Hola guapas y guapos, gracias por entrar aquí. Hoy les traigo un capítulo extra de una historia que publiqué hace ya varios meses. Capítulo solicitado por un par de lectoras hace bastante tiempo, el cual me costó mucho escribir, ya que la inspiración llegaba y se iba rápidamente jajajajaja.
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Como siempre quiero agradecer a todas las personas que leen mis historias, a las que dejan reviews, a las que marcan mis historias o a mí como favorita y/o siguiendo, y a las que simplemente leen. Para todos ustedes, gracias totales.
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Capítulo dedicado a las personas que me dejaron un review en mi último One-shot: ANABELITA N, Arita Nara, Karma3985, fiorelaa91, MarFer Hatake, Lirio-Shikatema y Roronoa Saki. Muchas gracias por comentar, les mando un fuerte abrazo.
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Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. La historia es mía y la publico sin ánimos de lucro.
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La problemática de mis sueños
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Capítulo 4.- Cara a cara.
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Con mi cabeza sobre la almohada y la mirada perdida en el techo, veía como el día avanzaba. Temari tenía su cabeza apoyada en mi pecho, mientras yo la abrazaba por la espalda, y con mi otra mano le acariciaba el cabello.
—Shikamaru —musitó con suavidad, sacándome de mi estado de ensoñación, mientras con uno de dedos dibujaba figuras en mi pecho—, deberíamos levantarnos, llevamos acostados mucho rato.
—Mujer, el hecho de saber que en tu casa, me voy a encontrar con Kankuro y Gaara, hace que pierda toda motivación —espeté preocupado, llevándome una mano al rostro.
—Eso no es falta de motivación —me reprendió, cortando el abrazo. Apoyó medio cuerpo sobre mí y frunció el ceño—, eso es cobardía.
—Mujer, tengo todas las de perder, serán dos contra uno —me expliqué, tratando de que me entendiera—, me golpearan hasta matarme.
—¿Tú crees que mis hermanos son unos energúmenos? —inquirió, molesta.
—Lo han sido desde siempre —espeté en mi tono habitual, sin dejar de observarla—, recuerda que he sido compañero de Gaara, prácticamente toda la vida, y siempre ha sido despiadado con sus enemigos, ¿y qué decir de Kankuro? Definitivamente, no saldré vivo.
—No seas dramático, Shikamaru —acotó, bajándole el perfil al asunto—, mis hermanos nunca han matado a nadie. Puede que hayan golpeado a una que otra persona, pero no pasa de eso.
—¿Has visto como han dejado a tus pretendientes a lo largo de tu vida?—pregunté serio, ya que para mí no era broma.
—Sí, en una que otra ocasión —pude sentir un deje de culpa en sus palabras, pero luego su tono cambió—, pero eran sólo pretendientes, o algún noviecillo sin importancia. Tú eres más que eso.
—Ni siquiera te he pedido que seas mi novia —acaricié su rostro con el dorso de mi mano—. Imagínate cómo reaccionarán cuando se enteren que pasaste la noche conmigo.
—Me da lo mismo lo que piensen —me miró con determinación—, deben entender que ya no soy una niña. Y respecto a que todavía no somos novios, eso es fácil de solucionar, pídemelo.
—¿Ahora? —pregunté dubitativo.
—Sí, ahora —respondió segura. Sin embargo al ver que no respondí de forma inmediata, enarcó una ceja—, ¿o te estás arrepintiendo?
—Para nada, mujer —sonreí de lado, logrando que ella cambiara su semblante a uno menos serio —, pero me hubiese gustado hacerlo en otro sitio, y en otra circunstancia.
—Deja lo convencional a un lado, Shikamaru —acotó, mirándome con detenimiento—. Nosotros no empezamos como todas las parejas, nosotros comenzamos al revés. —Echémosle la culpa al alcohol —señaló, apoyando nuevamente su cabeza en mi pecho.
Sus palabras me hicieron sonreír.
—Temari, ¿quieres ser mi novia? —susurré, tomando su mentón para que volviera a mirarme.
—Por supuesto, vago —respondió, regalándome una bella sonrisa—, aunque creo que no era necesario que lo pidieras, yo ya lo daba por hecho.
—Te gusta hacerme hablar demás, mujer —espeté con un deje de fastidio.
—Lo hice porque para ti era importante —acotó con sensualidad, serpenteando hasta quedar acostada sobre mí.
—Si tus hermanos se enteran que intimamos sin tener ninguna relación aparente…
—Dirán que me embaucaste —me interrumpió y luego mordió mi labio inferior.
—Yo no te embauqué, mujer —le contesté en un tono sexy, rodeando su bello cuerpo con mis brazos—, la que me embaucó fuiste tú, recuerda que eres mayor que yo.
—Reconoce que gusta que sea mayor, bebé llorón —susurró de forma provocadora, sobre mi boca.
—Me encanta, mujer… —murmuré con ansiedad, deslizando mis manos por su espalda hasta llegar a sus redondas nalgas, las cuales amasé con descaro. — Oye, ¿tú no querías levantarte? —le recordé con el fin de molestarla
Absorta con mis atenciones, ella sólo suspiró.
—Al parecer cambiaste de opinión —sonreí con suficiencia.
—Hace un rato atrás, sí quería levantarme —musitó, luego de succionar mis labios con frenesí—, pero pensándolo bien…, deberíamos aprovechar el momento, ya que después de que me dejes en casa, no te quedará nada bueno.
Bufé al oír su comentario.
—Mujer, te ríes de mi desgracia —mascullé fastidiado, desviando mi mirada al techo.
—Deja de quejarte, Shikamaru, y bésame —espetó en su tono de mando, tomando mi rostro entre sus manos.
Sin pensarlo dos veces, acaté su orden y atrapé su boca. Definitivamente estaba perdido, esa mujer iba hacer lo quisiera conmigo, pero debía reconocer que me fascinaba. Ahora entendía por qué mi padre obedecía sin chistar a la problemática de madre, definitivamente era un mal de familia.
Mi lengua ansiosa recorrió desaforadamente el interior de su cálida boca, para luego entrelazarla con la de ella, e iniciar así una frenética contienda. El sabor de su boca y la suavidad de su piel, me instaron a recorrer cada curva de su cuerpo de manera pecaminosa. Ascendí y descendí mis ávidas manos por su tersa espalda, terminado mis caricias siempre en su prominente trasero.
Mi deseo iba en aumento, por lo que rápidamente la giré quedando sobre su cuerpo. Temari gimió al sentir mi dura demanda sobre su intimidad. Podía ver el éxtasis en su rostro: sus ojos deseosos, su boca semi abierta y su respiración acelerada. Me encantaba tenerla de esa manera, tan hermosa, tan ansiosa, tan ardiente, y saber que era yo quien la colocaba así, me extasiaba mucho más. Ya no me importaba morir en manos de sus hermanos, sólo quería hacerla mía, una vez más.
Temari separó con prontitud sus largas piernas, dejando que acomodara entre éstas a la brevedad. Apoyé mis brazos a ambos lado de sus hombros para que no cargara con todo mi peso, y sin perder más el tiempo, me hundí en ella hasta el fondo.
Ella gimió obnubilada, al sentir la intromisión de mi duro miembro; y yo gruñí de placer, al sentir que la había penetrado por completo.
Comencé a embestirla rápidamente a través de su ardiente y mojada hendidura. Entraba y salía, sin miramiento, concentrado en la excitante tarea de saciarme y brindarle placer a su cuerpo. Tenerla nuevamente a mi merced, me hacía sentir en la gloria. Era mía, mía y de nadie más.
Ella obnubilada por el éxtasis, se aferró con manos y uñas a mi espalda, e instintivamente elevó sus piernas para rodear mi cintura, dando un mejor acceso a mis estocadas.
Me excitó.
Aceleré arrebatadamente el ritmo de mis embates, al sentir como ella tan deseosa, empezó a seguir el ritmo de mi vaivén. La deliciosa fricción que producía el choque de nuestros sexos, nos sumergió, hasta perdernos en el mar del exquisito placer.
—Más fuerte, Shikamaru, más fuerte —susurró agitada, envolviéndome efusivamente con sus piernas.
Gruñí.
Su ansiosa demanda me hizo apretar fuerte los dientes y contraer el rostro, volviendo a arremeter con mayor brusquedad, prácticamente como un animal.
El nuevo cambio de ritmo, la desesperó. Sus jadeos y gemidos se multiplicaron, mientras yo continuaba embistiéndola desaforado.
La penetré fuerte y profundo, hasta que su cuerpo ya no resistió más. Su interior se contrajo exquisitamente alrededor de mi sexo, convulsionando a la brevedad.
—Ayyy, Shikamaru —gimió absorta, llegando al éxtasis final.
Ese exquisito estremecimiento, hizo que se tensarán todas las células de mi cuerpo. Sólo bastó un par de embistes más, para derramarme con violencia en su cavidad.
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Luego de calmar nuestra agitación, y saciarnos con otra ronda más, nos fuimos a bañar. Si iba a morir en manos de esos energúmenos, tenía que disfrutar a concho mis últimas horas de vida.
Luego de bañarnos y vestirnos, nos fuimos a almorzar. Eran más de las tres de la tarde cuando llegamos al restaurant.
—¿Le avisaste a tus hermanos a la hora que llegarás? —pregunté un tanto nervioso, una vez que hicimos el pedido.
—Sí, le envié un mensaje por whatsapp a Gaara —habló con tranquilidad, como si eso fuera lo más normal—. Le avisé a él, porque sólo me había enviado tres mensajes para saber de mí.
Tragué saliva.
—Supongo que ignoraste a Kankuro, porque te envió más doscientos mensajes —inquirí, sabiendo que quizás había errado en el pronóstico. Atento esperé su respuesta, bebiendo un sorbo del jugo que recién nos habían servido.
—Casi cuatrocientos, y más encima sigue escribiendo, el muy idiota —espetó molesta, mirando su móvil—. Ya sabe que estoy conectada, y que simplemente lo estoy ignorando.
Su comentario hizo que el líquido que recién había tragado, se fuera por el conducto equivocado. Me estaba ahogando, por lo que me puse a toser desesperado.
—Shikamaru, ¿estás bien? —preocupada, llegó a mi lado, tomó mis brazos y los levantó —. Tranquilo…, inhala y exhala.
Carraspeé, un par de veces para aclarar la voz. Con los ojos llorosos, inhalé una bocanada de aire, y luego la exhalé.
—Creo que ya estoy bien —espeté con algo de dificultad, pero luego analicé mi respuesta, y me corregí a la brevedad —. Corrección, estoy mal, Kankuro me matará
—Shikamaru, tranquilízate —habló serena, tomando mi rostro entre sus manos —, nada te pasará. Confía en mí.
Se agachó y besó mis labios dulcemente, tranquilizándome un poco. Luego cortó el beso y me sonrió, volviendo nuevamente a su asiento.
—Confió en ti, mujer, pero no en ellos —espeté, tratando que entendiera mi situación —. Son unos traicioneros, sobre todo Kankuro. Seguro que me tratará bien en un comienzo, y en el momento menos pensados me atacarán sin piedad.
—Bebé llorón, creo que has visto muchas películas acción —sonrió, mostrándome su bella dentadura, y luego estiró su brazo para posar su mano sobre la mía—mis hermanos están rehabilitados. Quizás eran unos desquicios en su época de colegio, pero eso ya pasó. Ahora están en la universidad, y son bastante civilizados.
—No sé qué pensar, mujer —acoté, luego de suspirar —. La semana pasada vi a Kankuro, torciéndole el brazo a un tipo en el estacionamiento.
—Porque ese tipo me dijo un piropo grosero —me explicó con seriedad —, sin darse cuenta que mi hermano estaba allí, sacando unas cosas del guardamaletas.
—¿estabas ahí? —pregunté sorprendido—. No te vi, mujer.
—Sí, pero rápidamente me fui —espetó con frialdad—, si no me apuraba iba a llegar tarde a clases.
Sentí un escalofrío en la espalda, al escuchar sus dichos.
Temari me miró con preocupación, y apretó fuerte mi mano. Seguramente estaba pálido como una hoja de cuaderno.
—Shikamaru, estamos juntos en esto, no te voy a dejar solo —espetó, mirándome con dulzura—. Sé que mis hermanos son algo… celos, y eso hace que me sobreprotejan, pero deben entender que ya soy adulta. Con esto no me refiero tanto a Gaara, sino a Kankuro.
—A Gaara, este último año, no lo he visto metido en ninguna trifulca —señalé sereno, mirándola con atención.
—¡Claro que no!, porque tiene novia —acotó sonriendo, y luego soltó mi mano, ya que iban a servirnos el pedido—. Ahora puedes ver ciertas emociones en su rostro, e incluso está más conversador.
Empecé a analizar sus palabras, mientras nos servían el almuerzo. Al parecer Gaara estaba más pacífico, lo que significaba que no haría ningún escándalo al verme. Ya no sería dos contra uno, sino uno contra mí.
—¡Shikamaru, despierta! —su tono de mando, me sacó de mi estado de ensoñación.
—Disculpa mujer, estaba pensando —me sobé la nunca y miré hacia el lado.
—No pienses más, bebé —sus palabras atrajeron mi atención—, ya deja tu cerebro tranquilo, y almorcemos de una vez.
Sonreí de lado al oír sus palabras. Me gustó como sonaba bebé de sus labios
—Está bien, mujer —susurré con pereza y comencé a comer. Si mi padre me viera, se reiría en mi cara, al verme dominado por una mujer.
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Eran casi las cinco de la tarde cuando llegamos a las cercanías de la casa de Temari.
—Shikamaru, ¿por qué te estacionas una cuadra antes? —me preguntó curiosa.
—No quiero que tus hermanos me salgan a recibir, cuando vean que me estoy estacionando —le respondí con nerviosismo.
—Ya, Shikamaru, deja la cobardía a un lado y estaciona el vehículo al frente de la casa vecina —me reprendió molesta.
—Tsk, problemática —mascullé fastidiado.
Me estacioné donde señaló Temari. Nos bajamos, y luego caminamos en dirección a su casa.
Temari tenía llaves, así que calmadamente abrió la reja, y nos encaminamos hasta la puerta.
Ella estaba a punto de poner la llave en la cerradura, cuando la puerta se abrió de improviso.
—Hasta que te dignas a aparecer, hermanita —señaló con sarcasmo, Kankuro, enfocándose sólo en Temari, e ignorándome por completo.
—Hola, Kankuro, ¿cómo están las cosas por Suna? —espetó, Temari, ingresando a la sala.
—Bien, papá te mandó saludos y dijo que la próxima vez lo fueras a ver —respondió, el castaño, siguiendo a su hermana con la mirada.
—¿Le dijiste que tuve que rendir un examen a última hora? —inquirió, Temari, dejando su pequeño bolso en el sillón.
—Sí, le dije, pero tú sabes cómo es él —respondió, Kankuro, girando su rostro, para fijar sus ojos en mí.
Tragué duro.
—¿Pero miren a quién tenemos aquí? —la sorna que usó, Kankuro, al pronunciar esas palabras, no me dieron buen augurio.
Temari rápidamente se giró hacia nosotros, mascullando entre dientes un «maldición». Yo no la había seguido, pese a todas las advertencias que ésta me hizo.
—Ho…hola Kankuro… ¿có…cómo estás? —espeté nervioso, sabiendo que quizás su respuesta sería un duro golpe en mi rostro.
—Bien…, hasta ahora —me respondió fríamente. El tono que usó me erizó la piel.
Ella se interpuso velozmente entre nosotros, tomó mi mano y me jaló hacia el sillón, pero mientras iba avanzando, Kankuro me agarró firme del otro brazo, girándome hacia él.
—¿Y desde cuándo ustedes son tan «íntimos»? —me preguntó extrañado, frunciendo el ceño.
—Desde hace unos días —intervino serena, Temari, colocándose a mi lado—. Shikamaru es mi novio.
Al oír eso, Kankuro, cambió su semblante de improviso.
—Por favor, Temari, no mientas —espetó con sorna, el castaño, mirando con detenimiento las expresiones de su hermana —. Apuesto que anoche te lo agarraste en la discoteque, por eso hoy anda contigo
—¿Quién te dijo eso? —inquirió ofendida, fulminándolo con la mirada.
—Entonces es verdad —acotó con ironía, Kankuro —. Tú sabes que las noticias vuelan en Konoha, gracias a las redes sociales.
—¡Eso es mentira! —profirió irritada. Sus ojos literalmente echaban chispas—. Anoche, me junte con Shikamaru en la discoteque, siendo ya novios.
—No sigas mintiendo, hermanita —sonrió burlesco, el castaño —, el hombre aquí presente, estaba borracho en la discoteque. Podría apostar que no recuerda nada. De alguna manera lo embaucaste, ¿cierto?…, por favor, Temari, no quiero detalles.
—¡Eres un maldito, Kankuro! —espetó encolerizada. Si las miradas mataran, su hermano ya estaría muerto en el piso.
—Reconoce que se presentó la oportunidad y la aprovechaste —señaló divertido, Kankuro, manteniéndole la mirada—. Eres igual o peor que yo, hermanita; y tanto que has renegado de mi forma de actuar.
Mientras ellos seguían discutiendo, me quedé en silencio. Nunca me esperé esa reacción de Kankuro; no me atacó, sino se puso a fastidiar a Temari. Tenía ganas de intervenir, pero las palabras no me salían.
—¿Y que tienes que decir al respecto, Nara? —espetó Kankuro, escudriñándome con la mirada.
Tragué duro.
—La verdad, es que hace un par de días, ella es mi novia —Mentí descaradamente, mirándolo a los ojos. No podía dejar a Temari como mentirosa delante de su hermano, aunque todas las redes sociales señalaran lo contrario—. Anoche cada uno llegó por su lado a la discoteque, donde acordamos un punto de encuentro. Se nos pasó la mano con el trago, por eso le dije que se fuera a dormir a mi apartamento, ya que venir a dejarla a su casa, era más complicado, porque yo no estaba en condiciones de manejar una gran distancia. Hoy despertamos tarde, por eso venimos recién llegando.
La cara de Kankuro se desfiguró.
—¿Te aprovechaste de mi hermana, imbécil? —me tomó de la playera y me acercó bruscamente a él. Se notaba a leguas que quería triturar mis huesos, así que comencé a sudar frío.
—¡Suéltalo, Kankuro! —gritó furiosa, Temari, mientras trataba se separarnos—, nadie se aprovechó de mí, yo fui porque quise. ¿Qué tiene de malo?, si es mi novio.
—¡Estabas ebria!, seguro abuso de tu inocencia —refunfuñó irritado, el castaño, girando su rostro para verla.
—jajjajajaj… ahora te preocupa de eso, Kankuro —lo miró divertida, Temari—, cuando hace un rato atrás, te reías, porque yo supuestamente me había aprovechado de él.
—No es lo mismo, Temari, nadie se aprovecha de un Sabaku —espetó soberbio, Kankuro. Su semblante se veía serio—. Eso significa sentencia de muerte para el bastardo que lo hizo.
Se me heló la espalda al escuchar esas palabras.
—Eres un exagerado, Kankuro —lo reprochó molesta, Temari—. ¡Ya, suéltalo!
Temari trataba de sacar la mano de su hermano de mi playera, de donde me tenía sujeto.
—¡No te metas, Temari! —alzó la voz, Kankuro.
—¿Por qué hay tanto alboroto? —una voz familiar se escuchó por la escalera, haciendo que todos volteáramos el rostro a esa dirección.
—¡Gaara, dile a Kankuro que suelte a Shikamaru! —le ordenó, Temari.
—¿Alguien me puede explicar que diablos está pasando aquí? —espetó, Gaara, arrugando la frente.
—¡Este vago se aprovechó de la inocencia de nuestra hermana!
—¡Eso es mentira!, ¡él es mi novio, no se aprovechó de mí!
Gaara, luego de escuchar los alegatos de sus hermanos, carraspeó.
—Kankuro, no creo que Shikamaru se haya aprovechado de nuestra hermana. Ella ya está bastante grandecita, y tan inocente tampoco es; e incluso es mayor que él.
—¿Qué quieres decir con eso, Gaara? —Temari, lo fulminó con la mirada.
—Tranquila, Temari —le respondió fríamente, el pelirrojo. —Kankuro, suelta a Shikamaru, y déjalo en paz.
Kankuro me soltó con brusquedad. Todavía podía ver molestia en su rostro, pero no dijo ninguna palabra.
—Disculpa, Shikamaru, tú sabes que mi familia siempre ha sido algo… algo especial —Gaara se acercó a mí, y me arregló la playera.
—Lo sé, gracias por tu ayuda —le sonreí sincero y más tranquilo.
—Mejor no me lo agradezcas —no alcancé a terminar de escuchar su frase, cuando ya estaba tirado en el piso, producto del derechazo en el rostro, que me dio.
—¿¡Por qué lo golpeaste, Gaara!? —chilló, Temari, y se agachó junto a mí para ayudar a ponerme de pie.
—Bien hecho Gaara, se lo merecía por aprovechador —espetó, Kankuro, a metro y medio de la escena.
—Él sabe por qué lo golpeé, Temari —señaló tranquilo, Gaara, mirándola—. Siempre le dije en la secundaria, que si yo me enteraba que te había tocado un solo pelo, le borraría de un golpe esa estúpida sonrisa ladeada. Y ahora que se dio la ocasión, lo hice. Era un gusto que quería darme.
Luego de su explicación, sonrió sutilmente.
—Vaya…, ya lo había olvidado —acoté sorprendido, limpiándome con los dedos, la sangre que tenía en el labio. Era extraño verlo sonreír.
—Bienvenido a la familia Sabaku, Shikamaru —espetó con un rostro amigable, Gaara—. Somos personas algo violentas, pero en el fondo somos buena gente. Por eso no te espantes, si alguna vez mi hermana trata de golpearte.
—Gaara, ese comentario está fuera de lugar —señaló, Temari, con el ceño fruncido.
—Tranquila, Temari, sólo le estoy advirtiendo —acotó sereno, Gaara.
—Gracias por el consejo, Gaara, pero me gustan las problemáticas.
—Más te vale, Shikamaru, porque si la haces sufrir, date por muerto.
—Te das cuenta que están más civilizados —interrumpió, Temari, jalándome hacia el sillón.
—Sí, me da gusto de verlos como gente normal —susurré aliviado, sentándome junto a ella —, después de todo, quedé vivo.
—Bueno, volveré a mi habitación y continuaré estudiando, ya que tengo examen, mañana. Nos vemos.
—Adiós, Gaara —giré el rostro para despedirme, pero éste ya iba subiendo las escaleras.
—Ya, Temari, saca a este vago del sillón, que voy a ver el partido —reclamó, Kankuro, como si nada hubiese pasado.
—Tengo que curarle la herida que le hizo, Gaara —espetó, Temari, mirándolo con odio.
—Pues, cúralo en tu habitación.
—Está bien —refunfuñó, Temari, poniéndose de pie—, pero después no te quejes, si escuchas ruidos raros.
—Mientras hagas tus cochinadas en silencio, me da lo mismo.
Ese cruce de palabras entre Temari y Kankuro, me sorprendió. Vaya, que eran abiertos de mente.
Temari, me jaló del brazo y nos fuimos a su habitación. Ya dentro de ésta, ella me dijo que me acostara, y yo como buen novio, la obedecí.
—Iré a buscar el botiquín para curarte, y traeré un poco de hielo para bajar la hinchazón del labio —espetó, mirándome con dulzura.
—Sabes, mujer, es mejor que me vaya a mi apartamento— le dije, sentándome en la cama —, creo que ya he tenido suficiente por hoy.
—¡Tú no te vas para ningún lado, Shikamaru! —su voz de mando me erizó la piel.
Tragué duro.
—Está bien, ve a buscar las cosas, yo te espero acostado.
Ella sonrió, se dio media vuelta y salió de la habitación, pero antes de cerrar la puerta, asomó su rostro.
—Prepárate, Shikamaru, porque esta enfermera te tratará muuuyyyy bien —susurró de forma provocadora, cerrando despacio la puerta. Ahora, su tono de voz me erizó otra cosa.
Me mordí el labio herido, y me volví a acostar. Ser dominado por esta mujer, tenía sus ventajas después de todo.
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FIN
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Gracias por leer, espero que les haya gustado.
Cualquier cosa que quieran decirme, pueden hacerlo a través de un review, me encanta leerlos y responderlos.
Nos vemos en mi próxima actualización.
Que tengan una linda semana, y no se olviden de comentar, que eso siempre me motiva y me alegra el alma.
Abrazos y besos.
