Hallo! Pensaba actualizar este fin de semana pero al parecer no me dará tiempo, el siguiente capítulo ya está en marcha, por favor lean los kilométricos comentarios finales, necesito su opinión acerca de algo =D!!
Gracias a todas las chicas que me dejan reviews!!
En este capítulo, nuevos personajes, angustia psicológica, traumas, y de todo un poco.
Hetalia y Let Dai no me pertenecen, no pretendo lucrar con esto ;_;
.*.*.*.
Arthur vomitó.
Su cuerpo se arqueó, y las piernas le fallaron, por lo que sus rodillas se estrellaron en el suelo con un crujido. Sujetó su boca llena de saliva y restos de comida, y volvió a convulsionarse, expulsando lo que quedaba de su cena improvisada.
Nor seguía llorando, sobre el cuerpo de su hermano ahora, lo apretaba con todas sus fuerzas, escondiendo el rostro herido de Tino en su pecho, buscando con desesperación protegerlo, borrar las heridas físicas y psicológicas que lo aquejaban.
-¿QUÉ DIABLOS HAS HECHO?-gritó Arthur finalmente, rompiendo en llanto, tomando de las solapas de la chaqueta al coreano que lo veía asustado por el repentino estallido del usualmente, calmado inglés- ¿PORQUÉ LE HAS HECHO ESTO? ¿CÓMO TE HAS ATREVIDO A TOCARLO?-gimió Arthur, entre el llanto y la rabia, su rostro rojo y su cuerpo caliente por la impresión, el olor al vómito, a la sangre, el llanto del noruego, el cuerpo de Tino, absolutamente todo.
Sentía como si cayese a un vacío oscuro, y volviese a regresar de inmediato: apenas podía mantenerse en pie.
-¿Qué mierda quieres?-le contestó el coreano, empujándolo a un costado- este putito vino aquí a buscarte ¡y encontré la forma de vengarnos de ti! ¡Porqué te odiamos! ¿Acaso no lo entiendes? Este pendejo estaba pidiendo ser violado- sus labios dibujaron una sonrisa burlona- además, un agujero virgen, siempre es bien recibido
-¡Nunca te voy a perdonar!-volvió a alzar la voz el inglés, limpiándose las lágrimas- ¡nunca perdonaré a ninguno de ustedes por hacerle esto a Tino! ¡Jamás! ¡Bastardos, los voy a matar!
-¡Arthur no!-gritó el escandinavo, soltando a Tino por segundos para ir donde el otro muchacho, tratando de detenerlo en su carrera por golpear a los adolescentes que lo miraban con molestia.
-¡Para que lo sepas, pobre imbécil! Alfred vino aquí, y vio como jugábamos con este mocoso, ¿crees que hizo algo para detenernos? ¡No hizo nada! Incluso nos dijo, que podríamos hacer lo que quisiéramos, aún cuando le dije que era tu novio ¿no crees que él es más culpable que nosotros?
Hubo un crujido, Arthur creyó por un momento que era su corazón rompiéndose al escuchar aquellas despiadadas palabras. Los muchachos frente a él, apenas adolescentes, aún niños, hablaban de lo ocurrido como si no tuviesen remordimiento alguno, como si no sintieran lástima del estado en el que habían dejado a su inocente víctima. Y Alfred…Alfred, era peor que ellos, Alfred…
-¡Cállate basura!- Arthur lo golpeó con todas sus fuerzas, arrojándolo a una de las mesas, rompiéndola y provocando que el coreano se golpeara la cabeza con tal fuerza que sangre manó de un costado- ¡Dime donde está Alfred, dímelo ahora!
.*.*.*.
Volvieron con Tino por la noche.
El noruego hizo el amago de cargarlo pero Arthur lo detuvo con la mano y el otro entendió. Con los ojos rojos y el rostro compungido, aceptó mudamente, y Arthur se colocó a la espalda el liviano cuerpo del niño.
Sujetó los muslos de Tino, estaban cubiertos por unos pantalones que no supo de donde, pero Yekaterina y Agnes le habían ofrecido. Sus dedos presionaron la piel del pequeño, continuaba despierto pero estaba inmóvil, negándose a hacer algún movimiento o a sujetarse del cuello de Arthur que lo sostenía con todo el cuidado posible.
-Está en shock- dijo el escandinavo, su voz escuchándose baja y ronca- es por eso que no quiere moverse- se pasó las manos por los ojos- tal vez es porque le duele mucho- se le quebró la voz, y comenzó a llorar nuevamente. Pero sus dedos cubrían los labios temblorosos y los quejidos no salían de ellos, no quería que ni Arthur ni Tino lo escucharan.
¿Porqué ha tenido que suceder esto?
.*.*.*.
Caminó largo rato, sus ojos estaban irritados y rastros del llanto aún se reflejaban en sus mejillas rojas.
Entonces, movido por una fuerza invisible, llegó hasta el lugar, y se detuvo, agachando la cabeza: esperó la hecatombe.
Alfred estaba ahí: Sentado en aquel muelle desierto y polvoriento, con las piernas separadas, la chaqueta de piel que ya conocía, un cigarrillo en los labios, lo miraba fijamente sin expresión, aunque ambos sabían que la ruptura era inminente.
No cruzaron palabras, Arthur se detuvo frente al otro y apretó los puños, mirándole sin aún atreverse a hablar.
Estuvieron así por algunos segundos, el enojo del inglés era palpable en el pequeño temblor que recorría su humanidad. La garganta le dolía, el cúmulo de sensaciones se agolpaba en su vientre que amenazaba con devolver nuevamente, sin embargo, alzó el puño y lo estampó por primera vez, contra el rostro de Alfred.
Fue un golpe seco. La sangre le salpicó los nudillos, pero el dolor físico de los huesos colisionando contra el rostro fuerte del americano, no fue tanto como el dolor de ver a Tino, violado y arruinado.
-¿Por qué?-preguntó, sus cejas cayeron en un gesto de puro dolor, la boca le tembló y comenzó a llorar con rabia, sujetándose el rostro.
-¿QUÉ QUIERES QUE TE DIGA?-gritó Alfred, colérico, poniéndose de pie de sopetón- ¿QUÉ SABÍA QUE ESE PUTITO ESTABA AHÍ? ¿Qué dejé que lo violaran? ¡No es mi maldito problema! Si ese pendejo fue a buscarte es su puta culpa, deja de preocuparte por él ¡maldita sea! ¡No es como si fueran esposos! El hijo de puta tiene su jodida vida y tú tienes la tuya, ¡mierda!
-¿Por qué dices eso Alfred?-Arthur temblaba aún más, como si estuviese a punto de derrumbarse- ¿cómo puedes hacerle esto a alguien? ¿No te detuviste a pensar por un momento en él? ¡Es un chico! ¡Como tú! ¡Tú eras el único que podía detener eso, y no lo hiciste! ¿Qué diablos tienes en la cabeza? ¡No! ¡No puede ser esto!
Kirkland sentía que el aire le faltaba, y el cuerpo se le congelaba como si el mar de pronto engullera su pequeña figura, como si su cuerpo se revolcara contra las olas y las piedras se clavaran en su carne, era un dolor insoportable, un dolor desde dentro de su pecho, un dolor que no podía consolar con nada.
Alfred, la figura delante de sí, se despedazaba como arrastrada por el viento, el hombre de pie ahí, no podía ser Alfred.
No podía ser Alfred que lo había besado gentilmente.
-Dime…qué demonios sientes por mí ¿Qué mierda piensas? ¡Déjame entenderte!
-Siento todo
-¡Mentiroso!-se abrazó a sí mismo- ¡Mientes! Si te importara tanto, no me habrías lastimado de esa forma, me has roto el corazón
-Jh- sus labios se curvaron, volvía a ser el Alfred que había conocido aquel día en el callejón- si no puedes superar esta mierda, y tampoco puedo obtener tu perdón, entonces toma- le arrojo algo a los pies. El bulto chocó contra el suelo y se abrió, revelando una delgada cuchilla de acero- y mátame, para que puedas irte con tu adorado, estúpido Tino
-…-escupió saliva con asco, porque no le quedaban ya ganas de vomitar, abrumado y con los ojos verdes dilatados en un gesto de desequilibrio, no tardó en tomar la navaja, la palpó entre sus dedos.
Ese simple y peligroso artefacto podía darle fin a todo eso, a todo el dolor dentro de su pecho, a la imagen de Tino que nunca se borraría. Sujetándose la cabeza,se acercó a Alfred, aspirando su particular esencia, y clavó sin más la navaja en la piel suave del abdomen.
-¡…uhg!-los labios blancos de Alfred se abrieron, y un hilillo de sangre corrió por su mentón, más su rostro no demostraba dolor y sus ojos miraban los de Arthur que había vuelto a llorar pero no reaccionaba.
Aquella pequeña mano, que había sujetado tan sólo, aquel día, se aferraba ahora al filo del arma que le atravesaba el vientre con fiereza.
Arthur quiso apartarse, pero su cuerpo no se movía, estaba hipnotizado por la sangre, por la calidez de su mano empapándose con esta, quiso huir de ahí, y pedirle perdón una y mil veces al americano, decirle que no había pensado, que realmente no quería dañarlo, que estaba confundido y herido, pero todas aquellas intenciones quedaron en su mente, y se negaron a exteriorizarse.
De pronto un movimiento, la navaja entró más y la carne de Alfred le rozó los dedos. El americano había acercado ambos cuerpos. Una mano fría se posó sobre su nuca, y Alfred lo atrajo con un empujón, pegando ambas frentes, de modo que pudiesen verse aún en lo oscuro del lugar.
-Que…quede claro-habló, su aliento metálico y pesado por la sangre- que tú fuiste quien me apuñaló primero.
Jones sonreía, y quizás eso fue lo que activó su conciencia. Soltó la navaja que cayó al suelo salpicando sangre, y dándole la espalda al otro, solo atinó a correr con todas sus fuerzas, a alejarse de aquel lugar. Gritó, y lloró, sus piernas dolían de lo rápido que iba y la boca estaba seca. Temblaba de pies a cabeza, consciente apenas de lo que acababa de hacer.
Asqueado y horrorizado de sí mismo, sabiendo que sin Tino, sin Alfred, estaba condenado a la soledad.
.*.*.*.
Tres meses pasaron con facilidad.
-Aahh ¡empacar es tan cansado!-se quejó la mujer rubia, arqueando la espalda, con las manos en la cintura, cambió de posición luego, su cuerpo delgado haciéndose a un costado- ¿te ha gustado la nueva casa?
El rubio asintió, cerrando una caja más grande que él, con cinta adhesiva. Miró con una gota todos los cacharros desperdigados por la habitación, sin duda su mamá era una gran coleccionista de cosas inservibles.
-Quita esa cara- le revolvió el cabello con los dedos- deberías sonreír un poco más, chico serio- tomó las mejillas del inglés con ambas manos y las estiró- ¿ves? Así, luces más guapo, cualquier chica querría salir con mi apuesto hijo
-Supongo- respondió avergonzado, empujándola con los brazos para tratar de quitársela de encima. La quería mucho pero cuando empezaba con el tema de las chicas, no paraba hasta hacerlo sonrojar.
-Voy a mi cuarto- Arthur tomó una caja de cartón y fue hasta su habitación, tenía que empacar sus cosas también, mañana debían dejar el departamento y mudarse al nuevo barrio, más tranquilo y además el edificio donde viviría era más amplio. Se preguntó si también, tendría que cambiarse de escuela. De todas formas no tendría que preocuparse por eso aún, su madre había dicho que podía tomarse el día libre para ayudarla a empacar lo que faltaba.
Comenzó por el estante lleno de libros. Extrajo una pila de ellos y descubrió que se trataban de cuadernos viejos, libros de historias, de matemáticas, y algo llamó poderosamente su atención, uno de ellos, brillaba.
El lomo era escarchado y bellas ilustraciones de hermosas mujeres aladas se desprendían de la primera página: era un libro de cuentos acerca de hadas.
Sonrió con nostalgia, inflando las mejillas. Toda su infancia transcurrió entre cuentos de hadas y de duendes, cuentos felices donde siempre había un buen final para todos y los malos eran castigados.
''Si tan sólo la vida pudiese ser así'', pensó melancólico, sujetando el libro empolvado entre sus brazos, si tan sólo bastara magia para volver a encontrarse con ''él'', para pedirle perdón, arrepentirse una y mil veces por haberle dañado. Sanar a Tino, disculparse por todo lo malo que había ocasionado, más sabía que tanto Alfred como Tino, se encontraban muy lejos ya.
Ninguno perdonaría su traición.
Y aunque finalmente estaba liberado de aquel demonio de angelicales ojos celestes, lo ansiaba y deseaba como en la primera vez que lo vio, a veces soñaba que una piedra estrellaba contra la ventana, que volvía a ver a Alfred, que dormían juntos, abrazados, y que la playa los recibía con el sol veraniego.
Pensó en Alfred y en su rostro sonriente, en la sangre corriéndole por las manos ¿qué sería de él? Las manos se le helaron cuando el pensamiento de Alfred muerto cruzó su mente, no podía ser posible, si Alfred moría, si Alfred desaparecía…
-Yo...yo me muero
.*.*.*.*.
-Pensé que la clase nunca acabaría
Eduard Von Bock se acomodó los lentes y miró a Tino que lucía ausente.
El pequeño finlandés, con el cabello rubio bastante crecido, se colocó las zapatillas y dejó los zapatos para el aula dentro del casillero, ni un movimiento, alertó a Eduard acerca de la atención que Tino le prestaba.
Últimamente el muchacho hablaba menos y faltaba más. No era tan tonto como para no notar que la personalidad de su amigo de la infancia había sufrido una metamorfosis.
-Sí- dijo finalmente Tino, mirando por la ventana al fondo del pasadizo. Se acomodó el suéter amarillo del uniforme.
Von Bock sonrió con desazón, sospechaba de si Tino realmente había escuchado sus palabras.
-Oi Tino ¿me acompañas? Quiero pasar por la librería a comprar unos libros, Raivis irá también, ¡acepta!
-S-si-afirmó un tembloroso niño de cabello rubio oscuro tras ellos. Llevaba una pila de libros que se tambaleaban peligrosamente a cada temblor, amenazando con aplastarlo.
-…
-¡Raiiiiviiisss!-chilló Eduard, corriendo con preocupación al jovencito que estaba a punto de desbarrancarse con la pila de libros- deja te ayudo con eso.
Tomó los libros – ahora vengo Tino ¿nos esperas, vale?- y ambos desaparecieron en el pasillo, siendo observados por unos ojos violetas y opacos.
Me pregunto…si ellos seguirían siendo mis amigos, hablándome de esta forma, si supieran lo que pasó. Este cuerpo sucio, sólo puede producir asco. Repudio.
La campana del receso sonó.
Eduard y Raivis regresaron al pasillo y buscaron con la mirada al finlandés, más parecía no haber rastro de Tino.
-¿Alguien ha visto a Tino?-cuestionó Eduard, preocupado, a cualquier estudiante que pasara por ahí, no entendía el porqué de la actitud distante de Tino para ambos, siempre habían sido amigos.
-Se fue hace unos minutos-le dijo alguien, y entonces sintió como le tiraban del sueter y cuando volvió el rostro encontró a Reivis, que le miraba también preocupado.
-…-ambos muchachos se miraron en silencio, negando con la cabeza.
.*.*.*.
Quiero volverme fuerte. No voy a llorar más, no seré una víctima.
Si me vuelvo fuerte, de esa forma, podré protegerme, nunca volverán a lastimarme, ni a tocarme ¡ellos!, voy a acabarlos, voy a matarlos, voy a matarlos, los mataré, los mataré…
-¡Tino, espera!-le llamó una voz. Al reconocerla, el rubio sintió como todo su cuerpo se tensaba, apretó los puños sobre los tirantes de la mochila, y continuó avanzando a paso lento, sin voltear a mirar, siquiera.
-¡Por favor! ¿Podemos hablar?- el finlandés lo ignoró nuevamente, apuró el paso, cruzaba en ese momento un parque bastante ordenado y desierto, donde tan sólo unos niñitos jugaban en una caja de arena.
-¡Aunque sea escúchame!-Arthur tiró de su muñeca. Por la fuerza, el finlandés tembló, apretó sus ojos violetas asustado, el simple toque de alguien ajeno a sí mismo, lo aterrorizaba.
-¡Suéltame!-le gritó, dejando a Arthur perplejo, el cabello rubio de Tino lucía despeinado y en su rostro una mueca de horror indescriptible. Más luego sus facciones se suavizaron, y el inglés miró su mano. Tino le había dado un manotazo- ¡No te atrevas a tocarme!
-…Yo sólo, quería que me escucharas
-¡No!-gritó histérico el pequeño, cubriéndose ambas orejas con las manos- ¡No me toques! ¡No vuelvas a hacerlo en lo que te resta de vida! ¡Nunca más, nunca más dejaré que alguien me toque con sus sucias manos, no soy un juguete, no soy un juguete, soy Tino!
Arthur retrocedió algunos pasos, asustado, se estaba comportando de una forma tan extraña, que el corazón se le estrujaba un poco ante cada palabra del antes dulce, Tino.
-Lo siento mucho Tino, yo...yo no sabía, no lo volveré a hacer- prometió Arthur, mirándolo. Había crecido sin duda, al parecer la adolescencia le llegaba y se había estirado unos centímetros más, al igual que él, el rostro de Tino, luciendo maduro-Tino, perdóname- dijo finalmente, apretando una mano, sin atreverse a mirar al finlandés.
-Basura
-…
-Basura ¡eso es lo que eres!-tomó a Arthur del cuello de la camisa escolar, para alzarlo de golpe, como si quisiera golpearlo- ¡No te atrevas a sentir lástima por mí! ¿me oyes? No merezco esa mierda, y mucho menos de ti, nunca voy a perdonarte, ni a ti, ni a mi hermano, ni a esos bastardos que me hicieron aquello, a nadie de ese maldito nido de ratas, ¡jamás volveré a ser el mismo! ¿No puedes entenderlo? ¡Me han quitado todo!
Abrió sus ojos verdes, y el agarre sobre su camisa se suavizó, miró al frente y encontró la razón: Tino lloraba.
Su rostro estaba apacible, sus labios tensos y el cabello le caía sobre los ojos, sin embargo, por ambas mejillas, se deslizaban dos riachuelos de lágrimas. No había dolor en su gesto pero dentro de él, quemaba la rabia y la desesperación de saberse nuevamente vulnerable.
-¡Muérete Arthur! ¡Muérete!-gritó, dándole un empujón para alejarlo y luego correr tan rápido que cruzó el parque en segundos, y Arthur, lloroso también, no se atrevió a seguirle.
.*.*.*.
-Kyaaaaa Alfreeedd es geniaaal-chillaba una despampanante rubia, en la parte trasera de la motocicleta que un ávido conductor, manejaba.
Se detuvieron en un grifo, el conductor bajó, aún con el casco puesto y echó algo de gasolina, para luego volver a su lugar. Se quitó el casco entonces, revelando su cabello rubio y los impresionantes ojos celestes.
-¡Lindo!-soltó la chica, presionando sus pechos contra la espalda del americano, asegurándose de que el otro pudiese sentir su figura femenina, si tenía suerte, lo excitaría y entonces podría contarles a sus amigas que lo había hecho con Alfred Jones.
Sonrió contenta, las ventajas de ser bonita. Rodeó la cintura de Alfred con las manos y recostó su mejilla en la espalda de éste.
Al sentir el contacto, el otro no se inmutó, sin embargo, una extraña sensación de incomodidad se instaló en él, y lo recordó. ''Él'' solía acurrucarse de la misma manera.
Miró a la chica de reojo.
Si tan sólo sus manos fuesen más cálidas y pequeñas…si su cabello fuese naturalmente rubio y sus cejas más anchas.
Torció la boca con desagrado, aún inconscientemente buscaba similitudes en aquella mujerzuela con Arthur. Ahora estaba de mal humor, esa perra le había hecho recordarlo.
-Gyaa ¡una cita con Al!- chilló nuevamente, apretándole el torso con histeria, sus manos buscando toquetear la mayor extensión posible del cuerpo del americano.
El rubio sonrió, aceleró y la moto ronroneó antes de alzarse un poco. Su brazo se estrelló con el cuerpo de la mujer y gracias al impacto ella cayó con violencia, sentada al suelo.
-¿Qué te pasa?-cuestionó adolorida, una de sus rodillas sangraba.
-Odio que me toquen, y menos mujerzuelas como tú- aclaró el muchacho, mirándola con poco interés. Escupió a un costado y la moto volvió a inclinarse sobre la chica, como si fuera a aplastarla- que te follen- murmuró, alejándose con el vehículo, dejando a la muchacha en medio del llanto, aún sobre la pista.
.*.*.*.
-Buenas tardes mamá- saludó el joven, a la mujer de ojos celestes que colocaba la ropa sucia en un cesto, en esos momentos.
La fémina le sonrió, y observó con curiosidad las bolsas que el mayor de sus hijos llevaba en las manos- ¿y eso, Nor?
-Ah-se rascó la nuca- es el pago por mi primer mes de trabajo- le sonrió- mira, compré esto para ti, y regalos para papá- le entregó un par de zapatos y una bolsa con ropa- por cierto ¿Tino ha llegado? ¡Quiero verlo! Le he comprado ese pantalón que quería hace tiempo
-Si está en su habitación- el rostro de la mujer pareció ensombrecerse- Nor-chan, tú…¿sabes si a Tino le ha sucedido algo?
El rubio tragó saliva, las imágenes de aquella fatídica noche se agolparon en su mente- no, nada le ha pasado ¿por qué la pregunta?
-Volvieron a llamar de la escuela, estoy preocupada- tomó asiento en el sofá, sosteniendo las bolsas- al parecer las notas de Tino han bajado drásticamente, ni los profesores lo entienden, él era tan buen estudiante, y ahora parece haberse echado al relajo. Además, ya no sale con Eduard-kun, no sé qué puede pasarle, está tan extraño, ¿crees que lo estén molestando en la escuela? Tino siempre ha sido así, tal vez no lo dice por no fastidiarme
-No mamá, Tino no es así, él no dejaría que nadie lo perjudicara- que hipócrita soy, pensó con asco-bueno iré donde Tino, se va a animar cuando le dé esto- pensó, tratando de aliviarse.
Subió con rapidez las escaleras, y tocó a la puerta de la habitación de su hermanito. Ésta fue abierta con violencia, y de ella emergió Tino, su largo cabello rubio hecho hacia un costado. Nor le miró por unos segundos ¿Cuándo, su hermanito se había vuelto tan guapo? ¿Ese era el mismo Tino que el año pasado lloraba cuando la tía se olvidaba de mandar salmiakki por navidad?
-¿Qué?-cuestionó con desinterés, y una mueca de aburrimiento en su rostro.
Entonces el noruego lo sintió, el olor a humo de cigarrillo, la habitación de Tino estaba inundada de aquel aroma. Lo miró con más intensidad, pero decidió no decirle nada, no estaba en condiciones para regañarle. Aunque su pecho escocía, ¿desde cuándo Tino fumaba? ¡Apenas tenía 16 años!
-Te he traído esto, mira- trataba de animarle, sacó la bolsa de papel y le mostró los pantalones de mezclilla de tonalidad opaca- ¿te gustan? Son los que querías para tu cumpleaños.
No le duró mucho el entusiasmo cuando Tino apartó la bolsa con brusquedad y se giró para llevársela consigo.
-Por cierto- el pálido chiquillo se giró, mirando al mayor- Arthur y yo ya no tenemos nada- le dijo- no me interesa, así que puedes ir y declararle tu ''puro'' amor por él, no sientas lástima por mí, porque no siento nada ya por él
-¿Qué dices?-el de ojos celestes le miró con sorpresa.
-No me creas tan estúpido ''niichan''-tomó la puerta para cerrarla- todos ustedes, realmente me repugnan
La puerta se cerró y sólo pudo ver como la silueta de Tino desaparecía tras de la madera.
Aquella noche, desnudé a mi hermano, bajo el agua caliente.
Recorrí con mis manos, cada herida, cada corte, cada raspón en su cuerpo desnudo y ultrajado. Entre lágrimas, apenas podía ver mis movimientos sobre él. Lo jaboné y enjuagué tantas veces que la piel se tornó rozada y mis manos se arrugaron. De esa estúpida forma, pensé que podía sanarlo, que podía limpiarlo. Que las huellas de dedos se borrarían y todo sería un mal sueño. Que Tino volvería a sonreír y ser el mismo de siempre…
Parece, que estaba equivocado.
.*.*.*.
A través de las ventanas del metro, las largas hileras de concreto y cableado, pasaban frente a sus ojos.
Sostenía la mochila ocre contra su pecho. Su gakuran, relucía, haciendo notorio que era recién comprado. De color entero y negro, tan solo los puños, rodeados de líneas plateadas, al igual que los botones que relucían en la parte delantera del traje, resaltaban entre tanta oscuridad. El cabello corto y rubio, aún húmedo por la ducha improvisada que había tomado por la mañana, después de que su madre (demasiado cansada por el trabajo) olvidara despertarlo en su primer día, en la nueva escuela.
Tal y como lo había predicho, cambio de casa, cambio de escuela.
La Shigaraki chugakkou era bien conocida por ser una escuela de varones especializada en los deportes. Siendo que a él le iba bastante bien en el atletismo, había decidido por esa como primera opción, además de no quedar muy lejos de la nueva casa.
-No lo creo ¿es cierto?
El cuchicheo de dos muchachos con el mismo uniforme que el suyo, llamó su atención. Miró a un costado para que los mocosos no sospecharan que los escuchaba.
-Sí, al parecer, este año competiremos con los de la Saint Rudolph en baloncesto
-Saah , dudo mucho que esos ricachones presumidos puedan anotarnos un punto, su ego es más grande que sus piernas, olvídalo
-Bueno como te decía…
El corazón de Arthur latió con rapidez, y las nauseas lo tumbaron en el asiento aún más, últimamente, cuando pensaba en él, sentía irremediables ganas de vomitar hasta su alma. El nerviosismo, y la angustia que le ocasionaba recordar a Alfred, por poco y lo hace vomitar.
Sabía que Alfred y toda su pandilla asistía a esa escuela, lo que no sabía era que ésta estaba bastante cerca de la suya.
Sin detenerse a pensarlo, se pegó al asiento como con cinta adhesiva. El tres se detuvo y anunciaron la parada escolar para los de la Shigaraki, más él se quedó rígido, negándose a bajar. Necesitaba verlo, aunque sea de lejos, tan sólo unos segundos. Se abrazó a si mismo, hacía tantos meses que no lo veía ¿porqué de pronto esa desesperación lo invadía? Como si le estuviesen abriendo el pecho, o como si le arrebataran de las manos lo que más quería.
-Quiero verte- se cubrió los ojos verdes con el antebrazo- necesito verte aunque me odies
.*.*.*.
Antes de que pudiese reflexionar, estaba ya trepando la reja alta que rodeaba la inmensa escuela. Había dejado su mochila al otro lado, y ahora, luchaba para desenredar el puño del gakuran, de una punta afilada que servía como adorno y protección.
-Demonios- masculló, moviéndose desesperadamente para soltarse, si continuaba haciendo tanto ruido seguramente lo descubrirían y echarían. Se agitó como un gato siendo tomado por el pescuezo, y finalmente en un golpe seco cayó de cabeza sobre el césped.
-Gyyaaahh-gimoteó adolorido, con un chinchón en la cabeza. Sobó sobre el cabello rubio y miró la manga, un agujero tenía ahora. Su madre lo reprendería, y ya casi podía ver que el nuevo uniforme salía de su mesada.
Se sacudió la ropa y cuando estaba a punto de recorrer la escuela, una visión lo sorprendió.
Era Alfred.
Alfred hermosamente ataviado en tonos contrastantes pero armoniosos. El pantalón oscuro, los zapatos del mismo color y el blaizer de un color ocre que hacía resaltar la corbata azul. Se quedó sin aire por un momento, las ganas de vomitar volvieron y se agachó lo suficiente como para que el otro no lo descubriera.
Cubrió sus labios con la mano y una repentina arcada lo hizo encogerse. Sintiéndose enfermo, volvió sus ojos al cuerpo del americano. Jamás hubiese imaginado que se vería tan apuesto con el uniforme encima, que le provocaría esas sensaciones avasalladoras en todo el cuerpo.
Recordó la navaja hundiéndose en su interior, y quiso con todas sus fuerzas estirar los brazos para alcanzarlo. Su figura tan lejana y etérea, sonreía con un cigarrillo en la boca y a su lado un muchacho rubio más alto, con lentes y aspecto gallardo. Arthur lo había visto antes ya, en el bar, aquella tarde de la pelea con Nor, cuando habían botado a patadas al noruego.
Parecían estar hablando, y su estómago se enfrío. ¿Alfred podría mostrarle ese rostro a las personas? Se veía tan extraño, conversando como si nada, nunca lo hubiese imaginado así. El pandillero más famoso de Tokyo, casi civilizado, excluyendo el cigarrillo al que le daba bocanadas.
Se entristeció. Había tenido aquello por un tiempo, y nunca se detuvo a pensar que tal vez por alguna razón u otra terminarían por alejarse para siempre. Resignado y deprimido, retrocedió, escuchando de fondo las risas de Im Yong Soo y las palabrotas del otro par que llegaban a darle alcance a ambos rubios.
Alfred giró la cabeza con lentitud, sabiéndose ignorado por todos, por todos menos por unos ojos celestes, bajo los lentes, que lo habían visto a la distancia.
-¿Qué mierda te pasa?-cuestionó Alfred al sueco.
-…-quiso decirle que había visto al muchacho con el que Alfred se había encaprichado, pero sus palabras se quedaron en tan sólo pensamientos. Negó con la cabeza y continuó mirando, hasta que el rubio cruzó las rejas y desapareció.
.*.*.*.
-Con un carajo, danos el maldito dinero antes de que me ponga de mal humor y te deje con los dientes en las manos- amenazó el moreno, alzando los puños y acorralando a la potencial víctima.
-Este bastardo se cree muy listo porque es más alto, pero contra dos, dudo mucho que pueda, además ¿qué hay con ese cabello? ¿Acaso eres extranjero o simplemente puto?- añadió con burla otro, de cabello castaño oscuro.
-Que se los folle un burro, pedazos de mierda, jamás les daré mi dinero, mi dinero vale más que mi vida- sacó el dedo medio- así que pueden joderse –y dicho aquello, la ''víctima'' tomó el fajo de billetes y los introdujo para asco de sus espectadores, en su ropa interior- Ja ¿qué les pareció eso, eh? La única manera de robármelo será haciéndome un pajazo primero- sonrió, y a los otros les pareció que un destello emanaba de esos dientes blancos y derechos, como en las películas.
Arthur colocó los ojos en blancos al doblar la esquina, aún paralizado por la escena. Al parecer un gato lo había meado, porque últimamente llevaba una suerte de muerte. De todos los momentos y lugares posibles, debía encontrarse con esos dos vándalos que trataban de asaltar a un tipo que dejaba a Im Yong Soo pequeño, al costado de su vulgaridad.
-Demonios…-susurró, listo para darse la vuelta y huir, más en su cabeza una voz le decía (y qué estúpida voz) que no debía huir, y debía tratar (con inteligencia por supuesto porque fuerza, no tenía) de ayudar a aquel ''pobre'' transeúnte.
-¡Oigan!-gritó, atrayendo la atención de los asaltantes y del rubio con el fajo de billetes en los calzones- ¡la banda de Alfred Jones está en el billar al costado! ¡Y han dicho que barrerán toda la ciudad atacando a todos los punks que encuentren!
-¡Con una mierda!-chillaron casi como niñas los dos amateurs, miraron al rubio, y luego a Arthur, su vida era más valiosa que un fajo de billetes pestilente, sabían bien quien era Alfred Jones y que con él no se jodía- ¡por esta vez te has salvado punk!- señaló uno de ellos al rubio. Y salieron corriendo fuera del callejón, empujando al pobre y pequeño Arthur en el proceso.
-Mierda- el inglés cayó de trasero con fuerza. Eso le pasaba por meterse donde no debía.
-Oye, levanta
Alzó sus ojos verdes, y pudo examinar con paciencia a la persona frente a él. Era alto y delgado, más su espalda era ancha y los hombros fuertes. El cabello era rubio y erizado, los ojos azules y la nariz respingada.
Miró luego su mano, estaba extendida, invitándole a tomarla.
-EEEEKKKK-gimió el británico, con asco y los ojos en blanco, al recordar donde había estado esa mano antes.
-¿Eh?-preguntó sin entender, luego cayó en cuenta del porqué la cara del ''mocosito''- ahh ya veo ¿no te gustan las pollas?- Arthur se puso blanco y lo miró con el rostro desencajado- lo siento, te veías como a alguien a quien le van las pollas jejeje- sonrió nuevamente, y el brillo emergió de sus dientes cegando a Arthur por unos segundos.
El tipo era un imbécil, y él uno aún más grande por arriesgar su seguridad por ayudar a un imbécil.
-En todo caso- sin prestarle mucha atención a Arthur, lo enderezó con un tirón- soy Den Borh Larsen Gravesen III- al ver la mueca de Arthur ante el derroche de complicados apellidos, volvió a hablar- pero puedes llamarme Den, a las chicas les gusta, aunque si no recuerdas mi nombre, estoy seguro que no podrás olvidar este hermoso rostro- se sujetó el mentón, haciéndole una mueca ''sexy''.
Arthur lo miró con un tic en la ceja, sintiéndose superior ante tal derroche de narcicismo e idiotez.
Dio un respingo, el otro estaba callado, mirándolo, como si esperara a algo y comprendió que él no se había presentado.
-Arthur Kirkland- dijo sin más, algo tímido de pronto.
-¡Genial! Tengo hambre ¿te invito una hamburguesa? Para devolverte el favor por haberme salvado.
-Vale, pero te lavas las manos
.*.*.*.
-¡Me encantaaan los chicos lindos!- gimió Elizaveta, feliz, tomando un par de discos para colocarlos en el escaparate.
Nor, que revisaba la caja, miró a su amiga, y luego al motivo de sus suspiros, un muchacho de cabello rubio corto, con un gracioso rizo en el medio de éste. Vestía de manera casual y llevaba unos lentes modernos sin montura.
-Aawww-la húngara babeaba- ¿no es un sueño? He escuchado de él, por una de mis amigas ¡creo que sería totalmente tu tipo!- añadió la fujoshi, sonrojándose ante los pensamientos nada santos que cruzaban por su cabeza, e involucraban a dos hombres, una cama, y algo de mambo horizontal.
-Eli-chan, a veces me asustas- el chico continuó en su trabajo- además no me agradan esa clase de chicos, parece que la apariencia y el dinero fuese todo para ellos, no me importa- se giró para acomodar los discos que la otra había dejado por seguir sus fantasías homoeróticas.
La pura verdad era, que aunque sonase asqueroso, egoísta, y como un hijo de puta, seguía interesado en Kirkland.
Simplemente no podía, sacarlo de su mente. Era como una enfermedad, aunque nunca pudiese ser correspondido, Arthur tenía ya, su corazón.
-Viene para acá, viene para acá- canturreó Elizaveta dando saltitos de alegría y se compuso cuando el otro se acercó.
Matthew Williams colocó un cd de tapa gruesa sobre el estante de madera. Y el noruego, apenas mirándolo lo tomó para registrarlo y cobrar el precio exacto. El canadiense pagó y cuando el escandinavo extendió el artículo para entregárselo, Matthew negó con la cabeza.
-Es para ti- soltó con simpleza el muchacho, centímetros más alto que el escandinavo que lo miró con un sonrojo en el rostro.
-Señor no puedo aceptarlo- le dijo avergonzado, estirando el cd hasta el canadiense.
-Considéralo un regalo- sonrió afable el rubio, y Nor negó con la cabeza, pero cuando trató de devolverlo el otro salía por la puerta ya, no sin antes alzar la mano a manera de despedida.
-¿Qué fue todo eso?-cuestionó Elizaveta, sonrojada también y armando en su mente la historia de aquellos dos.
-No…no lo sé- le contestó aturdido.
-¡Nor te envidio taaanto!
.*.*.*.
Soltó el humo.
-¿Lo de siempre-aru?-preguntó el chino, mirando con curiosidad al pasmosamente calmado rubio.
-Dame uno doble, viejo-le contestó, el click del objeto metálico en sus dedos interrumpía el silencio del camarero y suyo.
Yao hizo un puchero desaprobatorio por el calificativo que el ''joven amo'' le dirigía, pero mejor se metía en sus asuntos y eso hizo cuando comenzó a servir el coñac que el mocoso había pedido.
Alfred miró ausente el artefacto entre sus dedos, era la navaja. La que se había arrancado del vientre aquel día, cuando Arthur, le había fallado. La apretó con fuerza y el cabello le cubrió los ojos, antes de desenvainarla y pasar el filo por su lengua.
-Tú, pequeña lagartija traicionera…
.*.*.*.
-Buenos días
-Buenos días sensei- repitieron todos los muchachos a coro, enfundados en los gakuran oscuros.
La mujer que llevaba lentes y el cabello recogido en un moño bastante cursi y simplón, posó su mano sobre el delgado hombro de Arthur que miraba hacia todos los chicos en esa aula, con una mezcla de timidez y ansiedad.
-Este es Arthur Kirkland, es británico así que el inglés se le da bien, espero que le den la bienvenida y pueda incorporarse con normalidad a las clases-le dio un empujoncito y el chico solo atinó a hacer una torpe reverencia.
-¡Cejudo eres tú!
Para horror de Arthur, al alzar sus ojos verdes, se topó con el único ''lunar'' del salón, además de él. El rubio de alborotada cabellera y boca de alcantarilla. El tal ''Den'', tenía un espejo de mano entre sus dedos y parecía haberse estado mirando el rostro antes de hablarle.
-¡Ouch!-el borrador de la pizarra se le encajó en la frente, y dos lagrimones corrieron por su rostro- ¡sensei ya le he dicho que no en mi hermosa cara, si me la lastimo seré lo mismo que un cuerpo sin alma!-añadió de manera melodramática.
-Den-kun, será mejor que cierres la boca antes de que otra cosa no tan liviana impacte sobre tu rostro ¡ahora cállate! Y saquen todos sus libros, abiertos en la página 92, ejercicio 5
El abucheo general se escuchó, y Arthur se dirigió por entre los asientos hasta el único libre.
No me puede ir peor ¿verdad?
El único asiento vacío era uno al costado del danés que agitaba su mano saludándole. Arthur dio un suspiro y se sentó con tranquilidad, colocando su mochila a un lado y sacando el libro.
-¿Qué te pasa?-le cuestionó el danés haciendo morritos- creo que lloraré, es imposible que hayas olvidado este rostro tan guapo ¡dime que me recuerdas! ¡Ahora o me tiraré por la ventana! Mi belleza está siendo cuestionada
-Si te recuerdo ¡te recuerdo!-le dijo el cejudo con el ceño fruncido y tratando de cerrarle el pico o lo volvería loco tanto sin sentido- ush
-Está bien, Iggy, por ahora te lo perdono- volvió a mirarse al espejo, se pellizcaba una mejilla y Arthur solo le ignoraba.
-¿Qué hay con ese Iggy?- ¿para qué preguntaba? Lo más sabio era quedarse callado.
-Ah bueno, por Iggy Pop, pensé que te caería bien el apodo, tienes cara de Iggy ¡ouch!
Nuevamente el borrador del pizarrón se encajó en su frente ya hinchada, y una carcajada general estalló en el salón.
El danés hizo un puchero y volvió a reclamarle a la mujer su falta de consideración por dañar la belleza. Arthur se mantuvo serio, pero después de algunos segundos rió también. Tal vez, aquella escuela no estaría del todo mal.
.*.*.*.
El moreno se estrelló contra la reja que separaba la cancha de atletismo y el jardín fuera de los vestidores, que usualmente, a esa hora, estaba desierto.
-¡Infeliz! ¡No te atrevas a venir con esa mierda hasta mí!-ladró el albino, pateándole el estómago hasta hacerlo escupir sangre- ¿me dices que no tienes ni la puta idea de los lugares que frecuenta ese punk de Alfred Jones? ¡No me jodas!-volvió a golpearlo- te mataré por burlarte de mí
-Aniki- una voz grave lo interrumpió. Gilbert metió ambas manos al uniforme oscuro, y volvió su rostro hacia un muchacho alto y musculoso, tenía el cabello rubio peinado hacia atrás con gel. La frente limpia y hermosa, la piel blanca y los ojos celestes clarísimos
-¿Qué sucede West?-cuestionó el albino mosqueado, escupiendo la goma de mascar sobre el muchacho al que había golpeado.
-Dos muchachos quieren hablar contigo- dijo con su natural seriedad el adolescente- son amigos de este chico, dicen tener información sobre el paradero de los de la Saint Rudolph
-Pfff ¡ese es mi West! Trae a esos bastardos aquí-señaló imperativo, su hermano sin duda era mejor de lo que había esperado, West era sencillamente super-eficiente.
-¡Sacre bleu! Gilbert- añadió un muchacho , su cabello algo largo y rubio, la barba apenas crecida, ostentando tres pelos ridículos- no es necesario golpearlos tanto para que hablen- Francis, que así se llamaba se acercó al muchachito golpeado- Oniisama conoce mejores métodos para hacerlos hablar- hizo sonar sus dientes, una risa maligna emergiendo de la profundidad de su garganta y los ojos en blanco. Ni corto ni perezoso el muchacho se paró de golpe aterrorizado por la mirada libidinosa que aquel degenerado le echaba.
-¡Está bien! ¡Está bien! Les diré todo lo que sé
Francis hizo morritos.
-Wow lo recordó todo muy rápidoo~ -interrumpió un muchacho risueño de cabello castaño, que en ese momento se atragantaba con un sándwich únicamente relleno de rodajas de tomate fresco.
-¡Oh Antonio!-Francis se le pegó como si fuese una lapa en la espalda- consuélame, acaban de rechazarme- mordió una servilleta, agitando la cabeza a los costados con aires de damisela caprichosa.
Todos lo observaron con una gota en la cabeza.
-¡A la mierda! ¡Ore-sama, desea saber en este instante donde se esconde ese punk que se atreve a ser llamado el mejor de todo Tokyo!-aclaró Gilbert, con flamas tras de él.
Los tres chiquillos que servían como informantes temblaron- bu-bueno Aniki, la verdad es que, a Alfred no se le ha visto desde hace meses cometiendo fechorías, los rumores dicen que se está tomando un año sabático o que quizás se está retirando…
El ceño del albino se frunció notablemente, no le gustaba para nada esa mierda, él ¡el gran Gilbert Weillschmidt! Tenía que retar a ese punk desgraciado, y recuperar así su título como el líder más temido de la zona. Ningún ricachón apretado iba a reírse en su cara. ¡Iba a enseñarle que con los furiosos de Shigaraki no se jodía!
-¡Habla maldita sea!-amenazó, y el chiquillo que tenía la palabra tembló de pies a cabeza.
-B-bueno, según lo que dijeron también, hubo un miembro de la pandilla que se retiró apenas días después de su admisión, un mocoso, que casualmente, ha sido transferido a esta escuela, es extranjero- se llevó la mano al mentón como pensando- Ar..Arthur…Arthur Kirkland
Antonio, Francis y Gilbert se miraron entre sí, soltando una risita maliciosa. Ludwig se cruzó de brazos y suspiró, ya sabía lo que eso significaba.
-Hemos encontrado la carnada perfecta para atraer a Alfred Jones a nuestro territorio y entonces…¡zas! ¡WAHAHAHAHAHA HAHAHAHA! ¡Ríe conmigo West!
-Aniki…
.*.*.*.
No quiero volver a casa, quiero quedarme aquí para siempre. Quiero que esto nunca se detenga y que el movimiento me lleve con la corriente…
Sus manos se apretaron sobre la tela cuadriculada que cubría ambas rodillas flacas y huesudas. Miró por la ventana del tren, iban pasando ya la tercera estación, aún faltaba para llegar a casa.
¿Pero qué casa? No se sentía protegido en aquel lugar que antes fue su refugio para cualquier berrinche infantil o pelea en la escuela. Ahora, sentía que no pertenecía a ningún lugar. Porque ellos se hallaban lejos, nadie sabía verdaderamente lo que había sucedido, ni como se sentía. Nadie siquiera lo sospechara, y Tino estaba seguro de que si en ese momento el tren se estrellaba y el moría, nadie nunca escucharía hablar sobre su historia.
Se abrazó a sí mismo, pero de pronto, como si se tratase de electricidad recorriéndole la piel, una mano se posó sobre una de sus rodillas.
Tino se paralizó por el miedo. La sensación quemante se expandió por cada uno de sus poros y giró la cabeza, horrorizado. A su costado, un hombre de mediana edad, le miraba con una sonrisa que se le antojó asquerosa.
El sudor perló su rostro y un leve temblor se apoderó de su cuerpo. Quería vomitar, arrancarse la piel que recubría la zona que el otro tocaba ¡estaba sucio, sucio! ¿porqué quería ensuciarlo más?
Su piel blanca empalideció hasta adquirir un tono enfermizo, mordió sus labios y lo miró fijamente. Ahora frotaba en círculos su rodilla y deslizaba los dedos por su muslo.
El finlandés, se apretó el pecho con una mano, pasándola después por su corazón. Se puso de pie, tomando su mochila con ambas manos para mirar al hombre.
-¡Bastardo!-gritó, frenético, golpeando una y otra vez al hombre con la mochila escolar.
La gente alrededor miraba la escena con exaltación, una mujer mayor mandó a llamar al conductor del metro para que se detuviera.
Tino no era consciente de que la mochila comenzaba a teñirse de rojo, y la sangre le salpicaba los zapatos- ¿Porqué simplemente no te mueres?
.*.*.*.
-Tino ¿quieres cenar?
-No mamá, gracias- le sonrió, rememorando por un momento al Tino del pasado- voy a tomar una ducha.
La rubia asintió, el menor de sus hijos desapareció escaleras arriba, y ella miró con algo de tristeza el pastel de pescado que había preparado especialmente para el chico. Lo notaba bajo de peso y pálido, menos conversador y más retraído.
Al cabo de media hora, subió las escaleras, preocupada, Tino aún no salía del baño y ya se había tardado una eternidad.
-¿Tino, sucede algo?- preguntó, tocando la puerta.
Tino se hallaba ahí, de pie, desnudo en frente de la ducha cuyo chorro de agua caía sin cesar, más el seguía seco por completo.
-Odio a los hombres, a mi papá, a mi hermano, a Arthur, a Eduard- apretó los dientes- a todos, todos deberían morirse, todos son unos enfermos, me dan asco, me provocan ganas de vomitar, ellos sólo quieren lastimar a los demás, hacerles sentir que son mierda…
Se introdujo en la ducha, tomó una esponja áspera y rugosa, y con todas sus fuerzas la pasó por sobre su cuerpo, con tal ímpetu que la piel se rasguñaba algunas veces, y algo de sangre brotaba. Más no le importaba ya, lo único que quería era limpiarse.
-Limpio, debo quedar limpio
.*.*.*.
-Ya me voy mamá
La mujer se quedó muda al ver a su hijo. Tino vestía una polera de mangas largas bastante amplia, adivinó, dos o tres tallas más grandes que él, de modo que su delgada silueta se veía parcialmente cubierta por la tela. Los pantalones corrían una suerte igual, holgados y sin gracia. El cabello rubio del muchacho escondido también, tras una gorra grande de color oscuro, en conjunto Tino parecía un espantapájaros, con aquella ropa tan grande y sosa.
-Tino..esa ropa-añadió la mujer con una sonrisa nerviosa, señalando el atuendo.
-¿Esto?-sonrió con jovialidad el pequeño- es la última moda mamá, en serio ¡está totalmente in, vestirse así!- y sin darle tiempo a replicar salió de la casa, apoyándose en la puerta cuando ésta se cerró.
Es la única manera mamá, de esta forma, nadie volverá a verme porque seré feo, nadie me notará, no tendré problemas.
Es extraño, lo lejos que te encuentras de mí ahora, como si no fueras mi mamá más. Ya no soy un niño así que no tienes que cuidarme, nunca más, desde hoy, yo me cuidaré, ya no hay nada que necesite, nada que alguien pueda darme. Lejos muy lejos…
.*.*.*.
-Iggyyyy-canturreó Den, apareciéndose de un salto en el asiento de Arthur que soltó el lápiz por la impresión- ¿vamos a los juegos después de esto?
-No tengo ganas-replicó, con un tic en la ceja y una vena punzando en la frente- quítate, estoy haciendo las tareas
-Buuh, que aburrido puedes ser, pareces un viejo- sacó su tan amado espejo y su rostro cambió en diferentes muecas, al observarse- es increíble ¿Cómo se ve este ángulo de mi cara? Aún desde cualquier punto de vista sigo siendo demasiado guapo, si pudiese hacer una réplica de mí mismo, no dudaría en joderme
Demonios, pensó el inglés, el tipo nunca se callaría aunque le metiese la carpeta en el jodido pico- oh mira, ¿porqué mejor no vamos a los juegos? Haré la tarea luego- soltó con un suspiro, sin opción aparente además de llevarle la corriente y acceder a sus caprichos.
-¡Vamos! Conozco unos por aquí cerca, están baratos y hay chicas hermosas- canturreó, Arthur colocó los cuadernos dentro de su mochila, pero el ruido de un fuerte golpe sobre el pizarrón lo asustó, y sus lápices de carbón cayeron al suelo con un pequeño estruendo.
Tanto Arthur como Den, y todos los presenten en el salón, prestaron atención a las cuatro figuras apostadas en el frente, y al joven albino que había sido el causante de aquel golpe.
-''Los Furiosos''-temblaron algunos muchachos, colocándose las mochilas a la espalda con miedo.
-¿Qué harán aquí?
-¿Buscaran dinero como la otra vez?
-Falta uno ¿verdad?-un suspiro de alivio- al menos no nos golpearán tanto.
Diversos chismes y rumores sobre los cuatro estudiantes se desperdigaron en medio de la pequeña aula como pólvora.
El danés se puso serio por unos segundos, más Arthur no le hallaba sentido a eso.
El de ojos rojos, se cruzó de brazos, y echándoles una mirada atemorizadora a todos los presentes, ladró- ¿quién mierda es Arthur Kirkland?
Bueno, pensó Arthur, finalmente le hallaba sentido a aquello, aunque no uno muy bueno.
¿Qué tal? =D al fiiin aparecieron los personajes que esperaba ( Ludwig, Gilbert, Francis, Antonio y falta uno más…a ver si lo adivinan ) y eso que aún falta una pandillita más (dijo ''pandillita'' porque no se imaginan quienes son jajaja), y con esa está listo el trío de pandillas XD, también habrá más humor y más yaoii *___* la historia se pone menos densa y más divertida
También apareció Canadá! (seme powa!) lo hice menos nerdo y más lindo, no le dan mucho crédito en el manga la verdad, vive bajo la sombra de Alfred pero yo cambiaré eso! –mirada en el horizonte- y Dinamarca , su boca sucia y su trasero narcisista XDD, también hicieron una breve aparición Estonia y Letonia XD como los amigos de Tino
Gakuran = uniforme masculino japonés, ya saben, el típico, de cuello alto y usualmente color oscuro =D, decidí que la escuela de Arthur llevaría ese porque me encantan *_* además hace poco veía una imagen de Alfred, Arthur y Francis con un gakuran XD
Por cierto en este capítulo Ludwig se refiere a Gilbert con la palabra ''Aniki'' que vendría a ser hermano mayor, pero también se refieren de esta forma, algunos subordinados de Gilbert, puesto que Aniki puede ser usado en el sentido de ''brother'' en inglés, y se usa bastante entre las pandillas, para referirse al líder, en la yakuza también =D
Y Gilbert se refiere a sí mismo como ''Ore-sama'' que viene a ser algo como ''El genial yo'' ''El gran yo'' o ''the awsome me'' como dicen los gringos XD, Gilbert siempre usa esta expresión en el manga en inglés, me encanta y quise ponerla.
También hay una parte donde me refiero a Elizaveta como ''fujoshi'' en Japón se les dice así a las chicas que siguen la tendencia yaoi, ya sea en animes mangas, etc (ore wa, fujoshi desu XDD)
A partir de ahora podría ser que a algunas les parezca que la actitud de Tino es muy fastidiosa o extraña, pero considerando que sufrió de abuso sexual, y de que es un hombre, consideré hacer las reacciones un poco más severas.
¡Ah! Y algo más, les pido un favor, ¿podrían darme sugerencias para nombres? Es que en el próximo capítulo aparecerán Germania jiichan y Roma jiichan, pero quiero nombres humanos, lo siento por mi pésima cualidad para escoger nombres XD
En el próximo capítulo, nueva pandilla, alguien atado a las rieles de un tren, el paso de algunos personajes, y dos ''adorables'' abuelitos.
Muchas gracias por sus reviews , cada vez que leo uno, escribo con más ganas y felicidad *o*
Pleasedontforget
Alfred es sexyyyyyy, adoro las imágenes de él sin lentes y con cara de malo atacando a Iggy-chan ;_; -su corazón sufre- ;_; , y sí, el pobre Tino sufrirá un poquito más, eso le pasa por ser novio de Arthur u.u…¡qué cruel! Jajaja no te preocupes, aunque Tino ahora está bastante sensible y algo trastocado, confiemos en que tratará de salir adelante XD!!
Oh, recién me doy cuenta del doble sentido, soy algo lerda, pero concuerdo contigo, a veces el tamaño sí importa XD (los 5 metros de Prusia LOL!) dammit, si vas a secuestrarme y obligarme a escribir pido como mínimo pasta y tomates u3ú!!! (sobretodo tomates, soy como Romano en ese sentido, adicta a los tomates kya kyaa)
Gracias *____* tus reviews son muy divertidos y me suben el ánimo, me ayudan a escribir más rápido y con más ganas *_* saludos y besitos!! Prometo hacer los capítulos largos y entretenidos XD!
Marriot-chan
Me acabo de dar cuenta que tienes a Deidara-kun en tu avatar *__* Sasori x Deidara uhm!!
No me llevaré los créditos de la mangaka, puesto que este fic está basado en su manga =P por eso mismo lo elegí, es la primera vez que veo tantos contrastes, situaciones, reacciones, diferentes en un manga, sobretodo porque se contradicen ambos personajes a cada momento!!! Y además la relación amor-violencia-odio que llevan es una delicia *_* aunque Iggy se lleve la peor parte XDD
-Le regala a Alfred maloso- ahí lo tienes, pero no se acepta devolución LOL XD
Pues a Tino al parecer le tocó la peor tajada del pastel, al final él terminó pagando por los platos rotos, sin haber hecho nada, y ya ves lo que hizo Arthur, se desesperó tanto que terminó atentando contra Alfred!!
Gracias por tu opinión, es muy valiosa =D, saludos y besos!!
PanLeeBlackfraids
Arthur no mandó al diablo a Alfred, pero hizo algo peor creo, pobre Iggy T-T la provocación y traición de Alfred, y lo de Tino, terminó por reventar y reaccionar antes de pensar =P , muchas gracias por el add n.n, y tus opiniones son valiosas y gracias por dejarlas también! Besos y abrazos!!
Ichiru95
Siiiii ¿cierto que Finlandia es todo un shotacon? Vamos, en la cara, en el cuerpo, todo XDD Corea me da la razón al decir que todo él dice ''abúsame'' XDDDDD!! Y lo de Su-san, ahora parece malo, pero pensándolo bien, él era uno, y los otros tres, aunque se hubiese metido, no habría podido salvar a Tino, además a él no le gustan los problemas, y lamentablemente no conoce a Tino aún u.u, ya más de Su-san pronto! Él me encanta!
*shockeada* *SHOCKEADA* *GRAN SHOCK*
FINLAND-CHAN!! TTOTT! pobre, pobre, pobre, pobre, pobre... AY, DIOS MÍO, mi niño Shotacon violado TTWTT, SU-SAN MALO! tendría que haberle salvado T0T
Guarda tu llave inglesa, aquí está el capítulo y espero que te guste, =D muchas gracias por el review!! Besitos y abrazos!
Rinoa-Diethel
No te preocupes, esto de alguna manera le servirá de algo a Tino, y los otros ya recibirán lo que se merecen, no aún, pero la venganza se sirve fría ;D, y sii mi Su-san quería ayudar, pero ya verás luego que pasa con él XD!!
Nor, aunque muy occ (la verdad ni sé porque en el manga solo he visto una viñeta de él XD y solo decía un par de palabras) es el hermano sobreprotector y amigable, aunque también cambiará su personalidad pronto, cansado de los abusos de ''alguien'' (cuyo nombre empieza con A y termina con D XD) y mira, me leíste la mente, Den apareció en este capítulo, y está enamorado de sí mismo, XDD aún no adelantaré parejas, pero a este chico le encanta conquistar!
Y sí, aunque no lo parezca, Alfred es BASTANTE posesivo, y cerrado respecto a Arthur relacionándose con otros, no te aconsejo que trates de quitarle a Iggy T-T ya ves lo que le pasó a Tino XDD
El manga es muy bueno, este fic es solo un triste reflejo de él, y de hecho aún no termina, así que ni yo misma sé que final tendrá o.o
Respecto al SuFin, no diré nada, solo que Suecia no la tendrá fácil ;D, saludos y besitos *_* gracias por el revieww
Meli-PK :
No es que sea bestia, es que es un celoso sin control =P a veces, cuando somos celosos, no medimos si nuestros actos pueden afectar a los demás, y creo que a Al le viene valiendo un maní si hace daño o no XDD
Lo de Su-san y Tino, pues no quiero adelantar todavía nada acerca de las parejas (es mi pareja favorita por cierto así que..cof cof cof) claro que habrá un tercero en cuestión, y quien quiera acercarse a Tino no la tendrá fácil, pues a causa de lo que le ha sucedido ha desarrollado un trauma bastante fuerte ¡!
Y sí concuerdo contigo Alfred x Arthur para siempre *_* , gracias por el review =3 espero que este capítulo te guste, saludos y besos!
