Rianne Black, Karla, Rakecan, nattita 88, kateloverByB, SoFi GiRoN (gracias por la aclaración. Soy un desastre con los nombres). Ginny Scully (gracias por el apoyo de esos Review y por tus aclaraciones) Les digo sinceramente que sin sus Review no hubiese escrito este capitulo. De verdad que no miento cuando escribo que los comentarios de los lectores son los que me impulsan a escribir y los que me dan un poco de inspiración para escribir tantas sandeces (jajaja) Espero que les guste. No olviden dejar su opinión SINCERA. Un beso y un abrazo.
Para Her Evil Royalty: no puedo mentirte que me causó mucha gracia tu comentario (eso de la huelga) No voy a abandonar el fic en cuestión pero retomar el hilo del fic se me esta haciendo muy difícil. Son tantas historias y tan diferentes que he perdido el hilo conductor del fic. No te miento al decir que ya tengo un capi listo pero… no puedo publicarlo por que no me gusta y bueno ya no visualizo el final del fic y mientras no lo visualice no lo puedo continuar…. Pero lo haré… algún día. Oye gracias por tu fidelidad al fic de verdad voy a trabajar con mas empeño en él. Gracias nuevamente. Mientras tanto que tal si me echas unas mano con este, ya le queda poco para el final ¿Te parece?
B…&…B
Esbozó una sonrisa sumamente incrédula -¿Estás seguro?
Debía preguntarlo. De verdad tenía que preguntarlo porque la petición escrita en el papel que sostenía en sus manos, era algo que jamás se le había pasado por la cabeza.
-Completamente – respondió con seguridad.
La sonrisa de Andrew se desvaneció como por arte de magia mientras una de sus manos masajeaba su sien -¿Qué es esto Booth? – Pregunto cabreado -¿Qué pasa?
Seeley Booth acomodó su corbata y cruzo las piernas. A Andrew le pareció que estaba tenso pero su mirada era segura y decidida
-Es una simple petición – dijo Booth con aire profesional.
-¿Estás seguro que es lo que quieres? ¿No más casos con el Jeffersonian? ¿No más casos con Temperance?
Booth hizo silencio mientras su mente asimilaba las palabras "no más casos con Huesos" Suspiró. Sería difícil indudablemente, pero sería lo mejor…. Para todos.
-Si – respondió ecuánime.
Andrew se dejó caer sobre el espaldar se su sillón al tiempo que le lanzaba una evaluadora mirada al agente sentado frente a él – Tu promedio de casos resueltos es muy elevado. Han funcionado bien como pareja. No estoy seguro que se acepte tu petición si no otorgas una razón de peso que la valide.
Booth acomodó su cuerpo mientras sentía como los músculos de sus brazos se tensaban entorno al apoyabrazos del sillón.
Andrew suspiró cansinamente – Debes entenderlo Booth. El concejo no perderá la cancha que ha ganado con la gente del Jeffersonian. El FBI no cuenta con una nomina lo suficientemente elevada como para permitirse tener su propio antropólogo forense. Así que…
-Señor, con todo respeto – le interrumpió Booth sosegadamente – No pido que el FBI deje de contratar los servicios del Jeffersonian. Mi petición se centra una y exclusivamente en que yo el Agente especial Seeley Booth solicito que no se me sean asignadas investigaciones donde se involucre el equipo del Jeffersonian…. No sé, pueden poner a otro agente al mando en esos casos.
Andrew guardo un silencio sepulcral. Sus ojos miraban fijamente a Booth y su mente trataba de encontrar las palabras más explicitas para explicar las importantes repercusiones del asunto –Booth, antes de tu primer caso con el Jeffersonian el FBI había intentado trabajar con esta gente sin resultados positivos. Ellos no son polis, son científicos y muy quisquillosos por cierto. Lo que quiero decir es que esta gente confía en ti y no creo que reciban a otro agente así como así y el concejo tampoco lo creerá. El Jeffersonian es importante para la institución y sí para mantenerlos dentro tienen que trabajar contigo… pues te aguantas tío.
Booth suspiró hondamente tratando de aminorar la incomodidad que representaba para él revelar a su jefe los motivo personales que motivaban su petición... pero ¿Qué otra cosa podía hacer? Lo mejor siempre era el mal menor –Señor – dijo Booth tras un ligero carraspeo – mis motivos para no seguir trabajando con el Jeffersonian se basan en una razón completamente personal.
Andrew sonrió triunfal -¡oh, venga Booth! Siempre ha habido diferencias entre tú y Temperance… pero estoy seguro que pronto las superaras. Invítala a cenar o a esa copa que siempre comparten una que otra noche. Estoy seguro que eso la contentara.
Frunció el cejo. Siempre había creído que a su jefe le hacía falta más seriedad para estar en aquel cargo. Comentarios como aquellos reafirmaban su parecer. Se mesó los cabellos e interrumpió la destartalada hilera de sandeces que su jefe decía
-¡Señor! – Exclamó impaciente – no puedo trabajar con el Jeffersonian porque…yo…- Booth carraspeo y se puso en pie hasta quedar de espaldas a Andrew, se sentía nervioso e incomodo. Pero… "tenia que hacerlo", se decía una y otra vez… era lo adecuado – tengo sentimientos… románticos hacia la doctora Temperance Brennan.
Andrew se quedó de piedra -¿Qué?
-Eso… lo que he dicho – se movió incomodo – Mi relación con la doctora Brennan ha dejado de ser estrictamente profesional.
-Lo entiendo – comento Andrew en voz queda e inmensamente impresionado – Y ella ¿Te corresponde?
"¿Corresponderle"… bueno…. En una ocasión habían bailado muy pegados, habían salido a cenar y por unas copas, se habían besado y habían hecho el amor…. –No. Nunca me ha dado ni la más mínima esperanza.
Andrew suspiró aliviado – En ese caso no veo cual es el problema Booth. Las reglas del FBI son claras. Un agente no puede intimar con otro ni con ningún contratado por la institución mientras pertenezca a la misma. Pero en tu caso, Temperance no te corresponde, así que…
-Enamorarse tiene la particularidad de destrozar la objetividad, señor – dijo Booth de repente – Y yo estoy enamorado de la doctora. El FBI no puede contar con mi objetividad en ninguno de los casos que investigue con ella.
Andrew tomó asiento muy lentamente, el también se había puesto de pie ante la impresión –Bueno… -balbuceó – en ese caso entiendo su petición agente Booth. Ha sido muy oportuna traerla en este momento. El concejo se reúne en veinte minutos.
Booth asintió mientras un grueso nudo le apretaba en la garganta – Hay más señor.
Andrew bajó la mirada hacia el formato de peticiones sobre el escritorio y le dio la vuelta a la primera hoja. Había una segunda petición – Vaya, así que has sido tú quien ha aumentado el rublo de papelería este mes.
-Es solo otra pequeña petición- el tono de Booth se volvió solicito – necesito unos días de permiso. Es importante que me ausente de la ciudad unos cinco días.
Andrew negó efusivamente – ni hablar ¿Hace cuanto llegaste de Afganistán? ¿Siete meses? No creo que esto sea bueno Booth y menos ahora.
-Señor, si me permite creo que este es el momento oportuno. Verá. Pasaran unos días mientras se me reinstala a una nueva unidad y me ubican un posible nuevo compañero. Es mejor ahora mientras se efectúa el papeleo ¿No le parece?
La fija mirada de Andrew le hizo pensar que se negaría pero luego lo despachó con un brusco movimiento de manos, un tono muy cabreado y unas cuantas palabras soeces que parecían decir "vete a la mierda. Veré que puedo hacer"
Booth no perdió tiempo en salir de allí. Caminó lentamente por los pasillos hasta encerrarse en la seguridad de su oficina. Llevaba dos días sin ver a Huesos y su vida se había convertido en una comedia barata desde que se había atrevido a aceptar lo que sentía por ella y había acudido a su casa con la vaga esperanza de conseguir una oportunidad. Pero todo se había ido al caño. La había perdido a ella como amiga y como compañera: ante lo sucedido era imposible que Booth siguiera trabajando junto a ella. Y también había tenido que dejar a Jenna… no podía seguir engañándola, era lo mejor él no la amaba. Ella era una buena mujer y se merecía un amor de verdad. Las cosas habían ido muy feas pero al final empezaba a asomar la luz al final del túnel. Y en aquella claridad que embargaba su mente: Temperance Brennan no estaba junto a él. En algunos minutos cualquier vinculo que pudiese quedar aun entre Huesos y él desaparecería.
Al final del día. El concejo había aprobado las dos peticiones del agente especial Seeley Booth. Ya no trabajaría más con el Jeffersonian y podría tomarse unos días de permiso. Booth nunca se sintió menos feliz.
B…&…B
Tres meses atrás…
El gélido viento de mediados de octubre le azotó el rostro y sacudió las hebras castañas de cabello que se le habían soltado del recogido. Hacia frio y tenia los brazos desnudos cruzados frente a su pecho con lo bellos en punta y la piel de gallina. Las faldas del vestido poco le protegían las piernas pues la tela era de un fino color azul oscuro que poco abrigaba. Respiró hondo para llenarse los pulmones con el vivificante aire nocturno y cerró los ojos durante un momento mientras refrenaba las inmensas ganas que tenía de llorar.
Llevaba media hora sentada allí, en una especie de salita con dos bancas escondida tras unos arbustos al exterior de la casa. Dentro se festejaba la boda de Jared, por supuesto Booth estaba allí y también Jenna: la hermosa rubia de ojos verdes que le acompañaba. El problema era que ella había creído que podría soportar verlos juntos como pareja. El problema era que no podía soportarlo.
—Huesos, ¿Qué estás haciendo aquí?
No lo había oído llegar de tan concentrada que estaba en sus pensamientos. Frente a ella se encontraba Booth ataviado en un traje oscuro de cola que le sentaba muy bien. Tenía los oscuros ojos fijos en ella y la expresión de su rostro era rígida lo cual resaltaba su estructura ósea perfectamente proporcionada en ángulos fuertes y pronunciados.
—¿Piensas preguntarme eso cada vez que me veas?
Booth miró a los alrededores y se llevó las manos a las caderas antes de hablar, en su típica postura de agente especial del FBI - Lo siento. No había tenido oportunidad de saludarte en toda la noche. Lo siento – repitió – tienes razón.
Ella sonrió levemente.
-¿Qué te hace gracia?
Brennan levantó la mirada y le observó. La luz de las farolas le daba de lleno en el rostro y Booth pudo contemplar con claridad sus claros ojos —Simplemente me preguntaba ¿que tienen de especiales los agentes del FBI?
Booth frunció el cejo confundido - No te entiendo.
Hizo un gesto con la mano para restarle importancia al asunto - Jared me recomendó este lugar. Dice que lo ayudó a calmarse antes de entrar en histeria.
—¿Jared ha dicho eso? – preguntó Booth al tiempo que se sentaba en la banca cercana.
Brennan ignoró la pregunta — Es reconfortante —dijo, haciendo un gesto que abarcaba toda la salita — lo suficientemente lejos para escapar del bullicio de la fiesta pero no lo bastante para que alguien no advierta tu presencia.
-Te equivocas. Desde la casa no se ve este lugar
Brennan sonrió —Exacto – dijo levantando las cejas - ¿Cómo sabías que estaba aquí?
—Salí a dar un paseo y te ví
—No es verdad. ¿Quién te lo dijo? – preguntó ella entrecerrando los ojos.
Booth sonrió. Sus ojos oscuros reflejaron la inocencia de un niño travieso.
-Angela – Brennan hizo un mohín con los labios al autoresponder su pregunta.
-Me ha pedido que te diga que tu galán de telenovela se ha marchado.
Brennan le observó -¿Colfer?
-¿Es ese su nombre? Deberás presentarlo la próxima vez.
-Te pido que te detengas antes de empezar
Booth la observó ceñudo fingiendo no entender nada – ¿a que te refieres?
-A esa manía tuya de querer saber absolutamente todo del hombre con el que estoy saliendo – el cuerpo de Brennan se curvó ligeramente hacia adelante para dar énfasis a sus palabras – Eres peor que mi padre.
-Es que tienes un muy mal gusto con los tios ¿vale? Y en ese caso Max no ha sido el mejor de los padres.
-Creo que eso es algo que no te incumbe, Booth.
-Venga, es que somos compañeros
Ella le dirigió una mirada penetrante – ¿Ahora si somos compañeros?
Booth retrocedió en su asiento incapaz de sostener su mirada. Una mirada cargada de reproche y malestar. Brennan aun no le había perdonado su distanciamiento y sobre todo el no haberle contado sobre su relación con Jenna pero a él se la hacía muy difícil seguir manteniendo una relación tan estrecha con Huesos, principalmente porque trataba de olvidarla e intentaba tener una sólida relación con Jenna… era su prometida, tenía que hacerlo. La observó de nuevo al recordar que aun no le había contado aquello.
-Hace una noche preciosa —comentó él, dando un ligero carraspeo para recuperar el control.
-Preciosa —repitió ella con voz algo ronca. El comentario había sido de lo más prosaico, pero a Brennan le sirvió de escudo para los miles de reproches que quería gritarle a Booth.
-¿Qué tiene de malo la fiesta? Lo digo porque estás aquí sola en lugar de estar dentro y disfrutar con tu galán de telenovela.
Ella le observó en silencio antes de responder —Ha sido una boda preciosa. – comentó sin más antes de abrazarse con ahínco –Es solo que no me siento con ánimo de festejar nada.
Booth se fijo en que pasaba frio y se quitó la chaqueta para entregársela. Brennan dudo por unos segundos en aceptarla pero una ráfaga especialmente gélida le dio de lleno en el rostro y terminó por tomarla sin más. Booth sonrió y decidió sentarse junto a ella en la misma banca mientras los dos observaban las penumbras que se escondían tras los invernaderos del jardín.
Brennan, cuya mente nunca dejaba de pensar. Se dedicaba a analizar lo que estaba sintiendo en aquellos momentos. ¿Qué hacia Booth allí? Se preguntó inicialmente, su presencia le molestaba, ¿pero por qué? Su mente era un bullicio de irracionalidades y excusas baratas e insulsas. Giró su rostro y observó su perfil ¿Era acaso su maldita actitud paternalista o el hecho que invadiera su espacio personal cuando lo único que deseaba era estar sola? Con la respiración acelerada y la mandíbula apretada, Brennan se dio cuenta que lo que más deseaba en el mundo en aquel preciso momento era… besarlo… pero aquello era tan imposible como afirmar que el mundo fue creado en siete días.
-Siempre son preciosas.
-¿Qué? – preguntó ella con brusquedad.
-Las bodas – le explicó – siempre son preciosas.
-Una boda solo es una puesta en escena, la firma de un contrato que solidifica una de las asociaciones contractuales más antiguas de la historia del hombre.
Booth frunció el cejo y pregunto - ¿De qué rayos estás hablando?
-El matrimonio.
El agente resopló sonoramente – No, el matrimonio es un acto de compromiso que refleja el amor que sientes por la persona con la que te casas. Prometes serle fiel y vivir con ella por él resto de tu vida y lo haces frente a todos los parientes y amigos para que todos celebren el feliz acontecimiento.
Esta vez fue el turno de Brennan de fruncir el cejo – El matrimonio es una arma de supervivencia porque no se reduce a ampliar las posibilidades de un par de individuos, sino de todos los que están alrededor. Se unen grupos más amplio de individuos que esperan que la especie aumente y evolucione en la nueva pareja que se acaba de formar. Todos los humanos sienten el deseo primitivo de procrear y para ello recurren al matrimonio como una prueba que la sociedad que acaban de formar dará frutos con los hijos que lleguen a tener.
Booth meneó la cabeza de un lado a otro mientras una sonrisa cínica bailaban en sus labios - ¿Sabes por qué hablas así, Huesos? – la observó directamente a los ojos antes de continuar – porque nunca te has enamorado. Cuando el amor llega a tu vida, cuando sientes que quieres pasar el resto de tu vida con una persona específica quieres que el resto de tu vida llegue de inmediato. Por eso te casas.
-Tengo treinta y cinco años, Booth y soy antropóloga forense. No me describiría como una mujer ingenua a la cual pueden impresionar esos argumentos tan insulsos. Me niego a unirme a alguien para su exclusivo disfrute.
-Tal vez no hayas encontrado a un hombre que te haga perder la cabeza – sugirió Booth con la cabeza gacha – ese sentimiento que te lleva a la locura y que dura para siempre, que no se sacia jamás y que en cambio siempre te hace anhelar más y más. La clase de sentimientos que te da ganas de aferrarte a alguien con fuerza y no soltarlo jamás.
La voz le temblaba cuando terminó de hablar y los ojos le brillaban con ansiedad. Era increíble pero acababa de describir exactamente lo que sentía por ella… solo por ella. El solo pensarlo le hizo doler la cabeza.
Brennan se sonrojó por completo, algo que le sucedía en raras ocasiones. Booth le observó y también se dio cuenta y su expresión se suavizó mientras recorría una vez más su rostro con la mirada.
-Nada es para siempre, Booth. Aunque admito que puedes llegar a sentir cosas muy fuertes por otra persona. Pero estoy conforme con mi vida tal cual es. No creo en el matrimonio, y nunca he experimentado ese tipo de locura que tu mencionas hacia un hombre, y tampoco la he sentido por parte de ninguno, - carraspeó ligeramente puesto que las palabras se le habían atascado en la garganta – No creo posible que algún día llegue a hacerlo. No sé si algún día pueda llegar siquiera a reconocer ese tipo de sentimientos por un hombre. Pasión, sí. Romance, no.
Booth sonrió con melancolía e inclinó su cuerpo hacia adelante apoyando los codos sobre las rodillas. - Jamás tendrás la oportunidad de albergar esos sentimientos si te cierra en banda y no permites que lleguen a tu vida, pero eso es elección tuya.
Su tono era indiferente y sosegado, pero sus palabras resultaban bastante explícitas; no eran de reproche, pero estaban cargadas de significado.
-Mi trabajo lo es todo, Booth -replicó ella, un poco a la defensiva—. Siempre es lo primero.
Él se echó hacia atrás y se relajó contra el banco una vez más mientras cruzaba las piernas.
—Lo entiendo.
Ella percibió el desazón en sus palabras. Booth sintió que el corazón se le oprimía poco a poco. Estaban hablando de ellos. Lo sabía y ella también debía saberlo. Había terminado por declararle aquello que tanto deseaba decirle y ella estaba siendo lo más sincera posible. Las esperanzas de Booth se estaban perdiendo por el caño, pero tenía que continuar debía sacarle toda la verdad o al menos todo cuanto ella estuviera dispuesta a contarle.
-¿Has estado enamorada alguna vez, huesos? —Presionó con voz profunda mientras su mirada se quedaba fija ella, en ese par de ojos claros y puros —No me refiero a esas relaciones cortas que sueles tener ni a un encuentro estrictamente sexual. Te hablo de amor de verdad, ese que te consume por dentro, que está lleno de pasión, entrega y felicidad —Se inclinó hacia delante, de manera que lo único que los separaba era unos cuantos centímetros de aire gélido — Ese amor que abrasa tu alma y te deja rogando por más.
-Nunca he sentido eso y nadie lo ha sentido por mi, Booth —dijo en tono pragmático a modo de explicación— Tengo todo y cuanto necesito y me siento feliz así. Mi trabajo es mi vida. No necesito nada más.
—Tu trabajo te da beneficios económicos, te llena de prestigio, éxitos y colma tus necesidades personales además de satisfacer ese deseo de hacer algo por mejorar el mundo - susurró él con la voz cargada de ansiedad insatisfecha - Pero el amor, es algo más fuerte. Te llena el alma con felicidad y plenitud. Solo puedo decirte que si nunca llegas a experimentarlo, morirás sin conocer la autentica alegría de la vida.
Brennan sintió como las palmas empezaban a sudarle. Booth hablaba con suma seriedad, y su expresión era seria y desafiante dándole énfasis a sus palabras. Palabras que iban dirigidas para clavarse en su cerebro y hacerla dudar de sus principios. Sintió ganas de huir, librarse de su presencia, de sus escrutadores ojos cafés, de regresar el tiempo (algo inverosímil) y no tener esa conversación. ¿Quién se creía él para lanzarse reproches? Precisamente él… Brennan sintió enormes deseos de golpear su rostro, de gritarle unas cuantas verdades y luego correr a la seguridad que su hogar representaba. Frunció el cejo y apartó la mirada.
Él percibió su enojo y también desvió la mirada nuevamente hasta los invernaderos que se escondían mucho más allá del camino de grava. Cerró los ojos, tal vez había llegado el momento de marcharse.
-¿y tú?
Booth volvió su rostro hacia ella – ¿Yo qué?
-¿Has estado enamorado alguna vez? - ella no le miraba pero su corazón bombeaba con fuerza esperando una respuesta.
La atmósfera se hizo mucho más densa. Booth notó que la pregunta lo había desconcertado. Como se atrevía a preguntar algo así. Ella conocía la respuesta. ¿Lo estaba probando acaso? ¿Estaba tratando de hacerlo sentir mal? Una parte de culpa sobre lo que estaba ocurriendo entre ellos recaía sobre ella y él no iba a permitir que se lavara las manos sin más.
-Sí —susurró él sin la menor vacilación – tu sabes que sí.
La sinceridad y la determinación de su respuesta la pillaron desprevenida, y se movió con inquietud en el asiento. La conversación se había vuelto muy personal, y no estaba segura de cómo tomarse semejante revelación. Estaba nerviosa, aunque hacía todo lo posible por ocultarlo. Sabía que Booth la conocía y también sabía su facilidad de interpretar las reacciones de otras personas. No deseaba que él la leyera. No deseaba que el supiera lo que estaba sintiendo en aquel momento.
-¿De Jenna?
Booth sonrió con petulancia y cansancio -¿Que quieres que te diga, Huesos? ¿A dónde quieres llegar?
No lo sabía y se sintió completamente estúpida ante su comportamiento. Nunca había sido cobarde y solía enfrentar las adversidades que se le presentaban. Pero no aguantaba aquello. No quería soportarlo
-Voy a dar un paseo – anuncio sin más. Luego se marcho rápida y silenciosamente.
Pero Booth no le permitiría irse sin más. La siguió – ¿Quieres que te cuentes sobre mi relación con Jenna? Pues la verdad no me siento cómodo con ello – le dijo Booth unos cuantos pasos detrás de ella y con un tono de voz ligeramente elevado.
-¿Por qué? – preguntó ella sin volverse – Yo podría hablarte de Colfer sin problemas – Estaba enojada y no pensaba lo que decía.
-¿Te refieres a tu galán de telenovela?
-¿Lo dices porque es guapo? – continuaba sin mirarle y caminando lo más rápido que sus pies le permitían – Es paleontólogo y trabajó conmigo en Molucas. Tiene treinta y nueve años y desde que regresó a Washington, dos semanas después de mi regreso, no ha dejado de mostrar interés por mí.
-Bueno, al menos no es ni buzo soldador, ni tu ex profesor, ni un botánico gay, ni un loco asesino – exclamó el con ironía.
Brennan se detuvo en seco haciendo que Booth casi chocará contra su cuerpo. Habían llegado hasta el camino situado en la parte posterior de invernaderos. Estaba oscuro y solo unos pequeños rayos de luna se filtraban entre las gruesas ramas de los arboles que los cubrían.
-Al menos es sincero – le dijo con la mirada cargada de enojo.
-¿Qué quieres decir? – preguntó él con el cejo fieramente fruncido mientras dabas unos cuantos pasos acercándose más a ella.
-¿Tu qué crees? – el tono irónico no le paso desapercibido a Booth
-Dímelo tú – murmuró él.
Ella resopló sonoramente y siguió caminando, esta vez con lentitud y desgana – olvídalo Booth si necesitas que te lo explique no sirve de nada que te lo diga.
Booth se sintió completamente confundido ¿Qué quería Brennan? ¿Qué quería decirle con ello? Su instinto primario le dijo que debía detenerse y dejar las cosas como estaban. Era peligroso seguir ese camino porque podría empeorar las cosas que ya atormentaban su cabeza. Debía de pensar en Jenna. Era el momento de volver a la fiesta.
-Hace frío —murmuró Booth en un intento ridículo de recuperar los buenos términos. Obviamente hacia frio, ella llevaba puesta su chaqueta como prueba de ello.
Ella se detuvo en seco en el sendero de piedra y se dio la vuelta, Sus ojos lo miraron con expresión acusadora y rápidamente se quitó la chaqueta entregándosela con brusquedad.
—Sí, Booth, hace frío —convino con tono prosaico— Es mejor que te vayas. ¿Tu novia te reprende si desapareces mucho tiempo?
Booth frunció el cejo con extrañez. Aquella no era una actitud muy propia de Brennan – Ya te dije que no me siento cómodo hablando de Jenna contigo.
-Si, lo has mencionado – señaló Brennan con ironía – al parecer solo te sientes cómodo conmigo si hablamos del clima, discutamos sobre ese aspecto —Alzó la barbilla un poco con un gesto inexpresivo— Mis labios se están congelando, y me gustaría que los calentaras*
A Booth se le atascó la respiración en el pecho. Nunca habría esperado algo así. Dejó caer los brazos a los costados y se apartó de manera instintiva.
Fue evidente que a ella no le gustó semejante reacción, pero sonrió de manera acentuada. Luego le dirigió una mirada endurecida y se volvió para seguir su camino a solas.
-Déjame en paz Booth—dijo con tono serio – no te creas con derecho de venir a juzgarme cuando eres tu quien ha estado huyendo todo este tiempo. Decide lo que quieres hacer y déjame a mí en paz.
Él parpadeó, atónito. Sus palabras le habían dejado anclado allí en medio de la nada. Le había pedido un beso ¡por Dios! Era la primera vez que Brennan le daba algo de esperanza a aquella absurda relación ¿Era acaso una señal? ¿Quería decirle algo específico con esas palabras? ¿Estaba sintiendo algo por él? ¡Maldición! Se puso tenso con el mero hecho de pensar en besarla, tal y como le había pedido. Sintió que su cuerpo se calentaba aun a pesar del frío que hacía. Comprendió de repente que nunca se había sentido tan desesperado por hacer algo. Había llegado el momento de dar un paso hacia delante. Quizás había una oportunidad para ellos dos. Le había pedido un beso y no se podía echar para atrás ahora.
Caminó tras ella y la tomó del codo con firmeza haciéndola girar hasta quedar frente a frente.
-¿Estás segura que es lo que quieres?
-Booth…
-Voy a besarte, huesos. Porque lo has pedido y por qué deseo hacerlo.
Su argumento la dejó sorprendida. Booth la miraba fijamente, sentía su anhelo por cada uno de los poros de su piel. La sangre se le entibio y un calor agradable le nubló el sentido. No pudo replicar. No quiso hacerlo.
Booth se acercó lentamente a sus labios pero titubeó por un breve momento, estaba nervioso. Le daba miedo lo que ese beso pudiese llegar a significar. No quería echarse para atrás, no podía hacerlo. Porque besar a Huesos en ese momento era lo que más deseaba en el mundo.
Con el abrigo en uno de sus brazos, se inclinó hacia ella lentamente, disfrutando de sus gestos, de lo suave que parecía su piel y de lo ansiosa que se mostraba en ese momento. Después bajo la cabeza y cerró los párpados. Percibió el viento frio que azotaba sus rostros y con ello el delicioso aroma floral que desprendía su piel, se acercó aun más para disfrutar de la suavidad contra sus labios… fresca, incitante… Perfecta.
Un sonido apenas perceptible e intensamente femenino salió de la garganta de Brennan ante el primer contacto. Esa pequeña muestra de satisfacción le aceleró la respiración y los latidos del corazón. Era agradable sentirla así, entregada, sosegada, enteramente femenina.
Presionó suavemente sus labios, entibiándolos al tiempo que calentaba los suyos, embriagándose de placer, y ella le respondió con la misma suavidad, sin exigencias ni afanes… solo el goce sincero del roce de sus labios. La saboreaba a su antojo y grababa las sensaciones placenteras en su memoria, debía atesorar el recuerdo, el recuerdo de la dulce entrega. Brennan levantó los brazos y los cerró detrás de su nuca provocando una mayor cercanía de los cuerpos. Booth sintió que el mundo se abría bajo sus pies, en ninguno de sus besos anteriores había podido disfrutar del contacto placentero de los cuerpos al tocarse, el primero fue demasiado breve y nublado por el embotamiento del alcohol (aunque fue increíblemente placentero) el segundo fue un juego que duró demasiado poco para disfrutarlo y el tercero le siguió un sentimiento enorme de tristeza que ya no recordaba a ciencia cierta lo que había sentido.
Suspiró en medio del beso y le rodeó la cintura con ambos brazos para estrecharla con fuerza contra su cuerpo y sentir cada poro de su piel, cada curva y protuberancia… La deseaba y la amaba.
Brennan abrió la boca para aumentar la intensidad del beso antes de echarse hacia delante y apoyar el pecho contra su torso. Booth le recorrió el labio superior con la lengua y se sintió victorioso al ver que ella comenzaba a jadear. Él también ardía por dentro.
Le acaricio la espalda deslizando sus manos por toda su extensión y posándolas especialmente en la parte posterior de la cabeza para profundizar la unión de sus bocas. Booth la empujó un poco para apoyarla en la pared lateral del invernadero. El ambiente se había cargado de una necesidad física abrasadora, y comenzó a besarla desaforadamente, probándola, saboreándola, ansiando más.
Ella bajó los brazos hasta dejar apoyadas las palmas de las manos sobre su pecho. El contacto le quemaba y le aceleraba el pulso. Booth tuvo que sujetarle las manos para echarlas hacia atrás y colocárselas a ambos lados de la cabeza con los nudillos pegados a la pared. Necesitaba mantenerla inmóvil, sentir la calidez de su piel le haría perder la cabeza. Entrelazó sus dedos con los de ella al tiempo que exploraba el interior de su boca con la lengua.
Brennan alzó el cuerpo hacia él, se sentía extasiada e invadida por una necesidad física intensa. Le deseaba. ¡Cuánto deseaba tocarle! ¡Cuánto deseaba que la tocara! Booth comenzó a detenerse. Recorrió con los labios la cremosa suavidad de su mejilla, succionó y mordisqueó el lóbulo de su oreja y la sintió estremecerse contra él.
-Booth… - susurró presa de la ansiedad. No quería que se detuviera. No deseaba que se alejara.
-Tempe - susurró su nombre con suavidad mientras deslizaba sus labios por toda la extensión de su cuello, aspiraba profundamente el aroma de aquella mujer y sus labios saboreaban toda la piel expuesta. Tenía los ojos cerrados y disfrutaba enormemente de las sensaciones que estaba viviendo.
Brennan apartó el rostro y él apoyó la frente contra la fría pared que los soportaba. Permanecieron de esa manera por varios minutos. Él seguía abrazándola por la cintura y ella miraba sin cesar la luz que se filtraba entre las ramas de los arboles. Lo sentía calado en los huesos, sentía el calor que manaba de su cuerpo, las respiraciones cada vez más acompasadas, sentía su virilidad y el ritmo acelerado de su corazón. Todo ello eran signos fisiológicos inequívocos de una liberación de endorfinas que se producen durante los actos llenos de deseo. Lo sabía porque ella también los estaba experimentando en aquel momento.
Booth seguían con la cabeza enterrada en su cuello. Ella intentó respirar hondo y Booth se apartó hasta quedar también con la espalda apoya contra la pared. Apretó los puños y los descargó sobre sus costados. No se sentía muy bien. Aquel beso había sido maravilloso, una verdadera delicia. Pero en cuanto había terminado el rostro de Jenna le había venido a la mente y se sintió fatal.
Cerró los ojos con fuerza y aspiró hondamente el aire para llenar de oxigeno su sangre. El aire frio le vendría bien en ese momento. Abrió lo ojos y observó a Brennan, de pie a su lado mirando fijamente al vacio. Si ese beso había significado para ella lo mismo que para él tendría que dejar a Jenna, no podía seguir engañándola ni engañándose. Amaba a Brennan y cabía la posibilidad que ella le amara a él. Iba a preguntárselo cuando ella le sorprendió con una pregunta.
-¿Harías algo por mí, Booth?
Seguía sin mirarle. Pero el pudo percibir la piel de su cuello sonrojada por lo múltiples besos que le había dado, así como el brillo en sus ojos y sus labios llenos y apetecibles. No respondió a su pregunta porque en parte creyó que no era necesario hacerlo: haría lo que fuese por ella y en parte porque no sabría como sonaría su voz cuando por fin le hablara.
-Contéstame una pregunta - susurró muy despacio y esta vez le miró a los ojos – y quiero que me contestes con la verdad.
Él asintió.
-¿Qué significa la doctora Lynch par ti? Aparte que es la persona que salvó tu vida en Afganistán y que ahora sales con ella. Por favor se sincero conmigo.
Booth la observó a los ojos y le tomó de la mano. Iba a confesarle todo. Si Brennan le pedía una explicación entonces él significaba tanto para ella como ella para él - Jenna es mi prometida, pero…
Antes que Booth pudiera continuar, ella se soltó, se enderezó y empezó a caminar de regreso a la casa. Él empezó a correr tras ella, la detuvo a medio camino e intentó explicarle. Pero Brennan fue contundente con sus palabras y sus acciones. No quería verlo en ese momento, no le permitió explicar nada y tampoco estaba dispuesta a escucharle. Booth le dejó marchar con la esperanza de arreglar las cosas al día siguiente. Pero Brennan no se dejo ver el rostro durante dos largos meses. Después de un mes Booth decido siguir adelante con su vida tal cual era.
B…&…B
* Hace poco leí un libro de Adele Ashworth y encontré esta frase que me encanto. Me pareció propicia para el momento.
Sé que demoro un poco en actualizar pero eso se debe a que "nunca o casi nunca, he escrito precipitadamente" Conan Doyle.
Deja el Review. Es lo justo: tu lees y te entretienes (si te gusto) gratis y me pagas con tu opinión sincera sobre el contenido del capítulo. ¿A que es un buen negocio, eh?
La verdad…. Es que no hay capitulo si no hay Review ¿Qué les parece? Jajaja.
Nos leeremos pronto…
Solo si dejan Review, el anterior tuvo muy poco y me he desanimado. Aunque miles y miles de agradecimientos a los que se tomaron la molestia de leer el fic y dejarme su opinión.
LilythWH
