Hola!

Lamento enormemente la demora GIGANTE. No puedo creeer que tardé un mes! Gomen! En serio.

Espero que les guste este nuevo capítulo, y muchas felicidades por Navidad, ojalá la hayan pasado de 10!

Gracias por leer, y disfruten!


MADLY IN LOVE.

Chapter 4: ¿Amantes?

.

.

.

Se miraban fijamente el uno al otro. Aún no podían creer lo que acababa de suceder entre ambos. No parecía más que un sueño demasiado fantasioso, aunque la evidencia era que aún se encontraban sin vestimenta alguna.

Sakura se levantó de inmediato tomando sus prendas para cubrirse torpemente con ellas. Él se levantó enseguida sin tomar su ropa, y ni siquiera pareció importarle el hecho de que ella aún lo estuviese observando de esa manera.

-Me daré un baño, si así se le puede llamar, antes de irnos…- dijo él, caminando hacia el mar.

Ella asintió un tanto sonrojada, intentando desviar la mirada.

-Y…yo me asearé luego…- su voz sonaba bastante despacio, pero aun así él la oía perfectamente. –Estoy preocupada por Naruto…

-Sí…- ella pudo oír perfectamente el suspiro que lanzó él, luego de afirmar. –Te quiero…- admitió aún de espaldas. El corazón se le detuvo por unos segundos a la joven cantante.

-Yo también…

¿Sí? ¿Se querían? ¿En tan poco tiempo? Ella no sabía en qué pensar, por lo que la anterior respuesta le había salido desde lo más profundo de su ser. Pero sentía que algo hacía que su corazón bombee con más intensidad, y coincidía con los momentos en que Sasuke y ella se encontraban solos. Y después de lo que acababa de suceder…

-Debemos encontrar la manera de salir de aquí cuanto antes…- mencionó él con voz tétrica, sacándola de sus cavilaciones. –Tal vez sea el agua que bebemos la que nos causa daño…- razonó. –No sería raro que terminemos enfermándonos todos…

-Tienes razón…- afirmó asintiendo. –Debo ir a ver a Naruto ahora. La pobre de Hinata de seguro no sabe cómo actuar…

-Hmp.

.

.

.

Una vez más sumergió sus manos en el agua. Al ingresar a la cueva, acarició con las manos húmedas la suave piel de la frente de Naruto. Ya estaba casi fría. Y había dejado de sudar estrepitosamente. Parecía que todo se estaba poniendo bien de nuevo.

Suspiró.

Una lágrima surcó de nuevo sus mejillas. Últimamente, se había vuelto más sensible y vulnerable de lo normal. Se sentó en el frío suelo de la oscura cueva en la que sólo contaba con la compañía de un aún desmayado Naruto. Flexionó las piernas, y se abrazó a sí misma con aire de impotencia. Se mordió el labio inferior con tal fuerza, que al rato saboreó el hilillo de sangre que corría por él.

-¿H…hi…Hinata?

Volteó el rostro con brusquedad al escuchar que el joven deportista la llamó en las penumbras. Abrió enormemente los ojos de la sorpresa, al percatarse de que el muchacho intentaba reincorporarse por sí sólo, sujetando su cabeza.

-¡Na…Naruto-kun!- exclamó al tiempo que corrió para brindarle un poco de ayuda. –No te precipites. ¿Aún estás adolorido?- preguntó con paciencia, mientras lo sujetaba con suavidad de la cabeza.

-Huh… Sólo me pesa la cabeza un poco…- murmuró un tanto ido. Frunció los labios, mientras se sentaba, con la ayuda de Hinata, firmemente sobre el suelo. -¿Qué pasó? ¿Dónde están Sakura y Sasuke?

-Te desmayaste, luego de haber comido eso…- dijo señalándole aquello parecido a una mora. –Y ellos fueron a buscar algo de plantas medicinales, para ver qué podíamos hacer. Hace ya buen rato que no vuelven. Me estoy empezando a preocupar.

-Cielos…- dijo sintiendo que la cabeza le daba vueltas. -¿Cómo pude comerme eso?- dijo zarandeándose el cabello. –Ahora que lo recuerdo, creo que me causó un hormigueo en los labios.- la Hyuga se tensó. ¿Acaso se estaba refiriendo al beso? –Y un mareo se apoderó de mí. Luego, ya no tengo idea de qué sucedió…

-Bueno…- dijo ella titubeando a causa de la sorpresa. –Te sujeté como pude, y llamé a los chicos para que me ayudaran…- se acercó nuevamente a él, al ver que se sobaba la frente con el ceño fruncido en señal de dolor. –N…no te muevas demasiado.

-Wow…- dijo cerrando los ojos con fuerza, y abriéndolos luego enseguida. –Supongo que me has salvado tú esta vez…- mencionó regalándole una radiante sonrisa que la paralizó. –Gracias…

-No…- susurró apenas consciente. –Esto no es nada, comparando con lo que tú hiciste por mí. Me salvaste la vida, Naruto-kun…- sus ojos divinamente aperlados se posaron en los marinos de él, ocasionando algo parecido a un destello de luz entre ellos, y que una corriente eléctrica los dominara repentinamente.

-Ahora lo recuerdo…- murmuró de pronto él, observando a la nada. –Yo… ¿te iba a besar?- la observó de golpe. Ella se sorprendió nuevamente. –Antes de desmayarme… Yo… Iba a besarte. ¿Verdad?

-Emh…- ella se enrojeció de pies a cabeza. –Su…supongo que…-

-Sí, eso creo…- decía él, mientras se acomodaba e intentaba acortar la distancia existente entre ambos. –Me pregunto…por qué…- mencionó con voz suave, mordiéndose el labio inferior al observar los carnosos de la chica. -¿Por qué me tuve que desmayar…?

-Bueno…- ella se moría de la vergüenza. Naruto la observaba tan fijamente, que se sentía indagada. Tenía un aspecto horrible luego de haber llorado tanto, claro, sin contar la expresión de cansancio, la enorme pérdida involuntaria de peso, lo mugrienta que estaba luego de haber usado la misma vestimenta por más de cinco días – a pesar de haberse dado baños constantes en la orilla del mar – y el ligero temblor que se apoderaba de ella repentinamente. Sin embargo, él la seguía viendo tal cual lo haría el FBI con un secuestrador prófugo.

-Hinata…- mencionó él de pronto, percatándose de la incomodidad de la chica.

-¿S…si?

-Antes de llegar aquí…- murmuró enfatizando la última palabra, rodando los ojos y alejándose unos centímetros de ella. -¿Tenías novio?

Ella se extrañó por la pregunta, y quiso saber el motivo de ella. Sin embargo, no había nada que esconder, por lo que se dispuso a responder con la verdad. Su cabeza le daba demasiadas vueltas como para estar centrando su atención en algo que no fuera disfrutar – a pesar de todo – de la compañía de Naruto.

-No… ¿Y tú?- aquella pregunta le salió mecánicamente. Después de todo, no tenía nada de malo que ella le devuelva el cuestionamiento. Además, también sentía curiosidad.

-Yo… Sí.

Ella quedó pensativa. Ahora sí que su ilusión se había roto. Ya no tendría oportunidad, a menos que permanecieran allí por toda la eternidad. Y aquella idea, tampoco le agradaba tanto que digamos. Ya se veía a sí misma como un posible estorbo en la vida de los tres con los que estaba aprendiendo a sobrevivir, tal y como lo había sido en la vida en Tokio.

-Ah, ya…veo…

-Pero, ¿sabes qué?- dijo él observándola con determinación, y acercándose nuevamente, aun sabiendo que la cabeza todavía le estaba por explotar.

-¿Q…qué?

-No me importa…- sonrió de lado. –Porque creo…que me gustas más de lo que me imaginaba cuando se lo comenté a Sasuke…

La información le llegó tan rápida y tan de golpe, que aún no era capaz de procesarla completamente. Respiró agitadamente, teniéndolo tan cerca de él.

-T…tú también…me gustas…

Al parecer estaba equivocada cuando, dos años atrás, pensó que finalmente había suprimido ese molestoso tartamudeo. Se dio cuenta de que algunas cosas aún eran capaces de ocasionarle aquella no tan buena reacción. Y Naruto era una de ellas…

-Je, me alegra oír eso…

El rubio la tomó delicadamente del rostro, y presionó sus labios contra los de ella con suavidad, comenzando a moverlos con cuidado. La cabeza aún le daba vueltas debido a su anterior descompensación, sin embargo, cuando comenzó a besar a Hinata, pareció que todo pasó a estar en calma. En una tranquilidad angelical, así como ella.

-¡Hinata!- exclamó de golpe la peli rosa al ingresar a aquella húmeda cueva, ocasionando que los enamorados se separasen estrepitosamente. -¿Naruto? ¡Despertaste!- sonrió, y, acto seguido, corrió hasta él a palparle la frente con sumo cuidado. –Ya no tienes fiebre… ¿Te sientes bien?

-Sí…- respondió con una sonrisa. –La cabeza me sigue fallando…- bromeó. –Pero estoy bien…

-Pero si siempre te falló…- comentó Sasuke ingresando a la cueva con las manos llenas. –Me tranquiliza que te hayas recuperado, Dobe…

-Realmente no sé qué me pasó. De seguro me afectó estar tanto contigo, Teme…- su perfecta risa baja flechó a Hinata dejándola anonada. –Por cierto, ¿qué trajeron?

-Yo traje algo de cedrón…- comentó la peli rosa, colocando las hierbas a un costado de Naruto. –Creo que sirve para problemas digestivos, aunque ahora que veo, lo tuyo no tiene nada que ver con eso…

-Y yo fui por algo de manzanas…- comentó el Uchiha.

-Oh, no…- Sakura rodó los ojos con prepotencia. –Les juro que si llegamos a salir de aquí, y volvemos a nuestras casas, nunca más en la perra vida comeré una estúpida manzana…

Todos rieron ante aquel comentario.

-Bueno, es lo que hay…- dijo Sasuke simulando mal humor. –Así que te aguantas. Y tú, Naruto, deberías comer algo…

-Tienes razón dattebayo. Estoy que muero de hambre…

-Ya sé…- citó Sakura simulando entusiasmo. -¿Qué quieres que te cocine, Naruto?- dijo con sarcasmo. -¿Qué te parece…hmm… ¡Manzanas!?

-Ya, deja de hacer eso…- Hinata sólo sonreía.

-Con esto nos volveremos unos anoréxicos…- dijo otra vez la ojijade con desprecio. –Sólo miren… Naruto está tan pálido, que ya ni parece la gran estrella de fútbol Uzumaki…

-¡Que estoy bien, dattebayo!

-Claro que estás bien…- mencionó Sasuke. –Tuviste a Hinata como enfermera, tal vez demasiado, personal…

La ojiperla se ruborizó bajando la cabeza con ternura.

-Y tú tuviste a Sakura como quién sabe qué…- dijo Naruto con burla, mas no pudo terminar de hablar, debido a que la peli rosa lo hizo viajar kilómetros con aquel brutal golpe, sin importar que ni siquiera se había recuperado del todo.

-Hmp.- Sasuke simplemente hizo una mueca de disgusto.

Hinata observó a Sakura, a quien tranquilamente podrían confundir con un tomate, debido al violento sonrojo. Al parecer, no habían ido precisamente a buscar medicinas después de todo.

.

.

.

-¿Quieres dejar de hacer eso?

Naruto de inmediato dejó de arrojarle trocitos de manzanas a Sakura, una vez que recibió su aterradora mirada fulminante. Rodó los ojos y siguió comiendo.

-Necesitamos otra fruta, porque juro que si vuelvo a comer manzanas, me volveré manzanaintolerante.- gruñó la cantante, luego de arrojar un pedazo de la fruta en dirección al rubio. Éste último sonrió.

-¿Esa palabra al menos existe?

-¡Qué importa si existe o no!- de inmediato se sulfuró asustándolo. Hinata y Sasuke ingresaron a la cueva al escuchar aquel alarido. –Los que vamos a deja de existir seremos nosotros, si seguimos alimentándonos de una manera tan miserable… ¡Estoy harta de todo esto!

-Sakura, tranquilízate.- el Uchiha la observó directamente a los ojos.

-Pero ella tiene razón Teme. Yo también estoy harto de comer manzanas…

-Quizás, el no alimentarse bien, también pudo ocasionar la descompensación de Naruto-kun hace dos días…- añadió Hinata con una sonrisa de comprensión.

-Ay, sí. ¿Y qué hay en el menú? ¡Sólo manzanas!- exclamó Sasuke de mala gana. –Estamos en una puta isla, en donde no sabemos ni siquiera si alguien nos puede encontrar, y ¿esperan alimentarse bien?- bufó por lo bajo. –Estoy cansado de tantas quejas.- comenzó a caminar hacia la salida, dejando sorprendidos a todos.

-¿A…a dónde vas, Sasuke-kun?- la Hyuga se animó a preguntar.

-Donde no hayan insoportables comentarios caprichosos…- replicó. –Tal vez encuentre alguna otra fruta comestible por ahí. Si la encuentro, prometo venir corriendo a avisarte…- esto último dijo mirando fijamente a una persona en especial.

Sakura frunció el ceño en señal de confusión. Sasuke salió de la cueva a gran velocidad.

-Será mejor que vaya a ver qué diablos le sucede…- habló Naruto, con el semblante serio.

-No…- lo interrumpió la peli rosa. –Iré yo…

Naruto y Hinata se miraron extrañados, mientras la silueta de Sakura desaparecía por el único hueco aparente de aquel no muy acogedor refugio en el que se hospedaban ya desde hacía varios días.

La ojijade empezó a correr hacia el Uchiha. No comprendía su actitud, desde hacía dos días estaban teniendo sexo – obviamente, sin protección – y él la había tratado bastante bien hasta el momento. Pero al parecer el comentario que ella hizo sobre que estaba harta de estar en aquel lugar lo había molestado de más, pero no conocía la razón.

Lo alcanzó y lo jaló del brazo.

-Sakura, ¿qué haces?

-¿Qué rayos te pasa, Sasuke?- lo observó con dureza a los ojos. Los orbes ónix de él eran inescrutables, y eso la estaba desesperando.

-Nada. Suéltame.

-¡Escúchame, Sasuke!- sin saber por qué, los ojos de ella empezaron a aguarse y eso lo advirtió. Él suavizó la mirada, así como toda la expresión. -¡Sólo dime qué es lo que pasa por tu cabeza!

El muchacho suspiró pesadamente.

-Si te molesta tanto estar aquí, conmigo, te prometo que haré lo que sea para sacarte de aquí. No importa si tengo que recorrer esta isla por completo, para encontrar algo que nos ayude a salir de aquí…

-¿A…a qué te refieres?- una lágrima caprichosa escapó de sus ojos.

-Yo…- él negó con la cabeza. –Me enamoré de ti, Sakura ¿Comprendes?- ella abrió enormemente los ojos. –Si tuviera que elegir entre volver a esa vida de mierda que tenía como actor, o quedarme aquí contigo…Naruto y Hinata, elegiría mil veces quedarme aquí…- ella miró el piso. –No quiero saber qué podría suceder si volvemos, y…te vuelves a encontrar con el hombre que amabas antes de que yo apareciera en tu vida…

-Sasuke…

-Hmp. Diablos. Soy egoísta, y te quiero a mi lado.- explicó con severidad. –Me frustra que no pienses igual Haruno. Me es realmente molestoso.

-Yo…lo siento…- murmuró entre sollozos. –No, no creí que te afectara lo que yo sintiera por ti… discúlpame…- se frotaba los ojos con violencia, mientras más y más lágrimas corrían por sus mejillas. –Soy… soy una…

-Fastidiosa…- susurró él, tomándola entre sus brazos con suavidad. -¿Sabes? No soy tan desalmado. Claro que me importa lo que sientes por mí…

Ella soltó una risa baja.

-Pues…- lo observó sonriendo. –A pesar de todo…- colocó la mano frente al rostro masculino, enseñándole su anillo de compromiso. –Yo…- se quitó la joya, y la arrojó a lo lejos. –También me enamoré de ti, Sasuke… Pero sólo un poco…

-Sí que eres testaruda…- dijo con voz ronca, para después tomarla con fuerza de las mejillas, y lograr así que sus labios se juntaran.

La besó con brusquedad, descargando toda su rabia en los labios de ella. Sakura no hacía más que ceder y… disfrutar. Cuando Sasuke la besaba, parecía viajar a otra galaxia…

Y muy, muy lejana…

.

.

.

-Hinata…- murmuró Naruto en las penumbras de cueva, separándose para recuperar el oxígeno. La aludida lo observó, mientras seguía respirado con dificultad. Aquel beso los había llevado más lejos de lo que pensaban. Tanto, que en ese momento se encontraban, él encima de ella, en posición algo sugerente.

-¿Hm?

-Necesito…sentirte conmigo…- confesó algo sonrojado. Ella no pudo disimular el rostro de sorpresa y su violento sonrojo al escuchar aquellas palabras.

Naruto había dicho que la necesitaba. La necesitaba tanto como ella a él, y eso lo podía notar por la lujuria que destellaban sus penetrantes orbes azulados. Ella se mordió el labio inferior, y cerró los ojos por un momento.

-No te voy a obligar a nada que no quieras…- susurró él, besando su frente.

-N…no es que no quiera…- titubeó ella mirándolo a los ojos muerta de la vergüenza. –Es sólo que…yo… Yo…nunca…- la confesión le salió a medias, ya que su respiración se entrecortaba, y la voz salía temblorosa.

-Ah, ah…- interrumpió él, golpeándose la frente. Posó de nuevo la mirada en ella, y le sonrió con suma ternura y calidez. –No te preocupes. Cuando estés lista…, prometo que lo haré con cuidado. Jamás te haría daño, Hinata.

-Yo…estoy lista.

El rubio la besó suavemente en los labios, profundizando el contacto cada vez más. Sus labios se deslizaban con firmeza uno sobre el otro, moviéndose con gran ímpetu. Él le mordió el labio inferior, por lo que ella lanzó un suave quejido, y abrió la boca, permitiéndole así el paso a la juguetona lengua del muchacho.

Él empezó a recorrer la espalda de la chica con la yema de los dedos, aplicándole una suavidad insoportablemente exquisita, que la hacía vibrar a cada segundo. A ambos les faltaba el aire, pero no quería despegar sus labios por nada del mundo. Era como si besarse fuese una impetuosa necesidad.

Después de unos momentos, Naruto abandonó los labios femeninos, para bajar y dejarle besos húmedos por todo el cuello. Ella lanzó la cabeza hacia atrás, dándole más campo de acción. Le besaba con arrebatamiento el cuello, el hombro y la mandíbula, aumentando, tanto los latidos de su corazón, como la frecuencia respiratoria. Causaba un cosquilleo en todo el interior de ella cada vez que rozaba su lengua con la blanca piel.

Bajó las manos con cuidado por la cintura de ella, estremeciéndola al instante. Subió la blusa apresuradamente hasta retirarla por completo y observó el torso de ella, sus pechos apenas eran sostenidos por ese diminuto corpiño blanco. Luego hizo lo propio con su playera, dando a conocer la perfección de su abdomen estrictamente trabajado, junto con sus musculosos brazos. Sin duda, era el físico de un futbolista.

No tardó mucho en retirarle el jean a Hinata, y dejarla sólo en ropa interior, a su completa merced. Nuevamente hizo lo mismo con su pantalón, quedando así ambos en la misma situación. Ella observó sonrojada lo que enmarcaba el bóxer del chico y él le sonrió con calidez. Llevó sus manos a la espalda femenina y, luego de acariciarla, llegó hasta el broche del sostén.

Retiró aquella molestosa prenda y observó con descaro los enormes y perfectos pechos de la ojiperla. Ella se sonrojó, mas no pudo protestar, debido a que, al instante, ya tuvo al muchacho frente a ella, besándola con devoción.

No pasó mucho tiempo, cuando al fin quedaron como Dios los trajo al mundo, sin nada de ropa. Él se posicionó bien entre las piernas de Hinata, y la observó a los ojos con ternura. La tomó de las manos con fuerza, y siguió…

Se fueron uniendo lenta, intensa, y profundamente.

Ella cerró los ojos con desesperada fuerza. Sentía que algo dentro se le incendiaba, y que el cuerpo en cualquier momento podría estallarle en llamas. Lanzó un quejido suave sin poder contenerse.

-¿Te duele?- preguntó él con suavidad, mientras se quedaba estático en su interior. Hinata negó quedamente con la cabeza, mientras él observaba cómo su expresión se descomponía de a poco, convirtiéndose en una muy diferente.

-¿Puedo continuar?- inquirió, y ella pudo ver el enorme esfuerzo que estaba haciendo para no lastimarla nuevamente. Asintió con la vista nublada, cegada por el placer del momento. Se removió inquietantemente antes de que Naruto empezara un vaivén tranquilo y regular, que pareció ser eterno.

El rubio nunca le dio demasiada importancia al sexo, ya que siempre estaba entrenando para los partidos de fútbol que disputaba cada fin de semana, y esa actividad era como una prohibición dentro del fútbol profesional. Sin embargo, cuando se reencontraba con su novia, por decirlo así, siempre disfrutaban en grande.

Shion, la famosa novia del Uzumaki, era modelo de una marca de ropa bastante conocida y, por ende, siempre estaba de viaje de aquí para allá y, como era de suponerse, no era demasiado fiel que digamos. Naruto a veces sospechaba que ella lo engañaba con un jugador de la NBA, ya que por alguna razón siempre estaba pendiente del partido de los "Ángeles Lakers", y de un jugador en particular. Él pensaba que no era para menos, ya que ese hombre debía ser mucho más rico y poderoso que él, y, como la quería tanto, no se arriesgaba a reclamarle y perderla. O por lo menos eso era antes de llegar a la isla, ya que, desde su llegada, Hinata se había hecho un lugar enorme en su corazón. Y parecía que no saldría de allí muy pronto.

Por el lado de Hinata, era la primera vez que estaba con un hombre, en todo sentido. Ella nunca había tenido novio, y no precisamente por falta de pretendientes, ya que eso sobraba, sino más bien por no estar preparada. Había tenido su primer beso a los catorce años, con un chico de su colegio, pero el mismo resultó ser un idiota, por lo que ella decidió esperar más.

Y allí estaba, tres años después, dándole crédito a su repentino enamoramiento hacia Naruto Uzumaki.

-N…Na…Naru…Naruto-kun…

No era capaz de pronunciar decentemente ni siquiera el nombre de la persona que, desde ese momento hasta tal vez siempre, era y sería su perdición. Y no era para menos, el chico no se detenía ni un segundo en su exquisito acto de amarla. Aquella sensación indescriptiblemente hermosa la estaba dominando por completo, al igual que a Naruto.

-Ah, Hinata…

Los jadeos de él retumbaban dentro de la cueva, y se mezclaban con la suave brisa que provenía de la naturaleza exterior. El que él la llamase por su nombre con desesperación, la hacía desfallecer. Era una muestra clara de que, a pesar de todo, no lo estaba decepcionando.

No pasó mucho tiempo, debido al ritmo primitivo que habían alcanzado en los últimos minutos, para que ambos llegaran al clímax, y tocaran el cielo, juntos, justamente al mismo tiempo.

Exhausto, se dejó caer sobre ella, y respiraron tranquilos unos segundos.

Él apoyó su frente sudada en el hombro de ella. Se mantuvieron así unos segundos más, y luego, Naruto hizo que invirtieran posiciones, colocándola sobre su cuerpo, para que descansara plácidamente, y no volverla a molestar con todo su peso encima de ella.

Hinata se acurrucó contra el pecho masculino, y él soltó una alegre, sexy y perfecta risa baja, que la dejó atontada unos minutos. Ella cerró los ojos con suavidad, mientras él le acariciaba la espalda con lentitud y seguía sonriendo como idiota.

El tiempo pareció detenerse, y ninguno de los dos quiso que continuara. Después de todo, lo que habían vivido en aquella isla, no había sido tan malo. Si observaban el lado bueno, que era tenerse el uno al otro, y los momentos vividos en mutua compañía, se podía decir que lo habían disfrutado más de lo que se imaginaban.

Unos momentos más tarde, ella se colocó al lado suyo, para no estorbarlo demasiado. Se colocaron sus ropas interiores, y se sonrieron tiernamente. Sasuke y Sakura podían llegar en cualquier momento, y no querían pasar demasiada vergüenza.

-¿Hinata?- mencionó Naruto, perdido en un planeta lleno de maravillas, en el que sólo se encontraban ellos dos. Algo mucho mejor que aquella isla desierta.

-¿Huh?- ella atinó a perderse en su rostro. Aquella tez bronceada, contrastaba con la poca luz que penetraba por la entrada. Sus ojos perfectamente azules, brillaban con ilusión, y ella vio algo angelical en ellos.

-¿Cuántos años tienes?- siempre quiso saberlo, sin embargo, nunca se acordó de hacer aquella dichosa pregunta. Se veía como de diecinueve o veinte años. Ser algo más joven que él, no sería malo.

-Diecisiete.- respondió ella con toda la naturalidad que desprendía su aperlado mirar.

Él se reincorporó de inmediato, con suma rapidez y la observó fijamente, durante varios minutos, con un deje de curiosidad y sorpresa. Ella no lo comprendió, mas sólo le devolvió la mirada.

-¿Diecisiete?- se veía fuera de sus casillas. Un tanto confundido e irritado a la vez.

-S…sí.

Ella frunció el ceño. ¿Acaso aquello era malo? Con la mirada suplicaba una explicación para tal reacción. Quizás a él no le agradaban las niñitas. Sintió un miedo interior.

Él no dijo nada más. Se vistió apresuradamente, y, sin observarla, comenzó a salir de la cueva. Metió sus manos en los bolsillos de su pantalón, mientras ella lo observaba atónita.

Quedó sola dentro de la cueva. Sola y confundida. Confundida y rota.

.

.

.

-Esto se está volviendo costumbre…- murmuró el azabache, mientras la acurrucaba contra su pecho. La peli rosa sólo soltó una risita que llenó los oídos del muchacho.

Ese día estaba menos nublado, por lo que hacía mucho calor. Aun así, ellos supieron darse más calor del que ya les entregaba el ambiente cálido de la isla.

-Deberíamos volver…- mencionó él con tranquilidad.

Ella lanzó un quejido, y él sonrió de costado.

Se vistieron sin apuro alguno, y se empeñaron en volver con tranquilidad a la cueva.

-Naruto y Hinata están raros desde ayer…- mencionó ella, mientras le daba una mordida a la manzana que llevaba en la mano. –Naruto no me quiso decir nada al respecto…

-Hmp. De seguro él metió la pata.

-¿Por qué lo dices?

-Hinata ni siquiera le habla…- comentó Sasuke mientras también le daba una probada a aquella rojiza fruta. –Eso es demasiado raro, teniendo en cuenta que ella es la que más se preocupa por él.

-Ahora que lo dices, ella me dijo que quería recoger las frutas contigo esta mañana…- mencionó ella con el rostro lleno de curiosidad. –Me pregunto qué habrá sucedido entre esos dos ayer cuando vinimos en busca de las manzanas…

-Quizás es algo que no nos incumbe. Lo más seguro es que se hayan peleado bien grande mientras no estábamos…- lanzó un suspiro. –Por eso hoy Hinata salió de la cueva al ver que Naruto se recostaba para descansar, antes de que viniéramos.

-Sí, yo también me di cuenta…- ella mordió sus uñas, lo hacía cada vez que pensaba con detenimiento. Ya estaban cerca de la cueva cuando algo se le ocurrió. –Quizás, uno de ellos quería del otro algo que no estaba dispuesto a dar…

-¿Te refieres al sexo?

-¡No lo digas así!- ella se enrojeció cual una adolescente al hablar de ello. –Es sólo una suposición… Además, tienes razón, eso no nos incumbe…

-Como sea, allá está Hinata…- comentó el actor de cine al ver a la ojiperla pasearse por los alrededores de la cueva, justo frente al mar, con la cabeza gacha. –Y no se ve muy animada…

-¡Hinata!- gritó la peli rosa, acercándose a la chica con prisa. La aludida la observó con una sonrisa, un tanto falsa, pero tierna.

-Sakura-san…

-¿Qué es lo que sucede con Naruto?- indagó directamente la de ojos jade, pero sin dejar de sonreír.

La peliazul observó el mar con indiferencia. La cantante frunció el ceño al no recibir respuesta. El azabache ingresó a la cueva en busca de Naruto. Tal vez a él fuera más fácil de quitarle información.

-Hinata, sé que tal vez no somos muy amigas, ni nos conocemos de hace mucho tiempo, pero ya llevamos muchos días aquí, y hemos compartido muchas cosas…- la aludida ni se inmutó. –Vamos, Hina. Puedes confiar en mí. Cuéntame lo que sucede.

La ojiperla seguía con la vista fija en el paisaje, y la peli rosa en el rostro de la primera.

Hinata abrió los ojos enormemente de manera repentina, descolocando a la Haruno.

-No tengas vergüenza, somos amigas…- la ojijade seguía hablando de manera continuada.

-Sakura-san, ¿qué es eso?- habló de pronto la otra, señalándole algo en el horizonte. La cantante de inmediato siguió el dedo de la Hyuga con la vista. Abrió los ojos por la sorpresa, en cuanto creyó que lo que veía era verdad. Quiso asegurarse.

-¿Eso es una embarcación?- inquirió nerviosa. La ojiperla asintió.

-¡Viene hacia aquí!

Viendo que se encontraba a pocos metros de la isla, comenzaron a hacer señas, saltar, gritar, e intentar llamar la atención de quien fuera que ocupara aquel enorme vehículo marino.

Al escuchar el barullo ocasionado por las chicas, Naruto y Sasuke salieron de la cueva apresuradamente, y no creían lo que veían.

Una vez llegados a la isla, dos fornidos hombres bajaron de aquel enorme barco, al parecer, utilizado por alguna empresa de comercios. El hombre de cabello y barba negra se acercó a los jóvenes con prisa, y los observó con sorpresa.

-¿Ustedes son sobrevivientes del hundimiento del barco la semana pasada?- la voz del hombre era gruesa y demandante. Aun así, transmitió preocupación.

-Así es…- Sasuke fue el único que pudo responder. Los demás estaban mudos de la sorpresa.

-Los sacaremos de aquí…

.

.

.


Lo dejo hasta aquí!

¿Qué les pareció?

Discúlpenme una vez más por la enorme tardanza, prometo actualizar más pronto.
Sólo queda dos capítulos! (Sí, desde un principio el fic sería corto :/ ) No lo abandonen please!

Mil gracias por su lectura, reviews, favoritos y alertas! Hasta pronto! .

En el próximo capítulo:

-¿Eres idiota o qué, Naruto? !Ella te quiere! La edad nunca importó...

...

-SA-SU-KE! Te extrañé tanto!

-Karin, suéltame...

...

-Me caso, Sasuke... Lo haré por mi familia. Sasori es mi destino.

¿Reviews?