Disclaimers en el capítulo 1
Sé que he demorado mucho, sé también que prometí que seguiría con esta historia después de terminar Huevos Rosados, pero debido a las incansables súplicas, amenazas y llamados de atención, he decidido escribir el cuarto capítulo, para darles un pequeño gusto por mientras termino la otra historia.
No digo más, simplemente recordarles que esta historia es mejor leerla en privado o en un lugar poco concurrido. También se viene con porn!
Capítulo 4: ¡En garde!
Regina y Emma seguían cabalgando hacia un lugar donde sólo la morena conocía, al cabo de un rato la rubia comenzó a divisar un pequeño claro en medio de tanta oscuridad. Colores como el púrpura, el celeste y amarillos se mezclaban en el cielo nocturno, casi como una especie de aurora boreal, que con el paso del trote de Rocinante dejaba ver desde donde emanaba tal preciosa luz.
Un inmenso y hermoso sauce, al costado de un pequeño riachuelo, se iluminaba como una especie de energía natural hacia sus alrededores, incluso algunas luciérnagas adornaban tan exquisita vista en medio de la infinita oscuridad.
Emma se bajó embelesada por tal visión y corrió hacia el árbol como una niña mientras levantaba las manos, casi como tratando de atrapar los colores. Regina por su parte, se bajó tranquila, con una sonrisa en su rostro al ver lo infantil que se veía la rubia al ver por primera vez algo tan mágico.
—¿Te gusta? –le preguntó Regina mientras ataba a Rocinante.
—¿Qué si me gusta? ¿Bromeas? Esto es hermoso. ¿Qué es? –la miró con la mirada de una niña.
—Es el árbol de la vida mágica en Occultus Terra –Regina puso su manos por detrás mientras se paseaba mirando el árbol- El sauce en sí es uno que alberga mucha magia, mucho misterio. Se dice que en cada reino hay un sauce, pero sólo uno brilla de esta manera. Este árbol simboliza el poder de estas tierras, el reino que posea el sauce de la vida se torna el reino principal, y con ello la reina a cargo la de mayor poder. Es mi lugar favorito, al menos aquí olvido que estoy condenada a vivir sólo por las noches, tengo un poco de luz.
—¿Es un mito o es verdad? –le preguntó Emma mientras jugueteaba con alguna luciérnagas.
—Para muchos es sólo un mito, pero para mí no lo es. En mi reino se erguía un sauce tan imponente como este. Es sólo que hace centenares de años que se marchitó.
—¿Sabes? Me hace recordar un sauce que hay en mi reino también, y está marchito. ¿Cómo fue que se marchitó el tuyo? Espera un momento –Emma se lo pensó y abrió los ojos- ¿Quiere decir que antes tu reino era el principal de todos? ¿Eras la soberana de todo Occultus Terra?
—No de cierto modo. Mi madre reinaba en ese tiempo, yo era sólo una adolescente cuando todo ocurrió. Por culpa de mi madre mi reino es un lugar lúgubre y sombrío. Somos muy pocos, vivimos tranquilos pero te puedo asegurar que nadie es feliz allí.
—Eras sólo una princesa. Pero obviamente eras la heredera ¿qué hizo tu madre para perder el poder?
—Se negó al amor verdadero. Pero, princesa, esa es una historia que no me apetece contar –le dijo parando a su lado mientras le tomaba el mentón- ¿Me vas a contar por qué razón estas por estas tierras?
—Ahhh no lo entiendo –se encogió de hombros tratando inútilmente de guardar la calma- Mis padres me enviaron aquí, cómo a la mayoría de las princesas de los reinos.
—La mayoría de las princesas de esta tierra, Emma –enfatizó la palabra "esta"- ¿Sabes desde cuando que no viene una princesa desde otro lugar? Desde más de 400 años, y su venida no hizo más que causar estragos.
—Y aquí vamos otra vez… ¿Tiene que ver eso algo con tu madre?
—No estamos hablando de mi madre, te dije que no quiero hablar de eso.
—Entonces yo tampoco quiero hablar de las razones por la que estoy aquí –se cruzó de brazos y sonrió juguetonamente.
—¡Bien! ¿Quieres hacer de esto un juego? –le preguntó ya bastante aburrida de su negativa- Vamos a jugar entonces.
Regina tomó el bello vestido de Emma y lo rasgó a cada lado, dejando las piernas libres para que pudiera moverse de mejor manera.
—¿Qué demonios haces? –Le preguntó Emma sorprendida por el comportamiento de la vampiresa.
Sin responderle, y bastante enojada, se fue hecha una furia hacia Rocinante, sacando un par de floretes de las bolsas que colgaban del corcel. Se volvió igual de rápido hacia Emma lanzándole uno de los floretes, siendo este atrapado ágilmente por la rubia.
—Te traje aquí por dos cosas. Primero para que me contaras la verdad y segundo porque quiero saber cuan hábil eres en la esgrima. Recuerda que debes batirte a duelo con Zelena, quiero saber si serás capaz de enfrentarla sin correr el riesgo de perderte.
—¿En serio? –Emma rio bastante confiada- Entonces, apostemos. Si yo gano me cuentas la historia de tu madre, si tú ganas te cuento las razones por las que estoy aquí.
—Me parece razonable –le sonrió de forma pícara mientras comprobaba su maestría con el florete- Lo haremos rápido, la primera que haga tres toques gana. Te veo sonriente y segura, además de que sabes blandir la espada muy bien.
—Mi padre me enseñó. No soy una dulce princesita si eso es lo que crees –le decía mientras la rodeaba con pasos cuidadosos.
—En ese caso princesa ¡En garde! –Exclamó Regina apuntándola con el florete.
El sonido de los floretes chocando entre sí se escucharon y la lucha se inició entretenida, con ambas sonriendo, probando y estudiando los movimientos de cada una. Sus miradas eran provocadoras, ninguna de las dos tenía claro si era por la contienda o porque les excitaba enormemente verse luchando. Ambas eran buenas, sobre todo la rubia que no se quedaba atrás con movimientos precisos y bien pensados. En cambio la morena, tenía que refrenar sus instintos asesinos si es que quería darle una pelea justa a Emma, lo que no era fácil si se distraía con las muecas de burla de la rubia, que por lo demás le resultaban encantadoramente entretenidas.
—¡Touché! –Exclamó Regina dándole el primer toque en el hombro izquierdo de la princesa- uno a cero.
—Nada mal su majestad –le sonrió
Regina comenzó el ataque nuevamente, haciendo que Emma se retirara dando pasos hacia atrás. Pero la rubia no se dejó sorprender y comenzó el contraataque, evitando el tocado a con certeros movimientos. En un paso largo hacia adelante, Emma lograba tocar el torso de Regina.
—¡Touché! –Emma levantaba las cejas- empatadas. ¿Sabes que no es justo? Porque se supone que ustedes los vampiros tienen poderes y esas cosas.
—No estoy usando ninguno de mis poderes. Si así fuera podría anticipar cualquiera de tus movimientos ¡En garde!
La lucha siguió así, entre palabras, pequeñas sonrisas pícaras y uno o que otro elogio de la otra, hasta quedar empatadas a dos. La batalla siguió un poco más seria que en un comienzo, Regina estaba ocupando gran parte de sus mejores habilidades sin perder el control de su poder sobrenatural, y Emma la estaba casi acabando por completo, si seguía atacándola de esa manera, probablemente Regina se vería forzada a hacer trampa. Y así Emma iba con todo hasta que ocurrió un pequeño accidente, en el momento en que Emma estuvo a punto de tocar con su florete el pecho de la reina, esta tropezó con su vestido y se fue con todo su cuerpo sobre Regina, cayendo ambas al suelo sorprendidas.
Se quedaron ahí mirándose una a la otra, perdiéndose en sus ojos mientras sonreían de forma lujuriosa. Permanecieron así un momento en silencio, estudiando las facciones de ambas. Hasta que Regina rompió el silencio
—¿Te parece que lo dejemos en un empate? –le preguntó mientras se distraía inevitablemente con la boca de Emma.
—No me parece bien, porque si lo miramos de otra forma, yo estoy en ventaja, encima de ti, presionándote. Su majestad, creo que está inmóvil.
—Emma –se rio de ella luego de pronunciar su nombre- ¿No sabes que puedo zafarme cuando yo quiera?
—Entonces no puedo perder oportunidad –sonrió de medio lado.
—¿Qué quieres decir? –arrugó la frente sin dejar de sonreír.
—A esto
Emma soltó el florete que aún tenía en su mano derecha para tomarle la cara con ambas manos y besarla profundamente. Sorprendida aún, Regina hizo lo mismo con su arma y la dejó caer a medida que Emma iba profundizando aún más su beso, para poder tomarla de las caderas y apretarla aún más contra su cuerpo. Sus lenguas jugaban y los movimientos pélvicos no tardaron en aparecer, con un vaivén de ambas al ritmo de sus propias respiraciones, casi como un lento baile desesperado, iban perdiendo la cordura y los instintos salían a la luz, y fue así como Regina se vio destrozando el vestido de Emma para caer en cuenta de lo que estaba haciendo, sentir sus colmillos alargarse por sí solos y sus ojos ponerse de color púrpura.
Antes de perder por completo el control de su cuerpo Regina se aferró con fuerzas al cuerpo de la princesa y la elevó del suelo dejándola apoyada contra el gran sauce. A la reina le hubiese gustado quedarse viéndola por un momento, le resultaba una imagen hermosa de ella siento iluminada por el gran árbol, pero también bastante tentadora. Cada vez que Regina posaba los labios en la princesa se desataba una lucha interna, era como estar frente a una presa, y las ganas de beber la sangre que recorría sus venas se le hacía insoportable.
Regina se volteó y se alejó tan rápido de ella que parecía haberse teletransportado en vez de moverse con sus propios pies. Se quedó ahí un rato tapando su boca, con los ojos abiertos por la sorpresa de lo que acababa de sentir, rogando porque el efecto que Emma le había provocado cesara por completo.
—No te acerques Emma –le dijo levantando una mano pero sin voltearse a verla aún.
—¿Qué ocurre Regina? ¿Hice algo malo? –le preguntó parándose en seco, pero volviendo a caminar esta vez con más cautela hacia la morena.
—No vuelvas a besarme Emma. Por tu propio bien, no vuelvas a hacerlo.
—¿¡Qué?! –Exclamó sorprendida- O sea, tú te permites amarrarme, castigarme, y tocarme hasta el más mínimo centímetro de mi cuerpo ¿Y tú te enfadas porque sólo te besé?
—¡Detente! No sigas acercándote. Puedo sentir cada gota de tu sangre corriendo por tus venas. ¡Aléjate ahora!
Emma no tenía ninguna intensión de alejarse, todo lo contrario, aquello que Regina le decía la ponía curiosa. Siguió acercándose hasta que llegó detrás de ella poniéndole una de sus manos en el hombro, esperando que con ello se girara. Lo único que logró la rubia fue que Regina saliera en dirección a Rocinante se subiera a este y emprendiera rápidamente una carrera alejándose de ella, dejándola sola en el lugar.
—¡No te muevas de ahí! –le gritó la reina mientras se iba alejando al trote del corcel.
—¿En serio? ¿¡En serio!? – se cruzó de brazos incrédula por lo infantil que Regina se había comportado.
La verdad es que Emma no tenía mucha paciencia, menos ahora que comenzó a sentirse sola y desvalida, escuchando a lo lejos el cantar de un grillo y algún o que otro lobo aullando a lo lejos. No pasaron ni cinco minutos cuando ya se había aburrido de esperar.
—Bien –se dijo a si misma alargando la palabra- Te esperaré –se quedó ahí parada inmóvil unos cuantos minutos más hasta que los sonidos de los insectos se le hicieron más molestos y el aullar de los lobos no se escuchaban tan lejanos- Suficiente de esperar, yo me voy al castillo a dormir bien calentita y segura.
Y así, la princesa emprendió un largo y peligroso camino de vuelta al castillo, sin Regina, y lo peor es que con suerte veía donde pisaban sus pies. Estaba tan oscuro que varias veces cayó al suelo húmedo, ensuciándose lo bastante como para parecer que venía de una batalla campal con trols, o a estas altura ya era un trol de lo irreconocible que estaba en estos momentos. Al menos eso pensaba ella, lo que la llevó a creer en que podía encontrarse con alguno de vuelta en el camino. Y no era que creyera en ellos, pero había visto tanta cosa rara en estas tierras que no le sorprendería se encontraba con uno.
—Abuela, querida abuela tú y tus historias de mitología nórdica –salía de un charco con barro para seguir caminando- Emma Swan, estas paranoica, no pasará nada.
Luego de caminar más e internarse entre los árboles del bosque, Emma perdía el rumbo y comenzó a desesperarse. Había caminado guiándose por la luna, pero ahora mismo los árboles no sólo le quitaban lo poco de luz que podía tener sino que la llevaban a la misma perdición. Pero lo peor de todo esto es que sus miedos comenzaron a hacerse reales ante un sonido estruendoso no muy lejos de ella, que a medida que se iba acercando hacía temblar la tierra lo que la puso no sólo en pánico sino que en completa guardia.
Corrió, corrió lo más rápido que pudo alejándose del sonido, fuera lo que fuera no quería encontrarse con aquello. Aun así los estruendos de árboles quebrándose no se alejaban, parecían estar por todos lados, la tierra no dejaba de moverse bajo sus pies y parecía que en cualquier momento perdería el equilibrio.
Es probable que Emma haya estado a un milímetro de su muerte, porque tuvo que parar su carrera precipitadamente cuando un gran árbol cayó frente a ella, dejando la luz de la luna entrar a la espesura del bosque, y con ello dos cíclopes en plena casería nocturna.
Se dejó caer al suelo y se tapó la cara enterrándola en sus brazos mientras rogaba porque no la hubieran visto. No gritó, no lloró, simplemente se quedó ahí tirada, pero sentía como los dos enormes monstruos seguían destruyendo todo a su alrededor.
—Fuerzas de la vida apiádense de mí. Juro que seré obediente, lo juro, lo juro, lo juro –susurraba entre sus mangas del vestido.
No pasaron ni dos segundos después de su promesa cuando a lo lejos se escuchó el sonido de los cascos de un caballo que venía a toda velocidad hacia ella. Los dos cíclopes inmediatamente se giraron hacia esa dirección por el sonido de la enérgica cabalgata.
Emma miró hacia atrás pero tan solo pudo ver los ojos del animal más no quien lo montaba, lo que la puso más nerviosa de lo que ya estaba. Esperaba con todo su ser que fuera Regina, pero los ojos del corcel era rojos y brillantes, y eso la hizo dudar, y también correr aprovechando que los dos cíclopes se encontraban distraídos con el sonido de quien venía.
Emprendió carrera, corrió sin importar donde, en esta circunstancia la idea era perderlos y encontrar un lugar seguro en la espesura del bosque. Pero para su sorpresa, ella seguía escuchando el sonar de los cascos del caballo tras de su carrera. Miró hacia atrás y efectivamente, esos ojos brillante se le acercaban de manera peligrosa y amenazadora, siguió corriendo, y volvió a mirar y ya era tarde, en cualquier momento la atraparía, o quizás pasaría por su lado sin ponerle mucha atención, o quizás la mataría, o quizás la tomaría con fuerza sobre humana y la subiría a su corcel, tal cual como le estaba ocurriendo ahora, mirándole la cara a quien montaba y relajándose al notar que era Regina.
—¡¿Qué demonios fue eso?! –preguntó Emma tratando de enderezarse inútilmente porque Regina no se lo permitía.
—Cíclopes. Estúpidos y brutos cíclopes –le contestó mientras presionaba la espalda de Emma contra el lomo de Rocinante, sin dejar que se sentara.
—Ah claro, cíclopes ¿¡Cómo no lo pensé antes!? Típico que vas por el bosque y uno de ellos te tira un árbol por delante ¡Típico! –Emma giró la cabeza para mirarla- Mierda ¿No vienen tras nosotras?
—¡Que no! son lentos, miopes y tontos –volvía a empujar la espalda de Emma para someterla a la posición que ella quería- Ya están bastante lejos así que tranquila. Ahora, me podrías decir tú princesa Swan ¿¡Qué mierda entiendes por "quédate ahí y no te muevas"!? – le preguntó gritándole.
—¡Me iban a comer los lobos! Y hacía frío. Quería meterme en tu cama, sólo eso.
—Me gusta eso de que quieras meterte en mi cama –se sonrió pero luego recordó que la estaba regañando- Emma, eso no fue una orden, no fue una orden de Domina. Era por tu seguridad, nada te hubiera ocurrido al lado de ese árbol.
—Ah bien en ese caso ¡Gracias por decírmelo ahora! ¿Tanto te costaba decírmelo antes de irte como una loca?
—Aburre señorita Swan. Su discurso aburre y no sabe cuánto. En fin, quiero aprovechar el camino de vuelta para que me digas de una vez por todas por qué estas acá.
—Claro, como estoy tan cómoda puedo tener una linda y amena conversación contigo. Por lo demás me siento fenomenal, arriba de un caballo que tiene ojos de demonio, sin contar que mis costillas ya no soportan este trote y que llevo una tonelada de barro en el cuerpo, y para más remate, mi vestido está hecho un desastre. Por su puesto, te lo contaré ahora mismo… ¡púdrete!
—¿Qué pasó con eso de que jurabas ser obediente de aquí en adelante?
—¡Yo no he dicho eso!
—Recuerda que puedo escuchar hasta tus respiraciones Emma –se sonrió de forma descarada volviendo a empujar la espalda de Emma- ¿Cómo es que era? "juro que seré obediente, lo juro, lo juro, lo juro" –le dijo remedando su voz de angustia en aquel momento.
—¡Está bien pero para de una vez por todas a la bestia y déjame sentarme bien!
Sin que Regina siquiera tirara de las riendas, Rocinante para abruptamente y con ello la princesa caía al suelo… otra vez en un charco de barro. Emma se sobó el culo haciendo una mueca de dolor mientras miraba al caballo que le hacía una muestra de desprecio, casi como si hubiera entendido que lo acababa de ofender al llamarlo bestia.
—Ven aquí –Regina le extendió la mano mientras se tentaba de la risa- le dices una vez más bestia a Rocinante y no respondo por lo que haga –Emma asentía y tomaba la mano de Regina, para elevarse nuevamente pero ahora sentada tras la morena, aferrándose a la cintura de ella- Vamos a ir más despacio, así que siéntete en confianza.
—Bien, pasa que me iba a casar.
—¿Y el novio no te gustaba, te pusiste rebelde y te enviaron acá? No te lo creo, esa razón no es suficiente para mandarte a otras tierras. Para alguien de aquí está bien pero para ti no es razón suficiente.
—¿Me vas a dejar contarte? Porque si no dejo que saques conclusiones y nos vamos así todo el camino.
—Sólo dime la verdad Emma, sólo eso espero.
—El asunto –resopló- es que no es que el príncipe con el que me tenga que casar no me guste, de hecho Neal me cae muy bien, nos conocemos desde que éramos unos niños, nuestro matrimonio estaba arreglado desde antes que naciéramos.
—Ah… -extrañamente su rostro entristeció- entonces, no lo entiendo.
—De pronto apareció un pretendiente de un reino mucho más rico que el reino de Neal, pidiendo mi mano, un tal rey Killian Jones. Cuento corto, el susodicho ofreció pagar una gran cantidad de dinero para deshacer el matrimonio que tenía con Neal.
—¿Y tus padres aceptaron? No me lo puedo creer, encuentro que es una estupidez obligar a alguien a casarse si es que no quiere hacerlo, o por las razones que sea.
—No es que hayan aceptado, simplemente se asustaron porque este rey comenzó a amenazarlos con futuros conflictos entre sus reinos y que no sé más cosa y otras cuestiones políticas que no entiendo. En fin, casi les ofreció guerra si no me casaba con él. Escapé Regina, me metí en la misma caravana que traía a mi criada de confianza sólo para escapar de ese idiota.
—Emma, ¿me estás diciendo que tus padres no saben que estas aquí? ¡Demonios! –su rostro se ensombreció y comenzó a apurar un poco a Rocinante.
—No, no es eso, no estaban de acuerdo con que yo me viniera, les amenacé con irme pero no me creyeron. Finalmente lo hice, pero dudo que ya no lo sepan.
—No importa si saben o no. No sabes en el problema que estamos Emma, te viniste sin ser enviada legalmente. Espera un poco, pero ¿Cómo es que tu criada vino a parar acá? Que una princesa de otras tierras sea enviada es raro pero una criada lo es aún más.
—Ehhhh… mi abuela, Eva. Ella fue quien la envió aquí. Pero esa es una historia que ahora no sé si me encuentre preparada para contarla.
—¿Eva?
Regina tiró de las riendas de Rocinante para parar la marcha, mientras cientos de imágenes de un pasado muy lejano se dibujaban en su mente. El nombre era más que familiar, pero era imposible que fuera la misma persona que ella pensaba ¿Cuántos años podría tener la abuela de Emma? 60 años, 70 quizás. No, era imposible.
—¿Qué ocurre? ¿Por qué paramos?
—Aférrate bien Emma –le dio un ligero golpe a Rocinante y comenzaron a correr velozmente sin consideración alguna por la princesa- Estas en problemas gigantes. No sé qué demonios voy a hacer contigo ahora. Más vale que mantengas el secreto o tendrás problemas con Maléfica. Mierda, meternos en problemas bélicos por culpa de una malcriada.
—Si quieres me mandas de vuelta –enteró la cabeza en la espalda de la reina- No quiero casarme con ese tipo pero si es tanto…
—¡Cállate! –Regina apretó los dientes- no quiero –dijo apenas perceptible al oído de Emma.
La cabalgata no duró mucho más porque ya se divisaba el castillo de Maléfica a unos cuantos metros más allá. Llegando a los establos bajó a la princesa bruscamente y comenzó a rasgar lo poco que quedaba de su vestido.
Pero, para sorpresa de ambas, y faltándole la guinda al pastel aparecía Zelena con una sonrisa sarcástica en los labios mientras se les acercaba a ambas.
—¿Pero si no es mi hermanita y su princesa? –Preguntó mientras se cruzaba de brazos- ¡Oh! Ya veo, la has sacado fuera del castillo. Pero sabes que eso está prohibido ¿No?
—Vete a la mierda Zelena ¡Ahora no! –le decía mientras tomaba fuertemente a Emma y le colocaba el collar de cuero con la cadena en el cuello, para luego atarla junto a los demás corceles del establo.
Zelena al ver el denigrante estado de Emma cambió de parecer, el estado en que se encontraba no era de haber ido a dar un paseo, y el ánimo de Regina menos.
—Espera ¿Qué le hiciste a la pobre? –le preguntó soltando una risita mientras se acercaba a Emma.
—¡La saqué a pasear amarrada a Rocinante y la arrastre por el suelo! ¿Contenta Zelena? –le dijo Regina bastante molesta mientras tomaba un cubo de agua y lo lanzaba al cuerpo desnudo de Emma.
—¡¿Qué demonios estás haciendo?! –Gritó Emma al sentir el agua fría recorrer su cuerpo, provocándoles espasmos para luego quedarse temblando.
—¿Cómo te atreves a hablarle así a tu Domina? –le preguntó Zelena con los ojos abiertos para luego darle una bofetada.
Regina dejó caer el segundo balde con agua y se quedó mirando a Zelena hecha una furia, para luego tomarla de la cara y azotarla contra la pared.
—Vuelves a golpear a mi esclava y te juro por la memoria de nuestra madre que te parto el culo en dos con el mango de mi fusta –le dijo cerca del rostro con voz ronca pero llena de ira- ¿Entendido?
—Tranquila hermanita ¿De verdad le hiciste eso? No me lo creo.
Regina soltó a Zelena y siguió limpiando a Emma del barro que la cubría. No siguió el juego de la pelirroja, hacerla creer que estaba castigando a Emma era lo mejor, sin embargo Zelena seguía ahí molestándola, sonriendo al ver como Emma se quejaba con cada balde de agua fría.
—En serio Zelena vete de aquí y deja de molestarme –le dijo mientras tomaba la cadena del cuello de Emma y la dirigía hacia sus aposentos.
—Bien Regina, no me imagino qué es lo que haya hecho para que estés así de enojada. Por mi está bien, así la dejas maltrecha y con la moral abajo el día de nuestro enfrentamiento –le lanzó un beso, le sonrió con ironía y le hizo una seña con la mano despidiéndose para seguir su camino.
La reina tiró de la cadena de Emma para seguir caminando por los pasillos del castillo, mientras le decía que se mantuviera callada con respecto a lo que acababa de contarle. Así llegó a la puerta de su habitación, entre tirones y quejas de Emma por el frío que tenía. La hizo que se callara al ver que la puerta estaba siendo custodiada por Mulán, sin rastro de Eric por ningún lado, lo que la preocupó de inmediato.
—¿Dónde demonios está Eric? Yo les dije que los dos tenían que estar acá hasta que yo llegara. Necesito que entrene con Emma.
—¿Eric? ¿Nuestro Eric? –Mulán abría los ojos lo ojos y se encogía de hombros.
—Sí mi chinita –le dijo con una forzada sonrisa mientras se le acercaba al rosto- No conozco otro Eric en todo Occultus Terra ¿Dónde… está… nuestro… Eric?
Mulán se retiró de la puerta, sonrió con dificultad y apuntó hacia adentro de la habitación, para luego dejar caer los ojos y darle a entender que habían desobedecido de alguna forma.
—Está adentro…
—¿En mi habitación? ¿Y por eso te das tantas vueltas? –frunció el ceño para luego poner atención a lo que se dejaba escuchar en su interior. Claramente gemidos- ¡Hijo de puta! ¡Ariel!
Regina entró de sopetón a la habitación, tirando con ella a Emma, que casi la desnuca por la fuerza y la ira que la estaba consumiendo en estos momentos. ¿Acaso las cosas podían ponerse peor? Lo dudaba, pero esto, hoy, no lo toleraría.
—Tranquila Regina –le dijo Emma poniéndole la mano para que no avanzara- míralo, ni siquiera se ha asustado con tu presencia.
—A tu lugar Emma. Te dije que dentro de este castillo soy tu Domina. Vamos, obedece.
Aun así Emma tenía razón. Se giró para estudiar a Eric, que estaba desnudo, tan solo con el cinturón y su espada envainada. El chico mantenía un vaivén de sus caderas sin mayor ansia mientras se aferraba a unas caderas de Ariel que estaba tirada en la cama. Gemía tranquila, al ritmo de los embistes de Eric, eran gemidos débiles, como si se estuviera dando el tiempo con calma de disfrutar el placer que el joven le proporcionaba. Pero algo no le calzaba en eso, porque Ariel era virgen, y estar disfrutando de esa manera mientras era penetrada no era normal, ni siquiera ella la había sometido a eso usando algún consolador cuando la chica había sido su esclava años atrás. Así que se calmó y se fue aproximando a ambos, ahora más tranquila, sin dejarse llevar por la primera imagen.
—Creo haberte dicho que estaba tajantemente prohibido mancillar a Ariel –dijo mientras se acercaba, hasta que al llegar a mirar a los dos se dio cuenta de que estaba equivocada.
Regina se tomó la cabeza y comenzó a reírse para luego mantener la sonrisa y mirar con gran descaro la escena ante sus ojos. Porque Eric no estaba penetrándola, la estaba masturbando con su miembro de una manera bastante creativa y caliente.
—Buenas noches su majestad –le dijo Ariel mientras elevaba sus brazos, como pidiendo un beso como saludo.
—Buenas noches sirenita –la besó en los labios tiernamente- veo que no pierdes el tiempo –se giró hacia Emma y le hizo una seña con la cabeza- Emma, a la cama.
—La marquesa Blue vino a buscarla y nos costó mucho hacer que desistiera –le dijo Eric- dijo que volvería por usted más tarde aunque le dijimos que estaba muy ocupada con su esclava. Así que invité a Ariel a dejar salir algunos gemidos hacia afuera para hacerlo más realista.
—Muy ingenioso de tu parte Eric –Regina se tendía al lado de ambos para mirar directamente el trabajo de Eric sobre el centro de Ariel- Puedes acercarte a mirar Emma, aprende de esto, se ve exquisito.
Regina se apoyaba en sus manos y de vez en cuando se mordía el labio tentada de lo que Eric le estaba haciendo a su antigua princesa, la verdad es que se le antojaba participar pero quería escuchar a ambos llegar al climax. Lo que estaba ocurriendo es que Eric refregaba su duro e hinchado miembro sobre el clítoris de Ariel, incluso tomaba ambos labios de la pelirroja y los apretaba y envolvía sobre su sexo para darle más presión y sensación al acto.
—¿Me permites? –preguntó Regina mirando a Eric.
La morena sustituyó los dedos de Eric por los suyos, haciendo el mismo trabajo que hacía el joven de envolver el miembro con los labios mayores de la pelirroja, jugando con los fluidos de ambos, apretando y soltándole los labios a Ariel.
—Su majestad –dijo Ariel jadeante- me gustaría verla más osada. Por favor
Regina sonrió gustosa y llena de lujuria ante la proposición de Ariel, bajo la mirada y la respiración agitada de Emma que veía como era que su Domina interactuaba con la pareja. Pero Emma no se esperó ver a Regina inclinarse hacia el sexo de ambos y posar sus labios en ellos.
Al sentir los carnosos labios de la reina y su cálida invitación, Eric estiró la cabeza hacia atrás disfrutando el momento, mientras gemía de forma ronca, sacando una mano de las caderas de Ariel para tomar gentilmente la cabellera de Regina, que lo dejó hacer sin ningún tipo de represalias. Ariel estaba entrando en un tipo de trance, porque ponía sus ojos en blanco al sentir la lengua de Regina golpear su clítoris cada vez que Eric se retiraba. Y así con cada embestida, Regina iba lamiendo el henchido miembro de Eric al tiempo que torturaba el abultado botón de Ariel, una y otra vez.
Emma miraba en silencio, pero ya estaba bastante húmeda por la gran vista que tenía en ese momento, sin preguntar ni nada se acercó a Regina para acariciarla pero fue rechazada de inmediato, aunque no de manera brusca, sino que bastante amable.
—¿Así que mi esclava quiere complacerme? –Preguntó mientras que Eric la soltaba del cabello y ella se erguía- Vamos a hacerlo de manera correcta –Miro a los chicos- Aguanten, no acaben sin su reina.
Regina se despojó de sus botas hábilmente para luego sacar sus pantalones de cuero negro con la misma habilidad. Decidió que con eso era suficiente, porque no quería perder tiempo, ni menos hacer esperar a sus invitados de alcoba. Se quedó con su abrigo rojo para luego posicionarse en el respaldo de su gran cama, apoyando bien su espalda, abriendo ampliamente ambas piernas y haciéndole una seña a su princesa esclava para invitarla a degustar.
—Es hora de tu cena mi princesa –le sonrió mientras esparcía los fluidos que se había ganado jugando con Ariel y Eric
Emma no lo dudó dos veces, ahora mismo quería devorar a Regina por la impaciencia que traía. Y no tan solo por haberla visto anteriormente, sino que había quedado con las ganas en el bosque junto al árbol. Sin siquiera cuestionárselo estaba sintiendo ganas de realeza y quería saciarse ahora mismo.
Sin darse cuenta, Emma había pasado su pierna por encima de la cabeza de Ariel, dejando su sexo expuesto a la pelirroja, la que no perdió oportunidad para darle una lamida. Y aunque la rubia se sorprendió, sin estar segura de querer ser torturada por los labios de Ariel, tuvo que dejarse porque Regina la tomó fuerte por la cadena de su cuello para darle a entender que era así como quería que se quedara.
—Muy bien Ariel, como yo te he enseñado. No la dejes ni la sueltes hasta que tú quieras. Ella no manda –volvía a tirar de la cadena de Emma- tu eres la princesa, ella la esclava.
Sí, la verdad es que eso a Emma la hizo estremecerse, pero para su sorpresa no fue malo, sino que la encendió aún más de lo que ya estaba. Al parecer ya estaba comprendiendo de qué se trataba esto de obedecer. Si te portabas bien, te recompensaban, aunque si Emma lo pensaba mejor, ella había sido una completa malcriada desde que se había escapado de la habitación de Regina, y aun así le permitía este tipo de placeres. Lo que la llevaba a la pregunta inicial, desde que había llegado al castillo Regina se comportaba de forma muy amable con ella, y por lo demás la paciencia que le tenía era de alabar.
—Aquí esclava –la tiraba hacia su sexo- no te distraigas Emma.
La rubia no ofreció resistencia y comenzó a lamerla a medida de los tirones de la cadena de su cuello, entendía bien cómo era que tenía que hacerlo, y se cercioraba de estar haciéndolo correctamente levantando la mirada para ver a Regina que sonreía y luego abría la boca mientras disfrutaba de la calidez de las lamidas de Emma.
—Ustedes llevan un poco más de trabajo que nosotras, así que si es que pueden aguatarse, por favor, me gustaría un orgasmo al unísono de nosotros cuatro –dijo Regina mientras soltaba la cadena para tomar el cabello de Emma y acercarla hacia su húmedo centro- Ariel, tú te encargas de Emma, y Eric, no se te ocurra meter esa cosa donde no te corresponde –dijo para dejarse caer.
Emma sintió la lengua de Ariel apoderase de su interior, y jugar dentro de ella, lo que le provocó una especie de humedad profusa, que sin quererlo estaba bañando el rostro de la pelirroja. Eso no lo dejó de notar Eric, que le excitaba de sobremanera aquella combinación de fluidos. Y al parecer esa era la intención de Ariel, porque luego de eso, comenzó a pasar su boca abierta, haciendo una ligera succión, arriba y debajo del sexo de la rubia, esparciendo los jugos, bebiéndolos y saboreándolos, para luego volver a penetrarla con la lengua y repetir lo anterior. Emma jadeaba y movía sus caderas en el rostro de Ariel, al ritmo que no dejaba de lamer el centro de Regina.
—¿Te gusta cómo lo hace verdad? Yo se lo enseñé. Si hubieras visto como se revolcaba en mi cama mientras la tenía atada. Espero que aguantes, porque no se detendrá –gimió ante una succión prologada de Emma mientras le hablaba- decía… Oh Dios… decía que no se detendrá hasta que ella quiera.
Regina comenzó a mover sus caderas contra el rostro de Emma sin pudor alguno, la apretaba y movía su cabeza para ella misma encontrar el punto exacto de su placer. Le estaba resultando encantador que Emma no se negara e hiciera todo lo posible por complacerla. Las respiraciones de los cuatro comenzaron a hacerse más sonoras, más agitadas, sobre todo Eric que estaba embistiendo cada vez más rápido, y su rostro delataba un gran esfuerzo por no acabar. Los gemidos de Ariel se estaban haciendo más seguidos y Emma ahogaba los suyos propios en el sexo de Regina, la cual ya se estaba tensando por el inminente climax, sus piernas estaban temblando demostrando con ello que ya era hora de desatarse por completo.
—Eric… -volvió a gemir soltando la cabeza de Emma para agarrarse del cobertor de la cama- quiero que embistas como una bestia. Tienes las riendas de nosotras tres.
Eric no esperó por ninguna segunda orden, simplemente sus caderas cobraban vida propia, mientras tomaba y casi arañaba la piel de las caderas de Ariel. El joven aceleró las embestidas, su miembro se frotaba desenfrenadamente contra el clítoris de Ariel, y ponía tal fuerza que hacía que el cuerpo de ella se moviera acelerando el trabajo sobre Emma. Ahora la pelirroja tomaba de las caderas a la rubia para aprovechar el movimiento de los embistes de Eric, haciéndola mover también, provocando en Regina un roce mucho más descontrolado, apresurando el orgasmo, que se dejó escuchar primero en un sonido gutural de Eric, seguido por uno no menos poderoso que el de Regina, mientras Emma y Ariel seguían con sus bocas ocupadas gimiendo contras los respectivos sexos, convulsionando sus cuerpos al ritmo de los embistes del joven que bajaba la velocidad de ellos, eyaculando sobre el vientre de la pelirroja, la cual soltaba una de las nalgas de Emma para esparcir el fluido sobre su vientre, mientras aún tenía espasmos de los lentos y suaves movimientos de su compañero.
Regina se apoyó en sus antebrazos y miró la escena final, pero sin dejar de lado a Emma, que volvía a tomar por el cabello, a mirar su rostro empapado en sudor y fluidos propios, con una mueca de súplica porque Ariel la dejaba en paz todavía.
—No la dejes Ariel –le dijo para luego reponerse y levantar a Emma, sin permitirle que se retirara de la boca de la pelirroja- Eric, toma a Emma por detrás, no la sueltes.
Tres contra uno, mientras Ariel seguí torturando a Emma, Eric la tomaba por detrás, apretando firmemente cada pecho de la rubia.
—Penétrala con la lengua Ariel, yo me encargo de lo demás –le dijo mientras se acercaba peligrosamente a la boca de Emma, la cal abría los ojos, tratando de retirarse sin poder conseguirlo- vamos princesa, vamos por ese segundo orgasmo, regálamelo, hazlo para tu Domina.
Regina comenzó a masajear el clítoris de la rubia sin compasión alguna, mientras se reía de ella, de su debilidad, de su completa entrega. No tardó mucho en venir el segundo, los gemidos de Emma se convirtieron en un lloriqueo que hizo que Regina se volviera loca, la apretó contra su cuerpo mientras seguía torturándola, sintiendo sus cuerpo descontrolarse contra el suyo, para luego escuchar las clemencias de Emma cerca de su oído. Para Regina, eso era música.
—Por favor –jadeaba Emma- ya no más.
—Ven aquí preciosa –le dijo mientras le hacia una seña a ambos para que la dejaran en paz- ¿Ves que puedes ser obediente y complacerme?
Mientras Emma descansaba en el regazo de Regina, los otros dos se vestían en medio de risas y miradas furtivas, sin duda, Regina podía ver la gran química que había entre los dos, lo que más que ponerla feliz le hacía ponerse nerviosa. No quería tener ningún tipo de problemas con Úrsula si es que a Ariel se le ocurría entregarse por completo a su espadachín.
—Eric… Dile a Mulán que la recompensaré. Que no se ponga celosa, y que ha hecho una perfecta guardia.
Eric asintió mientras abrazaba por los hombros a Ariel y se retiraba de la habitación de la reina. Nuevamente con risitas entre ellos, hablándose al oído y jugando infantilmente.
Luego de que se quedaran solas, Regina soltó de la cadena del cuello a Emma, para luego terminar de despojarse de las ropas sobrantes que antes no había sacado. Se metió desnuda dentro de la cama ante la mirada sorprendida de Emma.
—¿No vas a atarme a la cama?
—No –le dijo mientras abrazaba a la rubia para dejarla descansar en su vientre.
—¿No le pondrás seguro a la puerta?
—Odio los lugares cerrados –sus ojos se cerraban del cansancio.
—¿Y si me escapo?
—No creo que vuelvas a hacerlo. No después de lo que Zelena te hizo.
—¿Me contarás mañana lo que le pasó a tu madre?
—Eres insoportable Emma. Insoportable –se rio al final- Te lo contaré sólo si mañana por la noche te encuentro así de abrazada a mí.
—Muy bien –se aferró mucho más al cuerpo de la morena- Buenos días Regina.
—Buenos días Emma.
—¿No es raro darse los buenos días en vez de las buenas noches?
—¡Cállate y duérmete! –le gritó para después tomar una de las almohadas y golpearla en la cabeza entre risas de ambas.
Ok, no me pidan mucho más porque tengo una escena preparada para Tinker y Emma en la próxima entrega, y debo guardar porn.
¿Opiniones? Reviews chicas, de verdad que este fic me pone nerviosa, nunca sé si estoy a la altura, y siento que cada vez quieren más y más! FRESCAS! Así que díganme que quieren.
Un beso y un abrazo!
