Capitulo III La libreria

Conforme se despertaba al día siguiente, Shadow se sentía consternada por el sueño que había tenido la noche anterior, aun así olvido rápidamente el sentimiento.

Dentro de su plan para ese día tenía contemplado buscar un empleo cerca de la localidad puesto que sus provisiones se acababan a la par de las actividades que realizaba, así Shadow se paseó por el centro del pequeño pueblo en busca de alguna oportunidad.

Tal fue su sorpresa al ver que la plaza principal estaba desierta y los negocios locales no tenían la intención de ocupar a alguna otra persona.

Shadow decepcionada se sentó en una banca a las orillas de la plaza disfrutando de la sobra y la brisa que hacia aviso a la entrada del invierno cuando de un momento a otro el joven misterioso se colocó a lado de la joven y con un tono muy propio del sujeto argumento:

-Deberías preguntar si hay una oportunidad en la vieja librería, apuesto a que te encontraran utilidad.

Después del rápido comentario del joven, Shadow contesto con sarcasmo:

-Acaso es tan evidente que busco trabajo, apuesto a que me seguías.

Con esas palabras el joven contesta en tono sínico.

-Tu vida es más aburrida que la mía, por cierto me llamo Daemon.

(Con un gesto rápido, el joven se levantó y se esfumo lo más rápido posible).

Ella se dispuso a seguir el consejo de Daemon incursionando hacia la librería a uno de los costados de la plaza.

El lugar parecía lúgubre puesto que el tiempo y el clima habían hecho lo suyo sobre la fachada del lugar, tímidamente la joven entro haciendo sonar una vieja campana colocada arriba de la puerta, dentro se encontró con un lugar muy grande con aproximadamente nueve estanterías que se extendían a lo largo y a lo ancho.

Dicho sitio parecía estar solo, puesto que cuando Shadow se acercó al mostrador no había nadie, toco la campanilla del aparador dos veces esperando respuesta pero el silencio siguió, la joven volvió a insistir con las mismas dos tonadas de la campana. Cuando de repente se oyó una voz avejentada que rebotaba por el lugar y puesto que había eco no se podía distinguir su procedencia.

La extraña voz volvió a resonar esta vez más cerca mientras se desvelaba la silueta por detrás de una cortina que cubría un cuarto detrás del mostrador, era una anciana de aspecto demacrado y tétrico equiparable solamente al aspecto del enterrador, la avejentada señora diviso perfectamente a Shadow y con actitud inexpresiva le dijo:

-¿Buscaba algo señorita?

Con la sorpresa de su imagen, la joven se quedó impresionada al grado de fallar articulando sus palabras:

-Bueno, alguien me dijo que preguntara por una oportunidad de trabajo por aquí pero creo que está muy ocupada.

La joven se volteó lo más rápido posible y se disponía a irse cuando la anciana le interrumpió:

-Necesitamos mucha ayuda, Shadow.

Con un escalofrío que le recorría la espalda apenas pudo cuestionar:

¿Cómo sabe mi nombre?

Puesto que la cara de Shadow era más bien de espanto la anciana replicó en tono burlón:

-Puedo leer mentes.

-Podrás empezar mañana mismo, tienes que llegar antes de la primera luz de día.

Con lo que le molestaba a Shadow levantarse temprano replicaba en su mente una y otra vez, sin embargo en ese momento solo pudo articular una frase antes de salir corriendo de ahí:

-Si

Avanzados unos kilómetros y próxima a llegar a su casa, no podía sacar de su mente el horroroso estado con que se le presentaba la pobre anciana, aunado al lugar tétrico y descuidado no le hacía menor honor a ese sentimiento y con todas las interrogantes que tenia se le unía la más común de todas: ¿Por qué sabia mi nombre?

Aun con la cabeza confusa Shadow no podía decidir su asistencia del día siguiente, puesto que si en ese momento era de día y le consterno, ahora faltando minutos para el amanecer se iba a morir de un infarto.

Por fin llego a su casa y se puso en un atuendo cómodo, no pasaban de las seis treinta y Shadow se encontraba más aburrida que de costumbre, el poblado era de lo más apacible, con esta ansiedad acumulada miro por la ventana de su habitación esperando encontrar algo, tal fue su sorpresa al divisar a la agente de bienes raíces hablando con un sujeto en un deportivo, parecía como si estuvieran quedando en una cita. Pero al cabo de unos minutos tomaron caminos distintos, al igual que la plaza principal todo parecía desolado y monótono.

Conforme pegaba la brisa congelante de la noche, aquel viento amenazante de las vísperas de invierno, Shadow se despertó, su piel blanca brillaba bajo el efecto de la luz de la luna, rápidamente se dirigió hacia la ventana, que por el viento hacia volar las cortinas de color azul, la tranquilidad de la noche aunada a la ornamentada callejuela provoco que Shadow se quedara admirando el ambiente provocando nostalgia en su mirar.

Pasaban de las cuatro treinta cuando empezaba a alistarse para acudir a su compromiso en la vieja librería, ya que tenía la necesidad de conseguir el empleo.

Aun tambaleante se dirigió al cuarto de baño y tomo una ducha, después tomo el abrigo más grueso que pudo encontrar en su closet y determinada salió hacia su destino.

Después de una hora y media de camino, por fin arribaba a la plaza central y con su camino se mostraban los primeros rayos del sol de invierno.

Se dirigió hacia el fondo de la plaza doblando hacia la derecha como lo hizo por primera vez y después de divisar el lugar, entro por la descuidada puerta cristalina, delante del mostrador se encontraba la anciana y sin algún tipo de gesto ordeno:

-La primera tarea del día consiste en acomodar la mercancía de entrada.

(Señalándole la puerta del mostrador)

La joven asintió sin demora atravesando la puerta y bajando las escaleras, hasta lo que parecía ser la bodega del lugar.

A simple vista el lugar no se podía divisar claramente puesto que carecía de iluminación, pero por un perspicaz análisis no podía medir más de cien metros cuadrados, lo único que se podía divisar con certeza era la lámpara de propano que se ubicaba al fondo del mismo. Apenas se podía divisar el suelo donde pisaba la joven, pero eso no evito que cumpliera su tarea.

Se adentró cautelosamente al cuatro siguiendo la única fuente de luz del lugar, cuando llego al final giro ligeramente tratando de divisar el paquete, a su derecha se encontraba una caja de no más de un metro de anchura por la mitad de altura sin etiqueta, cargo el pesado objeto con las dos manos y arqueo su espalda que por la dimensión pensó de manera sarcástica que lo que contenía no podía ser solo libros, camino indiscriminadamente hacia las escaleras hasta que tropezó con un pedazo de baldosa haciendo desplazar al objeto y a Shadow consigo por lo menos unos metros.

La joven se levantó adolorida, sobándose la espalda y no estaba exagerando puesto que realmente había sido un golpe bastante duro.

Al fijarse de nuevo por el sitio pudo ver una estantería maltrecha a un costado del lugar, que con una curiosidad casi inhumana se atrevió a examinar, habían una serie de objetos antiguos perfectamente acomodados en cada compartimento entre estos se encontraba un hermoso collar con un dije situado en el tercer nivel de la estantería, la joya estaba detallada con unas escrituras alrededor de la cubierta dorada del dije, Shadow tomo la alhaja y la examino más de cerca, abrió el pequeño azabache del collar para encontrar una foto vieja en él.

La dama que se presentaba en él, mostraba una sonrisa tímida, sus rasgos faciales y lo que se podía apreciar parecía el vivo retrato de la joven.

Por su mente pasaban miles y diversos pensamientos acerca de esa foto, sin embargo al escuchar un pequeño chasquido al fondo del lugar dejo el colgante en su lugar.

La anciana encendía un cigarrillo, y el chasquido era desprendido por el encendedor.

(Mientras la anciana despedía el humo de la boca)

Mencionaba la anciana:

-Eres igual a ella, su carácter resulta muy similar incluso.

De manera inmediata e incluso con una expresión ansiosa, la joven interrogo:

-¿Quién era ella?

La viejita respondió en tono divertido:

-El momento de que lo sepas se acerca pero, tendrás que preguntárselo a la persona indicada.

Después de eso la anciana subió las escaleras y durante el resto del día no menciono ni una silaba de lo ocurrido.

En los pensamientos de la joven resonaba la respuesta de la avejentada señora y el nombre del joven misterioso adjunto.

Pasaban de las tres y media de la tarde cuando la anciana pidió que Shadow se retirase, así, la chica se fue caminando lentamente hacia casa con la ilusión de encontrarse a Daemon, pero fue en vano.