Francia llega al restaurante una buena media hora tarde, vestido formalmente con traje y corbata. Inglaterra está tomando ginebra en la barra, auto compadeciéndose.
El francés se despide de Prusia en el coche (y España, si es que le acompañó), entrando al restaurante y no tardándose prácticamente nada en encontrarle. Se estira la corbata y sonríe de lado acercándose a él sigilosamente y soplándole en el oído, poniéndole las manos en la cintura. El menor pega un salto y le tira la ginebra en la cara del susto.
—Merde... —protesta quedándose paralizado, sin esperárselo.
—Shite! ¡Mi ginebra!
—¿Tu ginebra? ¡Mi camisa! —le empuja echándosele encima para tomar una servilleta
—¡Que le den a tu camisa de mierda! ¡Apenas si había bebido nada! ¡Vas a invitarme a otra!
—¿Yo? ¡Tú vas a comprarme una camisa! ¡Mira!
Le mira, toma el vaso y le tira las últimas gotas sobre la cabeza y el pelo... pensando por un momento en lamérsela de encima y se sonroja.
—Agh! Angleterre! —protesta acercándose a él y embarrándosele.
El inglés se le separa sonrojándose más y le pide al camarero una cerveza... y la mesa.
—Jum! —protesta el francés girándose al baño para limpiarse la camisa, volviendo para cuando Inglaterra ya tiene mesa y una y media cerveza menos, riñéndose a sí mismo por pensar en lamerle cosas de ningún sitio.
Cuando Francia pasa al lado de la mesa para sentarse le da un golpe a la media cerveza que le queda para tirársela encima.
—What the...! —protesta levantando la copa de nuevo demasiado tarde. Francia se ríe sentándosele enfrente y cerrándole un ojo.
—Ojo por ojo...
—Ya me debes una ginebra y una cerveza, git!
—Pues anda, pide tu cerveza y tu ginebra... y un buen vino para mí —llama al mesero sonriendo.
—Vodka, voy a pedir para la comida.
—¿Vodka? Anda que si estarás raro el día de hoy —Francia hace los ojos en blanco —, y propenso a mezclar cosas, luego no me extraña que termines borracho.
El británico pone los ojos en blanco.
—Yo no me emborracho.
—Solo varías los niveles de alcohol en tu sangre: de altos a altísimos —se ríe mirándole a los ojos y sonriendo de lado.
Inglaterra le mira a los ojos y se sonroja un poquito porque maldita sea lo guapo que se ve sonriendo y no debería gustarle ni parecerle NADA.
El francés parpadea lentamente haciendo una caída de ojos, sabiendo el efecto que está causando y sintiéndose bien con ello. Inclina un poco la cabeza para mejorar el efecto y se acaricia el colmillo con la lengua un instante antes de hablar.
—¿Cómo has estado?
—Mal —responde girando la cara, porque lo que quería de vuelta era una sonrisa sincera, no... eso, que lo hace verse muy bien, pero no es lo mismo. Y sabe que no es tan fácil conseguirla.
—Anda pero qué dramático... ¿y eso?
—¿Te he hablado de cierto suceso dramático reciente? —pregunta sarcástico cuando el camarero se acerca a ver qué van a tomar.
—Y no me has explicado cómo es que sigues aquí conmigo en vez de ir a llorarle como magdalena.
—¡Te he dicho que me iría un millón de veces y no me dejas en paz! —responde después de pedir las bebidas, el francés levanta una ceja.
—A ver... vamos a suponer que se muriera alguien cercano a mí. Pongamos que te murieras tú —si alguien es capaz de comprender el porqué de ESE ejemplo de Francia... se lleva un premio.
El británico parpadea unas cuantas veces y se sonroja de nuevo, mirándole de frente. Francia carraspea suavemente y sonríe de lado, él mismo sin saber por qué ha dicho ese ejemplo.
—Además de hacer fiesta por haberme librado de tus horrendas cejas y chalecos de rombos, siendo objetivos... —inclina un poco la cabeza—. No creo que pudiera irme a comer con... Prusse y sentarme tan tranquilo a contarle nuestra historia.
Inglaterra sigue mirándole aun con el corazón acelerado y sin responder porque ha usado ESE ejemplo. Francia se pasa el dedo gordo lentamente por la mandíbula mirándole fijamente y pensando por un momento en ello, frunciendo el ceño solo con la idea. Se humedece los labios.
—Claro que tú no eres un mortal —agrega enigmáticamente desviando un poco la mirada hacia el mesero.
Traga saliva y casi no se mueve.
Los ojos azules se giran a mirarle otra vez, tan intensamente que Inglaterra debe poder sentir que le traspasan. Se sonroja aún más y cierra la boca, casi sin ni poder aguantarle la mirada, pero sin poder apartarla, sintiéndose hacerse pequeñito.
—Si has perdido algo o a alguien —concluye—. Y sí estás triste... y por una vez no sé por qué.
Y... ese era el problema (o no) de su relación. Si bien no estaban realmente juntos... nunca, tampoco se podía decir que estuvieran del todo separados. Era una relación tremendamente complicada, un poco de amigos, otro mucho de amantes, pero siempre, SIEMPRE era una relación absorbente, en la que cada movimiento era cuidadoso e incluso un poco obsesivamente seguido por el otro.
Es al fin que Inglaterra gira la cara y frunce de nuevo el ceño.
Y esta era la parte más extraña de todas... ¿sería de verdad que Inglaterra podía tener toda una relación de amor con alguien más? ¿Y sin que él se hubiera dado cuenta siquiera! ¿Y por qué razón le incomodaba tanto que así fuera..? Quizás tenía que ver con que él se sentía con derecho de saberlo todo de las relaciones del inglés, porque siempre lo había sabido (y a decir verdad... porque nunca había tenido muchas más "relaciones" más que con él mismo). Se revuelve al ver que gira la cara.
—Seguramente estarías demasiado borracho de la fiesta para ir a comer con nadie —se obliga a responder. Francia sonríe un poco e inclina la cabeza.
—Claro, claro... Porque todos los días uno pierde a su peor enemigo...
—¿Qué me estás queriendo decir con esto, France?
Le mira a los ojos fijamente y parpadea otra vez lentamente. El menor se la sostiene con el ceño fruncido.
—Que no puedo creer que tuvieras una pareja y yo no lo supiera... Ni siquiera después de ayer. Si la tuviste, que insisto en no creerlo —aunque SI podía ver el dolor en sus ojos y eso le confundía—, no PUEDO CREER que seas lo bastante frío como para estar sentado ahí, entero... Algo no he hecho bien en todos estos años.
—¿Algo no has hecho bien... tú? ¿Qué demonios tiene que ver esto contigo? —pregunta lo único que parece no tener una explicación.
Le mira un instante y se sonroja por primera vez en mucho tiempo con el inglés pensando qué tan egocéntrica es decirle que ÉL es y siempre ha sido el DUEÑO ABSOLUTO del corazón de Inglaterra. Si Inglaterra tiene un defecto en el corazón, tiene que ser su culpa. Se revuelve.
—¿Acaso no has leído mi libro? Uno tiene que involucrarse con la gente que ama —opta por decir.
—¿Y crees que no estoy involucrado solo porque no estoy haciendo lo que tú esperarías? —pregunta agresivo y furioso, porque eso sí que no consiente que se lo diga—. ¿No tienes bloody idea de nada y te atreves a juzgarme?
—¡Es que no sé por qué no tengo ni puta idea de nada! —replica en lo que más le agobia de todo, en realidad. Le aterra esa falta de control sobre cada cosa que hace el inglés con su corazón.
—Será porque soy lo bastante discreto y no necesito esparcirlo todo a los cuatro vientos. Y de todos modos no es que sea ni fuera de tu incumbencia, así que ya es mucho que te hayas enterado ahora.
Francia se cruza de brazos completamente frustrado.
—¡Bueno pues... Cuéntame! —pide intentando sonar agresivo.
Inglaterra le mira unos instantes... y se sonroja, porque esto es difícil. Les traen las bebidas y Francia lo agradece enormemente dando un sorbito a su vino para aprobarlo.
—Es... Es más fácil si te lo cuento como si fuera un libro —susurra sin mirarle, tras tomar un poco más de cerveza.
—Una historia. Bien —sonríe de lado una sonrisa rara al darse cuenta de que seguramente esta sería la primera historia que le cuenta Inglaterra en la que él no fuera uno de los protagonistas... La idea le oprime un poco el corazón aunque lucha contra ello diciéndose a sí mismo que no era importante... Que quizás simplemente las cosas estaban cambiando y él no lo había notado.
Inglaterra traga saliva y asiente de nuevo, sin mirarle. Pensando en cómo empezar realmente algo tan complicado... y contárselo a él precisamente. Se revuelve y se muerde un poco la uña del dedo pequeño, pensando, nervioso porque sí SÍ quiere que lo sepa, quiere que lo sepa todo y que esté de vuelta, pero es tan sumamente ridículo que se dé cuenta.
—E-empieza con... con una pareja —decide y tras tomar aire le mira otra vez. Por un instante Francia se siente completamente solo en el mundo habiendo perdido al último que parecía haberle acompañado hasta aquí, la sensación le asfixia un poco, aunque hace un esfuerzo por reagruparse y sonreír agradeciendo que Inglaterra empiece ya.
—Es... Los vamos a llamar Hans... y Frida —piensa en él y Estados Unidos, tratando que esto no se entienda demasiado—. Se caen bien y son amigos cercanos y... tras algunos complicados eventos, en una fiesta, empiezan a ser... más cercanos.
—Frida —repite poniéndose igual en el papel de ella y al inglés en el de Hans, sin notarlo.
—Hans es diplomático, pero Frida es una persona peligrosa e influyente, una gran mujer de negocios que tiene tratos complicados con la mafia —explica y se sonroja un poco sin mirar—. Conectan de una manera especial, muy dulce, él es un poco gruñón y ella un poco infantil, pero se complementan él uno al otro —se le quiebra la voz porque también ha perdido a América en ese aspecto y aunque le hacía más mal que bien, le quería igual.
Francia se revuelve un poco porque nota claramente que no cabe en esa descripción y decide simplemente soltarlo y escucharle. Le toca el pie con el suyo por debajo de la mesa.
—Él... —vacila porque sabe que Francia SABE que está hablando de sí mismo y eso es complicado como pocas cosas. Aprieta los ojos cuando le toca con el pie, completamente incómodo—. Él ha tenido otras relaciones en el pasado y ninguna ha funcionado bien. Siempre han sido un desastre como si él no fuera suficiente —se tapa la cara porque eso es algo que siempre le ha incomodado mucho y es obvio y ABIERTO que habla de Francia ahora—. Pero ella es diferente, es de verdad dulce y no tiene ninguna necesidad de irse con nadie más, parece quererle de verdad solo a él por primera vez en la vida —explica, aunque luego piensa en el asunto de Rusia y vuelve a sentirse terrible mal con ello.
Francia abre la boca cuando SI aparece en su historia... y aparece ASÍ. Siente una punzadita en el corazón porque no es para nada sencillo para el tampoco escuchar a Inglaterra hablar de por qué no funcionaban juntos... Y lo hermoso que era tener a alguien más con quien si funcionaba. Y lo peor es que sólo había tardado unos segundos en conseguir exponerle y hacerle SENTIR. Odiaba sentir. (Sorprendentemente Francia extraña un poco a su padre ahora)
Inglaterra solloza un poquito con la cara en las manos y les vienen a pedir a ver si ya saben que van a tomar para comer. Francia le mira algo desconsolado sin saber qué hacer, queriendo abrazarle y decirle que todo estará bien. Parpadea un poco al ver al mesero ahí y sin haber mirado demasiado el menú, se decide.
—Steak tartare.
—¿Eh? —parpadea descolocado sacando la cabeza y cuando ve al mesero también, carraspea intentando recomponerse—. Lo que sea, yes, para mí también...
El mesero asiente yéndose y Francia se cruza de brazos, haciendo un verdadero sobre esfuerzo por no ir a TOCARLE. Inglaterra se pasa una mano por el pelo un segundo, pensando... y se levanta, sin decir nada, acercándose al mesero para pedir otra cosa.
Francia levanta las cejas y le mira hacer. Tras ello vuelve a sentarse, suspirando.
—¿Qué ha sido eso?
—¿Qué ha sido qué?
—Esa necesidad de hablar con el mesero.
—He ido a pedir otro plato.
—¿Qué pediste?
—A... —se queda sin aliento antes de decirlo al pensar bien lo que ha hecho.
—A...
—Creo que voy a anularlo, mejor —se pone de pie otra vez
—¿Por? Venga, ya lo has pedido
—No, he cambiado de idea.
—Dieu, deja de hacer un baile con los platos. Lo que sea que hayas pedido lo comeremos entre los dos y así si te lo acabas.
—¡No! —se sonroja y Francia levanta las cejas.
—¿Por?
—Porque no voy a compartirlas... no voy a comérmelas. Y tú tampoco.
—¿ComerLAS?
—Patatas fritas—se inventa.
—Todo este drama por patatas fritas
—No es un drama, ¡solo he pensado que al final no las quiero!
Francia suspira.
—Sonrojándote en el medio.
Se sonroja de nuevo y traen las ancas de rana que ha pedido para su mala suerte... así que vuelve a sentarse todo enfurruñado, refunfuñando que él no se ha sonrojado. Francia levanta las cejas y se ríe.
—Pediste frog legs —hace hincapié en el "frog"
Se sonroja más sin contestar. Francia estira la mano y toma una. El menor le mira hacer de reojito. El francés sonríe humedeciéndose los labios y dándole una suave mordida. Inglaterra abre la boca mirándole incrédulo. Así que si, es casi un beso al anca de rana, cerrando los ojos y haciéndolo todo lo sensual posible. Hasta que Inglaterra se tapa la cara y se hace bolita en la silla para no mirarle decidiendo que él NO va a comer ni una sola.
Francia se ríe.
—¿De qué te ríes? —pregunta en protesta con la cara aun tapada.
—De tus caras.
—Git!
Se ríe un poco más y le cierra un ojo. Vuelve a taparse la cara.
—¿Vas a contarme o no?
Niega con la cabeza.
—Quoi?
—Eres un idiota, te he dicho que no te las comieras.
—Pues se me han antojado. Están bastante buenas, deberías probarlas.
—¡Desde luego que no me voy a meter eso en la boca ni muerto!
—Ayer te metiste otras partes de Frog a la boca y no pareció importarte demasiado.
—¡No es verdad!
—Sí que es verdad e insisto que no te quejabas tanto.
—Shut up!
—Me callo si me cuentas.
—Vale, vale... te lo cuento, te lo cuento.
—Merci.
Se humedece los labios y carraspea intentando ponerse en posición de contarlo.
—Es fiesta... esa misma en la que empezaron, fue en casa de Hans y fue un poco complicada.
Francia le mira intensamente mordisqueando un poco más su anca.
—Hubo mucha gente ahí y... otra chica, llamada... Jeanne —se inventa pensando en Jeanne d'Arc, sin mirarle—. Se... cayó por las escaleras después de haber bebido un poco —decide cambiar un poco la historia en vez de decir que se tiró a Rusia y le rompió la cadera.
—Jeanne...
—Yes... —se humedece los labios y se sonroja un poco.
—Otra chica...
—Yes. Aunque no lo creas, esta es una historia de un triángulo.
—Un... quoi?—levanta las cejas incrédulo.
—Un triángulo... un triángulo amoroso —está súper sonrojado sin ser capaz de sostenerle la mirada.
—¿Me estás diciendo que... me estás diciendo que no solo tuviste un lío con UNO, sino con DOS?
—¡ES UN LIBRO!
—¡Pero es que!—protesta el francés.
—¿Es que qué?
—¡Pues cómo vas a decirme que son dos y quedarte así tan ancho!
—¡No es tan ancho!
—¡Sí que lo es! Si hace... ¿cuándo fue la última vez que nos acostamos antes de ESTA vez? —pregunta mirándole a los ojos.
Se sonroja.
—Es una pregunta seria.
—¡¿Pues si tú no te acuerdas porque voy a acordarme yo!?
—¡Sí que me acuerdo incluso donde fue, idiota, solo estoy diciendo que esto no pudo haber pasado en dos meses!
—Eso es lo que tú dices —aprieta los ojos.
Gruñe un poco echándose atrás para que le pongan la tártara enfrente, mirándole fijamente aún.
—Bueno, venga... un triángulo.
Inglaterra se revuelve un poco porque además nunca dijo que fuera a tener una relación con ella hasta que nombró el triángulo. Francia le mira esperando que siga.
—Ella se... rompió la cadera y se quedó en casa de Hans, ya que no podía viajar, pero en cuanto empezó a estar más fuerte...
—Hans y Frida no vivían juntos...
Niega con la cabeza.
—Frida tuvo que volver a su casa, además.
—Así que Hans se quedó con... Jeanne. Que peligro.
Se pasa una mano por el pelo y se sonroja.
—¿Por qué crees que lo era?
—Seguro terminan acostándose.
Se le abre la boca como un pez. Francia se encoge de hombros y sonríe un poquito.
—Es lo que yo haría.
—¡PERO NO HABLO DE TI!
—Bueno, pues solo estoy extrapolando...
—¡Pues no lo hagas!
—¿Por qué?
—¡Por que no tiene nada que ver contigo!
Hace los ojos en blanco.
—Eso es culpa tuya y no mía —declara.
—What?
Se encoge de hombros.
—¿Me dirás que no pasó?
—¿¡Qué significa que es mi culpa!?
—Significa que eres un idiota, eso significa —le reclama enfadándose de repente.
—¿Un idiota por qué? —frunce el ceño también.
—Porque haces cosas completamente idiotas, como esta —se cruza de brazos—, ¿vas a acabarme de contar o qué?
—¡No hasta que me explique de qué demonios hablas!
—¿Qué es lo que te tengo que explicar?
—Lo que estás diciendo, ¡me llamas idiota por algo que tú mismo haces!
—No es del todo verdad... nos acostamos ayer y no fue gracias a ti.
—Pues claro que no, ¡yo tenía otra persona en mente!
Abre la boca y se CONGELA con esta declaración.
—Y aun así, ¿qué es lo que esperas si no? ¿Que muera esperando por ti a que a ti te apetezca a venir por mí? ¡Ni siquiera me gustas! No soy el más rápido ni el más hábil con las relaciones, pero eso no significa que no sepa lo que quiero.
Se levanta de la silla de golpe.
—Baño.
—Huye, por supuesto —hace un gesto de que le importa bien poco, enfadado, comiéndose con rabia una de las ancas.
Se gira a mirarle con el ceño fruncido.
—Esta fue la ÚLTIMA vez que nos acostamos— sisea mucho mucho más pasional de lo que quisiera.
—¿Esa es una amenaza o una promesa?
Se da la media vuelta huyendo, sí, HUYENDO, porque Inglaterra tampoco reacciona como esperaría, pero es que no puede, NO PUEDE escuchar que el inglés pensaba en alguien más mientras se acostaba con él. La idea le rebasa del todo.
Inglaterra le mira marcharse, enfadado y con el corazón desbocado, piensa por un momento en levantarse y marcharse, porque cada cosa que le cuenta y Francia no recuerda le desgarra el alma.
Francia se mete a uno de los WCs privados, cierra la puerta y se lleva las manos a la cara tratando de calmarse. No había sentido que Inglaterra no estuviera con ÉL durante el sexo. No había sentido la mitad de las cosas que debía sentir y ahora mismo sentía demasiadas más cosas de las que debía.
Tenía que... tenía que ser una broma, Inglaterra iba de farol y se lo decía nada más por joderle... ¿verdad? Y por qué habría de importarle que se lo dijera o no se lo dijera así. ¿Qué coño le pasaba a ÉL?
Se tranquiliza, meando, ya que está en esas, pensando que esto... es una maldita historia, quizás una para llamar su atención e Inglaterra se estaba saliendo con la suya. Solo tenía que oírla, no intervenir en ella demasiado y descubrir el truco. Eso era.
Inglaterra decide quedarse de todos modos, quería que supiera todo eso, ¿no? No. Lo quería de vuelta, no quería que solo supiera todo eso y acabara burlándose de él y de algo importante.
Francia vuelve del baño más recompuesto tratando de usar su mejor sonrisilla
Se sienta con cometa pompa frente a él, como si no hubiera pasado nada y toma su copa de la mesa.
—Bueno, ¿en que estábamos?
—En que me la tiré. Durante cinco días. Enteros y sin parar. Una y otra y otra vez, por toda la casa, lentamente, apasionadamente, salvajemente, amorosamente... de todas las formas que quisimos, pudimos y supimos, hasta hacer gritar todo el vello de nuestro cuerpo de placer —describe lo mejor que puede, haciendo un sobre esfuerzo, sonrojado como pocas veces.
Francia se humedece los labios escuchándolo sin mirarle y sonriendo un poco.
—Uff... Eso suena genial. Cinco días seguidos de sexo —comenta como si estuvieran hablando del clima—. ¿Y qué tal fue?
Inglaterra le sostiene la mirada un poco sonrojado, habiendo decidido saltarse toda la otra historia sobre qué tan culpable se sintió realmente después de acostarse con él mientras estaba con América y como desde entonces "Padam Padam" le daba escalofríos en la espalda, de como se hizo amigo de Suiza en realidad.
—Lo lamenté, pero no me arrepiento —resume.
—¿Quieres a Frida?
Traga saliva y aparta la cara.
—Y-Yes... —susurra muy muy bajo.
—Lo siento por Jeanne...
—¿Eh?
—¿En quién estabas pensando anoche? ¿En Frida o en Jeanne? —pregunta como si NADA de esto le importara personalmente.
—De todo lo que te he contado... ¿eso es lo que te preocupa? ¿En quién pensaba en vez de en ti? Pides que quieres saber la historia, ¿estás preocupado acaso por algo que no seas tú?
Suspira.
—Solo intento saber a cuál de las dos es a la que quieres. Y estábamos todos más cómodos con esta historia contada como un libro, por cierto, no necesito imaginarte a ti haciendo guardadas.
—Vete a la mierda, France, estaba pensando en America —suelta sin escucharse, del mismo enfado, poniéndose de pie.
El galo siente otra punzada en el corazón sin poder evitarlo, porque eso suena mucho, MUCHO más plausible.
—Ni te levantes que aun tienes que pagar la cuenta —le hace un gesto con la mano para que se siente.
—No voy a pagar una mierda, igual no debes dos bebidas y ya he tenido suficiente de esto —como siempre, se levanta, pero no se va.
—¡Es una historia inventada con Amerique! Y me la estas contando para que no te presione con Amerique! —hace aspavientos—. ¡Es estúpido hasta para ti!
—¡No es una historia inventada! —chilla.
Francia aprieta los ojos porque es que le da un montón de curiosidad entender qué demonios pasa con Inglaterra, que está súper frustrado con todo esto, aunque sabe que no es culpa de Francia que no lo sepa ni le entienda.
—Siéntate y cálmate, ¿vale? Si quiero escucharlo solo que no es tan fácil como crees —pide.
—Oh, ¿te resulta difícil escuchar? Vaya, pobrecito de ti —suelta sarcástico—. No tienes ni idea de lo que significa hablar de todo esto acabando de haber perdido a esa personas... porque tú no tienes ni idea de lo que significa perder a alguien, así de desgraciado eres.
Francia sonríe de lado.
—Exactamente, nunca he perdido a nadie, la gente se queda constantemente conmigo —responde con el mismo sarcasmo no queriendo meterse en esta discusión en concreto.
—Y nunca te ha importado alguien lo suficiente.
—¿De eso se trata esto? ¿De restregarme eso que crees una vez más?
—No, a mí me da igual si así es, pero me jode que me juzgues a mí.
—Es que tú no eres así.
—Porque tú lo digas.
—No, porque te conozco. Tú eres bueno en ello, no como yo, tú respetas.
Se sonroja, callándose.
—Y por ello mereces algo mejor.
—Y si crees que no lo haces bien, que deberías respetar a la gente, ¿porque no lo haces?
—Estamos hablando de ti —sonríe sintiéndose demasiado cerca del fuego como para no quemarse.
—No, yo me estoy marchando.
—No te vayas —le pide tomándole del brazo.
—¡Como no me voy a ir si no me tomas en serio y no se puede hablar contigo!
—Mon dieu, Angleterre! ¡Nadie a quien le cuentes esta historia te va a tomar más en serio de lo que te estoy tomando yo! Pero no sé cómo esperas que me la tome.
Pone los ojos en blanco.
—Solo quieres que me siente aquí, estoico, a escuchar sin decir nada.
—Ni siquiera estoy seguro de querer contarte.
—Hombre, no soy tan malo escuchando tus historias...
—Es... importante, es más importante que mis historias para ti.
—Es que con ese pensamiento no vamos a llegar a ningún sitio.
—Why not?
—Porque no dejas de acusarme de que nada me importa, cual si no llevaras oyéndome la última hora —se sonroja un poco—. ¿Sabes? Tampoco voy a rogarte, si no quieres hablar conmigo no hables conmigo.
Traga saliva y se humedece los labios.
—¡Es que es difícil hablar de esto cuando acaba de morir!
—No puedo siquiera imaginar lo difícil que debe ser...
—¿E-Entonces? —pregunta un poco vulnerable.
—Aun así sé que tú sueles guardarte este tipo de cosas, solo para ti... Y eso no es sano ni está bien —asegura con voz mucho más dulce de lo que suele usar con él—. Además, ¿qué vas a hacer ahora? ¿Irte a encerrar a casa en solitario a hacerte bolita en tu cama y a que tenga que irte a sacar de ahí yo en un mes después de no verte? Quizás no soy el escucha que quisieras, ni me porto como quisieras, pero a mí me interesa, de verdad, tu historia.
—L-le prometí que... que iríamos...
Inclina la cabeza.
—Fue muy intenso y lo pasamos muy mal. Frida era una persona peligrosa e influyente y Jeanne nada más era una artista. Le prometí que iríamos de vacaciones a navegar por el Mediterráneo cuando todo se calmara un poco —suelta de repente sin pensar en lo que dice, llevado por esa forma de exponer los hechos sobre Francia yendo por él a su casa al cabo de un mes.
—¿A... Jeanne?
Asiente y desvía la mirada.
—Tal vez eso sea lo que haga, tal vez sea mejor como homenaje a su recuerdo.
Le sonríe un poco de lado.
—Irte solo a emborrachar al mar... ¿Dónde he oído eso antes? —bromea.
—¡No es eso! —protesta. Se ríe un poco mirándole con intensidad y unos ojos...— Ven tú también si no me crees. Y te contaré la historia entera.
Francia inclina la cabeza y sonríe un poco.
—Un barco... En el Mediterráneo. Tengo que ver mi agenda, ¿cuándo dices que es?
—No lo sé, ni siquiera lo he planeado todavía, ¡se me acaba de ocurrir!
—Pues tienes que decirme una fecha.
—Pues... el viernes que viene.
Sonríe un poco más.
—Bueno, el viernes. Voy a intentarlo... —le cierra un ojo y se levanta.
Pone los ojos en blanco y le mira, porque él ya está de pie.
—No pienso pagar esto.
—Vamos a tener que correr bastante rápido entonces —da un pasito hacia el hasta pararse en la misma baldosita.
Inglaterra le mira unos instantes... y luego sale corriendo hacia fuera. Francia abre los ojos como platos, se ríe, un poco y sale corriendo tras él.
—¡Eh! ¡EEEH! —alguien grita tras ellos, desde luego, persiguiéndolos. Francia no se detiene tratando de alcanzar a Inglaterra a toda velocidad. Así que si se escapan sin pagar, ¡Francia! ¡Podrías haber pagado tú por una vez! Sí que podría pero esto es más divertido, quizás mande pagar más tarde.
No olvides agradecer a Kaarla su edición.
