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Disclaimer: ninguno de los personajes me pertenece, le pertenecen a Dreamworks y/o Cressida Cowell. Sólo soy perteneciente de las escenas.

Rated: T

Palabras: 1,012.

*empieza a quitar el polvo de esta historia* BUENO, hola. Me quiero disculpar por haber desaparecido tanto tiempo... Lo sé, no tengo derecho, pero estoy en mi último año de secundaria y realmente mis ganas de escribir han sido totalmente nulas. He decir que este capítulo lo tenía hace tiempo, puesto que quería terminar está historia. De enserio, lo siento mucho, mucho, mucho.

Pronto tendrán noticias sobre mí, espero que les guste este capítulo. ¡Besos!


Capítulo IV

Él cumplió lo que prometió, no iba a seguirla para disculparse, y lo demostró cerrando la puerta delantera con llave como si de algo significativo se tratara. De una de las encimeras tomó la bolsa de comida para gato, la abrió de par en par y la dejó en el suelo; no debería preocuparse por un tiempo por el alimento de Toothless. El día siguiente fue silencioso, como si el ruido a su alrededor se hubiera vuelto pura estática; solo se dignó a seguir su rutina diaria. Levantarse, clases, llegar a casa, dormir, fingir completar las tareas, dormir. Repetir, repetir. Una mañana de sábado, mientras seguía manteniéndose con este hábito, Gobber le dio una visita inesperada encontrándolo más delgado de lo que alguna vez fue.

Minutos después, la cocina olía a aceite quemado.

Debía admitirlo, no podía negarse a la comida que su amigo hacía. No importa cuán grasosa estuviera, sabía deliciosa de alguna manera aparente. –Si no comes vas a quedar por los huesos, Hiccup. Sí sigues sin comer, vas a volver a ser llamado "fishbone" otra vez.- el chico no se inmutó con aquella palabra como hubiera hecho antes. Siguió devorando lo poco que quedaba en plato viendo como Gobber tomaba otro de la estantería para servirse él mismo.

-Creo que tendré suerte si alguien vuelve a hablarme de vuelta.- murmuró.

-Hablando de eso, ¿dónde está Astrid?- preguntó llevándose un gran pedazo de huevo frito en su boca.

-Realmente no quiero hablar de eso.

-Ah, ya veo.- escondió una pequeña sonrisa. –Entonces, algo sucedió sin que yo lo supiera, y ella está enojada contigo.

-Lo que sucede, es que yo tengo la razón esta vez.

-Cuando se trata de mujeres, nadie tiene la razón.- bebió un poco de su soda antes de seguir hablando. –Déjame adivinar, quiso ayudarte y tú la empujaste fuera de esto.

Hiccup golpeo su vaso contra la mesa de roble; su rostro estaba rojo de la ira. –Ella simplemente quiso meterse en donde nadie la había llamado.

-Hm…- respondió Gobber, con la boca llena de comida. –Entonces, traerte comida, quedarse a dormir e incluso cuidar de ti y Toothless es meterse donde nadie la había llamado. Entiendo.

-Se lo que estás haciendo, Gobber, y no va a funcionar.- respondió rodando los ojos.

-Solamente digo que tendrías que analizar la situación con ojos diferentes.- no hubo más palabras después de esto.

Cuando sus ojos se posaron en Astrid en el pasillo al día siguiente un pequeño nudo en su garganta empezó a formarse, haciéndole incluso difícil poder tragar saliva. Su corazón empezó a latir rápido, pero no por las razones que antes lo hacía; se le hacía difícil no poder acercarse a ella o los demás, que quizá ya sabían lo sucedido, y hablar. Estaba recostada contra los casilleros escuchando quizá alguna de las locas historias que Ruffnut podía contar; hasta que sus ojos se encontraron con los de él. Hiccup pudo jurar que esos ojos lo observaban sin vida, como si la luz en ellos hubiera desaparecido. Y eso le dolió.

Esa misma noche, hubo un golpe en la puerta principal de la casa Haddock; Hiccup se sorprendió al encontrarse con los chicos en la puerta sosteniendo dos cajas de pizza, gaseosas y películas. Snotlout fue el primero en entrar sin permiso, empujando a su primo del camino en el proceso; los demás lo siguieron. Cuando Hiccup ya había vuelto a la realidad notó que los tres ya habían instalado las cosas en la sala principal, y estaban recostados en el suelo o sofá. –Entonces, ¿vienes?- preguntó Tuffnut cortando la tensión en el aire.

-Chicos, realmente no estoy- antes de que pudiera seguir hablando, Snotlout había levantado un dedo en el aire cortándolo.

-No, no vengas con eso otra vez. Ha pasado más de cuatro semanas desde que hablamos, y realmente…-carraspeo un poco.- Te extrañamos, ¿quizá?- buscó las miradas de los demás en busca de aprobación. Los otros dos asintieron sin más. –Así que hoy tendremos una noche de chicos, te guste o no.

Minutos después ya estaban terminando la primera pizza, y había varias latas de gaseosa esparcidas por ahí. La película había terminado, así que estaban pensando en que podían ver. Sin embargo, no había nada que realmente quisieran hacer e Hiccup no había hablado en todo el rato que estaban ahí.

Tuffnut tosió un poco llamando la atención de los demás. –Uhm, esto es totalmente extraño.

-Entonces váyanse.- respondió secamente mirando al suelo. Recibió un almohadazo doloroso de parte de Snotlout.

-¡¿Eres idiota o qué?! ¡Simplemente queremos ayudar!- contesto con enojo.

-¡¿Por qué?!- se había levantado del suelo, acercándose a su primo de forma amenazadora; ambos estaban preparados para pelear.

-¡Por qué somos tus amigos!- los otros dos estaban separándolos; aunque era difícil.- ¿Crees que alejándonos vas a traerlo de vuelta? ¡Está muerto! Nosotros perdimos algo también, Hiccup.- el castaño se recostó contra la pared, respirando con dificultad. Se llevó las manos a su rostro cubriendo sus ojos.

-Lo siento. Lo siento. Lo siento. –repitió deslizándose lentamente hasta sentarse en el suelo. Una mano se posó en su hombro; era Fishlegs.

-Está bien.- susurró, los demás se acercaron. –Somos amigos, y para eso estamos.

-Eso, y tratar de que no pierdas tu otra pierna.- comentó Snotlout cruzándose de brazos. Los cuatro compartieron una risa. Una hora más tarde ya habían terminado la otra caja de pizza, las demás gaseosas e incluso todas las películas que podían tener. Los chicos estaban desparramados en el suelo y sofá, durmiendo plácidamente, incluso roncando. El gato negro estaba acurrucado contra la pierna ortopédica de su amo; quien sostenía su teléfono mirando la pantalla no sabiendo que hacer.

Era un poco tarde cuando Astrid Hofferson recibió una llamada de un teléfono que desconocido; gruño por lo bajo y atendió sin pensarlo dos veces. -¿Hola?- recostó su cuerpo sobre su brazo, retirando su flequillo de sus ojos.

-¿Astrid? Necesitamos hablar.