Los últimos días del verano.

Cerró los ojos con fuerza tras completar aquel informe. Le había costado más de lo habitual, pues no estaba completamente del todo centrada. Se había sentido sola desde su decimotercer cumpleaños, sobretodo al ver que los otros no regresaban. Había llegado a pensar que algo había salido mal en el ritual que habían realizado, que no había la magia suficiente para que los cuatro regresasen. Sentir a Salazar en el callejón había sido una sorpresa que ya no se esperaba. No había tenido el valor en ese momento de buscarle y hablarle, todavía recordaba como había acabado todo entre ellos en el pasado. En el pasado no había sido una guerrera pese a ser una excelente duelista, se había inclinado más por la sanación. En esta nueva vida, se había entregado al departamento de aurores, siendo que estaba en su último año de formación. Para superar este año debía superar el periodo de prácticas estando a cargo de un auror de mayor rango. Moody había sido quien la había adiestrado en la academia, y se esperaba que hubiese sido él quien la supervisase en ese último paso. Pero no, el jefe de aurores había decidido prescindir de Moody porque "estaba muy viejo y paranoico". Bufó con cierta molestia, lo que le pasaba a Scrimgeur era que tenia celos porque Moody era mucho mejor que él aún con los ojos cerrados. La idea se le antojaba divertida. Por eso pensaba que había presionado para la temprana jubilación del famoso auror, quitarse de en medio a alguien que podia superarlo politicamente, eso había sido.

—¿Estas durmiendo?

—No, Kingsley —respondió abriendo los ojos y mirando hacia la puerta. En el umbral estaba el auror bajo el que tenía que concluir esas prácticas. Un tipo simpático, diferente a lo que solían ser la gente del ministerio. Alguien que comenzaba a considerar un amigo. —Tan solo meditaba. Deberías probarlo. Es muy sano.

—No cuela, Nymphadora.

—No me llames así, sabes que no me gusta —protestó.

—Scrimgeur quiere vernos.

Eso si que no lo esperaba. Sabía que "el jefe" daba ordenes a los aurores, nunca a los aspirantes; así que la situación era muy extraña. Esperaba que no tuviese relación con Sirius Black. En cuanto habían saltado las noticias de su fuga, le había confiado a Kignsley que estaba emparentada con él. Su madre era prima del prófugo. Sabía que no informar de esa situación hubiese sido un error. De todas formas era un misterio como había escapado de allí, no se habían hallado signos de magia negra; lo cual, desconcertaba a todo el mundo.

Mientras aguardaban en el exterior del despacho de Scrimgeur, pues estaba reunido con el ministro de magia, se sumergió de nuevo en sus pensamientos. Recordaba bien lo que había hecho al despertar. Sabía que según el ritual que habían seguido era específico para resurgir en sus propias lineas de sangre, había sentido curiosidad por saber de quien venía. Conocía su historia familiar actual. Su madre era una Black que había renunciado a todo por amor, algo admirable y honorable. En cuanto pudo, se ocultó en el castillo y buscó la respuesta que buscaba. La herencia que le había permitido el resurgir era a través de su padre, un mago de origen muggle. Lo que evidenciaba lo que siempre había sostenido uno de sus amigos; "la magia se mantenía en la sangre". Sólo que no se esfumaba, solo se ocultaba para resurgir. Se preguntaba lo que harían con esa información. Había muchas cosas de cómo se había torcido la historia que no le gustaban. Ahora, pasado el tiempo podía pensar en que pronto se solucionarían esas cosas. Todo fruto de la sensación que había tenido unos días atrás en el callejón. Ya no estaba sola, aunque la situación la había turbado lo suficiente para desaparecer en ese momento.

—Tenemos que entrar. Estás muy rara hoy, Tonks.

—No es nada.

Juntos entraron al despacho para enfrentar a su malhumorado jefe. Cerrando la puerta tras de sí. Iba a ser un día muy largo.


A mitad de agosto, estaba dando otra vuelta por el callejón Diagon cuando lo notó. Era la segunda esencia que reconocía, su amigo estaba allí y no estaba dispuesto a que se le llegase a escapar como ella. Con gesto relajado busco, hasta lograr localizar la procedencia. Venía de Neville. Neville Longbottom era su amigo Godric.

Lo observó desde donde estaba. Se encontraba con su abuela y esta le estaba recriminando el haber "olvidado" la lista con los materiales escolares, y muchas otras cosas que a un niño normal de trece años lo habrían dejado por los suelos. Eso explicaba el comportamiento de su amigo los dos años anteriores, y el complejo de inferioridad. Esperaba que todo ello se hubiese solucionado. Podía notar como se estaba conteniendo, algo que lo sorprendía y le divertía por partes iguales, era algo que antes no hubiese hecho. Aguardó unos segundos antes de acercarse.

—Hola Neville, un gusto verte —saludó con una sonrisa en los labios. Era una sonrisa encantadora, una sonrisa que solo los que lo conocían bien sabían de qué iba. —Esta encantadora mujer debe ser tu abuela, ¿no?

—Así es, Harry.

—Un placer conocerla, señora Longbottom.

—Harry Potter, me alegra conocerte. Neville, no me habías dicho que eras amigo del señor Potter.

—No se dio la ocasión, abuela —respondió con una timidez que sabía que era fingida pero que para anciana bruja parecía suficiente.

—¿Le importa si me llevo a Neville para hacer las compras?, tengo la lista de los libros, la podemos usar los dos y seguro que usted tiene menesteres de alcurnia a los que prestar más atención.

—Por supuesto, tengo unas cosas que resolver en el banco. Os aguardaré en el caldero chorreante.

—La perdiste intencionadamente, ¿no? —preguntó a su amigo.

—En realidad no llegué a perderla, pero como se esperaba que lo hiciese... —Neville se encogió de hombros.

Compartieron una sonrisa antes de entrar en la librería. Dejó a su amigo gestionar sus propias compras mientras se sumergía en la sección de historia. Había decidido investigar en la misma. Quería saber qué había sucedido para que su nombre tuviese tan mala fama. Era cierto que en su momento había manifestado su recelo hacia los muggles y propuesto medidas para que los alumnos de familia muggle no pudiesen hablar del castillo, tanto por el bien su escuela como por el bien de esos estudiantes. El cómo había llegado a que él deseaba la muerte de esos estudiantes, le repugnaba. Empezó a buscar por lo básico, información de hace mil años, información sobre ellos cuatro. No había demasiada, como si esta no hubiese trascendido o se hubiese hecho por que no hiciera. Por otra parte, estaba seguro que el que los jóvenes estuviesen cada vez menos interesados en la historia había tenido algo que ver. Eso y las prohibiciones de textos por parte del ministerio de las que había hecho mención Hermione el curso pasado.

—Ya tengo lo mío. Pensaba que era Rowena quien estaba interesada en la historia.

—Quiero saber como nos han tergiversado a todos —mencionó en un susurro. — Sobretodo cómo se llego a que la cámara era mi arma mortífera contra los estudiantes de origen muggle.

—¿Que pasó en la cámara?

—Tuve que matar a Rea para salvar a aquella chica. —Se sentía apesadumbrado por ello ahora que había recobrado su ser, ahora que había despertado.

—La verdad no se cómo se te ocurrió aquel nombre.

—La mitologia es interesante. Rea corrió el riesgo de ocultar a Zeus para poder salvar a sus otros hijos e indirectamente los apoyó en su guerra contra los titanes. Era nombre adecuado para una protectora.

—Vamos a tomar algo. Luego necesitaré que me ayudes en un asunto.

Avandonaron la tienda y se dirigieron a la heladería; mientras caminaban iban cuchicheando e intercambiando impresiones sobre las materias que habían seleccionado. Ambos coincidían en las mismas optativas. Neville le comentó las que habían seleccionado Dean y Seamus. Harry mencionó que Hermione las había cogido todas; eso era algo que admiraba enormemente. Tomaron asiento en la heladería de Fortescue. El dueño al verlo decidió invitarlo, a él y a su amigo, como tantas veces había hecho durante aquel mes cada vez que lo veía. No era tonto, sabía que se debía a su fama. Algo que no quería desaprovechar pero tampoco aprovechar en demasia.

—Ya he puesto los encantos de privacidad. Ahora cuentame lo de la cámara.

—Como con la piedra filosofal todo comenzó por curiosidad. Primero pensamos que "el heredero" era Draco Malfoy. Elaboramos la poción multijugos y nos colamos el la sala común de la casa Slytherin. —Compuso una sonrisa irónica.—Cerca de febrero encontramos en los aseos un diario perteneciente a Tom Marvolo Riddle.

—¿Los mismos aseos que eran tu laboratorio personal?

—Sí.

—No parece coincidencia.

—Lo fuese o no, casi que mejor que no fuese otro estudiante quien lo encontrase. Al parecer Ginny Weasley lo arrojó allí para deshacerse de el. Ese diario... en su momento no lo supe, ahora estoy seguro que era un Horcrux

—¿Que te hace pensar eso? —Su expresión palideció ligeramente a causa del horror. Aquella magia era un sacrilegio, la mayor de las perversiones.

—Podía responder a lo que se le escribía. Parecía tener personalidad y recuerdos. Me mostró como incrimino a Hagrid y su acromantula. En la cámara, afirmaba haber salido del mismo gracias a absorber la energía del alma de la niña Weasley. El espectro que se estaba formando en la cámara tenía la apariencia de un joven de quince o dieciséis años.

—Entiendo. Tom Riddle creo un Horcrux siendo alumno del castillo. Eso no es signo de un mago oscuro, sino de un señor tenebroso. Sin embargo solo hemos oído hablar de Voldemort.

—Tom Marvolo Riddle. Es un anagrama.

—Ah, continúa.

—Dedujimos donde estaba la cámara y al enterarnos que Lockhart iba a bajar, inocentemente fuimos a darle la información que poseíamos. Se desveló a si mismo como fraude y trató de borrar nuestros recuerdos. En ese momento hubo un derrumbe y quedamos separados. Así que solo quedaba yo para enfrentar al basilisco. —Frunció el ceño. No estaba entrando en detalle. Se estaba dejando cosas en el tintero. Detalles en los que quería pensar personalmente. —La chica Weasley estaba inconsciente y Riddle estaba formándose. Hable con él. Era un desquiciado con delirios de grandeza. Se llamaba a sí mismo heredero de Slytherin y convoco al basilisco a quien le ordenó matarme. Me llamó enemigo.

—Eso es lo que debió usar para utilizarla. La dejaste como guardiana por si venían enemigos.

—Ahora lamento no haber hecho otras especificaciones. El caso es que tuve que matarla. Llegó el fénix de Dumbledore y dejó caer sobre mí el sombrero seleccionador. El fénix dejó ciego al basilisco y el sombrero me entregó tu espada. El resto, lo dejo a tu imaginación. Destruí el Horcrux y la chica se recuperó. Al menos físicamente.

—Los fenix sólo acuden ante terceras personas al mostrarse lealtad hacia los dueños o, cuando estos los envían.

—Lo sé. Aunque no supiese quien era en ese entonces no creo que lo que dijese fuese una muestra de lealtad hacia el director o una forma de aprovechar el miedo que Riddle le tenía, y le sigue teniendo.

—¿Qué le dijiste?

—Se puso a alardear que gracias a él habían echado a Dumbledore y le dije que nunca se iria del todo, que no estaba tan lejos como se creía.

—Ambiguo es.

Ambos permanecieron en silencio mientras terminaban sus respectivos helados, la conversación que habían tenido había sido algo complicada de sostener, pero sabía que tenía que contárselo, como también a las chicas cuando se encontrasen.

—El está vivo. No es más que un espíritu deforme. Lo vi cuando trató de robar la piedra filosofal.

—Si hizo un Horcrux, es normal.

—Hizo más de uno. Lo sé porque en el momento de intentar matarme cuando tenía quince meses un fragmento de alma se desprendió. —Señaló la cicatriz que tenía en la frente. —Eso indica una gran inestabilidad en su alma además de haber preparado el ritual. Por como estaba, no creo que pueda hacer más sin desintegrarse por completo y esparcirse en millones de partículas por el mundo.

—¡Joder!, ¿Cuantos crees que hizo?

—No lo sé. Hacer uno ya es una verdadera locura.

—Antes que levante el hechizo de privacidad, ¿como vamos a tratarnos? ¿Por nuestros nombres o por los nombres actuales?

—Depende si estamos en privado o en publico, Godric. Reconoce que seria muy raro si nos tratásemos así en la mesa del gran comedor.

—Despertatía suspicacias.

Godric levantó al fin el hechizo de privacidad. Desde la parte exterior del mismo lo que habían estado hablando no había sido más que un murmullo, una concadenación de palabras complicadas de entender.

—Mi abuela me ha dicho que se ha votado en el Wicengamot el poner dementores alrededor del castillo.

—¿Han perdido el juicio?, Rodear a un montón de niños por unas criaturas de esas características, que idea más brillante.

—Cosa del ministro y bueno, muchos en el tribunal le hacen caso sin cuestionar nada. Mi abuela está molesta y Dumbledore... solo ha accedido con la condición que no entren en los terrenos. —Godric negó con gesto de disgusto. —Los guardias de Azkaban por el castillo. Todo porque piensan que Sirius Black se va a presentar el Hogwarts.

—¿Y qué se le ha perdido a Black en nuestra escuela?

—No me lo quieren contar. Pero en cuanto averigüe algo te lo haré saber. Por cierto, ¿quedamos para ir juntos a la estación?

—No puedo. Ron ya ha decidido que iremos juntos, los Weasley llegan mañana y se quedarán en el caldero.

—Tu no eres de los que hacen lo que otros deciden.

—Lo sé. Pero bastante raras se van a poner las cosas como para empezar de forma tan temprana. —Sonrió. —Digamos que el chico que estudiaba lo mínimo y dejaba todo para último momento va a desaparecer. También el que actuaba sin usar la cabeza.

—Lo entiendo, Salazar. Harry Potter va a madurar este curso. Creo que ambos lo haremos, lo que me lleva a lo que quería pedirte.

—Dime.

—No puedo sacar mi varita original del banco hasta la mayoría de edad. Y ahora estoy usando la de mi padre, Frank Longbotom. Según mi abuela así honro el buen nombre de mi padre.

—Que tontería. Necesitas una que sea compatible contigo. La mía de acebo y fénix me funciona muy bien, aunque no fuese mi primera varita real, lo fue porque la obtuve antes de despertar. —Divagó unos instantes antes de centrarse. —Dalo por hecho, iremos a Ollivanders, compraremos una varita adecuada para ti y un tres fundas de varita.

—¿Por qué tres?, con una para cada uno debería bastar.

—Primero porque nos pueden ver y tu abuela se decepcionaría si el salvador del mundo mágico obtiene una funda para su varita y su nieto no cuida su legado igualmente.

—Ya te sigo. Eso no se me habría ocurrido.

Media hora más tarde entraban en el caldero chorreante con todas las compras realizadas, él había hecho algunas adicionales para estar seguro que no le faltaba de nada. Estuvieron conversando con la señora Longbotom y le mostraron las fundas para varitas tal como habían acordado al salir de Ollivander. No podían permitir que se supiese que su amigo había adquirido una varita compatible consigo mismo.


La noche anterior a la partida al castillo no había podido dormir bien. Primero por los gritos procedentes del dormitorio de al lado; en dicha estancia estaban Ron y Percy Weasley discutiendo por algo de la insignia de premio anual y una fotografía manchada. En segundo lugar no dejaba de darle vueltas a algo que se había mencionado durante la cena. El ministro había prestado al señor Weasley unos coches para que los llevasen a todos al día siguiente a la estación. Por lo que sabía de lo que Ron le había contado los años anteriores, su padre no estaba muy considerado en el ministerio y, dudaba, que esos vehículos se los concediesen a cualquiera. Ahí había gato encerrado. En tercer lugar estaban las miradas nerviosas que le lanzaban los señores Weasley cada vez que mencionaban a Sirius Black durante la cena. No, no se habían dado las circunstancias propicias para dormir adecuadamente.

Cuando los primeros rayos del alba hicieron su aparición, se levantó y se vistió de forma rápida. No tenía sentido quedarse más rato en la cama si no iba a dormir. Trató de arreglarse un poco la maraña que tenía por pelo, para que al menos no se viese como si acabase de bajarse de la escoba. El baúl lo tenía ya preparado de la noche anterior, así que sólo tuvo que convencer a Hedwig que se metiese en la jaula antes de bajar con todo el equipaje a la zona de bar del caldero. Allí ya estaba el señor Weasley desayunando y leyendo el periódico.

—Harry. ¡Que temprano!

—Ya sabe señor Weasley, la emoción por comenzar un nuevo curso con materias nuevas y excursiones a la villa.

—Tercer año puede ser emocionante. Es cuando los estudios comienzan a volverse serios.

Asintió, tomando asiento al lado del señor Weasley y aguardando que le sirviesen su habitual desayuno. Pudo notar como el señor Weasley alejaba el profeta con un gesto dubitativo, como si no estuviera seguro de apartarlo y prefiriese a su vez que Harry lo viera. Era una situación tensa. Quería preguntarle, pero no podía hacerlo sin antes generar la situación propicia para eso.

—Hay algo que me gustaría comentarte, Harry. Ni el ministro, ni Molly, ni Dumbledore estarían de acuerdo. Yo creo que debes saberlo, sobretodo porque te afecta indirectamente.

—¿De qué se trata? —Frunció el ceño, no le gustaba que le ocultasen información sobre algo en lo que podía verse envuelto. Se sentía como si quisieran mantenerlo ignorante.

—Sirius Black escapó de Azkaban para ir a por tí.

—Quiere matarme. —Era una afirmación. Aunque había algo que no comprendía. Si se había podido escapar después de doce años, ¿porque no lo había hecho antes?; ¿Para qué aguardar si el echo de que escapase indica que pudo hacerlo en su momento? —Gracias por la advertencia, señor Weasley. Me andaré con cuidado.

—Sabía que te lo tomarías con más madurez de la que otros te confieren.

No pudieron decir nada más respecto a ese tema. La señora Weasley apareció enseguida y se unió a ellos en el desayuno. Poco rato después apareció Hermione, con su nuevo gato, un pequeño de ascendencia Knealze; distraidamente le rascó las orejas haciendo que ronronease suavemente. El resto de los Weasley tardó un poco más en levantarse. Mientras se organizaban y desayunaban, Salazar se acercó a Tom y le pagó los seis galeones que faltaban del trato que habían tenido a principio del verano. Sabía que él había mantenido su palabra en cuanto a permanecer discreto.

El viaje desde el caldero hacia Kings Cross fue bastante cómodo. Los coches del ministerio eran limusinas, en las que cabían varios de ellos con comodidad sin verse apretados como el verano pasado con el Ford Anglia; y disponían de un amplio maletero donde pudieron dejar sus baúles sin ningún problema. Al llegar a la estación enseguida se hizo con un carrito portaequipajes y marchó hacia la barrera que separaba el anden mágico del resto de la estación. A su derecha estaba el señor Weasley, y a su Izquierda Percy, en nuevo premio anual de la casa Gryffindor. Tenía claro que lo estaban cuidando.

—Yo me voy con Penelope —dijo Percy en cuanto cruzaron la barrera y se encontraron en el anden nueve y tres cuartos. Un anden completamente abarrotado de ojos vigilantes.

Se le erizó piel al sentirse vigilado. Miro en todos los sentidos que pudo en el anden pero aparentemente no había nadie mirándolo directamente. Cuando los gemelos llegaron enseguida se fueron con Lee Jordan, seguramente a preparar la broma de bienvenida para el presente curso. Ron, Hermione y Ginny llegaron jadeando.

—Ya habéis cruzado corriendo, ¿no?

—Es más divertido así, Harry —Observó Ron.

—Lo era. Hasta que el año pasado nos estampamos con la barrera solidificada. Desde entonces me propuse no correr hacia ningún muro.

—Al menos esta vez no hay ningún coche que podáis estrellar contra el castillo. —El tono de Hermione era severo, pero se podía entrever un atisbo de sonrisa. —Al menos uno de los dos parece haber ganado algo de sensatez.

—Tu has corrido —dijo Ginny.

—Para no quedarme atrás. Busquemos un compartimento.

—Id vosotros, yo he acordado verme con Luna.

Dejo, junto a los demás el carrito a un lado y arrastró el baúl por la estación hasta subirlo al vagón. Encontraron un compartimento en el que había un hombre dormido. Salazar lo examinó a conciencia durante unos segundos, completamente ajeno a la conversación que se estaba produciendo entre Ron y Hermione respecto al hombre. Pálido y ojeroso, como si estuviese enfermo o lo hubiese estado; tenía cicatrices en el rostro y la ropa vieja, desgastada y reparada varias veces. Había algo en torno a él que le hacía mantener sus reservas; pero tanto Ron como Hermione ya se habían acomodado en el interior así que no encontrando motivos para marcharse de allí se metió dentro. Usó el encantamiento de levitación para poner el baúl en la rejilla y se unió a la conversación sobre Hogsmeade.

—Te digo Hermione, que la casa de los gritos no tiene nada de interesante. Honeydukes si, es el templo de los dulces.

—Tranquilo Ronald Wonka; tendremos tiempo de verlo todo y si es necesario te regalo un dulce de cada. A mi también me interesa la casa de los gritos, ¿que secretos esconderá?

Ron puso cara de desconcierto ante su comentario y Hermione soltó una carcajada antes de aclararle a Ron la referencia literaria que Harry acababa de utilizar. La cara de Ron mudo de ser de desconcierto a ser de fastidio. Él era alguien a quien no le gustaba leer, mucho menos si era algo que no era obligatorio; para Ron leer era una pérdida de tiempo. Salazar, antes de despertar, había disimulado su gusto por la lectura en su desesperación por no ofender a sus amigos. Ahora todo era distinto. Ahora sería el mismo.

—No pensé que tus tíos te firmasen la autorización —dijo Ron. —No siendo del tipo que convierten tu cuarto en una prisión.

—Hice un trato con ellos. Me firmaban la autorización y desaparecia durante el resto del verano.

—Pero Harry —objeto Hermione. —Eso es peligroso. Ningún niño puede estar sin la tutela de un adulto. ¿Y si te llega a pasar algo?

No respondió a ello. No por querer evadir la pregunta sino porque la puerta del compartimento se abrió. En el umbral aparecieron Draco Malfoy, Vicent Crabbe y Gregory Goyle. Los tres con sonrisas de superioridad. Salazar se preguntaba como era posible que Crabbe y Goyle estuviesen en su casa. No eran astutos y su mayor ambición parecía ser los sirvientes de quien tuviese el poder dentro de la casa. Sólo se le ocurrían dos opciones, estaban tan podridos que ni siquiera la casa Hufflepuff los hubiese enderezado o simplemente como él durante la selección se lo pidió al sombrero y este los escuchó. Lástima que el sombrero estuviese sujeto al voto de confidencialidad, aunque por otra parte ese mismo voto ahora lo beneficiaba. Draco Malfoy en cambio, tenía las cualidades de llegar a ser alguien digno de su casa, solo debía dejar de comportarse como un niño malcriado que se refugia bajo las faldas de su padre y abandonar la faceta de matón del colegio. Si se enfocase en alcanzar sus metas y pensar y actuar por si mismo en lugar de por lo que quieren los demás... la cuestión era si resultaba demasiado tarde para hacerle cambiar. Si quería arreglar las cosas en su casa tendría que ser por medio de los más influyentes.

—¿Que se os ofrece? —les preguntó en un tono tranquilo, vigilando que Ron no les saltase al cuello. Entrar al trapo era lo que ellos estaban buscando.

—No olvidaré que mi padre perdió su puesto en el consejo por tu culpa, Potter.

—Cada cual es responsable de sus propios actos —replicó sin alterarse. —Tu padre forzó mucho la mano el año pasado y eso casi termina en al menos la muerte de una persona. Tiene suerte que nadie pudiese relacionarlo con todo lo sucedido.

—Mi padre no tiene nada que ver con la cámara, sólo aprovechó las circunstancias.

—Eso es lo que él te dijo. Sin embargo seguro que te suena de algo cierto cuaderno de bolsillo con el nombre Tom Marvolo Riddle. —Pudo notar la incomodidad en el estudiante de la casa Slytherin, así como también una ligera expresión de no querer creer los cabos que su propia mente estaba atando. —Riddle fue quien abrió la cámara y dejo testimonio de ello en su diario. Diario que tu padre le pasó a un inocente estudiante sabedor que ningún niño desconfiaría de un objeto mágico que te contesta al hablarle. —Hizo una mueca. —Un diario capaz de absorber la vida de cualquiera que lo tocara. Incluso podrías haber sido tú. Recuerdo que lo cogiste del suelo en San Valentin. A tu padre no le importo la posibilidad de ponerte en peligro de forma indirecta.

—No... no puede, mi padre nunca...

—¡Tu padre es una asesino! —grito Ron.

—Ron, tranquilo. —Lo miró con un gesto serio, actuando así no se ganaba nada. Se volvió hacia Draco.

—¡No! —rugió. —Su padre es basura. Uno de los lameculos de quien- tu -sabes. Un asesino que trató de matar a mi hermana el año pasado.

—¡Cállate Weasley!

Los gritos de ambos adolescentes provocaron que el hombre que estaba en el compartimento se moviese entre las mantas. De hecho, Salazar se preguntaba si lo habían despertado o si ya estaba despierto antes. No podía concebir que alguien estuviese completamente inmóvil; a menos que estuviese en coma.

—¿Quien es ese? —preguntó Malfoy mirando al hombre con aprensión.

—Al parecer es un profesor —respondió Hermione cortante.

Los tres estudiantes de la casa Slytherin se marcharon del compartimento, no sin antes lanzar una mirada de desprecio a Ron y Hermione. A él, Draco tan solo le dirigió una mirada que iba entre un gesto calculador y el puro terror. Podía notar como Ron seguía enfadado y estaba murmurando improperios contra Draco. Hermione simplemente lo miraba extrañada. Podía entenderlo, el curso pasado lo habría sacado del compartimento a puñetazos.

—Harry, eso que has hecho con Malfoy...

—Lo sé Hermione.

—¿Pero crees que ha sido adecuado?

—El tiempo lo dirá.

—¿Os estaba molestando ese nene de papi? —inquirió una voz que Salazar reconocía bien desde el umbral de la puerta.

—Hola Neville —Saludó Hermione. — ¿Qué tal el verano?

—Bastante tranquilo.

—Juro que en cuanto coja a ese bastardo de Malfoy va a desear no haber nacido —murmuró Ron aún rabioso.

Hermione le dio un codazo a Ron y señaló al hombre; era una advertencia silenciosa. Godric le dirigió una mirada a Salazar que este le correspondió con un gesto. Luego le pondría al tanto de todo.

—Ron, la violencia no es la respuesta a los problemas.

—¿Y qué tengo que hacer, Neville?¿Agachar la cabeza y dejar que se salga con la suya?

—No. Puedes y debes defender tu honor, pero nunca buscar o usar la violencia como respuesta a todo.

—La violencia engendra más violencia —dijo Salazar matizando a lo que se refería su amigo. —Malfoy sabe que tu reaccionaras así con él. No lo hagas. Ni tampoco busques pelea.

—Yo no busco pelea. Su padre casi mata a mi hermana.

—Si, Ron. Y como Harry ha dicho, si no os hubieseis dado cuenta que se iba a llevar el diario quien hubiese terminado casi muerto hubiese sido él. Es su padre, no él. Malfoy es solo un niño, como nosotros —afirmó Hermione. —¿Te quedas con nosotros, Neville?

—Claro. Estaba solo en un compartimento, voy por mis cosas.

Minutos después se había instalado ya en el compatimento con ellos y comenzó a jugar al ajedrez con Ron. Mientras tanto Hermione leía uno de los nuevos libros de ese curso, Salazar había decidido dormir un raro, recuperar el sueño perdido. Se despertó de golpe al frenar el tren en seco. Consultó la hora, no se creía que hubiesen llegado ya a Hosgmeade. Faltaba media hora para la hora en la que solía llegar a la estación y, de todas maneras el tren no debería detenerse de forma tan brusca.

—¿Que ocurre? —preguntó.

—Alguien esta subiendo al tren —respondió Ron mientras se helaban los cristales de la ventanilla y la puerta.

El frío inundo el tren. Un frío intenso y seco que se metía dentro del cuerpo y helaba hasta los huesos. Era un frío sobrenatural que traía al mismo tiempo sensaciones de muerte. Al mismo tiempo sentía algo extraño, como si le hubiesen succionado de golpe toda la felicidad. Se sentía aterrado y deprimido al mismo tiempo y comenzaba a escuchar gritos en su cabeza, algo no iba bien.

—¿No se suponía que los dementores iban a estar solamente en el castillo?

—Eso dijo mi abuela.

—¿Dementores? —inquirió Ron. —¿Han puesto dementores en el castillo?

—¿Que son? —preguntó Hermione.

—Los guardias de Azkaban —dijo Salazar en un tono sombrío. —No deberían estar aquí. —Se encontraba enfadado, molesto con la situación. Habían abordado un tren lleno de estudiantes, de niños.

Salazar notó como uno de esos seres se iba acercando al compartimento en el que estaban. Intercambió una mirada con Godric. Ambos estaban luchando contra los efectos del dementor al igual que Ron y Hermione. Llevaron la mano a la varita cuando la puerta se abrió, dispuestos a hacerles frente. No fue necesario. En nuevo profesor, quien había estado durmiendo desde el pricipio, se levantó de golpe y enfrentó al dementor.

—Nadie esconde a Sirius Black bajo la capa. Vete —ordenó al dementor. Este hizo caso omiso y trató de abalanzarse sobre los que estaban en el compartimento —Expecto patronum. —Una figura plateada en forma de lobo ahuyentó al dementor, expulsándolo del tren.

El profesor se quedó mirándolos a los cuatro, evaluando si estaban o no bien. Luego sacó una pastilla de chocolate del interior de su túnica y lo repartió entre ellos. Salazar cogió el pedazo de chocolate con un gesto de extrañeza. Se lo llevó a la boca, notando como el chocolate combatía los efectos del dementor. Eso no existía en sus tiempos. No se había descubierto todavía.

—Iré a hablar con el maquinista. Vosotros en cuanto os sintáis mejor poneros los uniformes.


Había muchas cosas que lo contrariaban; últimamente eran las decisiones que estaba tomando el ministro. Dejar los dementores apostados en Hogwarts no le gustaba en absoluto, los consideraba unas criaturas sin control alguno que a la mínima oportunidad buscaran saciar sus apetitos. Luego permitir que dos aurores ingresen en Hogwarts, por petición del propio ministro. No podía negarse, sería impopular habiendo un asesino suelto que quería matar a uno de sus estudiantes. Ahora acababa de tener una conversación con el ministro por red flu. Una conversación muy breve. Fudge había autorizado a los dementores a registrar el tren, algo que no estaba en el acuerdo inicial y que había puesto en peligro a varios estudiantes. Fudge había argumentado que era por la protección de los mismos, él le había planteado un contra-argumento: Los aurores hubiesen podido viajar en el tren y velar por ellos.

Había sido uno de sus nuevos profesores quien lo había puesto al tanto mediante un mensaje. No solo habían registrado el tren los dementores, sino que habían tratado de atacar a varios estudiantes. Suspiró. Era una suerte que Lupin hubiese decidido viajar en el tren con todos ellos, sino habría muchas cosas que lamentar. Alzó la mirada hacia la puerta de su despacho cuando la escuchó sonar. Sabía de quien se trataba, Los retratos le habían avisado.

—Pasad.

Los dos aurores del ministerio destinados a Hogwarts habían llegado. Los observó bien desde donde estaba. Uno de ellos era un auror en su último año de adiestramiento, como se diría en periodo de prueba. Un auror a cargo de otro auror para proteger el colegio. Si le hubiesen dejado escoger habría pedido a Alastor Moody, un hombre en el que al menos sabía que podía confiar. En cambio tenía a Kingsley Shackelbolt y Nymphadora Tonks. Tendría que tenerlos controlados.

—Buenas tardes.

—Buenas tardes, director Dumbledore —dijo Shackelbolt.

—No voy a negar que me resulta una sorpresa que el ministro considerase asignaros a la protección de mis estudiantes; pero no me gustaría que vuestra presencia aquí alterase la vida normal del castillo.

—No se preocupe, director. Tan solo estamos para garantizar la seguridad de los estudiantes, no los importunaremos —aseguró Shackelbolt.

—Dormireís en la zona vacía del castillo, las antiguas habitaciones de los maestros. Esta noche en la cena daré aviso que estáis aquí. No será necesario que entréis a ninguna de las clases, ni con ningún tipo de disfraz.

—Descuide director —respondió Tonks.

—Se que el ministro os habrá informado del objetivo principal de Sirius Black, pero permanecer detrás de él en todo momento no puede ser muy productivo. Es mejor que el joven Potter no tenga que preocuparse de nada.

Observó a sendos aurores, Tonks parecía contrariada con aquella afirmación. Moody le había dado referencias de la jóven y la recordaba de cuando estaba en el castillo. Indisciplinada pero valerosa. Trató de meterse en su mente, de ver que pensaba. Fue rechazado de inmediato. Era más diestra en oclumancia de lo que había esperado en alguien de su carácter. Eran pocos aurores los que en la actualidad llegaban a ser diestros en ese arte. Tendría que controlarla, a fin de cuentas sangre Black corría por sus venas. Aguardó unos segundos, no dijo nada. Usar legeremancia era ilegal, podría meterse en un buen lío si ella lo delataba. Fawkes trinó, mirando fijamente a la auror en entrenamiento; podo ver como compartían una mirada. Su fénix no parecía disgustado sino que parecía aprobar su presencia. Esp le decía que ella no seguía con la oscuridad que rodeaba a la familia Black, lo cual era algo bueno.

—Realizareis vuestras comidas en las cocinas. ¿Sabéis dónde se encuentran?

—No —afirmó Shakelbolt.

Albus Dumbledore guardo nuevamente silencio. Shakelbolt había sido un Ravenclaw muy respetuoso con las normas pero con un deje de ir contracorriente cuando merece la pena. Tonks una estudiante de la casa Hufflepuff, poco seria en cuanto a comportarse pero con un expediente académico brillante; sobretodo a partir de su tercer año. Ella no respondió verbalmente a su pregunta, tan solo negó usando su cabeza.

—De camino a la sala común de Hufflepuff hay un retrato de un frutero; tan sólo tenéis que hacer cosquillas a la pera para abrir la puerta. La señorita Tonks sabe a que cuadro me refiero.

—Yo nunca lo vi. —Shakelbolt miró a su compañera interrogante.

—Los Ravenclaw no soléis frecuentar las bodegas —Comentó. — ¿Crees oportuno que bajemos antes que comiencen a llegar los estudiantes?, si tenemos que ser fantasmas mejor comenzar desde ya.

—Bien obserbado Tonks. Si nos disculpa, director.

—Adelante, y bienvenidos a Hogwarts.