3) Celos.
En el Babylon, apoyado de espaldas a la barra con una cerveza en la mano, Brian observaba a Justin que bailaba varios metros más allá. Se había alejado de él, temeroso de que sus sentimientos cobraran un sentido que él nunca había querido darle.
No le había vuelto a preguntar si quería volver a su casa, no le había pedido ningún favor más. No estaba dispuesto a dejarse humillar. Y aquello asustó a Justin, corroborando que tendría que continuar con su plan para lograr derrocar al dragón con el último as que guardaba bajo la manga: los celos.
Destructivos, dolorosos y posesivos. Pero eficaces, al fin y al cabo.
Un tío pasaba frente a Brian, obstaculizando su campo de visión hacia Justin. El moreno apenas le había echado un rápido vistazo, ignorando por completo sus miradas plagadas de deseo y su miembro duro sólo para él.
- Apártate, maricón.
Cincuenta y cinco.
No es que llevara la cuenta, por supuesto que no, pero ya había dejado escapar cincuenta y cinco polvos durante aquellas semanas, durante aquellas semanas en las que Justin se comportaba de forma extraña.
Al principio, le había molestado, porque resultaba increíble que él, Brian Kinney, estuviera rechazando raciones de sexo por doquier. Pero hacía semanas que su mente estaba centrada en una única cosa, agobiándolo, atándolo, obsesionándolo: Justin Taylor.
Al principio, había tratado de ignorar la sensación de que únicamente quería hundirse en sus muslos, únicamente quería correrse en su trasero, besar sus labios. Pero en aquel momento no le importó, estaba claro que sólo quería echar un polvo con Justin, se estaba convirtiendo en su obsesión.
Un polvo con él y se me pasará se repetía mil veces. Como si quisiera justificar sus actos aunque más bien trataba de justificárselos a sí mismo.
Entonces, se dirigió con el cigarro en la boca dándole un aire sensual y la chupa de cuero ejerciendo su papel de "niño malo" y se puso a bailar cerca de Justin, lo suficientemente cerca como para que él tuviera que verlo, pero lo estrictamente lejos como para que no diera la impresión de estar bailando con él.
Y claro que Justin lo había visto, lo veía cada día y cada noche en sus pensamientos, en sus sueños, sólo trataba de ignorarlo cuando estaba de cuerpo presente, como en aquel momento. Verlo bailar con tres tipos grandotes no tendría que haber hecho el efecto que produjo: unas ganas locas de romper las narices de aquellos tíos, asegurándoles que Brian era sólo suyo…
Pero se contuvo.
Se contuvo porque era él quien tenía que darle celos a Brian, no al revés. Así que, agarró de la camisa al primer hombre que vio y comenzó a bailar con él de forma provocativa.
Cuando Brian se giró disimuladamente para ver si Justin lo observaba con los puños cerrados en señal de celos y envidia, o si simplemente lo miraba, y vio cómo Justin bailaba de lo más sensual junto a un tipo, supo que no podría más con aquella pesadilla.
Cerró los puños, cerró los ojos y contó hasta diez mentalmente. Él no era uno de esos de montar escenitas como podía serlo Emmett. Él no reivindicaba, él no suplicaba, él no amaba.
Él era el hombre de hierro, el que la tenía dura como el hierro también.
Justin observó por el rabillo del ojo que Brian no paraba de mirarle. Vamos Justin, tú puedes se animó mentalmente. Entonces, se acercó al tipo con el que bailaba y lo besó.
Brian respiró fuertemente por la nariz, casi ahogándose con el humo de su propio cigarro. Sin perder un solo momento salió del Babylon para respirar aire fresco, aquella sensación de agobio volvió a inundar su corazón marchitado.
Caminó entre los callejones de los alrededores de la discoteca tratando de encontrar algún lugar donde poder calmarse y pensar con claridad. Malditos maricones, estaban en todas partes, en todas las esquinas, dándose por culo. Sólo pensar que Justin podría estar dando por culo a aquel tío lo ponía furioso y pensar que aquel gilipollas estuviera meneándosela o chupándosela ya sobrepasaba todos los límites de su autocontrol.
Se sentó en uno de los callejones en los que no encontró a mariconas pidiendo a gritos ser folladas. Apoyó la cabeza contra la pared, cerrando los ojos para tratar de regular los ansiosos latidos de su corazón.
La había cagado, lo sabía.
Probablemente Justin se habría cansado de él y sus estupideces, probablemente si lo hubiera tratado con un poco más de respeto, incluso hasta un poco de cariño, ahora estaría con Justin en su casa, follándoselo una vez tras otra.
Esto me pasa por ser un cabrón, porque me asusto cuando creo que alguien me quiere y lo alejo de mí…
Y no podía estar más en lo cierto.
Brian se mostraba ante los demás como un tipo duro y frío, con la única ambición del sexo y el éxito. Pero Brian tenía un secreto, un secreto lo bastante bien guardado como para que sólo Justin hubiera logrado adivinarlo: el miedo al amor.
Él, que aparentaba ser invencible y no tener miedo a nada, estaba aterrorizado con los sentimientos. No se permitía amar ni que lo amaran y, cuando ocurría, se alejaba de la persona en cuestión, alejándose de sus sentimientos al mismo tiempo.
Aquello era lo que había ocurrido con Justin, en aquel momento lo comprendió.
Justin había entrado a su vida como un simple polvo, uno más especial que todos los demás, pero un simple polvo al fin y al cabo. Con las semanas, su insistencia y persecución lo había agobiado, le había hecho sentir pura y dura claustrofobia. Así que se había visto en la obligación de comportarse como el cabrón que era para alejarlo de él, para darle a entender que queriéndolo no conseguiría nada bueno.
No obstante, se había acostumbrado tanto al pesado de Justin que las semanas en las que lo había ignorado por completo habían sido su perdición. Había sentido como si le hubiera faltado algo indispensable para sobrevivir.
Como el agua, como el aire.
Y en aquel momento lo único que quería era correr a sus brazos y refugiarse en él, hundir sus manos en su cabello rubio y simplemente abrazarlo. Ya no tirárselo ni mantener relaciones sexuales con él, sólo abrazarlo. Le bastaba con aquello.
Mierda, joder. ¿Qué me está pasando?
Entonces apareció Justin, acompañado de aquel tipo de la pista del Babylon. Pese a que Justin sabía perfectamente que Brian se encontraba allí, él y su acompañante fingieron no haberlo visto, empotrándose contra la pared para mantener sexo.
Fue en aquel momento cuando algo en el interior de Brian explotó.
Aquella sensación que todo el mundo llamaba amor, cariño, celos, compromiso, necesidad y obsesión había estallado en su pecho, en su corazón.
Vale que Justin bailara con otra persona, vale que Justin besara a otra persona, vale que Justin se restregara con otra persona… Pero mantener relaciones… Oh no, eso sí que no.
- ¡Suéltalo! – había gritado Brian poniéndose en pie y corriendo hacia el gilipollas aquel para pegarle un buen puñetazo.
- ¿Qué cojones…?
Pero su pregunta quedó muda gracias a los puños de Brian impactando contra su rostro. Justin apenas podía creérselo, jamás pensó que su plan de conquista lo llevaría hasta aquel extremo.
La fantasía de cualquier chico: dos hombres peleándose por él. Y uno de ellos era el amor de su vida.
Pero el gilipollas con el que se estaba besando no era ningún tirillas, no se quedaría sentado viendo cómo le pateaban el trasero. Brian terminaría herido y Justin se acojonó.
- ¡Basta, Brian! – gritó sujetándolo por los hombros.
El moreno lo apartó de un empujón que lo derribó contra la pared más cercana. Patadas, puñetazos y mordiscos volaron por doquier. Brian se sentía irreconocible. No era la primera vez, ni mucho menos, que se peleaba, pero que la razón de la disputa fuera un hombre lo sorprendía con creces.
De cualquier forma, no le importaba una mierda. Tal vez fuera todo aquel cúmulo de sentimientos desconocidos, tal vez la extrañeza de aquellas últimas semanas o tal vez la rabia que se había acumulado en su interior cuando había visto a aquel gilipollas meter mano a su Justin.
- Puto pederasta – insultó el imbécil provocando que a Brian le hirviera la sangre.
- ¡No vuelvas a acercarte a él!
Justin, sorprendido en un primer momento por la situación y un terrible dolor de cabeza producido por el golpe que Brian le había propinado, tardó unos segundos en correr fuera del callejón y pedir ayuda. Pronto varios tipos lograron separarlos mientras Brian continuaba gritando:
- ¡Como vuelva a verte cerca de mi Justin te reviento las piernas, maricona!
El rubio, aún en estado de shock por la magnitud que habían alcanzado sus acciones, abrazó a Brian y hundió su cabello rubio en su pecho mientras susurros tranquilizadores salían de sus labios.
- Vámonos a casa, déjalo en paz.
Y Brian asintió besando su cabello, porque lo único que le importaba en aquel momento era que Justin estuviera bien y tenerlo abrazado a él era la mejor de las recompensas que podía haber tenido jamás.
Siento mucho la tardanza, en serio. Quedan dos capítulos y ya están todos escritos, los subiré pronto, lo prometo :D
