Notas: Esto lo iba a subir hace no sé cuánto pero tuve varios problemas de tiempo, me tocaron semanas difíciles en la universidad y no pude dedicarme bien a mis proyectos. Lamento la demora. Considerando como viene el resto del mes es probable que para el siguiente también demore, así que disculpas adelantadas por eso. (Igual no he tardado nada para lo usual en mí). Finalmente espero le guste a Diane y eso (?).

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Kiss & WoW.

Parte IV.


Kagura ajustó con un rápido movimiento de sus manos la cinta que portaba en el cabello, era simple y de color blanco, pero tampoco anhelaba que fuera muy vistosa. Tras ello se miró una vez más en el espejo, esperando que su imagen fuera presentable. Pasada su sexta mirada a través de su cuerpo escuchó una risa a sus espaldas.

—Tienes suerte —comentó Milliana, ocasionando que volteara hacia ella y la contemplara con algo de molestia.

—Ya he dicho que no es una cita.

—No por eso —se defendió la chica—. ¿Él tiene un gato, no?

Se sorprendió, aunque no debería, era esperable.

—Sí, se llama Frosch.

—¡Y tú lo vas a conocer! —fantaseó Milliana, arrojándose sobre la cama con emoción—. ¡Ha de ser adorable, realmente adorable! —exclamó, rodando por el colchón ante la ternura que le provocaba la sola imagen mental del pequeño gato—. No puedo imaginar lo lindo que ha de ser, ¿no crees?

Ante la pregunta de su amiga Kagura solo se alzó de hombros con una leve indiferencia.

—Tiene un lindo nombre —comentó sin mucho interés.

Ella no era una obsesionada de los gatos, después de todo.

—Tienes tanta suerte —repitió su compañera, alegre—, es que encima irás a la fiesta de cumpleaños de un universitario, uno que tiene un gatito, realmente eres afortunada.

Ahora sí estaba segura de que el tema iba para donde no quería que fuera.

—¿Qué quiere decir eso? —preguntó, aproximándose a su cama para coger su chaqueta y estirarla con una sacudida.

—Conocerás a sus padres, a sus amigos —relató Milliana con picardía—, casi están formalizando la relación.

—No estamos saliendo —aclaró, cansada de repetirlo.

Es que en ese último tiempo tenía que repetirlo mucho, sobre todo desde que sus amigas se enteraron de que se había conocido con un chico a través de su juego en línea y ahora iría a su fiesta de cumpleaños, vivían desde entonces con la idea de que tenía novio por más que ella lo desmintiera. Era agotador tener que repetir una y otra vez que no lo era, más cuando como toda respuesta solían reírse y decir que «se había puesto nerviosa», acusación por lo demás bastante falsa.

Maldita sea, eso cansaba.

—Todavía —dijo Milliana sin prestar atención a su rostro molesto, sacándola de sus pensamientos sobre lo mucho que detestaba el día en que se le ocurrió decirles sobre Rogue—. Lo bueno es que ya conoces a sus amigos, ¿no? Te será fácil adaptarte.

La miró seria unos momentos, pero al final no dijo nada, dio la vuelta y se colocó su chaqueta, buscando aparentar indiferencia.

—Algo —dijo—, he hablado con ellos un poco y me sé sus nombres, pero nunca los he visto.

Al único que conocía personalmente era a Rogue, después de todo, los otros seguían siendo jugadores con los que hablaba a través de internet y tampoco es como si hablaran mucho.

Milliana se sentó en la cama tras su respuesta, sonriendo y sin quitar su expresión ilusionada.

—Pero no son completos extraños —comentó, animada—, al menos algo han conversado, algo se conocen.

Kagura suspiró antes de regresar la mirada a su amiga, realmente cansada del tema.

—¿Me vas a acompañar? —preguntó.

—Por supuesto, para algo estoy aquí, ¿no?

—Entonces deja de tocar el tema de una vez —reclamó Kagura—, y ya ponte tu abrigo para ir saliendo.

—¿Estás apurada? —Mikazuchi rodó los ojos, sacándole una risa a Milliana—. Vale, ya voy.

La chica se levantó rápidamente y cogió el largo saco que le pertenecía, depositado sobre la cama, antes de seguir a su amiga rumbo a la puerta de su habitación al tiempo que se lo colocaba, puesto que los días empezaban a ser fríos.

—¿Y qué vas a comprar? —preguntó Milliana una vez ambas estuvieron en el pasillo rumbo a la puerta de entrada.

Kagura la miró un momento antes de desviar la mirada a cualquier otro punto, incómoda.

—No tengo idea —respondió con sinceridad, porque aún no pensaba en qué regalarle a Rogue.

Era primera vez que le compraría un regalo a un chico, ¿qué se supone debía darle?

—Bueno —dijo Milliana, pensativa—, ¿qué le gusta?

Esa pregunta era tan típica que Kagura suspiró en cuanto la oyó, antes de abrir la puerta que daba a la calle, saliendo de su casa junto a su amiga para proceder a cerrar tras de sí.

—No sé —dijo de forma escueta, rumbo a la estación que había a unas pocas cuadras de su hogar para trasladarse al centro.

—¿Cómo no vas a saber? —se quejo su acompañante—. Hablan mucho, algo tiene que haber dicho sobre las cosas que le gustan.

Mikazuchi frunció el ceño unos instantes ante el comentario, para luego relajar la expresión, levemente incordiada. Que sí, que hablaban mucho, pero no solía detenerse a preguntarle qué cosas le gustaban.

—No sé —repitió, avanzando por la calle—, ¿qué se supone le gusta a los chicos?

Milliana enarcó una ceja al oírla, ambas caminando a través de la acera, lado a lado, rodeadas por las casas de la villa donde vivía Mikazuchi.

—¿El fútbol? —Kagura negó—. ¿Los autos? —Otra negación—. ¿Carreras? ¿Películas? ¿Dinero? ¿Salsa picante?

—Le gustaban las de terror —interrumpió.

Y por medio segundo por la mente de Milliana pasó la idea de salsa picante de terror, algo así como un tarro de salsa picante con alas y dientes de murciélago. El segundo siguiente lo dedicó a criticar lo estúpido de la idea.

—¿Qué? —cuestionó una vez dejó de hacer mezclas raras en su cabeza.

—Películas —aclaró Kagura—, ahora que lo dices le gustaban las películas y los libros de terror.

Su amiga sonrió al oír eso.

—Vale, entonces por ahí —dijo—. ¿Qué libros ha leído?

—No sé.

Adiós a la sonrisa.

—Eso no ayuda —se quejó Milliana—, así podrías acabar por regalarle algo que ya leyó.

Bajaron la escalera que daba al metro, con ambas meditando el hipotético regalo. Kagura debía admitir que Milliana no era demasiada ayuda en esos temas, sabía tanto de chicos como ella, pero Arania estaba ocupada ese día y no podía acompañarla, motivo por el que no le quedo más que invitar a Milliana dado que no quería ir sola a comprar el regalo.

El centro comercial estaba rebosado de gente aquel día, algo esperable siendo un sábado al mediodía. Algunas tiendas estaban más repletas que otras, por supuesto, sobre todo las de ropa y comestibles, pero Kagura nunca había sido muy adepta a comprar ropa así que dudaba detenerse en alguna, menos que menos para comprarle ropa a un chico. Por lo demás librería solo había una en todo el lugar. Había pensado también en videojuegos, pero no era consciente de si Rogue tenía alguna consola y cuál en el hipotético caso, o qué tipo de videojuegos le gustaban, siquiera si le gustaba alguno aparte del World of Warcraft.

Demonios, no se le ocurría nada por mucho que pensaba.

Avanzó por los pasillos del lugar levemente incómoda y hasta un tanto nerviosa, mirando las tiendas a sus lados, meditando un asunto que para ella era primordial. Quedaría mal si llegaba con un mal regalo, o al menos así lo sentía ella, se moriría de vergüenza si su regalo resultaba ser inapropiado, por ello que quisiera conseguir algo que le pudiese gustarle a Rogue, pero sus neuronas no colaboraban.

—Ya sé —dijo de pronto Milliana, captando su atención—, un peluche.

Kagura frunció el ceño ante esa idea, que a saber de dónde había sacado su amiga.

—No voy a regalarle un peluche a un chico —reclamó, regresando la atención a las vitrinas—, creo que el libro es mi mejor opción.

—¿Y cuál será?

Hubo unos momentos de silencio, en tanto lo pensaba.

—No sé.

Milliana torció el gesto, esperando esa respuesta pero sin desearla en lo absoluto.

—¿Tienes idea de las veces que has dicho eso? —le inquirió.

Kagura se enderezó al oírla, avergonzada pero tratando de ocultarlo con la postura.

—No suelo leer —se excusó, caminando rumbo a las escalera, pues la librería estaba en el segundo piso y ellas en el primero.

Su compañera la siguió en silencio unos momentos, al menos hasta que estuvieron en la escalera mecánica que subía.

—¿Quieres llamar a Arania?

Kagura negó con la cabeza ante la pregunta.

—Está en una cita —dijo—, no quiero interrumpirla.

La escalera llegó a destino y ellas continuaron su camino rumbo a la librería.

—¿Entonces? —inquirió Milliana.

Lo meditó, pero en verdad no tenía ninguna idea para hallar una respuesta a su problema. Al menos hasta que al pasar por una de las tantas cafeterías del lugar, contemplando los anuncios de pasteles, una idea vino a su mente.

—Podría llamar a Erza —comentó.

Milliana enarcó una ceja, confusa antes esa proposición.

—¿Y eso?

—Erza conoce a Minerva —explicó, dudando un segundo si continuar, recordando la petición que la pelirroja le había hecho el día que lo supo—. No se lo digas a nadie, pero Erza también juega.

—¿Al jueguito en línea? —cuestionó Milliana, fidedignamente sorprendida—. Creí que los odiaba.

—Eso creíamos todos —comentó, alzándose de hombros—. El asunto es, que Erza conoce a Minerva, me enteré hace unas semanas —aclaró, recordando un instante lo pequeño que sintió el mundo el día que, al hablar con Scarlet, fue consciente de ese detalle. Con lo obvio que parecía, el jugador «Scarlet» nunca lo asoció a su amiga, dado que pocos usaban el nombre propio al nombrar a sus personajes y siendo además que Erza solía desprestigiar ese tipo de juegos. Por la boca muere el pez, solían decir—, y Minerva conoce a Rogue.

Milliana enarcó una ceja.

—¿De verdad?

—Así que si la llamo —razonó Kagura—, y le pido que hable con Minerva para que... eh, hable con Rogue —eso sonaba tan ridículo que se sintió algo tonta al decirlo—, podría saber qué regalarle.

Sonaba realmente idiota, pero en su mente era un buen plan aunque verbalmente no lo pareciera.

—¡Hazlo entonces! —exclamó Milliana—. Puedes pedir que te diga algún libro que él no haya leído.

—Tienes razón.

Sonrió antes de sacar su celular y buscar el número de Erza, que no tardó en encontrar entre su lista de contactos. Llamó y esperó respuesta, en tanto Milliana la contemplaba ansiosa de pie a su lado.

«¡Kagura!», exclamó Erza desde el otro lado de la línea al responder.

—Hola.

Fue algo escueta al contestar de vuelta, pero no podía evitarlo, incluso siendo Erza con quien hablaba.

«¿Qué sucede?»

—¿Disculpa?

«¿A qué viene la llamada?»

—Ah —musitó, con el teléfono contra su oreja y Milliana lo más próxima que podía, buscando oír la conversación—. Necesitaba pedirte un favor.

«¿Un favor?»

Asintió a las palabras de Erza, aunque no es como si pudieran verla.

—Es con Minerva.

«¿Con Minerva?»

—Sí... bueno —tartamudeó levemente, incómoda—... verás —comenzó—, ¿recuerdas que te dije que conocía a Rogue, cuando tú me dijiste que la conocías? —cuestionó, sacándole una risita divertida a Milliana.

«Ajá, lo recuerdo. ¿Por?»

—La cosa es que iré a su cumpleaños, de Rogue, quiero decir —aclaró.

«¿De verdad?», preguntó Erza emocionada, o eso suponía por su tono de voz. «¿Cuándo es?»

—Lo celebra el sábado —respondió.

«¿Y qué le vas a regalar?», siguió Erza, aunque no le dio tiempo a responder. «Espera», pareció reclamar a través del teléfono, «¿por qué tú vas? Minerva a mí no me dijo nada.»

—¡Es porque es su novio, Erza! —exclamó Milliana.

De haber sido ese un teléfono antiguo, Kagura habría tenido algo con lo que estrangular a su amiga, lamentablemente no lo era, por lo que no tenía forma de destrozarle la garganta en venganza por esas palabras.

«¡¿Cómo?!», oyó decir a Erza, cosa que solo la enojó más.

—No es mi novio —replicó inmediatamente, lanzándole una mirada fulminante a su acompañante—, solo es mi amigo.

«Pe... pero...», tartamudeó Erza y ya la veían con un sonrojo en las mejillas y miles de imágenes en la cabeza, «tú... él...»

—No —comenzó, nuevamente—, es —dijo, poniendo énfasis en cada palabra—, mi —es que ya estaba cansada de tener que repetir eso—, novio —finalizó, pues por lo visto Erza no le entendió bien la primera vez.

«Pero irás a su cumpleaños», le reclamaron.

—Pero no es mi novio —repitió, otra vez—, solo mi amigo, me invitó a su fiesta y ya.

—Sí, claro —se burló Milliana.

—Tú cállate —reclamó con ira—. No es mi novio —repitió, para ambas chicas, la que tenía al frente y la que estaba al teléfono.

«Pero irás a su fiesta.»

—Sí —le dijo a Erza, rogando que no siguiera con lo mismo.

«Él te invitó.»

—Sí.

«Y entonces se declararán.»

Genial, pensó.

—No —dijo.

«Pero...»

—¿Podemos volver al punto, Erza? —pidió—. Primero, Rogue no es mi novio, es mi amigo; cuando me dijiste lo de Minerva te conté cómo lo conocí y demás, ahora deja el tema. Segundo, sí, me invitó a su fiesta, porque es mi amigo. Tercero, necesito comprarle un regalo.

Hubo un momento de silencio a través de la línea.

«¿Y yo qué tengo que ver en eso?», reclamó Erza. «Pensé que me llamabas para avisarme que ya tenía cuñado.»

Rodó los ojos.

—¿Y por qué sería tu cuñado? —inquirió—. Además por eso venía el tema de Minerva, no sé qué darle.

«¿A Rogue?»

Volvió a rodar los ojos ante la pregunta de Erza.

—Sí, a él —dijo—. Había pensado en un libro, pero no sé qué está leyendo o ya leyó, no puedo comprar a ciegas —aclaró, mirando a Milliana unos momentos—, así que me ayudaría mucho si tú, que te conoces con Minerva, le preguntaras a ella sobre el tema.

«¿Qué leyó y qué no?»

—Exacto.

«¡Claro!», exclamó Erza a través del teléfono. «Lo que sea por mi futuro cuñado.»

Kagura tuvo el impulso de golpearse la frente al oírla, no lo hizo por el único hecho de estar en un lugar público, le daría vergüenza hacer eso, se vería ridículo. Milliana rió ante su expresión, bastante segura de a qué se debía.

—¿Qué dijo? —preguntó.

—Que ella preguntaría.

—Vale, continuemos el camino hasta la librería mientras tanto —ofreció Milliana.

Sonrió ante esas palabras, de mejor humor, antes de asentir y continuar su avance por los pasillos del centro comercial en compañía de Milliana. A partir de ahí la librería no estaba lejos, unas cuantas tiendas más allá y ya, por lo que llegaron pronto. Sin embargo, dado el hecho de que esperaba la llamada de Erza, no ingresaron una vez frente a la librería. Se quedaron, ella y Milliana, afuera en tanto los minutos pasaban, al menos hasta que su celular sonó.

Respondió la llamada algo ansiosa, esperando unos segundos a oír la voz de Erza.

«Vale», dijo Erza tras unos momentos a través de la línea, «hablé con Minerva.»

—¿Y qué te dijo?

«Que no había leído Misery de King y era lo que más le apetecía leer a Rogue en estos momentos.»

—¿Misery de Stephen King? —inquirió, solo para asegurarse.

«Ese mismo. Sino me dijo que también le gustaba mucho Lovecraft, pero no estaba del todo segura qué cuentos había leído y cuáles no. Me dijo otros autores pero no los recuerdo.»

—Vale —dijo luego de oírla—, entonces King.

Sonrió tras decir aquello, al menos ya tenía el regalo.

«¿Le das el libro y se declaran?»

—¡No! —replicó enseguida.

Bufó con irritación, no importaba qué dijera, ni sus amigas ni Erza parecían comprender el punto de que ella y Rogue eran amigos. Porque eran amigos, claro que eran amigos, ¿qué más iban a ser?

—Es lo ideal, Erza —habló Milliana, que se había mantenido callada durante ese lapsus, a través del celular, aproximando su rostro al de Kagura para ello.

La misma se alejó con molestia, oyendo a través del teléfono como Erza se emocionaba.

—No —repitió molesta.

Ellos no eran novios y tampoco es como si fuesen a serlo solo porque él la hubiese invitado a su fiesta de cumpleaños y ella llevase desde entonces pensando en qué regalo darle, dos personas no se hacían novias por eso. Vale, que habían salido juntos varias veces desde la primera vez que se encontraron, pero ninguna contaba como cita y menos que menos una fiesta de cumpleaños. Y ahora que lo pensaba, ¿para qué se daba el trabajo de darle importancia a los comentarios de sus amigas?

«Ya, como digas», accedió Erza a través del celular, claramente sin prestar verdadera atención a sus palabras. «¿Un gracias?»

—Gracias —masculló entre dientes—, y no es mi novio —dijo Kagura antes de apartar el teléfono de su oído y colgar.

Milliana la contempló con un rostro de fingida inocencia, sonriéndole y ocasionando que frunciera un poco más el ceño ante esa expresión.

—Bueno —dijo su amiga—, ahora ya sabes qué regalarle.

Mikazuchi la miró con algo de desconfianza, como esperando algún otro comentario respecto a la relación que compartía con Rogue, pero como no llegó acabo por relajar el rostro y dar la vuelta para ingresar en la librería.

—Sí, por suerte —comentó—, me moriría de vergüenza si llegaba al cumpleaños con un mal regalo.

Después de todo no era cualquier cumpleaños, de alguna forma no lo era aunque se empeñase en decir lo contrario.


Sí, ahora la perspectiva va desde Kagura.

Espero les haya gustado y nos leemos.