¡Buenas noches! Aquí vengo súper rápida para traer el nuevo capítulo de este fic al que le queda poco para llegar a su fin... Como siempre agradezco los favoritos y los seguidores de esta historia, me emociona mucho saber que gusta ^^ Al igual que agradezco los comentarios que ahora mismo me dispongo a responder:

AnikaSukino 5d: ¡El fic termina con la siguiente actualización! (ya avisé que era cortito) En cuanto al tema Lucy, en el presente capítulo descubrirás la verdad que encierra ese personaje, por lo que considero que no es necesario responder, ya que lo verás ahora XD Espero no haberme atrasado demasiado como para sufrir con tu katana jajaja. Eagle Gold: *golpe recibido, una mancha de tomate cae por todo mi pecho, como si de sangre se tratase * Jajaja ¿30? Eso es demasiado... Lo entiendo para Juvia, pero Lucy... Piensa en la pobre Lucy, ¡serían 30 terremotos! jajja. Creo, y solo creo, que hoy no serán necesarios los tomatazos... Es una ligera sospecha... jajaj

Recordad que la letra en negrita y cursiva son los pensamientos de los personajes, y otra cosa más: los párrafos que aparezcan en cursiva y entre "(...)" son recuerdos.

Pequeña recomendación: sería ideal si leyerais el capítulo con alguna música de fondo que os emocionase o así... Pero eso ya es si queréis claro jajaja

Espero que disfrutéis de este capítulo, que es el penúltimo de esta historia ^^


CAPÍTULO 4: Del sueño a la realidad.

El negro era el color predominante. Se encontraba en un lugar lúgubre, tétrico, sombrío y totalmente escalofriante. Solo veía la oscuridad y solo escuchaba el silencio, lo que le resultaba un tanto curioso, pues... ¿era correcto decir eso? ¿Era posible "ver" la oscuridad? ¿Se podía "escuchar" el silencio?... Una chispa de humor recorrió las entrañas del muchacho. Natsu no supo en qué momento comenzó a ser tan buen filósofo…

Así que esto es lo que se siente cuando se está en las últimas… No muy agradable – pensaba el muchacho con cierto disgusto.

Se encontraba solo ante ese lugar deprimente y fúnebre, incapaz de sentir su cuerpo. Ni siquiera sentía dolor. Solo sentía… nada. No sentía nada. Y entonces se percató de que no había nada peor que sentir nada, que perder la sensibilidad de su propio cuerpo. Era como si ya no fuese dueño del mismo. Se sentía frustrado por encontrarse en aquellas circunstancias y terriblemente abatido.

¿Por qué no les habría hecho caso? ¿Por qué ignoré sus advertencias? – pensaba arrepentido el joven pelirrosa – En fin… al menos me iré siendo el idiota incurable que siempre fui, aunque…

El muchacho prefirió cortar el hilo de sus pensamientos. Aquello rayaba lo absurdo… ¿Por qué seguía pensando en Lucy aún con esas? ¿Por qué deseaba tanto verla una última vez? ¡Su vida se le estaba yendo de las manos, joder! Y resulta que en sus últimos momentos tan solo se dedicaba a pensar en alguien cuya existencia ignoraba… Tenía que darse la razón: definitivamente, se iría siendo el idiota incurable que siempre fue…

El chico estaba enrabietado, totalmente molesto consigo mismo por toda la situación. Por su descuido, por sus remordimientos, su actitud, su estupidez, su inmadurez… Por todo en general, cosa que hacía que se sintiese cada vez peor… ¿Y para qué? ¿Para qué sentirse así? ¿De qué le servía enfurruñarse y cabrearse ahora? De nada. Por eso mismo se resignó de aquellos sentimientos negativos. Solo buscaba tranquilidad, algo de paz aunque sea sumido en esa oscuridad.

Luce…

De pronto, notó que algo brilló en medio de todo ese ambiente ennegrecido. Era una simple pequeña luz blanca que se extendía por toda la oscuridad, borrando así su rastro. Una luz agradable y cálida que le otorgaba aquella calma que estaba buscando y, por eso mismo, el chico regaló su última sonrisa en aquel tenebroso lugar. No tenía necesidad de acercarse a aquella luz porque era el propio resplandor el que se acercaba a él…

Sentía una fuerte y constante punzada en su cabeza, como si le estuviesen taladrando el cerebro. Aquella persona se sentía terriblemente mareada a pesar de tener sus ojos cerrados. Junto a esa molestia que sentía en su cabeza, notaba un dolor latente por casi todo su cuerpo, más intenso en la zona de la cadera y su costado, aunque sus extremidades tampoco se quedaban atrás. Notaba uno de sus brazos ligeramente más pesado que el otro o, quizás, era mejor decir que lo sentía más… aprisionado. Aparte del dolor, su cuerpo se encontraba pesado, rígido y totalmente entumecido, como si hubiese permanecido durante demasiado tiempo en esa pose.

Trató de tragar saliva pero, para su sorpresa, su boca se encontraba demasiado seca. Necesitaba tomar algo para terminar con aquella extraña sequedad, al igual que necesitaba moverse. Desesperadamente. Realizar el más mínimo movimiento le resultaría más que suficiente. Él no era el tipo de persona que permanecía quieta por mucho tiempo, más bien todo lo contrario: era hiperactivo por naturaleza.

Fue poco a poco, pues se sentía algo torpe con sus movimientos. Esa torpeza que estaba mostrando le llegara a resultar un tanto embarazosa… ¡Ni que se hubiera olvidado de cómo moverse! Decidió empezar por algo que suponía que sería sencillo: abrir los ojos. Le costó más de lo que esperaba… Parecía que sus párpados se habían acostumbrado a permanecer así, cubriendo totalmente sus ojos, pero al final había logrado su objetivo, aunque casi se arrepiente en el momento. La claridad molestaba demasiado a su vista.

Deslumbrante… – pensaba el joven algo molesto.

Esperó un poco para acostumbrarse a dicha claridad antes de abrir de sopetón sus ojos. Una vez que lo hizo, comenzó a ver sus alrededores… ¿Dónde estaba ahora? Se encontraba algo aturdido pues, a fin de cuentas, acababa de pasar de ver todo negro a ver todo blanco… Comenzó a estudiar cada uno de los elementos que lo rodeaba.

Estaba tumbado sobre algo blandito y notaba la presencia de una especie de tubito en su nariz. Si no andaba muy mal encaminado, hasta podría jurar que tenía otro tubo del estilo cerca de una de sus muñecas. Centró su vista en lo que había encima de él.

Un techo. Blanco. ¡Oh! ¡Y una lámpara fluorescente!… Precioso – pensaba irónico Natsu – En serio, ¿qué está pasando aquí?

¿Se trataba de otro sueño? ¿Quizás su sueño eterno? Su respuesta fue otro dolor punzante en su cabeza. Y entonces cayó en la cuenta: dolor. Sentía dolor. Sentía el tacto de las cosas sobre su piel. Tenía sensibilidad. El pelirrosa no pudo evitar sonreír. Jamás había sido tan feliz por sentir dolor. No es que fuese masoquista ni nada por el estilo, pero aquello solo era un signo de que estaba vivo. Más vivo que nunca.

Bienvenido seas por el momento dolor – pensaba eufórico el muchacho.

Después, este desvió su vista hacia un lado, donde veía otra pared blanca con una pequeña ventana con la persiana a medio bajar y una cortina blanca corrida a lo largo de esta. Parecía que era de noche. Más cerca de la cama donde se encontraba, había una mesilla de noche y sobre esta un jarrón lleno de tulipanes rosados con alguna que otra campanilla china de por medio. Además, había un pequeño vaso de plástico que parecía vacío, del que Natsu pudo detectar un ligero olor a café. Al lado de dicho vaso, había una revista perfectamente colocada sobre la superficie de la mesita.

En ese instante se le atravesó en la vista la aparición de un cable que estaba flotando en medio del espacio que había entre la mesita auxiliar y la cama. En medio de este, había una especie de mando con una serie de botones. Ni siquiera se dignó a descifrar cual era la función de cada uno de ellos. Dirigió nuevamente su vista arriba y vio una barandilla que rodeaba la cama. Tenía una cortina corredera. Por otro lado, vio el gotero y, con todo ese análisis, descubrió que se encontraba en un hospital.

Así que definitivamente es cierto. Llegué a tiempo. Me he salvado – pensaba el pelirrosa a la vez que suspiraba aliviado.

Ahora se puso a ver el lado contrario y solo pudo fijarse en una cosa que lo hizo sobresaltarse. De hecho, debido a la impresión que le ocasionó aquello que vio, había logrado incorporarse un poco para que, poco rato después, su cuerpo se pusiera más rígido… si es que eso era posible. Un sudor frío le recorría la frente mientras observaba aquello totalmente paralizado.

Una muchacha de cabellera rubia estaba sentada en una incómoda silla que había al lado de la cama. Dicha chica descansaba sobre la cama donde se hallaba Natsu, apoyada en uno de sus brazos y con el otro agarrando con suavidad uno de los brazos del pelirrosa.

Reconocería la cara y la figura de esa chica en cualquier parte. Era Lucy. Su Luce. Y aquello confundió más al chico. Lo dejó en shock... ¿No se suponía que ella no existía? ¿No era que solo aparecía en sus sueños?... Entonces, ¿significaba que aquello se trataba en realidad de un sueño? En otro momento se hubiese alegrado mucho de ver a Lucy, pero ahora sentía pánico.

El dolor de cabeza se hizo todavía más presente en ese intervalo, por lo que Natsu dirigió su mano libre a su frente para frotarla. Ahora, junto al dolor, le venían a su mente pequeños flashes con imágenes. Al principio eran rápidos, fugaces… Pero se iban repitiendo y cada vez pasaban más lento. Sin embargo, las imágenes no eran muy conexas. Parecía que estaba comenzando a recordar algo… y tenía que ver con el accidente. Lo que estaba reproduciendo su mente era similar a lo que recordaba del accidente, pero no exactamente igual. Había ligeros cambios… O quizás debería de decir grandes variaciones.

" (...) Después de la espera infinita, al fin tocó el timbre que señalaba el fin de las clases.

¡Al fin!

Natsu recogió sus cosas rápidamente, siendo uno de los primeros en salir del aula. Gray y… ¿Lucy? fueron tras este, que se iba alejando a paso rápido.

- ¡Eh, flamita, espera un poco!

- ¡Natsuuuu! ¡Espéranos hombre!

Natsu ya se encontraba en las afueras del instituto y detuvo su paso, de mala gana, por los gritos de sus amigos.

- ¿Qué pasa? –preguntó el pelirrosa ligeramente molesto.

- Nada cabeza de carbón, pero hace tiempo que no vienes con nosotros…

- Y te echamos de menos – dijo la rubia haciendo un puchero, pero lo sustituyó inmediatamente por una de sus sonrisas.

- Lo siento chicos – comentó Natsu algo arrepentido por su actitud con ellos. Se había obsesionado mucho con el tema de su desaparecido padre y había pagado su mal humor con ellos.

- Últimamente estás como ausente… ¿Acaso te encuentras mal?– preguntó Gray algo más serio, a la vez que preocupado.

- No…Bueno… Quizás no esté en mi mejor condición.

- Cuando estés mejor… Volverás con nosotros, ¿cierto? – decía la rubia con una mirada comprensiva. Siempre había sido así. Solo necesitaban mirarse para entenderse.

- Definitivamente, sí – afirmó Natsu, agradecido por la actitud de su mejor amiga a la que quería más que a eso – Lucy… ¿Después te puedes pasar un rato por mi casa? Quiero hablar contigo – murmuraba algo tímido el muchacho.

- Sí, claro...

- Bueno flamita, entonces regresa a tu casa, mejórate y vuelve a ser el idiota de siempre – decía el pelinegro con una sonrisa. Natsu se la devolvió.

- ¿Quién es el idiota, cubito de hielo? – expresó con falso enojo – Bueno me marcho – se despidió Natsu apresuradamente, dirigiéndose al cruce donde se separaban los caminos de ambos.

- Adiós Natsu, ten cuidado, que estás yendo con demasiadas prisas advirtió Lucy preocupada. Tenía un mal presentimiento

- Eso, tómatelo con calma… ¿No ves que está en rojo?

- Sí, sí… No soy un niño pequeño… el semáforo acabara de hacer un ruido que señalizaba que los peatones ya podían cruzar – ¡Venga, hasta mañana! ¡Nos vemos esta tarde Lucy!

- Natsu, espera un poco por favor… Sabes que los conductores últimamente van acelerados y pasan de todo…insistía Lucy.

- ¡Bah! Descuida – respondiera el pelirrosa haciendo caso omiso a las advertencias de su amiga.

- ¡No, Natsu! – chilló Lucy horrorizada.

- ¡Cuidado, Natsu! – gritó Gray entrando en pánico.

El furgón lo había atropellado dejándolo muy mal parado. La gente se amontaba alrededor del accidente y él solo podía oír los gritos desesperados de sus amigos.

- ¡NATSU! – lo llamaba la rubia llorando ¡Por favor, que alguien llame a una ambulancia! – gritaba la chica desesperada.

(…)"

Aquello hizo que la pobre mente de Natsu se aturdiera aún más.

¿Qué hacía Lucy allí? ¿Entonces había sido Lucy y no Lisanna quien presenció el accidente?

Natsu solo se dedicó a observar a la chica que lo tenía loco. Se veía cansada, tremendamente agotada… Las ojeras que se hallaban bajo sus ojos la delataban. También parecía que estuviera llorando durante un buen tiempo. Echó un rápido vistazo a la mesilla de noche y supuso que el vaso de plástico que allí había sería de Lucy. Había estado de guardia… Permaneciera a su lado, velando por él. Por su vida. Por su salud. Aquel gesto por su parte lo había enternecido.

Los dolores de la cabeza se hacían cada vez más fuertes y constantes y, al ver tan detenidamente a Lucy, más imágenes sobre ella lo acecharon. Su mente se estaba encargando de recordarle quién era esa persona que aparecía tanto en sus sueños, de una forma tan reiterada. Aquella chica que había considerado tan especial, casi, desde el primer momento que la vio…

"- (...) Me llamo Lucy. Lucy Heartfilia – decía una muchacha con ojos grandes y expresivos de color café y con una sonrisa angelical en su cara – Mmm… Me encantan los libros y espero poder llevarme bien con todos. ¡Por favor, cuiden de mí! – se presentaba algo nerviosa la joven de cabellos rubios(...)".

Aquel recuerdo pertenecía a la primera vez que la conoció, cuando ella había sido trasladada a su instituto hace unos años. Ella era hija única de una de las familias más ricas y poderosas de toda la ciudad: la familia Heartfilia. Y dicho estatus que poseía la muchacha intimidaba un poco a los demás de su clase. La rubia lo sabía muy bien, pero se esforzó por intentar acercase al resto de sus compañeros. En una ocasión, Lucy le había dicho que a ella no le importaba su apellido. De hecho, no le gustaba porque la juzgaban por ello. Ella solo quería ser reconocida por quien era ella misma, por cómo era… no por un apellido. Y, por eso mismo, a Natsu le caía tan bien. Tenía agallas y no le importaba decir lo que pensaba. Aparte, era una chica dulce, inteligente y de muy buen corazón. No tardó mucho en convertirse en una de sus mejores amigas…

Más recuerdos acudían a su mente y, para su sorpresa, algunos se parecían a los de sus sueños. Solo que no se comportaban de una forma tan acaramelada como en aquellos. Se llevaban muy bien, como buenos amigos. Se notaba a leguas que eran cercanos y la confianza que depositaban el uno en el otro. Sabían perfectamente que podían contar con el otro, pues siempre estaban pendientes de sus necesidades…

Entonces Natsu comenzó a cavilar sobre lo sucedido. ¿Los sueños que tuvo últimamente se trataban tan solo de meros recuerdos que tenía sobre Lucy? Hombre, exactamente no era eso. Había cambios bastante importantes entre una cosa y otra. Aparte no todos los sueños que tuvo de ella se asemejaban a alguno de los recuerdos que pasaban por su mente. No obstante, sí tenían algo que ver.

Pero después hubo otra pregunta que le inquietó más: ¿por qué en sus sueños no recordaba a su buena amiga Lucy? ¿Por qué no recordaba a la persona que más quería en este mundo? Para eso no tenía respuesta… Aunque técnicamente no la había olvidado, porque aunque la mente le fallase su corazón nunca lo hizo.

Se quedó encandilado mirando a Lucy, la dueña de su corazón. Trató de acercar su brazo libre al rostro de la chica con mucho esfuerzo. Quería acariciarla, sentir que aquello no se trataba de otro sueño, y que sus dudas al respecto, finalmente, desapareciesen. Ahora lo tenía más claro que nunca. Quién era ella y los sentimientos que tenía hacia la misma: estaba perdidamente enamorado de la chica ya en sus sueños, pero en la realidad también. De hecho, en el día del accidente, el pelirrosa había tomado su decisión de confesarle sus verdaderos sentimientos, pero aquel maldito furgón lo había silenciado…

Natsu al fin lograra acariciar el hermoso rostro de la chica. La suavidad de su piel la sentía muy real y esa sensación lo apaciguó. Lucy, al notar el ligero contacto sobre su mejilla, se obligó a despertarse. Abrió los ojos algo desorientada, pues en un principio no sabía dónde se encontraba. Cuando espabiló, recordó que se había quedado en el hospital para hacerle compañía a Natsu otra noche más. Se echó hacia atrás, apoyándose en el respaldo de su silla y trató de buscar al joven pelirrosa con la mirada. Una vez que lo vio… se quedó sin palabras. Quedó totalmente estática, muda por el asombro.

Estaba despierto. Él estaba despierto. Aún con esa apariencia enfermiza y demacrada, él tenía en su rostro esa sonrisa cargada de dulzura que desde siempre le había gustado.

- Luce – la llamó el pelirrosa con profundo afecto.

- Natsu – murmuró ella llevándose las manos a la boca.

Sus emociones se estaban desbordando. ¿Cuánto había rezado para que este día llegara? ¿Cuánto había rogado a los cielos por volverlo a ver de esa manera? ¿Cuánto tiempo estuvo esperando para escuchar nuevamente las palabras que salían de sus labios? No lo sabía, fue mucho tiempo. Muchos días… horas… minutos y segundos. Irremediablemente, unas pequeñas gotas de agua brotaron de sus ojos y cayeron por sus mejillas como si de una cascada se tratase. No podía evitarlo, había esperado demasiado.

La rubia se echó a sus brazos y lo abrazó con cuidado, rodeándole el cuello, para hacerle el menor daño posible. Las lágrimas iban en aumento y el pelirrosa reaccionó apretando fuertemente su espalda.

- Bobo… – le decía Lucy contra su oído, mientras sollozaba – ¡Me tenías preocupada! Tan preocupada… No sabes cuánto me alegro de volverte a ver así. No sabes lo feliz que me hace ver nuevamente tus ojos y escuchar tu voz…

- Lo siento Luce… Lo siento. No tienes por qué preocuparte – decía abrazando con mayor firmeza a la chica, a la vez que frotaba su espalda para tranquilizarla.

- ¿Cómo es posible no estar preocupada cuando llevas tanto tiempo en coma? – le espetó la rubia. Entonces Natsu trató de apartarla un momento, manteniendo su agarre en los brazos de la chica, para verla a la cara.

- ¿Cómo que en coma? – preguntó aturdido – ¿Durante cuánto tiempo?

- Cuatro meses y un par de semanas…

La noticia lo dejó en shock. Cuatro meses y un par de semanas. Él no había notado eso para nada. Para él, era como si el accidente hubiese ocurrido ayer… Pero entonces comenzó a asimilar la noticia y muchas cosas le empezaron a cuadrar: el paisaje gris que siempre veía, las alteraciones en el transcurso del tiempo, los diálogos inconexos que mantenía con la Lucy del sueño, la sensación de familiaridad, las veces que ella siempre le decía que despertase, la pesadez y rigidez de su cuerpo, el esfuerzo que le suponía moverse… Todo comenzaba a esclarecerse.

- Creía que jamás despertarías… – confesó la rubia desviando su vista al suelo – Cada día iba perdiendo un poco la esperanza de volver a verte en este estado… Pero, aún así, otra parte de mí no se rendía en creer lo contrario. En creer que volverías con tus tonterías de siempre, je… – rió nerviosa, tratando de limpiar sus lágrimas con sus manos.

- Luce – la miraba Natsu apenado.

- … – Se le atragantaban las palabras.

Lucy no podía parar de llorar, sentía un nudo en la garganta. El solo pararse a pensar en lo que había sufrido día a día, en la angustia que sintió cada vez que veía como el joven e hiperactivo pelirrosa permanecía ahí quieto y totalmente estático en esa cama… La volvía inestable.

Las primeras semanas habían sido horribles. No solo por verle así, casi sin vida. También le afectaban mucho las pesadillas constantes que se le repetían cada noche con las escenas del accidente… Viendo como el furgón se llevaba al chico delante de sus narices y que ni siquiera se dignó a parar para socorrerlo. Viendo la sangre caer del rostro del joven al que ella amaba. Viendo su expresión que manifestaba su dolor… Y, finalmente, arrepintiéndose cada día por no haber podido evitar dicho accidente, por no haberlo agarrado a tiempo, por no haber entretenido más a Natsu y evitar así que cruzase la calle. Se había sentido culpable por todo lo sucedido... Tan culpable…

- Te eché de menos… – prosiguió finalmente Lucy – Te visitaba cada día. Te hablaba todo el rato de lo que me había pasado durante el día, recordándote los viejos tiempos… El médico había dicho que si te hablaba una voz conocida era más fácil que reaccionaras. Pero los días se transformaron en semanas… las semanas en meses, y yo solo me impacientaba… Pero hubo un momento en el que me acostumbré a ello. Me había acostumbrado a mis charlas en solitario contigo… Te necesitaba...

- … Pues agradezco el que hayas hecho eso Luce. De no ser por ti, no sé que hubiese pasado. El médico tenía razón: que me hablaras me ayudó a regresar. Siempre te escuché – confesó – Había oído tu voz y el que ahora esté aquí así, despierto, es gracias a ti. A tu insistencia y a tus constantes llamadas desde mis sueños… Solo tú me has devuelto a la realidad – decía mirándola a los ojos con profundo agradecimiento.

El pelirrosa trató de acercarse a ella, aunque le costaba. Lucy entendió su intención de acercarse y ya lo hizo ella por él, mientras se agachaba para llegar a su altura. Natsu la abrazó con sumo cariño y Lucy le respondió igual, a la vez que se relajaba en los brazos del chico. Acto seguido, Natsu se separó un poco de ella para después chocar su frente con la de ella, en un gesto sumamente tierno. Más lágrimas contenidas caían del rostro de Lucy mientras que el muchacho solo le sonreía con ternura, agarrando su nuca. Con la otra mano trataba de quitarle las lágrimas que amenazaban con caer.

- No llores Luce… – le susurró el pelirrosa – Muéstrame mejor una de tus mejores sonrisas.

Lucy lo intentaba pero no podía hacerlo bien por el cúmulo de emociones contradictorias que estaba sintiendo. Natsu cerró los ojos al mismo tiempo que sus labios mostraban una sonrisa. Si ella no podía hacerlo por sí misma tendría que ayudarla él…

Entonces, de improviso, Natsu se acercó a su rostro para hacer algo que había deseado desde hace mucho, mucho tiempo. Acarició una última vez su mejilla para después depositarle un pequeño beso en sus labios, en un suave y ligero roce. Un signo de bienvenida. Aquello sorprendió y estremeció a Lucy pero se recuperó casi al instante, respondiendo al beso.

Ella amó, casi desde el primer momento, a aquel alegre pelirrosa torpe e infantil y ver que él había iniciado lo que ella había ansiado desde hace meses y puede que incluso años, solo hizo estallar su corazón. Una sensación cálida recorrió todo su pecho. Él siempre conseguía hacerla sentir así cada vez que estaba a su lado. Se besaban una y otra vez, invadiendo la boca del otro con profundo anhelo, sacando a la luz aquellos sentimientos que se habían reprimido y, por tanto, guardado, durante todo ese tiempo.

Llegó el momento de separarse, aunque solo fue un poco, pues Natsu volvió a apoyar su frente contra la de ella con sumo cariño y como signo de confianza.

- Natsu… – murmuró la rubia casi sin fuerzas.

- Desde hace una temporadita que quería hacer eso – confesó el pelirrosa. Lucy mantuvo su mirada en sus hechizantes ojos jade, embelesada por su embrujo – Siento haber hecho que lo pasaras tan mal… – se disculpó el chico – Y ahora que lo pienso… también me quedé con las ganas de decirte algo…

- ¿El qué? – preguntaba Lucy atrapada en la intensa mirada del chico.

- … Te amo Lucy – inmediatamente después de confesarle sus sentimientos la volvió a besar, siendo este beso algo más corto que el anterior.

- Yo… Yo también te amo, desde hace mucho, muchísimo tiempo… Pero tú no te dabas cuenta… – se lamentaba la chica.

- Lo siento – rió el muchacho.

- … Espero que no tengamos que pasar por otra experiencia parecida para que te des cuenta de las cosas... – trató de bromear Lucy.

- No te equivoques… Mis sentimientos por ti eran anteriores al momento del accidente. De hecho, ese día me había armado del valor suficiente como para declararme, pero no salió muy bien – decía mirándola sonriente. Lucy se había sorprendido por su confesión.

- … Te quiero– le repitió nuevamente la rubia.

Ambos sonrieron embriagados por la felicidad que estaban sintiendo. Aquello no era más que el inicio de una nueva etapa en sus vidas. Una etapa en la que permanecerían juntos y que daría paso al futuro brillante que les esperaba como pareja…


Bueno antes que nada voy a aclararos algo más sobre los sueños de Natsu durante el estado de coma:

Sus sueños era una mezcla de sus recuerdos junto con sus deseos más profundos. No solo eso, a esto hay que añadirle las propias conversaciones que le daba Lucy en el hospital...

Para ser más exactos, el primer sueño que tuvo y su último sueño no se trataban de recuerdos. El lugar donde soñaba con ella era producto de la imaginación de Natsu, pero los diálogos de Lucy pertenecían a las conversaciones que ella iniciaba en el hospital.

Por tanto, el segundo (feria), el tercero (pista patinaje) y el cuarto (el baile), formaba parte de sus recuerdos, (aunque medio modificados). Espero haberos aclarados las posibles dudas que os hayan podido surgir con este fic, pero si aún os queda dudas no dudéis en consultar ;)

Esto es todo por hoy, espero que os haya gustado este capítulo tanto como a mí escribirlo en su momento y solo me queda deciros que el siguiente capítulo será el que ponga fin al fic... No puedo daros una fecha de actualización porque estoy un poco liadilla y, aunque tenga el capítulo escrito, tengo que revisarlo y hacer las modificaciones que estime oportunas, así que... nada. Lo único que puedo deciros es que probablemente para mediados de julio esté (que es cuando termino de estar tan ocupada xD)

Os mando un beso, un fuerte abrazo y de antemano agradezco vuestra comprensión ^^

¡Nos veremos en el último capítulo! (que os aventuro que será extenso) jajaj