Hola a todos, ¿Como andan? Perdón por no subir antes... Bueno, espero que les este gustando, cualquier cosita pueden escribirme, acepto todas las criticas (? ... xD
Capitulo 4 - La cabaña.
Luego de media hora en auto y a una velocidad sorprendente llegaron al centro de la ciudad, eran todos edificios imponentes y modernos, las calles repletas de personas y un gran trafico. Eren no podía creer que esto existiera tan cerca de donde estaba trabajando. Era como un mundo aparte, toda la ciudad rodeaba Kensington Gardens.
-Es acá. –Hablo Rivaille señalándole con un dedo un edificio largo donde las ventanas eran como espejos reflejando el exterior, este bajo al estacionamiento con el auto el cual tenía cuatro pisos y el edificio más de treinta. –Buscaremos unas cosas y luego iremos a otro lado a hablar, verdaderamente quiero tener una larga charla contigo Eren…
Eren trago saliva, por un lado estaba feliz de haber besado a aquel hombre, desde ya hacia una semana que no podía quitárselo de la cabeza, pero ¿acaso era solo un capricho o calentura? El no era así, aun así no sabía bien como había echo para sentir todas aquellas emociones durante tan poco tiempo, al ser besado en el auto había sentido como si su mundo se hubiese corrompido, no entendía mucho de nada, pero necesitaba saber que era lo que su jefe sentía.
-Joven Ackerman. –Saludo un hombre mientras Rivaille y Eren bajaban del auto y Rivaille le entregaba las llaves al hombre.
-Déjalo por acá cerca, no tardare mucho. Vamos Eren.
Al entrar al ascensor Eren vio que este tenía un espejo inmenso en las cuatro paredes, también unas luces fuertes que alumbraban de arriba echo con cristales, era todo lujo y detalles, pero no pudo apreciar mucho porque Rivaille lo había tomado de la cintura y lo arrastraba hacia el para besarlo.
No le había dado tiempo a decir nada, tampoco a empujarlo porque cuando sintió aquellos labios finos sobre los suyos toda su moral se derrumbo, no había razonamiento, estaba todo en blanco con tal solo la idea de poder disfrutar de aquellos besos apasionados que le estaba dando Rivaille.
Sentía terriblemente como su miembro se empezaba nuevamente a endurecer, nunca se había sentido así respecto al sexo, no podía creer lo tan excitante que podía estar junto con aquel joven de no mucha estatura, cabello negro y mirada aburrida, la cual ahora mostraba un brillo y fuego que nunca antes se habría imaginado.
Rivaille lo abrazaba fuertemente mientras su lengua se movía dentro de Eren, sus besos eran candentes y lujuriosos, estaban en su propio mundo donde el deseo les era más fuerte que cualquier otra cosa, como la cordura.
Se separaron a tiempo cuando la puerta se estaba por abrir, estaban agitados y excitados, pero recuperaron toda su compostura cuando la puerta se abrió completamente en el numeró 18 dejando ver allí una hermosa sala blanca con sillones negros y mesitas de café, frente al ascensor había un gran escritorio junto con una muchacha detrás, al parecer una secretaria.
-Señor Ackerman. –Saludo esta con una sonrisa levantándose de la silla y caminando hacia el.
-Vengo por el informe. –Hablo Rivaille cortadamente, esta titubeando fue a buscar en su escritorio lo que el jefe le había pedido.
Eren vio como la joven muchacha, que debía de tener menos de veinticinco años llevaba una camisa blanca bastante apretada junto con una chaqueta roja y pollera muy corta negra, sus zapatos con tacón la hacían ver más alta de lo que era así superando la estatura de Eren. No era fea, pero algo en ella no le caía muy bien, tenía el cabello castaño claro y corto, piel rosa suave y una figura para nada envidiable con una pequeña nariz respingona y con su punta elevada.
-Señorita Hitch Dreyse. –Dijo la muchacha acercándose a Eren para estrecharle la mano sin antes darle lo que le había pedido Rivaille.
-Un gusto, Eren Jaeger. –Dijo este con una sonrisa amable, la mujer lo miro de arriba abajo para luego irse caminando lentamente. ¿Acaso le estaba coqueteando?
-Vamos a mi oficina, Eren. –Ordeno su jefe bastante serio mientras avanzaba en grandes zancadas, pero sin perder su toque de "señor que no se sorprende" mientras iba hacia una puerta doble de madera muy oscura, parecida a la que Eren había visto al entrar en la mansión en la sala principal, al cerrar la puerta tras el Rivaille lo tomo de las muñecas mientras lo empujaba hacia la puerta y lo volvía a besar, esta vez bastante brusco. –No le vuelvas a hablar a Hitch, como entraste conmigo habrá pensado que eras un amigo de dinero… Ella busca los hombres para usarlos.
-Yo se cuidarme bien solo. –Dijo Eren esquivado los besos de Rivaille. –Y me esta lastimando.
-No es que sepas cuidarte bien solo, es que no quiero ver como te coquetean, eres mió. –Gruño Rivaille empezando a besarle el cuello. -¿Acaso tengo que dejarte una marca para que sepas que tienes dueño?
-De-Detente… Rivaille, me haces daño… ¡No me dejes una marca! –Eren con todas sus fuerzas lo había alejado mientras se tocaba su ahora cuello lastimado, esperaba no tener nada. -¿Qué hiciste?
-Solamente te deje un pequeño… chupón. –Dijo este como si fuera lo más normal del mundo mientras caminaba hacia un gran escritorio de madera moderno que había en la oficina amplia. –Tienes que entender que siempre fuiste mió, Eren. No soy de compartir mis cosas.
-Usted esta loco. –Y sin más salio de la oficina llorando sin antes no dar un buen portazo la puerta de su jefe, no iba a dejar que Rivaille lo humillara, no entendía porque se había dejado llevar, un hombre así lo único que quería era divertirse y el había caído en su juego, que inocente era.
-¡Ven aquí Eren Jaeger! –Grito Rivaille saliendo de la oficina, pero Eren ya estaba metido en el ascensor y la puerta se estaba cerrando. -¡Si no regresas ahora mismo te arrepentirás, mocoso!
Eren fulminándolo con la mirada le hizo un gesto obsceno con su dedo (ya sabemos cual es xD) para que luego la puerta automática se cerrara. Ahora ya estando solo en el ascensor y un poco más tranquilo se había dado cuenta de lo que había echo, era su fin… Y como un cachorro asustado metió su cola imaginaria entre las patas. Se agarro la cabeza mientras daba un pequeño y suave grito, le importaba una mierda si lo pensaba echar, no iba a aguantarse estar con un jefe así, jugando con los sentimientos de los demás y tratándolo como un objeto solo para fastidiarlo, pero entonces… ¿Por qué le dolía tanto su pecho? Se limpio las últimas lágrimas que habían salido de sus ojos viendo que ya marcaba el número -4 y la puerta se abría. Eren salio apresuradamente, no quería que Rivaille bajara por las escaleras solamente para molerlo a palos y sintió que se chocaba con algo o alguien cayendo al piso sentado.
-¡Lo siento… yo…! –Dijo Eren con voz entrecortada levantándose y mirando a quien había empujado, sus ojos se abrieron de par en par al ver que era nada más y nada menos que otro de sus jefes, Erwin Smith. -¡Lo siento mucho señor!
-¿Eren? ¿Qué haces acá? –Pregunto el rubio totalmente confundido.
-Yo… nada señor, ya me iba.
-Aja… ¿Y quién te trajo a este lugar? –Pregunto el hombre viendo como Eren apretaba sus puños. -¿Qué te hizo Rivaille?
Eren levanto su vista para ver a los ojos azules del hombre, ¿Cómo había sabido que había sido el? Intento decir algo, pero sentía un nudo en su garganta, sabía que si hablaba seguramente le saldría la voz quebradiza y llena de dolor. ¿Por qué Heichou no estaba allí? Nunca le hubiese pasado nada si el estaría a su lado, protegiéndolo como siempre se lo había prometido, pero ¿qué sabía de ese hombre? Nada… hasta en el maldito nombre le había mentido. ¿Acaso el también había jugado con sus sentimientos y le había robado su primer beso? Se mordió el labio fuertemente.
-Si te muerdes así te lastimaras… Ven, vamos… ¿Has comido? –Eren negó con la cabeza mientras Erwin le ponía una mano en la espalda y lo guiaba hacia algún lado. –Aquí a unas cuadras hay un buen restaurante. ¿Quieres ir? Claramente yo invito. Podemos hablar tranquilamente.
-Yo no quiero ser ninguna carga señor, además pensaba en volver a la mansión y… -Eren no pudo seguir, nuevamente aquel nudo en la garganta y un mareo le vino de repente, Rivaille iba a despedirlo por ser tan idiota. ¿Cómo pudo no darse cuenta que quería usarlo?
-Vamos, no te dejaré solo aquí y menos en este estado. Luego iremos juntos, pero antes quiero que intentes comer algo, te ves pálido. Mi auto esta acá no más.
Eren se guió por el hombre mientras llegaban a un Ferrari rojo, no sabía porque, pero sentía que era un auto especial para aquel hombre, como si Erwin Smith fuera de color rojo, acción y aventura o peligro…
Era su tercera vez sentado en un auto que nunca en su vida iba a poder comprar, este era cómodo, olía a nuevo y a cuero. Tenía el tapizado rojo como las butacas y en el volante se podía ver el logo de un caballo negro con un fondo amarillo.
-¿Te gusta? –Pregunto Erwin empezando a manejar, Eren sintió como si esto ya lo hubiese revivido, claramente así era.
-Si, señor. –Estaba angustiado y tímido, no conocía muy bien al jefe Smith, pero la primera vez que lo había visto se había dado cuenta que era un hombre amigable.
-Deja de ponerte nervioso, no soy Rivaille… Y dime Erwin. –Mientras manejaba todos se daban la vuelta para mirarlo, el motor hacia mucho ruido por sus tantos caballos y más aun llamaba la atención, al parecer su jefe estaba acostumbrado. –Es acá, vamos.
Eren bajo del coche mientras un joven uniformado tomaba las llaves del rubio para poder guardarlo y otro más alto los cubría con un paraguas a Eren y Erwin, el restaurante de afuera parecía una simple casa con una pequeña puerta donde arriba con un cartel dorado y letras negras decía Le Gavroche.
-¿Entramos? –Pregunto Erwin caminando al lado de Eren lentamente, este asintió, otro joven uniformado que estaba afuera les abrió la puerta para que pudieran pasar. –Hola, buenos días.
-Buenos días señor Smith. ¿La mesa de siempre? –Pregunto una muchacha que estaba parada en la pequeña recepción, esto era con reserva pensó Eren.
-No, una simple. –Pidió Erwin mirando a Eren, este se veía tranquilo y con una mirada entre comprensiva y honesta. –No quiero incomodarte estando a solas. –Le explico el rubio a Eren mientras la mujer los guiaba a la mesa.
Mientras caminaban Eren pudo ver mejor como era el lugar, de afuera parecía pequeño, pero no lo era, este tenía varias mesas en todos lados redondas con unas cómodas sillas aterciopeladas y rellenas como también antiguas.
El piso era de una alfombra bordo con estrellas pequeñas doradas, las paredes verdes con cuadros colgados en cada lugar, todos pintados a mano y enmarcado en la madera más cara. Las luces eran pequeñas y a sus costados o más alejadas había flores decoradas por todos lados, dejando el lugar aun más perfecto.
Había dos personas ya comiendo con trajes elegantes más alejados y en otra mesa un poco alejada una familia, todos vestían bien y Eren al ver eso se sintió aun más incomodo, no iba mal vestido, pero aun así no llevaba trajes ni ropa de etiqueta, no como Erwin Smith que estaba con un traje negro cerrado, aquel hombre no conocía el calor, porque lo más probable era que viviera con aire acondicionado, en el edificio, su auto y hasta en su mansión.
-¿Aquí le parece? –Pregunto la mujer totalmente derecha, mentón elevado y una sonrisa amable, estaba impecable.
-Si, esta perfecto. Gracias. –Erwin se sentó y le hizo un ademán a Eren para que hiciera lo mismo. -¿Te gusta?
-Es hermoso, señor… digo Erwin. –Eren al sentarse pudo comprobar que las sillas eran muy cómodas como había pensado.
La mesa redonda estaba decorada con un mantel blanco, varias copas, unas servilletas de telas dobladas perfectamente, un plato con dibujos y uno más chiquito. En el medio de la mesa había un decorado, era como un ave dorada.
-¿Cómo te sientes? –Pregunto el rubio recibiendo de un mozo la carta de menú, al igual que Eren. –Gracias.
-Gracias. –Dijo al ver como el mozo se iba, luego abrió la carpeta encuerada y vio aquellos precios. ¡Era un sueldo completo suyo! Miro a Erwin que no le había quitado la vista de encima. –Señor… esto es…
-Te dije que invitaba yo, tranquilo. ¿Cómo te sientes Eren? –Volvió a preguntar dejando de un lado la carta.
-Yo… mejor. –Mintió, no iba a decirle que se sentía horriblemente mal, sus orejas se acaloraron. –Gracias por todo esto.
-¿Sabes que elegir? –Pregunto Erwin tomando la carta tranquilamente, Eren se lo quedo mirando con expresión de duda. –Está todo en francés.
-Ah… pues no, la verdad nunca vine a un restaurante así, no tan caro y lujoso. –Eren se había empezado a poner nuevamente nervioso, no podía quitarse de su mente los besos de Rivaille y este lugar no lo ayudaba mucho, todo le recordaba a el.
-¿Quieres que elija por ti? –Eren asintió tímidamente. – ¿Qué es lo que más te gusta?
-Las hamburguesas… aunque dudo que hayan acá… -Hacia décadas que no comía eso, si no era porque no tenía dinero era porque andaba muy ocupado.
-Creo que hay… a ver… Por cierto… ¿El caviar te gusta? –Pregunto Erwin leyendo en la carta, era uno de los platos que más le gustaban al rubio.
-Nunca lo he probado…
-Entonces te dejare probar de mi plato. Si, acá esta. Burger Extravagant, esta elaborada con ternera japonesa Wagyu, condimentada con mantequilla de trufa blanca, con huevo frito de codorniz y ¡Tiene caviar! ¿Quieres? –Eren asintió sonrojado, seguramente le iba a costar una fortuna a su jefe.
Cuando el mozo fue hacia la mesa Erwin Smith le había pedido Le caviar Almas con carne Kobe, el cual antes le había explicado Erwin era una carne marmoleada de Japón que era exactamente igual a la de la hamburguesa de Eren. Luego le había ordenado Le Burger Extravagant y para tomar había pedido un vino tinto de marca Chateau Margaux y Eren un agua sin gas.
-Sabes… esta mal que te diga esto, la verdad no se que paso con Rivaille para que estuvieras llorando, pero el me enseño a tomar vino. –Dijo dulcemente Erwin mientras el mozo abría la botella y le servía en la copa al hombre. -¿Seguro que no quieres probar un poco? Este vino es muy rico, vas a ver que te gustara.
Eren titubeo, no era de tomar mucho, pero no podía rechazarle la oferta a probar aquel vino que hasta se sentía el suave olor casi frente a el, parecía caro y muy exquisito, Eren asintió tímidamente con un pequeño rubor en sus mejillas mientras el mozo le servia un poco en su copa.
Eren tomo con una mano torpemente la copa mientras se la llevaba a sus labios cerrando sus ojos, podía sentir el aroma a frutos, ya se le hacia agua la boca, decían que el vino caro no tenía mucho alcohol, eso era bueno porque como le decía Jean, el era un flan tomando.
Sintió que la copa se le iba de sus manos y al abrir los ojos se encontró con que una mano con dedos largos la sostenía para luego dejarla en la mesa, Eren se dio la vuelta para ver quien era el osado que le quitaba aquel elixir que no había probado y su corazón como su alma se fueron de ese mundo al ver a Rivaille con el seño fruncido mirando directamente a Erwin, este ya no llevaba la remera con los suaves cordones de cuero, si no que tenía una camisa roja bordo sangre junto con una chaqueta negra, pantalones negros y zapatillas de vestir.
-Pedí mesa para dos, pero podemos movernos… supongo. –Dijo Erwin dándole una pequeña sonrisa a Rivaille para seguir tomando de su copa. –Ya deja que Eren aprenda de vinos, yo seré su maestro.
Eren al escuchar eso sintió como Rivaille siseaba, estaba detrás suyo y sentía un aura maligna que rodeaba todo el lugar, ahora iba a golpearlo y a echarlo, no había escapatoria, Erwin sabría lo que había echo y no haría nada al respeto.
-Nos vamos mocoso. Ahora. –Ordeno Rivaille posando su mano en el hombro de Eren.
-Espera, no ha comido aun. ¿Quieres irte Eren? ¿O prefieres comer antes? –Erwin seguía jugando con su copa mientras le daba suaves y pequeños tragos. –Si quieres puedo pedirlo para llevar y nos vamos.
-Ya te dije peluquín que el se irá conmigo. –Rivaille lo tomo del brazo para hacerlo levantar, Eren no sabía que hacer, estaba estático en el lugar mientras Rivaille hacia presión en su lamentable brazo. Los comensales miraban sin dar mucho crédito a lo que sus ojos veía. –Vamos, Jaeger.
Eren sacudió su cabeza y se dio vuelta para poder encarar a su jefe, Rivaille no estaba enojado, estaba furioso. Se notaba de lejos que apretaba su mandíbula fuertemente, sus ojos más filosos que nunca y sus cejas fruncidas como enojadas, su cabello algo despeinado y por sobre todo estaba tan rígido como nunca antes, el era de estar suelto y flexible, aun así no iba a dejar que le diera miedo, ya bastante lo había respetado en todo el trabajo, no iba a dejar que se propasara con el.
-Lo siento señor, pero el jefe Smith me invito a comer y yo acepte. –Eren se quedo plantado como una mula allí mismo mientras Rivaille lo fulminaba con la mirada.
-Eren, te dije que me llames Erwin. –Se quejo el rubio ya cansado de aquel papel que estaba armando Rivaille mientras se levantaba de la silla dejando la copa de vino a medio terminar sobre la mesa. –Rivaille, creo que hay personas que quieren comer en paz acá…
-Me importa una mierda, si hubieses querido privacidad te hubieras elegido una habitación aparte para comer, no aquí con todos viéndote sabiendo que yo vendría. Ahora nos vamos Eren, elige… por las buenas o por las malas. –Rivaille ya no tenía paciencia, la poca se le había ido cuando se entero que Eren estaba almorzando junto con Erwin Smith. –Tres… dos…
-Vale, vale… Me quedare acá. –Dijo Eren dándole la espalda y sin entender que no tenía opción de elegir Rivaille se lo cargo al hombro como un costal de papás y se fue caminando del lugar mientras Eren gritaba.
-Nos vemos más tardes Rivaille, Eren… –Dijo Erwin tranquilamente mientras se volvía a sentar en la silla y seguía tomando el vino como ignorando la mirada de los demás comensales.
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Rivaille abrió la puerta de su Maybach Exelero tirando a Eren en el asiento del acompañante y antes que el muchacho pudiera salir su jefe ya estaba sentado en la parte del copiloto manejando a una velocidad peligrosa para estar en la ciudad mientras unos cuantos conductores le tocaban bocinados
-¿¡Por qué haz echo todo este papelón!? –Pregunto y grito Eren totalmente enojado, Rivaille lo fulmino con la mirada y golpeo con su puño el volante haciendo que este diera un bocinazo, Eren no dijo nada más mientras lo miraba, realmente parecía muy enojado.
-¡Yo soy el que hará las preguntas! ¿¡Como puede ser que seas un mocoso tan inmaduro!? ¿¡Qué mierda te hice para que te vayas así de la oficina!? –Rivaille estaba gritando, su voz era un gruñido y su cara aséptica ya no estaba allí, si no que tenía muy fuertemente marcado unas arrugas en su entrecejo, apretaba los dientes como su mandíbula y sus manos que apretaban fuertemente el volante mientras manejaba bestialmente. -¿¡Y por qué mierda estabas con Erwin!?
Eren se había quedado atónito mirándolo, le estaba dando miedo, realmente había echo enfadar mucho a su jefe, nunca lo había visto de aquella manera. Tampoco cuando supuestamente había estado enojado porque Hanji le había tocado con sus manos sucias la montura, eso no se comparaba en nada con lo de ahora. Sin lugar a dudas Rivaille se había enojado porque el se había ido, pero entonces ¿por qué se enojaba por estar con el jefe Smith? Si decía algo seguramente lo tiraría a la calle con el vehiculo en movimiento, pero si no decía nada seguramente también lo haría, Eren trago saliva y junto todo su coraje.
-¿Por qué va a ser señor? Usted quería jugar conmigo, por eso me fui. Ya le dije, estoy esperando a alguien muy importante y no quiero a nadie más en mi vida, menos a una persona que solo quiere tenerme como un juguete. –Eren vio como Rivaille se mordía el costado de un labio muy fuerte para luego tratar de serenarse. –Lo siento mucho por mi gesto… obsceno, pero no puedo decir lo mismo sobre el jefe Smith… el ha sido muy amable y no tiene la culpa de nada.
-Maldita sea Eren… Eres muy ingenuo, demasiado y a la vez idiota. ¿Acaso piensas que yo te quiero como un juguete? ¿No podías esperar a salir de la oficina y que yo te llevara a otro lugar para que podamos hablar tranquilos? Claro que no… hiciste lo que hace un niño. ¿Cuántos años tienes? –Rivaille sabía que estaba jugando con fuego, aquel mocoso no tenía veintiuno como decía en su documento falso, si no unos malditos quince años, era normal que fuera así, pero no podía creer que fuera tan mocoso e idiota. Cuando llegara a su casa y lo viera a Erwin lo iba a matar.
Eren trago saliva, nuevamente preguntaba su edad… ¡Era un idiota al haber actuado de esa manera, así claramente se podía ver realmente que era un adolescente y no un adulto! Intento no agarrarse la cabeza, no gritar y menos ponerse nervioso, no iba a dejar que lo descubriera, no podía… Su semblante quedo tranquilo, sereno.
-Ahora ninguno hablara hasta llevarte donde te iba a llevar. –Dijo Rivaille mientras seguía manejando, estaba furioso por tantas cosas, pero una que no le había replicado a Eren era que se había mojado su ropa solamente por cargarlo a el hacia el auto, por lo menos era lluvia y no barro si no seguramente ya Eren estaría tirado por ahí, maldito mocoso y su promesa de hacia años…
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Eren veía como Rivaille tomaba una pequeña calle de asfalto ya dejando la ciudad hacia un largo rato, todo lo que ahora se veía eran bosques, campos y carteles con propagandas. ¿Acaso iba a matarlo y lo dejaría tirado por ahí? Tembló ligeramente por aquello y porque estaba bastante mojado.
-¿Tienes frío? –Pregunto viendo a Eren, Rivaille ya estaba totalmente calmado con su típica cara aséptica.
-Un poco… -Murmuro Eren, la temperatura había descendido y su cuerpo mojado le proclamaba calor.
-Ponte esto. –Rivaille con un ágil movimiento se había sacado su chaqueta mientras se la pasaba a Eren, este la tomo mirándola como si fuera una reliquia. –Úsala mocoso, no quiero que te enfermes.
Eren asintió mientras pasaba un brazo y luego el otro por aquellas mangas tan apretadas viendo que le quedaba un poco chico, sus manos y muñecas sobresalían al igual que su cintura, pero no dijo nada, olía a el. Cuero, perfume caro y no sabía porque a caballo. Respiro inhalando lentamente, aquel aroma le hacia tranquilizarse como nunca antes lo estuvo.
-¿Tanto olerás mi campera de cuero? –Pregunto Rivaille viendo como Eren se sonrojada violentamente para luego dirigirle una mirada de reproche, Rivaille sonrió. –Sigue con lo que haces, me halagas.
-Solo… tiene tu olor. –Murmuro Eren volviendo a su ritual, nadie… ni siquiera Rivaille iba a sacarlo de aquel transe, no podía entender como podía darle tanto efecto esto, un olor tan fuerte y exquisito.
-Es una lastima que ya estemos llegando. –Dijo su jefe mientras bajaba la velocidad, Eren que había estado con su cabeza metida entre sus brazos para oler mejor levanto la vista, ¿Acaso pensaba su jefe llevarlo a un bosque? ¡Lo iba a matar! -¿Qué?
-¿Don-Donde me lleva? –Pregunto Eren nervioso. –Si no se da cuenta esta lloviendo y acá no veo más que bosques.
-Ten paciencia mocoso y deja de oler eso y mira a tu alrededor. –Gruño Rivaille doblando en una calle más pequeña que estaba echa de pequeñas piedras que al pasar con el auto se escuchaban como algunas se movían. – ¿Lo ves?
Si, sin lugar a dudas lo veía, antes no lo había podido ver porque estaba oculto entre el bosque, pero al doblar se había encontrado con una cabaña de madera la cual tenía dos pisos y estaba en el medio de la nada. Era hermosa, tenía una ventana larga y grande arriba dejando ver una cortina blanca donde también estaba un balcón no muy grande.
Rivaille dejo el auto frente a la casa mientras se apresuraba para abrir la puerta de Eren sosteniendo un paraguas negro mientras tomaba con su mano libre la cintura de Eren para atraerlo más hacia el, sus narices se rozaron.
-Esta casa la tengo de hace mucho tiempo, es una cabaña y vengo de vez en cuando, por lo que seguro antes de hablar de algo tengamos que limpiar, ya sabrás que odio la suciedad. –Rivaille le beso la nariz mientras lo obligaba a Eren a caminar junto a el hacia la pequeñas y anchas escaleras que había afuera de la cabaña para luego abrir la puerta con una llave.
Eren vio que dentro era muy acogedora, tenía un sofá largo con dos sillones a cada lado y frente una chimenea rustica. Todo estaba hecho de madera, las tres bibliotecas que estaban al final de aquella sala llena de libros, como la mesita de café y las puertas que separaban las demás habitaciones.
-No te pongas tan cómodo mocoso, vamos a limpiar, mira el polvo que hay… -Rivaille fue hacia la segunda puerta que estaba hacia su derecha, Eren pudo ver estirando su cabeza que era donde guardaba todas las cosas de la limpieza, ¿Acaso Rivaille iba a limpiar con el? ¿Lo había traído para que limpiara? ¿Ese era su trabajo? ¿No iba a despedirlo? Y miles de más preguntas se le estaban formando en su cabeza, pero su jefe ya estaba frente a el extendiendo un traje blanco. –Cámbiate.
Eren tomo lo que su jefe le había dado, eran ropas de limpieza al parecer totalmente blancas e impecables, también había un pañuelo y barbijo. Vio como Rivaille se empezaba a sacar su camisa y a Eren le entro el pánico, aun así se quedo mirando.
-Puedes cambiarte en la otra habitación si quieres… o puedes ver este espectáculo, pero créeme que luego te saldrá muy caro. –Rivaille se dio vuelta mirando a los ojos de Eren, unos que desprendían llamas y vergüenza, los que tanto le gustaban. Rivaille Estaba ya sin camisa y veía como Eren no le podía quitar la vista de su pecho. –Ve, es el baño la primera puerta a la izquierda.
Eren le hizo caso intentando disimular su gran asombro, su jefe tenía un cuerpo espectacular, no podía creer que con aquella estatura fuera así. Tenía músculos por todos lados además de unos increíbles abdominales. Hasta le quedaba mejor que a Reiner y que a todos los hombres del universo junto. ¿Y Heichou?
Entro al baño cerrando la puerta mientras se recargaba en esta, nunca había visto a Heichou sin remera, pero cuando lo había abrazado parecía haber estado normal, claramente cuando tenía siete años sus hormonas no eran las mismas que ahora, no miraba aquellas cosas. ¿El tendría músculos? Lo recordaba vagamente, cabello negro con bastante flequillo que le caía a los ojos, piel blanca, rasgos finos y ojos grises con azul claro, una mirada dulce y una sonrisa amigable. No recordaba muy bien su cara, con el tiempo se había empezado a desfigurar para luego ser una mancha borrosa, pero podía recordar sus palabras, sus susurros y sus promesas. Sin lugar a dudas el lo encontraría y se amarían profundamente. ¿Cuántos años tendría ahora? Si no mal recordaba en su momento había tenido… ¿Diecisiete? Seguramente no pasaría de los treinta años pensó Eren imaginándoselo un hombre apuesto y elegante, de buen carácter y dulce. Un príncipe. Una sonrisa calida apareció en su rostro.
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Eren había salido del baño completamente nuevo y diferente, llevaba un traje blanco, su cabeza como cuando estaba limpiando estaba con un pañuelo blanco y un barbijo protegía su cara, lo único que se podía ver bien eran sus ojos y un poco de su cabello rebelde.
Rivaille que había estado sentado esperándolo se paro al verlo, este vestía igual, salvo que ya en sus manos sostenía una escoba y una pala. Eren no podía creer que su jefe fuera a limpiar, Hanji le había advertido por su manía de la limpieza, pero el nunca creyó que pudiera ser tanto.
-Toma una escoba de la segunda puerta y barre, yo limpiare arriba, si hacemos todo bien podremos terminar en menos de dos horas. No quiero nada, exactamente nada, ni polvo, ni suciedad, nada. Limpia bien y luego hablaremos lo que teníamos que hablar… Y deja mi ropa en aquel cajón. -Dicho eso Rivaille se fue por la puerta que estaba todo derecho, al parecer la limpieza era su primera prioridad.
Eren que estaba acostumbrado a limpiar no se le hizo problema, pero luego de media hora Rivaille había bajado para ver como iba y Eren entendió que Hanji iba enserio con la obsesión de su jefe, le había recriminado que la mesa estaba sucia en la parte de debajo de la madera, también que tenía que limpiar las esquinas del techo, las paredes, la biblioteca sacando libro por libro y luego pasar un trapo muy bien escurrido por la madera para luego pasar otro seco.
Luego de casi toda la tarde y un poco de la noche limpiando habían terminado, Eren se había ocupado de la sala de estar, la cocina que era también rustica con madera y el comedor, le había costado horrores, pero lo había terminado, ahora todo relucía brillante y con olor a lavanda.
Eren se sentó casadamente en el sofá mientras se estiraba, le dolía terriblemente todo, pero su espalda era la que más sufría en estos momentos. Había estado limpiando horas y horas con las órdenes del desquiciado y paranoico de la limpieza el cual por lo menos lo había dejado bañarse y cambiarse con su antigua ropa que ya estaba seca.
-¿Me odias Eren? –Pregunto Rivaille apareciendo en la sala, tenía el cabello algo húmedo y ya sin peinarse hacia el costado dejando que este cayera en picada hacia abajo, de la puerta del baño salía un agradable vapor, ya estaba cambiado con su antigua ropa mientras cerraba la puerta del baño y se sentaba al lado de Eren cruzando sus piernas.
-Yo… no lo odio señor. ¿Por qué debería? –Pregunto Eren viendo como aquel hombre le recordaba algo vagamente, se relamió sus labios que estaba resecos mientras veía como Rivaille todavía lo mirada.
-Te hice limpiar el lugar completamente, muchos no pueden con mis ordenes… soy muy estricto con la limpieza y abuse de ti por el simple echo que te hice trabajar más de la cuenta, aparte que Hanji te había dado un descanso. –Rivaille se inclino hacia el muchacho con una mirada inquebrantable. -¿No me odias?
-Señor, ya le dije que no lo odio. ¿Usted si? –Y por primera vez Eren sintió un gran temor a perderlo, ¿acaso alguna vez lo había tenido a el para pensar eso? Vio como Rivaille sonreía complacido y tomaba a Eren de su nuca para entrelazar sus dedos con el cabello de este y besarlo. –Espere…
Eran pequeños y dulces besos, Eren podía sentir como Rivaille tomaba su labio inferior con su boca para morderlo y luego chuparlo suavemente, estaba siendo dulce y calido pensó Eren olvidando todo y poniendo sus brazos en el cuello de su jefe para atraerlo hacia el y poder profundizar aquel beso que tanto le desesperaba.
-Tranquilo Eren… -Murmuro Rivaille dejando de besarlo y mirándolo, necesitaba ver aquella cara sonrojada e inocente. –No te olvides que tenemos que hablar. –Además no te hice limpiar todo esto para luego irnos, nos quedaremos un día o tal vez más…
-¿Qué? ¿Y mi trabajo? –Pregunto Eren alejándose un poco de su jefe. –Mis amigos se preocuparan y…
-Me importa una mierda tus amigos. Ahora escúchame mocoso, hay muchas cosas que necesito contarte. –Rivaille estaba por empezar a hablar, pero un ruido largo y espantoso sonó en el estomago de Eren, Rivaille entrecerró sus ojos. –Es verdad, no me había dado cuenta, no comimos nada.
-Lo siento mucho. –Pidió disculpas el joven de ojos verde turquesa agachando su vista totalmente avergonzado.
-Tks… es mi culpa, vamos a comer… -Rivaille se levanto del sofá donde hacia unos momentos había estado tan cómodo. –En la lacena de la cocina hay paquetes de cosas para comer, vamos.
Eren lo siguió pasando por toda la sala hasta la segunda puerta que estaba a la derecha, la cocina era muy grande, estaba completamente amueblada con alacenas de madera arriba y abajo, en la superficie había mármol de un color rojo con pequeñas manchas de varios colores. Una cocina eléctrica, heladera gigante plateada, un lavavajillas, microondas y horno eléctrico. En el medio había una gran mesada con butacas altas donde seguramente se desayunaría y por la mente del joven paso una escena bastante tierna donde el y Rivaille desayunaban juntos luego de levantarse.
Eren vio como Rivaille abría unas de las puertas de una cajonera y sacaba unos cuantos paquetes de fideos mientras seguía revisando que cosas había, parecía estar perdido y Eren entendió que seguramente el nunca cocinaba.
-Señor… ¿Sabe que cosas son esas? –Pregunto Eren viendo los fideos.
-Mocoso, claro que se que son… ¿Acaso me tratas por idiota? –Gruño Rivaille ahora sacando de otro lugar una olla. –Pero lo que no se es cocinar, una vez intente, pero… La cuatro ojos dijo que era bueno en todo, menos en esto…
-Entonces déjemelo a mí. –Pidió Eren, no quería que su jefe sufriera haciendo aquellas cosas, no era la clase de persona que se cocinaba, sabía muy bien que en la mansión tenían chef y dudaba mucho que supiera hacer lo más simple, hervir agua. –Yo se cocinar.
Rivaille se dio vuelta para mirarlo detenidamente mientras asentía un poco molesto y le hacia señas para que se acercara, Eren pudo ver que en la mesada había varios paquetes de fideos todos de marca muy cara, luego latas de choclo, palmito y hasta hongos. Lo primero que empezó a ver tomándolos era la fecha de caducidad para luego pensar que podría cocinar con todo eso.
-Es lo único que hay, no te esfuerces demasiado. ¿En que puedo ayudar? –Pregunto el hombre arremangándose su camisa roja y tomando un delantal de un cajón. –Ponte esto.
Eren hizo lo que le decía, era un delantal verde vivo oscuro que le hacía resaltar sus ojos, Rivaille también se había puesto uno, pero azul. Mientras su jefe le mostraba donde estaba cada cosa Eren iba sacando una cuchara, tenedor y cuchillo mientras abría las puertas de la lacena que había arriba para tomar dos platos, la única regla que le había puesto Rivaille era que la comida estuviera limpia, como también las cosas.
-Yo… puedo cocinar solo. –Murmuro Eren, no quería arruinar toda la comida por el solo echo de estar nervioso con la presencia de su jefe, Rivaille asintió.
-Entonces yo pondré la mesa. –Y dicho eso salio de la cocina.
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Agradecía a su querida madre y Mikasa por enseñarle a cocinar, gracias a aquellas mujeres tan importantes en su vida había podido salir delante, como también ahora, ya que al probar la salsa de tomate con champignon pudo ver lo exquisita que le había salido y con tan solo pocos ingredientes, solo faltaba colar los fideos y estaría listo todo, esperaba que a Rivaille le gustara.
-Huele bien. –Dijo su jefe al entrar a la sala apoyándose sobre el marco de la puerta abierta y con sus brazos cruzados. –Comeremos en el comedor, ya arme todo.
Eren asintió mientras juntaba la salsa con los fideos largos, estaba realmente sorprendido que Rivaille supiera como poner una mesa, pero seguramente era algo normal porque el hombre al comer veía como estaba todo, solamente un idiota no sabría como hacerlo.
-Listo. –Eren empezó a caminar con la bandeja repleta de comida hacia la otra sala, pero su jefe lo retuvo. -¿Ah?
-Déjame hacerlo. –Rivaille la tomo y antes de ingresar al comedor se detuvo mirando a Eren. –Todavía no entres.
Eren se quedo donde estaba mientras su jefe entraba y cerraba la puerta con su hombro, ¿Acaso Rivaille iba a servir la comida? No podía verlo así, no parecía ser un hombre que hiciera aquellas cosas. Espero ansioso intentando escuchar algo, todo estaba en silencio. ¿Tanto podía tardar en servir un par de fideos? Trago saliva sin darse cuenta de lo que iba a pasar ahora, cenarían justos… a solas… Intento no hacerse la gran idea, solamente comerían, nada más. Además Rivaille le había explicado que si cocinaba, el prepararía la mesa para comer por lo menos, además que sabía donde estaban todas las cosas.
La puerta se abrió totalmente dejando ver a Rivaille detrás de ella, este le sonreía entre encantador y seductor. Le tendió su mano para que Eren la tomara y así lo hizo mientras lo hacia ingresar al comedor y sus ojos no podían dar crédito a lo que veía.
Con razón estaba algo oscuro pensó Eren, frente a ellos había una pequeña mesa decorada con un mantel blanco, arriba cuatro velas largas y rojas adornaban e iluminaban el gran lugar. Todo estaba servido, desde el vino en las copas largas y grandes, hasta la comida en cada plato, como también las servilletas prolijamente dobladas al costado de los cubiertos. Lo único que Eren no sabía era en que lugar sentarse, pero su jefe ya lo estaba ayudando en eso porque gentilmente de la mano lo acompaño hasta su silla.
-Señor… -Murmuro Eren todavía asombrado mientras se sentaba y Rivaille hacia lo mismo. –Esto es hermoso…
Nunca en su vida le habían preparado algo así, era romántico, demasiado. Estaban a la luz de las velas con una hermosa lluvia en la noche y por si fuera poco con Rivaille Ackerman incluido que lo miraba como el gran galán que estaba siendo ahora.
-Me alegra que te guste, Eren. Por favor, llámame Rivaille o… Levi. ¿Empezamos? Veremos como cocinas… -Su jefe se lo quedo mirando detenidamente, cada parte de Eren, desde su piel hasta sus hermosos y bellos ojos. –Como soy un caballero o aparento serlo ahora… esperare a que tú comas el primer bocado.
-Los dos somos unos caballeros si vamos al caso, señ… Rivaille. Aun así le haré caso y yo empezare. –Dijo Eren tomando un poco del fideo para metérselo en la boca, intentaba ser lo más educado y fino posible. -¿Ya?
-Listo, Eren… Estás hermoso. –Eren sintió como su corazón se apretujaba y unas mariposas bailaban en su estomago. –Está muy rico, podría hasta contratarte para que siempre me hagas las comidas tú.
Eren le sonrió mientras seguía comiendo, antes había estado muerto de hambre, pero ahora al estar con aquel hombre y de aquella forma se le había ido mágicamente, pero necesitaba comer y al ver como Rivaille lo hacia tan elegantemente trato de imitarlo.
-No se si tomas alcohol, pero este vino no tiene mucho, es uno de los mejores en el mundo. Me alegra que sea yo quien te enseñe de esto… -Recalco las ultimas palabras con un pequeño gruñido mientras levantaba su copa. –Lo primero es agitar la copa, el contenido.
-¿Para que necesitaría…? –Pregunto Eren, pero Rivaille levanto su mano para que hiciera silencio.
-Tiene que ser suavemente, luego disfruta el aroma del vino. –Rivaille delicadamente se llevo a su delgada y fina nariz la copa mientras inhalaba suavemente. –Y luego por ultimo se prueba. Siempre se toma en pequeños sorbos y se saborea dentro de la boca manteniéndolo un par de segundos. Hazlo tú.
Rivaille le entrego su copa y Eren empezó a hacer lo que su jefe le había enseñado, estaba nervioso, era su primera vez haciendo algo así y empeoraba más su estado estando con la persona con la que al parecer le gustaba, pero aun así lo hizo.
Al probar y mantener en el interior de boca el vino por unos segundos para luego tragarlo pudo comprobar que era exquisito, suave, con un aroma encantador y delicioso.
-Bien, no esta nada mal. Tienes que ser más delicado… Te dejaré comer tranquilo. Luego haremos más clases de estas. Muchas clases. –Dijo el hombre con una sonrisa de complacencia. -¿Prefieres vino o agua?
-Vino… Vino estaría bien, señ… Levi. –Rivaille agudizo su vista, no le molestaba para nada que lo llamara por aquel nombre y tomando la botella le sirvió.
Luego de la cena romántica, Rivaille empezó a explicarle bastantes cosas sobre el vino de lo cual Eren intentaba entender todo, pero su mente ya bastante cansada con todo lo que había pasado en el día estaba ya exhausta. Lo que si podía apreciar y muy bien era como su jefe había cambiado completamente, de ser un hombre frío y egocéntrico se había convertido en uno muy amable y seductor.
-¿Entendiste? –Pregunto Rivaille al ver como Eren lo miraba con ojos vidriosos. –Eren…
-S-si… señor. Disculpe es que estoy algo cansado… -Eren no había querido ser maleducado, además el simple echo de estar escuchando a su jefe y poder verlo lo hacia ponerse en un suave trance de tranquilidad el cual duraba poco al volver a recordar los besos apasionados y lo que había pasado aquella mañana y al medio día. -¿Entonces hay otras formas de tomar vino? Lo escuche todo claramente, señor.
-Eren… deja de decirme señor y si, las hay. ¿Quieres ver una? –Pregunto Rivaille alzando la copa, las velas rojas ya estaban consumidas a la mitad, Eren asintió agudizando la vista para ver que como bebía exactamente el vino, Rivaille lo tomó como antes y Eren pensó desesperado que no había prestado mucha atención o se había perdido algo.
Rivaille se levanto de su silla dejando la copa en la mesa y fue hacia Eren quien se quedo achicando sus ojos no entendiendo que quería mostrar.
Rivaille se inclino apenas y lo tomo de la barbilla obligándolo a levantar su cabeza haciendo que pudieran verse nuevamente, luego suavemente poso sus labios en los del menor y con mucha más suavidad metió su lengua en la boca de Eren dejando entrar el suave y embriagador vino, una delgada línea roja desbordo la mejilla de este mientras todavía su jefe lo seguía besando tan dulce y despacio para que no pudiera volcarse nada más, la línea roja del vino bajo hasta el cuello del moreno y se perdió por debajo de su ropa.
-Trágalo. –Ordeno Rivaille con voz ronca y respiración entrecortada cuando se separo, Eren le hizo caso mientras saboreaba el vino con el gusto de Levi, era totalmente exquisito y muy, pero muy excitante pensó Eren mientras sentía su miembro elevándose. -¿Has entendido?
Eren que como el solo sabía tenía quince años no pudo controlar sus emociones y mucho menos su excitación y se abalanzo perdiendo toda su vergüenza hacia Rivaille mientras lo besaba torpe y desesperadamente. No sabía si había sido gracias al vino o lo que acababa de hacer el hombre, pero ahí estaba, besándolo como si no hubiera un mañana, sus manos en el cuello del hombre y su cuerpo muy pegado a el.
Rivaille que se había sorprendido con aquel comportamiento se había quedado estático, pero luego de unos segados lo tomo de la cintura profundizando aquel beso tan candente. No podía creer que Eren lo estaba guiando, porque así era, la lengua del chico estaba dentro de su boca mientras lo devorada desesperadamente, se notaba que era nuevo en esto, pero aun así a Rivaille le encantaba, iba a enseñarle todo a su mocoso.
Continuara...
Bueno, ¿Qué les pareció? Cualquier duda, pregunta o algo pueden escribirme :3
Por otro lado agradezco infinitamente a las personas que pudieron leer mi fic, como también a los que comentaron y a los que se enamoraron de Levi (? Todas estamos enamoradas de el (?
Bueno, próximamente capitulo 5...
Saludos :D
