CAPÍTULO 4

Kara escuchó sonido de copas y pensó que Lena tampoco dormía, probablemente se estaba sirviendo algo de beber. Se levantó en pijama y se acercó al salón, vio a Lena arrebujada en el sofá con una manta. Lena notó su presencia y se volvió hacia ella. Kara la encontró hermosa con el pelo suelto y apenas rastro de maquillaje.

—Kara… ¿no puedes dormir? —preguntó Lena con suavidad.

—Parece que tú tampoco —replicó Kara.

—Ven, siéntate conmigo —ofreció con una sonrisa tranquila—. ¿Quieres beber algo?

—No, gracias.

Cuando la tuvo a su lado, Lena la miró en silencio unos instantes.

—¿Por qué llevas las gafas aquí?, no las necesitas.

—Es la costumbre, sólo me las quito cuando estoy en mi apartamento —admitió Kara.

—Conozco tu secreto —dijo Lena sonriendo mientras le quitaba las gafas con delicadeza—, no las necesitas conmigo, Supergirl —bromeó.

Kara bajó la mirada, azorada. Nunca nadie le había quitado las gafas así. Un gesto aparentemente inocente pero cargado de significado para ella cuando iba acompañado de las palabras que Lena le había dedicado. La Luthor posó las gafas sobre la mesita de vidrio y devolvió su atención al cielo de la noche. Bebió un pequeño trago vino y se aclaró la garganta.

—Mañana, cuando Cat Grant venga con su equipo, tendré que besarte —afirmó sin mirarla.

—¿Eh? —Kara alzó la cabeza.

—Resultaría demasiado raro que no nos diéramos ni un solo beso, ¿no crees? —añadió, mirándola con sus hermosos ojos verdes.

—Sí, supongo que sí —murmuró Kara, de nuevo nerviosa.

A Lena le costaba ocultar la sonrisa. Qué adorable le resultaba, como su Kara cuando se conocieron y cuando empezaron a acercarse.

—No te preocupes, sólo será un pico, tu sígueme el juego y ya está.

—De acuerdo.

—Y ahora es mejor que nos acostemos… —Las mejillas de Kara enrojecieron. Lena sonrió— Tenemos que dormir, ¿no? —matizó.

—Sí, claro, buenas noches, Lena.

Kara habló acelerada y abandonó el sofá de la misma manera, tropezándose por el camino de vuelta a su habitación.

—Joder… —farfulló Lena por lo bajo.

«¿Por qué tienes que parecerte tanto a ella?»


Tras un desayuno ligero por parte de Lena y abundante por parte de Kara, ultimaron los detalles para la entrevista. Lena se puso delante de Kara y le tomó las manos.

—Céntrate en mí y sígueme en lo que yo haga, no te preocupes por nada, todo saldrá bien. —Kara asintió nerviosa. Lena apretó un poco sus manos para infundarle valor que le sobraba para enfrentarse a cualquier villano y parecía faltarle para encarar a Cat Grant y su gente.

La pareja recibió a sus invitados cogida de la mano. Cat les dedicó una sonrisa de medio lado al verlas.

—Buenos días, señorita Luthor… Supergirl —saludó la dueña de CatCo.

—Buenos días, Cat —contestó Lena con una sonrisa—, bienvenida a nuestra casa.

—Buenos días, señorita Grant —dijo Kara, observándola con atención.

Como sucedía con los demás, era una copia exacta de su añorada jefa, incluso en esa mirada de ligera desconfianza que le estaba dedicando. Kara sabía que Cat era una de las personas a las que más le dolía lo sucedido con la Supergirl de aquel mundo.

Mientras Cat daba instrucciones a su fotógrafo y su cámara, Lena los condujo hasta el salón, seguida de cerca por Kara.

—He estado pensando que además de la entrevista televisada, deberíamos publicar un artículo en CatCo magazine mostrando una faceta más cercana, menos formal —explicó Cat—, que afiance la idea de que no sois más que una… pareja cualquiera.

Kara tragó saliva al escuchar la palabra pareja. Lena la miró con ternura y acortó distancias, quedando a escasos centímetros de su rostro. Le preguntó en un susurro si le parecía bien, aparentando complicidad, sabía que los empleados de Cat no les quitaban los ojos de encima. Kara asintió.

—Nos parece una idea excelente, dinos qué has pensado —solicitó Lena.

—Transcribiré algunas de las preguntas que os haré a continuación, y podríamos acompañarlas de algunas fotos —propuso Cat—. Roger, prepara la cámara.

—¿Fotos? —musitó Kara.

—Tranquila, yo te guío —Lena le guiñó un ojo y miró hacia Cat y el fotógrafo.

Se colocaron una junto a la otra, cogidas de la mano, pero Cat las miró frunciendo el ceño.

—No, demasiado formal… necesitamos algo más relajado, más cálido —señaló.

Lena pareció entender las indicaciones de Cat y se situó delante de Kara, guiando sus brazos para que la rodease por la cintura. Apoyó sus manos sobre las de Kara, e inclinó un poco la cabeza para dejar que Kara se asomase por encima de su hombro. La kriptoniana estaba tiesa como una estaca, y con expresión excesivamente seria.

—Relájate, cariño, sólo son unas fotos —dijo Lena—. Es que le cuesta abandonar su pose de heroína reservada —bromeó.

Los hombres rieron. Incluso Kara soltó una risa nerviosa. Cat sonrió, Lena nunca dejaba de sorprenderla con su capacidad de resolución para cualquiera que fuese el contratiempo, le enorgullecía considerarla su amiga.

El fotógrafo volvió a enfocarlas. Kara sonreía con torpeza, evidenciando su incomodidad. Se sentía momentánemente aturdida por el perfume de Lena. También sentía el calor que desprendía su cuerpo al tenerla pegada al suyo. Pero la excusa de Lena quedaba convincente para todos salvo para Cat, que sabía la verdad detrás de su apuro. Sintió compasión por ella. Qué situación más extraña y complicada les había tocado vivir.

Cat revisaba las fotos que acababa de hacer su empleado. Lena aprovechó aquellos instantes para volver a coger las manos de Kara y acercarse a su oreja.

—Mírame —musitó de manera inaudible para todos salvo Kara—, olvídate de las cámaras, piensa que estamos solas —Kara se perdió en la mirada de Lena—, ¿lista?

Logró reaccionar y asintió con firmeza. Era la chica de acero, no podía amilanarse por unas simples fotos.

Poco a poco, Kara fue dejándose llevar por las sutiles indicaciones de Lena. Comenzó a relajarse y la cámara de Roger captó al fin imágenes naturales. Supergirl y Lena Luthor compartiendo miradas, risas, abrazos… incluso algún beso en la mejilla. Kara había conseguido olvidarse de todo lo demás, se estaba empezando a divertir y Lena lo agradeció. Cuando le propuso posar apoyando una mano en su pecho, Kara no objetó nada, al contrario, incluso se esforzó por darle más altanería a su gesto, provocando algunas risas entre los presentes.

Cat, por su parte, no dejaba de observarlas, preguntándose hasta qué punto se llevaban bien, y si lograrían pasar por dos mujeres enamoradas. Desde luego, veía cierta conexión entre ellas. ¿Cuánto tiempo llevaba la Supergirl-38 en su mundo? ¿Podría Lena llegar a enamorarse de la nueva Kara?, ¿y ésta qué podía llegar a sentir por Lena? ¿Dónde dejaba todo eso a la verdadera Supergirl de Tierra-40? Cat se sintió inquieta ante aquellos perturbadores pensamientos y anunció que ya tenían suficientes fotos y era hora de grabar la entrevista.

Se acomodaron en los sofás del amplio salón. Cat presentó a la pareja y ambas saludaron a cámara.

—Supergirl ya ha regresado de su misión en otro mundo —afirmó Cat.

—Así es —dijo Lena mientras entrelazaba sus dedos con los de Kara y se apretaba un poco contra su cuerpo—, ya la tengo aquí conmigo otra vez —añadió con una sonrisa.

Kara, dedicó una mirada rápida a sus manos íntimamente unidas, y después miró a cámara, tratando de sonreír lo más convincentemente posible.

Aquellas serían sonrisas emocionadas o tímidas para el público, pero para Cat Grant no. La de Lena estaba teñida de tristeza, porque no era cierto, su Supergirl no había regresado, por mucho que ella lo anunciase a National City. Mientras que la de Kara mostraba nervios e incluso miedo a ser descubierta como la usurpadora que realmente era. Por un instante, Cat deseó no saber la verdad detrás de aquel montaje, y ser una más de las personas que se lo creerían.

—¿Cómo fueron estos dos meses esperando por ella? —preguntó mirando a Lena.

—Imagínate, tu novia tan lejos, enfrentándose a criaturas peligrosas… —narraba Lena con seguridad. No cabía duda de que era toda una profesional de las apariencias, uno de los aprendizajes adquiridos educándose con los Luthor— Me pasé los dos meses rezando a su dios Rao para que la protegiese y me la devolviera sana y salva.

Kara se volvió hacia ella y la miró con ternura. Le gustó que Lena utilizase un elemento de su cultura kriptoniana con esa naturalidad.

—¿Y para ti, Supergirl? —cuestionó Cat mirando a Kara.

De pronto sintió cómo Lena apretaba un poco su mano, queriendo transmitirle su apoyo. Kara sonrió y empezó a hablar, a fin de cuentas, sí había viajado a otro mundo para luchar contra criaturas peligrosas.

—Cada día que pasé lejos de mi hogar, deseaba regresar junto a los míos, junto a ella —Kara miró a Lena, que también la miraba, con los labios ligeramente separados. Estaba decidida a corresponder a los esfuerzos de Lena para que todo saliera bien—. Su recuerdo me daba fuerzas para luchar y hacer lo posible por sobrevivir y regresar a su lado.

Lena parpadeó y al abrir los ojos, se encontró en aquel mismo sofá, con aquellos mismos ojos azules mirándola.

Cada vez que estoy ahí fuera, peleando, pensar en ti me impide rendirme — Su Kara se llevó sus manos hasta los labios y las besó—, porque tengo que volver, no importa lo que pase, siempre volveré a ti, mi amor.

Lena parpadeó de nuevo y regresó a la actualidad. Sintió cómo Kara todavía sostenía sus manos. La kriptoniana percibió que los latidos de Lena se aceleraron ligeramente, sabía que aquello anticipaba algo, ¿pero el qué? Lena liberó sus manos y las apoyó en las mejillas de Kara, que entonces comprendió y su corazón se aceleró también. Lena se inclinó sobre ella, cerró los ojos y la besó. Fueron apenas dos segundos, pero suficientes para dejar a Kara boqueando como un pez fuera del agua cuando sus labios se separaron.

—Bueno, parece que vuestro amor sigue como el primer día —exclamó Cat, para llamar la atención de sus empleados, acaparando la cámara, y permitiendo que sus entrevistadas recuperasen un poco la compostura, especialmente Supergirl.

Kara sabía que Lena tenía que besarla, pero no esperaba que aquel contacto tan breve la dejase tan afectada. ¿Era porque Lena Luthor besaba bien?, ¿acababa de pensar que Lena besaba bien? Dejó de mirarla y carraspeó para centrarse en la entrevista. Lena también apartó sus ojos verdes de ella y tomó aire con fuerza.

—Contadme, ¿seguiréis con vuestras apariciones públicas? —preguntó Cat.

—Por supuesto, es parte de nuestro compromiso con la ciudad —aseguró Lena, que parecía completamente restablecida del beso—, y nos gusta mucho acercarnos a la gente de National City.

—Sí, porque nosotras, no somos más que dos personas más de esta hermosa ciudad —añadió Kara con una sonrisa—, y queremos que así nos vean.

Lena volvió a coger su mano, invadida por una sensación de orgullo al escuchar sus palabras.

Varias preguntas después, Cat dio por finalizada la entrevista y mandó a sus empleados que recogieran el equipo. Se acercó a la pareja y les habló en un tono bajo.

—El beso ha quedado muy realista, mi enhorabuena —declaró Cat—, ha sido todo un acierto. —Kara bajó la mirada, mientras que Lena sonreía.

—Os acompaño a la puerta —dijo Lena indicando con el brazo la salida.

«Quizá esto sea más fácil de lo que pensaba… Lena lo hace fácil —se dijo Kara mientras observaba en silencio cómo Lena despedía al equipo de Cat.»

Ya de nuevo solas, Kara se acercó a Lena.

—Ha ido bien, ¿verdad? —preguntó.

—Yo diría que sí, Kara —replicó Lena mostrando una sonrisa—, discúlpame, voy un momento a mi habitación.

—Claro.

Lena cerró la puerta de su dormitorio y apoyó la espalda sobre ella. Cerró los ojos y respiró profundamente varias veces. El beso había quedado real porque había sido real. A todo aquel que preguntase, le contestaría que era lo que tocaba en un momento emotivo como aquel. Y la creerían. Todos la creerían, incluso Kara. No podía decir a nadie la verdad, que la había besado sin pensar en nada más, porque sus palabras y su forma de mirarla la habían confundido, haciendo que viera a su novia en lugar de a la Kara de otro mundo.


Alex entró en la sala de tiro del DEO, la agente Vasquez le había dicho que Maggie estaba allí. Cuando la localizó, se quedó parada, embelesada con la imagen de su novia disparando contra los objetivos. Maggie Sawyer siempre estaba preparada para desenfundar su pistola. Era tan rápida que Alex se sorprendía, y su puntería era legendaria en el cuerpo de policía y desde hacía un tiempo, también en el DEO. Sabía que en un combate cuerpo a cuerpo, Alex podía derrotarla, su intensivo entrenamiento de cinco meses bajo la supervisión de J'onn no había sido en balde, pero con armas de fuego de por medio, no tenía ninguna oportunidad. Sentía admiración por su habilidad.

—Danvers, ¿quieres competir? —desafió Maggie cuando vio a Alex acercarse a ella.

—¿Para que me des una paliza como la última vez? —preguntó torciendo los labios.

—Y para que nos juguemos algo y sea para mí, sí —bromeó. Después recibió a Alex con un cálido beso en los labios— ¿Intentas distraerme?

—¿Tendría alguna posibilidad si te distraigo? —dijo Alex.

—Ninguna, cariño, ambas lo sabemos —exclamó Maggie con afecto. Entonces se volvió hacia el objetivo, que mostraba numerosos agujeros en la zona de la cabeza y el pecho—. Sé que te preocupa el estado de mi pierna, pero mis manos están perfectamente, y mi puntería intacta.

Cargó su pistola, apuntó y disparó repetidas veces, ampliando el agujero que ya había creado en el centro de la cabeza. Alex no replicó nada, había quedado más que claro que sus palabras no eran sólo alardes sin fundamento.

—¿Cómo sigue la investigación? —Maggie rompió el silencio.

—La sangre de Kara muestra cambios significativos con respecto a las muestras de cuando estaba bien —explicaba Alex—, sea lo que sea lo que le afectó, lo hizo a nivel interno. Winn está ahora monitorizándola.

Maggie notó el abatimiento de Alex y le ofreció su pistola.

—Venga, Danvers, te ofrezco ventaja, dispararás tres tiros más que yo —informó—, quien gane le dará un buen masaje a la otra —sugirió con una sonrisa pícara.

—Qué morro tienes.

—¿Encima de que te doy ventaja? —Maggie sonreía mostrando la punta de la lengua entre los dientes.

—A mí no me sonrías así —amenazó Alex cogiendo la pistola y buscando un nuevo cargador.


—¡Winn, qué alegría verte! —exclamó Kara— Ya pensaba que te habías olvidado de mí.

—No, no me he olvidado de ti.

—¿Y a qué debo el placer de tu visita? —preguntó sonriendo de lado.

—Sólo vengo a revisar las lecturas de tus constantes —informó Winn.

—Eso no servirá de nada, ¿por qué no os dais por vencidos de una vez?

—No vamos a rendirnos contigo, Kara —aseguró con seriedad.

—¡Oh!, me enterneces, Winn —se burló—, pero lo que yo necesito no son análisis ni estúpidas lecturas de constantes.

—Te estamos ayudando, Kara. —Winn insistía en llamarla por su nombre, como si así pudiera evitar que desapareciese lo poco que quedaba de su mejor amiga. Pero Kara ignoró sus palabras.

—Si me sacas de aquí, te haré un favor… ¿Qué te parece si hago desaparecer a Mon-El? —ofreció con maldad— Lucy estaría libre para que pudieras conquistarla.

—Eso sería horrible —manifestó Winn con aversión.

—¿Y aún te preguntas por qué las mujeres como Lucy o Lena no se fijan en ti? Te faltan agallas, Winn Schott Jr.

Kara sabía dónde golpear a cada una de las personas que formaban parte de su vida para hacer más daño, y Winn no era la excepción.

—No eres tú la que habla —farfulló.

—Te apuesto lo que quieras a que sí —aseguró Kara apoyando las manos sobre el vidrio reforzado de su celda—. A las mujeres no nos gustan los hombres débiles y cobardes como tú, Winn, ¿por qué te crees que te di calabazas?

Winn apretaba los dientes. Su mandíbula tensa hizo reír a Kara.

—Termina rápido esas inútiles lecturas —escupió—, y lárgate, tu patética presencia me molesta.

Dicho esto, le dio la espalda y volvió a tumbarse en el banco del fondo de la celda.


Por la tarde, Kara estaba organizando la ropa que había cogido del apartamento de la Kara de aquel mundo, tenía que elegir lo que se pondría al día siguiente para volver a CatCo como reportera. Lena tocó a su puerta y Kara se volvió hacia ella.

—Lo he estado pensando, Kara, y preferiría que no utilizases la ropa de mi novia —dijo con seriedad—, te compraré lo que necesites, no te preocupes por eso.

—Lo entiendo, pero no quiero que gastes dinero…

—Olvídate de eso, me sobra dinero para renovarte el vestuario varias veces —aseguró la joven CEO—, no es que presuma de ello, simplemente es la verdad, y para mí es importante, por eso te lo he dicho.

—De acuerdo, Lena —aceptó Kara—, pero no quiero molestarte más, le diré a Alex que me acompañe de compras.

—Muy bien, di a las dependientas que lo carguen todo a mi cuenta.

—Gracias.

Cuando Lena abandonó la habitación, Kara dejó de sonreír. Su petición era de lo más lógica, ya debía resultarle complicado tenerla pululando alrededor con el aspecto de su novia, para encima vestirse con su ropa. Lena también pensaba en ello.

«Lo siento, Kara, después de lo que me ha pasado esta mañana, lo último que necesito es verte con su ropa para que me torturen aún más los recuerdos —se dijo.»


—¿Te has dejado ganar? —musitaba Alex mientras sentía las manos de Maggie recorriendo su espalda desnuda.

—¿Qué más da eso? —replicó Maggie, que estaba sentada sobre el trasero de su novia— Necesitabas este masaje, ¿o no?

—Desde luego… —admitió Alex— Lo necesitaba mucho…

No pudo contenerse y acabó emitiendo suaves gemidos ante las acertadas caricias de su novia. Maggie sonrió y se inclinó sobre ella para depositar pequeños besos en su piel. Alex suspiró con los ojos cerrados. Tenía pensando devolverle el masaje a Maggie, pero dado como se estaban dando los acontecimientos, quizá ese masaje tendría que esperar.

De pronto sonó su móvil, sobresaltándola. Maggie levantó la cabeza y vio que se trataba de Kara-38, como la llamaban entre ellas para aclararse.

—Anda, cógelo, puede ser importante —dijo Maggie con cierto fastidio, quitándose de encima de su novia.

Alex se incorporó en la cama, dedicándole una caricia a Maggie en el estómago cuando la tuvo sentada a su lado, y cogió el teléfono.

—¿Kara?

—Alex, siento llamarte a estas horas, pero necesito que me hagas un favor.

—¡Yo sí que lo siento, pequeña Danvers!

—¿Esa es Maggie? —preguntó Kara sorprendida.

—Sí.

—¿He interrumpido algo? Lo lamento mucho.

—Tranquila, Maggie sólo bromeaba —Alex le dio a Maggie un azote sin fuerza en el brazo, haciéndola reír—, ¿qué ocurre?

—Necesito comprarme ropa nueva y me gustaría que me acompañases, como hay cosas distintas respecto a mi mundo, no quiero meter la pata con nada.

—Es verdad, ya me contaste que algunos edificios son diferentes o están en distintos lugares. Tendremos que darnos prisa, porque ya es tarde, ¿vamos a recogerte a casa de Lena o…? —Kara no le dio tiempo a terminar la frase.

—¡Ya estoy aquí… en tu balcón! —contestó Kara desde el apartamento que compartían Alex y Maggie.

—Joder con Supergirl… —exclamó Maggie buscando su camisa. Alex se encogió de hombros con una sonrisa.

—¿Vienes con nosotras?

—No quiero retrasaros, y como le dijiste a Kara, ya es tarde, las tiendas cerrarán muy pronto.

—Está bien, pero cuando vuelva, seguiremos por dónde nos hemos quedado…

Alex se acercó a ella y la besó en los labios.

—¿Mi masaje? —exclamó emocionada.

—¡Pero si el mío todavía no había terminado! —se quejó Alex— Hasta luego, Sawyer.

Alex le sonrió, pero su expresión cambió cuando salió del dormitorio. Si Maggie no hubiera sufrido el ataque de su hermana, no habría dudado en acompañarlas.

—¿Todo bien? —preguntó Kara al ver su rostro meditabundo.

—Sí, todo bien, ¿nos vamos?

Kara asintió, ya vestida con ropa de calle, y juntas dejaron el apartamento.


—Creo que con esto tendré suficiente para un par de semanas —anunció Kara cuando vio a Lena entrar en el salón.

—Estupendo, y si necesitases más, no dudes en comprarlo —contestó Lena. Kara asintió con una sonrisa.

Lena iba a marcharse pero giró sobre sus talones y caminó hasta Kara. Cogió su mano, captando toda su atención.

—Gracias, Kara, esto es algo que realmente necesitaba.

—Lo sé, Lena.

—Buenas noches. —Lena se puso de puntillas, pues sin tacones, Kara le sacaba unos centímetros, y besó su mejilla.

—Buenas… noches… —logró articular Kara, para después quedarse mirando el hueco de la puerta por la que Lena había desaparecido.

CONTINUARÁ…