¡Lemon! Sora seme.

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Oh Cielos, Roxas estaba seguro de poder morir feliz ahora. La boca de Sora se movía magníficamente sobre la suya, mordía su labio inferior y lo apretaba más hacia él. Sus dedos vagaban por todo su rostro y cuello, para apretarlo más a él. Roxas le seguía el ritmo como si estuviera acostumbrado, no había reservas en besarlo de esa forma, o que el castaño lo besara como lo estaba haciendo. Sin embargo, las cosas se estaban saliendo un poco de control en el momento en que Sora subió sobre su regazo y apretó toda su cadera contra su entrepierna.

Realmente iban a tener suerte si no los sacaban a patadas, ahora mismo Roxas estaba recordando la anciana que estaba sentada a su costado izquierdo. Intentó separarlo un poco, de su boca, para poder hablar. No había esperado esto, aunque en cierta forma lo había provocado. No era que quisiera dejar de besarlo, simplemente quería evitar que llegaran a los papeles. Y ciertamente su pajarito estaba comenzando a querer salir de la jaula. Mierda, sabía que hablar con Axel no ayudaría ni un poco.

—S-Sora…—. No iba a poder decir mucho si tenía la lengua del otro aún dentro de su boca, de lo cual no se quejaría si estuvieran en otro lugar. Tal vez Axel tenía razón en estar convirtiéndose en un chico malo, estaban haciendo cosas que no se deberían en un transporte público. Y lo peor era que la situación era más excitante—. ¡So-ra…!—. Tuvo que apartarlo de la frente, con poca delicadeza—. Siento eso, pero—. Tomó aire y dio un respingo cuando sintió las manos del castaño en sus caderas. A este paso iba a perder su virginidad en el sucio vagón de un tren—. Estamos es un tren…

—Sé eso, genio—dijo, revoleando los ojos y sonriendo con algo de malicia—. ¿El punto?—. El hecho que Sora jugara con sus caderas sobre las suyas y sus dedos estuvieran rozando más abajo de su estómago—. Vamos, Roxas, no eras así en…

— ¿En dónde…?

Antes que tuviera tiempo para pensar, la lengua del castaño se unía en otra danza con la suya, sin embargo respetaba más su espacio personal. Las manos de él estaban más por su cabello y rostro que por sus zonas bajas, lo cual lo hacía respirar un poco. Pareciera ser que de un simple beso no iba a pasar… al menos por ahora. No sería sorpresa si, cuando llegaran terminaran revolcándose en plena calle.

Los minutos conformaron horas, horas en los que ninguno de ellos dos cedía para dejar de besarse. La húmeda lengua de Sora recorría su boca con parsimonia y él sostenía su cintura por debajo de la ropa, el sólo hecho de tocar piel influía en él de una forma arrolladora; quería hacerlo suyo en el mismo vagón. Pero bien tampoco iba a hacer eso con una señora casi al lado suyo. No obstante, Sora parecía ignorar ese hecho. Jadeaba cada tanto para tomar una bocanada de aire y volver con más pasión sobre sus labios.

Él estaba en igualdad de condiciones, pero sus principios—que en este momento no le servían de nada, más que para molestar—estaban primeros. Aunque eso no significaba que el castaño los tuviera, parecía desinhibido y como si hubieran contenido todo por un largo tiempo. Él por años, pero Sora era distinto.

Entonces, aunque pareciera increíble, llegaron a Ciudad del Paso aún con Sora encima suyo y mordiendo sus labios. El castaño sonrió antes de lamerle el labio inferior una vez más, para después mirar por la ventanilla y ponerse pálido. Roxas parpadeó sin entender mucho, en su costado, por la ventana, se podía ver a un hombre alto y castaño oscuro cubriendo su rostro y mirando directamente a Sora. Atando cabos y por el rostro perplejo del muchacho encima suyo, y como la buena suerte nunca lo había acompañado, ese debía ser su hermano. El castaño maldijo en un murmullo, rojo como un tomate y saliendo de encima.

—Lo que sea que diga Leon no le hagas caso, ahora tendré que comerme un sermón de aquellos—. ¿Y él y su vergüenza no contaban? Roxas suspiró antes de notar a Sora completamente desaliñado, los labios rojos e hinchados y las hebras de su cabello disparadas para cualquier lado. Tragó saliva; él debía ser su retrato.

—No puedo creer que me esté pasando esto—dijo en un suspiro antes que Sora asintiera, dándole la razón.

—Lo sé, el sermón va a ser largo y pesado—. No era precisamente a eso a lo que se refería, pero… ahora que lo pensaba con el harén que Sora tenía era probable que lo haya pescado así en varias ocasiones. Si Sora era en algún momento suyo, Roxas se prometió a sí mismo que no volverían a verse en otra situación como esta—. Bueno, Roxas, llegamos.

Tomaron sus mochilas y bajaron, con la atenta mirada de su hermano sobre ellos. Ese sujeto era intimidante en varios aspectos, tenía la misma aura solitaria y perversa de Cloud. Roxas suspiró de nueva cuenta y miró de hito en hito a Leon.

—No puedo decir que no lo esperaba—dijo el hermano mayor, cruzado de brazos, y mirando severamente al castaño. Era de noche ya y había poca gente tanto en la estación como las que seguían a otra parada en el tren—. Qué te dije, Sora, sobre muestras de afecto en público?

—Ay, Leon, estamos en el siglo XXI—dijo en un claro reproche—. Además ya lo hemos hecho con anterioridad—. El mayor de los Leonheart suspiró masajeándose las sienes. Ah, Roxas notó a la anciana que estaba sentada tan cerca de ellos. La pobre estaba pálida y los miraba como si fueran delincuentes.

—No creo que supere el trauma—. Comentó Leon mientras comenzaba a caminar hacia el primer distrito.

—Yo tampoco, ¿crees que lo haya visto todo, Roxas?—. Preguntó Sora ingenuamente, abriendo sus ojos y detonando inocencia. Inocencia que, ahora sabía, no existía.

—Aa. Seguro que con binoculares habría tenido más detalles.

Sora sonrió ante ello, para luego ponerse a su lado y aferrar su mano con la de él, empezando a caminar con tranquilidad y los dedos enlazados. Roxas ahora sabía que su familia no era la única extraña en todo el mundo.

Todo su sistema desbordaba nerviosismo ante esta situación; casi no conocía el tercer distrito de Ciudad del Paso y echarle un ojo en general siempre venía bien. Lo único que no le estaba gustando mucho era el gentío que parecía estar en todas partes, sobre todo adolescentes de todas partes del mundo que venían por las facultades y aprovechaban desde el viernes para darle una recorrida al lugar. Según parecía no iban a estar tan solos como había supuesto en la semana. Roxas miró distraídamente la espalda de Leon que caminaba pasos delante de ellos y a Sora que caminaba por el cordón de los pasamanos. Ese chico iba a resultar la muerte para él. Axel ya había comentado algunas cosas de Sora con anterioridad y todo se resumía en que le faltaba sentido común. Se preguntó para sí mismo si el muchacho era consciente que si caía se fracturaría más de un hueso; no obstante aún seguía sujeto de su mano y con fuerza.

Lo último que le faltaba era terminar en un hospital con magullones por haber intentado salvar al muy idiota y terminar cayendo con él. A veces no sabía si lidiaba con un futuro estudiante de una universidad, o con una criatura de cinco años. Hablando de lo extraña que era la atracción, quizá los que dicen que nos sentimos atraídos a otros por el olfato sea real, y su nariz le estaba jugando una mala pasada—eso podría ser, sino esto era un fenómeno extraño. O tal vez el hecho de hacer idioteces frente a miles de personas era algo que inconscientemente admiraba. Es decir probablemente saliera en diarios con grandes titulares que dirían: "Chico idiota cae a la fuente desde un tercer piso" o algo así. Y eso lo hacía reír; seriamente era extraño este caso. Leon parecía estar acostumbrado también a esto puesto que no le dirigió la mirada desde que había empezado a caminar, eso… o sentía vergüenza ajena, cosa que Roxas entendía.

Lo peor del asunto fue cuando el castaño lo miró con una sonrisa insensata y empezó a tironear de su brazo, incitándolo a subir, lo cual ya era un no rotundo. Si Sora quería que los demás se rieran estaba bien ya que, aparentemente, le importaba muy poco lo que los demás pudieran opinar de él, pero para su persona era un reto enorme. Roxas estaba acostumbrado a ser un cero a la izquierda alguien invisible, llamar la atención de ese modo sería quebrar sus creencias.

— ¡Vamos, Rox, será divertido!—. Insistió su contraparte, tironeando de él con más fuerza—. ¿Nunca te tiraste a una pileta? Esto es más o menos lo mismo—. Algunas preguntas daban espacio a la duda, esta no.

—No, en serio, nunca he hecho algo como eso y no voy a empezar ahora—. Sora revoleó los ojos ante su respuesta e insistió—. No—. Repitió por las dudas que la primera vez no lo haya oído—. Definitivamente no voy a… ¡!

Antes que terminara la sentencia, Sora había echado el peso de su cuerpo para atrás, cayendo a la nada con él a cuestas. ¡Ni siquiera había podido gritar de la impresión! Antes estaba boca arriba, ahora boca abajo con el viento soplándolo desde abajo y, al final, todo lo que supo era que estaba cubierto de agua. Vivo, pero cubierto de agua al fin. Abrió los ojos para ver a Leon asomado desde el tercer piso, masajeándose las sienes, la gente a su alrededor con los ojos puestos en ellos y las risas. Con el ceño fruncido miró a su contraparte, igual de mojada que él y con sonrisa idiota en el rostro. Entre Axel y Sora no sabía quién agotaba primero su paciencia.

Sora empezó una serie de carcajadas sonoras que hacían eco y Roxas suspiró, sonriendo un poco. Por algún motivo no podía enojarse con él y la adrenalina que sacudía aún su cuerpo estaba presente. Es decir: él bajando a velocidades inigualables tres pisos era algo increíble de creer; pero ahí estaba, como si nunca hubiera tenido niñez, sentado en una fuente con varias personas riéndose de ellos y ellos mismos riéndose de la situación. El castaño salió de la fuente, sacudiéndose como un perro y le tendió una mano.

—No fue tan malo, ¿verdad?—. Sonrió tras decir ello, mostrando todos los dientes. Roxas suspiró negando con la cabeza antes de tomar la mano que se le ofrecía y salir.

—No… pero, es la última vez que me pasa algo parecido—dijo, suprimiendo una mueca; no era que estuviera mal o bien. Es decir, había sido divertido, sin embargo no era algo que quisiera repetir a no ser que se le borrara la memoria. O hasta que la sensación se le fuera del cuerpo.

Leon se acercó a ello ni bien llegó al primer piso. Las personas a su alrededor que se habían matado, y no literalmente, de risa ya comenzaban a esparcirse por todo el distrito dejándolos solos con un hermano mayor que más que molesto, parecía cansado de tener que lidiar con ellos. Eso que se habían encontrado hace una hora apenas. No quería imaginar las consecuencias que podían traer dos días más y horas.

—Debí haberme esperado algo como eso, Sora—. Desde dónde estaba Roxas se podían ver las arrugas de su frente—. Hoy tengo una cena importante, y no toleraré sexo en la casa, así que por hoy se quedarán en el hotel.

—Leon, si querías intimidad con tu novio me hubieses dicho antes—. Respondió el castaño algo más seco. ¿El hermano de Sora era gay? Por su expresión desorbitada parecía ser que no.

—Sora, ¿mamá no te dijo nada?—. Sora negó con la cabeza—. Voy a casarme el mes que viene, con una chica—. Hablando de noticias que se dan sin anestesia. Wow, Sora parecía que había perdido el alma en los siguientes minutos.

—P-pero… ¡Pensé que eras gay! ¡Lo creí toda mi vida…!—. Roxas puso una mano en su hombro. Antes de dirigirse a Leon.

—Felicidades, creo que es lo quiere decir—. Leon asintió con una sonrisa en el rostro. Sora desbordaba desconcierto al momento, pero Roxas sabía por el brillo en sus ojos, que estaba feliz por su hermano. Leon pasó sus manos en ambas matas de cabello, revolviéndolas con una ligera (y muy pequeña) sonrisa.

—Si quieren ir a la feria a la noche, les aconsejo que busquen un lugar para quedarse desde ahora—. Ambos asintieron ligeramente con la cabeza, Sora aún sin salir de su estupor y Roxas mirándolo de reojo.

En cierta forma podía entenderlo; él de más pequeño también había percibido en Cloud cierta homosexualidad que, al final, nunca había existido. Cuando Tifa apareció en la infancia de su hermano él fue flechado, aunque eso no implicaba que estuvieran en pareja. Cloud nunca se declaró desde ese día y contando. ¿Nueve años? ¿Diez años? Al principio llevaba la cuenta, de adolescente Roxas entendió que su hermano era un caso perdido y que cuando llegara su tiempo se lo diría.

Y en cuanto a él, también estaba por cumplir un ciclo con Sora. Mirándolo de hito en hito, su situación no era muy distinta de la de Cloud. Ya estaban por terminar la secundaria y hacía una semana que habían entablado una conversación, y no por él precisamente, todo ese crédito se lo llevaba Axel y sus metidas de pata. No era que se quejara, muy al contrario, pero si terminaba el ciclo para ellos… ¿Era posible empezar otro? Lo mejor era no pensar en eso, Sora dejaba que todo fluyera después de todo y él no iba a pensar por los dos. Ya bastante difícil le resultaba pensar por él solo como para agregar los pensamientos enredados del castaño.

Siguieron a Leon escaleras arriba y Roxas pudo ver un hotel largo ocupar casi toda la cuadra. Un poco anticuada la decoración pero les iba a servir, no era como si fueran a alquilar ahí en sus años de universidad. Abajo ya se escuchaban los murmullos de la feria que comenzaba a armarse, atrayendo la atención de Sora inmediatamente; el castaño sonrió complacido al ver la cantidad de juegos que comenzaban a montarse en los anuncios—desde los más simples, hasta tirar al muchacho con cara famélica si se daba en el blanco, debajo de él una pileta miniatura con agua. Debía haberse imaginado que estas cosas llamarían la atención de su acompañante.

Sonrió ante el rostro de felicidad del castaño y ya podía visualizar que harían durante toda la noche. Ir de un juego a otro; aunque a decir verdad se sentiría cercado si se quedaba los tres días encerrado con Sora en una habitación, Axel había previsto que esto pasaría y, cuando fue a visitarlo en la semana, el muy desgraciado le había dado una clase de sexo abierta. Claro que, no sin antes atarlo a la silla y amordazarlo… detalles que, realmente, no quería recordar, porque ya de por sí había sido muy ingenuo de su parte entrar con la llave por su cuenta.

Un escalofrío le recorrió ante la memoria y el hecho que seguía empapado. Sora pareció notar esto ya que pasó un brazo por sus hombros y lo apretaba contra su pecho.

— ¿Tienes frío? Tal vez deberíamos buscar habitación pronto—. Fue entonces cuando notaron que Leon ya no estaba, Sora gruñó por lo bajo—. ¡Argh, siempre me hace lo mismo! O me deja hablando solo, o se va cuando es él quien tendría que estar preguntado—. Roxas sonrió antes de tomar la mano que colgaba de su hombro.

—No importa, dijo que tenía que hacer cosas importantes—. Fue entonces cuando ambos notaron la cercanía y se separaron medianamente, era raro que él se tomara tantas libertades con Sora, pero había salido tan natural que… esa presión que sentía comenzaba a menguar y, al final, sólo era él mismo. Su sonrisa se ensanchó—. D-deberíamos entrar.

—A-aa; también me estoy muriendo… d-de frío—. En pleno otoño era una locura tirarse a una fuente, dudaba que Sora lo hubiera pensado, pero él lo tenía en cuenta. Y agradeció que sus mochilas las hubiera sostenido Leon todo el tiempo, y también las hubiera dejado ahí rezagadas en la entrada de dicho hotel, sino la ropa limpia también estaría mojada—. ¡En marcha!—. Espetó Sora con una sonrisa infantil y empezó a caminar hacia el mostrador.

La segunda noche que pasaban juntos, solos. Era un poco intimidante pensarlo, pero ya estaba ahí. Claro que antes de salir a Ciudad del Paso creyó que Leon sería el adulto a cargo de ellos dos, o que al menos sería el que impondría el orden. Honestamente hasta él podía darse cuenta de la tensión sexual que estaban sufriendo. Porque ya era un sufrimiento, y la situación tan distinta, empezando por la parte que ambos estaban sobrios, siguiendo por la parte que ya se habían besado dos veces y ninguna de esas veces había quedado casto. De hecho hasta los pensamientos parecían irse de las manos.

Ahora iban a compartir una habitación ellos dos, solos, como si estuvieran alejados del mundo. Una semana atrás, Roxas se había conformado con acosarlo con los ojos a la distancia, ahora que sabía lo que se sentía estar con él, besarlo y mantener contacto… no podía imaginar haciendo un retroceso. De hecho… si podía monopolizarlo sería todo mucho mejor, pero no estaba seguro de lo que pensaba Sora de ellos. Si es que pensaba en un "ellos". Dio un respingo, de alguna forma eso ya no se había escuchado como una simple atracción. Entonces, ¿qué? No quería imaginarse enamorado del muchacho, suprimió una risa. Eso simplemente se oía loco. En muchos sentidos.

—La habitación tres entonces—. Mientras Roxas estaba perdido en sus pensamientos, Sora había empezado a hacer caras frente a él—. Oye, ¿en qué estás pensando? Estuviste más de diez minutos ahí con esa cara.

— ¿Eh?... ¿Me dijiste algo?—dijo, completamente perdido, para gracia del castaño quién se rio hasta que lágrimas saltaron de sus ojos. Roxas frunció el ceño ante ello, tomándolo como un chiste.

—Que ya tenemos habitación. Andando; no me quiero perder esa feria—. Espetó completamente emocionado antes de abrir ansioso la puerta.

No sabía porque el sentimiento de volverse a sentirse cercado volvía con más fuerza. Quizá los últimos pensamientos que había tenido comenzaban a preocuparlo en grandes niveles; porque… ¿qué era lo que quería de Sora, al final?

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El baño le había sentado bien, entre el vapor del agua, Sora podía dejar de sentir los ligeros temblores de su cuerpo irse paulatinamente, logrando tranquilizarse un poco. Probablemente su corazón había empezado a bombear más sangre cuando Leon habló de su futuro casamiento. ¡Qué frustrante! Si habría apostado con un multimillonario hubiese quedado en la ruina.

Bueno, por otro lado si él era feliz, no encontraba ningún tipo de objeción con respecto al tema. El castaño se imagino a la futura señora como una vieja apática; ya que podrían ser de ese estilo chicas que aguantaran a su hermano. El escalofrío que siguió luego fue similar a un fuerte sacudón, no le costaba ni un poco imaginarse a Leon con una vieja; si la personalidad de su hermano era parecido a una. Sonrió al mirarse al espejo, había esperado terminar más temprano, pero ya no sentir el olor del tren en su piel era un alivio. De hecho, cuando salió de la escuela imaginó que sería así. Bueno, ahora sólo quedaba esperar que Roxas se diera una ducha y poder salir.

Había esperado este evento casi una eternidad, aunque aún tenían algo de tiempo. Es decir, estaban preparando las cosas media hora atrás y dudaba que ya hayan terminado con ello. El castaño suspiró, se enredó una toalla en la cintura y salió con esa enorme sonrisa.

— ¡Roxas, ya está en baño!—. Gritó desde el pasillo, mientras buscaba algo de ropa en la mochila que estaba tirada en el suelo. ¿Cómo le había entrado tanto vestuario en una simple mochila? Quizá por el hecho que estaba toda apretada y hecha un bollo ahí implicaba el espacio—. ¿Roxas?—. Llamó, ahora preguntando, después de todo ya había pasado un rato desde que no obtenía palabra alguna.

Sora parpadeó antes de asomar su rostro y verlo profundamente durmiendo en la cama. No podía culparlo, después de un viaje largo—el cual no pareció tanto; era normal sentir como si hubieran cantado una canción de cuna y mecido en la misma. Pasándose una mano por la nuca, el castaño se acercó. ¿Y ahora? Sora se moría de ganas de ir a la feria, pero con el reciente cambio de escenario no estaba seguro de qué hacer. Podría despertarlo y ser una persona sin corazón, o sino…

Se ruborizó al notar el rumbo de sus pensamientos; así como también veía la situación como una posibilidad. No sabía si aguantaría otra negativa por parte de Roxas. Él y su estúpida consciencia que cada vez que despertaba parecía ser por él. Respiró hondo y lo miró de reojo, cada vez más rojo, se veía apacible y él no iba a tener ningún problema en exaltarlo un poco. Así que abrió sus desnudas piernas y se colocó encima de él, sosteniendo el peso con sus brazos extendidos. Se inclinó y respiró sobre su oído, Roxas se removió un poco arrugando los párpados, lo cual significaba que no estaba durmiendo tan profundo.

Por lo tanto, el castaño resolvió la situación sentándose en sus caderas abruptamente, tenía en cuenta que estaba desnudo—no era como si la toalla hiciera milagros, a estas alturas Sora tenía un cartel en la frente que decía claramente: "Quiero revolcarme contigo ahora mismo" quizá un "por favor" para finalizar haría que su contraparte entendiera el mensaje. Roxas abrió los ojos, sentándose de golpe, con él arriba de su regazo… o, mejor dicho, su entrepierna y miró desorientado a los costados de la habitación.

Sora revoleó los ojos, Roxas los fijó en él, y mientras el otro intentaba ubicarse en la vida, el castaño decidió parar con el drama de una semana de decir: "me acuesto o no me acuesto contigo, esa es la cuestión". Sabía que le costaba avanzar, de hecho a él le costaba un poco inclusive, pero era demasiado el que estuviera viéndolo como si fuese una cosa extraña. Además, el castaño se lo imaginaba más como: una vez que apreté el acelerador ya está. El problema con Roxas eran las cláusulas para estar cerca de él. El muchacho se aclaró la garganta antes de hablar.

—Erh—. Oh, que inteligente. Sora lo miró entre aburrido y conmovido. Roxas era como un monumento al pudor, casi le daba pena mancharlo. Aunque, claro, la palabra clave era casi. Lo miró de nueva cuenta—. ¿Q-qué estas…?

—Tratando de que tú y yo tengamos sexo, Roxas—. He ahí, explicado con manzanitas. Sus ojos se entornaron y sonrió al momento de inclinarse y lamerle el labio inferior, cruzando sus brazos en la nuca de él. Sora tenía muy en claro que quería de él; es decir no había que ser un genio para sentir la química que había entre ellos, pero ya basta de imaginarla. Quería sentirla. Sus pezones estaban erectos por el ligero frío que sentía a causa de las gotas de agua—. La pregunta es…—. Siguió, trazando con su dedo índice la mitad del pecho de Roxas, llegando hasta el abdomen—… ¿Quieres acostarte conmigo?

Fue entonces cuando escuchó el gemido gutural de su acompañante a la hora de tomar en la palma de su mano todo el miembro del muchacho que—aún con la firme tela del jean, podía sentirse palpitar bajo su tacto. Sora suspiró en un ligero escalofrío; esperaba cualquier reacción que tuviera el otro para con él. Después de todo ya había dejado en claro sus intenciones, así que cuando la mano de Roxas empezó tocando su rodilla y subiendo por su muslo, supo que era una buena señal. El castaño cerró los ojos y succionó ligeramente el lóbulo de su oreja, pasando su húmeda lengua por el cartílago y bajó sutilmente por el cuello.

Para cuando las manos de Roxas se hundieron en su cadera y lo acercaron a su cadera, Sora le siguió el juego provocando un ligero vaivén sobre el miembro del otro y suyo. Oh, Dios, toda la situación estaba elevando su temperatura corporal a tantos niveles que, con sólo imaginarlo, Sora creía poder correrse antes que el otro lo tocara.

Ojalá todas las canciones de cuna terminaran para comenzar en otra forma. Esta forma.

Sora intentaba por todos los medios el ser dulce al tocarlo, probablemente sería la primera vez del muchacho—por lo poco que había observado y sabía gracias a Axel, las deducciones eran evidentes. Pero se le estaba complicando tanto con Roxas pasando su lengua por su nuez y tocando su desnuda erección. Parecía estar experimentando, por la forma en que estrujaba su miembro y frotaba el glande con el índice a medida que encerraba la longitud en lo largo de su mano y estiraba, estando pendiente de sus gemidos. Sora cerró los ojos ante las sensaciones, conforme movía sus caderas ansioso de más.

Y mientras se movía de arriba abajo, empezó a desabotonar la camisa y su boca succionaba ligeramente cerca de la clavícula; cuando Roxas lo apretó y sacudió, los primeros líquidos pre-seminales empezaron a brotar de la punta, Sora tuvo que apartarlo antes de que se corriera en su mano. Su primera vez con un hombre, aunque eso no implicara que el conocimiento general del sexo no ayudara en estas ocasiones.

Salió de encima, terminando de deslizar la camisa y se arrodilló en el suelo, para besar su abdomen. Dejó que el instinto lo guiara, y mientras terminaba de bajar el cierre del pantalón, lo miró con una sonrisa pícara. Roxas sólo alzó una ceja ante ello, mirando cada uno de sus movimientos. Para cuando el castaño liberó la firme erección de Roxas, encerró su mano alrededor de ella, apretándola ligeramente y empezando a respirar sobre la enrojecida piel del glande, acto seguido cerró sus ojos y sus labios probaron apenas la punta. Escuchó el sonido del colchón a la hora en que el muchacho se tiró en él con una exclamación de sorpresa. Empezó dando lambidas experimentales al largo de la misma, llenando de saliva toda la longitud, frotó la mitad de la punta—ya húmeda, con la punta de la lengua y cuando el líquido pre-seminal golpeó su nariz, Sora supo que estaba haciendo un buen trabajo.

De a poco fue tomando la erección de Roxas dentro de su boca, succionando ligeramente la punta, para volver a bajar, todo con suavidad—no quería espantarlo tampoco.

Las manos del muchacho se aferraron a sus cabellos, estirándolos, y jadeaba constantemente. Sora sonrió mientras comenzaba un ligero vaivén con su boca, tomó el ancho de sus testículos en una mano y la otra trabajaba junto a sus labios, subiendo, bajando. Para cuando Roxas empezó a embestir su boca, con movimientos algo torpes, y bruscos, el castaño tuvo que sujetarlo de las caderas para evitar el atragantarse. Empezaba a palpitar dentro de él, Sora pudo adivinar que estaba por correrse. Así que le dio una última lambida a la punta y separó ligeramente las caderas de su amante.

— ¿Se sintió bien, Roxas?—. Notó como el muchacho se sentaba, con las piernas temblándole y asentir—. Bien, ahora… dime cuando te duela—. Dicho esto, Sora ensalivó tres de sus dedos, procurando que no quedara espacio alguno sin estar lubricado. Y mirando fijamente la entrada, metió uno con cuidado. A decir verdad ser dulce y cuidado no era lo suyo, pero el chico era tan virgen… como él en algún aspecto, y lo movió en círculos apenas estuvo dentro—. ¿Duele?

—No… una molestia… nada más—dijo en un murmullo, Sora miraba todo, para cuando lo empezó a sacar y deslizar de nueva cuenta, notó que el rostro de Roxas se relajaba y sonrió antes de que un segundo dígito acompañara al otro—. Dios…—. La imagen que representaba Roxas en este momento era un estimulante perfecto para él.

—Se pondrá mejor—dijo, lascivamente, antes de volver a succionar con énfasis la erección del muchacho. Esta vez arrastrando un poco con sus dientes sin producir daño y dejando a su lengua saborear toda la extensión mientras unía un tercer dedo. Todo con tanto cuidado que hasta él se sorprendía. Según parecía, Roxas ya se había acostumbrado a ellos en su interior, así que dejando el miembro de lado, Sora tomó las piernas del muchacho colocándolas en sus hombros y lo miró a los ojos—. ¿Listo?

—Aa, creo…—. Con un fluido movimiento, ya estaba dentro de él. Sora mordió su labio inferior con fiereza. Roxas era apretado, cálido y, si no fuera por su gesto de dolor, ya habría empezado a embestirlo.

Espero su tiempo antes de moverse. Cielos, iba a venirse en serio si seguía esperando. Con un ligero movimiento de cabeza, Roxas asintió y Sora terminó de hundirse dentro de él. Tan profundo. Tan caliente. Salió para volver a entrar con más fuerza, sus testículos golpeaban los glúteos de su amante cada vez que repetía la acción. Se inclinó y lo besó fervientemente, en un beso dónde su lengua terminaba de hundirse en su boca, dejando una estela de saliva alrededor de sus labios.

Cada vez que golpeaba en un ángulo distinto, Sora lo veía soltar lágrimas de placer, el rostro rojo y los labios hinchados de las ligeras mordidas que estaba dejando. Ya habían alcanzado un ritmo rápido, Roxas se movía con él, encontrándose en cada embestida. Entreabría sus carnosos labios para gemir, jadear y hundir sus dedos en su espalda. Estaba seguro de golpear su próstata en ese ángulo, por la forma en que su garganta se desgarraba y la forma en que juntaba sus piernas alrededor de su cintura.

Esto no era nada parecido a lo que había sentido con una mujer; las sábanas manchadas de semen y gotas de sudor, la forma que Roxas apretaba su miembro y se contorsionaba cuando daba en el ángulo perfecto. Todo era nuevo, excitante. Para cuando Roxas lo apretaba diferente y de su entrada salían su esperma, Sora supo que estaba cerca del orgasmo.

Sin dejar de unir su lengua con la de él, tomó en su mano derecha la erección, moviéndola y apretándola conforme él se movía. Fue entonces cuando su amante le gritó a los cielos y se vino en su mano y en el abdomen; Sora no aguantó la presión que lo oprimía y se corrió en un fuerte gemido en una última estocada.

Si pudiera hablar, para cuando cayó tratando de recuperar la respiración en el colchón, le habría preguntando si estaba bien. Sobre todo teniendo en cuenta el ligero quejido que escuchó cuando salió de su cuerpo. Esperaba haber sido lo suficientemente dulce como para no haberlo lastimado, aunque a juzgar por las sábanas que no tenían gotas de sangre, cayó rendido en el sueño sonriendo.

Debió haber dormido por un buen tiempo, ya que para cuando despertó la noche había caído. ¡La feria! El castaño se sentó de prisa en la cama, para volver a caer en la cama con los brazos extendidos, ¿qué hora era? Gimió cubriéndose el rostro con el brazo, probablemente era muy tarde. Tanteó el costado derecho de la cama, buscando a Roxas que—supuestamente—debería estar ahí, más cansado que él, pero no. Abrió un ojo, entrecerrándolo, viendo el espacio vacío. Gruñó de nueva cuenta antes de levantarse, completamente como Dios lo había traído al mundo y se estiró como un gato. Según parecía, por lo limpio que estaba, Roxas había pasado una toalla húmeda en su abdomen y piernas. Sora se ruborizó ante ello, cierto… al fin había tenido al muchacho y le había encantado.

Es decir él con las mujeres no podía más que darle las buenas noches y largarse, no quedarse durmiendo con ellas o algo de ese estilo. Ahora… era un poco diferente, como si no tuviera prisa alguna por desaparecer de la faz del departamento. Caso contrario, quedarse y ver como estaba él—por algún que otro motivo—le parecía más lo correcto.

Razón por la cual se levantó con frío, el viento que pasaba por la estúpida ventana estaba matándolo, ¿¡a quién se le podría haber ocurrido abrirla con este clima frio! De cualquier forma, y ya con la ventana cerrada, Sora decidió calmarse un poco. Estaba nervioso por tener que dar la cara, pero tampoco podía salir huyendo por la ventana… o quizá sí, pero no. Negó con la cabeza, a veces pensaba cada estupidez que hasta él mismo se sorprendía de que siguiera superándose. Años de práctica quizá. Como seguía temblando, tomó las colchas y caminó con ellas sobre sus hombros. Mucho mejor. Con eso ya resuelto, el castaño asomó su cabeza a la pequeña cocina y ahí estaba el que tendría que estar durmiendo.

Sora lo miró por unos instantes, de alguna forma Roxas se veía mucho más maduro que él, y eso lo fastidiaba un poco. Pero también lo encontraba atractivo. El muchacho estaba ahí, con una taza entre sus manos, la vista perdida en el paisaje de afuera y su cabello hecho un desastre, en cuanto a ropa… pues estaba igual que él: con algo encima de los hombros, muy abrigado. Parecía estar inmerso en sus pensamientos, así que—sonriendo con malicia—el castaño caminó en puntas de pie, procurando no respirar muy profundo y con sus dedos índices lo pinchó en la recta cintura con fuerza logrando que el otro diera un respingo y lo mirara con los ojos en blanco.

—Sabes… hubiese resultado más divertido si te hubieras asustado—. Lo abrazó de la cintura y colocó su mentón en el hombro del chico—. Eres aburrido como mi tortuga, Rox, y eso ya es mucho—. Se quejó, bostezando en el intermedio y amodorrándose, o bien tirando su peso en muerto sobre él.

—No puedo asustarme cuando te escuché desde que te levantaste y estrolaste la ventana—. Lo escuchó sonreír y él infló sus mejillas de manera infantil—. Hace frio—. Comentó en un susurro. Ahora que podía ver el reloj de la mini-cocina, Sora pudo visualizar las dos de la mañana.

—Aa; bueno el ambiente estaría bien si alguien no hubiese abierto la ventana—dijo, en una clara queja, y mirándolo como si fuese el responsable—. Aún tengo sueño y el ruido de la persiana me despertó. ¡Deberías tomar la responsabilidad!—. Espetó, aunque por mucha energía que le pusiera, estaba realmente somnoliento.

—Vale, lo siento, pero había olor a encierro…—. A juzgar por el color de sus mejillas, Sora imaginó que no era eso precisamente a lo que se refería. Cierto que, probablemente, no estuviera muy acostumbrado a despertar de esa forma: con otra persona durmiendo desnuda a su lado y con todo el desastre que habían hecho unas horas antes.

—Ajá, claro—. Decidió no discutir eso, más que nada porque tampoco quería hacerlo sentir incómodo—. Por cierto, ¿te duele algo?—. Por un momento Roxas alzó la ceja sin comprender, al punto que Sora sintió que todos los colores se le subían al rostro—. Ya sabes… por…

— ¡Ah! Estoy bien, pensé que iba a ser más doloroso al otro día—. Confesó. Ahora ambos parecían dos tomates maduros—. Pero estoy bien—dijo, al tiempo que carraspeaba la garganta—. Creí que habías dicho que tenías sueño—. El castaño sonrió mostrando todos los dientes.

—Y también que tendrías que compensarlo, vamos a la cama juntos—. Aunque eso sonaba a una segunda invitación, en realidad era una propuesta casta de su parte, Sora se ruborizó más al saber que estaba pensando—. ¡No seas mal pensado! A dormir, Roxas, a dormir—. El muchacho asintió mientras ambos caminaban a la amplia cama.

A pesar de no tener pudor, Sora podía sentir una ligera vergüenza. Quizá por el hecho que fuera un hombre. O el hecho que era la primera vez que buscaba tan desesperadamente tenerlo a su lado a despertar. De todas formas no quería pensar mucho ahora; tenía frío, sueño—inclusive hambre, y todo eso en conjunto estaba fastidiándolo.

Por eso mismo, cuando ambos se tiraron sobre el colchón, el castaño se relajó considerablemente. Podría ser Roxas en sí quién lo relajara en vez de la situación. El muchacho traía consigo un aura de paz que le hacía bajar diez cambios de golpe. Extraño, nadie había podido calmarlo, pero en este momento se sentía como un cachorro con dueño. Cuando dicen alto él se detiene. No sabía si era humillante o un alivio de alguna forma. Respiró hondo antes de sentir que Roxas le daba la espalda y dormía tipo feto. Mierda, él no podía más que dormir con la panza para arriba y babeándose hasta la nuca. La evidencia al otro día era terrible.

—Buenas noches, Sora—. Era la primera vez que se lo decían, él quedándose en el mismo espacio que su amante de turno y se había oído condenadamente bien. Sonrió antes de acurrucarse en posición fetal y abrazarlo de la cintura, hundiendo su rostro en su espalda.

—Buenas noches, Roxas—. Era curioso como dos simples palabras podían cambiar el escenario de toda una adolescencia.


Disclaimer: Ningún personaje de Kingdom Hearts me pertence, son propiedad de Tetsuya Nomura y Square Enix.

A/N: Actualizando en el término de una semana xDU Aún no puedo creerlo. Supongo que el reto de LJ ayuda para estas cosas~ Bueno, ya el próximo es el último que queda. Como siempre agradezco todos los comentarios, es lindo saber que alguien afuera lee y se mantiene al día; creo que ese es el logro de los fanfics. Also, quiero demandar más Roxas/Sora Fanfictions!

¿Comentario? ¿Crítica? ¿Un tomate, lechuga o huevo? (LOL)

Déjenlo en un comentario~

Besotes, hasta la próxima semana!