Disclaimer: Esta es una adaptación. La novela original le pertenece a Sarah Mayberry. Y los personajes a Hiro Mashima.
Capítulo 4
Lucy se quitó el corsé especial que siempre llevaba puesto y, después de tirar la prenda sobre la cama, alargó la mano para tomar el frasco de aceite de rosa mosqueta. El líquido estaba frío y lo calentó un momento entre las manos antes de untarlo sobre la piel enrojecida de su torso. Apretó los dedos sobre las cicatrices, masajeándolas.
Su mirada se volvió distante mientras se concentraba en esa rutina diaria. Una hora de masaje en el pecho y luego otra hora en el brazo y, por fin, una hora en la cara. Si le dolían las manos para entonces, su madre solía ayudarla. El masaje sobre el tejido cicatrizado ayudaba a aumentar el flujo sanguíneo, evitando que se volviera rígido. Entre eso, la máscara de silicona y el corsé que llevaba veintitrés horas al día, estaba haciendo todo lo que le habían indicado los médicos.
Pero nunca sería suficiente. Nunca volvería a ser la misma persona de antes. Lucy se miró en el espejo de la habitación. La máscara transparente que llevaba en la cara brillaba a la luz de la lámpara, pero enseguida volvió la mirada hacia la ventana, concentrándose en el cielo azul sobre su cabeza. No quería pensar en todo lo que debería o podría haber sido. Aquel día no. Como ninguna operación más podría borrar las cicatrices por completo, pensar en el pasado no servía de nada. Aquella era su vida ahora. De modo que se concentró en el día que la esperaba.
Cuando terminara con el masaje se daría una ducha, se vestiría e iría a la cafetería a desayunar. Se preguntó qué problemas tendría que resolver Mirajane aquel día. Sus favoritas eran las cartas a las chicas que estaban a punto de casarse; Mirajane tenía fama de ser dura y exigente con las futuras novias y eso la hacía sonreír. Saber de los problemas de otras personas, de sus dificultades y sus pecadillos hacía que los suyos no le pareciesen tan terribles. La hacían sentir parte del mundo en lugar de apartada de él.
Cuando oyó un golpecito en la puerta de su dormitorio, Lucy se cubrió instintivamente con una bata. Una tontería, ya que sus padres veían a menudo sus cicatrices. Pero no podía evitarlo.
–Pasa.
La puerta se abrió y su padre asomó la cabeza en la habitación.
–¿Cómo va todo, cariño? –le preguntó, con una tierna sonrisa.
–Bien, estoy con lo mío –respondió Lucy, señalando el frasco de aceite. Su padre asintió con la cabeza.
–Tu madre y yo estábamos pensando ir al cine esta tarde. ¿Quieres venir?
–Gracias, pero merecéis estar solos un rato. Iré otro día –Lucy tuvo que hacer un esfuerzo para que su voz sonara normal, despreocupada. Su padre vaciló un momento antes de asentir con la cabeza.
–Muy bien. Pero si cambias de opinión, dínoslo.
–Lo haré. Lucy esperó hasta que cerró la puerta para seguir con el masaje.
Debería haberle dicho que sí porque sabía que eso los haría felices. Y sería bueno para ella salir de nuevo, hacer algo normal. Necesitaba animarse, hacer un esfuerzo. Después de todo, habían pasado dos años. Y el psicólogo le había dicho que aunque aún no pudiese imaginar una nueva vida, había una esperándola.
Cuando estuviera preparada para ello.
Lucy miró hacia la ventana de nuevo, distraída con el ritmo del masaje. Sólo veinte minutos más y podría cambiar de mano y empezar con el brazo.
He aquí los capítulos de hoy. Espero los disfruten tanto como yo.
¿Que tal unos reviews?
Nos leemos mañana. Muchos cariños a todos.
