LUGARES A LOS CUALES IR
Capítulo 3: Hará de tu vida un infierno
La mañana del día siguiente parecía más brillante que la de otros días, Frisk y Omeliah ya estaban listos para comenzar con el día, y era evidente que Frisk era quien estaba más contento. Y ambos se iban organizando nuevamente para aclarar como procederían esa tarde.
Ambos se despidieron y tomaron caminos propios en direcciones opuestas, esperando ansiosos volverse a encontrar en la tarde para poder celebrar, el infante tenia conciencia de que la mujer no estaba muy contenta respecto a lo que había sucedido el día de ayer, pero parecía que se había jurado que nunca olvidaría ese día, y en efecto, las dificultades que pudiesen presentarse jamás le impedían celebrar aquel día cada año, jamás había pasado y no tenía razones para creer que esta vez sería diferente.
Frisk se sentó en un sito del frente del autobús, podía escuchar a uno que otro niño cuchichear acerca de la dulcería, que también acudiría, decidió unirse a la conversación, a pesar de su relación con los otros niños, le alegraba la idea de ver más caras conocidas, finalmente se prometió a si mismx la mayor compostura posible, tener un día lo más libre de complicaciones dentro de la escuela, y es muy conocido que si se proponía algo lo cumpliría…
Omeliah igual se propuso seguir con su día como cualquier otro, o bueno casi como cualquier otro. A pesar de las carencias, de uno u otro modo ese día tenía que ser especial, aunque era el día de Frisk, era también un día muy especial para ella, era un recordatorio del porque hacia lo que hacía, de porque no se daba por vencida, aunque quería…
Una vez la mujer regreso de su primer trabajo, comenzó a limpiar el pequeño apartamento, trato de dejarlo lo mejor posible, era algo que tardaba en hacer, ya que a pesar de ser un lugar tan pequeño Omeliah tenía la mala costumbre de dejar el desorden acumularse, normalmente dejaba el aseo de la casa solo para los días que tenía libres, e incluso no siempre, simplemente que a veces estaba tan cansada y harta de todo, que esos días, no quería hacer nada, ni la limpieza, ni hablar con nadie, ni siquiera Frisk… pero no hoy, por el contrario, se sentía motivada, llena de determinación podríamos decir. Una vez terminado tomo un respiro, preparo algo rápido para comer tanto para ella como para Frisk, se arregló un poco el rostro y cabello y por fin salió a hacer las compras para la casa, a sabiendas de que, al regresar, Frisk se encontraría ahí, y ambos podrían salir.
Las 2pm, hora de salir de la escuela y Frisk decidió ir a casa a pie y tranquilo, había tenido un día relativamente calmado, sin meterse en problemas "como Omeliah habría querido" pensó, le hacía sentir en paz consigo mismo y con ella, sabía que de tener más días así, estaría más seguido en paz con ella, aunque no con si mismo, lo hacía más como para disculparse con ella y asegurase de ir, no es que no le importaran los sentimientos de Omeliah, sino que sabía que se lo debía, aun así no sentía arrepentimiento, y que ella exageraba, puesto que no salió herido y no hirió a nadie…
Sacudiendo esos pensamientos de su mente disfruto del camino a casa, sus pies dolían un poco y se dejó caer en el sofá, pronto noto el apartamento limpio y arreglado en un par de horas llegaría Omeliah, de ahí en más solo tendría que ser paciente, buscar en que pasar el tiempo en lo que ella llegaba, comían algo y finalmente pudieran llegar a ir a la dulcería, ver el show de inauguración, y quien sabe tal vez comprar un dulce y de ahí en más tener una linda noche hasta el día siguiente. El cuál sería el último día de escuela antes de las vacaciones, realmente no podía desear nada más.
Pasó un rato en el sillón y luego decidió levantarse y llevar sus cosas a la habitación, el tiempo avanzaba Frisk trataba de relajarse, leyendo un poco, dibujando, jugando en la computadora, cualquier cosa que pudiera surgir dentro de la pequeña caja que era su apartamento, y nada más, por más tentador que resultaba salir, se mantenía determinado a ser paciente y esperar a Omeliah… había ya matado con éxito 1 hora y media para ese momento que agoto todas sus primeras posibilidades. Solo era cuestión de tiempo, y a cada segundo menos, pero no podía soportar, estaba realmente emocionado, pero tenía que esperar, solo un poco más…
Omeliah se encontraba en el supermercado en aquel que ella trabajaba, muchas veces se decía que preferiría hacer las compras en otro lugar, pero al ser empleada se le daba un pequeño descuento, y pues bueno, la economía que llevaban tenía que estar completamente controlada, incluso en días como este, sobre todo en días como este, para eso tenía un poco de dinero ahorrado, por lo general para pagar las cosas más caras, como las inscripciones de la escuela de Frisk y sus útiles, así como el servicio de cable e internet, de ahí tomaría algo de dinero para poder llevar a Frisk a esa dulcería tan extravagante de la que ya se veían cada vez más anuncios alrededor de la ciudad.
Todo iba bien, dentro de su cabeza la mujer no paraba de rezar para que se mantuviera de esa manera, cada vez más fuerte como si tuviera el presentimiento de que no sería así. Una vez terminada y pagada la despensa se dirigía hacia afuera, para por fin ir a casa, pero fue detenida por Rick quien la había abordado, ofreciéndole ayuda para cargar sus bolsas y sonriéndole, en serio no había nada que ella odiara más que su sonrisa. Porque esa forma de sonreírle significaba una sola cosa…
—me alegra mucho verte por aquí. —Omeliah no contesto. —necesitamos que cubras las horas que te faltan.
Las palabras congelaron todo el ambiente, lo hicieron más oscuro y sentía que algo le aplastaba el pecho, como si apenas se pudiera mover o hablar, fue como haberse topado contra una pared, dura y muy fría…
—Disculpe…— fue lo único que alcanzo a decir, su voz sonó ahogada, justo como ella se sentía.
—lo que oíste, tienes que entender, no puedo darte un trato preferencial sobre los demás empleados… claro a menos que quieras, ya sabes, devolverme el favor.
— ¡No! — Omeliah prácticamente rugió e inmediatamente al darse cuenta se encogió nuevamente y bajo el volumen de su voz. — quiero decir, no, pero… no lo entiende, no puedo, hoy no, es cumpleaños de mi hijo…
Rick arquea una ceja al verla de ese modo y la ayuda con las bolsas de las compras, nuevamente pintando en su rostro su máscara amable que mostraba al resto del mundo.
— ¿y supongo tenían un plan? ¿Qué harían, le llevarías a algún lugar especial?
—A esa dulcería nueva que tanto han estado anunciando…— contesto ella tímidamente, aun alterada
—Oh sí, he oído de ese lugar, parece divertido— su sonrisa se volvió más amplia. — ¿Qué tal si hacemos lo siguiente, yo personalmente los llevo allá, le compramos algunos dulces a Frisk, algún regalo y celebramos su cumpleaños como es debido, pasamos el resto de la noche juntos que te parece?
Omeliah se crispó tanto solo de oírlo, apretó tanto los puños que se marcó las uñas en las palmas, podría decirse que también sentía como apretaba su propia alma. Dejo salir el suspiro más amargo de la historia y se dirigió al área de empleados. Una vez se puso el uniforme y guardo las compras en su casillero, seco un par de lágrimas para ponerse atender una de las cajas…
Odiaba tanto lo que estaba haciendo, lo que terminaría haciéndole a Frisk, pero odiaba más la idea de tener a ese sujeto cerca, se odiaba tanto, lo odiaba tanto… simplemente no le daría ninguna oportunidad, no importa cuánto tuviera que sacrificar, nadie se acercaría a ella jamás, aun con todo acuestas esperaba que Frisk entendiera, "es listo, seguro entenderá y se lo voy a compensar" pensaba de forma compulsiva y rezaba porque fuera así.
Frisk continúo buscando actividades para matar el tiempo, ya solo faltaba una hora, comenzó a sentir hambre y recordó que Omeliah dejo comida preparada para ambos, se sirvió un poco, tomo asiento en su "comedor" y encendió el televisor; estaban pasando un programa de policías que sabía le gustaba a ella, y el infante de vez en cuando se sentaba junto a ella para verlo.
Solo pudo pensar en Omeliah, en que ya esperaba que llegara, pensaba en la dulcería, en el mago… pero sobre todo en que sucedería algo nuevo y divertido, pensaba en divertirse, en que ambos se divertirían.
Esa idea le hacía sonreír de compartir algo lindo con Omeliah, pocas… eran esas memorias, en las que estaban juntos, disfrutando de algo, poder acumular otra sería un tesoro.
El tiempo de espera por fin parecía haber terminado, justo cuando termino el episodio, "una coincidencia divertida"… pasaron unos minutos y aun no llegaba Omeliah, resoplo con un poco de desesperación, pero aun mantuvo la esperanza, eran las 5:15 apenas, no tardaría… se mantuvo optimista, a pesar de que ya llevaba mucho esperando, aún quedaba tiempo, y debía de haber una buena razón para la tardanza, que en sus más altas esperanzas no faltaba nada para terminar.
Pasaron otros 15 minutos, y la criatura ya comenzó a recorrer el apartamento ansioso, ya se había peinado y acomodado la ropa por segunda vez, se asomaba a los pasillos por la puerta, incluso bajo unos pisos, y se atrevió a preguntar algún vecino, pero nada…
Frisk se ponía más ansioso, desesperado, tanto que se le olvido revisar la hora, tenía que haber una buena razón, pero no pudo evitar sentirse decaído y traicionado, el tiempo seguía corriendo frio y sin cuidado de los planes o deseos de Frisk… y cuando por fin miro a un reloj sentía su corazón partirse en dos y luego en muchos pedacitos…
Podía hacer memoria en ese momento, de esos momentos que atesoraba a lado de Omeliah, todos en días como estos… eran tan escasos, tan lejanos, tan poco consistentes en el sentido de que parecían estar hechos de nada… una leve esencia de lo que se suponía debía ser su relación. Algo amargo calaba hasta el fondo de su alma, sentía que quería llorar, pero se contuvo lo más que pudo. No podía permitirse quebrarse, no para nada, Frisk no era débil y no se rendiría fácilmente, quedarse y esperar ver a llegar a la mujer con la respiración agitada y sudor en la frente, así como con un montón de escusas en la boca seria aceptar una derrota, una derrota ante la posibilidad de descubrir, de ir a donde deseaba. No importaba nada, algo dentro de sí mismo le decía que tenía que ir, que no podía vivir toda la vida encerrado esperando; cuando honestamente quería hacer mucho más, ver y conocer.
¿Estaba bien? ¿Estaba mal? ¿Tendría consecuencias contundentes? Nada de eso importaba, era hora de poner a prueba esa independencia, que a fuerza le parecía inculcar esta mujer… y es que no podía tolerarlo, sentía como si fuera una traición a todo lo que se había esforzado, de nada le había servido, no sería la primera vez que la desobedece y seguramente tampoco sería la última. De todos modos, no le sirvió de nada, al final era cuestión suya y ahora todo el asunto estaba en sus manos, no quería perderse el evento… y algo iba a hacer. Aun se sentía envuelto en este sentimiento de amargura, pero no lo dejaría pasar. Acciones era lo único que le venían a la cabeza, sabía lo que quería hacer y cómo.
Era demasiado, aun dolía. Pero no era justo, sentía que las promesas desaparecían, tanto las que ella hizo como las suyas, no perdió más tiempo, entro a su cuarto y reviso el armario y no tardo en encontrar una pequeña lata de café en la que Omeliah guarda el dinero, dinero con el que ella pagaba ciertas cosas como la renta del apartamento y la escuela…solo sería una pequeña parte, sería suficiente.
Su manita estaba a punto de sacar los billetes cuando algo lo detuvo ¿realmente estaba dispuesto a tomar ese dinero para ir a una dulcería? Si faltaba algo seria evidente quien fue, pero estaba determinado. ¿Era malo? Era peor romper una promesa, en especial cuando significaba tanto entre ellos, además si trataba de encontrar una forma de regresarlo todo estaría bien.
Simplemente tomo, todo lo que cupo en su puño, y lo metió en su bolsillo salió del apartamento en dirección a la parada del autobús, y no tardó mucho en aparecer el indicado, lo abordo y su mente nuevamente se encontraba cautiva, muy pocas veces estaba fuera de la casa solo tan tarde. Mas lo ignoro, no le asustaba realmente, de hecho, hasta cierto punto lo encontraba emocionante, andar por su cuenta, lo hacía, pero no por mucho tiempo.
Pronto llego a su parada, camino por un par de calles y por fin la encontró, se fui guiando por la música, más tristemente por el confeti en el suelo y las personas de la banda guardando sus instrumentos se dio cuenta que se había perdido el evento, sin embargo, aún había bastante gente, bastantes personas alrededor, corrió dentro para poder mirar y quedo embelesado. El lugar era mucho más grande de lo que esperaba, aunque jamás había estado en un lugar así, era impresionante, dispensadores enormes que llegaban al techo, dulces de marca en paquete para su venta mayorista, y para su venta individual en otros estantes, grandes fuentes de chocolate y una enorme mesa donde había disponibles dulces artesanales; tanto tradicionales como originales, que Frisk nunca había visto. El lugar parecía antiguo como sacado de un cuento de hadas, madera oscura, vitrales en algunas ventanas, y banderines violetas colgados entre serpentinas doradas.
El lugar era precioso e imponente, parecía más pequeño por fuera, bellamente discordante con la ciudad. Frisk recorría estante tras estante, sintiéndose intrigado por cada dulce que le era nuevo, le agradaba ver a la gente contenta a su alrededor y no perdía la oportunidad de tomar muestras gratis de todo lo que podía, se la estaba pasando bien, no se podía negar eso, las decoraciones, el olor del azúcar impregnado el aire. "Valió la pena" pensó.
Pronto la gente se disipo y pudo acercarse a la mesa de los dulces artesanales. Envueltos a mano en papel celofán o pequeñas bolsas de tela. Con etiquetas que parecían grabados. Una pequeña sonrisa apareció en su rostro al notar el cuidado y dedicación que tenían, le parecían curiosas las formas y colores que tenían. Sin embargo, esa sonrisa se fue desvaneciendo al notar los precios… eran caros…bastante caros. Decidió apartarse y seguir recorriendo el lugar, mirando a la gente, los dulces, escuchando la música que habían puesto por las bocinas, pensando en si comprar algo o no…
Ya estaba a punto de irse cuando decidió dar una última vuelta por el lugar y analizar las golosinas en la mesa, nuevamente le cautivaban y extrañaban los colores y las formas…cuando su mirada se alzó hacia los altos techos del edificio en el barandal; un hombre, no muy alto un poco pasado de peso, y ya un poco mayor. Y a pesar de eso tenía un porte llamativo, imponente y un poco misterioso, lo observo y sonriendo a los empleados, a los clientes… a Frisk. Llevaba puesto un smoking negro de cola y un sombrero de copa a juego, ambos de terciopelo iridiscente, como el plumaje de algunas aves… tenía una mirada inquisitiva que se posó sobre el infante que también le miraba fijamente, le sonrió y bajo hábil, velozmente, como si danzara y a penas tardo unos segundos en estar frente a Frisk.
—Buenas noches jovencito. — Dijo el hombre en un tono calmo pero alegre— ¡yo soy el mágico Ebert! Un placer tenerte en mi tienda…— el hombre dijo con aire triunfal y luego hizo una reverencia quitándose el sombrero…
Frisk soltó una pequeñísima risa ocultando la sonrisa detrás de su mano para después dirigir su vista al hombre con su rostro neutral.
—Veo que te interesan mis dulces mágicos…—dijo el señor y el infante rápidamente los deja nuevamente en la mesa. — son creación original, y aquí entre nos no lo de mágicos no es por exagerar
El hombre guiña un ojo y él se siente un poco intrigado por el sujeto y por los dulces… realmente no sabía si era en un buen o mal sentido.
—La comida mágica es la única capaz de recuperar HP, cuando tu alma se lastima es la magia es lo único que la puede hacer que sane. — dice el hombre en un suspiro
Frisk seguía mirando inquisitivo… realmente no sabía de qué se trataba todo eso, pero tampoco se atrevía a preguntar, aun así, tenía la sensación de que este sujeto sabía de lo que hablaba, que hablaba de cosas que no cualquiera podía comprender.
—bueno, espero tengas una linda noche. Gracias por visitarnos, vuelve pronto. — el hombre se despidió con su tono sofisticado y le dio la espalda…
Y no supo porque, pero su vista se volvió nuevamente a los dulces en la mesa, y al hombre que se alejaba quien pronto se detuvo para saludar a otro cliente… no entendía que era todo eso, acaso lo trato hipnotizar o fue un truco de mercadotecnia, quizá ambas, pero funciono, tomo el paquete de dulces más barato de la mesa; eran tres gomitas muy suaves de color verde muy claro y traslucido… la etiqueta decía que eran gomitas suaves rellenas de leche condensada, cubiertas de azúcar. Tenían forma… de ranas pequeñas, se llamaban Frogits dulces.
Cuando se dirigió a pagar, el mismo Ebert le atendió, igualmente le explico que era su cumpleaños, y el mago le hizo una oferta, de llevarse otro paquete con un descuento… era más dinero del que planearía gastar, pero la oferta era tentadora, comprar los dos paquetes juntos los dejaba considerablemente más baratos, así que acepto. El sujeto le volvió a sonreír, de esa manera extraña, como si supiera más que cualquier persona presente en el lugar, la criatura se comenzó a retirar del lugar, pero no sin antes darle un último vistazo a ese lugar que parecía sacado de un libro y al igual que su dueño, tan enigmático, quien al final le despido con una sonrisa más amistosa y menos misteriosa, dándole la sensación de que en realidad podría ser solo una actitud que tomaba por ser un personaje… tal vez el mágico Ebert ni siquiera era real y aquel hombre solo era un amable actor…
Frisk noto el cielo y se había oscurecido, sabía que tenía que irse a su casa pronto o ya no pasaría ningún autobús que le llevara. De todos modos, camino con calma contemplando la ciudad y las personas. Pensando en todo lo que recién acababa de suceder, en salir sin permiso, en tomar dinero que no era suyo, en la dulcería, el hombre "mágico" y los dulces tan costosos que había comprado, que decidió abrir y probar en lo que esperaba el bus apropiado para abordar… tenían un sabor peculiar no sabía si eran de limón o manzana, y eran mucho más suaves de lo que esperaba, al darles otro mordisco la leche condesada salía sabía mucho más dulce incluso tal vez un poco empalagoso… pero en general eran deliciosas, si acaso lo que menos le agradaba era que el azúcar se quedaba muy pegada en sus manos y labios… se sentía más como polvo que azúcar.
El autobús que le recogió era de un modelo más viejo que el resto de los camiones comunes, iluminado con viejos neones azules y unas cuantas luces entre blanco y amarillo… estaba casi vacío, solo unas 4 personas más. El infante toma asiento a lado de una ventana, ni muy adelante ni muy atrás con la mirada puesta en la ventana en espera de que más pasajeros subieran. Decidió sacar el otro paquete de dulces solo para ver la forma de los curiosos dulces que recién había comprado, para después volverlos a guardar en cuanto vio que alguien más subía. Solo una pareja de novios que tenía un semblante un tanto sombrío que se sentó justo en el asiento de atrás.
Venían platicando en esa clase de susurros que aún eran audibles, y por más que lo evito Frisk termino por escucharlo todo…
—Entonces…fue al monte Ebott. — ella lo dijo triste y como si fueran las perores palabras que alguien pudiera decirle a alguien más.
El nombre de la ciudad en que vivía igualmente se llamaba Ebott, y Frisk sabía que el nombre vino por ese monte Ebott. Y había leído y escuchado muchas historias acerca de ese pequeño monte. Aunque poco sustanciosas se podían resumir en lo siguiente "las leyendas dicen que aquellos que la montaña nunca regresan" poco se ha narrado del porqué, y las leyendas lo atribuyen a una muy muy antigua maldición, y es que realmente no se tenía registro de una sola persona que subiera y regresara… era como una tradición de la que pocos registros se tenían, pero la verdadera razón para esas desapariciones era desconocida o bien quienes la conocían no hablaban mucho… era casi un tabú hablar de ese lugar.
La chica continuaba hablando…
—he oído historias de la montaña… la más loca que hay monstruos ahí. —soltó una pequeña risa tratando de aligerar el asunto, pero se dio cuenta de que no había funcionado…
—Por favor, esa es una historia que nos cuentan a todos cuando somos niños, pero por dios, todos saben realmente porque la gente nunca vuelve de ahí...— él hablaba irritado y su voz se quebraba cada vez más al pronunciar palabra…
Hubo un momento de silencio prolongado, que después fue interrumpido por un ligero sollozo… Frisk sentía un nudo en la garganta por las palabras que había escuchado, pero al mismo tiempo se sentía muy intrigado ¿Qué era lo que realmente había en ese lugar?
Frisk bajo y pronto llego a su casa, el apartamento estaba completamente a oscuras y no había rastros de alguien en el lugar, encendió el foco, y solo encontró un mini pastelillo en la mesa, sintió un poco de remordimiento, pero el bulto en sus bolcillos le hizo olvidarlo, aunque no del todo, simplemente dejo el otro paquete al lado del postre. Pronto noto algo curioso… "los Frogits" eran lo único que quedaba en su bolcillo, y nada más; el cambio por los dulces ya no estaba, debieron de haber caído cuando los saco en el autobús y el asunto del monte Ebott había capturado demasiado su atención como para darse cuenta, un sentimiento de desesperación le envolvió. Pero en el fondo, sabía que no podía hacer nada con una sensación un poco amarga de memoria encontró la puerta a su cuarto metiéndose en la cama, rodando en ella, tratando de olvidar el asunto y concentrarse en otras cosas, con una mescla de emociones rondando en su mente, algo de alegría, culpa, e intriga, fue toda una aventura y se sentía satisfecho.
Eran las 7pm y Omeliah corría con las bolsas de las compras y un muy pequeño pastel que compro al finalizar su turno en la tienda, se sentía muy mal por haber defraudado a Frisk, pero realmente haría cualquier cosa por evitar acercarse a ese sujeto o a cualquiera… abrió el departamento pronunciando las palabras de disculpa que había ensayado todo el camino
— ¡Frisk! Lamento mucho tardarme tanto. — Llamo en voz alta — te traje algo, en serio lo siento, mañana podemos ir…
Silencio, pero era normal volvió a llamar, pero nadie vino, así que comenzó a buscar, entro a la cocina, nadie, toco la puerta del baño, pero al girar la perilla estaba abierto, finalmente entro al curto, el cual noto un poco revuelto, pero Frisk no estaba por ningún lado, y toda la fatalidad del mundo entro en ella, se había salido se había ido a quien sabe dónde, y un disgusto enorme se plantó en ella, "maldito mocoso, siempre tiene que estar haciéndome esto" pensó, ella jamás llamaría a Frisk de ese modo al menos no en su presencia. Entro a la habitación y se dejó caer en su cama frustrada y refunfuñando maldiciones, todo empeoro al notar el armario más revuelto de lo normal.
Simplemente no podía con la situación era demasiado frustrante salió estrellando la puerta del cuarto y luego la del departamento faltaba poco para su turno en el bar y tenía que ponerse en marcha, sus músculos estaban tensos al igual los de su rostro, aun así sus ojos estaban pendientes a todo a su alrededor, por más rabia que sintiera quería ver a Frisk saber que estaba bien, quería verle no solo también para asegurar que no estuviera en peligro sino que para desahogarse, regañarle por lo que hizo y castigarle, como si la furia se fuera solo de esa manera… ya en el centro a unas cuantas calles paro en una pequeña tienda a comprar algo; cada que compraba eso había en la mujer una sensación entre placer, alivio y culpa… pero sentía que una situación así lo ameritaba, de hecho solo lo hacía cuando el estrés en su cuerpo y mente eran demasiados, la gente le decía que no era buena idea, ni siquiera cuando no estaba estresada, pero realmente no le importaba… pago la cajetilla de cigarrillos y encendió uno mientras caminaba y llegaba a su trabajo, respirando el humo gris tratando de mitigar sus sentimientos.
Fue un turno relativamente tranquilo, aun así lo sintió como el más largo de su vida, se despidió de sus compañeras y nuevamente recorrió el camino de vuelta al apartamento, sube ansiosa las escaleras a veces saltándose escalones, más ansiosa de lo que alguna vez lo hubiera hecho, con un nudo en la garganta al estar por fin frente a la puerta.
No había ni una luz encendida y las luces de los pasillos externos apenas se colaban por debajo de la puerta. Omeliah estaba tan nerviosa pero el peso enorme sobre su pecho se desvaneció al encender la luz y notar que había algo diferente con el lugar, un paquete de dulces en la mesa al lado del pastelillo... el peso que la oprimía se evaporo tan rápido y sentía el aire en sus pulmones volátil apunto de hacerla estallar, pues la preocupación se había vuelto nuevamente un coraje contra Frisk, entro al cuarto y noto al infante dormido en su cama y confirmar que todo estaba bien, o bueno no realmente…
Si no fuera tan tarde y estuviera tan cansada habría comenzado a regañarle inmediatamente, sus labios ardían con las ganas, y pensamientos estresantes inundaban su mente; termino por encender otro cigarrillo ahí mismo sin importarle que estuviera ahí.
La mañana llego y Frisk despertó, la luz del sol entraba bien por la ventana y noto que la cama a su lado estaba vacía pero fácilmente escuchaba los sonidos de alguien afuera del cuarto y percibía un olor tenue y peculiar, aunque familiar que no se atrevía a nombrar.
Salió de la habitación y vio a Omeliah sentada frente al televisor con una taza de café, y ninguno se atrevía a voltear a verse o hablarse. Aun así, podía decirlo por su mirada, no estaba nada contenta. Cuando llego la hora salieron de la casa, Omeliah caminaba un tanto más rápido que Frisk tomándole de la mano prácticamente jalándole, murmurando entre dientes… y Frisk no lo tolero por mucho, también estaba enfadado, ayer si bien no fue el peor día que tuvo no era tampoco como deseaba que fuera, Omeliah se había olivado del único día que nunca se olvidaba, el día en que compartían más, que se sentían más cercanos…
Frisk se zafo de ella y comenzó a correr como ayer, pero esta vez ella no parecía interesada en correr para alcanzarle, no le importo y siguió corriendo hasta que resbalo a causa de algo de arena que había en la banqueta, raspándose las rodillas y la mejilla. Omeliah solo apresuro el paso justo apenas cuando se iba levantando. La criatura toco su rostro y noto que un poco de sangre comenzó a salir y fue solo ahí cuando comenzó a doler. Cuando ella por fin lo alcanzo ambos suspiraron y la mujer comenzó a buscar dentro de su bolso por un curita que comenzó a abrir…
— ¿Cuántas veces te he dicho que no corras así? — le regaño mientras se inclinaba y le colocaba la bandita y continuaron caminando. Ella ya no se contuvo más— bien ganado te lo tienes ¿Por qué te saliste de la casa? ¿Creíste que no me iba a dar cuenta?
— ¿Tú por qué no llegaste por mí? — dijo Frisk secamente.
—Rick me obligo a quedarme a cubrir las horas por las que salí temprano ayer porque a alguien se le antoja no entrar a clases.
Frisk renegó un poco, la explicación que Omeliah le dio no le satisfizo, por contrario le hacía sentir peor al respecto de que ella le dejara olvidado por alguien que ella odiaba.
— ¿prefieres quedar bien con él antes que conmigo? — Frisk soltó molesto
— ¡no me hables así mocoso! No tenía opción— mentía. — además no debiste de haber salido, te pudo haber pasado algo, además agarraste el dinero que es para tu escuela y las cosas de la casa y te lo gastaste todo.
—se me perdió yo no lo gaste.
—peor todavía, sabes que no me van a pagar hasta el mes que entra, nos vamos a quedar sin televisión ni internet hasta el otro mes; no entiendo por qué te portas así… siempre estoy teniendo problemas contigo y no tengo tiempo para estarlos atendiendo todo el tiempo.
Siguieron caminando hasta que por fin llegaron a la parada del autobús escolar, había otros padres… Omeliah se sentía un poco avergonzada cuando las miradas se fueron hacia ellos, pero aún no había terminado, estaba molesta y tenía algo más que decir, algo necesario, no temía hacer "una escena" frente a los otros. Era importante
—más te vale que si entres a clases hoy, no me importa que sea el último día— hablaba un poco más bajo y tranquila pero aun fría y enfadada. — y cuando llegues vas a estar castigado todas las vacaciones ¿me oíste? No vas a salir del apartamento.
— ¡¿Qué?! ¡No es justo! — Frisk alza la voz.
— ¡no me importa vas a hacer lo que yo te diga!— dijo casi gritando, justo cuando el camión llego. El infante con la cabeza baja hace fila y le dirige una mirada a la mujer
—te olvidaste de mi cumpleaños…
Lo dijo casi triste mientras subía al autobús, Omeliah se sintió mal por el hecho pero aún seguía enojada "ya vete" fue lo último que le dijo cuando el autobús partió por fin y Frisk se sentó viendo el camino, molesto por el hecho de estar castigado, de todo el asunto con ella, era cierto que tenían problemas pero se sentía traicionado y honestamente había valido la pena y si le iban a castigar todo el verano al menos tendría una última aventura, algo que contar antes de ser encerrado tanto tiempo, tenía un plan…
Había entrado a todas las clases, realmente no había mucho que hacer siendo el último día, veía a todos los niños juntándose y planeando sus vacaciones, todo parecía armonioso y normal para ellos, pero para Frisk; su mente desde aquella noche no se había podido separar del tan infame monte Ebott. De todos modos estaba castigado llegar a casa más tarde no iba a empeorar las cosas. Iría al monte Ebott.
Comenzó a caminar, realmente nadie le dijo nada porque tendía a hacerlo, camino y camino por toda la ciudad, pasando por el centro, tiendas y demás plazas, descansando si lo necesitaba era un largo camino, pero si todo salía bien estaría de regreso en el apartamento un poco antes de oscurecer. A cada paso que daba la cuidad daba señales de cambio, como cualquier ciudad, las orillas mostraban menos atención y opulencia. Nadie parcia preguntarle a donde iba o sus intenciones, pronto los rastros de "civilización" se disiparon casi por completo, dejado alrededor zonas un tanto más rurales o de bosque. Cuando el terreno comenzaba a elevarse sabía que se estaba acercando a su destino. Pesar de la altitud no estaba tan empinada o al menos no se sentía así, los primeros tramos de la subida eran agradables, Frisk veía los árboles, las flores y el cielo, se escuchaban las aves cantar y sus pies crujiendo con la tierra y vegetación seca a cada paso, el aire se respiraba más fresco y limpio. Tomo una vara cercana y comenzó a jugar con ella por el camino como si fuera una espada o una varita mágica y usándola a veces también como un bastón
No podía entender que había de malo con ese lugar cada que se sentaba a descansar y miraba hacia atrás la vista era cada vez más hermosa, si acaso el único inconveniente era el aire soplando más recio y la temperatura descendiendo a cada paso de la subida, pero no parecía que fuese un lugar maldito. Tomo un último descanso y vista al paisaje antes de decidir por fin bajar y volver a casa con la conclusión de que todo lo que se decía de aquel lugar eran supersticiones, y sería un lindo lugar para visitar en algún futuro; no solo eso, sino que sintió un gran orgullo, que tal si fuera Frisk la primera persona que explora el monte Ebott, se imaginaba contándole a los otros niños, lo valiente y admirable que se sentía, comenzó a saltar en el lugar, gritando y riendo. Tenía que aprovechar los últimos momentos de libertad que le quedaban. Respiro el aire del lugar, pero se sentía diferente, más frio y con un olor peculiar, uno que jamás había experimentado, uno que simplemente no se puede explicar, trato de ignorarlo y miro la ciudad, la hermosa panorámica que seguramente solo los valientes pueden presenciar.
Quería que esa imagen se quedara por siempre en su cabeza el hermoso atardecer dorado acariciando los tejados de las casas, los rascacielos, los arboles del bosque y las otras montañas, dio unos cuantos pasos hacia atrás para poder apreciarlo mejor. Sintió el fresco viento de verano soplando nuevamente extendiendo los brazos y cerrando los ojos, como alguien que sería aprisionado, y aunque fuera exagerado sentía cada sensación como si fuera la última vez que los rallos del astro le tocaran, dio otro paso hacia atrás y una sinuosa sensación le volvió, pensó en Omeliah y en todo lo ocurrido. Pero trato de dejarlo atrás, todo atrás, otro paso hacia atrás y otro más, a partir de ese momento no existía el pasado, solo el atardecer y el monte Ebott, solo la alegría y futura gloria que tendría al bajar… todos los regaños de Omeliah, toda su ira y castigo, su olvido y egoísmo, quedaban atrás y solo existía ese momento, el viento, los árboles y aves cantando, el cielo anaranjado, el ocaso abrazándole y todo quedaba atrás, otro paso hacia atrás y solo quedaban todas esas sensaciones que le ayudarían a seguir adelante, solo quedaba determinación, un paso más hacia atrás pero esta vez, ya no había tierra, ya no había suelo, ya no había luz de sol, ni aves cantando con los árboles, ya no había monte Ebott. Había negrura, negrura y flores.
