo que se alejaran los malos deseos y trolls del niño próximo a nacer.

Considerando que ese no era un niño normal (o niña) si no el primero hijo del matrimonio Haddock, por lo tanto, el tercero en la línea de sucesión al liderazgo de la aldea, esta tradición usualmente íntima se haría a lo grande. Estoico había planeado muy bien el evento que no se llevaría a cabo en la casa, donde obviamente no todos cabrían, si no en el Gran Salón.

Estoico estaba de verdad emocionado. Tendría su primer nieto, o nieta, y quería que el bebé naciera perfectamente sano. Ya se imaginaba a Hipo en su rol de padre y la casa convertida en un santuario de risas. Al fin una familia completa y feliz.

Fá Sonur sería ese mismo día, empezando poco antes del atardecer. El Jefe de la Tribu se levantó de muy buen humor, vistió sus túnicas habituales, colocó el casco en su cabeza y salió sonriente de su habitación. El olor del desayuno le dio la bienvenida. Quizá lo que más estaba disfrutando del embarazo de su nuera era el increíble apetito que Astrid llevaba teniendo estas semanas. La mujer comía como si su estómago no tuviera fin y preparaba cantidades tan exorbitantes de comida que hasta Estoico se venía beneficiado. No así Hipo, que comía poco.

La mesa estaba servida con pan blanco tostado al fuego y dulce recién horneado. Las jarras llenas de leche, avena preparada, fruta picada, berenjenas asadas (esas que Hipo amablemente le dejó en la cómoda de la habitación, en la noche) y nabos.

"Muy buenos días Astrid" Estoico tomó asiento en su lugar habitual, pensando qué comería primero "¿Dormiste bien?"

"Mucho yo diría" la mujer acomodó los platos. Después, caminó hacia las escaleras y gritó "¡Hipo, ya está el desayuno! ¡Baja a comer, flojo!"

"¿Flojo?" le respondió la cansada voz desde el piso superior "¡Cansado!"

"Deja de quejarte y baja ya, Hipo"

"Voy…"

Astrid se recargó un poco, colocando una mano sobre la cintura, en la parte baja de la espalda. Le dolía horrores la espalda, y a veces las rodillas. No era para más, e, vientre le había crecido al punto que no podía verse ni los dedos de los pies.

Estoico estaba sirviéndose cuando Astrid regresó.

"No" le dijo "Esperaremos a Hipo"

El Jefe suspiró. Podía mandar a todos en la tribu menos a su nuera, y menos si ésta estaba llena de hormonas. Entre las mil reglas que un hombre debe saber es que, bajo el techo de su casa, la que manda es la mujer. Y fue una que le costó varias peleas con Valhallarama entender.

Finalmente, en lo que a Estoico le pareció una eternidad, Hipo bajó por las escaleras. Aunque vestido, el chico se veía cansado y bostezaba mucho. Se dejó caer en la silla y frunció el ceño al ver las berenjenas.

"Ah, al menos las comeremos" dijo con sarcasmo.

"Claro" y le sirvió una buena cantidad de berenjenas y pan "Ahora come"

Hipo rodó los ojos con cansancio.

"¿Dormiste mal, hijo?" preguntó Estoico, algo preocupado.

"No tan mal, lo que pasa es que alguien me mandó a los cultivos por verduras a media noche"

Astrid se encogió de hombros.

"No fui yo. Fue tu hijo"

Estoico río "Hijo, acostúmbrate. Tú me hiciste levantarme todas las noches por tres semanas para ir por queso de cabra"

Comieron entre charlas triviales y algunas cuantas bromas. Con comida en el estómago, Hipo estaba más despierto. El Jefe de la Tribu salió entonces con una sonrisa, recordándoles que los esperaba en el gran comedor más tarde. Astrid fregó los trastes e Hipo se tumbó en el sillón.

"¿Sabes? Estas son una de las pocas cosas que no extrañaré cuando nazca el bebé"

"¿Pocas?" Astrid movió unos jarrones pequeños, de uno sacó un pedazo de papel doblado que resultó muy grande. Enlistaba una serie de cosas que le tendió a su marido, esbozando una sonrisa de triunfo "Agrégalo a la lista"

Hipo agarró el papel perplejo y leyó varias veces. Se echó a reír.

"Al menos te comiste las berenjenas" dijo "No como las patatas"

"Esas se las comió tu padre antes de que pudiera pelarlas y cocinarlas"

"No es excusa. Llevaban dos días en la alacena"

"Bueno, se me fue el antojo…"

Astrid tomó asiento al lado de Hipo y los dos disfrutaron su momento a solas. Él no iría a la Fragua ese día, ni ella haría labores domésticas. Hasta media tarde, tenían el día solamente para ellos. Hipo acarició con dulzura los cabellos de su esposa, besándolos. Desde que Astrid cumplió los cinco meses de embarazo, que su abdomen empezó a hincharse verdad, dejaron de tener relaciones sexuales. Los curanderos le dijeron que podría afectar al bebé*.

Para beneficio de los dos, el apetito sexual que Astrid experimentó las primeras semanas ya había desaparecido. Y dejó lo suficientemente cansado a Hipo para que sus ansias de sexo se mantuvieran bien controladas en ese tiempo. Las parejas jóvenes eran más adictas a las relaciones íntimas que aquellas con años de matrimonio. Y si Astrid e Hipo no podían considerarse sexualmente muy activos, había que preguntarles lo mismo a los vecinos de Patán (que llevaba casado con Brutilda casi ocho meses).

Hipo después bajo su mano sobre la pancita de su esposa. La acariciaba con mucha frecuencia, le gustaba demasiado. Los miedos que Hipo aún tenía parecían disminuir mucho cuando mantenía ese contacto ligero pero eficaz con su hijo (o hija).

De repente, como casi siempre, sintió unos golpecitos en la parte baja del abdomen. Astrid también lo acarició y guio las manos de su esposo hacia el lugar exacto donde el bebé daba sus patadas. Era extraño, pero cada vez que escuchaba la voz de Hipo, o sentía que lo acariciaba, el bebé se ponía a patear. Astrid decía que era porque reconocía de verdad a su padre.

A Hipo le encantaba sentir esas pataditas. Hacía que todo fuera muy real. La primera vez que las sintió se convenció a sí mismo que un niño venía en camino, y desde entonces hasta ahora representaban la felicidad de una vida nueva, así como su promesa autoimpuesta de ser un buen padre para el vikingo próximo a nacer.

"Patea más fuerte" dijo él.

"Ni me lo digas"

A Astrid le gustaba sentir el movimiento de su bebé. En las mañanas, muy temprano, o por las tardes, usualmente cuando Hipo estaba cerca, sentía a la perfección cómo sus brazos o piernas se extendían golpeándola en varias ocasiones. Era una sensación extraña, a veces dolorosa, pero sobre todo emocionante. El momento más emotivo de cualquier mujer que iba a ser madre: esa conexión profunda con su hijo no nacido.

Estaba completamente enamorada del bebé, a pesar de no conocerlo. Era el nene quien la escuchaba cuando estaba sola y quien parecía brincar dentro de ella cuando estaba feliz. Podía sentirlo, explorando cuanto podía de lo que le rodeaba, ansioso por salir y conocer el mundo. Y ella lo cuidaría de todo, le enseñaría cuanto pudiera. Sería su tesoro.

El mágico momento fue repentinamente roto. Los golpes en la pared hicieron que la pareja se pusiera de pie. Otros seres demandaban por atención.

"Chimuelo, allá voy"

"No desesperes Torméntula"

Salieron al establo (que ya había una puerta directa de la casa al establo, instalada gracias a Hipo) donde los dos dragones saltaban sobre la paja. Chimuelo se acercó a Hipo y le lamió parte de la cara, para después inclinarse sobre el vientre de Astrid.

Chimuelo sentía mucha curiosidad por el extraño sistema de reproducción que tenían los humanos. A diferencia de poner huevos, parecía que las hembras cargaban a las crías dentro de ellas mismas. El dragón no estaba seguro de cómo saldrían los bebés, pero de que debían salir, debían salir. Ya después lo averiguaría. Astrid acarició la cabeza del Furia Nocturna y después caminó hacia su Nadder.

Torméntula se acurrucó cerca de su vikinga, feliz de tener algo de atención. Entre los cambios de humor, hambre, antojos y otros síntomas, Astrid no había tenido mucho tiempo que prestarle a su querido dragón. Ni Hipo a Chimuelo, sea la verdad dicha.

"¿Te molestaría que volara con Chimuelo un rato?"

"No, en absoluto. Creo que él te comerá si no lo haces" Astrid vio la impaciente expresión del Furia Nocturna y río "Te espero aquí"

"Bien"

Astrid tenía prohibido volar, cabalgar o hacer cualquier actividad considerada peligrosa. En esta última etapa debía cuidarse más a sí misma y al bebé. Además, de que su espalda adolorida no le permitiría mantenerse erguida por mucho tiempo sobre la espalda del Nadder.

Contempló a su esposo alzarse al cielo azul, perdiéndose entre las nubes. La mancha negra que ágilmente se movía a la distancia se volvió invisible.

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El Gran Salón tenía música de fondo y una mesa llena de comida deliciosamente preparada. Los invitados charlaban entre sí esperando la aparición de sus anfitriones. Este Fá Sonur sería inolvidable. Estoico llegó a primer ahora y supervisó desde la decoración hasta la cantidad de velas que colgaban del techo. Se le veía muy entusiasmado y la gente se contagió de su buen humor

Hipo y Astrid llegaron agarrados de la mano. La rubia vikinga mostraba con una sonrisa de curioso orgullo el abultado abdomen. Estaba nerviosa y algo temerosa de ser madre, pero sobre todo, muy feliz. Las demás mujeres se le acercaron y le fueron dando frutos, jugo, agua y un poco de vino*. La Anciana bendijo al matrimonio, oró por un bebé sano y… ¡Empezó la fiesta!

No era una parranda como las bodas, aniversarios, Snoggletog* o algo parecido. Era una fiesta completamente sana donde se festejaba el futuro nacimiento de un vikingo. Y no cualquier vikingo, un futuro Jefe de la tribu Berk.

"¿Y ya tienes nombres para el niño?" preguntó la madre de Astrid a su hija. La rubia estaba cómodamente sentada donde su espalda podía recargarse con facilidad. Bebía un poco de jugo de manzana cuando miró directamente a su madre.

"No" le respondió "Hipo y yo hemos pensando en algunos, pero no llegamos a muy buenas conclusiones…"

Por la mueca que hizo, Brutilda imaginaba una especie de discusión en la pareja. Se cruzó de brazos y sentó al lado de su amiga "¿Cuáles son los mejores candidatos?"

Se encogió de hombros.

"Erick, Egarto o Esteban… creo" sonrió para sí misma "Eso si es niño. Si sale niña, puede ser Valquira, Hilda o Valhallarama"

Valhallarama. La madre de Astrid se encogió un poco ante la mención de ese nombre. ¿cómo se sentiría su amiga al saber que sería abuela? Seguramente estaría tan emocionada, o hasta más, de lo que ya estaba Estoico. Cómo es la vida…

"Son lindos nombres" comentó Brutilda "¿No tienes miedo? Digo…. Yo… personalmente… no creo estar preparada para esto"

Brutilda jugueteaba con sus manos, como cuando estaba nerviosa (antes jalaba de sus trenzas, pero ahora todo su cabello estaba pulcramente acomodado en la base del cráneo, en una enorme cebolla, como buena señora casada que era) Astrid, más emocional que nunca en toda su vida gracias al embarazo, colocó una mano sobre el hombro de su amiga y le dedicó una sonrisa amigable.

"Sí" respondió "Pero soy una vikinga. Es un gaje del oficio"

Como buen miembro de la familia Haddock, esa frase ya se estaba haciendo tan suya como de su marido y suegro.

Hablando de esposos… Hipo estaba sentado en una mesa cercana, mirando de vez en cuando hacia Astrid y llevando una conversación con sus amigos. Hablar de vez en cuando con Patapez, Brutacio y Patán era realmente relajante.

"¿No te han matado aún las hormonas de Astrid?" preguntó su primo con tono burlón "Vaya que el humor le ha cambiado últimamente"

"Ni que lo digas" respondió "Pero es tolerable"

"No tengo idea de qué haría si supiera que Brutilda está embarazada"

"Yo festejaría porque al fin sería tío" repuso Brutacio "Ya te has tardado mucho amigo"

Hipo río.

"Estas cosas llevan su tiempo" intervino Patapez, que alzaba una mano como si dijera la mayor de las verdades "Ya verás que sucederá… pero al ritmo de la naturaleza"

"O al ritmo de Patán"

"Por cierto Hipo" dijo el más robusto de todos "¿No has pensando en qué va a ser? ¿Si niño o niña?"

"No" se cruzó de brazos "Y no me interesa en realidad"

"Todos esperan que sea un niño sano"

"Pues que lo esperen. Por mí que sea lo que los dioses quieran"

"Me gusta esa actitud, campeón. Espero oírte así siempre…"

Iba a responderle con otra broma cuando se escuchó una especie de gemido. Hipo volteó y vio a Astrid apretándose el vientre, con dolor. Brutilda estaba a su lado tratando de ayudarla y las mujeres se le acercaban de manera rápida. Guiado por la preocupación, Hipo también se puso de pie y fue hacia su esposa. Hacía muecas de dolor y se notaba preocupada.

"El… bebé…" comenzó a gemir.

La anciana se hizo de un hueco, colocó una mano sobre la chica y después otra sobre su vientre.

"Llegó el momento"

El aire se escapó de los pulmones y un vértigo la jaló bruscamente hacia el suelo. Astrid se había preparado mentalmente para este momento, pero los nervios pudieron más y los miedos controlaron su cuerpo entero. No sabía qué hacer. Menos cómo. Y la espantosa sensación de que algo podría salir mal atormentaba su alma.

Hipo se inclinó a su lado.

"¿Estás bien? ¿Qué hago?"

"Va a nacer…" susurró. Después, casi gritó "¡Ya va a nacer!"

Y el mundo se puso patas arriba.

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¿Qué iba a nacer? ¡Por los dioses, el bebé nacería! Una cosa es asimilar el embarazo y llevar las etapas con calma. Otra, tener a tu esposa postrada en la cama, gritando a veces, con la incertidumbre de no saber qué demonios pasaba y pensando que de un segundo al otro, ya serías padre.

¿O no había sido padre en todo ese tiempo?

Hipo estaba realmente confundido, sin saber qué hacer. Apenas fue consciente de cuando se llevaron a Astrid asustada y adolorida hacia la choza de los sanadores, donde la anciana, su madre y otras mujeres estaban más que listas para cumplir con su tarea. El Fá Sonur ahora sería un Gerói Sonur* (la fiesta donde se bautizaba al niño o niña recién nacido, presentándolo al pueblo y se festejaba su nacimiento).

La choza de los sanadores era grande y con varios cuartos. En la salita de estar estaba él con Estoico y el padre de Astrid. Está de más decir que el ambiente era muy tenso. Para aligerarlo Hipo metió a Chimuelo, el dragón dormitaba y se entretenía cerca de la chimenea, consolando a su jinete. Rodeando la casita, afuera, estaban muchos si no es que todos los habitantes del pueblo, esperando noticias.

En determinado momento la puerta se abrió e Hipo se puso rápidamente de pie. Salió una de las curanderas con semblante preocupado.

"Es su primer hijo" les dijo "Y el parto se ha alargado. No desesperen, pero tardará varias horas más"

"¿Pero todo saldrá bien? ¿Verdad?"

La mujer vio la angustia en los ojos del joven y le dedicó una sonrisa de piedad "Sí, lo estará"

Hipo supo que mentía.

Se metió de nuevo a la alcoba y en ese momento Astrid gritó con fuerza. Ella era una guerrera completamente entrenada ¿Qué dolor estaría sufriendo para gritar de esa manera? Ya muchas veces Estoico detuvo a su hijo para que no entrara. En un nacimiento no podía haber hombres, esos labores eran únicos de mujeres y su presencia podría traer malos espíritus.

Pero la angustia seguía ahí. E Hipo de verdad quería entrar. Quería ayudar y estar al lado de su esposa. No quedarse ahí escuchando y esperando.

La espera era desesperante. De verdad que sí.

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Bien, le habían dicho que se sentía dolor. Pero no TANTO dolor.

Era algo espantoso. El vientre se le contraía y era como si algo en su interior fuera apretado, pero tan dolorosa sensación, empujaban sus huesos y sus músculos eran desgarrados. Sentía calambres en las piernas, por más que quería bajarlas no la dejaban. Debía tenerlas lo más abiertas posibles para que saliera el bebé.

Su hijo. Lo había estado sintiendo tan inquieto últimamente, removiéndose varias veces como si estuviera desesperado. Ella misma apenas escuchaba las voces de las mujeres a su alrededor.

"Todo va bien hija" le decía su madre "Ya pasará"

La cama era incómoda. Apretaba tanto las sábanas que no se sorprendería su las terminaba rompiendo. Una curandera joven, piadosa, se le acercó y agarró su mano. Soportaba sus fortísimos apretones susurrándole palabras reconfortantes y tarareando algunas nanas para calmarla. Astrid se sintió agradecida, debería recompensarla algún día.

Si es que sobrevivía…

Quizá estaba exagerando. En esos meses había estado tomando todas las situaciones como si fuera el fin del mundo y esta en particular estaba sacándola de sus casillas. Le pareció una prueba difícil, pero habría de superarla. Pero dolía mucho, demasiado. Las contracciones comenzaban a ser cada vez más frecuentes, y a veces no podía evitar que un grito saliera de su garganta.

Sobre todo, tenía mucho miedo. Por que no sabía realmente lo que estaba pasando, lo que esas mujeres hacían ¿Su hijo estaría bien? ¿Porqué ya no podía sentir que se movía en su interior? ¿Estaba haciendo algo mal?

"¡Ya viene Astrid!" gritaron de repente.

Ella solamente le suplicaba a Fyrya y todas las diosas del Valhalla que su hijo naciera bien y sano. Bruscamente se sentó y, apretando las sábanas, sintió la contracción más fuerte de todas. Le ordenaban que pujara, y ella de verdad que trataba, pero el mínimo esfuerzo le causaba calambres espantosos. Al final, usó todas sus fuerzas y un grito agudo.

Se desplomó en la cama, repentinamente liberada de los dolores palpitantes. Un llanto extraño y agudo resonó en la sala. Era una voz completamente nueva, que nunca antes había escuchado. El corazón de Astrid dio un salto y como pudo, extendió sus brazos. De repente su cuerpo pesaba toneladas enteras y moverse le costaba un cansancio grande.

"Quiero verlo…" susurró, voz cansina.

Se percató entonces de que estaba completamente cubierta de dolor. Su madre sonreía con orgullo y sostenía en sus brazos un montón de sábanas blancas, gruesas, cubriendo un bulto rosado. Se inclinó a su lado y besó su frente, un gran gesto de amor maternal.

"Míralo tesoro" le tendió al bebé "¿No es un gran milagro?"

Astrid cogió al bebé en sus brazos, de repente con la fuerza suficiente para estrecharlo contra su pecho. Tenía la cabecita cubierta de mechones castaños y la carita algo arrugada. Los ojos cerrados, mordiéndose un poco el dedo pulgar. Estaba completamente hecho bolita en las mantas, como si tuviera frío. Apenas sintió el calor de su madre, el bebé dejó de llorar y se acurrucó descansando. Había sido, después de todo, algo muy difícil también para él.

Para Astrid no podía haber nada más bello que el bebé. De repente, no le importó nada. Si era niño o niña, sano o enfermo, listo o tonto, buen o mal guerrero. Ese bebito que sostenía en sus brazos hacía que su corazón latiera a mil por hora, completamente feliz y enamorado. Era un amor tan intenso, tan profundo, tan diferente del que sentía por su familia o por su esposo. De repente se sentía comprender a su madre y a todas las demás madres de Berk.

La puerta se abrió. Ensimismada contemplando a su hijo (¡Cómo amaba de repente esa palabra!) alzó su mirada. Hipo tenía los ojos completamente abiertos y parecía inseguro de cómo actuar. Dio pasos cortos, concisos, hacia ella. Se inclinó en la cama, a su lado y se asomó para ver al bebé.

Extendió una mano hacia él, temiendo si debía o no tocarlo. ¡Era una cosa tan pequeña! Increíblemente delicado ¿Y si lo lastimaba? ¿Terminaba rompiéndolo? Astrid inmediatamente le tendió al nene y un inseguro Hipo lo cogió, temeroso, al sentir su pequeño cuerpecito en sus brazos.

Pero teniéndolo así, cargado, con el nene acurrucándose en su pecho, fue una sensación más placentera que ninguna otra. Un amor infinito lo embargó hacia ese bebé y supo entonces que ahora, haría cualquier cosa con tal de que no sufriera nada en absoluto. Lo meció delicadamente. Astrid sonrió con orgullo maternal, al ver en los verdes ojos de su marido ese cariño inmenso hacia el recién nacido.

"Es un niño" dijo entonces la curandera "Completamente sano".

Y la gratitud hacia los dioses fue inmensa. Más de lo que ya había sido antes. Además de que eran padres, su hijo estaba sano, vivo. Y ellos ya se encargarían de enseñarle cuanto necesitara para poder vivir.

Bajo un gesto, Estoico pudo pasar y también el señor Hofferson. Los dos hombres se conmovieron cuando vieron a sus respectivos hijos sentados en la cama, con manos entrelazadas, y centrados por completo en el bebé. Su nieto. No los interrumpieron, ya después podrían hacer preguntas y lanzar bendiciones. Les dejaron ese momento de privacidad a ellos.

Un grito de júbilo se escuchó por todo el pueblo. Había nacido un varón completamente sano.


*Fá Sonur: Islandés, literalmente "Llega un hijo" (no se nada de islandés, así que perdónenme los que saben si es que la conjugación es mala) equivalente al Baby Shower.

*Vino. Era la edad media, dudo mucho que supieran que el vino tiene cantidades de alcohol que repercuten al bebé.

*Snoggletog: quienes no hayan visto el corto "El Regalo de Furia Nocturna" (que pueden encontrar en YouTube y mucho se los recomiendo) es una fiesta vikinga inventada por DreamWorks que alude a la Navidad moderna.

*Gerói Sonur: Literalmente "Llegó un hijo" (notarán que el cambio de la conjugación es lo que diferencia la fiesta) como dice el capítulo, lo equivalente al bautismo.

¿Les gustó? ¿Fue muy largo, mediocre, malo, bueno, tierno, bobo? ¡Díganme para poder mejorar! :) Espero que me dejen muuchos comentarios xD

NOTICIA:

Quienes no me conozcan y este sea el primer fic mío que lean, quiero decirles que tengo otros fics que mucho les agradeceré si leen. La primera parte de ¡VIDA MARITAL! llamado:

¡BODA!: Narra las vivencias de Hipo y Astrid antes de casarse.

Cuestión de Costumbre: Un one shot donde vemos a Hipo adaptándose a su nueva vida.

A SEPTEMBER NIGHT: La historia de Estoico antes de la película.

¡Pasen y dejen muchos comentarios! =D