Graaacias por leer~
Fairy Tail no me pertenece
CAPÍTULO 3 ~ ¿CELOS?
Nadie's POV
Finalizada la jornada de entrenamiento, Erza sonrió satisfecha. Había cogido con bastantes ganas el entrenamiento, pensaba que a lo mejor podría fallar por haber estado tantos años sin llevarse al límite como suele hacer en cada uno de sus entrenamientos, pero no había tenido problema alguno... Cosa que no podía decir de su pelotón.
-Mañana os quiero el doble de activos- dijo con una voz amenazante a sus soldados mientras estos arrastraban los pies hacia las duchas.
Muchos de ellos tendrían guardia después de la comida. Erza recogió las últimas espadas que habían utilizado, mientras una muchacha se le acercaba tímidamente.
-¿Erza? -preguntó, haciendo que la capitana se volviese y analizase a la muchacha que sonreía- ¿Erza Knightwalker?
-Si- dijo secamente mientras continuaba con su tarea de recoger las demás armas.
-Me llamo Kagura Mikazuchi, trabajo como cocinera en el castillo...-se apresuró a decir- Mi hermano me había hablado mucho de usted, se llamaba Simón, ¿lo recuerda?
Erza se quedó paralizada ante aquel nombre. Simón fue uno de sus mejores amigos junto a Jellal, él estaba cuando él nos abandonó. Solían entrenar juntos, pero años antes de que volviese Jellal por asuntos familiares que resolver, y nunca había vuelto a tener a noticias sobre él.
-Fuimos muy amigos- dijo tras unos momentos de silencio.
-Él me decía lo mucho que entrenabas aún siendo tan pequeña y lo difícil que era vencerte
-¿Difícil?- dijo con una sonrisa Erza- Todavía no ha conseguido vencerme.
Erza vió como la sonrisa que Kagura había llevado desde el comienzo de la conversación se desvanecía. Kagura vio la mirada llena de Erza preguntas, con lo que se limitó a contestar.
-Se fue con mi tío a explorar las tierras del este, una misión que el mismo Faust le pidió... hace años que no sabemos nada de él.
Erza cruzó los brazos debajo de su pecho, el hecho de que algo malo le hubiera pasado a su amigo lo llevaba pensado desde hace mucho, pero aun así era duro verificar tus peores sospechas.
-Lo siento...
-Bueno, no venía a darte malas noticias. En realidad venía a pedirte un favor si no es mucho pedir, sé que eres una mujer muy ocupada... - espero una respuesta de Erza, pero al no obtenerla optó por continuar- Yo siempre quise seguir el camino de mi hermano y convertirme en caballera... Pero la situación económica de mi familia no es muy buena y tuve que ponerme a trabajar en algo que me diese suficiente dinero para mantener a toda mi familia... - Es cierto, que al comienzo, un soldado no ganaba mucho dinero...- ¿me entrenaría en el tiempo en que nuestros espacios libres coincidan?
Se giró para mirar fijamente a la muchacha que había borrado todo el rastro de timidez que antes tenía en su rostro y mostraba una mirada segura.
Jellal's POV
-Y tenías que haberla visto- dijo Hughes gesticulando exageradamente- daba una patada a uno y a la vez parecía que le estaba haciendo una maniobra mortal a otro. Parecía que se estuviese desahogando. Vuelve más sádica, Jellal, ¡más sádica!
Jellal no pudo contenerse más la risa. Al parecer, ambos le habían intentado una broma a la capitana en su primer día, pero no pareció que tuvieran éxito bien cuando se presentaron en mi despacho, ambos con varios moratones en el cuerpo.
Todos los capitanes se habían presentado en su despacho, el plan de entrenamiento aún no se sabía si estaba dando buenos resultados. Lo único que sabía con certeza es que todos acababan sin fuerzas por la intensidad de los ejercicios.
-No han pasado ni 24 horas y ya puedo oler el miedo en los soldados- agregó Sugarboy- Pero también es verdad que el entrenamiento tendrá sus recompensas... Los soldados de Erza eran los que ganaban siempre los torneos en la arena sin magia.
-Bueno, entonces, ¿creéis que el plan dará buenos frutos?- preguntó Jellal antes de ser interrumpido por dos golpes secos.
-Adelante.
-Su Majestad, se trata de la subcapitana Minerva Orland- mientras decía eso, rodaba sus ojos en señal de desaprobación que me hizo sonreír- ¿la hago pasar?
-Claro- miré a ambos capitanes que se levantaron de las sillas. Minerva ya había entrado en la habitación y esperaba a que la invitara a sentarse.
-Alteza, el plan esta yendo a la perfección.
-Es más, creo que es la mejor manera de preparar a nuestras tropas...
-Estupendo, gracias por vuestra ayuda capitanes- me despedí de los capitanes con un apretón de manos y, mientras salían por la puerta, invité a Minerva a sentarse en la silla que había ocupado la anterior noche mientras le re explicaba los motivos por los cuales prefería a Knightwalker como capitana en vez de a ella.-Bueno, ¿a que se debe la visita?
-Bueno, hoy estuve comentando con varios ancianos el hecho de lo necesario que su Alteza mantenga un hábito de entrenamiento... Varias veces mencionó en el consejo que no quiere importunar a ningún capitán con sus labores, pero... ahora que yo no soy capitana, ni tengo tantas obligaciones, podría intentar serle de ayudar y entrenarlo.
Le miré detenidamente mientras pensaba las palabras para quitármela de encima. Había entrenado más de lo suficiente en Earthland, no necesitaba que nadie le enseñase como luchar. ¿Cómo decirle a una subcapitana que se cree tan poderosa que no le sería de mucha utilidad en ese sentido sin ofenderla? Le sonreí dulcemente ya que mis palabras iban a ser amargas, ella se sorprendió al ver esa sonrisa y se sonrojó un poco.
-Realmente no es necesario, Minerva, yo no creo que necesito que nadie me ayude. Aprendí a luchar yo solo y nunca he necesitado que nadie me diga como pelear.
-Pero yo tengo mucho que enseñarle, su Majestad.- respondió indignada mientras se hacia la ofendida.
Me eché hacia atrás en mi silla haciendo que crujiese el cuero, levanté una ceja y mire fijamente a la muchacha que no pareció intimidarse.
-¿Que cosas puede enseñarme una subcapitana sin experiencia en el campo de batalla a mi, el Rey que venció al Señor Demonio Dragneel?
Ella no pareció darse por vencida porque en vez de irse indignada por donde entró, como yo esperaba que hiciese, se levantó y comenzó a rodear la mesa acercándose a mi, moviendo seductoramente las caderas.
Mis ojos no se despegaron de ella ni un solo, entonces fue cuando entendí a que cosas se refería. Me dispuse a rechazarla cuando ya se había sentado en mi regazo y pegado su cuerpo al mío. Mi cuerpo no reaccionaba, es más había zonas que si que estaban reaccionando... Intenté guardar la calma mientras ella se acercaba a mi oído para susurrarme:
-Podemos tener un entrenamiento especial que se adecue a las exigencias de su Alteza.
Me miró con una sonrisa de satisfacción mientras acercaba sus labios a los míos. Escuche la puerta sonar fuertemente, Minerva se levantó de inmediato.
-¡Su Alteza, no pude detenerla!- se disculpó Coco desde fuera.
Una Erza furiosa se encontraba en la entrada del despacho, fulminándonos a los dos con la mirada.
Erza's POV
Y si encima no estaba lo suficiente enfadada de que una subcapitana estuviese ocupando el tiempo en el que se Jellal había dictado que los capitanes nos acercaríamos a informarle sobre el nuevo plan militar, teniendo que esperar, esos dos se encontraba manoseándose. Haciendo cosas pervertidas mientras yo esperaba fuera.
Los miré a ambos con una expresión de ira. La subcapitana me enseñó una expresión divertida mientras meneaba sus caderas hacia la salida.
-¿Pensarás sobre esos entrenamientos, su Alteza?- preguntó mientras se giraba hacia Jellal, que aun miraba confuso de ella a mi, como si no se creyera que aquello estuviese realmente pasando. Cada vez me parecía más imbécil.
-A-aye- consiguió articular para el gusto de Minerva mientras esta se iba. Se recompuso en la silla.
En cuanto estuvimos ha solas exhalé varias veces antes de comenzar.
-Mientras su altísima realeza estaba sumiéndose en los pecados carnales,- escuché como Jellal tomaba aliento para protestar, pero lo calle con un gesto- yo me dediqué profesionalmente a mi tarea de capitana y entrené al pelotón que esta bajo mi responsabilidad y que anteriormente estaba en las manos de vuestra subcapitana, o bueno: tu compañera de juegos...
-¿Compañera de juegos?- preguntó con una carcajada. Le fulminé con la mirada y volvió a callarse.
-El plan por ahora no se sabe si va a dar los suficientes frutos como para relajarnos ante una guerra, ¿a pensado su Alteza, entre... revolcón- otra vez le escuché aguantar la risa- y revolcón, alguna otra posibilidad además de los pactos con el norte?
-En primer lugar, no tengo ningún revolcón con la subcapitana Orland. - cruzó los brazos y me miró con una sonrisa torcida.- Solo me proponía ayuda a la hora de mi entrenamiento, aunque ya le he dicho varias veces que no es necesario.
-Por lo que me he encontrado a la vuelta, no es buena entrenadora- dije moviendo la cabeza de un lado a otro mientras recordaba el chasco que me había llevado hoy en el entrenamiento.
-¿Te estás ofreciendo tu como posible entrenadora de tu Rey?
-Yo no he dicho nada de eso- le volví a fulminar con la mirada, pero el solo me miraba juguetón. Pero, ¿porque no servían las miradas furtivas con él?- Además, ese tipo de entrenamiento - dije recordando la postura en la cual me los había encontrado. Extrañamente me molestaba demasiado, supongo que sería por el hecho de que no estaban trabajando... ¿soy la única que se toma esto en serio o que?- te lo pueden ofrecer muchas mujeres del castillo.
-Ah, ¿sí?
-Claro- le sonreí gélidamente. Ayer, mientras recogía mis últimas cosas del apartamento de Lucy, me enteré de todos los cotilleos envolventes al monarca rompecorazones. Bisca, que trabaja como profesora de tiro con pistolas manuales (nuevas pistolas creadas por Levy que no necesitaban magia para funcionar) en el castillo nos contó que no había mujer que no suspirara por él. Aunque también es verdad que por ahora no había compartido ninguna aventura con ninguna de ellas.- tienes a tu club de fans personal dispuesto a contribuir a tu entrenamiento.
-No me lo puedo creer- dijo levantándose divertido. Rodeo la mesa y se fue acercandose a mi- Erza Knightwalker, ¿celosa?
-No estoy celosa, pero me preocupa que no estés en lo que deberías estar. Te juegas mucho.- respondí mientras sentía como el calor subía a mi cara.
-Estoy en lo que debo de estar.- crucé los brazos debajo de mi pecho y continué con la mirada fija en el peliazul- Y puedes estar tranquila, solo existes tu para mi, Eeeerza.
Me hice la molesta mientras mi corazón palpitaba tan fuerte que pensé que Jellal lo estaría escuchando y esa era la causa de que se riera.
-Entonces- continuó tras recibir varios insultos de mi parte- ¿qué contestas?
-¿Contestar a que?
-¿Serás mi entrenadora personal?- me preguntó con una sonrisa seductora.
¿Desde cuando estaba tan cerca? ¿Es que nunca había escuchado nada sobre las distancias personales? Son importantes cuando se mantiene una conversación y no se quiere que la otra persona se sienta incomoda.
-Ahora mismo tengo una... amiga a la que voy a entrenar en mi hora libre, así que no tengo tiempo para su... entrenamiento- dije levantando una ceja y agradeciendo a Kagura.
-Bueno, podríamos dejar la sesión de entrenamiento para después de las reuniones del Consejo, tengo entendido que solías entrenar sola sobre esa hora antes...
-Era para liberar... las tensiones que me producen algunos... comentarios- cuidé bien las palabras, pero ciertamente salía con ganas de dar puñetazos a todo el que me encontrara.
-Bueno, yo te puedo ayudar, sé de métodos para liberar tensión- dijo con una sonrisa torcida y de nuevo ese gesto de pervertido.
-En estos años te has convertido, en un verdadero viejo verde.
-¿Viejo?- preguntó dolido.- Solo soy un año mas mayor que tu.
-Eso es lo suficiente como para llamarte viejo- le conteste cruzando los brazos debajo de mi pecho de nuevo.
-Bueno, pues este viejo quiere que le entrenes.
-Si te entreno, vas a acabar llorando- le miré con una sonrisa de auto suficiente y amenazadora a la vez- Yo hago entrenamientos muy duros para desestresarme.
Me miró durante varios segundos para luego darme otra sonrisa pícara.
-Creo que después de tantos dobles sentidos en la palabra, no llego a captar a que tipo de entrenamiento se refiere mi capitana, ¿"entrenamiento" duro? ¿eso es lo que le gusta?
Sentí como mi cara se volvía completamente roja. No podía aguantarlo más.
-¡Eres imbécil! ¡Demasiado imbécil! -le di un puñetazo fuerte en el hombro que no tardo en masajearse mientras se reía- ¿Como puedes ser tan pervertido! ¿Como! -El aludido se encogió de hombros aún riéndose.
-Estoy dispuesto a cualquier tipo de entrenamiento, mi capitana- dijo aún entre risas.
Sentía mis mejillas arder y mi estómago revolverse, por lo guapo que estaba mientras no podía parar de reírse. Espera, ¿he pensado que este viejo verde es guapo?
-Será entrenamiento de lucha, de espadas, de lanzas, de puños...- dije mientras lo fulminaba aún roja.
-Vale, vale- dijo levantando los brazos aún riendose.- Si quieres, mañana mismo empezamos.
-Estupendo, ahora si me disculpa tengo otros asuntos que atender; así que, todo ha ido perfecto con el nuevo plan militar, los he dejado arrastrando los pies pero yo no creo que sea por el plan sino porque...- me pensé bien como llamarla, porque sinceramente se me había olvidado el nombre- la que me sustituía antes, no me los ha entrenado lo suficientemente bien.
-Me alegro, ya veremos si el plan que propuso da verdaderamente sus frutos- me enseñó una sonrisa cálida. Me dirigí hacia la puerta ya que como siguiese esto prolongándose iba a llegar muy tarde.- Por cierto, me alegro de que se uniese a Fairy Tail.
-No soy Scarlet- las palabras me salieron sin ni si quiera pasar por mi cabeza. Miré de reojo para ver la reacción de Jellal, pero el continuaba sonriendo, esta vez con una sonrisa mas tierna.
-Sé que eres Knightwalker, yo te puse ese apellido -hizo una breve pausa. Yo me había quedado quieta mirando hacia la puerta mientras varios flash del pasado venían a mi mente.- ¿recuerdas?
Continué andado hacia la puerta para no caer en la espira de sentimientos en la que me estaba envolviendo ese recuerdo... Yo no soy así, ¿vale? La verdadera Erza Knightwalker no se deja dominar por su pasado. Nunca más.
-Debo irme- sin esperar respuesta salí del despacho y comencé mi camino de vuelta a mi cuarto, de fondo escuche a una Coco que entraba corriendo en el despacho del Rey. "Parece que tampoco ha afectado mucho a vuestra relación estos 7 años"
Hice una mueca de dolor mientras mariposas corrían por mi estómago, esto no me podía estar pasando. No otra vez con él. No con el Rey.
En mi habitación me di una ducha rápida y fría para despejarme; sin perder el ritmo me fui a la salida del castillo. Hoy era un día especial en Ciudad Real, hoy hacia un año de la caída del Señor Demonio Dragneel y los ciudadanos celebraban por las calles disfrazados de demonios. Gracias a ese gran espectáculo, hoy no había Consejo. Las personas me iban ofreciendo comida mientras me encaminaba al gremio más escandaloso, comida a la cual me dedicaba a rechazar con amabilidad.
Cuando comencé a divisar Fairy Tail de fondo, una figura me asaltó en mitad de la calle. Natsu Dragneel.
-¡Erza!- me llamó nervioso- ¡Necesito tu ayuda!
-¿Que quieres?- le pregunté mientras nos dirigíamos a un callejón cercano al gremio pero oculto para darnos privacidad.
-¿Te acuerdas de lo que pasó la anterior noche c-con Lucy?- preguntó sonrojado. Le miré varias veces y crucé los brazos.
-Sí, el día que te aprovechaste de Lucy, ¿quieres que te vuelva a recordar lo mal que estuvo eso?
-Nononono- dijo moviendo las manos y alejándose con miedo.- Solo quería... Quiero pedirle a Lu-lucy que salga conmigo.
-¿Co-como pareja?- le miré impresionada. ¿Cómo una chica tan dura e independiente como Lucy iba a querer estar con un miedica como Natsu? Aunque si lo pienso mejor, había demasiadas cosas de Lucy que seguían sorprendiéndome, esta puede ser una de ellas.
Natsu movió la cabeza en señal de asentimiento y espero mi respuesta, pero no entendía que quería de mi.
-¿Y que quieres? ¿Que os deje mi cama para consumar vuestro amor? Lucy tiene un apartamento donde tendréis privacidad para esas cosas- Natsu se puso completamente rojo.
-N-no no me refería a eso- le miré levantando una ceja- Es que verás, Lucy tiene una personalidad peculiar- Y tanto...- y no sé como podría pedírselo... Entonces, le fui a preguntar a Levy que tiene una personalidad parecida... Pero resulta que no quiere tener nada que ver en algo que pudiera hacerle feliz a Lucy y pues no me quiso ayudar. Entonces, la única mujer que más se parece a Lucy de carácter eres tú y...
-¿A que te refieres?- interrumpí mientras sentía como la ira comenzaba a fluir por mi cuerpo.
-Me refiero a que tenéis una personalidad singular y una belleza absoluta- dijo mientras sudaba por todos lados nervioso. Le miré pensativa durante varios segundos, creo que se la dejaría pasar solo por esta vez.
-¿Y en que necesitas mi ayuda?- dije ¿por cuarta vez? ¿Porque no me había dicho ya el inútil lo que quería?
-¿Cómo te gustaría que te pidieran salir?- preguntó Natsu lo mas rápido posible y esperando un golpe.
Me quedé pensando confusa sobre esa pregunta. Nunca me había planteando esa pregunta, quizá sea porque nunca creí que alguien me pidiese salir... Vamos, soy Knightwalker, ¿que hombre no me tenía miedo? Me habían hecho propuestas indecentes, claro. Pero una propuesta de una relación formal... Nadie se atrevería.
-Pues la verdad yo ni me fijaría en un hombre que no fuese ni la mitad de fuerte que yo.- dije tras pensarlo durante varios minutos y mirándolo de arriba abajo.
-¿A-alguna vez te has fijado en un hombre de esa ma...?- le miré con tanta ira que no consiguió acabar la pregunta.
-¿Quieres que te ayude?- no esperé la respuesta- Pues cállate y escucha. Como decía, tienes todas las papeletas para que te den una patada en el culo o te rompan tu pequeño corazoncito... Pero aun así, no es la primera vez que Lucy toma una decisión estúpida, así que tienes posibilidades.
Natsu pareció alegrarse antes tales palabras e hizo una señal de victoria.
-"Tienes posibilidades" no significa que lo vayas a conseguir.- lo miré de arriba a abajo de nuevo y suspiré- Supongo que deberías llegar y decírselo, sin mas rodeos, y díselo directamente... sin indirectas, porque sino puede entenderlo mal y acabaría mal todo.-Natsu asentía sin parar con una sonrisa. - Así que guarda por hoy al miedica y saca al Natsu valiente por una vez.
-Se intentará...
-¡QUIERO MÁS ÁNIMOS!
-¡Se intentara!
-¡NO ES LO SUFICIENTE!
-¡SE INTENTARÁ!
-¡ESE NO ES EL ESPÍRITU!
-¡SE LOGRARÁ!
La gente se amontonaba a la salida de el callejón y nos miraban extrañados. Intenté disculparme pero Natsu había salido decidido hacia el gremio, y yo eso no me lo podía perder. Fui detrás de él con una sonrisa orgullosa mientras veía como miraba seguro el gremio.
Pero en el gremio no estaba Lucy. Me miró desconsolado mientras Mirajane decía:
-Ara ara, volverá en unos minutos- y desapareció para servirle un zumo de piña a Cana.
-Natsu, guarda esa seguridad para cuando Lucy entre por esa puerta, yo estaré mirando y... apoyándote, desde arriba- señalé el piso de arriba en el que no había nadie y este me asintió y sonrió.
Le di un suave golpe de apoyo en el hombro y me encaminé hacia las escaleras. Desde arriba tenía una visión completa del gremio. Natsu me saludó varias veces como un niño pequeño haciendo que su padre lo viese cuando estaba a punto de hacer una voltereta. En ese momento, una rubia entró en el gremio protestando sobre como unos habitantes disfrazados de demonios se habían metidos con Elfman y no había sabido defenderse.
Oí varios pasos detrás mía. Yo pensaba que estaba sola.
-¿Porque estas aquí sola?- preguntó una voz grave a mi lado.
Una figura de un hombre misterioso encapuchado con un pañuelo que le cubría el resto de la cara se puso a mi lado. Era un hombre raro, pero todas las hadas lo eran... Descarte que fuese un enemigo, porque si lo fuese, me hubiera esperado en la salida o directamente me hubiera atacado aqui arriba mientras pensaba que estaba sola.
A su vez, esa voz me recordaba demasiado ha cierta persona de la que hoy ya no quería saber más.
-Mira- le señalé volviendo a bajar la mirada hacia Natsu que se tragó de un golpe lo que le quedaba de alcohol en su copa de un sorbo y comenzó a dirigirse hacia la rubia.
El encapuchado se apoyó en la barandilla, a mi lado, y guardó silencio.
-Y el espectáculo comienza- murmuré para mi misma, aunque sabía que el encapuchado me había escuchado.
-¡Lucy!- la llamó Natsu. Esta dejó a Elfman en una mesa mientras su hermana Mirajane corría a curarle las heridas.
-¿Que pasa, Natsu?- preguntó Lucy volviéndose hacia él.
