Davis giró la canilla una vez. La intensidad del flujo de la regadera disminuyó, pero aún seguía el agua pegando en su cabeza y recorriéndole el cuerpo.
Se quedó quieto, con los ojos cerrados mientras las gotas le golpeaban el rostro, disfrutando de los últimos segundos de agua caliente. Disfrutando... era una forma agradable de definir un momento en el que no llegaba a entender nada. Creía que ya había averiguado todo de su origen, de la amalgama genética que era, pero con lo que había sucedido esa tarde estaba prácticamente en cero.
Giró su mirada para contemplar la bañera. Había hollín mezclado con tierra y trozos de tela magullada por el calor. Y nada más. Nada de piel, nada de sangre.
Nada de sangre… realmente eso lo aliviaba.
No había dolor, no palpaba cicatrices. Todo era como si nada hubiese ocurrido. Necesitaba verse, necesitaba terminar de confirmar que estaba bien, sí, bien, realmente bien. Y no sabía si sentirse así era bueno o malo.
Suspiró ruidosamente y terminó de cerrar la regadera. En segundos estaba frente al espejo empañado.
Con el dorso del antebrazo pretendió limpiarlo para aclarar la imagen. Vio reflejado su rostro, cubierto de una expresión de angustia. Giró lentamente para observar la espalda lo mejor que podía.
Derecha, izquierda, de dorso… nada. La piel blanca, levemente enrojecida por el agua caliente. Sana, limpia, tersa. Pasó una mano por la nuca. El cabello quemado había sido reemplazado por nuevo cabello sano. Todo estaba en orden… bien.
Se apoyó en la bacha acercándose al espejo, brindándose una profunda mirada a los ojos. Estaba preocupado. Siempre se recuperaba pero de daños que le causaban la muerte y esta vez no había muerto. Aunque nada que lo dañara antes volvía a hacerlo nuevamente de la misma forma… y la explosión le había afectado, su piel se había quemado, sintió el dolor, sintió el olor. Y ahora estaba bien, realmente bien, como si nada hubiese ocurrido. No había adrenalina, no se sentía más fuerte, nada especial. ¿Qué demonios estaba sucediendo? ¿Y si él, Davis Bloome, el camuflaje de la bestia, ya se estuviera disolviendo? ¿Cuánto tiempo le quedaba?
Davis – Dios, ayúdame… - no pudo evitar dejar salir esas palabras en un intento de desahogo. Sus pensamientos lo estaban atormentando, lo desesperaban.
El sonido del golpe de una puerta al cerrarse lo arrancó de la tortuosa abstracción en la que estaba sumido.
Davis - ¿Chloe?
Del otro lado nada.
Tomó rápidamente una de las toallas y se la colocó alrededor de la cintura para cubrirse antes de abrir levemente la puerta del baño para poder asomarse.
Nadie. Era solo la televisión. Chloe la había dejado encendida antes de irse, para estar atentos al noticioso vespertino. Debían tener la mayor cantidad de información de lo que había sucedido esa tarde. No fueron del todo cuidadosos, dejaron rastro y no necesitaban ser descubiertos. No aún.
Ella todavía no regresaba y no había bajado del utilitario su bolso. Supuestamente sólo le iban a tomar diez minutos las diligencias pero ya había pasado… no tenía idea de cuanto tiempo.
Se dirigió hacia la mesa de noche en donde estaba su móvil, dejando tras de sí un rastro de agua a medida que avanzaba. Miró la hora. Había pasado más de cuarenta minutos.
Su instinto protector actúo de forma involuntaria sumando una preocupación más a su pesar. Conocía a Chloe, era una mujer inteligente y sabía como desenvolverse, pero estaba lejos de no ser indefensa. Se sintió tentado de llamarla, sólo para escuchar su voz y tranquilizarse.
Pero no lo haría. El tiempo que vivió en el sótano del Talón cada llamado suyo significaba que la bestia estaba pujando por salir. Si lo hacía ahora ella sólo interpretaría que sería por esa razón y no necesitaba que se disparara en una carrera alocada para llegar a tiempo a contenerlo.
No, ahora las cosas eran distintas. Hacía semanas que la bestia estaba dormida y quería, necesitaba, que las cosas con Chloe fueran diferentes. Necesitaba que corriera a su encuentro sólo por que deseaba estar cerca suyo y no por la fuerza.
Contra toda voluntad arrojó el móvil sobre la cama y se dispuso a limpiar el baño dejando todo en orden para cuando llegara. El noticioso ya había comenzado brindando un adelanto de los temas a tratar durante la hora que durara. Y entre ellos estaba el accidente. La sola mención del mismo acaparó toda su atención.
Chloe apoyó torpemente los bolsos al pie de la puerta y hurgó con urgencia su cartera para encontrar la llave del cuarto. Estaba congelada. La temperatura había descendido, ya estaba oscuro y sus ropas húmedas por la incursión heroica de esa tarde no le ayudaban en nada.
Había realizado varias compras, sobre todo para reponer las mantas que perdieron y la ropa quemada de Davis, además de algunos medicamentos y algo para comer.
Chloe - ¡Maldición! – susurró por lo bajo cuando las llaves se le escaparon de entre los agarrotados dedos.
Cuando por fin logró abrir la puerta, los bolsos perdieron su sostén y cayeron dentro de la habitación desparramando parte del contenido sobre el piso.
Chloe - ¡Maldición! – esta vez no fue un susurro, y se abalanzó sobre las prendas desparramadas para alzarlas antes de que se ensuciaran.
Chloe – DAVIS… YA LLEGUÉ – se anunció sin disimulo, mientras se apresuraba a entrar cada uno de los bultos para cerrar la puerta. Realmente dentro se sentía un clima agradable.
Davis – Estoy aquí, no es necesario gritar.
Ella se sobresaltó, no esperaba que Davis estuviera tan cerca. Se lo hacía en el baño, duchándose. No era consciente del tiempo que había demorado.
Chloe - ¡Dios! ¡Davis! Me asustaste… - y giró hacia el lugar de donde que provenía la voz.
Davis se encontraba sentado en la punta de la cama, frente al televisor. Lo cubría una toalla por debajo de la cintura, al mejor estilo de falda romana, y con la otra intentaba secarse el cabello. La piel le brillaba levemente al estar húmeda brindándole mayor definición a toda su musculatura, la cual ya de por sí se encontraba perfectamente demarcada, un rasgo por demás característico en la raza kriptoniana. Un rasgo que a Chloe la había enloquecido ya una vez, ahora no podría provocarle menos.
Chloe – Estás… desnudo – quedó paralizada, de pie, señalándole el cuerpo con la punta de la llave. No esperaba encontrarlo con tan poca ropa encima. La verdad, nunca lo había visto así, aunque se lo hubiera imaginado más de una vez, involuntariamente claro. Eso sí, ahora no podía dejar de reconocer que la realidad había superado a su ratonera. ¿Los kriptonianos tenían que ser todos tan malditamente sexis?
Davis – Bueno, no del todo – se puso de pie y bajando la mirada en un ademán de señalarle la toalla que lo cubría. – Es lo único que encontré – y le sonrió.
Chloe pestaneó rápidamente, como una forma de cortar su inmovilidad o de disimular la incomodad que le causaba la situación. Una incomodidad no precisamente desagradable. Sonrió nerviosamente.
Chloe – Sí, claro.. cierto… ¿tu bolso no está…? – comenzó a mirar hacia todos los rincones buscando la valija de Davis. Y quitándole la mirada de encima antes de que él notara lo que le había provocado.
Davis – Nop… te olvidaste bajarla.
Ella asintió al tiempo que apretaba los labios. – Bien… lo único que me pediste y mi cabezota lo olvida. Era más simple bajarte el bolso y luego irme que al revés ¿no? Realmente a veces creo que esa inteligencia que todo el mundo me adjudica no me sirve de nada. ¿Dónde quedó la detallista periodista de antaño? – las palabras le brotaban espontáneamente, era su forma de poner a raya sus nervios: hablar. En eso era casi gemela con Lois – Resuelvo los peores acertijos y no puedo recordar un….
Davis chistó silenciándola bruscamente. Tomó el control remoto que se encontraba sobre la cama y le subió el volumen al televisor. Estaban hablando del accidente.
Chloe comprendió de inmediato y se sentó rápidamente a su lado.
Locutor1 - .. el terrible accidente que se sucedió en el kilómetro 230 de la ruta de acceso sur a nuestra localidad. Tenemos información reciente de que serían 5 víctimas, de los cuales 3 heridos, uno de ellos de gravedad: un señor de unos 63 años de edad, y un 1 muerto identificado como Alex McKelly oriundo de la localidad vecina, de 23 años de edad.
Locutor2 – Así es Ronald. Lamentable. Pero en medio de la tragedia una luz. Una de las víctimas es un bebé de 9 meses de edad, cuyo estado es reservado aunque se puede asegurar que se encuentra fuera de peligro gracias a sus "ángeles de la guarda", como así los llamaron las personas que fueron rescatadas.
Locutor1 – Dos jóvenes, un hombre y una mujer, que desinteresadamente asistieron a las víctimas hasta que llegaron las unidades de rescate.
Locutor2 – Vamos a la nota.
Comenzaron a sucederse las imágenes tomadas en el lugar del accidente, y las entrevistas realizadas a los bomberos y policías que se encontraban en el páramo efectuando los peritajes respectivos.
Quedaron atenta y fijamente mirando el televisor hasta que no hubo más menciones del suceso.
Chloe suspiró relajando los hombros. Davis bajó el volumen del aparato.
Davis – Bueno, hasta el momento podemos decir que no tienen demasiada información nuestra para identificarnos.
Chloe – Por fortuna para nosotros, las buenas noticias no son noticias.
Davis sonrió levemente. Era una lamentable verdad.
Otra vez el silencio entre ellos, cada uno abstraído en sus pensamientos o en su cansancio o en su incomodidad.
Davis le daba vueltas al control remoto, retomando sus preocupaciones originales. Lo miró una vez antes de ponerse de pie y dirigirse hasta la cómoda en frente de la cama para dejarlo depositado al lado del televisor.
Chloe lo observaba moverse. No podía evitarlo. Por un lado necesitaba saber como se sentía y por otro… bueno, eran obvias las razones.
Chloe frunció el ceño al observarle de espaldas – Davis…tu espalda… - se levantó bruscamente y se dirigió a él.
Davis - ¿Cómo?
Chloe – Espera, no te des vuelta – y lo detuvo apoyándole los dedos en el hombro derecho.
Lo observó de arriba a abajo, escrutando rápida pero profundamente cada sector de piel desde la nuca hasta la cintura, sobre todo en aquellas regiones en las que había detectado un daño mayor.
Chloe – Está todo…bien – frunció aún más el ceño al momento que con la yema de los dedos rozaba las zonas en las que lo había visto más lastimado. – No hay nada.
Davis suspiró fijando su vista en el televisor, sin moverse pero muy nervioso, incómodo. – Sí...
Chloe – Pero… ya habías muerto en una explosión, no debería haberte hecho daño. – llevó su mano hacia la nunca para pasarle los dedos entre los cabellos recuperados. – Tu cabello…
La caricia fue demasiado intensa para Davis, o tal vez esa era su zona sensible. Cualquiera fuera la razón, lo que le provocó le erizó la piel. Y no se podía permitir nada más. Giró suavemente para quedar frente a ella y quitar aquella pequeña mano de su nuca.
Davis – Nació de nuevo… - la miró sin poder ocultar la preocupación que lo invadía. Con los ojos le decía todo aquello que no podía en ese momento explicar con las palabras.
Chloe le acarició la mejilla izquierda. Leyó de inmediato el mensaje. - ¿Estás asustado por esto?
Davis – Nada de lo que sucedió hoy me pasó antes… es… es… ilógico
Chloe - ¿Y por que debe ser malo?
Davis - ¿Qué es lo que no ves Chloe? Nada de lo que me he recuperado antes me ha dañado nuevamente y los dos hemos sido testigos de que la explosión de hoy me lastimó. – se alejó de ella, era evidente que se estaba comenzando a inquietar – Todo está cambiando y no me gusta, para nada.
Chloe – ¿A que le temes?
Davis caminó un trecho dándose un tiempo para buscar otra razón que le diera más esperanzas. Él ya había elaborado una hipótesis de los acontecimientos, pero sentía que si la dejaba salir la estaba materializando.
Chloe – Dime lo que piensas, a lo que le temes. – lo buscaba con la mirada.
Davis – Yo… - movió la cabeza en un ademán de negación, cruzando los brazos frente a su pecho, sin dejar de caminar. - ¿Y si la bestia encontró otra forma de salir?
Chloe – No, no puede ser.
Davis la miró. Ya tenía los ojos levemente enrojecidos. Estaba desesperado. Y en esa mirada realmente buscaba creerle.
Chloe se acercó a él y le descruzó amorosamente los brazos en un intento de relajarlo. – Yo no lo veo así. Creo que tengo algo de experiencia en kriptonianos como para decir que lo que aquí pasó no tiene que ver con Doomsday.
Davis – No intentes confortarme, Chloe, por favor. No en base a…
Chloe - ¿Mentiras?
Él asintió.
Ella le tomó el rostro entre sus manos y lo miró profundamente a los ojos.
Chloe – No te estoy mintiendo. Sé que no me equivoco al decir esto.
Él se quedó mirándola, clavando sus ojos cafés en los de ella. Y vio seguridad, y vio que no le mentía. En lo profundo de su corazón, en aquella partecita en la que la razón no tiene jurisdicción, le creyó. Y pudo relajarse y verla a ella, a la mujer. Y en ese preciso instante alcanzó a percibir lo terriblemente nerviosa que estaba, y no era por la bestia.
Le tomó ambas manos entre las de él para quitárselas de las mejillas y depositarlas sobre su pecho. Se acercó más a ella, sin dejar de mirarla. No tenía realmente intenciones conscientes de nada, sólo necesitaba estar más cerca, como si esos ojos, ese pequeño cuerpo, ese perfume; curaran todo lo que estaba mal en él y le dieran la posibilidad, aunque sea por unos segundos, de ser simplemente un hombre más, un humano ordinario.
Davis – Te creo – le susurró, bajando de tono la voz.
Ella tragó dificultosamente. Ese movimiento la había sacado del entorno controlado que había montado para contenerlo y amenazaba con exponer lo que él le había provocado durante todo el maldito día.
Había cosas más importantes en ese momento que todas las hormonas alborotadas por su cercanía, por su cuerpo casi desnudo. Realmente el contacto de la piel bajo sus manos, esos ojos clavados en ella, esa voz… no pudo evitar mirarle los labios y sentir como la boca se le secaba deseando la de él.
Pero no, no era momento, no era lugar, no era … nada. No podía darse ese lujo o brindarse la posibilidad de esa clase de errores… otra vez. Lo miró una vez más a los ojos y le ofreció una sonrisa que cortara todo el erotismo que pululaba entre ellos.
Y él lo entendió, casi instantáneamente. La leía como nadie lo había hecho nunca.
Le acarició la mejilla y suspiró suavemente – Estás helada. Es mejor que te des una ducha caliente lo antes posible.
Chloe – Yo… emmm … quería comentarte todo lo que …
Él la interrumpió – Desde que tengo conciencia de mi existencia estoy buscando respuestas, ¿en que puede perjudicarme veinte minutos más?
Ella simplemente sonrió. Él acababa de hacerle un favor, un enorme favor, pero aún así no entendía por que se sentía desilusionada. Ya, era mejor de esa forma.
Y antes de que leyera algo nuevo en sus ojos se alejó de él, de esa situación que amenazaba con quitarle el control en cualquier momento.
Muchas cosas rondaban en sus pensamientos, estaba haciendo demasiadas conexiones, atando demasiados cabos a la vez, y encima sus hormonas venían a jugarle en contra en ese momento. Quedó de espaldas a él, inmóvil unos minutos, pensativa.
Davis sólo la miraba intrigado, conteniendo cualquier impulso que le demandara hacer otra cosa que no fuera observarla. - ¿Chlo..? ¿Todo bien?
Chloe – Emm… sí – se rascó la cabeza y lo miró - Me doy una ducha… y estoy contigo. – le sonrió otra vez y rápidamente se metió al baño. No quería exponerse más de lo que ya lo había hecho
Chloe – ¡Demonios! – se escuchó la maldición a la vez que abría la puerta del baño y salía disparada hacia la de la habitación - ¡Y no te bajé el bolso! ¿Dónde estoy hoy?
Podía escucharla afuera, abriendo el baúl y maldiciendo. Su voz, esos comentarios nerviosos, no pudo evitar sonreír. Otra vez ella le demostraba que todos los esfuerzos que invertía en ocultar lo que realmente le pasaba, eran en vano.
Chloe - ¡Listo! Aquí tienes tu bolso. – lo arrojó al pie de la cama y sin mirarlo volvió a meterse al baño.
Antes de cerrar la puerta para darse esa merecida ducha caliente, asomó la cabeza.
Chloe – Y Davis, por favor… - lo miró con una expresión entre furia y comicidad – Asegúrate de tener algo puesto cuando yo salga, ¿vale? – y desapareció antes de que él pudiera responderle algo.
Davis se quedó mirando hacia el baño, sorprendido. ¿Qué le dijo que? Dejó escapar una suave risa, casi como un ruidoso suspiro. Realmente ella lograba sacarlo del foco de los temas tortuosos. Lo salvaba una y otra vez. Se pasó una mano por el cabello sin dejar de sonreír.
Davis – Me vuelves loco pequeña – le susurró por lo bajo mientras extraía una camiseta.
Chloe - ¿Qué es eso que preparas ahí? – le preguntó sin dejar de secarse el cabello con un anticuado secador. Era realmente ruidoso, pero muy efectivo. Un modelo casi ochentoso, pero para nada despreciable. Haberlo encontrado como parte del mobiliario de la habitación ya eran muy buenos augurios para ella.
Davis - ¿Cómo dices?
Chloe – Que qué es eso que preparas… espera – se percató de que una conversación a los gritos no era lo más civilizado, y apagó el aparato – Que es eso que preparas, huele a… medicinal y fuerte. Y horrible..
Davis sonrió sin levantar la vista de la taza – Vitaminas y de todo un poco para reforzar tu sistema inmune.
Chloe - ¿Vitaminas?
Se tocó el cabello, ya estaba casi seco. Dejó el secador en el lugar en el que lo había encontrado y se dirigió hacia la cómoda, en donde se encontraba Davis preparando ese brebaje.
Davis – Así es. Hoy tu cuerpo se estresó demasiado, y el frío es el peor aliado. No quiero que te enfermes. - revolvió una vez más el líquido y se lo extendió.
Chloe tomó la taza entre ambas manos con una mirada de desconfianza - No me estarás dando unas de esas drogas del olvido para aprovecharte de mí, ¿no? – y se dirigió hacia la cama.
Davis – No me hacen falta drogas contigo para eso. – y le sonrió con un dejo de autosuficiencia.
"¡Ouch! Esa dolió Chloe. Sabe que te tiene". Se sentó en la cama apoyando la espalda en las almohadas acomodadas contra el respaldar.
Chloe – Alguien se siente demasiado seguro aquí. – y bebió el primer sorbo, conteniendo alguna que otra clase de reproche. El momento no se prestaba para más bromas.
Él se sentó a un metro de ella y le cubrió los pies descalzos con una manta de lana que se encontraba sobre la cama. Le sonrió antes de perder su mirada en televisor, encendido pero con un volumen casi inaudible.
Chloe lo observaba. Se veía nervioso, impaciente, pero podía apreciar que hacía un esfuerzo sobrehumano para que ella no lo notara. Le enterneció la actitud, la estaba cuidando; a su manera estaba haciendo lo posible para que ella estuviera cómoda en medio de esa locura a la que él la arrastró, y a la que ella se dejó arrastrar. Sonrió detrás de la taza que tenía apoyada en los labios.
Davis, suspiró sin mirarla. Ahora sus ojos estaban clavados en el suelo, perdidos en algún pensamiento del que ni siquiera él era conciente. Comenzó a mover nerviosamente una pierna. La detuvo apoyando su mano sobre la temblorosa rodilla.
Chloe – Ya pasaron los veinte minutos que me habías otorgado, ¿no?
Davis - ¿Eh? No, no… - frotó la temblorosa rodilla con la mano – Esto… no te sientas presionada.
Sonrió. Apoyó la taza en su regazo con toda la intención de comentarle lo que estaba, en cierta forma, descubriendo. Pero se quedó en el impulso, con la bocanada de aire contenida, hinchándole las mejillas. La verdad, no sabía por donde arrancar. Tenía varias ideas en la cabeza y no quería volverlo loco. A su gusto, esa noche no hablaría ni una palabra, todavía no tenía todos los pensamientos organizados. Pero él lo necesitaba, más que desesperadamente.
No podía negar que en cierta forma se sentía aliviada. Las proezas que Davis había demostrado esa tarde lo acercaban más a Clark que a Doomsday. Siempre rondó en su cabeza la idea de que Davis no era la bestia, sólo un desafortunado kriptoniano al que le mezclaron el ADN con el de ese animal alienígena para que lo usara como una especie de matriz protectora hasta que su desarrollo estuviera completo. Y luego se convertiría en una víctima más.
No recordaba demasiado del conocimiento que Brainiac podría haberle dejado en el tiempo que la poseyó, realmente le ayudaría. Se valía de su experiencia con Clark, lo poco que pudiera averiguar en la destruida fortaleza y la información que le había transmitido un aterrorizado Emil. Si unía todas las piezas, en su lógica sólo se armaba una respuesta: Davis era un kriptoniano más y no un camuflaje. Debía salvarlo, más que nunca estaba convencida de eso. Había que quitarle la bestia. El problema era como.
Chloe – Bueno… - suspiró - Tengo esta idea, estoy tan convencida de ella pero…
Davis – De verdad no hay problemas Chlo.
Chloe – No, no. Quiero contártelo, transmitírtelo, así tú entiendes también el porque de mi tranquilidad. Lo que sucedió hoy es positivo, pero… no sé como comenzar.
Él le acarició el pie sobre la manta. – Comienza por el principio.
Se tomó unos minutos para buscar cual era el comienzo de todo. Y allí entre medio de sus pensamientos apareció la discusión que habían tenido la noche anterior. Y las palabras de él "No me preguntes como, pero te escuché hablando por teléfono …" Algo le decía que ahí también había algo de su raza kriptoniana.
Chloe – Hay algo que aún no me queda claro y me sería de mucha ayuda saberlo por que si es lo que creo, voy por muy buen camino.
Davis – Dime.
Chloe – Cuando la otra noche discutimos, me dijiste que me habías escuchado conversar por teléfono con Clark ¿me estabas espiando? ¿Estabas detrás de la camioneta?
Davis negó moviendo la cabeza – No Chloe. Estaba comprando unos dulces en el service shop. Y no te estaba espiando, nunca lo hice. Bueno, no desde que estamos … juntos
Chloe - ¿Qué? ¿Antes sí?
Davis entrecerró los ojos. "¡Maldición! ¡Maldición!" No debería haber dejado salir esa verdad pero, por otro lado, quería ser sincero con ella. Intentaba construir algo auténtico por primera vez en su vida.
Davis – Emmm… no nos desviemos de tema. No ahora… por favor.
Chloe – Ok. Pero no te creas que voy a olvidarlo. – se tomó unos segundos para sellar la afirmación con la mirada – Entonces, si estabas a varios metros ¿cómo me oíste?
Davis – Me sucedió algo raro, nunca antes me había pasado. De bien que estaba sentí un dolor punzante, muy fuerte en la sien, en mis oídos. Me aterroricé, pensé que era la bestia. Pero de golpe mi cabeza comenzó a llenarse de sonidos, voces, autos, gritos… era enloquecedor. Y en el medio de todo ese barullo encontré tu voz. – la miró – Era como un bálsamo… y decidí concentrarme en ella. Y todo ese ruido comenzó a desaparecer. Sólo quedó tu voz.
Chloe – Y me oíste
Davis asintió – Unos instantes. Creo que escuché lo suficiente, ¿no? – le sonrió nerviosamente - Luego volvió el dolor y de repente, tal como todo vino se fue.
Chloe asintió apretando los labios. Tenía una mirada de misterio. Quedó unos instantes pensativa. - ¿Volvió a sucederte?
Davis – Un par de veces sentí ese dolor, pero siempre me concentré en tu voz, o en los latidos de tu corazón, y todo se calmaba.
Lo miró fijamente. – O sea que tenemos oído, fuerza, velocidad..
Davis - ¿Qué dices?
Chloe – A ver, dime si me equivoco. Toda tu vida has sido más resistente que los demás, no te enfermabas, si te lastimabas te sanabas más rápidamente, ¿no?
Davis – Ahora que lo dices.. – desvió su mirada unos segundos, buscando en sus recuerdos – Bueno, sí… pero eso era por la bestia…
Chloe – No lo creo. Sigue mi lógica. Sólo corrígeme si me equivoco.
Davis – No logro entender por donde vas, pero dale, te sigo. – y suspiró intentando calmar su ansiedad. Confiaba en ella y necesitaba confiar en ella.
Chloe – De niño casi no tenías bloqueos, ¿no?
Davis – Así es.
Chloe – Si te lastimabas con una aguja, por ejemplo, te deben haber vacunado ¿no? – él asintió – la herida desaparecía antes que a los demás, pero podías volver a pinchar una aguja en tu piel.
Él lo meditó unos instantes. Ella estaba en lo cierto. Asintió nuevamente.
Chloe – A medida que crecías, los bloqueos fueron más seguidos. Hasta llegar a tu adultez, ahora.
Davis – Estos últimos meses no pasaba una semana sin tenerlos.
Chloe – Y lo que te lastimaba una vez no volvía a lastimarte nunca más.
Davis – Sí.
Chloe apoyó la taza en la mesa de noche y de un salto se levantó de la cama. Prácticamente corrió hasta la silla al lado de la cómoda, en la que había dejado su cartera. De ella extrajo una pequeña caja, de color gris plomo. Se acercó a Davis hasta quedar en frente de él.
Él la miraba totalmente desconcertado.
Chloe – Perdóname. – y abrió la caja frente a su rostro. Instantáneamente el contenido comenzó a brillar, una luz verde coloreó la mejilla de él, era kriptonita.
Davis hizo una mueca de dolor e instintivamente se alejó unos centímetros de la caja.
Chloe la cerró con una sonrisa en los labios.
Davis – Ya no duele… ¿pero?
Chloe volvió a abrir la caja. Y todo se repitió nuevamente. El resplandor, el dolor y el aturdimiento de Davis.
Chloe alejó definitivamente la caja de él - ¡Lo sabía! ¡Lo sabía! - y dio un salto de victoria.
Davis - ¿Qué está pasando Chlo? ¿Eso era kriptonita?
Chloe – Dime ¿Cuánto hace que no tienes bloqueos?
Davis – Semanas… desde que estoy contigo.
Chloe – O sea que hace más de un mes. Emil lo dijo, pero se apresuró a sacar conclusiones. Había dos tipos de células y una de ellas era mayoría, las que mutaban.
Davis - ¿Emil? ¿El doctor? – se puso de pie acercándose a ella.
Chloe – Yo lo sabía. – lo tomó por ambos hombros. Era evidente la alegría que sentía, el placer que le brindaba resolver parte del misterio. -¿No lo ves Davis? Cuando la bestia no aparece, el kriptoniano en ti puede evolucionar. Le estás ganando a Dooms. Al estar conmigo y mantenerlo dormido tú evolucionas.
Davis – No te entiendo.
Chloe – De niño, cuando casi no tenías bloqueos, el kriptoniano en ti comenzó a evolucionar. Más lento que con Clark, tú tenías un mutante en tus células que estaba constantemente castigándote. Dooms te necesitaba para, llamésmole, gestarse. Necesitaba un huésped para terminar de armar su ADN.
Se alejó de él y comenzó a caminar por la habitación mientras hablaba, explicándole su descubrimiento y dándole un orden lógico para ella interiorizarlo también.
Chloe – Por eso Lionel te descartó: no tenías lo necesario, no como Clark. Tu evolución siguió lenta, por culpa de Dooms. Hasta llegar hasta a la edad adulta. Allí Dooms alcanzó su momento y comenzó a pujar por salir cada vez más seguido. Te estaba devorando Davis, por dentro, a nivel celular. Hasta que aparecí yo. – y lo miró. Él estaba desconcertado pero comenzaba a entender.
Chloe – Lo que te causé hizo que el kriptoniano prevaleciera y quisiera luchar. Y ahora que Dooms está a raya, tú comenzaste a evolucionar. Te estás volviendo cada vez más el kriptoniano que debes ser.
Davis – O sea que estás diciendo que la explosión me afectó por que las células de Doomsday están a raya.
Chloe – Y por eso te afectó la kriptonita también. La roca a la que te expuse es la que se utilizó para fabricar la lluvia de kriptonita con la que te… moriste. No deberías haber sentido nada, pero te hizo daño, dos veces.
Davis - ¿Y el oído?
Chloe – Lo que te pasó con tus oídos se llama súper oído. Deberías practicar, es muy útil. Y hoy me demostraste que hay más: la fuerza que utilizaste para salvar al bebé y a su mamá, eso es súper fuerza, y la velocidad a la que te moviste, eso supervelocidad. ¿Eres consciente de todo lo que te digo?
Davis relajó los hombros, la expresión – La verdad que no. No sabía que hice todo eso.
Chloe - ¡Lo hiciste! Créeme que lo hiciste.
Davis - ¡Dios! – y se arrojó a la cama, dejando las piernas colgando y extendiendo los brazos hacia atrás. Intentaba relajarse para asimilar lo que ella le decía. Todo le resultaba extraído de un comic, pero no podía negar que era terriblemente lógico.
Chloe se acercó lentamente, observándolo con una sonrisa en los labios. Se sentía bien, lo consideraba como una victoria contra el destino.
Se sentó bruscamente a su lado, moviendo el colchón con su peso. Luego lo miró – Y aún hay más…
Davis giró la cabeza hacia ella - ¿¡Que dices!
Chloe – Todo a su tiempo Davis. No voy a adelantarte nada hasta que vaya surgiendo.
Él se incorporó quedando sentado a su lado, hombro contra hombro, rozándose. – La verdad, todo me parece una locura. No lo entiendo. ¿Acaso Clark se lastima?
Chloe – Normalmente no. Pero si lo hace, se recupera casi instantáneamente. Ya vas a ver que con el tiempo tú tampoco te lastimarás.
Se quedaron en silencio. Chloe aliviada. Davis dándole vueltas a sus palabras una y otra vez. Le resultaba increíble, pero a la vez, dentro de él, sabía que era verdad; o por lo menos que por ese lado venía la mano. Y también le aliviaba.
Davis – Mencionaste a Emil y unas células… ¿acaso…?
Chloe – Síiiiii… - le respondió encogiéndose de hombros, esperando un castigo que sabía que no llegaría.
Davis – Me quedo tranquilo, haces caso a todas mis peticiones.
Chloe – Davis, necesitaba saber si podía hacer algo más antes de huir. En ese momento Emil descubrió que tu única cura era yo, y tenía razón. Me demostró lo importante que soy en tu vida.
Él la miró con ternura. Si se observaba atentamente, podía apreciarse el profundo amor que había detrás de esos tristes ojos café – Y recién te das cuenta.
Ella giró y quedó colgada de sus ojos. Le fue imposible moverse de esa posición o quizás decir algo. Sabía que esa situación era peligrosa, para sus sentimientos, pero se sentía victoriosa y quería darse unos instantes de bienestar sin culpa.
Davis levantó una de sus manos y le acarició el cabello que le caía sobre el rostro, para correrlo. – Aún no puedo creer lo que me dices.
Chloe – Entiendo. Pero es así.
Davis - ¿Realmente crees que me estoy volviendo como… Clark?
Chloe – Sí.
Se miraron unos instantes más.
Chloe - ¿Quieres que lo confirmemos?
Davis - ¿Confirmarlo?
Chloe – Sé que es verdad, pero un punto de vista científico no vendría nada mal. Le podemos enviar unas muestras de tu cabello a Emil, para que las compare con la muestra anterior.
Davis - ¿Es seguro esto?
Chloe – Emil es muy discreto. No me delataría.
Davis asintió – Hagámoslo.
Y la miró nuevamente. Estaba hermosa. Tenía una sonrisa dibujada en los labios y en los ojos. Hacía semanas que no la veía así, contenta, chispeante; como el día en que la conoció. Aquella vez su alegría se debía a la propuesta de Jimmy. Hoy era por él.
Chloe – Davis, vamos a ganarle.
¡Demonios! Estaba hermosa. Y lo hacía sentir tan bien. Se moría por besarla. Pero debía conformarse con menos.
La abrazó fuertemente. Ella no se resistió. Lo envolvió con ambos brazos y lo apretó contra su cuerpo.
