Recomendación Musical: "Conqueror of Hearts" – Efisio Cross
Al igual que cuando puso la alarma, tuvo el mismo pensamiento cuando ésta sonó. Y no fue porque despertó con eso, sino que no logró conciliar el sueño en toda la madrugada. Estaba tan emocionada, tan sorprendida, tan confundida. Todavía no podía creer que era la realidad y no un sueño: había recuperado la movilidad en sus piernas. Puede que por eso tampoco cerró sus ojos en todas esas horas: tenía miedo que todo aquello fuera un sueño. No obstante, con el paso de la noche y el nacimiento de la mañana, esa idea se evaporó y fue sustituida por escenas que ella realizaría y pláticas que crearía.
No se sentía cansada ni somnolienta, al contrario: estaba lista para correr por todo Tokio (si es que fuera necesario). Apagó su alarma y apartó las sábanas hacia un costado. Estiró sus brazos, se frotó los ojos y, justo cuando estaba lista para levantarse, recordó la idea de que estuviera viviendo en un sueño.
―Oh, no.
Alexandra se despertó gracias a un grito que provino de la habitación de Katomi. El susto fue tanto que cayó de la cama. Se reincorporó en sus pies y, todavía con el antifaz para dormir sobre sus ojos, intentó caminar hacia la puerta. Se quitó la máscara hasta que golpeó su cabeza con el borde del armario. Abrió su puerta, chocó con la de su hermana y, después, logró abrirla.
―¡¿Qué su…?!
La pregunta murió dentro de su garganta al ver a la oji-naranja sentada al pie de la cama, aferrada a las sábanas y con una mirada perdida. Sus labios temblaban, al igual que sus brazos. Cuando giró hacia la rubia, empezó a balbucear, incapaz de formar alguna palabra.
―A-Alex ―habló tras unos segundos―, no…, no siento mis piernas.
La mayor ya esperaba esa declaración. Forzó su mente a recordar lo que había visto la noche anterior. Estaba segura de no haber alucinado: Katomi podía caminar otra vez. Todo ello tan sólo no concordaba. ¿Habría sido una broma del destino hacerle creer que ya no estaba parapléjica? ¿Podría ser que la vida le dio sólo un día para caminar de nuevo? Negó tales preguntas y se centró en lo más importante: el presente.
―Kat ―la apodó y se arrodilló frente a ella―, no puedes tan sólo congelarte. Recuerda que tienes una ceremonia con tu equipo y, si sigues sentada, llegarás tarde.
―P-pero…, mis…, mis piernas…
―¡Arreglaremos eso después de que tomes un baño! ―colocó el brazo de Katomi alrededor de su cuello y la sujeto de la cintura― Ven ―cuando intentó cargarla, se dio cuenta que pesaba más de lo que recordaba, por lo que usó aún más fuerza. Salió de la habitación y se dirigió al baño, con la menor en brazos―. Tomarás una rápida ducha en la bañera ―ordenó mientras entraban en el cuarto y colocaba a la peli-naranja dentro―, te arreglarás y, cuando salgas, te cargaré hasta la camioneta, nos iremos de volada a Tensai y…, tendrás que usar tu silla de ruedas, porque no sé qué les hiciste a tus muletas. ¿Entendido?
―S-sí.
La rubia asintió con la cabeza, salió disparada del cuarto y cerró la puerta detrás de ella. Caminó con pasos fuertes hacia la sala, aún con la cabeza hecha un caos. Empezó a buscar la silla de ruedas, hasta que un ruido en la cocina la distrajo. Ahí dentro, se encontraba Himuro, con un pijama de aviones y unos tubos en el cabello, acomodando el desayuno sobre la barra.
―¿Por qué muchos gritos tan temprano? ―preguntó, claramente aún dormido.
―Todo es un revoltijo, Tatsuya ―respondió, antes de caminar hacia la bodega y sacar la silla―. Escucha, veré la forma de meter esta cosa en la camioneta y les pediré un par de muletas a los vecinos del piso de abajo, ya ves que son ortopedistas. Si Kat termina de bañarse, ¿podrías pasarle su uniforme? Está en su cuarto.
―Por supuesto…, pero, ¿a qué hora desa…?
Sin embargo, Alexandra salió disparada del departamento antes de escuchar su pregunta. Himuro se sentó en una de las butacas que estaban alrededor de la barra. Empezó a retirarse los tubos que tenía en el cabello. Después, miró su reflejo en un espejo que tenía y dejó escapar un chillido femenino, pues ahora su cabeza estaba adornada con unos rulos bien definidos. Pasó varios minutos tomándose fotos en diversos ángulos, a veces mostrando el desayuno estilo español en el fondo. Estaba seguro que sus seguidores amarían tanto su cabello como él.
El sonido de alguien caminando por el pasillo, le hizo darse vuelta. Abrió sus párpados en sorpresa al ver a Katomi con el cabello y los labios húmedos, con un pantalón en vez de falda. Enterneció su mirada al saber que, pese a haber recuperado la movilidad, las piernas de su hermana seguían siendo extremadamente delgadas en comparación con la parte superior de su cuerpo. Nada que no pudiera arreglarse con un entrenamiento infernal de la 'Bestia Silenciosa' de Tensai.
―¿Hambrienta? ―cuestionó en un tono amistoso, al mismo tiempo que se acercaba a ella― Buenos días.
―Lindo cabello, hermano ―ella exclamó mientras frotaba uno de sus rulos―. ¿Dónde está Alex?
―Salió disparada con la silla de ruedas y fue a buscar un par de muletas. ¿Todo bien con tus piernas?
―Ah ―asintió con una gran sonrisa en su rostro―. Sólo me dieron un pequeño susto porque no respondían. Creo que estaban exhaustas de todo lo que les hice trabajar ayer…, necesitan recuperar su fuerza.
―¡Es que no puedes tan sólo volver a caminar y hacer un maratón por todo Japón! ―rio ligeramente y la menor lo imitó. Tras unos segundos, cesó sus risillas y dibujó una línea horizontal en sus labios― Anoche no pudimos hablar de todo lo que pasó, pero creo que ahora tenemos un poco de tiempo. Atsushi me habló después de que te lo encontraras en Chiba con los demás y dijo que caminabas otra vez; claro que no le creí hasta que insistió e insistió. No le dije nada a Alex porque de verdad pensé que eso era imposible. Es decir, el mundo entero juró que no volverías a caminar. Sin embargo ―guardó silencio por un momento, sólo para atraer la curiosidad de la más alta―, hubo alguna vez en que el mundo entero juró que la Tierra era plana, ¿no? ―ambos sonrieron y, de un momento a otro, se abrazaron― Dime, Kat, ¿cómo es que sucedió?
―No creo que sea momento de hablar sobre eso ―dijo, sin querer responderle―. Una vez vi una película donde una persona hace muchas, cientos de cosas malas…, hasta que un día, una sola vez en su vida, hizo algo bueno; pero ella no quería ser buena, sólo lo hizo porque creyó que haría algo malo. ¿Crees que si alguien contara eso de una persona mala, sería alabada o maldecida?
―Depende… ―el varón se silenció a sí mismo cuando se percató de lo que su hermana estaba hablando―, K-Kat…, no…, no me digas que fue… ¿Akuma?
Antes de que pudiera afirmar o negar, Alexandra volvió a entrar al departamento y, al ver a la oji-naranja frente a Himuro, soltó un agudo grito, lo cual atrajo la atención del par.
―My God, Kat! ―se acercó a los menores, quienes tuvieron que olvidar la plática de hacía unos momentos― ¿Te duelen las piernas? ¿Puedes caminar?
―No hay de qué preocuparse, Alex ―contestó sin apartar la mirada del oji-gris―, sólo están cansadas por todo lo que hicieron ayer.
―Entonces debemos irnos en este momento ―declaró con una sonrisa y sujetó el brazo de Katomi, dirigiéndola hacia la puerta―. Escuché que hay un océano de tráfico y, si queremos llegar, hay que salir ya.
―Pero ―Himuro exclamó sin atraer la atención de ninguna―, todavía no han desayu…
Las hermanas García cerraron la puerta del departamento detrás de ellas. Sin otra opción, Himuro se dirigió para desayunar solo y guardaría lo que sobrara para la tarde. No pensaba cocinar ni un emparedado hasta que todos los platillos españoles se acabaran. Jamás había sido plantado, mucho menos cuando se trataba de una comida hecha por él. Oh, bueno. ¿A quién diablos le importaba? Tenía unos rulos divinos.
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La única razón por la que Alexandra no les gritaba a todos los conductores que estaban enfrente de ella, era porque sentía que los insultos le salían mejor en inglés; no obstante, era voz perdida si los demás no entendían o no reaccionaban. Katomi, sentada en el asiento del copiloto y agitando sus piernas para despertarlas después de sentarse sobre ellas, veía con miedo cómo su hermana apretaba el volante de tal forma que las venas saltaban.
―Estarás feliz cuando nos quedemos sin volante ―exclamó, a lo que sólo se ganó la mirada irritada de la mayor―. Tranquilízate, Alex. A menos que el auto vuele, no podremos atravesar este tráfico.
―Odio a la gente que utiliza auto para todo. ¿Qué no pueden caminar un poco? Diablos.
―Lo mismo va para nosotras, ¿no crees?
―Ya sé, ya sé ―balbuceó y recargó sus codos a los costados del volante―. Perdón, es sólo que estoy tan…, confundida. Todavía creo que todo esto es una ilusión, un sueño, que en cualquier momento despertaré y estarás otra vez en tus muletas. Dime, Kat, ¿esto es la realidad?
―Estuve preguntándome eso toda la noche, hermana, y creo que, si estuviéramos soñando, ya habríamos despertado. Yo tampoco entiendo muy bien lo que está sucediendo. Creo que el único capaz de responder mis preguntas es Kano-sensei…, aunque, quién sabe, tal vez él se desmaye cuando se entere de esto…
―Tal vez se sorprenda más cuando le cuentes cómo fue que sucedió ―justo en ese momento, el tráfico empezó a moverse, aunque sólo logró avanzar un par de metros―. Jamás pensé que las locas de Akuma fueran tan 'consideradas'.
―¿Escuchaste?
―Sólo cuando Tatsuya mencionó al grupo ―esa vez, pudo avanzar una cuadra entera―. Opino que debemos demandar a todas ellas…, después de todo, a la única a quien puedo golpear es a su entrenadora y no es muy divertido.
―No gastaré mi tiempo con personas que no valen la pena ―el tráfico avanzó hasta mitad de la cuadra―. Si tenemos suerte, entrarán a prisión o no volverán a cruzarse en nuestro camino. De hecho, la fisicoculturista regresó a Alemania y tu mejor amiga, la entrenadora, renunció al equipo. Dudo que sean una molestia para Tensai. Tal vez cada una de ellas encuentre algo más importante en sus desquiciadas mentes: matar a su exnovio, entrar al mundo de las drogas, ser asesinas seriales, ¿qué importa?
―Bueno ―antes de continuar, el tráfico se disipó por fin y le permitió manejar la cuadra y media hasta Tensai―, si no quieres que tu entrenador se convierta también en asesino, tendrás que inventarle algo bueno.
Se detuvieron frente a la puerta principal de la escuela. Decenas de alumnos entraban para iniciar un nuevo ciclo. Los recién ingresados se mezclaban entre el resto, uno que otro con una mirada asombrada. Viejas amistades se volvían a ver, amores juveniles sujetaban sus manos, los profesores caminaban con cara de pocos amigos. Los clubes deportivos abrían las puertas a los novatos y despedían a sus estrellas egresadas.
―¿No quieres llevarte las muletas? ―Alexandra preguntó, pero la más alta no alejó su mirada del instituto― Sólo por si acaso.
―Confío en mis piernas ―le respondió―, y si algo llega a pasar, tendré que llamar a Ma-chan para que sea mi bastón todo el día ―después de reír ligeramente, se volvió hacia la oji-esmeralda y le plantó un beso en la mejilla―. Nos vemos más tarde ―se retiró el cinturón y abrió la puerta del auto―. Cualquier problema, te llamo.
―Suerte ―exclamó cuando la menor salió del vehículo―. Ah, Kat ―colgándose la mochila, ésta ladeó la cabeza en curiosidad―. Te amo.
―Y yo te amo a ti.
Sin nada más qué decir, Katomi se adentró en su escuela, encaminándose hacia el gimnasio de voleibol. Como cada año, la Ceremonia de Graduación se hacía en ese edificio, mientras que la de natación, voleibol y atletismo, se hacían en el gimnasio de baloncesto. Checó la hora con su celular y ya estaba retrasada por veinte minutos. Sería un milagro si llegaba para escuchar lo último del discurso de Shuyō. Emprendió carrera hacia aquel gimnasio, ignorando unas tantas miradas familiares que la seguían.
Maldijo el mal hábito que tenía de llegar tarde a donde fuese.
El edificio apareció a unos cuantos metros. Las puertas estaban cerradas, pero las luces parecían encendidas. Había llegado justo para el final. Sin embargo, al recorrer la puerta, se encontró con algo que no esperó: serpentinas y papelillos multicolores adornaban el suelo y, aparte de los dos conserjes que limpiaban el desorden, no había ni un alma dentro.
―Cuánto lo siento ―uno de los hombres exclamó al verla de reojo―, llegaste muy tarde.
Pero ella no necesitaba que se lo dijeran. Tal vez la ceremonia no fuera tan importante, ¿cierto? Sólo necesitaba hablar con Shijima para entrar al equipo, conocer a las recién ingresadas a su tiempo y entrenar con la nueva alineación cuando ésta fuera creada. Lo único malo y la única razón por la que iba, era para despedirse y agradecerles a sus viejos amigos egresados. Sería egoísta hablarles para reunirse algún día, pues estaba segura que no tendrían tiempo. Sólo le quedaba esperar hasta el Inter-Escolar.
―¿K-Katomi?
La nombrada giró hacia la dueña de una voz tan familiar y se encontró con Shien Yuji, antigua capitana del equipo femenil de voleibol.
―¿Cómo…? ¿Qué estás…? Ah, no importa. El equipo de baloncesto inició tarde con su ceremonia ―declaró e hizo que los ojos de la extranjera se iluminaran―. Estrenan nuevo gimnasio.
―¡Muchas gracias! ―gritó y abrazó rápidamente a la más baja― ¡Suerte en la Universidad!
Sin que la japonesa pudiera responder, Katomi emprendió una segunda carrera. Dentro del gimnasio de voleibol, las tres personas permanecieron viendo por donde salió corriendo, ya fuese alegres por ella o extrañadas a la misma vez.
―¿Qué no esa era la chica parapléjica? ―inquirió uno de los conserjes― ¿La vieja estrella del baloncesto?
―Al parecer ―exclamó Shien, viendo por última vez a Katomi y sonriendo para sí misma―, vuelve a ser esa estrella.
La americana ignoró el dolor en sus piernas y las obligó a aumentar la velocidad. A diferencia del gimnasio anterior, el de baloncesto tenía todas las puertas abiertas (las cuales estaban en línea en el muro sur, gracias a la remodelación). No había necesidad de encender las luces, pues una fila de ventanas rodeaban las cuatro paredes del edificio, a unos cuatros metros del suelo. Una voz salía del interior, la cual, rápidamente, reconoció como la de Shuyō.
Dentro del edificio, casi cien chicas estaban reunidas, cerca del escenario, ocupando la cancha central y un poco de las laterales. Cada una de ellas estaba dividida por redes que colgaban desde el techo, pero habían sido recogidas para hacer más espacio. Las gradas habían sido intercambiadas por aquel escenario y sólo en las esquinas oestes habían bancas de seis filas. La oficina de Shijima, los vestidores y los sanitarios fueron reubicados al primer nivel, un poco más arriba de donde estaba el "cinturón de ventanas".
―¡Es difícil, pero necesario! ―la voz de Shuyō hizo que Katomi dejara de admirar la remodelación y se centrara en la castaña, al igual que las demás miradas― ¡Será doloroso dejar la familia que nos vio crecer por tres largos años, la cual presenció nuestras lágrimas y nuestras sonrisas! ―detrás de ella, el resto de egresadas (al igual que Odayaka), estaban alineadas, algunas con sonrisas en sus rostros, otras reteniendo las lágrimas y otras con pañuelos sobre sus narices― ¡Una generación se va y otra más llega! ¡Ésta crecerá bajo las manos de Shijima Hisame y la nueva capitana, Yūgana Masae! ¡Muchas gracias y, nunca lo olviden: Tensai, lidera!
―¡Lidera!
Los aplausos y gritos se hicieron de escuchar. Mientras Shuyō y Yūgana intercambiaban puestos, Katomi se colocó detrás de las demás chicas. La rubia sostenía un papel entre manos, el cual comenzó a garabatear cuando se detuvo frente al pódium. Alzó la mirada y estudió a todas las jugadoras, a casi todas, pues nunca chocó miradas con Katomi.
―¡No puedo decir que soy una persona totalmente diferente a la chica que entró aquí dos años atrás! ―comenzó la nueva capitana― ¡Todavía tengo muchos errores y debilidades! ¡Es por eso que me es un honor estar frente a ustedes y tal vez no sea una capitana perfecta, pero les aseguro que daré lo mejor de mí para que Tensai sea aún mejor de lo que ya es! ¡Claro que necesitaré la ayuda del entrenador y la suya! ¡Así que espero contar con su apoyo para que le den su fuerza al equipo! ¡Me es imposible asegurarles que todas serán titulares, pues sólo hay diez lugares y varios ya están ocupados! ¡Lo único de lo que estoy segura es que, si dan lo mejor de ustedes, serán las prodigio que el equipo necesita! ―los aplausos se escucharon una vez más y, cuando cesaron, agregó―: ¡Eso sería todo de mi parte! ¡En la tarde, a la hora establecida, inicia el entrenamiento! ¡Nos vemos, prodigios! ¡Tensai, lidera!
―¡Lidera!
Con ese grito no sólo se dio fin a la ceremonia, sino que el retiro de los superiores. Estos últimos se encontraban en la parte del fondo del escenario. Absolutamente todos lloraban. Tal escena contagio de nostalgia a muchos de los presentes, tanto como a las chicas como al mismísimo entrenador, quien se limpiaba las lágrimas con el dorso de su mano. Las egresadas bajaron del escenario y Shijima les abrió la puerta que estaba a un costado del escenario para que pudieran salir.
Katomi se apresuró para que la multitud de féminas no la atrapase y fue una de las primeras en salir del gimnasio. Quería hablar personalmente con las que habían sido parte de la alineación más fuerte que Tensai tuvo, por lo que caminó hacia el costado oeste del edificio. Antes de seguir avanzando, se dio cuenta que la vitrina de trofeos, medallas y recuerdos, la habían traslado ahí. Estaba tal y como la recordaba: las copas de sus dos Inter-Escolares, de las dos Copas de Invierno, medallas que cada quien había recibido y las fotografías de las alineaciones victoriosas. Se centró más que nada en estas últimas, mejor dicho, en las del año pasado: a pesar de no merecerse ningún puesto en el Inter-Escolar, le permitieron salir en la foto y ahí estaba, en medio, sosteniendo la copa y sentada sobre su silla de ruedas; en la de la Copa de Invierno, era sostenida sobre la cabeza de sus demás compañeras, con el trofeo contra su pecho.
Eran recuerdos que valían la pena atesorar.
―Katomi García-Senpai, ¿cierto?
Al escuchar su nombre, apartó la mirada de la vitrina y se giró. Abrió sus párpados al encontrarse con dos chicas desconocidas. Las dos eran de estatura media, pero una era de complexión un poco robusta, cabello largo, castaño-medio y lacio, ojos pequeños y un poco rasgados de color marrón-oscuro, piel de tono dorado. Sin embargo, lo que le sorprendió fue la otra chica: complexión normal (un tanto musculosa), cabello corto, lacio y de un tono negro intenso, ojos grandes de color marrón-claro, tez de un tono marfil. Tenía un gran parecido con alguien…, pero no lograba recordar quién.
―¡Oh, lo sabía! ―la azabache exclamó, maravillada― Mi nombre es Kotonaru Nyoko y ella es Rinjin Fuyu ―señaló a la castaña, quien tan sólo asintió―. Somos de primero y siempre hemos querido jugar junto a ti. Te vimos por primera vez en el Inter-Escolar de hace dos años, cuando el tablero te cayó encima. ¿No te dolió aquella vez, Senpai?
―No tanto como…
―¡Kat…!
Miró sobre su hombro, pues juró haber escuchado su apodo, pero detrás de ella sólo había un grupo de chicas que admiraban la vitrina de Tensai.
―No tanto como el aerosol desinfectante que mi viejo mánager esparció por toda mi espalda ―le contestó con una sonrisa―; esa cosa ardió como no tienes idea.
―¿Es cierto que abandonó al equipo por un embarazo no planeado? ―fue turno de Rinjin de preguntar.
―¡Fuyu! ―Kotonaru la reprendió con un ligero rubor en sus mejillas― ¡Ese fue un rumor que se esparció y, aunque no fuera así, ¿no crees que es algo personal?! No puedes andarlo gritando a los siete océanos.
―Ah ―la americana atrajo la atención del par de amigas e intentó tranquilizarlas―. No, no hay ningún problema. Fue solamente eso: un tonto rumor. La verdad es que…
―¡Katom…!
Esa vez se giró con más fuerza por escuchar aquel apodo que tanto odiaba. Una vez más, sólo vio al grupo admirando la vitrina. Se volvió hacia las dos de primero.
―La verdad es que sufrí un accidente en la Copa de Invierno de hace dos años ―declaró e hizo que la expresión de las menores cambiara a una sorprendida―, y quedé parapléjica. Pero ahora estoy totalmente recuperada y lista para un nuevo año.
―Nos alegra mucho escuchar eso, Senpai ―le dijo la azabache, mientras que Rinjin sólo asintió energéticamente―. Haremos todo lo posible por convertirnos en titulares y pelear al mismo tiempo que tú.
―Hagan su mejor esfuerzo y lo logra…
―¡Katomi!
Ya había tenido suficiente. O alguien le estaba jugando una broma o empezaba a escuchar voces en su cabeza. Intentó dar media vuelta, cuando alguien saltó sobre su espalda y la empujó hacia el frente. Rinjin y Kotonaru se apartaron, y eso hizo que Katomi cayera boca abajo sobre el cemento. El par de primero intercambió unas miradas extrañas, antes de encogerse de hombros.
―Fue un gusto hablar contigo, Senpai ―exclamó la azabache―, nos veremos en el entrenamiento de la tarde.
―¡Hasta luego, Katomi-Senpai! ―gritó también Rinjin.
―Nos vemos, chicas ―respondió la mayor con la cara contra el sueño. Giró su rostro hacia un costado y por fin logró ver a la persona que la empujó―. Ma-chan, quítate de encima. N-no puedo…, respirar.
―¿Haciendo amigas tan rápido, anaranjada?
Cuando escuchó una segunda voz, sacudió a Yūgana de su espalda hasta que ella la soltó. Le ayudó a levantarse y se encontró con quienes estaba buscando: Heishi, Yoyaku, Okubyōna, Odayaka y Shuyō, acompañados de Shijima. Todos mantenían expresiones de una mezcla entre alegría y sorpresa, obviamente por el asunto de sus piernas.
―Estaba a punto de golpear a Masae cuando empezó a saltar y gritar que te encontrabas en el gimnasio ―exclamó Shuyō―, y más desquiciado aún: ¡que te encontrabas de pie! Fue hasta que todos te vimos que… ¿cómo rayos lo lograste? Estabas parapléjica, hundida, terminada…, ya no tenías futuro.
―Linda forma de quitarle el ánimo a alguien, Yu…
―Te extrañaré, niña de otro planeta ―la interrumpió tanto con sus palabras como con un abrazo―. Tal vez nosotras ya no podamos presenciar tu renacimiento, pero sorprende a las novatas.
―Anaranjada ―Heishi le apodó y le palmeó la espalda, tal vez la última vez que recibiría un golpe amistoso con semejante fuerza―, no logro entender cómo haces todo lo que haces ―prosiguió mientras Shuyō terminaba con el abrazo―, y m-me gustaría tener más tiempo para poder averiguarlo…
―Chi-chan ―Katomi abrazó a la morena cuando ésta comenzó a llorar―, yo también te extrañaré, amiga.
―G-gracias por hacer especial cada día que pa…, pasamos juntas ―le dijo entre sollozos―. De verdad que eres única.
―Concuerdo con ella, Katomi ―Odayaka exclamó, colocando una mano sobre el hombro de Heishi, por lo que ella se apartó―. Todos los papeles que desordenabas, todos los problemas en los que me metías y todo el revoltijo que hacías en la oficina, el cual yo tenía que acomodar…, extrañaré todo eso.
Ambos se fundieron en un abrazo, mientras los demás miraban con los corazones rotos. Shijima, quien ya se había calmado un poco, volvió a soltar en llanto. Shuyō y Heishi abrazaron a Okubyōna, quien estaba igual o peor que el entrenador. Yūgana se quitó las lágrimas de la orilla de sus ojos. Odayaka y Katomi se separaron al cabo de unos minutos más. La peli-naranja se volteó hacia su vieja Alero, la cual ocultaba su rostro detrás de las manos.
―Tamy-chan ―le apodó la extranjera en un tono tranquilo―, me harás llorar ―mas ya era tarde: ella también rompió en llanto y envolvió a la rubia en sus brazos―. Eres una hermosa persona y créeme cuando te digo que todos tus buenos consejos me harán falta cada día.
―Es muy difícil…, K-Katomi-chan ―declaró con dificultad―. Fue tan lindo este t-tiempo en Tensai que…, que me gustaría crear más memorias. Te quiero mucho y te voy a extrañar…, mucho, mucho.
―Al igual que yo ―dejó que la mayor la abrazara por un rato más, hasta que estuvo lista para soltarla. Fue en eso que Katomi se volvió hacia Yoyaku, quien tenía los ojos humedecidos pero se rehusaba a liberar sus lágrimas―. Yo siempre quise ser una superior igual a ti, Oshi-chan: eres fuerte, decidida y temeraria. Hacías que muchos te admiráramos, incluyéndome. Espero que algún día ―la abrazó y la japonesa le devolvió la acción―, pueda parecerme un poco a ti.
―Y-yo nunca he sido buena con las despedidas. De hecho, las detesto ―rio un poco y eso fue todo lo necesario para que la primera lágrima resbalara―. ¿A quién engaño? Te extrañaré, maldita. ¿Por qué tienes que ser tan linda, tan amigable? ¡Diablos! Me encariñé mucho contigo y…, ahora duele. Te odio, con todo mi corazón, te odio, te odio…
―También te quiero, Oshi-chan.
―Contamos con ustedes dos para el futuro del equipo ―después de que las dos Ala-Pívots se separaran, Shuyō, con lágrimas cayendo de su cara, se acercó tanto a Katomi como a Yūgana―, capitana y vice-capitana.
―What!? ―inquirió la oji-naranja― Pero…, ni siquiera metí mi soli…
―¡Ta-da!
Katomi leyó rápidamente la hoja de papel que le entregó Yūgana: era una solicitud de ingreso al equipo, tenía sus datos (inclusive su firma) y el sello de aprobación de Shijima.
―La llené durante mi discurso ―declaró la rubia antes de que la otra pudiera preguntar algo―. Agradéceme después…, una cena costosa suena como buena idea, ¿no crees?
―No…, pero gracias ―admiró la hoja por una última vez y miró a sus viejos amigos―. También a ustedes, muchas gracias por permitirme ser parte de una hermosa familia. A pesar de todos mis errores, estuvieron ahí para apoyarme. Cada vez que tropecé, ustedes me levantaron. Los amo y, sinceramente, si no fuese por ustedes, no estaría donde ahora estoy.
―Gracias a ti ―le contestó Shuyō―. Tú nos ayudaste, nos alentaste y nos inspiraste. Estoy segura que si tú, Katomi García, estás en el equipo, las novatas tendrán un nuevo significado para el deporte ―extrañamente, llevó una mano hacia el centro; los demás egresados la imitaron casi al instante, al igual que el entrenador; Yūgana y Katomi les siguieron también―. Nuestro último grito, ¿listos? Uno, dos, tres. ¡Tensai, lidera!
―¡Lidera!
El grupo se apartó de los otros tres y, con pasos lentos, dieron media vuelta para alejarse del edificio. Eventualmente, desaparecieron entre el resto del gentío. Aquella generación, la que había iniciado una historia, por fin llegó al final de su capítulo…, el protagonismo pasaba a otras manos.
―Mi niña ―Shijima dijo al controlar un poco sus sollozos.
―¿Hisame-sensei?
―¡Estás caminando! ―de improviso, abrazó a Katomi y empezó a darle vueltas por el aire― ¿Cómo? ¿Por qué? ¡Es increíble! Quiero…, no, no quiero saber. No en este momento. No estoy emocionalmente listo. Más tarde, sí; al rato ―tras hablar consigo mismo, se giró hacia sus chicas―. Antes de la práctica, quiero llevarlas a que conozcan a alguien. Las veré quince minutos antes, aquí, ¿entendido?
Pero no esperó por una respuesta. Empezó a alejarse del par, seguramente a un lugar donde pudiera llorar a gusto.
―¿Crees que esté bien? ―preguntó Katomi.
―No te preocupes ―la rubia exclamó―, hace lo mismo cada año.
Las dos amigas permanecieron viéndose por un largo rato, hasta que se abrazaron mutuamente y soltaron un grito agudo.
―¡De verdad que eres una bruja! ―burló la más baja― Si quisieras, romperías teoremas y leyes de física. ¿Qué tal se siente? ¿Eh? ¿¡Eh!? Un cambio total para una nueva historia.
―¿Qué te digo? Si es nuestro último año…, hay que cerrar con broche de oro.
¡Lo mismo va para mí! Sinceramente, éste fue un capítulo muy emotivo para mí. Es decir, se trata de personajes que han estado conmigo por casi tres años; cada uno tiene un poco de mí y me duele mucho que su historia haya llegado a su fin. No me imagino cómo me pondré cuando esta trilogía acabe de una vez por todas. Jaja. Tal vez mi vida ya no tenga sentido. En fin, en este cuarto capítulo, conocimos a dos nuevas chicas (de quienes todavía no revelaré sus posiciones): Nyoko Kotonaru y Fuyu Rinjin. Con la descripción de Kotonaru, ¿alguien puede imaginarse a quién se parece? Si no es así, mejor. Quiero darles una sorpresa sobre esa chica. Nos leemos en el siguiente capítulo. Chao.
