CAPÍTULO 3:

PREGUNTAS, RESPUESTAS Y MÁS DESAPARICIONES

Bulma despertó. No sabía en que momento se había dormido. Recordó lo que había pasado ese día, y una lágrima traicionera cruzó su rostro.

Se acordó de trunks; ya había pasado bastante tiempo desde que se fue de la capsule corp., y ya se habría desahogado bastante, decidió ir a por él. Se levantó de la cama torpemente, no tenía energías para moverse. Se puso frente al espejo, y observó como habían pasado los años, y como le habían afectado. Porque a Bulma Briefs, la bella aventurera, también se le notaban el trascurso de los años; ahora era casi una cuarentona, y aunque pareciera más joven, seguía habiendo diferencias entre ella y la joven veintiañera feliz de vivir. Suspiró, había caído muy bajo...

Salió a la calle, la cámara de gravedad estaba apagada, pero no le importó, seguramente se habría vuelto a ir al espacio, o a las montañas.

Salió de la Capsule Corp., se sacó una cápsula del bolsillo, la miró y la guardó, no tenía prisa por llegar, y además estaba muy cerca. Se puso a caminar.

Mirara a donde mirara, veía familias felices, paseando por las calles, padres con sus hijos a los hombros, riendo, sonriendo... No podía evitar mirarlos con envidia y pesar, siempre deseó tener una familia así, y ahora eso se veía tan, tan lejano...

Sin darse cuenta se quedó mirando tanto a una familia que esta se dio cuenta de su presencia, y la empezaron a mirar con incertidumbre; cuando se dio cuenta, solo atinó a irse corriendo de allí lo más rápido que pudo. Cuando ya estaba lo suficientemente lejos, paró, respirando agitadamente, reanudando su camino para encontrar a Trunks.

No había caminado un par de pasos, cuando oyó una voz muy conocida.

-¡Bulma!- Se oyó gritar desde la distancia, a un hombre que iba corriendo hacia ella.

-Yamcha...- Susurró ella, dándose la vuelta para ver a su amigo, sin muchas ganas.

- Bulma, qué alegría verte... ¿Qué te pasa?- Preguntó el exnovio de la peliazul al observar el deplorable estado en que esta se encontraba; se puso serio.- A sido vegeta, ¿Verdad?

Bulma no respondió, simplemente volteó la cara y cerró los ojos para que no se le escaparan lágrimas. Yamcha juzgó su silencio.

-¡Ese maldito! ¡No se da cuenta de la suerte que tiene, una mujer como tú y lo desaprovecha! ¡Ese miserable solo te hace sufrir, si yo te volviera a tener...!- Gritó Yamcha, apretando el puño. Él amaba a Bulma, siempre la había amado, pero ese maldito saiyan se la había arrebatado, aunque puede ser que engañarla también hubiera tenido algo que ver... Pero quería que Bulma volviera con él, y no desaprovecharía esta oportunidad para conseguirlo. Pero Bulma no parecía estar por la labor.

-Yamcha, por favor, no... No estoy de humor para hablar de esto.- Pidió Bulma con una voy temblorosa.

-Pero Bulma... Si volvieras conmigo, serías la mujer más feliz, te lo prometo... Ese condenado saiyajin no merece a una mujer tan maravillosa como tú, por favor...

-Yamcha, por favor...

Yamcha pilló el mensaje –Está bien... pero si me necesitas... Llámame.- y dicho esto se fue, caminando despacio. Bulma era la única chica que había conocido que de verdad valía la pena, y él la había cambiado por unas noches de placer con chicas que ni siquiera recordaba. Era de lo que más se arrepentía en la vida.

Cuando ya no sintió a Yamcha tras de sí, la peliazul relajó los músculos, y siguió caminando; todo sería tan fácil si amara a Yamcha... Pero no era así. Y no podía engañar a su corazón.

Sin embargo, se olvidó rápido de él, yendo aún más rápido a donde de encontraba su hijo. Después de unos minutos, llegó al bosque, y tan solo tuvo que seguir los restos destrozados de árboles y rocas. Llegó a un lado del bosque no tan destrozado, donde había algunos árboles en pie, pero ni rastro de su hijo, ¿Dónde se habría metido? Siguió buscando, hasta que se hartó y se sentó en el suelo, encogiéndose en posición fetal.

Pasaron unos minutos, hasta que el sonido de una nave aterrizando la alarmó, haciendo que levantara la vista hacia un coche volador muy familiar... El de la familia Son. No pasaron 2 segundos antes de que Chi-Chi saliera, atacada, del vehículo, mirando de un lado para otro, como buscando algo.

-Si buscas a Goten, aquí no está- Le informó Bulma levantándose. Chi-Chi la miró, perecía que se acababa de dar cuenta de que estaba allí. Bulma pudo apreciar lágrimas saliendo de sus ojos, y la cara atemorizada de Chi-Chi.- ¿Qué te pasa?

-Gohan, Goku, Goten... – divagó con voz débil la pelinegra, hasta que cayó de rodillas al suelo agarrándose la cabeza. -¡HAN DESAPARECIDO!

Bulma se sorprendió, ¿Qué quería decir con eso? Se acercó a ella, y se agachó a su lado, preocupada – Chi-Chi, cálmate, ¿Qué quieres decir con que han desaparecido?

- Han desaparecido, desaparecido...- volvió a repetir la esposa de Goku – Yo... Me pelee con Goku... Fui a ver a Gohan... Bola de luz... Desaparece...

- ... ¿Qué? Mira Chi si no te explicas bien me temo que no...

- ¡TODOS HAS DESAPARECIDO!- Gritó de pronto, asustando a la peliazul – Me pelee con Goku, Gohan se fue a estudiar y Goten con Trunks. Cuando terminó la pelea, Goku se fue a entrenar y yo fui a ver a Gohan. Él estaba dormido, cuando una bola de luz se lo tragó y desapareció delante de mis narices. Bajé corriendo a decírselo a Goku, pero solo encontré otra bola de luz en el jardín, que también desapareció. He venido corriendo a por Goten, pero no está aquí... ¡Han desaparecido todos! –Explicó atropelladamente, cogió aire; y luego, se puso a llorar, bajo la mirada anonadada de Bulma.

-Pero... ¿Qué? ¿Cómo?...- Intentó hablar la peliazul analizando lo que le había dicho la pelinegra.

-¿No lo entiendes, Bulma?- Dijo llorando – ¡Esto es por lo que mandaron a Goku aquí! Planeaban algo contra todos los guerreros del universo, y se los están llevando... Empezando por mi familia... ¡Y Goku no está para acabar con los malos, porque a él también se lo han llevado! ¡Buaaaaaaaaa!

-Eso... no puede... ser- Intentó autoconvencerse Bulma, después de unos segundos de reflexión – Trunks estaba aquí con él y...

- ¿Y qué podría ser sino? ¿A mi familia le apeteció desaparecer metiéndose en una bola de luz mientras dormían, pero regresarán luego? ¡ABRE LOS OJOS BULMA, ESTO ES EL APOCALIPSIS! Y a tu hijo se lo han llevado también, como a los míos, por ser guerreros... ¡Ya decía yo que de que entrenaran no saldría nada bueno! ¡Buaaaaaaaa!

-Oh... No... No no no no no... Eso no puede ser... ¡NO!- Negó la peliazul, la verdad es que Chi-Chi era buena en sacar conclusiones, todo encajaba, pero... No podían haberse llevado a Trunks, a su hijo... lo único que tenía en el mundo...

- He ido pensando en ello mientras conducía, no puede ser otra cosa... Yo también lo he negado, pero el dios que le dijo a Goku todas esas cosas dijo que faltaba muy poco para un ataque contra los guerreros más fuertes del universo... Y ya ha pasado un año- Añadió levantándose con la vista clavada en el suelo.

-Eso no puede ser, Chi... Mira, ya sé, iremos al palacio de Kamisama, hablaremos con Dende, así se solucionará todo... No pueden haber desaparecido...

Con un suspiro, Chi-Chi levantó la mirada del suelo, y miró a Bulma a los ojos –Mis... Bebés... ¡Buaaaaaaaaaaaaaaaa!

-¡Chi-Chi, por dios, deja de comportarte como una maldita histérica! ¡No pueden haber desaparecido, no...!- La pelinegra le envió una mirada de odio a Bulma que le hizo callarse.

-¿A quién... has llamado... ¡HISTÉRICAAAA!? –Explotó en ira Chi-Chi, dirigiéndose hacia Bulma y apuntándole con un dedo amenazador –Mis hijos son muy pequeños, pueden hacerles de todo... ¿¡CÓMO QUIERES QUE ME COMPORTE!?

-¡Como una persona normal y pensando con la cabeza!- Respondió Bulma, agarrando la muñeca de la mano con la que le estaba apuntando -¿Crees que a mi no me afecta esto? Pero en estos casos, hay que tener la cabeza fría, ya tendrás luego tiempo de pensar en tus ''princesitas''- Dijo Bulma con un sarcasmo palpable en la última palabra, haciendo que Chi-Chi se ofendiera aún más.

-¿¡QUÉ QUIERES DECIR CON ESO!?- Chilló totalmente enrabiada, llevaba con esa mujer 2 minutos y ya le había sacado de sus casillas. Bulma no le prestó atención, y caminó hacia el coche de la familia Son, sentándose de piloto y arrancando.

-No sé tú, pero yo quiero descubrir lo que está pasando aquí... ¿Subes?- ofreció palpando el asiento que estaba a su lado, para decirle que se sentara ahí.

Chi-Chi soltó un gruñido agudo, pero acabó cediendo caminando hacia allí con los brazos cruzados. No entendía como esa mujer tan... tan... molesta, pudiera ser amiga de su Goku.

(...)

Yamcha iba caminado por el parque del centro de la ciudad, pensando. Engañar a Bulma había sido lo más estúpido que había hecho en la vida. Es verdad que echaba toda la culpa a Vegeta de su ruptura con su peliazul, pero no podía negar que él también tenía algo que ver. Él amaba a Bulma, tarde se había dado cuenta, y ya no podía recuperarla. Pero no pensaba rendirse, no, Bulma era lo mejor que le había pasado, y por unas noches de placer con chicas de las que no recordaba el nombre ni el rostro no pensaba tirarlo todo por la borda.

A veces imaginaba un mundo en el que él y Bulma no se hubieran separado, felices, casados y con hijos, dirigiendo la capsule corp. Era una visión muy agradable... Si Bulma no fuera tan estúpida de elegir estar con un condenado saiyajin que lo único que hacia era hacerla sufrir, eso se podría hacer realidad; lo único que faltaba es que Bulma abriera los ojos de una vez.

Miró hacia delante, sus ojos se empezaban a cerrar; Dio unos pasos vagos, antes de caer al suelo, exhausto. Toda la gente de por allí miró en su dirección, y acudieron a ver que le pasaba al exguerrero.

-No os preocupéis, solo esta dormi...- Trató de decir un señor arrodillado frente al chico, cuando vio que este empezó a brillar. Se alejó de su cuerpo con terror, al igual que todos los presentes, y vieron, ante sus narices, como el muchacho era tragado por una esfera de luz, desapareciendo del lugar.

(...)

Krillin estaba durmiendo plácidamente en la Kame house, cuando, de repente, un cubo de agua helada le cayó encima.

-Vamos, levántate, hay que ir a entrenar- ordenó con frialdad y dejando el cubo a un lado C-18.

-Pe-Pero... todavía es muy pronto... Y ayer me tuviste entrenando hasta muy tarde...- Se calló con la mirada asesina que le dirigió C-18, la bella androide con la que llevaba ya 4 años, y con la que tenía una linda hijita de 2 añitos de edad. – Está bien, ya voy...

Después de desemperezarse y vestirse, bajó a la primera planta de la casa, en la que ya se encontraba el maestro Roshi con la vieja tortuga y Oolong. Cogió una tostada, saludó a todos y salió a prisa de la casa para entrenar con su querida esposa.

Nada más salir, una patada voladora vino hacia él, golpeándolo de lleno en la cara y haciendo que se choque con la pared de la casa. C-18 se cruzó de brazos, indiferente.

-Levántate, tienes que estar siempre atento- Ordenó fríamente la bella androide poniéndose un mechón de pelo detrás de la oreja.

-Si, es verdad- Dio la razón Krillin poniendo una mano detrás de su nuca, rastro imborrable después de haber pasado tantos años con Goku.

Después de esta breve conversación, continuaron con la golpiza, que por ahora, no se decantaba por ninguno de los dos guerreros. Más tarde, habiendo pasado ya más de 1 hora, decidieron descansar sentándose en el suelo. Resoplaron, se miraron y sonrieron. Estando solos si que demostraban sus sentimientos. Se acercaron, hasta que acabaron sentados uno frente al otro, y juntaron sus frentes. Hasta parecía que la fría androide tenía cariño en su mirada.

Pero de repente, como si fuese una flecha, un cansancio repentino la atravesó; intentó resistirse, sus ojos se cerraban, su barbilla se apoyaba en su pecho, hasta que cayó sobre Krillin, poniendo su cabeza sobre el hombro de su marido. Él no lo tomó por nada serio, salvo por el cansancio producido por levantarse tan pronto para entrenar; la miró con amor y la aprisionó con sus musculosos brazos. Solo se oía el piar de los pájaros... A él también le empezó a entrar sueño. Cerró los ojos, lo último que alcanzó a ver es un brillo extraño que envolvía a su esposa; eso lo dejó intranquilo, pero ya no podía abrir los ojos. Se había envuelto en un mundo de inconciencia, del que no podía salir...

El maestro Roshi dejó caer la taza de café al suelo. ¿Q-Qué... Les estaba pasando? Lo miraba todo impactado desde la ventana, igual que los otros moradores de la casa. Hubiera tenido que apartar la mirada por la intensa luz que emanaba de sus cuerpos si no fuera por sus gafas de Sol. Y desaparecieron. Así, como si nada. Sin dejar huella alguna. Salió corriendo fuera, con la esperanza de que hubiera sido una visión, pero no, no estaban.

-¿P-Pero qué...?- Fue lo único que fue capaz de pronunciar antes de coger una cápsula y estrellarla contra el suelo, estaba a punto de meterse en la nave cuando un llanto proveniente del interior le llamaron la atención. Marron. Se acercó a ella, la miró, y decidió llevársela. Aún estaba en shock por lo ocurrido. Se metió en la nave, dejando atrás a Oolong y a la vieja tortuga, todavía incapaz de moverse y formulando preguntas a las que ninguno de los presentes tenían respuestas claras. La única información: Krillin y C-18 habían desaparecido ante sus narices. Sin más.

La verdad, no sabía a donde dirigirse, pero tenía que contárselo a alguien. Encendió el motor, y antes de despegar, decidió encaminarse a casa de Goku. ¿Y si esto tenía que ver con el propósito por el que resucitaron a Goku? Sudor frío le recorría la espalda. Es verdad que la mayor parte del tiempo era un viejo pervertido, pero en los momentos serios tenía la suficiente experiencia para comportarse y elegir bien las decisiones.

-Tengo que arreglarlo- Susurró, serio- No puedo permitir que no haya ninguna mujer en mi casa.

(...)

En una pequeña casa al lado de una catarata, se encontraban un hombre alto, musculoso, con la cabeza rapada y 3 ojos, meditando con un hombrecillo blanco, muy bajito, con la voz aguda y apariencia de muñequito. Estaban entrenando, como habían hecho casi toda su vida, escuchando los sonidos de la naturaleza. El primero, siempre tomando tan en serio sus entrenamientos, hoy no se encontraba muy atento; el hombrecillo a su lado lo notó.

-Ten... ¿Estás bien?- Preguntó con preocupación Chaoz sacando de sus cavilaciones a Ten Shin Han.

-¿Eh...? ¡Ah, sí! Solo estaba pensando...

-Piensas en Lunch, ¿Verdad?- Susurró apenado Chaoz, ya sabía la respuesta. Lunch se había ido hace poco, por una pequeña pelea. La diferencia era que la había tenido con la Lunch pelimorada, la buena. Y eso si era grave. Ella era muy difícil de enfadar.

Ten no respondió, dando a entender que sí. Bajó la cabeza y se fijó en la piedra en la que estaba sentado; él acabó enamorándose de Lunch, de sus dos caras: de la apasionada y aventurera, como de la dulce e inocente. Pero casi no la hacía caso, solo se preocupaba de sus entrenamientos, sin ver más allá. Sin ver que ella estaba perdiendo su vida, y que no quería seguir viviendo así. Sin ver que se quería ir enserio, para siempre, y no malgastar su vida cuidando de dos tipos a los que solo les interesaba la lucha. No podía culparla, pero no podía evitar culparse a él. Ni evitar pensar en ella.

Iba a decir algo cuando vio a su amigo caer de cabeza de la roca, dormido. Se quedó un poco extrañado, mirándole con desconcierto, antes de sonreír. Se dispuso a seguir meditando, pero un extraño sueño le envolvió, miró otra vez a su amigo, que ahora brillaba, lo cual lo desconcertó; fue lo último que vio antes de que le dominara la inconciencia y se sumiera en la más profunda oscuridad.

(...)

Piccolo observaba todo, aturdido. Habían desaparecido todos los guerreros más poderosos que habitaban en el planeta, y su seriedad imperturbable se veía suplantada por una cara de terror y desconcierto. Claro que sabía de lo que se trataba, seguro estaba de que tenía que ver con el por qué del regreso de Goku: ''Algo que afectará a todos los guerreros del universo...'' Se repitió. Estaba seguro de que, si Yamcha, Krillin, C-18, Ten Shin Han y Chaoz habían desaparecido, el también lo haría, ya que era más fuerte que ellos.. No podía perder el tiempo.

Sintió el revuelo de los conocidos que no habían sido secuestrados por su bajo poder de pelea, pero no podía retrasarse; tenía que actuar, aun no sabiendo bien qué hacer.

Se dirigió hasta Dende, tranquilo y sonriente, que le saludó amablemente. Pero Piccolo estaba lejos de corresponder ese saludo.

-¡No hay tiempo! ¡Todos los guerreros del planeta han desaparecido!

(...)

Bulma conducía apresuradamente. Chi-Chi, gritando y maldiciendo a Bulma, estaba sentada al lado sujetándose con fuerza al asiento.

La bella peliazul se negaba a creer las explicaciones de su amiga, por mucho sentido que las encontraba. No podía haber desaparecido... No... Su pequeño... Vegeta...

Estaba perdida en sus pensamientos, conduciendo a una velocidad de vértigo, tan distraída que ni siquiera oía a Chi-Chi gritándole en su oreja. Y tampoco se dio cuenta de la nave que le vino de frente hasta que estuvo tan cerca que tuvo apenas un segundo para esquivarla diestramente y recuperar el control de la nave. Frunció el ceño. Tenía que descubrir que pasaba. Su hijo era lo único que tenía, y no iba a dejar que se lo arrebataran. Aumentó la velocidad, y eso también aumentó los gritos de Chi-Chi.

-¡AL PALACIO DE KAMISAMAAA!

(...)

¿Esas lindas damas con las que casi choca eran Bulma y Chi-Chi? ¿A dónde iban con tanta prisa?

Eran las preguntas que el maestro Roshi se formulaba en su cabeza, desde su nave. Un brazo sujetaba el volante, y con la otra intentaba tranquilizar a la pequeña Marron, que se había puesto a llorar por los grotescos movimientos que la nave dio al casi chocar.

Cambió su rumbo, y en vez de ir a casa de Goku, las siguió. Al parecer iban al palacio de Kamisama. Algo le olía mal.