Asuna Yuuki ¡ No quiero despertar de este sueño!
Capítulo cuatro:
Asuna, una hermosa chica de cabello largo de un flamante color castaño claro casi mandarina, rostro de una diosa, ojos color miel, una nariz respingada, labios rojos invitantes, piel nívea, una figura esbelta y curvilínea, a resumidas cuentas Preciosa.
Su personalidad era atrayente, un tanto tímida, pero tenía un carácter decisivo, se hacía lo que ella decía y punto. Los tiempos en que su madre controlaba su vida habían acabado. Cuando cumplió sus 18 años le pidió a su padre un departamento para poder mudarse cuando comenzara a estudiar en la universidad, no quería seguir al lado de su madre, a pesar de que extrañaría mucho a su familia, especialmente a su padre y hermano.
Shouzou el padre de Asuna, ante el pedido de su hija sintió un poco de tristeza mezclada con orgullo, ya que no quería que su hija se mudara pero le gustaba la idea de que fuera más independiente y tomara sus propias decisiones, por lo cual acepto comprarle el departamento, con la condición de que fuera responsable, cosa que estaba demás ya que responsabilidad era lo que más tenía su hija.
Ya con 19 años, cursaba el primer año de Medicina en la Escuela de Medicina de la Universidad de Tokio, por supuesto en contra de los deseos de su madre, quien quería que estudiara Derecho. La joven pelinaranja amaba su carrera, siempre había tenido el gusto por ayudar a su prójimo, además de ser una persona muy empática.
Sus notas eran excelentes, las mejores de su curso, fruto de su constante estudio además de sus infaltables visitas al hospital infantil de la ciudad, iba tres veces a la semana para visitar a los pequeños que gustosos la recibían como a una amiga más. Asuna trataba a los niños con sumo cuidado y ternura, en cada visita les llevaba algo para que no se aburrieran, preparaba historias y cuentos, juegos, canciones, además llevaba cuadernos y lápices para que dibujaran. La chica disfrutaba enormemente visitar a los niños, estaba decidida a ser pediatra.
No todo en la vida de Asuna era estudio, salía cada fin de semana con su amigas Rika y Keiko, la primera era su compañera mientras que la segunda estudiaba enfermería. Frecuentaban lugares como el centro comercial, algún café, y en ocasiones asistían a las fiestas que preparaba la universidad. Las tres vivían en el mismo departamento, el de Asuna, ya que ella no quería vivir sola y gozaba de la compañía de sus amigas.
Cierto día Asuna volvió a casa extremadamente cansada, luego de haber trotado unos kilómetros como hacía cada tarde, además de la larga jornada de exámenes y la visita a los pequeños del hospital. Sabía que debía estudiar con sus amigas, pero ese día no pudo.
-Chicas- dijo después de un largo bostezo –No puedo estudiar hoy con ustedes estoy muy cansada- bostezó nuevamente –Creo que tomaré un baño y me acostaré, no doy más del cansancio.-
-Asuna- dijo Rika- tenemos otra tanda de exámenes la semana que viene, no podemos darnos el lujo de no estudiar, haz un esfuerzo...- no pudo decir otra palabra porque Keiko habló.
-Rika- dijo mirándola- Asuna está muy cansada, se ha esforzado mucho y estoy segura de que mañana estudiará el doble, creo que merece un descanso, no debe sobre exigirse porque se estresara y puede que enferme.- ahora dirigiéndose a Asuna – Ve a dormir amiga, recupera tu energía, mañana será un nuevo día, y podrás estudiar lo que no estudiaste hoy- dijo con una tierna sonrisa.
-Muchas gracias Keiko chan- dijo la pelinaranja con una cálida sonrisa, mientras se levantaba de su cómodo sofá y se dirigía a tomar un baño.
-Descansa Asuna- dijo Rika – Mañana no te salvas del estudio- añadió con malicia.
Luego de tomar un relajante baño, Asuna se colocó su pijamas, secó su cabello con el secador, lavo sus dientes y se acomodó en su cómoda cama, no tardó en dormirse profundamente.
...Caminaba a través de un campo de largo y verde pasto, el sol brillaba intensamente en el claro cielo azul, el clima era perfecto. La suave brisa jugueteaba, despeinando un poco mi largo y suelto cabello. No sabía realmente donde estaba, pero mis piernas me dirigían hacia el centro de aquel campo donde había un gran árbol. Faltaban algunos metros por recorrer cuando diviso una silueta, mi corazón se agitó, sabía que debía llegar a su lado. Me acerco sigilosamente y encuentro a un joven dormido, era en extremo hermoso. Su cabello negro azabache brillaba con los reflejos del sol, algunos mechones caían ordenadamente sobre su bello rostro, sus ojos cerrados dejaban ver unas largas pestañas de idéntico color a su pelo, su tez pálida, no tanto como la de ella, sus labios entreabiertos... Me arrodillé cerca de su cabeza, más bien detrás de esta, lo miraba estudiando su rostro,toqué su mejilla ante lo cual abrió sus ojos, mi corazón se paró, ese color plata, su mirada penetrante hizo que me ruborizara. Sonreí ante el gesto del muchacho, ante lo cual el también se ruborizó.
-Te ves muy lindo cuando te sonrojas- dije (no sé por qué lo hice), acto seguido lo besé,primero un beso tierno, luego intensificándolo, sus labios eran suaves y deliciosos, no podía apartarme de él, era el mejor beso de mi vida...
Asuna! Asuna! Asuna despierta llegaremos tarde a la universidad- La voz de alarma de Keiko me separó de aquel joven, esfumando por completo mi sueño. Abrí mis ojos, vi la hora 8:05 –Ahhhhh llegaremos tarde!- me vestí rápidamente, lave mi cara, manos y dientes, arregle mi cabello y salí del departamento junto con la chicas. Tomamos nuestras bicicletas para llegar más rápido. Seguía el camino todavía inmersa en aquel sueño.
...Ese beso... Esos labios... Esos ojos... Ese joven...
