Disclaimer: Todo lo que reconozcan pertenece a JKR.
Segundo año.
Roxanne
El fuego crepitaba débilmente en la sala común de Gryffindor al tiempo que Roxanne Weasley se escabullía de su habitación, tratando de no alertar a nadie. El reloj sobre la chimenea indicaba que era pasada la medianoche, por lo que la recién nombrada capitana de Quidditch supuso que la mayoría de los estudiantes ya se encontraría en los brazos de Morfeo.
Con tranquilidad, se sentó frente a la chimenea, contando los minutos que faltaban para el encuentro por el que había estado esperando toda la semana.
De repente, el fuego frente a ella adquirió un tono verdoso, segundos antes de delinear la cara de su mejor amigo, ya egresado de Hogwarts, Héctor Bale.
—Hola, Roxi —saludó el muchacho, mientras su rostro envuelto en llamas le sonreía a la muchacha. Pero ella ni siquiera tuvo tiempo de devolver el saludo ya qué una voz, muy distinta a la del chico, repitió su nombre a sus espaldas.
—¿Roxanne? —la chica se dio vuelta rápidamente, tratando de cubrir la chimenea a sus espaldas, aunque con la rápida desaparición de Héctor ya no fuera necesario.
Roxanne sabía que estaría mintiendo si decía que no se sorprendió al encontrar a su primita Rose, envuelta en un pijama de ositos, mirándola con nerviosismo. Aún más si a eso le agregaba que sabía perfectamente de que se trataba la conversación que se sucedería a continuación. Porque con los años, Rose Weasley se haría una experta en impresionar, y descolocar, a todos y cada uno de sus primos.
—Tienes que ponerle más confianza a tu voz, Rose —dijo Roxanne con el tono que ponía cada vez que tenía que discutir una nueva táctica con el equipo—, sino, la escoba lo sentirá y no te responderá.
—¿Las escobas pueden sentir? —replicó Rose, soltando un suspiro de frustración, ganándose una mirada no muy agradable de su prima.
—Por supuesto que sí —contestó la otra, antes de seguir con tono autoritario—. Ahora, inténtalo una vez más. Con confianza.
Rose volvió a suspirar, antes de colocar su mano sobre la escoba nuevamente y decir:
—¡Arriba! —aunque al principio no sucedió nada interesante, unos segundos después la escoba se agitó un poco sobre la hierba y ascendió rápidamente hacia la mano de la Gryffindor.
Tanto Rose como Roxanne miraron boquiabiertas dicha acción, antes que la segunda sonriera abiertamente por el avance de la menor.
—¡Muy bien, Rose! —la felicitó—. Ahora, solo tienes que montar en ella y…
—¿Subir? ¿A… a la escoba? —tartamudeó Rose en respuesta, volviendo a perder la valentía.
—¿Cómo pretendes aprender sino? Vamos, sube, no te pasará nada —respondió la morena con un tono que no permitiría replica.
Rose volvió su mirada a la escoba y, con nerviosismo, finalmente se subió a ella. Sus pies quedaron flotando solo a centímetros del suelo pero, aun así, en su rostro se reflejaba el terror que le producía volar.
—Elévate poco a poco —le indicó Roxanne, subiéndose a su propia escoba para ayudar a su prima—. Vas bien, Rosie. Un poco más. Bien, ahora inclínate hacia adelante. Voy junto a ti, no tengas miedo —Rose seguía al pie de la letra las instrucciones de la mayor, relajándose a medida que avanzaba sin incidentes.
Roxanne le sonrió, dándole ánimos para seguir, pensando interiormente que, a pesar de nunca haber tenido una relación muy profunda con su prima, ya sea por diferencia de edades o gustos, realmente estaba disfrutando esa tarde junto a ella. Rose también sonrió, separándose cada vez más del suelo, hasta que una ráfaga de viento la hizo perder el equilibrio y caer al vacío.
Roxanne se precipitó tras su prima en un vano intento de ayudarla, pero el grito de esta al tocar el suelo le indicó que ya era demasiado tarde.
—Ya, ya, Rose —dijo Roxanne para intentar tranquilizarla—. Vamos a la enfermería a que Madame Bones te cure eso —agregó, intentando no tocar demasiado el brazo quebrado de Rose mientras esta suprimía las lágrimas.
—Malfoy tenía razón. Jamás podré aprender a volar —murmuró Rose, aguantando el dolor mientras se levantaba del suelo con cuidado.
—Tonterías —exclamó Roxanne—. Ya verás que yo lograré convertirte en la mejor jugadora de todo Hogwarts.
—Gracias, Roxi —dijo Rose, sintiéndose un poco mejor por la confianza que su prima depositaba en ella. Roxanne solo le guiñó un ojo en respuesta y juntas se encaminaron hacia la enfermería de Hogwarts.
Querido Héctor:
Hoy terminé de darle clases de vuelo a Rose. Sí, lo sé, yo también me sorprendí bastante cuando me lo pidió aquel día, cuando intentamos hablar por red flu ¿Lo recuerdas? Más aun después de que me contó cómo le fueron en las clases de vuelo de Madame Hooch el curso pasado.
Pero al final todo resultó bien. Bueno, más o menos. Rosie se quebró el codo en una práctica, pero nada que la enfermera no haya podido curar en un par de minutos.
Debo decir que una vez que le perdió el miedo, lo hizo bastante bien. Se nota que lo lleva en la sangre. Además, el tío Ron se puso tan contento cuando lo supo, que hasta le compró una Nimbus 2017 ¿puedes creerlo? Si tan solo supiera que lo que incentivó a Rose a aprender fue una burla de Scorpius Malfoy… Pero algo habrá que agradecerle al chico, después de todo, quién sabe, en unos años Rose entre al equipo y siga con la dinastía Weasley en el deporte.
En fin, ¿nos veremos este sábado en Hogsmeade? Eso espero.
No olvides contestarme, cabeza de nargle.
Besos,
Rox.
Rose aprende Quidditch y Héctor, mi OC más querido, se mete como siempre que aparece Roxanne. Los que ya han leído historias mías de esta Weasley en particular, saben que Rox y Héctor vienen en pack y pegados con cola.
Espero que les haya gustado este capítulo. ¿Alguien se atreve a adivinar quien es nuestro próximo narrador?
¡Nos leeremos en el próximo!
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