Hola de nuevo mis lectores adorados!
Pues siiiii. Por fin he actualizado mi fic! Lamento la tardanza, pero ustedes ya me conocen, me preocupo mucho por entregarles un trabajo bien hecho.
Y sin más… a leer!
4- Después de ese día
- ¡¿QUÉ TÚ QUÉ?! – gritó Honda a los cuatro vientos. Yugi y Jonouchi lo miraron con el ceño fruncido, diciéndole que bajara la voz. No querían ser el centro de atención de la clase.
- Lo lamento – se disculpó avergonzado – Es que… ¡No lo puedo creer!
- Ni yo mismo me lo creí – apoyó Jonouchi – En un segundo estaba conmigo y al siguiente ya había desaparecido.
- ¡Ra! ¿Por qué no estuve ahí? – se reprochó el castaño mientras se jalaba los cabellos – Nunca hubiese creído que Yugi fuera capaz de algo así.
- No es para tanto – insistió el aludido.
- En serio, eres mi ídolo – bromeó Jonouchi mientras le desordenaba el cabello con una mano a Yugi, provocando que este soltara una pequeña carcajada.
- Pero hay algo que no entiendo – comentó Honda adquiriendo una expresión pensativa y seria a la vez - ¿Por qué Kaori no se apresuró cuando el auto estaba cerca? Digo, sé que es algo distraída y eso se nota de lejos, pero ¿a ese nivel de no fijarse en lo que hay en su entorno?
- Ni yo mismo lo entiendo – apoyó Jonouchi.
- Si, claro. Como si alguna vez entendieras a una mujer – se burló el castaño.
- ¡Ahora si te voy a…!
Como era lo predecible, ambos iniciaron nuevamente una pelea, mientras Yugi los observaba, a la vez que movía la cabeza a modo de negación.
¡Vaya forma de comenzar el día! No bien había ingresado al aula cuando Honda y Jonouchi lo asfixiaron de preguntas sobre el incidente del día anterior. Era más que obvio que había sido el rubio quien abrió la bocota y relatado a Honda lo sucedido. Yugi solo intentaba restarle importancia. Era un asunto zanjado. Después de todo, solo había ayudado a alguien que estaba en problemas. Sonrió ante sus propios pensamientos, recordando a alguien de gran importancia para él, quien también lo había salvado y protegido en más de una ocasión cuando el peligro le pisaba los talones. Una ligera sensación de nostalgia se aposentó en su corazón.
- Hola chicos – saludó una joven castaña tras ingresar a la sala de clases.
- ¡Anzu! – Jonouchi y Honda corearon su nombre y se acercaron casi corriendo hacia ella, mirándola con malicia, causando que los nervios la acecharan.
- ¿Y a ustedes que les pasa? – inquirió cruzándose de brazos.
- Oh, nada grave mi querida Anzu – se burló el rubio.
- ¡Jonouchi…! – amenazó la aludida endureciendo levemente la voz.
- No seas gruñona, Anzu – dijo Honda – Es solo que… ayer ocurrió algo muy… interesante.
- ¿Me van a decir o no que está pasando? – exigió Anzu. No había duda. Esos chicos si que sabían como agotarle la paciencia.
Con palabras atropelladas, ambos relataron, más de una vez, el "acto heroico" de Yugi como si estuvieran hablando de una celebridad. El tricolor se cubrió el rostro con las manos, sintiendo algo de vergüenza.
"Y… aquí van de nuevo" pensó.
- ¡¿Qué él hizo qué?! – Anzu no cabía en si de la sorpresa que había recibido al lograr entender con claridad lo que había pasado.
- Si, yo reaccioné del mismo modo – afirmó Honda con una sonrisa divertida.
- Tal como lo oyes, Anzu. Nuestro pequeño Yugi es un héroe – habló Jonouchi en un tono bromista como era su costumbre.
- No le veo el chiste – reprochó Anzu con un tono de voz algo alterado - ¡Pudo haber sufrido un accidente!
- No seas así Anzu – el rubio le palpó el hombro en un vano intento de calmarla – Además no le pasó nada a él ni a la chica.
Anzu soltó un suspiro exasperado y pasó de largo, ignorando a los dos chicos, llegó a su pupitre, al lado de Yugi.
- No debiste hacer algo tan arriesgado – regañó ella sin siquiera saludarlo.
- No me pasó nada – aseguró su amigo de la infancia – Solo me rasmillé una mano. Eso es todo.
- ¡Pudiste acabar en el hospital! – habló la castaña con desesperación.
- Kaori-san no es de nuestro grupo de amigos, pero eso no significa que yo me fuera a quedar cruzado de brazos cuando estuvo en peligro – habló él a modo de defensa, reflejando cierta molestia en su tono de voz.
- Tonto – murmuró Anzu con suavidad mientras apoyaba con suavidad una mano en el hombro del tricolor – Por una vez aunque sea, preocúpate de tu propia seguridad.
Yugi le sonrió como respuesta y ella retiró la mano de su hombro con lentitud. La castaña conocía a Yugi desde que eran niños y desde el comienzo, él anteponía el bienestar de los otros antes que el suyo. Eso le parecía muy noble, pero al mismo tiempo, algo estúpido.
La puerta de la sala se abrió y una joven de mirada triste manifestó su presencia sin llamar la atención. Como de costumbre, caminó hasta su pupitre, se sentó y dejó que su mirada se perdiera en un punto fijo de la mesa, alejándose de su entorno. No notó ni percibió la mirada preocupada de Yugi, quien sentía una profunda intranquilidad al no saber que hacer. Por un lado, quería reprenderla por lo del incidente del día anterior, por otra parte quería preguntarle si se encontraba bien. Ambos puntos se encontraban rodeados de un aura atemorizada ante lo que podía ser una futura respuesta de ella.
Pensaba hablar con ella de inmediato, cuando el profesor entró en el aula, causando que todos adquirieran una actitud de pocos amigos y que un silencio absoluto reinara en el ambiente.
El tricolor suspiró derrotado y enfocó su atención en las lecciones del profesor, a diferencia de Kaori, quien siquiera dio señales de estar viva. Parecía una estatua.
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Era hora del receso más largo. La hora del almuerzo. Todos los alumnos se dirigieron a paso veloz hacia la cafetería y así, saciar el hambre que les retorcía las entrañas. Entre ellos, un pequeño grupo de amigos que no dejaban de charlar animadamente.
- ¡Demonios! – masculló uno de ellos al llevar una mano al bolsillo de su pantalón y no encontrar lo que buscaba.
- ¿Qué ocurrió amigo? – inquirió Jonouchi al escucharlo.
- Creo que olvidé el dinero en mi mochila – explicó Yugi.
- Ve a buscarlo. Nosotros te esperamos en la cafetería – sugirió Anzu.
- Si, pero no te demores – aconsejó Honda en tono burlón – o Jonouchi se comerá todo.
Como consecuencia, recibió un manotazo en la cabeza por parte del rubio.
Yugi asintió con la cabeza y dando media vuelta, echó a correr en dirección a la sala de clases, tropezando con varios compañeros en el camino que iban en dirección contraria.
Finalmente llegó a su destino. Se detuvo frente a la puerta del aula, respirando agitado por su carrera. Apoyó la mano en la perilla, girándola y la puerta se abrió.
En cuanto puso un pie en el lugar, se quedó congelado en la entrada con la mano aun en la perilla. Sus ojos miraban fijamente aquello que había ocasionado esa reacción en él: una chica pelirroja, sentada en su pupitre dándole la espalda.
- Kaori-san – musitó con un hilo de voz. Nunca se imaginó encontrarla en el salón de clases. Creyó que había ido a almorzar como todos los demás. Pero una vez más, sus ideas sobre ella eran erróneas.
Soltó la perilla de la puerta, dejando caer pesadamente su brazo, sintiéndose algo incómodo al dudar sobre lo que debía hacer; ir por lo que había ido a buscar e ignorarla o intentar hablar con ella, pues sus preguntas le pedían a gritos una respuesta clara sobre ella. Comenzó a caminar sintiendo sus piernas rígidas, como si fuese un robot, hasta llegar a su puesto. Volvió a detenerse, aun dudando de sus acciones.
¡Demonios! ¿Por qué le pasaba esto?
Abrió lentamente su mochila, revolvió un poco sus cosas hasta encontrar lo que buscaba. Guardó el dinero en su bolsillo y cerró la mochila, pero no se movió de donde estaba. Su atención estaba enfocada en el cabello rojizo de ella que caía sobre su espalda. Debía admitirlo, le gustaba mucho el cabello de esa joven. Parecía suave y delicado, como los pétalos de una rosa.
- ¿Qué haces aquí? – una voz femenina y poco audible lo despertó de su ensoñación. Ella le había hablado, pero seguía dándole la espalda.
Se quedó mudo, como si sus cuerdas vocales se hubiesen cortado, quitándole la voz. Sus brazos permanecieron a sus costados, rígidos como una piedra y sus ojos emitían una curiosidad asombrada e inocente, pero atemorizada a la vez.
- ¿Qué haces aquí? – repitió la voz en un tono apenas más alto, provocando el mismo efecto en el chico.
- S-Solo vine a buscar algo – respondió tartamudeando. Se maldijo internamente por su actitud insegura frente a ella.
- Ya veo – ella siquiera se volteó a verlo. Esto solo lo incomodaba aun más.
Sentía que había perturbado el espacio de ella y eso lo hacía sentir como un intruso. Pero al mismo tiempo… deseaba saciar su curiosidad. Quería hablar con ella.
- Kaori-san…– murmuró aquel nombre con timidez.
- Tus amigos te esperan – lo interrumpió ella – Deberías ir.
Aquellas palabras lo desconcertaron por completo. No porque ella supiera quienes eran sus amigos, eso era algo evidente para cualquiera de esa clase. Lo que lo dejó pasmado, había sido la frialdad con que lo había dicho, como insistiendo en querer estar sola.
Su curiosidad con respecto a la pelirroja creció aun más. Esa niña ocultaba algo bajo su mirada triste y sus palabras frías. Lo sabía. Algo en su corazón se lo gritaba.
Inhaló profundamente, para luego exhalar y al mismo tiempo soltar un hondo suspiro. Avanzó unos cuantos pasos, pero no hacia la puerta, sino hasta el puesto que se encontraba delante de Kaori, sentándose en este y se volteó para quedar frente a ella, pero la chica siguió con la mirada abajo, negándose a verlo a los ojos.
- Lo que… pasó ayer… yo… – intentó explicarse el tricolor.
- Eso quedó atrás. Olvídalo – respondió Kaori con tono cortante.
- No. No lo haré – esta vez, fue él quien respondió con más firmeza. Eso dejó completamente descolocada a la joven. No esperaba eso. Creía que mientras más fría se comportara lo alejaría más, pero al parecer, solo había alimentado la curiosidad del muchacho.
- No insistas – habló fingiendo estar enfadada. Sus mechones de cabello rojo a los costados de su cara, cubrían su mirada y el universo que esta albergaba, prohibiéndole el paso a él.
- ¿Por qué no cruzaste cuando el auto se acercaba? – soltó él de golpe. Como respuesta recibió el silencio, inquietándolo. No notó como ella mordía su labio inferior ante el nerviosismo y el miedo que sentía.
- No lo vi – mintió.
Yugi calló ante su respuesta. Por varias razones, aquella respuesta no parecía convincente.
"No me quiere decir la verdad" pensó con algo de tristeza. Él intentaba acercarse, pero ella levantaba un muro, desesperada por evitarle el paso.
Permaneció en silencio, escuchando a lo lejos, las voces de algunos estudiantes que conversaban animadamente entre ellos. Aquella acción que para el tricolor le era tan normal realizar con sus amigos, le estaba significando todo un desafío con ella.
- Kaori-san – volvió a hablar mientras apoyaba sus manos sobre la mesa de ella, pero después de pronunciar su nombre, sus palabras se silenciaron, inseguro sobre lo que podían articular. Ella le miró las manos con indiferencia, hasta que notó algo extraño. En la mano derecha de él, había un rasmillón, y por el aspecto, era una herida reciente. Un trago amargo pasó por su garganta y en su estomago sintió un vacío desagradable. Solo podía haber una razón para esa herida superficial: el incidente del día anterior.
- Te lastimaste – murmuró con voz culpable.
- ¿Eh? – Yugi se desconcertó ante el repentino cambio de tema, tono de voz y aquellas palabras. Enfocó su mirada en sus manos, notando el rasguño y entendió a que se refería Kaori – No es nada. Solo es un rasmillón.
- Pudiste terminar peor – reclamó la pelirroja.
- No creo que contigo hubiera sido diferente – contradijo Yugi.
Nuevamente, la había dejado sin respuesta. Se sintió exasperada, pero por sobre todo, culpable de sus acciones egoístas. Apenas se había dado cuenta del enorme riesgo que aquel chico había corrido con tal de salvarla. De protegerla.
- Lo siento – murmuró él, creyendo que se había excedido al hablar con tanta seriedad. La reacción de ella sin embargo, lo dejó desconcertado. La chica exhaló un suspiro triste, inclinó su cabeza lentamente y la apoyó sobre las manos de él. Yugi se quedó quieto al sentir la tibia piel de la frente de la joven rozar sus manos, junto con algunos mechones de cabello rojizo. Eran tan suaves. Mucho más suaves de lo que él se pudo imaginar.
- ¿Kaori-san? – la llamó luego de un momento de silencio.
- No te disculpes conmigo – pidió ella con el mismo tono de voz frío, pero algo había cambiado en este. Un ligero sonido que solo podía existir al momento de un sollozo – He sido una tonta. Yo tuve la culpa.
Tibias lágrimas escaparon de sus ojos carmín y cayeron sobre las manos de Yugi, quien se estremeció al sentir aquellas gotas cristalinas caer sobre su piel.
- Yo no te he culpado por algo – dijo él con suavidad, para retirar y levantar una de sus manos con cuidado y apoyarla sobre la cabeza de esta, sintiendo con el tacto de sus dedos, la suavidad que aquella cabellera roja poseía. Escuchó los sollozos de ella detenerse lentamente, y entonces, la joven alzó la cabeza, causando que Yugi retirara la mano de su cabello. Sus ojos se encontraron con los orbes carmín de la chica, humedecidos por el llanto. Lo había hecho. Se estaban mirando a los ojos, callando mutuamente sus palabras.
- Gracias – murmuró Kaori cual secreto. Él solo asintió con la cabeza, sin despegar sus ojos de los de ella. Sus labios se curvaron en una tímida sonrisa, dedicada a ella. La pelirroja no cambió su expresión, pero en su corazón marchito, una pequeña sensación de felicidad se incrustó, sin deseos de marcharse.
El timbre de la escuela, anunciando el fin del receso, los hizo reaccionar.
¿Cuánto tiempo había pasado desde que él había ingresado a la sala? ¿Desde que la había encontrado? Ninguno de los dos lo sabía, pero parecía no importarles.
- ¡Maldición! – masculló Yugi.
¡Se había olvidado por completo de sus amigos!
Y además… no había comido nada. Se levantó de aquel pupitre, llevándose las manos a la cabeza.
"Jonouchi-kun me matará" pensó.
- Muto-san, lo lamento – habló ella mirándolo fijo. El tricolor se volteó a verla, extrañado de su disculpa y de su formalidad para hablarle. Hace mucho tiempo que nadie lo llamaba por su apellido, con excepción de los profesores.
- ¿Por qué te disculpas? – inquirió.
- Por mi culpa… no pudiste ir con tus amigos – ella bajó la mirada, juntando las manos en su regazo.
- No te preocupes, no es para tanto – aseguró él, rascando con nerviosismo su mejilla con su dedo índice.
La puerta del aula se abrió, dándoles el paso a los estudiantes que regresaban del almuerzo, entrando de forma algo brusca y atropellándose entre ellos. Pronto, el ambiente perdió su ambiente silencioso y se llenó de voces que platicaban con entusiasmo.
Y a los pocos segundos de aquella esperada conmoción…
- ¡YUGI!
El tricolor se tensó en el mismo segundo en que escuchó su nombre ser gritado, quedando tan rígido como una piedra, sonriendo con nerviosismo, sabiendo de antemano lo que iba a pasar.
- ¡Enano! ¿Dónde te habías metido? – Jonouchi apareció en menos de un segundo detrás del tricolor y lo cogió del cuello con un brazo y con su otra mano le desordenó el cabello – Te esperamos durante toda la hora del almuerzo.
- Gomen, gomen – se disculpó Yugi entre risas – Estaba ocupado y…
- Creímos que algo te había pasado – le interrumpió Anzu con rastros de preocupación en su voz.
- Honda creyó que algún bravucón cabeza de músculo te había usado como saco de boxeo – se burló Jonouchi mientras soltaba a Yugi.
- ¡No seas mentiroso! – alegó Honda - ¡Tú fuiste el que pensaba eso!
- ¡Eso no es verdad! – se defendió el rubio señalando con el dedo a Honda.
- ¡Que si! – insistió el castaño.
- ¡Que no!
- ¡Que si!
- ¡Que no!
Ambos volvieron a discutir como era de costumbre, mientras Yugi los miraba algo avergonzado y Anzu hacía lo mismo, pero con el ceño fruncido en señal de reprobación.
Kaori había permanecido callada como de costumbre, aunque esta vez, sus hermosos ojos se encontraban viendo a Yugi y a su grupo de amistades. Debía reconocerlo, en verdad eran muy inquietos, o al menos los chicos lo eran, pero también había notado su clara preocupación el uno por el otro. Eran en verdad, muy unidos como amigos y como personas. Se sintió algo triste, por no poder contar con esa misma suerte.
- ¡Muy bien, ya corten su teatrito! – regañó Anzu abruptamente a los dos jóvenes que parecían no querer cortar su discusión.
- ¡Él empezó! – clamaron a coro ambos. Anzu suspiró derrotada, pero después adquirió una expresión tranquila. Aunque eran peleas absurdas, en lo más profundo le provocaban mucha gracia.
- Hey Yugi – interrogó Honda al tricolor - ¿Y se puede saber qué fue lo que te mantuvo tan ocupado?
- ¿Eh? – aquella pregunta tomó por sorpresa al interrogado – Ah… eh… etto… yo… bueno yo…– balbuceó con torpeza.
- Fue mi culpa – Kaori se puso de pie, captando la atención de Yugi y sus amistades – Lo vi llegar a la sala y como yo estaba aquí, le pedí que me explicara algo de la clase anterior que no había entendido y creo que ocupé todo su tiempo.
Yugi la miró fijo, algo asombrado de que hubiera dicho aquello. Captó de inmediato el mensaje oculto de aquello; no iba a decir lo que realmente había pasado.
- Lo siento – volvió a disculparse ella, bajando la mirada.
- ¡Pero claro! ¡Siempre supe que eso fue lo que había pasado! – declaró Jonouchi con pose arrogante.
- Si claro, Sherlock Holmes – le interrumpió Anzu, luego se dirigió a Kaori – No te disculpes por eso Kaori-san. Ninguno de nosotros está molesto y lo que pasó no fue nada malo.
- Si, relájate – agregó Honda – Pero la próxima vez, podrías acompañar a Yugi en vez de retenerlo. No tienes idea de cuanto nos preocupamos por este enano – agregó mirando al tricolor.
- ¡Oye! – se quejó Yugi.
El castaño se echó a reír, y como si fuese una reacción en cadena, uno a uno, sus amigos fueron riendo a carcajadas. Kaori fue la única excepción. Solo llevó su mano a su rostro, cubriendo su boca, ocultando que esta se curvaba en una tímida sonrisa. Llevaba tanto tiempo sin sonreír, que ahora le parecía algo muy extraño.
La puerta volvió a abrirse y esta vez, entró el profesor, causando que todos fueran a sentarse directamente en sus pupitres correspondientes, callando sus voces y generando silencio. La clase había dado inicio.
Kaori Hira, a diferencia de los días anteriores, no estancó su atención en mirar fijamente hacia el suelo, perdida en su dolor. Esta vez, su ánimo había sido levemente cambiado y logró concentrarse un poco más que de costumbre. No sabía por qué, pero no pudo evitar asociar su cambio de humor con lo ocurrido anteriormente.
Y eso fue todo por ahora mis lectores!
Vaya, ha ocurrido una "interesante" interacción entre Kaori y nuestro querido Yugi.
¿Qué tanto oculta esta chica? Lo irán descubriendo de a poco.
¿Qué piensan ustedes? ¿Es posible forjar algún lazo amistoso con Kaori o su corazón está rodeado de muros inquebrantables?
Nos vemos en una próxima actualización!
Saludos!
