Ginny no recordó apenas nada de lo ocurrido esa noche. En su mente, las imágenes estaban difusas, perdidas y mezcladas, haciéndole pensar que todo lo vivido había sido un simple sueño. Días despues, por la mañana se despertó a causa del griterio que se escuchaba por todas partes. Miró su habitación, completamente vacia y, asustada, se puso las zapatillas y cogió su varita para correr hacia donde las voces la guiaron.
Parecía que todo Hogwarts estaba congregado en ese pasillo de la primera planta, pero ella, siendo más bajita que la mayoria de los alumnos y más delgada, consiguió hacerse hueco en las primeras lineas y su rostro se llenó de horror al ver a una joven de cabello rubio y ojos azules. Se podía ver el miedo en sus ojos y su postura era extremadamente rígida: había sido petrificada.
Fue más duro saber que conocía a esa joven, ya que era Penelope Clearwater, la novia de su hermano Percy. Fue un impulso buscarle entre toda la multitud, y le vió al borde del llanto, siendo consolado por la jefa de la casa Gryffindor. Él no pareció verla, pero no le juzgó por ello, pues ya estaba pasándolo bastante mal. - ¿Quién ha hecho esto? - preguntó a los que estaba cerca de ella.
Para su sorpresa, fue el joven Malfoy quien escuchó su pregunta, o quién decidió hacerle caso primero. - No lo saben Weasley...pero es obvio que la han petrificado – si notó cierto desprecio a la hora de pronunciar su apellido, pero no era momento de centrarse en eso. - Es horrible – dijo sin poder evitarlo la pelirroja, a lo que el rubio, tan solo asintió y suspiró antes de alejarse. Le extrañó que se fuese sin más, incluso la enfadó un poco, pero de reojo pudo ver al profesor Snape pidiendo a los alumnos que se fueran con un movimiento sutil, por lo que decidió hacer como el rubio e irse junto a un par de alumnos más.
Se arregló para ir a clase, y asistió a ellas, pero tenía la mente totalmente en otro lugar. No podía dejar de pensar en la pobre chica Ravenclaw, en quién pudo hacer eso y, sobre todo, que o quién pudo asustarla tanto como para que esa mirada de pánico se viera reflejada en sus ojos azules. Pensaba también en Percy, en como lloraba desconsolado. Finalmente, tras acabar sus clases, corrió hasta la enfermería.
Lo encontró allí, sentando al lado de la cama de Penelope. Con paso suave, se acercó a él y puso la mano en su hombro. - Percy...lo siento mucho – su voz sonó como la de una niña triste, muy delicada y dulce. El chico alzó la vista para mirar a su hermana a los ojos.
- No...no tienes la culpa Ginny...la enfermera dice que se recuperará, que tan sólo hay que esperar a que las mandrágoras terminen de madurar para despetrificarla...pero...aún no entiendo quién querría hacerle algo así...Penny es...tan dulce y buena, es la prefecta de Ravenclaw...ella no...
-Ya lo sé...se va a poner bien...ya verás – no quiso contenerse más y abrazó con fuerza a su hermano, quién, probablemente necesitado de algo de consuelo, le devolvió el abrazo con la misma intensidad pese a no ser un hombre especialmente cariñoso – quieres que me quede contigo o...
-No Ginny...no te preocupes, yo estaré bien...vete a descansar – le pidió, intentando mostrarse un poco más alegre sin especial éxito
- Vale...nos vemos mañana – se despidió la niña antes de salir de la enfermería. Le dolía ver a su hermano así, sufriendo, triste, deprimido, y eso hizo que se preguntara con más intensidad quién podría haber hecho algo tan horrible a Penelope como para que tuviera una expresión tan aterrada. Aún no lo entendía.
Fue, como de costumbre, a su habitación y trató de concentrarse en sus deberes. Los terminó, pero dudaba que su ejercicio de Transformaciones estuviera perfecto. Procuraría que mañana no le preguntase en clase para ahorrarse así problemas con la profesora.
Quiso dormir cuando llegó la hora, pero fue incapaz de hacerlo. No paraba de pensar en Percy, Penelope y todo lo ocurrido. Cogió su libreta negra, pues Tom siempre parecía tener las respuestas para todo, y con apenas abrirla, pareció que el hechizo hipnótico volvió a ella y cambió como si de un fantasma más se tratase por todo el castillo para escribir un mensaje en la pared. Nadie la vió, por supuesto, pues Tom no permitiría que descubriesen a su pequeña secuaz.
Esa vez, extrañamente, si recordó más de lo ocurrido. Recordaba haber escrito algo en la pared con un líquido rojo, pero no que había escrito. Recordaba recorrer los pasillos de noche, pero no porque lo hacía ni hacia donde iba. Recordaba haber abierto el diario...y haberse quedado dormida. O al menos, eso pensaba ella.
Esa mañana, siguió sintiendo la tensión en el ambiente, pero lo atribuyó a lo ocurrido ayer. Era normal que la gente estuviera nerviosa o asustada, pues lo que quiera que petrificó a Penelope, podía seguir ahí fuera, preparándose para atacar al siguiente.
Para su desgracia, pudo averiguar que se equivocaba al llegar al tercer piso y ver a un deprimido conserje intentando limpiar unas palabras escritas en rojo en la pared. "La cámara de los secretos ha sido abierta, enemigos del heredero, temed" eran las palabras que pudo leer. Sintió que el miedo la invadía, pues aquello que creía un sueño, no había sido un sueño.
¿Por qué lo había hecho?¡Ella no hacía esas cosas!¡No hacía ese tipo de bromas ni se dedicaba a escribir mensajes por las paredes de Hogwarts a altas horas de la noche!Una chica de Ravenclaw, de largo cabello rubio y aspecto extravagante se acercó a ella. - ¿Estás bien? - su voz le habría resultado calmante en otra ocasión, pero estaba demasiado preocupada por su posible acto de vandalismo.
-¿Qué...qué ha pasado aquí? - preguntó totalmente confusa, con una expresión de confusión en el rostro. No entendía nada de lo que había ocurrido.
-No lo saben...alguien escribió eso...y...y encontraron a un chico Hufflepuff llamado Justin en el suelo...petrificado junto a la señora Norris – la chica consiguió expresarse con calma pese a estar contando una historia que a la pelirroja le pareció horrible.
-Yo..-estaba aún más horrorizada. No podía ser que el mensaje que ella había escrito y la aparición de una nueva victima no estuvieran relacionadas de algún modo. ¡Había hecho eso ella y no lo recordaba!¡Ella no haría nunca esas cosas!¡Nunca haría daño a nadie de ese modo!¡¿Qué estaba pasando?!¡¿Por qué ocurrían esas cosas?!
Corrió hasta el baño de Myrtle la Llorona y se sentó contra una pared, cogiendo aire asfixiada. Cerró los ojos con fuerza, tratando de hacer memoria. Ella no haría algo así nunca, ella nunca haría daño a nadie...¿¡que había pasado?!Ahogó un grito y dejó caer sus libros al suelo, observando la libreta caer al suelo. Sus ojos azules se abrieron como platos y tragó saliva.
Lo último que había hecho antes de dormir había sido abrir la libreta de Tom.
-Ha sido él...-susurró y escuchó un ruido que hizo que se tensase y cogiera su varita con fuerza. Su cabello estaba despeinado y sus ojos rojizos por las lágrimas, al igual que sus mejillas, que se habían vuelto coloradas.
-Vaya...nunca esperé que una Weasley pudiera tener tanta...resistencia...-oyó su voz, pero no le vió por ninguna parte. Miró a todos lados, pero solo pudo ver a Myrtle, que la miraba con el ceño fruncido.
-¿A tí que te pasa?¿Vienes...-pero la pelirroja la interrumpió
-¡Cállate! - exigió, sin dejar de mirar a todos los rincones del baño, buscándole desesperadamente
-No intentes buscarme Ginevra...me sorprende que hayas podido despertar y darte cuenta de todo...que interesante...lo tendré en cuenta para el futuro – era la misma voz, la que había oído la primera vez, pero no veía al joven por ningún lado
-¡Déjame en paz! - gritó histérica. Cualquiera la habría tomado por loca, pues tan solo ella podía oir la voz que le hablaba
-Siento decirte que siempre habrá algo que me una a ti Ginevra...siempre estaré ahí – sonó más cruel que nunca y la pelirroja, presa del pánico, arrojó el diario antes de echar a correr, cogiendo como pudo sus libros.
Se encerró en su habitación, faltando a clases y, para su fortuna, por su buen historial, tan solo la prefecta se pasó a saber por qué había faltado, y una voz ronca, un poco de tos y un truco para subir la temperatura de su frente enseñado por los gemelos bastó para que la creyesen y la dejasen tranquila, sin ningún tipo de consecuencia.
Sin saber como, probablemente debido al cansancio de lo intenso de las emociones, consiguió dormirse. Los siguientes día pasaron, lentamente, y ni las burlas ni los comentarios parecía llegar a sus oídos, ni si quiera parecía reaccionar a las zancadillas. Solo se levantaba, sin molestarse en dedicar una mirada de odio a quien la había atacado. Llegó a preocupar un poco a sus compañeras de habitación, especial a la de la cama contigua.
Estaba claro que Ginny no era la misma, pero Ron estaba muy ocupado yendo de un lado a otro con Harry y más lo estuvo cuando supo que Hermione había sido petrificada. Cuando se enteró de lo ocurrido, la Slytherin casi rompe a llorar. Todo era culpa suya, todo, todo, todo.
Por fortuna, pensaba, se había librado de él para siempre. No volvería a obligarla a hacer nada malo nunca más y, cuando las plantas estuvieran maduras, podría curar a los estudiantes petrificados. Pillaría al que estuviera atacando a los alumnos y, cuando las plantas estuvieran maduras, podrían despetrificar a los alumnos.
Ginny no sabía cuanto se equivocaba.
Una noche, de repente, despertó en lugar que le fue totalmente desconocido. Era una cámara gigante, con serpientes grabadas por doquier y el rostro de un hombre con barba estaba esculpido en la piedra de una de las paredes. También había agua, cerca de la estatua.
Se asustó, como era lógico, y buscó su varita, sin éxito alguno. Quiso buscar una salida, y planeó echar a correr en dirección a unos túneles, pero una voz, una voz que jamás se borraría de su cabeza, se hizo oír.
-Veo que has despertado rápido Ginevra...me alegra verte tan bien...-no pudo evitar girarse y ver a esa figura que ya había visto anteriormente, luciendo el uniforme de Slytherin
-¿Por qué me has traído aquí? - se la notaba asustada, pero la pequeña parecía esforzarse para mantener la calma lo mejor que sabía
-Bueno...la verdad es que me...llamaste la atención Ginevra, al principio solo te utilizaba, alguien tenía que hacer todo lo que tú hiciste...abrir la cámara, escribir los mensajes...pero luego...conseguiste que parte del hechizo se rompiera, te...resististe...tienes talento Ginevra, mucho más que cualquiera de los hermanos con los que tanto te comparan...¿no lo odias?
Apretó los puños. Como odiaba haber confiado en ese absurdo diario, como odiaba haberle confesado sus secretos, dudas y miedos. Ahora la conocía bien. - Eso...eso no explica esto...
-Solo...quiero probar...cuanto eres capaz de resistir...-un fuerte ruido hizo que ambos se distrajesen – interesante...parece que llega la caballería...¿algún caballero de brillante armadura al que ames y no me hayas informado?
-¡Cállate! - su orden hizo reir al muchacho
-No deberías dar órdenes al Señor Tenebroso Ginevra...-la joven abrió aterrada los ojos y giró la vista al escuchar la voz de McGonagall
-¡Longbottom no se mueva!¡Iremos ahora mismo! - exclamó la mujer, con un claro tono de preocupación
-¡No voy a dejar que Ginny se quede ahí abajo, es la hermana de Ron! - el chico, con su aire torpe, llegó finalmente y, pese a su aspecto – con los dientes torcidos y casi todo el cuerpo temblando – miró con furia al más adulto de los tres - ¡de...déjala en paz!
-No me sorprende nada verte aquí Longbottom...los Gryffindor siempre vienen a ayudar a sus amigos...aunque sea el más absurdo de los suicidios...estoy seguro de que...ni si quiera sabes quién soy...-pese a todo lo que estaba ocurriendo, la pelirroja no era capaz de reaccionar, pues estaba en estado de shock.
Las letras aparecieron escribiendo un nombre y formaron otras letras que confesaban lo que Ginny acaba de escuchar pero no terminaba de creer. Un siseo inquietante salió de los labios del joven y la serpiente más grande que había visto nunca, apareció de la nada. - ¡Ginny no la mires a los ojos! - le gritó el chico, que la cogió de la muñeca y ambos echaron a correr.
La serpiente los persiguió, pero un precioso pájaro en llamas apareció casi de la nada y picoteó los ojos del animal. Los dos se quedaron completamente rígidos, pegados a una de las tuberías. El animal los buscaba, pero sin ojos le resultaba mucho más difícil encontrarlos. Pasó de largo y los niños aprovecharon para huir en dirección contraria, pero el ruido de sus pasos terminó por alertar al basilisco, que trató de atraparlos.
Intentaron huir, pero ambos terminaron acorralados contra una esquina. Pudo ver el miedo de Neville en los ojos, y estaba segura de que se veía tambien en los suyos pero, en un segundo que ambos miraron el suelo, observaron una espada. Ginny no dudó, ni el Gryffindor tampoco, y cuando se estaba aproximando para matarlos y devorarlos, levantaron con toda su fuerza la afilada espada y atravesaron la cabeza del animal.
Ginny no se lo creyó cuando vió al animal caer muerto. Estuvo a punto de llorar de alegría, pero al girarse a mirar a Neville, pudo ver que tenía una herida en su brazo. - Muy sorprendente...es una pena que el veneno de basilisco sea letal...¿no crees Ginevra?
No fue un acto cabal, ni mucho menos, pero la adrenalina le impedía pensar con claridad y lógica. Solo pensaba en actuar. - Dime como curarlo, ahora mismo
-Cuantas exigencias Ginevra...¿qué logro si te lo digo?¿Que voy a obtener a cambio? - jugaba con ella y se notaba, y eso crispaba los nervios de la pelirroja
-¡Lo que quieras! - gritaba desesperada. No podía permitir que Neville muriese después de salvarle la vida, no podía, no podía
-Así que...el fin si justifica los medios...¿no Ginevra? - se acercó a ella con una sonrisa malévola – te lo diré pero debes...-sus palabras murieron de golpe y el horror se apareció en su rostro. La misma expresión que todos aquellos petrificados.
Ginny se alejó asustada y observó a la figura desaparecer sin dar crédito a lo visto. Giró la vista y vió a Neville sujetando el colmillo del basilisco y clavándolo en el diario. - Neville...-volvió junto a él, sujetándolo cuando cayó al suelo – e...eres un heroe Neville...te vas a poner bien...ya verás...
-Se...seguro que...que mi abuela no se lo cree...- por la tensión del momento, Ginny no pudo evitar reir aunque sus ojos tuvieran lágrimas. Era mucho estrés para alguien que contaba con tan solo 11 años.
-Seguro que si...ya...ya verás...-no quería pensar si quiera que el joven Gryffindor pudiese morir, pero sentía como su cuerpo se debilitaba. No, no por favor, no era justo que nadie muriese por tener que venir a salvarla.
Y como si fuera un milagro, el mismo pájaro rojo dejó caer una lágrima sobre la herida hecha por el colmillo y, de la nada, se curó. El color de la piel de Neville volvió a la normalidad lentamente y la pelirroja, eufórica, le abrazó, escuchando de fondo la voz de McGonagall.
Y este es el capítulo. Sé que es más largo de lo habitual, pero debido a mi retraso, quise traer uno un poco más largo.
Hago un par de aclaraciones. La primera es que Neville, como ha quedado obvio, es El-Niño-Qué-Vivió en lugar de Harry. Esto se debe a que ya que esto trata de cambiar perspectivas, quiero volver a Neville el elegido, porque creo que puede darle un punto más interesante.
Que Ginny fuese más fuerte a las influencias de Voldemort y que no estuviera inconsciente en la cámara son detalles que cobrarán sentido un poco más adelante. Lo irán viendo.
Y muuchas gracias a todos los que siguen la historia y a los que dejan comentario, pues son los que más me animan a escribir. Oh, y esta vez el capítulo va dedica a Sil04 y a Araly, un beso para ambas ^^
