CAPÍTULO 4

Temperance y Booth fueron a la dirección que les había dado Ángela, era una casa de clase media-baja en un barrio alejado del centro, en donde reinaba la tranquilidad y el silencio, que solamente era roto a veces por lar risas de los niños cuando salían a jugar. Booth paró el coche delante de la casa que tenía el número 54, allí era donde había vivido la víctima.

Él y Temperance se bajaron y tocaron a la puerta de la vivienda. Tras unos segundos les abrió una mujer de unos 45 años aproximadamente, de estatura media, delgada y con semblante triste en su rostro.

- ¿Qué desean? - dijo la mujer amablemente.

- ¿Es usted Nicole Dickens? – preguntó Booth.

- Sí, ¿en qué puedo ayudarles?

- Soy el agente Booth, del FBI – dijo mostrando su placa – y esta es mi compañera, la doctora Temperance Brennan, del Instituto Jeffersonian. Venimos por el tema de su marido, ¿podemos pasar?

- Sí por supuesto – dijo dejándoles paso al interior de la casa, y les ofreció sentarse en el sofá -. Díganme, ¿lo ha encontrado? – preguntó con la esperanza de que tuviesen buenas noticias.

- Señora, lo sentimos muchísimo – dijo Temperance -. Lauren ha muerto.

- ¡Oh Dios míos! – dijo la mujer llevándose las manos a la boca y comenzó a llorar – Por favor díganme que no es cierto – les rogó.

- Lo sentimos mucho – dijo Booth.

- Mamá, ¿qué ocurre? – preguntó un joven saliendo de una de las habitaciones de la casa - ¿Quiénes son?

- Son del FBI, han venido por tu padre- dijo la mujer entre sollozos -. Cariño, papá ha muerto.

- ¿Qué? No puede ser – dijo el chico y acto seguido se sumió en un llanto tan desgarrador como el de su madre, y ambos se abrazaban buscando consuelo.

- Díganme, ¿qué le ocurrió? – preguntó el chico intentando reponerse.

- Aún no lo sabemos, pero en cuanto sepamos algo se lo haremos saber – le aseguró Booth.

- ¿Dónde lo encontraron? – preguntó la viuda.

- En el cementerio de aviones, dentro de uno de ellos – dijo Temperance.

- Oh vaya – dijo la mujer aún sollozando -. En uno de los aviones destrozados, ¿verdad?

- ¿Cómo lo sabe? – le preguntaron.

- Mi padre fue piloto en la marina, – comenzó a explicar el hijo – y le encantaba volar, era lo que más amaba en este mundo después de su familia. Hace quince años comenzó a perder visión, como consecuencia de su diabetes, y no le permitieron seguir pilotando. La marina le ofreció un puesto en otro departamento, pero él dijo que si no podía volver a volar no quería saber nada más del ejército, y lo dejó todo. Nunca volvió a ser el mismo. Desde aquel día todos los años en la misma fecha se pasaba por el cementerio de aviones, incluso me llevó alguna vez cuando yo era pequeño. De todos los aviones que allí hay, siempre iba al que peor estaba de todos.

- ¿Por qué? – preguntó Temperance.

- Ese fue el primer avión que pilotó en la marina, y le traía muchos recuerdos – comenzó a relatar la viuda -. Le gustaba ir allí a verlo, eso le hacía sentirse más cerca de los tiempos en los que volaba.

- Sí, -continuó el hijo- recuerdo que algunas de las veces que me llevó cuando era pequeño a veces se metía en la cabina, para imaginar que pilotaba de nuevo.

- ¿Cuándo fue la última vez que lo vieron? – les preguntó Booth.

- Hace cinco días – respondió la mujer -. Fue después del almuerzo, era sábado y los fines de semana siempre le gustaba ir a dar un paseo después de comer, pues entre semana trabajaba y no podía. Unas veces tardaba más que otras, pero nunca se tardaba más de una hora, excepto ese día. Ya llevaba más de dos horas fuera, yo me preocupé y lo llamé al teléfono, pero no me contestaba, así que llamé a mis tres hijos y les conté lo que ocurría. Enseguida comenzaron a buscarlo, y tras más de tres horas buscándolo sin éxito, decidimos denunciarlo a la policía – la mujer rompió a llorar de nuevo.

- Tranquila mamá – dijo el hijo abrazándola.

- ¿Usted y su marido vivían solos? – preguntó Temperance.

- Sí – dijo la mujer secándose las lágrimas – ya nuestros hijos son mayores y tienen sus propias casas, pero nos visitan con frecuencia, pero estos días desde que Lauren desapareció mi hijo Tom –dijo mirando al chico – se ha quedado aquí conmigo para que no me quedara sola.

- Entiendo, – dijo Booth - bueno señora Dickens, nosotros nos vamos, hemos de seguir con la investigación. Como le dije, en cuanto sepamos lo que ocurrió se lo haremos saber.

De vuelta al Jeffersonian, durante el trayecto en coche, Booth y Brennan comentaban los nuevos datos del caso:

- De verdad no entiendo como ese hombre podía seguir tan obsesionado con los aviones – decía Temperance.

- ¿Bromeas? Huesos, volar tiene que ser algo maravilloso, es normal que no se pueda olvidar. Tú misma, dijiste que darías lo que fuese por volver a repetir aquella vez que nos subimos al simulador espacial y estuvimos sin gravedad unos segundos.

- Sí, pero no por eso me voy todos los años en el aniversario a ver ese simulador para imaginar que lo repito – protestó ella.

- Huesos, pero ese pobre hombre se dedicó a ese toda su vida, es normal que no lo pudiese olvidar, sobre todo al tener que dejarlo así de repente. Es como si tú tuvieses que dejar tu carrera ahora mismo, cuando más la estás disfrutando, ¿a que eso no te gustaría?

- No, no me gustaría, pero siempre podría dedicarme a otra cosa, por ejemplo podría ser escritora, no se me da mal.

- Claro, así seguirías teniendo fans que te hacen regalitos…



Unos minutos más tarde llegaron al Jeffersonian, donde Zack y Hodgins los esperaban para contarles nuevos descubrimientos.

- Doctora Brennan, he encontrado algo importante – dijo llamándola desde la plataforma principal.

- ¿De qué se trata Zack? – preguntó ella mientras se acercaba hacia allí, seguida por Booth.

- Obsérvelo usted misma – dijo mostrándole el cráneo del cadáver ya totalmente limpio -. Mire la forma de la fractura del hueso parietal.

- Vaya – dijo Brennan sorprendida mientras sostenía el cráneo con su mano y miraba la zona fracturada.

- ¿Qué? – preguntó Booth.

- Es verdaderamente extraña, la deformación del cráneo como consecuencia de la fractura no sigue ningún patrón fijo, como cabría esperar de haber sido golpeado con uno de los objetos que estadísticamente más se suelen utilizar para este tipo de ataques – dijo Brennan -. ¿Sabes con qué se pudo haber hecho Zack? – dijo ahora preguntándole al joven antropólogo.

- Ángela se está ocupando de eso.

- ¡Ey, ey! Un momento, amigos – dijo Hodgins al ver que se iban al despacho de Ángela –. Yo también tengo algo interesante que contaros. Antes de que Zack limpiase el cráneo, he analizado todo lo que he podido sacar del mismo, y os diré que en lugar de la fractura había unos fragmentos.

- ¿Fragmentos de qué? – preguntó Booth.

- Se trata de una pasta compuesta por caolín, feldespato y cuarzo – dijo Hodgins presumiendo de sus conocimientos, le encantaba decir esas palabras y más aún ver cómo el pobre Booth no se enteraba de nada.

- Perdonad, anoche se me olvidó leerme ese capítulo en la enciclopedia científica – dijo Booth irónicamente -. ¿Alguien me puede decir qué significa eso?

- Es porcelana, Booth – dijo Brennan.

- Así es – afirmó Hodgins.

- Entonces queda claro que no fue un accidente – dijo Booth muy seguro de sí mismo.

- ¿Por qué lo dices? – preguntó Temperance.

- Vamos Huesos, ¿desde cuando hay porcelana en los aviones militares? Está claro que alguien lo golpeó – dijo dejando a su compañera callada.

- Pero eso no es lo único que he descubierto – continuó Hodgins -. Creo que a la víctima no la mataron en el avión, la colocaron allí.

- ¿Cómo sabes eso? – le preguntó Booth.

- En los restos de ropa de la víctima habían manchas de aceite de coche, y por la forma de las manchas todo indica que el cuerpo fue arrastrado por una zona con esa aceite. Además, a la ropa también habían adheridos otros restos de material orgánico, como polvo, tierra y pelos de moqueta, lo que me sugiere que después de matarlo y arrastrar su cuerpo, lo metieron en el maletero de algún coche, y así lo trasladaron al cementerio de aviones.

- Pero para subirlo al avión tuvieron que hacer falta al menos dos personas, es imposible que pudiera hacerlo una sola – dijo Brennan recordando la altura del avión.

- Es cierto, entonces tenemos o más de un asesino o un solo asesino y sus cómplices – dijo Booth.

- Vamos a ver a Ángela a ver si ya ha descubierto cuál es el arma con el que golpearon a la víctima – sugirió Brennan, y así lo hizo no sólo Booth, sino también Hodgins y Zack.

- Hola Ángela – la saludaron al entrar a su despacho - ¿Tienes ya el arma homicida?

- Sí, y no os lo váis a creer –dijo ella -. Observad – dijo indicándoles que mirasen a la pantalla del ordenador.

- No puede ser – dijo Booth sorprendido.

- Vaya – dijeron Hodgins y Brennan al mismo tiempo.

- Eso encaja con las irregularidades de la fractura – dijo Zack.

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gracias por los comentarios ;-)