EN EL FUTURO

By: Lavi*


Bien. Debido a mi retraso anterior en la actualización, les traigo el capítulo cuatro más pronto. Trataré de subir el cinco antes del miercoles. Gracias por seguir leyendo y por sus comentarios. Si surge cualquier duda respecto a la historia, haganmelo saber y les responderé aquí. Reitero, si notan algun parecido con otra historia en la página, avisadme y de inmediato la retiro. Este capítulo es más corto, pero así estaba planeado desde antes así que lo deje igual, el siguiente será aproximadamente del mismo tanto que los tres primeros. Me disuclpo por cualquier error que pudieran toparse abajo.

KHR y todo lo relacionado con él son propiedad de Amano y yo sólo gano diversión al escribir esto.


Capítulo 4: De Misión I

Cinco días después, Namimori, Japón (Base Vongola)

Ryohei dio otra vuelta contrariado mientras rebuscaba en sus bolsillos ¿Dónde rayos la había dejado?

_Hermano_.

_Kyoko, ¿Qué sucede?_ La chica le miró preocupada. Hacía rato que observaba a su hermano mayor dar vueltas por la base, en silencio y distraído.

_¿Ha pasado algo malo?_ El boxeador se sorprendió un poco pero de inmediato le sonrió negando con la cabeza _Entonces ¿Por qué se han ido Tsu-kun y los demás?, ¿por qué nos han pedido a Haru y a mi que nos quedemos en la base?_.

_Ellos han salido a encargarse de un asunto y se los pedimos por que, ahora que sólo me he quedado yo aquí, ¡es más fácil protegerlas al extremo!_ Sisguió hurgando en sus ropas _No debes preocuparte_.

_No tiene dada que ver con algo como lo que paso en el futuro ¿verdad?_ La chica sabía que ellos habían ganado, pero esa experiencia no quería repetirla y, además, le preocupaba que sucediera algo igual ahora. Pudo notar al chico tensarse unos segundos y eso la altero más al no recibir respuesta _¡Hermano!_.

_No, Kyoko, esa batalla la ganamos hace años, ahora se trata de un asunto meramente "político"_ Y eso no era del todo mentira.

_Esta bien, confiaré en ti_ Suspiró _¿Has hablado con ella?_ Cambió totalmente el tema provocando un sonrojo en el Guardián.

_¿Eh?...Yo…_ Se revolvió el cabello nervioso _No_ Dijo al fin _No me he atrevido aún a decir nada_ Bajó la vista abatido.

Su hermana era la única que conocía de su vergonzoso secreto. Nadie lo sospechaba siquiera, pero es que desde aquel viaje al futuro cinco años atrás su vida había dado un brutal giro de prioridades. Se había fijado la meta de olvidarlo y de ser posible evitar que aquello pasara, pero cuando los días fueron acabando uno a uno se dio cuenta que no era tan malo. Ahora, cinco años después, estaba trastornado con la idea y el sentimiento.

Kyoko lo había notado y preocupada se había acercado a preguntarle íntimamente acerca de su problema. Luego de una lucha de persistencia, el Sol terminó confesando sus verdades y pidiendo consejo a su hermana menor. Después de todo, las chicas siempre saben más acerca de esas cosas ¿No?

_Deberías_ Finalizó la chica _O podría ser muy tarde después_ Le palmeó cariñosamente el brazo y el mayor asintió acariciando tiernamente la cabellera, ahora mas larga, de su querida hermanita.

_Lo haré, en cuanto tenga la oportunidad_ Se convenció.

_¿Buscabas algo hermano?_ Recordó, por la actitud anterior del boxeador.

_¿Eh?_ Parpadeó confundido y entonces recordó con terror que no encontraba su valiosa Caja de Armas Vongola _Mi caja de arma, no logro encontrarla_ Comentó con urgencia esperando la castaña la hubiese visto.

Kyoko hizo un gesto pensativo y entonces recordó haberla visto.

_Vi a Lambo-chan en el comedor, jugando con dos cajas de colores_ Sonrió encantadoramente y Ryohei palideció.

Cuidar a Lambo ya no era tan difícil como antes. Ahora a los únicos que el niño vaca escuchaba y (más o menos) obedecía eran Kyoko, Haru, el mismo Tsuna e, increíblemente, Hibari.

_Gracias_ Le sonrió y salió corriendo rumbo a la cocina buscando al revoltoso Guardián del Trueno.

Kyoko suspiró viéndolo alejarse. Su hermano había cambiado. Todos lo habían hecho, incluso ella. Se recargó en la pared; deseaba hablar con Tsuna de algo importante.

Hacía ya un tiempo que el castaño se había vuelto su mejor amigo y aunque ya le tenía un cariño especial antes, su relación y la confianza entre ambos había crecido mucho.

Fue muy bizarra la forma en que las cosas entre ambos cambiaron. Había sucedido en un cumpleaños, el numero dieciocho del Tsuna precisamente. Ambos charlaban y entre la plática, comentarios casuales y el roce de sus manos al tomar un vaso con soda, ambos se habían besado.

Al separarse se habían mirado por largo rato antes de que la chica, totalmente sonrojada se disculpara por la acción.

_Lo siento Kyoko-chan_ Había dicho el capo ruborizado como respuesta _Toda mi vida había querido besarte, pero ahora que lo hice, no sentí lo que esperaba_.

Un minuto de silencio había reinado entre ambos y luego la chica había soltado una risa cristalina.

_Creo que ambos hicimos realidad nuestro sueño de juventud_ Confesó _Pero he de aceptar que tampoco sentí "magia"_.

Luego de la sorpresa inicial ambos habían reído tontamente, felices de haberse quitado un peso de encima y haber aclarado sus sentimientos.

Kyoko vivía feliz sin necesidad de estar enamorada, disfrutando con sus amigos y familia. Se deprimía un poco al observar a su querida amiga Haru sufrir por el ex beisbolista. La realidad era que Kyoko se había dado cuenta desde que regresaran del futuro que ambos guardianes se miraban de una forma especial.

Habría deseado hacerle ver eso a su amiga, pero no sabía si resultaría más doloroso para ella. Al final, las cosas se habían dado de esa manera, los chicos manteniendo una relación y Haru siendo rechazada.

A ella no le molestaba lo que ellos tenían, los veía felices y eso le bastaba puesto que los quería a todos como a una verdadera familia. Y aunque ellos creían tener su relación en secreto era más que obvio que todos en la base –y fuera de ella- sabían que eran pareja.

Lo sentía por su amiga, pero era feliz por ellos, al igual que lo era por su hermano, por Hibari-san –sonreía al pensar en ello- y por como lo sería en cuanto Tsu-kun y los demás encontraran al amor de su vida, incluida ella misma.

_¡Kyoko-chan!_ Miura llegó corriendo por el pasillo agitada y colocó las manos sobre sus rodillas aspirando aire _Lambo-chan no me hace caso y creo que…_ Más no pudo terminar la frase pues un ligero temblor y el sonido de una explosión la interrumpieron.

Ambas se miraron inquietas y corrieron de vuelta en dirección al comedor.

_¡Hermano!_ Gritó la menor Sasagawa entre preocupada y divertida al verlo todo chamuscado en el suelo.

Lambo reia estruendosamente sentado en el borde de la mesa y diciendo incoherencias. Gran parte de la habitación se encontraba destrozada.

_¡Lambo!_ Gritó molesto Ryohei _¡Sabes que Sawada prohibió usar las armas de caja a menos que fuera una emergencia!_.

_¡No me importa! ¡Lambo-san puede hacer lo que él quiera!_.

_Lambo-chan, mi hermano tiene razón, no deberías ser tan irresponsable_ Argumentó Kyoko.

El aludido torció el morro en un gesto que después se convirtió en un puchero y asintió débilmente arrojándole enojado la amarilla caja al boxeador.

_¡Lambo!_ Recriminó el mismo en cuanto la caja se estrelló contra su frente. El niño vaca le enseñó la lengua y guardando su verde caja entre su cabello (ahora mas corto) salió corriendo de la habitación, seguramente en busca de I-pin quien desde hacía rato se encontraba en su habitación.

Los tres adultos suspiraron. Ahora vendrían las explicaciones a Giannini, la limpieza y tratar de que eso no se repitiera. En esos momentos, Ryohei deseó haberse ido en lugar de Gokudera.


Rumbo al castillo Varia, Italia.

El vuelo había sido estresante, se sentía ya paranoico (más de lo normal) y lo peor de todo eso era el destino de su travesía ¿Por qué le tocaba eso, precisamente a él?

Ya tenía suficiente con lidiar con idiotas todos los días, como para ahora, ser enviado a la madriguera de más idiotas descerebrados y tener, para colmo, que viajar todo el trayecto de Japón a Italia con el idiota más idiota de los idiotas sentado al lado.

_Es un poco frustrante, recién hace poco viaje a Japón y ahora de regreso, es tedioso ¿No lo crees Kyôya?_ Tedioso le iba a resultar respirar al capo Cavallone si no cerraba la boca.

Hibari se propuso –como medida de seguridad- poner a dormir al rubio a base de ostias. Estaba realmente molesto de encargarse de la defensa y diplomacia, y bla bla demás situaciones aparte, puesto que él hubiera adorado ir en primera línea de batalla.

_¿Estás enojado Kyôya?_ Preguntó inocentemente el rubio mientras intentaba abrir un paquete, esta vez, de gomitas de sabores.

Kyôya esto, Kyôya lo otro. Sintió su cuerpo tensarse ante la sola respiración del chico a su lado y eso le puso –si eso era posible– aún de más mala leche. Algunos asientos atrás Kusakabe y Romario no sabían si reír o llorar debido a la escena.

Hibari trataba de pensar positivo. Imaginando la peor masacre con él como autor, recordándose mentalmente que estaba en el asiento junto al rubio por la "magia" que usaba y no porque no se había podido resistir a la mirada de perro desolado bajo la lluvia que el Cavallone le había puesto apenas abordar el jet.

_¿Kyôya?_ El aludido suspiró casi imperceptiblemente, ignorando por completo al otro, o al menos, eso pretendía, puesto que cuando cerraba los ojos en busca de paz mental, una docena de panditas de colores le rebotaron en el rostro.

Antes de que Dino pudiese disculparse, las tonfas –temibles- se impactaron contra su estomago y barbilla dejándole K.O. Romario estalló en carcajadas consciente que, de tantos golpes recibidos por la misma mano, el rubio ya era inmune y no moriría tan fácil.

_Kyo-san_ Suspiró ya acostumbrado Tetsuya y sintiéndose algo mal por el capo.

Hibari se reclinó en el asiento, descansando hasta llegar a su destino y ahora si relajado, más aún porque desde su posición podía revolver entre sus dedos los rubios cabellos del inconsciente chico que descansaba la cabeza en su regazo.


Tsuna miró por la ventanilla del avión inquieto. A su derecha dormía cómodamente Chrome y un par de asientos más adelante Reborn y Bianchi descansaban en medio de un juego de miradas cómplices que le dieron escalofríos.

Estaba algo preocupado. Sabía que ahora el chico de cabellos blancos que tanto terror les causara en el futuro –pasado- ya no podía hacer de las suyas, pero al volver del futuro y, más concretamente, al hacerse cargo de la familia, se había propuesto mantenerlo vigilado y alejado de todo aquello que pudiese relacionarlo con la mafia; sin embargo, no habían podido localizarlo en su época.

La situación era, que por fin desde hacía cinco años, Byakuran había aparecido de nuevo, al parecer, siendo blanco de los Specchio que desde su formación tantos problemas les habían causado. La prueba estaba en que, en la carta enviada, el nombre del chico figuraba dentro de la lista de civiles bajo la vigilancia de esa familia.

Era muy cierto que sólo ellos conocían de los poderes de Byakuran, razón por la cual no le preocupaba que este mismo usara sus poderes nuevamente para sus fines maléficos, sobre todo desde que al eliminarlo en el futuro automáticamente se había aniquilado la amenaza para su presente. Pero, desde que la alianza Specchio había aparecido y sobre todo, desde que el chico se hallaba entre sus blancos, tenía un mal presentimiento.

Y debido a que anteriormente esta nueva familia estaba causando problemas en territorio Vongola, los altos mandos había decidido poner fin a todo aniquilando a la nueva alianza con un ataque directo.

Se había convocado una junta con líderes de las familias aliadas a los Vongola para organizar refuerzos en caso de ser necesario. Desafortunadamente –o no- se había implementado el combate con armas de caja entre la mafia global (logrando Verde su objetivo) y aunque los Specchio no parecían demasiado fuertes, eran algo numerosos.

Algo muy parecido a una molesta piedra en el zapato.

_Rayos…_ Suspiró sonoramente y sintió a la chica a su costado removerse en sueños. Una sonrisa se dibujo en sus labios.

Pocas habían sido las ocasiones en que Tsuna había compartido sueños con la chica, generalmente sólo sucedía en situaciones importantes, pero sabía con certeza que esos sueños compartidos eran obra de su Guardián de la Niebla verdadero.

Parpadeó ante el pensamiento. La realidad era que no sabía muy bien cuál de los dos era el verdadero Guardián. Un escalofrío le recorrió la espina dorsal en cuanto se dibujo en su mente la imagen de Mukuro, y en ese mismo instante decidió que era afortunado de tener a Nagi en lugar del Kokuyô.

_Mukuro-sama…_ Susurró la mencionada entre sueños frunciendo el entrecejo y el capo la miró fijamente.

Era obvio que era una chica y por ende sus facciones eran más delicadas, pero su rostro le recordaba tanto al ilusionista que no puedo evitar sonreír contrariado.

Mukuro era de esas personas –pocas en realidad- que le provocaban sentimientos por demás contradictorios. Le causaba admiración la forma en la que había soportado tantos años encerrado y aun así se mantenía fuerte y orgulloso. De igual forma, admiraba la forma en la que protegía a Chrome por sobre todo. A veces le provocaba confianza absoluta y muchas otras Tsuna deseo realmente asesinarlo.

Rokudo era una persona compleja, pero de alguna manera, Tsuna supo que sin él dentro de su mundo, su vida se sentiría incompleta. Pensar en el chico le hizo recordar el episodio vivido recientemente. "Gracias" le había dicho, pero no comprendía del todo por qué.

Cuando Mukuro pudo escapar de Vindice fue por Tsuna que lo encerraron de nuevo. Y por culpa de Tsuna también fue que se vio inmiscuido –tanto él como Chrome- en todas esas fieras batallas que le concernían al Vongola. Ni siquiera en el futuro al que habían viajado había sido el castaño quien le ayudase a liberarse de la prisión.

Lo único que Tsuna había hecho era cuidar de Chrome, pero eso no contaba así que ¿Por qué darle las gracias cuando no le debía nada a él?

Un pinchazo en la conciencia y en algún lugar incierto de sus sentimientos lo hicieron sentirse miserable. Deseó desde el fondo de su corazón hacer algo por su Guardián. Miró de nuevo por la ventanilla y vislumbró un cúmulo de nubes chocando contra la nave.

Pensó divertido en la cara que seguramente tendría su Guardián Nube, pero casi de inmediato se puso pálido preocupado por la vida de Dino. "Me niego" había dicho el moreno en cuanto le diera las indicaciones de su misión, más, luego de un exhaustivo discurso por parte de Tsuna y alguna que otra intromisión de Reborn, había aceptado a regañadientes. El castaño sabía que no le esperaba un gran recibimiento la próxima vez que se encontraran.

Quizá no había sido muy buena idea eso de juntar a Hibari y Xanxus.

Chrome se acurrucó más a su lado y al instante sus pensamientos se dirigieron de nuevo a aquel par de azulados cabellos. En cuanto tuviera la oportunidad hablaría con el consejo para…

_¡Reborn!_ Gritó al realizarlo.

El mencionado giró el rostro mirándole curioso mientras Bianchi se levantaba mirando por encima del asiento. Chrome pegó un bote asustada debido al grito.

_¿Qué quieres, Tsuna idiota?_ Preguntó el niño.

El capo se lo pensó de nuevo, alzando una ceja en molestia por el apelativo –pero ya acostumbrado a ello-, y se dio cuenta que sudaba. Sabía que sería algo duro y fuertemente apelado, pero era lo único a su alcance; así que tomó aire llenando sus pulmones y firme, como el capo que –se supone- era, decretó:

_Quiero proponer la liberación de Rokudo Mukuro de la prisión de Vindice_.


Continúa...


Si llegaste hasta quí te felicito y agradezco.