"Balcones del ala Norte"

Stannis Baratheon se mantenía firmemente apoyado sobre las barandillas de piedra. Su postura rígida, junto con esos ojos azules que parecían un hondo pozo sin fondo, lo convertían en una perfecta estatua; si alguien llegase del exterior perfectamente podría pensar que es una roca tallada al milímetro.

Una sombra se formo tras su espalda, miro de reojo y entonces una luz rojo le ilumino; Melisandre de Asshai mostraba una calidez antinatural; llevaba en sus manos dos copas de vino tostada.

-Mi Rey…-entono la mujer rojo como una canción. Stannis tomo la copa que le ofrecía y bebió un pequeño trago

-Rey…No soy Rey de nada, mujer – murmuro entre dientes. EL viento procedente de norte, agitaba las sedas carmesí de Melisandre, haciendo que se tropezaran en las piernas de Stannis - …pero lo seré

-No me cabe la menor de las dudas, mi señor – camino lentamente alrededor de Stannis, hasta detenerse a su espalda. Se puso de puntillas y le susurro – Lo he visto en las llamas

-¿Qué has visto? – le pregunto girando el rostro. El aliento de ella era puto fuego, lo notaba, esa mujer ardía por cada poro de su piel. Notaba el calor en su rostro, en su espalda, en su oreja cuando le susurraba

-Vos mi Rey, sois la rencarnación de Azhor Ahai – volvió a caminar en círculos, para detenerse nuevamente frente a Stannis – Veo a un hombre, a un hombre justo y valeroso enfrentándose al que no debe ser nombrado, al Dios de la oscuridad, el que traerá la larga noche y nos sepultara en sus tinieblas – bebió de su copa, posteriormente elevo el brazo para alzar el copa de Stannis a los labios de él, para que también bebiera – Sois el elegido, el trono os pertenece, el reino se doblara ante su rey. Los hombres querrán ser como vos, las mujeres que compartáis su lecho, los niños crecerán con las historias de vuestra proeza.

-Parecéis muy convencida de ello – las palabras emanaban de sus labios afiladas como dagas, eran frías, directas y muchas veces cortantes.

-Las llamas no mienten, mi señor

-Las llamas como las palabras se las lleva el viento –mascullo chasqueando los dientes y frunciendo el ceño - no necesito viento, sino hechos irrefutables

-Dadme tiempo y os conquistaré – finalizo Melisandre, para luego marcharse mientras su vestido ondeaba al viento, como una llama larga y perpetua que niega en extinguirse.

"Cámara 3 del Salón Principal"

Viserys había apartado a su hermana a un rincón iluminado con una tenue luz de antorcha, que amenazaba con apagarse, por los continuos zarandeos del rey mendigo a su hermana pequeña.

-Harás lo que yo te diga hermanita ¿me has entendido? – la apretó del brazo con mas fuerza y la acerco hacia si, para que sintiera aun mas la ira que nacían de sus purpuras ojos de Targaryen - ¿¡No querrás despertar al dragón?

-Viserys por favor, me haces daño – suplicaba mientras intentaba zafarse de las afiladas garras de su hermano – No quiero hacerlo

-Lo harás dulce hermana – le suelta el brazo y le besa la frente, con una sutil sonrisa enmarcada en el rostro – Ese Gregor Clegane, es un guerrero inquebrantable, es un mastodonte; por algo lo llaman la Montaña que Cabalga. No es más que un mero vasallo de los Lannister, pero si nos ganamos su confianza, tendremos una oportunidad de acercarnos a la casa más rica de todo Poniente. Hare que se doblen ante mi, tendré sus espadas y su oro y ellos mismos me llevaran al trono, bañado en oro y vestido con sedas doradas de colores

-¿No hay otro modo? – le preguntaba Daenerys titubeante, temerosa de volver a despertar la ira de su hermano y ser castigada físicamente por su mano

-Sabes que no, si fuera un noble, seria otra historia. Pero es un guerrero, un guerrero sediento de sangre y otros placeres, que solo una mujer puede darle. Cuando esta noche se repartan las habitaciones, mostraras alegría y pedirás compartir la tuya con Ser Gregor ¿Te queda claro?

-Si… – respondió cabizbaja - …le hare feliz

-Así me gusta – le besa las mejillas y le acaricia los labios con el pulgar –que seas obediente

Cuando Viserys se retiro, Petyr Baelish repto como una serpiente oportunista hasta sorprender a la hermosa Targaryen, jugando con su cabello pantene style y perdida en sus pensamientos.

-Momentos difíciles ¿verdad? – siseo melosamente el hombrecillo, sin dejar un instante de sofreír. "falsamente por supuesto"

-La vida esta llena de momentos difíciles – respondió sin mirar a los ojos a Meñique

-Costumbre rara la de los Targaryen de hablar mirando a los pies de vuestro acompañante – menciono alegremente en un ademan de resultar gracioso

-Disculpadme ser – rectifico la muchacha de cabellos platino, mientras con las yemas de los dedos se limpiaba las lagrimas; unas lagrimas que no tenia, hacia mucho tiempo que lloraba sin llorar.

-Si me permites, te diré algo – se aclaró la garganta y entono con una dulce voz, una voz que podía resultar hechizante si fuera de mujer, pero que en él, daba entendimientos que podía tener inclinaciones desviadas – en un gran salón hay un mercenario, con él, hay un rico, un rey y un sacerdote; cada uno de ellos, le dicen al mercenario que maten a los otros dos ¿a quien mata el mercenario?

-No lo comprendo – respondía Daenerys con incertidumbre - ¿Por qué me pregunta eso, ser Baelish?

-Por que me caes bien – sonríe aun mas ampliamente; todos sus dientes eran blancos y brillantes como los diamantes, se veía que era un hombre que le preocupaba mucho su apariencia – Y no quiero que te hagan daño. También te diré que, uno puede amar a su sangre, porque es su sangre; pero a veces, la sangre solo trae problemas y lágrimas, tantas que ya no nacen.

"Cámara 2 del Salón Principal"

En esos momentos, Gregor Clegane, con sus ojos henchidos de odio irrefrenable por el mundo, rompió la alegría de los presentes.

Cuando la Montaña que cabalga estaba cerca, nada bueno podía traer; mencionar su nombre era sinónimo de muerte; incluso muchas voces, muchos pajaritos comentaban, que Ser Gregor no violaba mujeres, sino que violaba continentes.

Solo había un hombre en la faz de Poniente, capaz de mirarlos a los ojos y proyectar su imagen, como si fuera un espejo; ese hombre era su hermano menor, el primero de la larga lista de victimas de Ser Gregor.

-Deberíamos irnos de aquí – susurraba Sansa a su hermana; los dos Clegane se habían cruzado las miradas, cuando eso sucedía, la tierra temblaba bajos los pies

-¿Por qué? Esta fiesta es un muermazo, quiero sangreeeeee – Arya miro a su alrededor, para ver si su madre estaba cerca, como no estaba pudo gritar libremente - ¡PELEAR!

Ser Gregor sonrió satisfactoriamente, él también quería luchar. Soltó a la camarera que sujetaba como un animal sostiene a su presa cazada y desenvaino su gigantesco mandoble.

-Ya has oído a la mocosa – escupió Gregor – Desenfunda!

-Si peleáramos tendría que matarte – levanto el mentón y su sombra creció y engullo aun mas la luz del suelo, como un perro engulle una rata – No quiero que me descalifiquen

-¿Tienes miedo hermanito? ¿Las antorchas hacen que el perrito meta la cola entre las patas? – Gregor se carcajeo tan fuerte, que los vasos que tenia en la mesa de su izquierda, se rompieron en pedazos – Eres un cobarde Sandor, debería haber acabado con tu vida cuando tuve ocasión

-Dad gracias que haya siete infiernos porque uno solo no habría bastado para contener a los dos hermanos Clegane. – murmuró Meñique a Shana, quien se había aproximado a él para pedirle de la bandeja que llevaba en las manos un pastelito de limón

Gregor no parecía querer rendirse, le encantaba buscar las cosquillas a su hermanos, después de todo, cuando uno se divierte mas, es cuando esta en familia.

Las groserías continuaban salpicando el lugar, como bombas en una guerra; nadie se movía, el único atisbo de movimiento eran las venas palpitantes en el cuello de Sandor.

Sus cicatrices se habían tornado más rojas, iracundas como un volcán apunto de estallar; lo raro es que el Perro se estuviera conteniendo durante tanto tiempo.

Su mano temblaba, dudaba de si empuñar su espada; sabia que si lo hacia uno de los dos terminaría bajo la fría tierra y el otro descalificado.

Cuando iba a alzarse en pie de guerra, a la sala entraron Catelyn y Brienne; entre ellas llevaban a una muy borracha Cersei Lannister.

-La encontramos en la bodega, en un mar de vino – respondió Brienne cuando Jon Nieve le pregunto por el lamentable estado de la hija del gran Tywin Lannister

-Violadas, violadas, uhhhh, violadas – canturreaba la rubia leona – violadas y reviolaaadas ohhh si yeeeeah

Catelyn y Brienne, se la llevaron por las escaleras del castillo, hasta los dormitorios; a aquella mujer lo que menos le convenía era seguir la fiesta; necesitaba descansar, comer algo solido y dormir, dormir muchas horas.

En cuanto los presentes, volvieron a centrarse en el choque de los dos gigantes, estos ya habían desaparecido de la escena.

-Malditos sean los Lannister, siempre estropeándolo todo – maldecía Arya, cruzándose de brazos y gesto enfadado. –Ahora que lo pienso ¿y el gnomo?

-Me lo encontré entre dos barriles de vino, sobando – respondió Shana con la boca medio llena. Se puso al lado de Sansa y le dio unos pastelitos de limón - ¿Son tus favoritos, verdad?

-SI, gracias – respondió, con cortesía – Eres muy amable

Una vez mas Varys, se hizo eco, como un dios omnipresente o el ojo que todo lo veo. Y era literal, todo lo veía, todo lo escuchaba y en todos lados estaba.

-Muy bien, queridos concursantes; ha llegado la hora que todos habéis estado esperando. La hora de dar la bienvenida al Dios sueño. Con calma, subir al piso superior, a los dormitorios y cuidadosamente escoger, con quien queréis compartir el dormitorio, durante toda vuestra estancia. Pensadlo con cuidado, pues no se aceptaran cambios, a no ser que sea expulsado o muera asesinado por Ser Gregor.