Steven, Chicas:
Espero que al momento de leer esta carta se encuentren bien y ya más en calma de la que han tenido estos últimos meses.
Antes que nada quisiera aventurarles que estoy bien, sana, salva y en un lugar donde me están ayudando.
No estoy desolada como podrían creerlo por lo que les pido que dejen de martirizarse y buscar culpas donde no las hay. Este exilio es mi decisión. La condición en la que me encuentro también lo es.
Sobre todo tú Steven, que sé estas muy afectado; pero es importante que entiendas, que comprendas el motivo de mis acciones.
Te amo y lo sabes. Creo que desde la primera vez que te vi siendo un pequeño envuelto en una sábana supe que algo dentro de mí había cambiado. Te vi reír, llorar, crecer y superarte como un ser único.
No te iba a robar tu futuro por una serie de errores. No podría hacerlo. Y mira que analizando día tras días lo acontecido esa madrugada, cuando regresaste al templo después mucho tiempo, aún es un misterio para mí como terminaron las cosas de esa forma.
Estabas irreconocible. Habías bebido como nunca, buscando hacerte daño. Porque ella te había abandonado. Por qué estabas solo nuevamente.
Nunca he entendido por que tu vida amorosa siempre fue una serie de golpes para ti. Uno tras otro.
Yo misma soy uno de esos.
Te ayude a subir las escaleras para ayudarte a recostarte en el sillón. Las chicas nunca se percataron de tu llegada.
Allí me contaste todo y en tu voz había un lija que me raspaba el alma. Mi niño estaba herido, muy herido.
Derramaste tu dolor.
Recordar el por qué llegaste así esa noche no es algo que quisiera ahondar en esta carta, tanto tú como yo lo sabemos bien. Estas letras van con la intención de calmarte a ti, y a las chicas.
Porque lo que paso esa madrugada lo cambio todo.
Te juro que he pasado muchas horas dedicadas a razonar una y otra vez el motivo que te llevo a besarme.
Sé que el alcohol te dio el valor, el dolor te dio la necesidad, y yo te di permiso. No quise evitarlo y eso fue lo más grave.
Aún no sé por qué.
Todo se salió de control cuando nos recostamos en el sillón y deje salir muchas cargas que de igual forma llevaba encima. El liderazgo, la responsabilidad, el estar a cargo y ser ejemplar para ustedes me tenía desde hacía muchos años bajo un estrés sofocante.
Y luego te vi a ti.
Decidido, fuerte, diferente.
Nunca creí verte como esa noche y nunca creí verme como esa noche. Bajo tu control.
Para nada estoy diciendo que soy una blanca paloma que fue cazada por un depredador, yo deje que pasara, por eso te escribo en esta carta que no te preocupes, lo que ha sucedido yo misma lo deje seguir. Y quizá hasta lo provoqué.
Y aunque he sabido que dices que no te importa y que deseas que este contigo a toda costa, debes saber que simplemente no puedo.
Y no es una cuestión tuya Steven, o un capricho mío.
No hay futuro en el que nos vea donde salgamos bien de esto. El único que existe donde hay felicidad posible, es este que he elegido.
El exilio.
Créeme que de verdad me gustaría quedarme a tu lado y, quizá, intentar algo. Es mi fantasía más recurrente.
Y podemos llamarlo como tú quieras, desde locura hasta amor, yo no tengo nombre para mis deseos actuales. Pero sé lo que quiero.
Te quiero a ti, te amo, y por qué te amo no me verás más.
Es mi deseo que no me busquen. Yo siempre estoy un paso adelante de ustedes y antes de que me encuentren me moveré.
Y no quiero moverme ya, no en el estado que estoy, así que si en serio me quieres, no me busques. Y dile a las chicas que no me busquen por favor.
Yo estoy bien y pronto, estaré mejor.
Cuando nuestra niña nazca, te prometo que quedará en buenas manos. Me he encargado personalmente de eso.
Se feliz Steven. Y por todo el amor que te tengo, perdóname por complicarte la vida.
Siempre te amaré.
Garnet.
Una carta más.
Saludos a todos.
Lobo Hibiky
