Si bien el viaje en mar puede resultar tedioso, al menos tener compañía podía reducirlo en algún grado. Fue bastante mala suerte que de entre los cinco barcos que partieron rumbo a Forbidden Jungle, en toda regla de lo acordado por el líder actual de "La Unión" y Equestria para resolver el fenómeno mágico extraño, a Sunburst le tocara en uno diferente al de Starlight. Una semana de viaje y aun no podía mantener contacto con ella.
Al menos lo fue hasta hace un día; puesto que los pegasos podían pasar de navío a navío; a uno de los especialistas se le ocurrió crear una intercomunicación entre tripulaciones; por lo cual crearon un sistema de correos bastante simple. Se escribía la carta, se ponía nombre al cual iba dirigida en el sobre, junto con el del barco y se entregaba a la otra tripulación. Así, desde un principio se aseguró una actividad intelectual desde antes de empezar con la misión académica; puesto que la mayoría de las cartas estaban dirigidas a quienes serían miembros de un mismo grupo de investigación.
Pero, por supuesto que los amigos podían usar el medio para hablar, eso venía haciendo con Starlight desde el sexto día de viaje.
Por otra parte, el corcel al menos tenía a una conocida adicional en el navío donde se hallaba. Moondancer era una buena amiga para conversar, siempre atenta, le escuchaba más que hablar, aunque cuando debatían era una aguerrida oponente, siempre con argumentos, siempre con hechos y conocimientos que escapaban incluso de él.
Pero, durante ese tiempo también pudo establecer relaciones con varios de los otros estudiosos que viajaban a Forbidden Jungle. Estaba Faith Sand, que, lejos de ser una académica con cierta imagen que mantener, no tenía inconveniente en ser una completa potrilla, jugando, trotando, o también una yegua seductora que podía tener a casi cualquier corcel a su disposición. Pero también una apasionada por las religiones, poseía una vasta colección de ídolos y objetos rituales que o bien había replicado o bien le habían sido otorgados en sus trabajos de campo. Incluso su forma de comer parecía tener un procedimiento influenciado por aquellas religiones; agradecer a un Dios por la comida era algo desconocido para los ponis porque, en primer lugar, habían sido ellos quienes realizaron una vasta cantidad de trabajo para extraerlo, si a alguien había que agradecer, era a ellos.
También estaba Levre, un jactancioso que se tenía como el próximo gran mago; no tenía el menor reparo en decir que muchos de los enunciados sobre la teoría de la magia en general estaban herrados, un pedante en sus diversos estudios reconocidos. Tenía una edad semejante a la suya. Pero ya había hecho una brillante carrera académica. Desde el primer momento supo que no se llevaría bien con ese corcel, sin embargo, hasta ese momento no hubo roces incómodos o que pusieran las cosas color hormiga, solo una que otra plática donde se percató de que ese corcel pensaba que siempre debía tener la razón en todo… absolutamente todo.
Y finalmente estaba Salt Letter, una yegua especialista en la lengua, de recorrido incluso mayor que Levre; pero bastante más humilde al respecto, el trato con ella era afable, bastante ocurrente y cautelosa con ofender a los demás. Tenía como un modelo a seguir a la Dra. Wick, y esta a su vez la trataba como si fuera parte de su propia familia, algo así como una hermana mayor adoptiva, cosa común en Equestria. Y si conocía a Salt Letter, era imposible no conocer a Seed head. Que caminaba a su lado y con el cual solía estar mucho tiempo. Lo triste era que Seed tenía claras intenciones, pero la otra no daba casco a torcer. Así de simple.
En cuanto a seguridad, al principio, muchos tuvieron preocupaciones; puesto que esas aguas todavía no estaban bajo la protección de Equestria ni contaban con un historial bastante alentador. Entonces conocieron a uno de los almirantes más respetados y temidos: el mismísimo Wetbread, tan legendario que había novelas sobre su vida y experiencias. Con él al mando, era imposible temer por la seguridad de la embarcación. Si pudo, con su valiente tripulación y una fragata a medio hundir contra un kraken, definitivamente podía con cualquier cosa.
Ese capitán mantuvo poco contacto con la tripulación académica. Pero las pocas veces que pudo verlo, estaba tomando unas sidras con otro corcel, un tal Red Tail, siempre de expresión seria y fría. Pero que, de alguna forma, parecía un amigo muy cercano del legendario almirante.
Así se resumían los ponis con los que tuvo contacto todo ese tiempo; el resto lo dedicaba a leer en una biblioteca improvisada en los pabellones inferiores; tenía cierta emoción leer dentro del "boca de Dragón" el navío que expulsaba fuego por unos cañones delanteros. Todavía más emocionado era hacerlo sentado al lado de su munición basada en baba de caracol de fuego dentro de bolas de cristal, o de sus diferentes cañones debidamente espaciados para permitir la presencia de unos cuantos escritorios para la tripulación académica, asegurados al piso con cadenas. En una de las paredes estaban inscritos, los nombres de los navíos que había hundido; con una letra pequeña llenó toda una pared de más de tres metros; alguien dijo haber contado más de cincuenta nombres diferentes.
Así pasó hasta la mañana del día 30 de julio del 1048. Entonces, en la madrugada de ese día finalmente se escucharon las palabras más anheladas por la mayor parte de la tripulación.
- ¡Tierra a la vista! – Gritó la primera oficial, una yegua de temer, incluso por el propio capitán. De nombre Rogue Hoof. Con varias cicatrices en el cuerpo, que contaban innumerables historias de luchas en altamar.
Era interesante que a toda la tripulación le gustase por, sobre todo, la música de Sapphire Shores, juró ver una pañoleta en aquella yegua, hecha a base de retazos de una polera conmemorativa a la estrella de la música popular.
- Muy bien, atención; desembarcaremos en menos de quince minutos. Que estén preparados los equipos de seguridad; levantaremos un fuerte destinado para las provisiones y para los médicos; cualquiera que sea la ruta a la ciudad será cartografiada. Oficial Rogue, prepare a la tripulación.
- Sí almirante. – Le respondió la yegua encaminándose a los camarotes diferentes y hacia la tripulación en general.
La marea mecía suavemente a los barcos a medida que estos se arrimaban a la playa, la arena amarilla pálida era bastante peculiar en la región; usualmente era de un color gris o marrón obscuro. Y, a medida que se aproximaban a unas playas que no le pertenecían a reino alguno. Tierras como aquellas abundaban por Forbidden Jungle y fuera de las fronteras de Equestria.
Al menos así era hasta ese preciso momento, junto con el estudio que fueran a realizar, se llevaba un hecho secundario, pero con una importancia bastante relativa en ese instante; pues, al tiempo de desembarcar, el equipo de ingenieros y constructores inició sus actividades, cortando algunos árboles, usando los recursos que ofrecían aquellas cosas. Contaban con ellos desde antes de iniciar el viaje. Era bastante asombrosa la previsión que la expedición tenía.
Pero ya en tierra, mientras se construían las murallas de un fuerte que, quizás con el tiempo, algún día sería una colonia, los ponis salían a estirar las ancas, a dar un primer vistazo del lugar, claro que no se quedarían allí por mucho tiempo. Sus investigaciones se llevarían a cabo en el interior de la jungla.
Sunburst observaba atento el desembarco de la carabela Dandelion. Donde estaba Starlight; mas este todavía no arribaba a la costa. Moondancer le observó atentamente poco antes se acercarse. La arena, suave se hundía bajo sus cascos. El sol acariciaba su rostro, así como a todos en general.
Insumos, instrumentos, equipaje personal, todo era descargado con celeridad por la tripulación del almirante; de forma adyacente se construía el fuerte con una eficiencia casi fantástica; sus almacenes; o al menos, el lugar donde estos se edificarían comenzaban a llenarse del cargamento de los barcos.
La paciencia de Sunburst le permitía estar parado en la playa, esperando a ver que la silueta de su mejor amiga se asomase por el barco. Hasta que finalmente salió; sintió una alegría única al verla saliendo con un conglomerado de ponis que estiraban sus patas o comenzaban a apreciar el lugar.
Partió a su encuentro en ese mismo instante, trotando por la emoción, resoplando sin darse cuenta y moviendo la cabeza ligeramente hacia arriba y abajo. Dejando a un Moondancer que anhelaba poder robarle algo de tiempo para hablar, quien estaba haciendo levitar una tabla con varias hojas en las cuales tenía planificada casi toda la expedición. Sin necesidad de pensarlo por mucho tiempo, decidió volver al trabajo que se suponía, debía estar realizando, así que su primera parada debía ser el fuerte.
Pocas cosas pueden compararse con ver a dos amigos reencontrarse, los ponis habían inventado más de una costumbre para esas circunstancias, algunas veces banquetes, en otras conversaciones que podían tomarse un día entero, incluso podía pasar a más, los límites de lo que un amigo podía hacer se establecían de forma independiente con cada amigo. Por ello Starlight tomó en sus cascos al corcel, sin apretujarlo. Pues, como bien sabía aquel, la protegida de la princesa no era exactamente alguien que se pudiera abrir a sus emociones de forma constante.
- Me alegra verte después de tanto tiempo. – Le dijo al oído ella, mientras se separaban.
- También te extrañe, dime ¿Cómo has estado?
- Ya sabes, mi vida se ocupado mucho en estos años, afortunadamente todavía puedo ver a mis amigos. – Con cierta ironía, la yegua hablaba al tiempo de comenzar a caminar. – Dicen que tenemos unos minutos para caminar. – Continuó mientras continuaba avanzando. El corcel simplemente comenzó a seguirla, poniéndose a su nivel. - ¿Cómo te fue en el viaje?
- Tu sabes de sobra que me mareo con facilidad… afortunadamente mi camarote estaba próximo a la cubierta.
- Blaag. – Expresó ella sacando la lengua mientras cerraba un ojo. – Algo me decía que el viaje sería así para ti. Recuerdo cuando nos subimos a la montaña rusa en aquella ocasión…
- Sí; todavía tengo la foto. – Masculló con una sonrisa ladeada el corcel mientras continuaban avanzando.
- ¿Enserio? Tienes que mostrármela. Siempre me acuerdo de ese día; parecía que estaba a punto de darte un ataque y yo rogaba porque hubiera un médico cerca.
El corcel comenzó a reír, negando con la cabeza, contagiando a la yegua que observó hacia el lugar de desembarco; se habían alejado un poco, pero no importaba.
- Y ¿recuerdas cuando solías subirte al estante del estudio de tu padre para ser el duque Throwed?
- Y tú la legionaria Shirk. – rememoró el de pelaje gutagamba.
Esa era la Starlight Glimmer del pasado, pensó para sus adentros el corcel. Ahora, había cambiado tanto.
- ¿Y qué harás en la expedición? – La yegua le observó por un instante extrañada. – digo, hay muchas cosas que podrías hacer… que… qué harás específicamente.
- Pues soy buena con la magia, Twilight me dijo que colaborara con los que irán a investigar ese fenómeno extraño. Además, creo que me sentará bien alejarme por un rato de esos ponis, me contaron sobre las guerras por las costas y cómo… terminaron malditas. – Terminó susurrando la de pelaje lavanda poco antes de
- Oye, tú no eres de las supersticiosas. – Le inquirió el corcel.
- ya lo sé; pero con la magia nunca se sabe, más cuando viene de otras culturas o especies. – Le recalcó la yegua.
- Pues los sondeos muestran que en las costas no hay nada inusual. – Tratando de sonar lo más serio posible, el corcel intentó calmar a Starlight; pero esta solo le dio una sonrisa.
- No tengo miedo, es solo que… me gustaría poder estar un rato sin tener que lidiar con magia obscura y esas cosas. – Aclaró poco antes de empezar volver la vista hacia el punto de llegada de toda la expedición.
Debían estar como a más de medio kilómetro; la yegua dio media vuelta, seguida por el corcel; pero al dar el primer paso, este tropezó. Pesadamente sobre la arena.
- ¿Qué te pasó? – Le preguntó la yegua, doblándose para ayudarle.
- Pues creo que es obvio. – Le respondió con sorna el corcel mientras se levantaba, ganándose un empujón con los muslos de la yegua contra su costado.
Entonces, a medio enterrar se encontraba el objeto con el cual había tropezado, era un objeto cilíndrico, al principio Starlight sospechó que podría tratarse de una raíz de algún árbol; pero no había ninguno cerca, así que era algo más.
El corcel se acercó y sopló sobre el extraño objeto, al ver que era de metal y tenía un grabado no lo dudó más y fue a llamar a unos especialistas de la expedición; en menos de quince minutos, desenterraron lo que resultó ser un tridente de un metro ochenta de altura, de un metal amarillento con azul ultramar y una serie de grabados por toda la superficie cilíndrica de donde se sostuvo alguna vez; las tres puntas equidistantes estaban hechas de un metal extraño; parecía estar fusionado con un coral azul que seguía vivo incluso fuera del mar por lo que parecían ser siglos.
No obstante, las inscripciones eran legibles para una especialista de la lengua.
"La belleza verdadera reside en el movimiento y las acciones del cuerpo más que en su apariencia"
Esa era la traducción más aceptable a la que pudo llegar Salt Letter, la yegua especialista en el lenguaje. Que quedó maravillada ante el objeto; definitivamente era un arma y no así un elemento decorativo. A Time Wad y a la doctora Wick no les llevó más de diez minutos concluir que ese tridente le perteneció alguna vez a un nagga y que muy probablemente había sido utilizada durante las Guerras de Proscripción libradas en del 8 al 4 antes de la fundación de Equestria; en las cuales, comentó la historiadora pegaso, los nagga habían enviado a sus enemigos al borde de la extinción; hasta que finalmente los expulsaron de casi todas las costas equestrianas.
- Los nagga eran criaturas poco agraciadas, tenían los rostros de un cocodrilo, pero combinados con los dientes de tiburones manos y troncos como los minotauros, aunque en lugar de pelo tenían escamas que iban desde el celeste hasta el violeta y unas colas de serpientes de gran groso; podían desplazarse por agua y tierra arrastrándose como serpientes, claro que no todo el cuerpo, solo sus musculosas colas y sus ojos eran similares a los de los reptiles. El macho era más horripilante que la hembra. – Relataba Time Wad mientras apreciaba mejor el tridente a las afueras de la fortaleza – Cuentan que las hembras tenían un canto que te podía aturdir.
De pronto, Faith Sand voló para tomar entre sus cascos el punto de sujeción de las dos puntas laterales y trató de llevar consigo el tridente; hizo falta que unos pegasos más se le unieran, y dos ponis de tierra.
- Llevémoslo cerca del mar, hay algo que deseo comprobar. – Explicó la yegua.
- Por favor señorita Sand, no caiga en los cuentos de los nagga. – Sugirió en tono de regaño la Dra. Wick.
- Oh por el amor de Celestia, es una simple investigación de campo. Deje sus discursos dogmáticos para las conferencias. – Dijo la yegua a duras penas, inflando sus cachetes mientras hacía fuerza junto a los ponis machos que le colaboraban incondicionalmente.
- Es un arma de doscientos ciento ochenta quilos de peso, hasta para llevar objetos se requiere un método. Más cuando es una pieza delicada que irá a un museo y que puede ser un objeto de estudio de vital importancia. – Continuó aseverando con bastante severidad la yegua madura.
- ¿Cómo eran tan fuertes? – Cuestionó de pronto Sunburst.
- Pues, vivían en las profundidades, son una especie particular del filo Atrox, podían vivir en las profundidades del océano y también salir a la superficie; por lo cual sus cuerpos adquirieron una forma bastante sólida, con una especie de exoesqueleto con un sistema de irrigación debajo de esta; también desarrollaron las segundas escamas más duras después de los dragones; su sistema respiratorio híbrido es un completo enigma y se cree que también sus músculos alcanzaron un desarrollo similar al de los ponis terrestres, es decir, tenían cierta estructura mágica que les permitía alcanzar una mayor fuerza que su proporción y constitución les daría. Seguramente era el equivalente a una lanza para nosotros… no me puedo imaginar la fuerza brutal que podrían alcanzar en tierra. – La explicación de Green Word dejó impactado al mago, quien pronto volvió la vista para percatarse de que el grupo encabezado por Faith Sand llegó a las orillas del mar y bajando con cuidado el tridente, este no presentó cambio alguno.
- Ahora, bajo ninguna circunstancia dejen que el tridente caiga a las aguas.
- Oh por favor Faith Sand, deje de guiarse por los cuentos de hadas de una cultura. Tenga algo más de criterio con sus lecturas.
Ignorándola, la yegua comenzó a batir sus alas enérgicamente para mover de arriba abajo por unos cuantos centímetros las puntas del tridente.
Entonces, se activó una magia en este; para impresión de todos, la marea alrededor de la pegaso en el aire comenzó a moverse, así como a ascender, como si de alguna forma el agua marina estuviera siendo controlada por el tridente; entonces, una parte del metal coral se desprendió para mostrar una gema en blanco justamente en la unión de las tres puntas.
Sin embargo, de un momento a otro, la fuerza de los corceles no pudo más y primero los ponis, después los ponis de tierra dejaron caer el tridente que por poco le arranca los cascos a la yegua pegaso; una vez en la arena, la punta central y más larga del tridente tuvo contacto con el agua marina. Con asombro, observaron cómo el agua de mar, como si estuviera viva se levantaba, formando una especie de cono que se hizo más largo hasta moverse directamente hacia la gema, creando un arco al hacerlo; miles de litros de agua se aglomeraron en el aire, siguiendo el camino dibujado por ese primer arco e ingresando dentro de la gema, sí, ingresar era la única explicación que se le podía hallar; de alguna manera, al igual que una esponja, esa gema absorbía cantidades ingentes de agua marina. Así fue por un largo minuto, hasta que finalmente paró; al hacerlo, la gema comenzaba a emitir un brillo azul ultramar, adquiriendo también ese color.
La cara de satisfacción de la yegua menor en edad a la Dra. Wick supuso su más grande victoria, la segunda solo pudo mirarle con desprecio antes de darse media vuelta.
- Fue solo suerte, no todo cuento es cierto y algún día lo verás por ti misma. – Le expresó poco antes de volver al fuerte.
- Y eso que apenas empezamos el viaje. – expresó Levre, sacándole, por primera vez, una sonrisa a Sunburst.
Lamento la demora, ingresé en un nuevo bloqueo, pero lo bueno de todo esto es que comprobé la veracidad en el enunciado: los problemas de uno pueden afectarle en todas sus actividades. Ahora que ya no estoy metido en líos administrativos, espero seguir actualizando con regularidad. Y tomando en cuenta un comentario de una lectora, sí, me hace falta equilibrar los tres hilos conductores de la trama del fic, no solo se trata de un romance. Claro que si menciono las otras daré pistas de lo que sigue, así que solo diré que los nivelaré en los siguientes capítulos, nos leemos pronto.
