¡Hola!
Sé que muchos deben odiarme, pero tengo una muy buena excusa. Bueno, para empezar los sucesos del capítulo 631, 632 y el reciente 633 me dejaron como totalmente DESCOLOCADA, es decir, me sentía fuera de lugar publicando algo que estaba lejos de la realidad que se daba en el manga actual. Sasuke diciendo que será hokage... haciéndose bueno... aunque el último capi. dio bastante que pensar (se puede predecir un momento sasusaku, eh?) pero en fin. Eso me dejó un poco WTF respecto a la escritura y no soy la única! Varias chicas me dijeron que les pasó lo mismo xD
Pero la real excusa es la siguiente: No tuve internet por más de dos semanas. Sí, así como leen. ¿Por qué? Bueno, uso modem limitado, y eso me cagó la existencia básicamente xD Pero creo que no volverá a pasar. El servicio andaba mal, y no me recargaban. Anduve con el celular todo este tiempo. Fue horrible xD
¡En finnn! Los dejo de torturar con mis porquerías... espero que este capítulo les guste mucho. Y aclaro una última cosa: Yo hasta terminar un fic, no paro de publicar.
El desertor olvidado, parte II. Capítulo III.
Habían pasado meses. Ya rondaba los 8 meses.
Sakura procuró levantarse con cuidado de la silla. Se acarició con ternura el vientre y dejó sobre la mesa la caja que estaba llenando con la vajilla de porcelana. Ya había empacado casi todo.
Caminó lentamente y con un poco de pereza al baño, sentía que la vejiga iba a explotarle en cualquier momento
Suspiró un poco cansada, ahora le daba sueño bastante seguido. Se sentía pesada, los pies hinchados, una bomba a punto de estallar. La espalda cada vez la mataba más, y sus piernas caminaban cada vez con más espacio entre ellas. Era invierno, pero procuraba quitarse el abrigo bastante seguido porque el calor la sucumbía de inmediato.
Era pesado, era molesto. Había visto tantas mujeres embarazadas, había tratado tantos partos. Sabía los síntomas de memoria, conocía cada etapa de la gestación. Había estudiado con su gran y, difunta ya, maestra Tsunade todo lo referido al sistema reproductivo, toda la anatomía humana… pero los libros no explicaban esto. No había manera de describirlo.
Todo era el doble de tedioso, hasta las cosas más sencillas como ir al baño. Pero también estaba lo otro…
—¿Estás durmiendo tranquilo ahí dentro, bebé? —preguntó con una sonrisa enternecedora mirándose el vientre, saliendo del baño ya.
Estar embarazada era una de las sensaciones más hermosas y únicas que jamás hubiese podido experimentar. Sentía vida dentro suyo. Sentía sus caricias, sus movimientos. Era de ella, ella lo había creado.
Caminó hacia la habitación, todavía le quedaba guardar algunos libros. Ya casi no había nada en la casa, porque iba a volver a mudarse, esta vez a una más grande, alejada de la aldea, cerca de las afueras para tener tranquilidad cuando su hijo naciera.
Después de la muerte de sus padres se había mudado a una casa más pequeña porque estaba sola, totalmente sola. Pero quería que su hijo tuviese espacio para jugar, para crecer. Su propia habitación, su mascota en un patio donde soltarla. La casa de sus padres le traía demasiados recuerdos, y ella lo que quería era empezar de cero.
…Basta de tortura.
Se sentó sobre la cama, todavía no habían llevado el colchón a la otra casa. Había algunos libros suyos de medicina, otros de cuando ni siquiera era gennin, todos desparramados sobre la cama.
Tomó una caja vacía y comenzó a meterlos adentro, uno por uno. Mientras lo hacía notó que desde dentro de uno de ellos se deslizaba una fotografía. La sacó, para contemplarla.
Se quedó inmóvil mientras la observaba. Era una foto del equipo siete, una que les habían sacado en el transcurso de alguna misión. Todos sonreían y estaban tan felices…
Una sensación opresiva le sucumbió en el medio del pecho, porque sus ojos se detuvieron en la imagen de Sasuke. El Sasuke de doce años que alguna vez conoció, y que la había embarazado meses antes.
Una bola de recuerdos le invadió la mente de nuevo. Trataba de no pensar tanto en ello, ya había derramado demasiadas lágrimas tortuosas y angustiantes recordando esa noche una y otra vez, repasando cada detalle en su cabeza, asesinándose a sí misma, tratando de entenderlo todo. Y, por más que trataba de creer que lo había hecho por su bien, no podía creer que hubiesen hecho el amor de esa manera y que luego se hubiese ido para dejarle la mente en blanco… sin pensar en las consecuencias. Ella nunca había pretendido que se quedara a su lado, ella misma le había dicho que no esperaba que fuese su príncipe azul.
Pero… ¿era necesaria tanta crueldad? Solía pensar una y otra vez qué hubiese pasado si al otro día hubiese podido recordarlo todo. Quizás ese niño no estaría dentro suyo, quizás hubiese tomado toda precaución posible para evitar el embarazo… y ello sólo le estremecía la piel del terror.
Lo amaba demasiado. Lo adoraba, era su hijo. ¿Era posible amar tanto a alguien que ni siquiera había visto jamás? Pues, lo hacía, como no creía posible hacerlo. Las primeras semanas luego de enterarse todo fue angustia, miedo, soledad por las noches… incertidumbre. ¿Qué iba a pasar? ¿Cómo iba a explicarlo? Pero poco a poco todo fue solucionándose, el inexplicable amor fue invadiéndola de a poco hasta culminar en un invisible e irrompible lazo.
Si seguía de pie luego de recordar aquella noche, era sólo por amor a él, su pequeño. Él le daba fuerzas cuando sentía que no podía más, que no tenía sentido, que nunca iba a estar con el padre de su hijo, que nunca encontraría nadie que la entendiera de verdad.
Lloró muchas noches de bronca o de tristeza, preguntándose por qué demonios aquello le ocurría a ella, por qué su vida era tan complicada… hasta que las lágrimas dejaron de caer, hasta que el amor por su hijo llenó el vacío de Sasuke y le dio el coraje para seguir respirando y viviendo.
Unas pequeñas y sensibles pataditas se sentían desde su interior. Todo pensamiento negativo se disipó de inmediato y una sonrisa se dibujó en su rostro de nuevo.
—Nosotros dos seremos felices juntos, ¿verdad pequeño? —susurró con una lágrima deslizándose de sus ojos.
—¿Quién será feliz aquí? —preguntó repentinamente una reconocible voz viniendo desde el living.
—Naruto… —musitó la pelirrosa al verlo entrar a su cuarto con una sonrisa de oreja a oreja. Ella procuró secarse rápidamente la lágrima para evitar un cuestionario por millonésima vez, pero él ya no era aquel niño estúpido e ingenuo de años atrás. O bueno, no del todo.
—¿Qué te pasa? —le preguntó ni bien entró. Sakura metió la foto velozmente en la caja, pero él la vio.
—¿Melancolía? A veces la siento también, sabes. No hay nada de qué avergonzarse —le dijo con cariño y a la vez inocencia. Ella trató de sonreírle falsamente.
Él no tenía ni idea de nada. La única que sabía la verdad con detalles y certeza era su amiga Ino. Juntas habían inventado una historia inusual y extraña, pero que con esfuerzo lograron hacer convencer a los demás: Se había embarazado de un chico que conoció mientras estaba misionando aquella vez con Ino, y prefirió no decirle nada porque fue algo sólo de una noche. ¿Qué más podían inventar? ¿Inseminación artificial? No había muchas vueltas que darle al asunto… después de todo no hay muchas más maneras de quedar embarazada. De lo único que estaban seguras las dos era de que nadie podía saber de Sasuke. ¿Cómo iba a explicarlo? ¿Quién iba a entenderlo? Además… Sasuke era un hombre perseguido, todos lo sabían. Él podía defenderse solo, pero… sólo de pensar que algunos de esos hombres que lo perseguían por los asesinatos en la guerra del pasado, cuando estaba fuera de sí, pudieran hacerle algo a su hijo en venganza… simplemente la aterrorizaba.
Muchos de sus amigos, e inclusive aldeanos la miraban totalmente absortos por su situación al enterarse. Ella no era así, ella no haría cosas como esas, era muy responsable, todos sabían la cantidad de chicos que había rechazado por pensar en Sasuke. ¿Y de repente se embarazaba?
Pero al fin y al cabo ninguno pudo hallar una explicación lógica al asunto, y tuvieron que aceptarlo contentos porque venía un nuevo ninja al mundo. Sin embargo, al que la historia nunca terminó de cuadrarle era a Naruto. La conocía demasiado bien, y no encontraba explicación a su actuar, pero alguna que otra vez tuvo leves sospechas o desconfianza…
—¿Vienes a ayudarme a cargar las cajas? No era necesario, ya casi no queda nada —le dijo la muchacha intentando evadir cualquier tema peligroso.
—Deja eso, Sakura, tu sabes bien que no puedes levantar esas cajas —le dijo apresurado, sacándosela de las manos. Ella resopló aire resignada.
—Tienes a tu propia esposa e hijos que cuidar, Naruto. Yo puedo arreglármelas perfectamente bien sola, no soy una niña.
—Tener fuerza bruta no te quita lo embarazada. Además Hinata está feliz de que te ayude, ella te aprecia mucho y su padre no se despega de sus nietos —le decía Naruto con una enorme sonrisa. Sus ojos brillaban cada vez que mencionaba a Hinata o a sus bebés.
—Finalmente conseguiste lo que tanto querías, Naruto… estoy muy feliz de que tengas una familia como nunca la pudiste tener —susurró Sakura con una sonrisa tierna mientras se ponía de pie.
Naruto la miró por un instante callado. Luego cerró sus ojos, suspiró tranquilamente y posó su mano libre sobre su hombro. Volvió a abrir los ojos, mirándola fijamente. Ella arqueó ambas cejas algo confundida.
—Tú siempre fuiste mi familia también, Sakura. Y yo voy a cuidarte, nunca vas a estar sola. Ni tú, ni él —finalizó, dirigiendo la mano al vientre, acariciándolo con un amor especial…. Fraternal.
Aquello le dio paz, sintió una serenidad cálida subirle la espalda. No hicieron falta más palabras, los dos fueron caminando a la salida de la casa. Naruto cargaba unas cinco cajas, una encima de la otra.
Estaba por abrir la puerta, cuando una puntada extraña la hizo detenerse. Entrecerró sus ojos, esperando a que pasara. Había sido momentáneo y extraño, un dolor seco y directo. Ya las había tenido esa semana, pero pasaban rápido y con la mudanza no les había dado mayor importancia.
—¿Estás bien? —le preguntó Naruto.
—Si… si, sólo una pequeña contracción —le dijo, a lo que él se alteró un poco.
—¿Contracciones? ¿¡Eso significa que el bebé viene!? —preguntó totalmente asustado, a punto de tirar las cajas. Ella lo calló con una señal de la mano.
—Es normal, además no es mi tiempo todavía, aún queda un mes…
Él la miró un poco preocupado, pero ella sonaba tranquila y ambos salieron de la casa camino a la nueva. Iban caminando por la calle, Naruto hablaba y contaba anécdotas de reuniones entre los kages, pero ella se sentía extraña y no lo escuchaba con atención. Sentía pequeñas puntadas, dolores generales en la espalda.
Al principio eran leves, pero luego eran fuertes, cada vez peores…
—¡Oh por Dios! —gritó de repente en la calle, sacando a Naruto totalmente de sí, deteniéndose e inclinándose levemente y jadeando sudorosa.
—¿¡Qué, qué pasa!? —gritaba él, dejando las cajas en el suelo y tratando de socorrerla. Ella se aferró a brazo, presionándolo con tanta fuerza que casi se lo fractura.
—¡Llévame al jodido hospital! —le pidió o más bien ordenó. Un poco paralizado el Uzumaki se dispuso a cargarla y saltar sobre los edificios lo más rápido que pudo mientras los ciudadanos se quedaban consternados mirando la situación.
Cuando llegaron ni siquiera tuvo que explicar nada, Ino estaba allí y se dio cuenta de que la llegada del bebé era inminente. El pantalón de Sakura estaba mojado, eso significaba que ya había roto bolsa.
La llevaron a una habitación de inmediato, las enfermeras la cambiaron y la colocaron en la cama.
Sakura casi no podía moverse del dolor. Ino le hizo tacto para ver si había dilatado, y efectivamente tenía los centímetros suficientes para comenzar. Todo estaba ocurriendo demasiado rápido, el bebé había decidido adelantarse.
La colocaron en una posición adecuada mientras ella no paraba de gemir e insultar a todo el que veía a su lado.
—¡Traigan la epidural! —gritó Ino al aire. Una enfermera la trajo en menos de tres segundos y se la colocaron.
El dolor se disipó un poco, pero todavía faltaba para que la pesadilla acabara.
—Ok Sakura, sé que habías programado una cesárea, pero esto se precipitó demasiado y sería peligroso… —comenzó a explicarle.
—¡Sólo dime cuando pujar! —gritó Sakura, presionando sus dedos contra la barandilla de hierro de la cama. Llegó a doblarla… las enfermeras la miraban atemorizadas y procuraban mantenerse un poco alejadas.
—Tienes que comenzar ahora, Sakura —le informó.
Sakura hizo caso, pero nunca creyó que costaría tanto. Pujó una vez, dos veces, tres… ya no las contaba.
—Ya puedo ver la cabeza —le decía Ino con una sonrisa— ¡Sigue!
Un último grito ahogado y enorme por parte de la Haruno retumbó en todo el hospital, y luego otro más suave y chillón al mismo tiempo le sucedió.
Las lágrimas de Ino se escapaban de sus ojos sin que se diera cuenta a medida que sacaba el pequeño, cortaba el cordón umbilical y se lo acercaba a su madre.
Sakura no podía pensar en nada. El mundo se había apagado, un alivio en su cuerpo la recorrió por entero, pero al mismo tiempo no le importaba nada más que ese bebé.
—Hermosa criatura… —dijo, llorando con una sonrisa preciosa en el rostro, con el sudor recorriéndole la frente. Lo apoyó contra su pecho y los latidos de su corazón se unieron a los de ella en armonía. Lo miró directo a los ojos y, por un instante muy diminuto, el pequeño los abrió y la miró. La miró como nadie la había mirado antes, y aunque no podía creerlo, sus ojos eran negros… tan oscuros como la noche, y en su mirada creyó verlo a él… a Sasuke, y rompió en llanto más que antes.
Antes de que pudiese seguir cargándolo y viéndolo a los ojos, tuvo que devolverlo en unos segundos porque había nacido un mes antes de lo planeado, había chequeos que hacerle, pero todo estaría bien. Sintió dolor y un vacío enorme sucumbirla cuando lo alejaron de sus brazos y lo sacaron de la habitación en una incubadora.
—Todo está bien ahora —le susurró Ino, acariciándole la cabeza—. Ya no tienes que preocuparte por nada —finalizó, a lo que ella respondió con una comisura sonriente en los labios.
Durmió un rato, se cambió de ropa, las horas pasaban. Habían ido a visitarla todos sus amigos, y todos habían ido a ver al bebé a la sala donde lo tenían. Era precioso, y aunque todos le preguntaban el nombre ella decía que todavía no lo sabía, que lo estaba pensando. Pero era mentira… sí lo sabía.
Por la noche se acercó a la sala una vez más antes de dormir. No podía de parar de pensar en él y en lo mucho que quería abrazarlo todo el tiempo, tenerlo en casa con ella por fin.
Allí, en el pasillo y en la oscuridad, se acercó alguien a su lado. Lo miró de reojo y supo que era nuevamente Naruto.
—¿Cómo vas a llamarlo? ¿Ya lo decidiste? —le preguntó, viendo al bebé igual que ella. Dormía plácidamente.
Ella viró su cabeza a su amigo, le sonrió con placidez, y en un susurro se lo dijo.
—Itachi.
Los ojos de Naruto se abrieron enormes y la miró totalmente shockeado y sorprendido al mismo tiempo.
—¿Por q…? —no pudo terminar, ella le interrumpió con tranquilidad.
—Quiero que lleve el nombre de un héroe… y lo elegí a él.
—Vaya… —dijo Naruto luego de un silencio prolongado.
—¿No vas a decirme nada? ¿No vas a preguntar nada de nuevo…?
Él sonrió de oreja a oreja.
—No, hoy no. ¡Sólo creo que Sasuke estaría muy feliz si lo supiera! —exclamó, dejándola con la boca abierta mirándolo extrañada. Naruto no era un genio, pero sabía configurar extrañas oraciones en doble sentido a veces.
El rubio se fue del lugar luego de acariciarle la cabeza, sin parar de sonreír. Ella le vio la espalda alejándose de a poco sin darse vuelta, pero luego volvió la mirada a su hijo y no pudo evitar olvidar todo y sólo pensar en él, y en la nueva vida que comenzaba.
Una nueva vida junto a él…
…Itachi Haruno.
