Aviso: Secuela del fic Life Unexpected. Los personajes y todo lo que reconozcan pertenece a JK Rowling.
Alex13: Afortunadamente la próxima actualización no tardo tanto así que la espera fue decente jajaja. Para disgusto de todos, especialmente de Sirius, Will va a estar entrometiéndose bastante a partir de ahora, así que tendremos que acostumbrarnos a su nombre. ¡Como siempre gracias por tus palabras! De verdad eres un amor, jajaja, ojala este capítulo también te guste. Nos seguimos leyendo, un beso!
4. Actos y Consecuencias.
En ese momento, Harry podía afirmar, con toda seguridad, que sin importar las consecuencias, ese estaba siendo el mejor día de todo su verano. No había duda de eso.
Por primera vez desde que había salido de Hogwarts estaba sintiendo que, de verdad, estaba de vacaciones, no encerrado en su casa como un condenado en Azkaban, sino divirtiéndose y relajándose, como se lo merecía después del año tan estresante que había tenido, olvidándose por un momento de todos los problemas que atormentaban su vida y todos los peligros que podían existir.
Desde que había salido, se había negado en rotundo a pensar en eso, en ese momento no había peligro, todo estaba bien y no había absolutamente nada de que preocuparse.
Claro, todo hubiera sido más sencillo si ella lo hubiera captado también.
— ¿Quieres dejar de ver la hora? —Le pidió, por enésima vez, poniendo los ojos en blanco, cuando ella volvió a revisar su muñeca. —Aún es temprano, cálmate.
—No importa, alguno de los dos tiene que estar atento. —Replicó Hannah, tratando de pretender que estaba tranquila, pero Harry la conocía mejor que eso. —Solo hace falta que nos descuidemos un minuto y se haga tarde para volver.
—Eso no pasará. —Le aseguró el chico, encogiéndose de hombros con seguridad, negado totalmente a pensar lo contrario. —Volveremos a tiempo. Y aunque no lo hiciéramos, James y Lily nunca llegan a la hora que dicen que lo harán.
—Pero si alguien más lo hace…
—Come y deja de preocuparte. —La animó Harry, apuntando al plato frente a ellos con su tenedor. —No arruinaremos el día preocupándonos por nada.
—No estoy diciendo eso… —Aclaró ella, pinchando una de las cerezas llenas de azúcar que caían en el plato, mojándola con helado de manera distraída. —Pero no deberíamos seguir forzando la suerte que hemos tenido, es un buen momento para volver...
—Te dije que en un momento lo haremos. —Insistió él, haciendo todo lo que estaba en su poder para convencerla de quedarse un rato más. —Después de que terminemos el waffle. Así que come.
Ella lo miró fingiendo estar disgustada, pero de haber creído que en serio debían irse se habría levantado y lo habría obligado a volver, así que Harry le sonrió con inocencia e hizo un gesto hacia el postre en medio de los dos, a lo que ella respondió torciendo los ojos.
—No sé por que quieres engordarme, hemos comprado demasiada comida hoy. —Señaló la chica, sacudiendo la cabeza con desconcierto y picando un pedazo de waffle para llevárselo a la boca. —No me irás a decir que Lily también te estaba matando de hambre, porque eso sí no te lo voy a creer.
—Pero si fuiste tú quien quiso comprar esta bomba de azúcar. —Recordó Harry, sin querer pensar en su madre en ese momento para así no sentirse tan culpable. —Hasta donde sé eso es lo que la gente hace en las citas, comer, charlar, dar un paseo…
—Salir de casa cuando se supone que no debe hacerlo… No, espera, eso solo aplica para nosotros.
—Pues hay que ser originales de vez en cuando. —Se excusó él, volteando para verla de frente y dedicarle la mejor sonrisa que tenía. —Y lo importante es que la hemos pasado bien.
—Eso y que estás de buen humor. —Agregó ella a la vez que le pinchaba la mano con su tenedor de manera juguetona. —Finalmente.
Harry no iba a negar eso, no había necesidad de hacerlo, mucho menos a ella. Sabía que no era del todo justo, porque dentro de todo había tenido algunos momentos buenos con su familia, pero era cierto que parecía una eternidad desde la última vez que se había sentido así de animado.
Aunque el enfado con sus padres seguía presente, eso no había cambiado.
Sabía que estaba siendo infantil e imprudente al escaparse así, justamente el primer día en todo el verano que habían decidido dejarlo solo. Harry nunca había querido romper la confianza que sus padres habían depositado en él desde el momento de conocerse, pero no iba a aguantar otro día encerrado, eso no era una opción.
Claro que convencer a Hannah no había sido tan fácil como él hubiera querido, desde que había trazado su plan la noche anterior, luego de la desastrosa cena, había tenido claro que si ella no aceptaba aquello sería imposible, no tenía ningún sentido salir solo a dar vueltas por ahí.
La primera reacción de la chica había sido negarse sistemáticamente y darle el mismo sermón gigante que ya le había repetido hasta el cansancio, y que en resumen era una copia del discurso que todos en su casa habían mantenido hasta el final. Harry no quería escuchar más sobre eso, sentía que si lo seguía haciendo iba a terminar odiando la idea de estar seguro.
Convencerla no había sido sencillo, pero por suerte, tampoco imposible. Había llevado casi una hora entera de ruegos, argumentos perfectamente válidos, y otros no tanto, y especialmente miradas suplicantes que había ido mejorando desde que conocía a su padre y a Sirius.
—Si llegan a descubrirnos voy a alegar que me secuestraste. —Le había advertido Hannah, suspirando resignada, pero caminando hacia la puerta para el regocijo del chico. — ¡No sonrías así! Hablo muy en serio.
Iba a agradecerle su comprensión en ese momento hasta el final de sus días, porque podía estar de acuerdo con sus padres en que lo mejor era protegerlo, pero ella sabía perfectamente lo mal que la estaba pasando y justamente por eso había accedido.
—Deberías aprovechar. —Opinó Harry luego de tomar una porción de helado con un pedazo de waffle. —Mañana vuelvo al encierro y seguro también al mal humor.
—Eso depende de ti, no de más nadie. —Harry quiso sugerirle que no saliera de su casa por lo que quedaba de vacaciones para ver si seguiría ese tipo de consejos, pero prefirió callar. —Pero igual voy a aprovechar, es lo que he estado haciendo todo el día.
—Qué bueno, porque no se tienen primeras citas todos los días… —Quiso agregar algo más, pero se detuvo para verla confundido cuando reparó en la forma que ella lo miraba. — ¿Por qué me ves así?
—Es que me emociona que esta sea nuestra primera cita. —Confesó con una sonrisa tímida, cabizbaja para que no notara su sonrojo. —Ya había tomado como un hecho que no la tendríamos hasta el primer viaje a Hogsmeade o algo así.
Harry le sonrió de vuelta, aunque con un poco más de amargura de la que había previsto.
Realmente ese era un asunto que lo enfadaba bastante, le hubiera gustado aprovechar esos meses para salir con ella y tratar de descifrar que era lo que estaba ocurriendo entre los dos, eso era lo que habían acordado, y lo frustraba lo imposible que había resultado.
Sí, habían pasado tiempo juntos, y bastante, pero no era lo mismo estar a solas, como ese día, que con alguien siempre vigilando o con James entrando a molestar cada media hora.
—Es una lástima que no hayamos podido ir a la pista de hielo. —El lamento de la chica lo sacó de sus pensamientos, haciendo que se volviera para ver como empezaba a robarle trozos de cereza porque las suyas se estaban acabando. —En serio tenía ganas de patinar…
—Han, ninguna persona normal patina en agosto. —No pudo evitar reírse, para ofensa de ella. —Solo a ti te pueden dar ganas de algo así.
—Oye, no te burles. —Intentó defenderse ella, dándole un empujón en el brazo que no impidió que se siguiera riendo. —Patinar es genial, no importa la época del año.
—Solo digo que es más normal que se haga en navidad o una fecha parecida, no en esta. Pero bueno, después iremos a un lugar con pista de hielo abierta todo el año…
—Eso sería fantástico, aunque igual me gusta mucho aquí. —Aclaró ella de inmediato, mirando a su alrededor con una sonrisa satisfecha. —Es un lugar muy bonito.
En verdad sí lo era, lo cual había resultado un alivio ya que no contaban con tanto tiempo como para buscar algo mejor.
No era lo más sofisticado del mundo, simplemente una pequeña villa muggle que quedaba a unos cuantos kilómetros al norte de su casa, ya se conocía el camino y se les había hecho fácil llegar, lo mismo que, con suerte, pasaría al volver.
Habían llegado cerca del mediodía, habían almorzado y luego habían entrado a un pequeño cine para ver una película. Al terminar, habían estado un rato viendo tiendas y al pasar por una heladería se habían comprado aquel waffle de cerezas y helado que ahora compartían en la mesa de un bonito parque infantil donde debido a la hora, un poco más tarde de las seis, ya casi no había niños.
—Vine con mis padres unos días después de la boda, cuando volvieron de la luna de miel. —Recordó Harry, echando a la basura sus intentos del día sobre no pensar ni hablar de ellos, sintiendo una oleada de nostalgia regándose en su pecho. —También comimos helado y vimos algunas tiendas, fue antes de que empezaran a hacer… Lo que sea que estén haciendo.
—No me habías contado sobre eso. —Hannah le sonrió con ternura mientras probaba otra poción de helado. —Suena como un día divertido.
—Lo fue, de hecho. —Admitió él, irritándose un poco al no poder contener la sonrisa que le salió ante el recuerdo. —La pasamos muy bien.
Viéndolo en retrospectiva, esos primeros días de vacaciones no habían sido tan horrendos. Era cierto que el susto de la última prueba y las consecuencias de ésta aún seguían muy presentes y eso lo había opacado, pero en general había vivido momentos bastante agradables.
Sus padres pasaban más tiempo con él, e incluso un día Ron y Hermione habían ido a visitarlo. Y a eso se le sumaba lo emocionado que se había sentido luego de la mudanza.
Era irónico, pero en ese momento había estado tan feliz de vivir en esa casa que nunca se hubiera imaginado que en tan poco tiempo estaría tan harto de ella. Aún tenía fresco el confortable sentimiento de finalmente tener un hogar, porque antes de eso siempre era la casa de Lily, o el apartamento de James, ahora finalmente podía decir que esa era su casa, se sentía seguro decirlo y eso le gustaba.
Suspiró con irritación, pero también con algo de tristeza. No entendía como sus padres podían haber permitido que las cosas se arruinaran de aquella forma… Aunque en el fondo sabía que la culpa no era de ellos.
La noche en el cementerio seguía demasiado vigente en su memoria para pensar en echarles del todo la culpa.
— ¿Te estás sintiendo culpable, cierto? —Susurró Hannah al ver su expresión, adivinando sus pensamientos antes de que los expresara, como siempre.
—Sí, y lo odio. —Gruñó Harry de mala gana, no entendiendo por que no podía simplemente disfrutar de la decisión que ya había tomado, sin pensarlo demasiado. —Odio sentir culpa, tengo derecho a salir, no pueden tenerme encerrado para siempre…
—Pero en el fondo sabes que están haciendo lo mejor que pueden. —Completó ella, aunque quizás él hubiera usado otras palabras para decirlo, esas eran mejores.
—Sí, sí lo sé. —Confesó el chico, chasqueando la lengua con fastidio. —Lo peor es que no me molestaría que no me dejaran salir si al menos me contaran lo que está ocurriendo. Si me lo explicaran lo entendería, pero se niegan a hacerlo.
—Qué puedo decirte. —Ella suspiró y se encogió de hombros. —Todos dicen lo difícil que es ser padre, pero de ser hijos nadie habla. Eso tampoco es un paseo al parque.
—No, de hecho no lo es. —Concordó Harry, queriendo reírle la broma, pero el rumbo que habían tomado sus pensamientos se lo impidió. —Espero que no se enteren de esto…
—Yo tampoco, no se lo merecen. —Que señalara eso lo hizo sentirse culpable, pero sabía que tenía razón. —Pero ya, esto casi se acaba así que nos vamos y nadie se enteró de nada.
La miró y volvió a sonreír, pensando en como a pesar de sentirse culpable, no podía arrepentirse de haber salido con ella.
—Por cierto, si sigues en la casa cuando vuelvan trata de no hablarles mucho. —La molestó el chico, tratando de volver a subir sus ánimos. Ya tendría tiempo para sentir culpa. —Mientes tan mal que nos van a descubrir.
—Ay sí, porque tú lo haces excelente. —Replicó Hannah, resoplando y sonrojándose ligeramente. —Solo de pensar en las tonterías que inventaras cuando te deje solo me preocupo.
—Igual lo hago mejor que tú.
— ¡No es cierto! —Trató de esconder su diversión con una expresión fastidiada y ofendida, pero él la conocía demasiado para eso. —Y solo por eso yo voy a terminarme esto y tú no tendrás nada, quítate…
Harry rió y movió el plato hacia ella para que terminara el pedazo que quedaba, decidiendo que para él ya había sido suficiente azúcar para una tarde. Realmente no tenía idea de cómo ella podía seguir comiendo algo tan dulce, pero Mar y Sirius le habían enseñado por las malas que esas cosas era mejor no preguntarlas.
Lo terminó al rato, mortificada porque había olvidado revisar su reloj y se habían pasado unos minutos de la hora que habían acordado para poder volver a tiempo, así que se apresuró a levantarse y a tomar al chico por el brazo para arrastrarlo de vuelta, ignorando sus quejas y réplicas que trataban de hacerla entender que por unos minutos no los iban a atrapar. Estaban perfectos de tiempo, todo iba bien.
Solo cuando Harry la había hecho detenerse, unas cuadras después del parque, porque no pensaba correr todo el camino a casa, Hannah accedió a aminorar su paso y disfrutar del camino, asegurándose de que ya habían recuperado los minutos perdidos. Ambos estuvieron de acuerdo en que alguien notaría si llegaban sudados y muertos de cansancio.
—Espero que podamos hacer esto otra vez. —Deseó la chica, soltando un largo suspiro mientras caminaban a un paso decente frente a un vecindario muggle que separaba la villa del sendero a la casa. La noche estaba ya por caerles encima. —Fue divertido…
—No cuentes con eso. —Murmuró él con una sonrisa irónica, subiendo las cejas de la misma manera.
—Siempre tan negativo. —Chasqueó ella, poniendo los ojos en blanco. —A veces válido que solo digas: "esperemos que sí, Hannah", y ya, no pido más nada.
—Bueno, esperemos que sí podamos volver a salir, Hannah. —Repitió exagerando demasiado su entusiasmo al respecto. — ¿Feliz?
—Eres un pésimo actor, no sé como te atreves a hablar de mi habilidad para mentir. —Le reclamó la chica, haciéndolo soltar una risita y entrelazando su brazo con el suyo. —Ojala pudiéramos quedarnos un rato más…
—Eso sería genial. —Concordó Harry, sonriendo involuntariamente cuando ella recostó la cabeza de su hombro. —Pero temo que a Lily le de un ataque de pánico si vuelven y no estoy…
—Si eso pasa te aseguro que sería James quien te encerraría, y ahora en el sótano.
—En el ático, es más pequeño. —Bromeó él, arrancándole una risa a la chica que le provocó una cálida sensación en el pecho. —Me gustó tu idea sobre Hogsmeade por cierto, si no podemos volver a salir aquí al menos allá lo haremos…
— ¡Eso tenlo por seguro! —Exclamó Hannah, demasiado entusiasmada y tan alto que le hizo dolor un poco el oído por lo cerca que estaba. —Aunque vamos a tener que dividir el día para estar también con Ron y Hermione, aunque sé que no les molestará si nos vamos un rato por ahí…
—Oye, hablando de ellos... —La interrumpió Harry con algo de brusquedad, recordando de repente algo que tenía días queriendo preguntarle. — ¿Los has visto recientemente?
—Pues… No, en verdad no los he visto en bastante tiempo. —Respondió Hannah, en voz muy baja, con una expresión acongojada. —Solo me envían cartas, pero…
—Sí, pero. —Asintió el chico, no necesitando que ella terminara la oración para saber lo que estaba pasando por su mente. —También he sentido algo extraño en ellas.
Hannah no respondió nada ante eso, se quedó viendo algún punto delante de ellos de manera pensativa. Para ese momento ya había anochecido y la calle estaba prácticamente vacía, aunque las estrellas y los faros servían para alumbrar el camino. Ya estaban por salir del vecindario y llegar al sendero.
— ¿Tienes idea de que les ocurra? —Preguntó Harry, rompiendo el silencio al cabo de unos segundos.
—No estoy segura, puede que nada. —Aventuró ella, notablemente insegura. —Tal vez solo han estado ocupados…
—Dijiste que siempre ibas a casa de Ron en vacaciones.
—Lo hacía, pero esta vez no me ha dicho nada. —Calló un momento, posiblemente buscando una excusa razonable para eso antes de volver a hablar. —Tal vez Hermione esté allá, y solo… No sé, anden en lo suyo.
— ¿Pelear?
—Olvídalo, Harry. —Resopló Hannah, riéndose al ver la mirada ofendida que él le devolvió. —Eres muy lento.
—No, tú nunca hablas claro. —Se defendió él, no queriendo admitir que no tenía muy claro a que se refería. — ¿Creen que sepan algo de lo que está ocurriendo?
—No lo creo, nos lo habrían dicho. —Afirmó ella de inmediato, con muchísima seguridad. —Debe pasar algo más, no puede ser eso.
La firmeza con la que Hannah habló lo hizo desear poder crearle, en serio quería hacerlo, pero esa era la única explicación coherente que se le ocurría. Era perfectamente racional creer que Ron tendría algún tipo de información al respecto, se suponía que sus padres estaban haciendo lo mismo que los suyos, y dudaba que le estuvieran ocultando tanta información como a él.
Y en cualquier caso, estaba seguro de que cualquier persona con un mínimo de acceso al mundo mágico sabría que estaba pasando. Y fue justo ese pensamiento el que lo obligó a detenerse de golpe, la realización apoderándose de él.
— ¿Qué ocurre? —Inquirió Hannah, levantando la cabeza y frunciendo el ceño con confusión. — ¿Por qué paramos?
—Hannah… —Empezó a decir, enarcando una ceja de forma interrogativa. — ¿Qué ha estado diciendo el Profeta que mis padres no quieren que lea?
Sintió una oleada de incredulidad, decepción y una pequeña porción de traición apoderándose de él justo en el momento que leyó a la perfección el rostro pasmado de la chica, ese que decía claramente que la había atrapado.
—Tienes que estar bromeando… —Dijo por lo bajo, soltándole la mano y endureciendo su expresión.
—Por favor no te molestes. —Casi le rogó ella, poniéndose frente a él y dedicándole una mirada nerviosa y suplicante. —Déjame explicarte…
— ¿Qué me vas a explicar? ¿Qué me has estado mintiendo igual que todo el mundo?
— ¡No, yo no he hecho eso! ¡No te he mentido…!
— ¡Mentir y ocultar información es exactamente lo mismo! —No pudo evitar gritar Harry, sintiendo como la rabia y la impotencia de la que había logrado huir todo el día volvían lentamente a él. — ¡No hay ninguna diferencia y estoy harto de que todos insistan en lo contrario!
—Harry, es que no tenía ningún sentido que te lo dijera. —Farfulló Hannah, tratando de explicarse. Lucía afligida, pero estaba muy molesto para darse cuenta. —No hace ninguna diferencia, no quería que te sintieras peor y no tiene nada que ver con tus padres ni lo que hacen…
— ¡Peor me estoy sintiendo ahora al saber que sabías algo que yo no y te lo guardaste! —Le hubiese gustado sonar más disgustado y menos dolido en esa frase, pero no le dio tiempo de arrepentirse antes de seguir. — ¿Y a que te refieres con que no querías que me sintiera peor? ¿Qué demonios están diciendo?
—En serio no tiene ningún sentido que te lo diga…
—O sea que simplemente dejaras de responderme. Tú también. —La acusó el chico, sin gritar, pero dejando clara su molestia en cada palabra y en su expresión. — ¿Qué James y Lily te pidieron que no me dijeras nada o que?
— ¡Estás sacando todo de quicio! —Chilló ella, parecía a punto de ponerse a llorar. — ¡Ya no grites más y deja que te explique para… para…!
— ¿Para que? ¿Qué te pasa?
— ¿Por qué…? —Se tomó un momento para mirar a su alrededor, con una mirada confusa y nerviosa, antes de terminar su pregunta. — ¿Por qué todo se puso tan oscuro?
Había estado tan ocupado gritando y molestándose que había pasado completamente por alto como, efectivamente, la calle en la que estaban se había quedado a oscuras.
Las luces de las farolas se habían apagado y al subir la mirada al cielo se dio cuenta de que las estrellas que los habían acompañado hasta entonces habían desaparecido, al igual que la luna, dejando el firmamento como un simple manto negro. No se escuchaba nada, ni siquiera el murmullo de los árboles. De repente había empezado a hacer frío, un frío congelador que no era normal tomando en cuenta que estaban en pleno agosto.
Como un acto reflejo, metió la mano en su chaqueta y sacó su varita, sabiendo que no podía hacer magia, pero necesitando tomarla para sentirse seguro.
—Hannah, no…
Pero cuando bajó la mirada nuevamente se dio cuenta de que ya la oscuridad se había adueñado por completo del lugar y se le hizo imposible encontrarla. Su corazón dio un salto brusco ante eso.
— ¿Hannah? —La llamó con urgencia, aferrando la mano en su varita y sintiendo los músculos agarrotándose. — ¿Dónde estás?
—Harry, n-no te veo. —La escuchó responder, temblorosa, más lejos de lo que había estado un minuto atrás. — ¿Qué está pasando?
Harry abrió la boca para responder, pero calló de golpe cuando reconoció un sonido asquerosamente familiar que sirvió para que un escalofrío lo recorriera entero.
—Harry…
—Shh, no digas nada.
Ella obedeció y Harry abrió los ojos tanto como pudo, tratando de dar con su figura para poder tomarla de la mano y atraerla hacia él, pero la oscuridad era impenetrable. Tiritando debido al frío, agudizó el oído e intentó volver a escuchar el sonido, deseando haberse equivocado.
No pueden estar aquí, esto es un pueblo muggle, no tienen nada que hacer aquí…
Pero sus pensamientos se evaporaron en el aire cuando volvió a reconocer el sonido, poniéndole la piel de gallina y haciéndolo afianzar el agarre en su varita.
En ese lugar había alguien aparte de ellos. Los alientos gruesos y roncos se lo dejaron saber.
Lo siguiente que escuchó fue un chirrido horrible, como alguien que tomaba una respiración irregular, y luego, un grito de horror fuerte y claro que lo hizo querer vomitar.
— ¡HARRY! —Lo llamó Hannah a metros de distancia, sacudiéndole todo por dentro. — ¡HA…! —La segunda vez no pudo terminar de gritar, otro suspiro se adueñó del ambiente.
— ¡LUMOS! —Gritó Harry, encendiendo la luz de su varita, la desesperación haciendo que olvidara por completo las reglas.
Había estado listo para correr hacia ella, pero sus planes se destruyeron cuando la noche se iluminó, revolviéndole al estómago al reparar en que no había solo uno.
La luz de su varita le permitió ver al otro, justamente cuando se estaba acercando a él, flotando suavemente y arrastrando su capa negra por encima del suelo. Era justo como lo recordaba, enorme, imponente y escalofriante. No se veía ningún miembro o un rostro, solo se escuchaba el desagradable sonido que hacía cuando chupaba el aire nocturno.
Harry dio un par de pasos torpes hacia atrás y levantó su varita.
— ¡Expecto patronum!
Una vaporosa bola de humo de luz plateada emergió de la punta de su varita, formando una especie de escudo frente a él que hizo que el dementor frenara sus avances, pero solo por un efímero segundo. El encantamiento no había funcionado bien, y de repente la luz desapareció y la criatura siguió avanzando hacia él, sacando una mano huesuda y asquerosa de debajo de la túnica.
— ¡Expecto patronum! —Repitió Harry, con la voz débil y temblorosa.
Otra bola de humo salió de la varita, pero fue tan inútil como la primera. No estaba concentrado, el pánico no lo dejaba pensar y seguir escuchando a Hannah solo estaba empeorándolo todo.
Estaba perdido, no podía conjurar el encantamiento, la voz de Remus repitiéndole que pensara en algo feliz fue rápidamente reemplazada por una risa fría y escalofriante.
No había nada feliz en lo que pudiera pensar, era como si todo lo bueno del mundo hubiera desaparecido, dejándolo solo con la oscuridad y el frío que le daba sentir las manos del dementor cerrándose alrededor de su garganta mientras tomaba otra respiración.
La risa aguda ganó volumen, adueñándose de toda su mente al igual que la voz tenebrosa que había empezado a escuchar.
«Vamos, Inclínate ante la muerte, Harry… Duele, ¿verdad, Harry? No querrás que lo repita, ¿cierto?... ¡Estúpida chica impura, debí haberte matado hace trece años…!»
Lily… No volvería a verla, no volvería a ver a James.
Ya debían haber llegado, estaban esperándolo en casa. Sus rostros aparecieron claramente en su cabeza y se obligó a respirar.
— ¡EXPECTO PATRONUM!
Un venado adulto y plateado emergió de su varita, abalanzándose contra el dementor con fuerza, clavándole los cuernos en el pecho y obligándolo a retroceder. La criatura intentó luchar, pero el patronus volvió a embestirlo, haciéndolo elevarse de regreso al cielo y alejarse, derrotado.
Con una renovada esperanza y más confiado que unos segundos atrás, Harry salió corriendo para ir tras el otro, y no había dado más de diez pasos cuando lo encontró, inclinado tan cerca de Hannah que el chico se sintió desfallecer. Ella estaba tendida en el suelo, temblando y gimiendo, con la varita en la mano y tratando de cubrirse el rostro con los brazos.
Dirigió su ciervo hacia la figura encapuchada y nuevamente se abalanzó sobre ésta, dándose de frente con el dementor, derribándolo en la oscuridad y haciendo que se alejara por el mismo camino que había tomado su compañero, huyendo hacia el cielo nocturno.
Los dementores se fueron y el patronus se evaporó, acto seguido las estrellas y la luna volvieron a aparecer, al igual que las luces de los faroles.
Apenas y le dio tiempo de sentirse aliviado, o de notar que estaba bañado en sudor, en lo único que podía pensar era en asegurarse de que ella estuviera bien.
— ¡Hannah! —La llamó casi a gritos, desesperado y con un nudo inmenso apretándole la garganta. Se inclinó sobre ella y le quitó los brazos de la cara. — ¡Hannah, soy yo! ¡Mírame, por favor, mírame…!
Sintió que su alma abandonaba su cuerpo cuando pudo verle el rostro, más pálido que la nieve, el cabello pegostoso de sudor pegado a la frente y a las mejillas. Los ojos azules le devolvían vacíos la mirada, como si lo miraran sin ver.
—Hannah, ya pasó, todo está bien. —Intentó tranquilizarla, pero el tono aterrado de su voz no servía de nada. —Háblame, por favor dime algo…
Empezaba a sentir que enloquecería, y estaba a punto de sacudirla de desesperación, cuando ella pareció volver en si. Tomó una bocanada de aire sofocada y parpadeó, finalmente enfocando la mirada.
Boqueó varias veces, pero no alcanzó a decir nada. Harry, por su parte, soltó un suspiro inmenso, creyéndose capaz de llorar de puro alivio.
—Ya pasó, ya se fueron. —Le dejó saber con la voz ronca, tratando de reconfortarla tanto a ella como a él mismo. —Estamos a salvo.
—Ha-Harry… —Intentó llamarlo ella, empezando a entender lo que había pasado. Los ojos llenándose de lágrimas. —P-por qué…
—No lo sé, ellos no deberían estar aquí… —Alcanzó a responder el chico, tratando de encontrar una respuesta a eso. Al final sacudió la cabeza, repitiéndose que no había tiempo para eso. —Da igual, tenemos que volver. Vamos…
Ella asintió débilmente y dejó que le tomara un brazo para ponérselo alrededor del cuello y levantarla. Era una suerte que fuera más pequeña y liviana que él, eso lo ayudó muchísimo.
— ¿Puedes caminar?
—Sí, creo que sí. —Dudó ella con un hilo de voz, tratando de mantenerse recta por sus propios medios, pero las piernas le temblaban ligeramente.
—Si no puedes yo…
— ¡HARRY!
Irguió el cuello de golpe al escuchar aquella voz, levantó la varita por puro reflejo y sintió una descarga de alivio desplegándose dentro de él cuando pudo divisar su figura corriendo hacia ellos.
— ¡Sirius! —Intentó gritar el chico, pero la voz se le quebró al final. — ¡Sirius, aquí…!
—Maldita sea, Harry. —Farfulló cuando llegó junto a él, respirando aceleradamente por la carrera que había pegado. —Qué mierda… ¡Remus, aquí está, ya lo encontré!
Escuchó nuevos pasos que se acercaban y sintió como el cuerpo de Hannah se relajaba como imitando al suyo, producto de la tranquilidad de saber que ya no estaban solos.
—Sirius, yo…
—Eres un mocoso idiota. —Le espetó su padrino con brusquedad, claramente furioso. Y Harry sabía que se lo merecía. — ¡¿Qué demonios es lo que pasa contigo?!
—Lo… Lo siento, no…
— ¡Pues claro que lo sientes! ¡Y deberías! —Siguió gritándole Sirius, haciéndolos encoger un poco. Estaba demasiado enfadado para reparar en el aspecto que traían. — ¡¿En qué mierda estabas pensando?! ¿Qué crees que esto es un puto juego? Maldición, tú… ¡¿Tienes idea de cómo está tu madre en este momento?!
El corazón de Harry cayó a su estómago al pensar en Lily y en lo preocupada que debía estar. El arrepentimiento y la culpa empezaban a hacerlo sentir más pesado.
— ¡Si no te encierra de por vida en tu habitación te juro que lo haré yo! ¿Cómo…? —Pero el resto de la pregunta se perdió, gracias a que finalmente Sirius pareció darse cuenta de lo pálidos, débiles y aterrados que lucían. — ¿Dónde estaban? ¿Qué les pasó?
—Dementores. —Soltó Harry por toda explicación, haciendo que Hannah se estremeciera. —Dos. Hice que se marcharan, pero…
El rostro de Sirius bajó varios tonos de color hasta quedar tan pálido como ellos. Una mezcla de incredulidad y rabia se adueñó de su expresión.
—Pero que… Cómo diablos…
— ¡Harry, aquí estás! —Exclamó Remus cuando se les unió, luciendo incluso más cansado que Sirius, respirando con dificultad. —No puedo… Es increíble que te hayas escapado. —A diferencia de su amigo, él no gritó, pero la mirada reprobatoria y enfadada fue casi peor. —De todas las estupideces que pudiste cometer…
—Se encontraron a dos putos dementores. —Lo interrumpió Sirius, volteándose a verlo, con rabia, pero también interrogante, como esperando que le diera una explicación.
— ¿Qué? ¿Dementores…? ¿Aquí? —Preguntó Remus, devolviéndole la mirada con incredulidad. Se volvió hacia Harry para confirmar y haciéndolo al ver como lucían. — ¿Ambos están bien? ¿Hannah?
—Ya… Ya estoy mejor… —Quiso asegurarles la chica, separándose un poco de Harry y tropezando con sus propios pies.
Los tres hicieron ademán de sujetarla para evitar que cayera al piso, pero Harry era quien estaba más cerca y fue quien alcanzó a tomarla por la cintura y volver a pegarla a él.
—Tenemos que volver de inmediato. —Decidió Remus con firmeza, revisando sus alrededores con la mirada llena de sospecha. —Andando, no podemos quedarnos aquí.
—Dame. —Sirius le hizo una seña a Harry para que le entregara a Hannah. —Yo la llevo.
—No, lo hago yo. —Se empecinó el chico, apretando el brazo que tenía en su cintura, no queriendo separarse de ella. —No hay problema.
—Mocoso, apenas y puedes mantenerte en pie a ti mismo. —Chasqueó su padrino, claramente irritado por su necedad. —No es momento para que te pongas romántico.
—Déjalo en paz. —Le ordenó Remus, aunque pareció más una súplica.
—Yo puedo sola, en serio… —Volvió a insistir Hannah, pero esta vez Harry no dejó que se alejara. —Suéltame.
—Esta es igual de terca que tú. —Señaló Sirius con una sonrisa irónica y amarga. Miró a Harry con severidad y éste, tras suspirar resignado, le permitió que tomara a Hannah para que ella le rodeara el cuello con el brazo, como había hecho con él unos segundos atrás. —Si veo que puedes sola te suelto, pero a este paso no llegaremos nunca.
—Ustedes vayan al frente. —Le indicó Remus a su amigo, señalando el lugar con su varita. —Harry, quédate conmigo.
El chico asintió y se paró junto a él para empezar a caminar rumbo al sendero que llevaba a la casa, sabiendo que estaba seguro ahora que ellos habían llegado, pero con el frío y el miedo que le habían provocado los dementores aún rasgándole el pecho.
James iba a castigarlo. En el momento que entrara por esa puerta, juraba por Merlín que lo iba a castigar.
Al menos esperaba contar con la fuerza para lograrlo.
Por primera vez en su vida, deseo que sus padres lo hubieran hecho con él, al menos una vez, eso lo habría ayudado a tener un ejemplo para hacerlo con su hijo, pero no había pasado nunca y ahora James no tenía idea de cómo se hacía algo así. En otra ocasión, habría confiado en la severidad de Lily para hacerlo, pero en ese caso, sabría que aquello no sería una opción.
—Debí haber ido con ellos… —Seguía repitiendo ella, el rostro contraído por la preocupación y la angustia. Tenía rato dando vueltas por todo el salón, demasiado nerviosa para detenerse. —No debí quedarme aquí, tuve que ir a buscarlo yo…
—Lily, así como estás no hubieras podido encontrar a nadie. —Le cortó Mar con una mirada significativa, parada junto a las puertas del jardín, ocultando su preocupación mejor que su amiga. —Por favor, tranquilízate, Remus y Sirius están buscándolos, no deben tardar…
— ¡Pero si no tienen ni idea de donde pueden estar! —Exclamó la pelirroja, algo histérica, pasándose las manos por el cabello con frustración. — ¡Están buscando a ciegas, podrían estar en cualquier parte…!
—No pueden haber ido muy lejos, Lily, no tiene sentido. —Intentó tranquilizarla James, hablándole con calma desde la entrada del salón. —Harry sabía que llegaríamos a esta hora, si no querían que los descubriéramos no se iban a ir a otra ciudad.
— ¿Entonces por que no han regresado? ¿Ah? —Quiso saber ella, deteniéndose para verlo con una mirada suplicándole, como esperando que él tuviera la respuesta. —Si eso es cierto entonces debieron haber llegado aquí antes que nosotros, o unos minutos después, pero tenemos casi media hora aquí y nada.
—Está con Hannah, no va a inventar nada estando con ella. Se les habrá hecho tarde, o tal vez sí quería que lo descubriéramos. —Adivinó él, sintiéndose ligeramente molesto ante esa posibilidad, pero también sabiendo que era mejor que muchas otras. —Los chicos son así, Lily, seguro para eso se escapó.
— ¿Y si no se escapó? ¿Has pensado en eso?
Por supuesto que lo había pensado, cada minuto desde que habían llegado y habían visto que Harry no estaba en la casa, y se le congelaban las venas solo de imaginarse la posibilidad.
Pero no podía decirle eso a Lily, no podía ponerla peor.
—Por supuesto que se escapó, no te llenes la cabeza con locuras. —Zanjó Mar de inmediato, aunque James notó como se tensaba ante la idea. —Todo estaba intacto cuando volvimos, incluso cerró la puerta antes de irse.
—No es lo que estás pensando, Lily, eso no puede ser. —Le prometió James, luchando con todas sus fuerzas para creérselo y transmitirle a ella esa seguridad. —Harry habría tratado de defenderse y ya nos habríamos enterado si hubiera hecho magia, así que no tiene sentido que te mortifiques.
Ella inhaló con fuerza y asintió, tratando de hacer que sus palabras calaran profundo en su mente, y James necesitaba que así fuera, estar preocupado por Harry y al mismo tiempo por ella era lo más agotador que había llegado a experimentar en su vida, y en ese momento esperaba no tener que hacerlo.
—No debimos dejarlo solo. —Murmuró Lily, mordiéndose el labio inferior, que ya tenía morado de tanto hacerlo, para tratar de frenar las lágrimas. —Fue una pésima idea…
—Él no debió escaparse, no le dimos un voto de confianza para que hiciera eso. —La interrumpió James con firmeza, volviendo a sentirse molesto con su hijo. —No puede hacer ese tipo de cosas, mucho menos en estos momentos.
—Sí, pero… —La pelirroja se detuvo antes de que se le quebrara la voz para tomar una bocanada estabilizadora de aire. Se cruzó de brazos y bajo la mirada antes de seguir, susurrando. —No debí restringirlo tanto ni esperar que se quedara aquí sin protestar… Ustedes tenían razón, tarde o temprano se iba a hartar.
James y Mar se miraron por un momento antes de volverse hacia ella, afligidos. Los dos estaban pensando lo mismo, pensaban en lo mucho que habían rogado para que Lily les diera la razón en ese tema, para que entendiera que intentaban ayudar, no ponerse en su contra. Pero ahora que finalmente lo hacía, no se sentía nada satisfactorio, no bajo esas circunstancias.
Sin pensarlo demasiado, odiando verla así y no poder hacer nada, James se acercó a ella y la atrajo hacia él en un abrazo, apretando los brazos a su alrededor de manera reconfortante. Sabiendo que lo necesitaba tanto como él.
—No hables como si no fuera a volver. —Le pidió en un susurro, reposando la barbilla en su cabeza. —No seas tonta.
—Esto es mi culpa, debí haberlo dejado salir…
—No debimos mentirle. —Agregó Mar, pero se apresuró a repararlo al ver la mirada significativa de James. Sabía que era un buen punto, pero no era el momento para hacerlo. —Pero no es momento de buscar culpables, solo de esperar que llegue bien.
—Exacto. Y cuando queramos hacerlo, siempre podemos culpar a Sirius, su mala influencia ya ha hecho demasiados estragos en ese niño…
—Yo apoyo eso totalmente. —Intervino Mar, siguiéndole la broma, aunque James no sabía si hablaba en serio o no. —En este momento estoy dispuesta a culpar a ese idiota de lo que sea.
—Ustedes son imposibles. —Murmuró Lily contra su pecho, aliviándolo al sentir la sonrisa en su voz.
James depositó un beso en su cabello y empezó a trazar círculos tranquilizadores en su espalda mientras susurraba palabras de aliento en su oído que ayudaron a que fuera relajándose poco a poco.
Hasta que escucharon la puerta de la entrada abriéndose.
Lily se separó de él de golpe y parecía decidida a ir hasta allá cuando la voz de Sirius la detuvo.
— ¡Ya llegamos, estamos todos bien!
Escuchar aquello fue suficiente para que los tres soltaran todo el aire que habían estado aguantado desde su llegada. James se pasó una mano por el rostro, sintiendo que le quitaban una tonelada de peso de los hombros.
—Voy a matar a ese niño. —Soltó finalmente, habiéndoselo guardado durante todo ese tiempo para no alterar más a Lily.
Y justamente eso planeaba hacer, pero cuando la puerta se abrió y lo vio sano y salvo lo único que pudo hacer fue sentirse aliviado. Y de todas maneras Lily ya se le había adelantado.
— ¡¿Dónde se supone que estabas?! —Le preguntó su madre a gritos mientras él sostenía la puerta, en una mezcla de enfado, mortificación y alivio. — ¿Cómo pudiste irte así? ¡Tienes una idea de lo preocupada que…!
—Pelirroja, todos queremos gritarle, pero ya habrá tiempo para eso. —Le cortó Sirius, entrando por la puerta con Hannah colgada al cuello. Fue posiblemente la visión de eso último lo que hizo callar a Lily. —Esta niña necesita sentarse…
—Aquí puedo sola, de verdad. —Murmuró la chica, intentando librarse del agarre de Sirius. Estaba pálida y lucía increíblemente frágil. —Estoy bien…
—No estarás bien hasta que comas algo dulce. —Le dijo Sirius, dejándola sobre el sofá al que Harry llegó en un parpadeo para sentarse junto a ella. —Ya Remus se está encargando de eso, está en la cocina.
— ¿Pero que les pasó? —Quiso saber Mar, acercándose a Hannah y acuclillándose para quedar a su altura. — ¿Segura que estás bien? Harry…
—Fueron los dementores. —Explicó el chico, paseando la mirada por los tres adultos que no habían llegado con él. —Nos lo encontramos viniendo.
—Pero… ¿Qué? —Soltó James, atónito, sintiendo como su corazón se suicidaba a su estómago. — ¿Cómo que dementores? ¿Dónde estaban?
—En la villa, esa que queda justo después del sendero. —Siguió contándoles Harry, de vez en cuando echando vistazos fugaces a Hannah para asegurarse de que estaba bien. —Aparecieron cuando veníamos de regreso…
—No… Esto no puede ser. —Lily miró a su hijo con incredulidad, pero luego de examinarlo atentamente a él y a Hannah pareció comprenderlo. — ¿Qué estaban haciendo unos dementores en ese lugar? ¡Es una zona de muggles, no tienen nada que hacer ahí!
—Parece que quien los controla no recibió el mensaje. —Gruñó Sirius entre dientes, como hacía cada vez que trataba de tragarse su enfado.
— ¿Pero solo estaban ellos? ¿No se encontraron a alguien más? —Tuvo que preguntar James, tensándose ante los horribles escenarios que se estaban formando en su cabeza.
—No, solo los dementores. —Harry posó su mirada en él y abrió los ojos con preocupación, tragó saliva antes de hablar. — ¿A… a quien debíamos encontrarnos?
James abrió la boca para responder, aunque no muy seguro de que iba a decir, pero el sonido de la puerta volvió a interrumpir. Fue Remus quien entró esta vez, con los brazos llenos de lo que parecían ser todos los dulces y chocolates que había encontrado en la cocina.
—Coman esto, los va a ayudar. —Los dejó sobre la mesa frente a ellos y les dedicó una mirada severa al ver como ninguno de los dos hacía ademán de obedecer. —Finjamos que son mis alumnos nuevamente y hagan lo que digo, ¿de acuerdo?
—Tú también. —Le dijo Lily a Harry al ver como tomaba un dulce para pasárselo a Hannah, pero nada para él. Se sentó en el filo de la mesa y abrió una rana de chocolate para dársela. —Haz caso, aunque sea un día.
—Lo siento. —Murmuró el chico, tomando el chocolate y llevándoselo a la boca. James no estaba seguro si se disculpaba por no haber querido comer o por lo demás.
— ¿Cómo es que compran tanta basura? —Preguntó Sirius de repente, viendo con una ceja enarcada el montón de golosinas. — ¿Les hacen descuentos y nadie me ha dicho nada?
—Deja de decir idioteces y ve a buscar unas mantas. —Le ordenó Mar, dirigiéndole la palabra por primera vez en casi veinticuatro horas. No se había apartado del lado de Hannah y le había cubierto las manos con las suyas. —Está helada.
Sirius estuvo a punto de responderle, pero pareció pensarlo mejor, cosa que todos agradecieron, y asintió antes de darse la vuelta para hacer lo que le habían pedido. James no quería tener que dejar a Harry en ese momento, pero no tenía que temer si estaba bajo la mirada atenta de su madre, así que siguió a su amigo afuera del salón.
—No entiendo esta mierda. —Le susurró a Sirius cuando estuvieron frente al armario donde guardaban las sábanas y las cobijas. — ¿Cómo llegaron dementores hasta ese lugar? No dejan Azkaban si alguien no se los ordena…
—No me queda duda de que alguien lo haya hecho. —Volvió a gruñir Sirius, tomando las mantas que Mar le había pedido y pasándole una. —Y no creo que se hayan perdido y casualmente terminaran aquí.
— ¿Crees que haya sido el Ministerio? ¿O ellos? —Procuró bajar la voz para que solo él lo escuchara. No sabía cual de las dos posibilidades lo hacía sentir más enfermo.
—Es un asco no tener idea de quien es más capaz en este momento. —Chasqueó su amigo, cerrando el armario y haciéndole una seña para que volvieran. —Pero creo que ambos empatan.
—Es un alivio que llegaran a tiempo, de no ser por ustedes…
—Remus y yo no hicimos nada. —Le cortó Sirius, mirándolo con total seriedad. —Cuando llegamos ya se habían ido.
— ¿Qué? ¿Pero como es posible? —James lo miró sin entender. Había asumido que Sirius y Remus habían visto a los dementores. — ¿Entonces quien hizo que se fueran?
—Harry lo hizo, él conjuró el patronus.
James parpadeó sin poderlo creer, sintiéndose repentinamente perdido. No tenía idea de que su hijo supiera utilizar ese encantamiento, y no entendía donde lo había aprendido, si era una clase que no le darían hasta dentro de unos años.
Pero no tuvo tiempo de formular ninguna de sus dudas porque nuevamente se encontraron en el salón. Mar tomó la manta de las manos de Sirius, y murmuró un pequeño gracias que lo sorprendió bastante, y se la colocó a Hannah sobre los hombros, frotándole los brazos para que entrara en calor.
—Ten, usa esto. —Le dijo James a Harry con suavidad, entregándole la otra manta.
—No la necesito, estoy bien.
—Niño, es el peor momento para que quieras protestar.
—Yo no…
Pero en ese preciso momento, una lechuza entró por la puerta, seguramente había entrado por la cocina, y voló por encima de ellos para dejar caer una carta a mitad del salón. James se tensó al ver el sello del Ministerio, sabiendo de antemano que no debía ser nada bueno.
Se dirigía a tomar el sobre cuando éste se elevó en el aire, adquiriendo una forma de boca con dientes y lengua, dejándoles saber que era un vociferador, que empezó a hablar de inmediato.
Estimado Señor Potter:
Hemos recibido noticias de que usted invocó el encantamiento Patronus a las ocho y veintitrés de esta tarde en una zona habitada por Muggles.
La gravedad de esta infracción del Decreto para la Restricción Razonable de Magia en Menores ha dado como resultado su expulsión de la escuela Hogwarts de Magia y Hechicería. Los representantes del Ministerio llegarán a su domicilio pronto para destruir su varita.
Como usted ya ha recibido una advertencia oficial por una ofensa anterior bajo sección 13 de la Confederación Internacional del Estatuto del Secreto Mágico, lamentamos informarle que su presencia está requerida en una audiencia disciplinaria en el Ministerio de la Magia el 20 de agosto, a las 9 am.
Espero que esté bien.
Sinceramente, Mafalda Hopkirk.
La voz desapareció y el sobre volvió a adquirir su forma tradicional para luego desplomarse contra el piso.
Nadie dijo nada luego de eso, un tenso y espeso silencio se estableció en medio del salón. James recapituló en su mente todo lo que acababa de escuchar y quiso creer que estaba teniendo un maldito sueño, pero sabía que no lo era.
Paneó el lugar con la mirada, todos tenían la misma expresión desencajada y atónita que él debía tener, pero la de Harry fue la que más lo afectó, lucía enfermo, como si fuera a vomitar de un momento a otro. Y justamente eso fue lo que provocó que una oleada de rabia naciera del pecho de James y se extendiera por todo su cuerpo, haciéndolo cerrar los puños y apretar la mandíbula.
—Maldita sea. —Gruñó desde el fondo de su pecho, tratando de no gritar. —Tiene que ser una jodida broma.
—No lo es, pero están dementes si piensan que pueden hacer eso. —Determinó Sirius, sonando y luciendo igual de furioso que él. Caminó hacia el centro del salón y tomó la carta para volver a abrirla y leerla. — ¡Departamento de Uso Indebido de la Magia! ¡Esto es una completa mierda! ¡No pueden expulsarlo!
— ¡Pero por supuesto que no! ¡Es una locura! Déjame ver eso… —Mar se puso de pie y le arrebató la carta a Sirius, poniéndose roja a medida que iba leyendo. — ¡Como es que tienen registro de esto y no de dos dementores que andan paseando por ahí! ¡Eso es lo verdaderamente grave aquí!
—No podemos permitir que le quiten la varita, tenemos que ir al Ministerio de inmediato. —Decidió Remus, caminando hacia el perchero para volver a tomar su abrigo. —O a hablar con Dumbledore, él sabrá que hacer…
—Pero… No, esperen un momento. —Los detuvo Lily con rotundidad. Extendió una mano hacia su amiga y ella le pasó la carta para que la leyera. — "Usted ya ha recibido una advertencia oficial por una ofensa anterior". —Leyó en voz alta, antes de mirar a su hijo de manera interrogante. — ¿Esto que significa? ¿Ya habías hecho magia sin supervisión antes? Porque si no lo hiciste, esta audiencia ridícula no tiene ningún…
—Sí lo hice. —La interrumpió Harry, lucía como ido, en shock, pero logró suspirar y subir la cabeza para mirar a su madre con amargura. —Sí lo hice, unos meses antes de conocerlos.
— ¿Qué? ¿Pero por que? —Le preguntó su madre sin comprender. — ¿Qué ocurrió? Tú sabes que no puedes hacerlo…
—Harry, lo siento mucho. —Saltó Hannah de golpe, como volviendo en ella para mirarlo con una expresión suplicante. —En serio lo siento…
—Esto no es tu culpa. —Le cortó el chico de golpe, abriendo los ojos de manera significativa. —Ya basta.
—Pero… Sí, lo es… Yo no… Nunca quise…
—Hannah, ya. —Insistió Harry, dedicándole una mirada que claramente le pedía que se callara. —Déjalo.
— ¿Pero que es lo que tiene que dejar? —Esta vez fue turno de James de preguntar, con las sienes palpitándole debido al estrés y al enfado. —Dinos que pasó.
—Nada, no pasó nada. —Aseguró su hijo, pero mentía tan mal como Lily y eso James lo sabía perfectamente. —Olvídenlo, no tiene caso.
—No, no podemos olvidarlo. —Se empecinó Lily, presionando a Harry con la mirada, decidida a obtener una respuesta. —Necesitamos que nos digas que pasó.
—No se los voy a decir. Ya te dije que no tiene caso. —Repitió el chico, empezando a alzar la voz y exasperarse.
— ¡Pero claro que tiene caso! ¡Necesitamos saber para poder arreglar esto…!
— ¡¿Pero arreglar qué, Lily?! ¡Ya me expulsaron, me van a quitar la varita! ¡Se acabó, ya no hay nada que podamos…!
—Suficiente. No nos digas si no quieres, pero que le grites no va a solucionar nada. —Le ordenó James con una severidad que hasta a él mismo lo sorprendió. Harry lo miró atónito, pero obedeció. —Esto no se queda así, voy a ir a hablar con Dumbledore y si es necesario luego al Ministerio.
—Yo voy contigo. —Saltó Lily de inmediato, poniéndose de pie y caminando hacia él. —Tenemos que resolver esto…
—Yo también voy. —Se metió Sirius, tomando su chaqueta del sillón donde la había dejado y haciendo ademán de ponérsela. —Esos hijos de puta me van a escuchar, si hay que quemar ese maldito Ministerio pues…
—Nadie va a quemar nada. —Lo calló James con exasperación, sintiendo que la cabeza le iba a explotar. —Tú quédate aquí.
— ¡¿Qué?! ¿Por qué mierda…?
—Porque solo vas a empeorarlo todo y ya nos odian suficiente en ese lugar. —Le respondió Mar antes de que terminara la pregunta. Le dedicó una mirada severa y algo aterradora. —Te quedas.
Sirius los miró a ambos con indignación, y James no estuvo seguro de a quien estaba haciéndole caso, pero resopló con brusquedad y se dejó caer en el sofá de mala gana.
—Quédate con Harry, por favor. —Le pidió a Lily, sabiendo que si se ponía a gritarle a todo el mundo en el Ministerio, aunque se lo merecieran, las cosas no mejorarían. —Iré con Remus y lo resolveré todo.
—Está bien. —Aceptó ella, no muy a gusto con la idea, pero prefiriendo quedarse con su hijo. Le dedicó una pequeña sonrisa. —Sé que lo harás.
James le sonrió devuelta y le guiñó un ojo, justo antes de que Remus llegara junto a él y le entregara su abrigo. Ambos salieron del salón para ir al otro donde tenían la chimenea.
—Dumbledore lo resolverá, James. —Le aseguró su amigo de manera tranquilizadora. —Ya verás, no te preocupes.
James suspiró y asintió, sabiendo que tenía razón, pero igual necesitando que se lo dijera. Normalmente era él quien se encargaba de darles ánimos a todos y de ser la fuerza positiva, pero últimamente era un trabajo de tiempo completo que a veces no se sentía en la capacidad de ejercer.
Estaba empezando a desesperarse, ya no sabía que hacer para que se le quitara el frío. Cargaba encima toda su ropa, un sweater que Harry le había prestado, medias y, además, estaba metida debajo de unas cuatro capas de mantas. Y a pesar de todo eso, seguía teniendo escalofríos de vez en cuando.
Se sentía muchísimo mejor que cuando había llegado, y aún más que cuando todo había ocurrido, pero aún no se sentía por completo ella misma. El simple recuerdo de la desolación, la tristeza y el vacío que había experimentado era suficiente para revolverle el estómago y provocarle ganas de llorar. Lo que había visto y escuchado tampoco ayudaba en nada.
El pensamiento la hizo estremecerse, y de manera instintiva se metió más adentro de las sábanas, buscando el calor que tanto necesitaba y que parecía decidido a huir de ella. Quizás porque el frío que sentía no era corporal, era más bien algo interno, algo que se estaba encargando de congelarle todo por dentro.
El sonido de la puerta fue suficiente para deshacer sus pensamientos, y para arrancarle una diminuta y casi imperceptible sonrisa cuando lo vio entrar.
—Ey, pensé que ya te habrías dormido. —La saludó Harry en un susurro, cerrando tras de él con extremo cuidado. —Dijiste que estabas cansada…
—Lo estaba… Lo estoy. —Se corrigió Hannah, también susurrando y encogiéndose de hombros. —Pero no puedo dormir.
—Entiendo, es normal considerando… —Se obligó a detenerse a mitad de la oración y a dejarlo así, sabiendo que no tenía sentido terminar. Sacudió la cabeza y se acercó a la cama. —Es normal.
—Supongo. —No pudo evitarlo, pero automáticamente se sintió más segura cuando él se sentó a su lado. — ¿Ya saben algo?
—Sí, Remus y James escribieron diciendo que Dumbledore estaba resolviéndolo todo. —Empezó a contarle el chico, con la mirada ida puesta en algún punto invisible de la habitación. —Luego llegó una carta del Ministerio, no me quitarán mi varita y no estoy expulsado hasta después de la audiencia.
—Eso es grandioso. —Se emocionó Hannah, sintiendo por primera vez en horas un rayo de esperanza y alivio dentro de ella. —Sabía que ellos lo resolverían.
—Aún no se resuelve nada. —Se empecinó Harry con la voz llena de amargura y pesimismo. —Igual pueden expulsarme cuando todo acabe.
—Pero no pasará, porque iremos allá, explicaremos lo que pasó y todo se solucionará. —Se sorprendió a ella misma al darse cuenta de lo positiva que podía sonar incluso en ese momento. Decidió tomarlo como una buena señal.
—No tienes que hacerlo. —Le dejó saber el chico, suspirando y volviéndose para verla a los ojos. —No tienes que ir, no si no quieres…
—Claro que tengo que ir. —Le cortó ella de inmediato, con rotundidad. —Vi lo que pasó, soy un testigo. No se trata de si quiero o no.
—Pero…
—No harás que cambie de opinión al respecto, así que ni lo intentes. —Hannah trató de imprimir en esa oración tanta firmeza como fuera posible, dejándole saber que sobre eso no iba a discutir. —Estamos juntos en esto, como en todo lo demás.
Harry suspiró resignado, obviamente sin sentirse cómodo con la idea, pero al final simplemente asintió, entendiendo que no tenía sentido ponerlo a discusión.
—Es lo mínimo que puedo hacer. —Siguió diciendo ella, no pudiendo detener la oleada de culpa que empezaba a nacer en su pecho. —Si no fuera por mí…
—Ya te dije que lo dejaras. —La interrumpió Harry, viéndola de manera suplicante y significativa. —Nada de esto es tu culpa, ni lo de hace rato… Ni lo otro tampoco.
Decidió no responder, siendo ahora quien no estaba de acuerdo, pero sabiendo que hablarlo no haría ninguna diferencia, igual él seguiría empecinado en no culparla y ella en hacerlo. Era el ridículo rodeo que en el que habían estado desde que había ocurrido, aunque casi nunca lo sacaran a colación.
— ¿Te acuestas conmigo un rato? —Le pidió por lo bajo, con un hilito de voz. —Se que debes estar esperando que vuelvan, pero…
—Claro. —Aceptó él de inmediato, haciéndole una seña con la cabeza para que se moviera. —Hazme espacio…
Ella lo hizo de inmediato, deslizándose hacia atrás rápidamente para que él pudiera tumbarse a su lado, aunque no demasiado para que así quedaran más juntos, como al final pasó.
Harry le pasó un brazo por los hombros y otro por la cintura, atrayéndola más hacia él y abrazándola con firmeza. Hannah suspiró y se acurrucó entre sus brazos, sintiendo como finalmente volvía a ella el confortante calor que llevaba tanto rato buscando.
— ¿Le escribiste a tus padres? —Preguntó él, con los labios pegados a su coronilla. Ella asintió. — ¿Qué les dijiste?
—Lo que necesitan saber, que pasaré la noche fuera de casa. —Se limitó a responder, sabiendo que no era el momento para entrar en detalles. —Mañana vuelvo temprano.
—Puedes quedarte el tiempo que quieras…
—Lo sé. —Sonrió contra su pecho y se pegó más a él. —Gracias.
Harry susurró algo sobre no tener nada que agradecer y luego se quedaron en silencio. A los pocos segundos él empezó a acariciarle el cabello suavemente, permitiendo que el sueño finalmente comenzara a llegar a ella.
— ¿Lily volvió a preguntarte? —Quiso saber Hannah, después de un rato sin decir nada.
—No, no lo hizo, pero estoy seguro de que volverá a hacerlo.
—Y… ¿Les contarás?
—No. —Ni siquiera dejó que terminara la pregunta antes de soltar esa firme respuesta. —No voy a hacerlo.
—Tal vez ya sea hora…
—Tal vez. —Asintió él, despegándose un poco para poder verla a la cara y enarcar una ceja. —Pero supongo que hay una razón para que tú tampoco le hayas dicho a tus padres.
No tenía nada que argumentar ante eso, por supuesto. Nunca había esperado verdaderamente que él fuera a decírselos, tampoco tenía moral para exigírselo, pero que ella no lo hubiera hecho no significaba que no debieran, sabía que debían.
Pero probablemente no lo harían jamás.
—Lo recordé. —Le confesó en un susurró. Tragó saliva y se encogió en ella misma al recordar, sintiendo como el estómago se le encogía. —Cuando los dementores me… Recordé ese día, y todos los que vinieron antes.
Incluso en la oscuridad de la habitación, pudo visualizar como los ojos verdes del chico perdían su brillo habitual y se volvían más opacos, al mismo tiempo que los brazos que tenía alrededor de ella se tensaban.
No era su intención hacerlo sentir mal, no quería tener que hacerlo… Pero tenía que decírselo, necesitaba hablarlo, sacárselo del pecho.
—Lo supuse. —Respondió él en voz baja, con amargura. Suspiró y le desvío la mirada. —Te conté que me pasó la primera vez… Bueno, todas las veces que los he visto. —Entonces pensó en algo que lo hizo tensarse más. —Excepto esta noche.
Hannah no necesitó que le especificara ni le contara que había recordado él, tenía una idea bastante cercana, y de todas formas no quería que lo tuviera que decir, no si no quería hacerlo.
—Es lo que hacen. Remus me lo explicó, te quitan los buenos recuerdos y te dejan solo con los peores, por eso te sientes…
—Vacío.
Harry inhaló con fuerza y asintió con gravedad, volviendo a verla a los ojos con una expresión arrepentida y compungida que le encogió el corazón.
—Lo siento. —Murmuró él, sintiéndolo en cada palabra. —No debimos salir, yo… Debí hacerte caso, debimos quedarnos aquí y no…
—Esto tampoco es tu culpa, Harry. —Lo interrumpió Hannah, no queriendo que se sintiera como ella se sentía con respecto a lo otro, aunque sabía que sería inútil. —Escuchaste a tus padres y a los demás, no tenían por que estar ahí, pudo haber pasado incluso si hubieras estado con ellos o si te hubieran dado permiso…
—Me dijeron que era peligroso que saliera y esa era la razón, debí haberlos escuchado.
—Si te hubieran explicado que eso podía pasar no habrías salido. —Señaló ella con cautela. Naturalmente no le gustaba hablar en contra de James ni de Lily, porque sabía que solo querían lo mejor para él, pero eso no tenía sentido negarlo. —Los ahuyentaste tú solo y nos salvaste. No tienes que pedir disculpas por eso.
Él movió la cabeza en señal de asentimiento, pero ella sabía que no era en serio, su mirada pensativa le decía que se seguía culpando y que seguramente lo seguiría haciendo por el resto de la noche y los días siguientes.
—Hiciste todo lo que tenías que hacer, actuaste rápido y lo hiciste perfecto, no… —Se le hizo un nudo en la garganta y tuvo que tragar antes de seguir hablando. —No como yo.
— ¿Qué? —Soltó él de repente, viéndola extrañado. — ¿De que estás hablando?
—Debí haber hecho algo. —Se explicó ella, negándose a encontrar su mirada. —Pude haberte ayudado, yo…
—No podrías haberlo hecho. —Le recordó Harry con un tono dulce y tranquilizador que solo la hizo sentir peor. —No conoces el encantamiento.
—Porque soy idiota. —Replicó Hannah, con algo de rabia en la voz. —Igual pude haber hecho algo, cualquier cosa menos acostarme a llorar como una…
—Al menos no te desmayaste. —Señaló el chico con una sonrisa amarga, recordando una de las primeras veces que había visto a una de esas cosas. —Eso es un punto a tu favor.
—Hablo en serio.
—Yo también. No eres ninguna idiota, tenías la varita en la mano cuando llegue.
—Y para lo que me sirvió. —Resopló ella irónicamente. No tenía idea de para que la había sacado, de todas formas no había tenido idea de que hechizo utilizar, el miedo la había paralizado por completo. —Estaba aterrada.
—Lo sé, yo también.
—Pero tú hiciste algo, yo no. —Insistió la chica, mirándolo a los ojos, frustrada y enfadada consigo misma. —Soy una cobarde.
—Eres una de las personas más valientes que he conocido. —La contradijo Harry, con una sinceridad de la que ella deseó poder contagiarse. —Y no trates de hacerme creer lo contrario.
Hannah lo miró con escepticismo y sacudió la cabeza con irritación, enfadándose también con él por nunca decirle la verdad, por nunca ser capaz de ser honesto y decirle sus fallas, que ella sabía eran millones, sin importar que los que la querían trataran de ocultarlo.
—Solo dices eso porque me quieres. —Le sacó ella en cara, queriendo que supiera que era plenamente consciente de eso.
—Eso no es cierto, no sé por que lo dices. —Fingió extrañarse él. —Y no deberías confiarte tanto de eso, a veces las cosas no son como parecen…
—Cállate. —Le ordenó, girando los ojos y luchando con sus comisuras que querían elevarse. —Nunca me tomas en serio.
—Lo hago, por eso me gustaría que tú hicieras lo mismo
Ella suspiró y sacudió la cabeza, mordiéndose la lengua con fuerza para luchar contra las lágrimas que querían salir desde hacía horas y que aún no tenía claro como había logrado frenar.
No supo si él entendió lo que hacía, como siempre, o simplemente actuó por impulso, pero de repente le colocó la mano en la mejilla y la obligó a subir el rostro para desaparecer la distancia y besarla.
Todos los sentimientos agradables y las buenas energías que el dementor le había arrebatado parecieron volver a aparecer en ese momento, provocándole sensaciones cálidas y confortables muy parecidas a las que el chocolate le había regalado.
—Hazlo de nuevo. —Le pidió en un susurro cuando él se alejó, no importándole lo necesitada que podía sonar.
Lo escuchó reír por lo bajo antes de volver a acercarse y repetir la acción, esta vez sin alejarse tan rápido, dándole tiempo para que le respondiera, para que le transmitiera lo agradecida que estaba por haber estado ahí cuando lo había necesitado. Como siempre.
—Todo va a estar bien. —Se encontró con la fuerza para asegurarle cuando se separó, tragó grueso y le sonrió. —Ya lo verás.
—Si tú lo dices. —Murmuró él, sin sonando muy seguro de sus palabras.
—Sip, yo lo digo.
Vio como le ponía los ojos en blanco antes de esconder el rostro en la curva de su cuello, decidiendo que lo mejor que podía hacer era quedarse dormida y dejar que el sueño barriera todo lo malo del día, decidida a quedarse con lo bueno, que había sido bastante.
Peores y más terribles cosas habían vivido, no le quedaba duda de que eso también iban a superarlo.
Lily no pensaba dormirse, no hasta que James y Remus llegaran. No importaba que hubiera tenido un día agotador e inacabable, tampoco importaba que sintiera la cabeza a punto de explotarle, iba a esperar que estuvieran en casa porque de todos modos no podría conciliar el sueño hasta que hablara con ellos.
No le molestaba haberse quedado sola, sabía que los chicos debían estar exhaustos, y Mar y Sirius posiblemente tendrían que levantarse en unas horas, aunque cuando él estaba ahí Ophelia los dejaba descansar más, cosa que a Lily secretamente le parecía bastante injusta.
Supuso que sería alguno de ellos dos cuando escuchó pasos acercándose, seguramente queriendo acompañarla, por eso se sorprendió, agradablemente, cuando descubrió quien era.
— ¿Aún no han vuelto? —Fue lo primero que preguntó el chico cuando entró al salón, no parecía haber dormido nada a pesar de ya traer puesto el pijama.
—No, todavía no. —Le respondió ella, tratando de sonar tranquila y no dejarle notar su preocupación. —Pero ya deben estar por llegar, dijeron que no tardarían.
Harry asintió y no dijo nada, haciéndola pensar que solo había bajado para eso y que ahora volvería a subir. Quería que descansara, y sabía que necesitaba hacerlo, pero no pudo evitar alegrarse cuando vio que no se movía.
—Ven acá. —Lo llamó con una pequeña sonrisa, estirando un brazo hacia él. —Siéntate conmigo.
Él la miró por un segundo y después dejó salir un suspiro, que a ella le sonó bastante aliviado, cosa que la sorprendió y extrañó bastante. Harry caminó hacia el sofá donde su madre estaba sentada, el cual quedaba considerablemente lejos de la puerta, la chimenea estaba ubicada en uno de los salones más grandes de la casa y ella se había mudado ahí para esperar a que llegaran.
—Este lugar es demasiado grande. —Comentó Harry mirando a su alrededor. —Entiendo por que nunca estamos aquí…
—El otro es perfecto, no necesitamos tanto espacio. —Opinó Lily, rodándose un poco para que él no se sentara muy lejos de ella. —Y si Sirius se sigue comportando como imbécil creo que Mar lo obligará a hacer de esta su nueva habitación.
— ¿Siguen sin hablarse? —Preguntó él con una pequeña sonrisa divertida, la más real que lo había visto esbozar en el día.
—Algo así, todo este alboroto los obligó a hacerlo. —Explicó Lily con un suspiro, moviendo el cuello para liberar los nudos que sentía. —Solo espero que se arreglen rápido, cuando no se hablan vuelven todo más difícil.
—Supongo…
— ¿Y Hannah como está? ¿Ya se durmió?
—Lo hizo, hace unos minutos, estaba… —Se quedó pensativo durante un momento, buscando la mejor manera de describirla, y a falta de una mejor palabra solo dijo. —Cansada.
—Me imagino. —Susurró ella, no resistiendo su impulso de pasarle una mano por el cabello de manera cariñosa. —Tú también debes estarlo. Puedes subir si quieres, yo estoy bien.
—Lo estoy, iba a dormir cuando subí, pero… —Suspiró y subió la mirada para encontrar sus ojos. —Quería hablar contigo primero.
Ante eso ella solo pudo asentir, no sabiendo como tenía que tomarse eso ni que debía esperar, pero aliviada de escucharlo, porque había estado deseando lo mismo.
—Adelante, te escucho.
—Yo… Yo solo quería… —Se removió en su asiento de manera incómoda, dudoso, como si le costara encontrar las palabras. —Quería decirte que… Lo lamento. —Soltó finalmente, encogiéndose en si mismo y mirándola con sinceridad. —Lamento no haberles hecho caso y haberme escapado, yo… En serio lo lamento.
Lily sabía que cualquier madre normal, cualquier madre buena, habría estado enfadada, furiosa, y con toda la razón del mundo, no solo porque la había desobedecido, sino que además se había puesto en peligro y había sumado otro problema a los millones que ya tenían encima. Otra madre no hubiera dejado pasar algo así, jamás.
Y en verdad no supo que fue, si esos ojos que la volvían tan débil a pesar de ser iguales a los suyos, la cara de arrepentimiento que ponía y que era tan parecida a la James, o simplemente todo la preocupación y el miedo que había sentido esperando que llegara, y que aún sentía, porque no sabía que les deparaba el futuro. Tal vez fue una mezcla de todo eso lo que la obligó a obedecer a sus instintos más profundos y a envolver sus brazos alrededor de él, dándole el abrazo que había deseado darle desde que lo había visto entrar por la puerta más temprano.
—No tienes idea de lo preocupada que estaba. —Le dejó saber ella, apretándolo más entre sus brazos y haciendo un enorme esfuerzo para no llorar. —Tienes que dejar de hacerme eso, por favor.
—Perdón. —Susurró Harry, notablemente apenado. Envolvió los brazos en su cintura y se pegó más a ella. —No quise hacerlo, yo… Es que estaba molesto.
—Lo sé, y yo lamento eso. —Confesó Lily, sabiendo que él no era el único que había actuado mal. —Lamento haber pretendido que me harías caso y te quedarías aquí todo el día sin esperar explicaciones a cambio. Sé que así no es como funciona.
—Si me lo hubieras explicado…
—Ya sé, ya sé. —Se lamentó ella, odiando haber tenido que llegar a eso para entenderlo. —Y te prometo que a partir de ahora habrá respuestas y explicaciones.
— ¿De verdad? —Inquirió Harry, sorprendido y emocionado.
—Bueno, algunas. —Se corrigió, haciendo que él se alejara para verla con fastidio, a lo que ella respondió subiendo una ceja. —No estás en condiciones para exigir nada, jovencito, aún puedo castigarte por casi causarme un infarto.
—Pero si acabas de admitir que en parte fue tu culpa.
—Solo porque soy débil y tú te pareces demasiado a tu padre. —Resopló Lily, poniendo los ojos en blanco, tanto a ellos como a si misma. —Y bueno, sí lo fue, pero aún hay cosas que no necesitas saber.
—Eso es lo que me has estado diciendo todo el mes.
—Ya me di cuenta de mi error, Harry, te lo aseguro. —Prometió la pelirroja, suspirando con pesadez, nada fascinada con la idea, pero sabiendo que era lo correcto. —Y por eso vamos a decirte muchas cosas que no te hemos dicho… Pero todo a su tiempo, ¿de acuerdo? Dejemos que el día termine.
—Está bien, supongo que puedo esperar un poco más. —Aceptó el chico, resignado, pero no tan a regañadientes como lo había venido haciendo. —También lamento haberte gritado, mamá. Ayer y hace rato.
Lily no tenía idea de si él y James habían iniciado algún tipo de competencia para ver quien era capaz de arrancarle la sonrisa más idiota, pero si lo habían hecho la verdad era que iban empatados.
—Creo que puedo dejarlo pasar. —Decidió ella, pasándole una mano por la mejilla de manera cariñosa. —Aunque no debería, porque me hiciste creer que tendría que volver a acostumbrarme a que me llamaras Lily.
—Yo… Lo siento, mamá. —Murmuró él, encogiéndole el corazón con su mirada de arrepentimiento.
—Ya, no tienes que seguir disculpándote. —Le aseguró Lily, resistiendo el impulso de volver a abrazarlo. —Solo me alegra saber que estés bien, y que volviste a casa.
—No es como si tuviera mucho lugar a donde ir. —Bromeó el chico, dedicándole una mirada significativa. —O hubiera planeado encontrarlo.
—Más te vale que no. —Lo amenazó su madre, pero perdió fuerza debido al suspiro que soltó luego. —Todo va a salir bien, ¿de acuerdo? El Ministerio no va hacer lo que le de la gana.
—Tú… —Tragó saliva y la miró con preocupación. — ¿No van a dejar que me quiten mi varita, cierto?
—Por supuesto que no, tendrán que pasar sobre todos nosotros para que eso pase. —Lo tranquilizó Lily, imprimiéndole total seguridad a esa afirmación. —Y tampoco van a expulsarte. Vamos a resolver todo esto, te lo prometo.
Harry suspiró y relajó los hombros, notablemente más tranquilo. Y al notar eso, Lily se encontró preguntándose si sería un buen momento para hacerle una pregunta que tenía horas rondándole la cabeza y atormentándola.
—Tesoro, sobre la carta que envío el Ministerio…
— ¿Qué pasa con ella? —Preguntó Harry con recelo, temiéndose lo que venía, pero ella de todas formas continuó.
—La… La parte que leí hace rato, donde hablan de otro incidente en el que usaste magia sin supervisión. —Empezó a recordar ella, con cuidado y cautela, no queriendo que se cerrara nuevamente. — ¿Vas a contarme que pasó?
Por todo el minuto que siguió, Harry le mantuvo la mirada con firmeza. Cualquier otra persona hubiera dudado, le habría costado interpretar esa expresión y no habría sabido que esperar, pero esos eran sus ojos y las facciones de James, por eso supo la respuesta antes de que él volviera a hablar.
—No. —Dijo finalmente, suspirando y sacudiendo la cabeza. —No lo haré.
Sabía que no había sido su intención lastimarla, ni hacer que eso le cayera tan mal, pero Lily no podía evitar sentirse así de decepcionada al sentir nuevamente que entre ella y su hijo se levantaba una pared a través de la cual no podía ver. Una pared de momentos del pasado en los que ella no formaba parte.
—Está bien, no tienes que decirme si no quieres. —Aceptó Lily, soltando una risita al ver su mirada de desconcierto. — ¿Qué? ¿Esperabas que me pusiera fastidiosa y te llenara de preguntas?
—Pues… Sí, es lo que siempre haces.
—Creo que voy a cambiar de táctica de vez en cuando, así no te aburro. —Bromeó ella, ganándose una torcida de ojos que la hizo reír. —Anda a dormir, ya es tarde.
—Puedo quedarme contigo si quieres…
—No te preocupes por mí, James y Remus no deben tardar y tú tienes que descansar. —Insistió, secretamente deseando que se quedara, pero prefiriendo que fuera a dormir. —No querrás no estar ahí si Hannah se despierta.
—Yo… Sí, bueno, tienes razón. —Admitió en un susurró, haciendo que le coloraran las mejillas. —Buenas noches, mamá.
—Buenas noches, tesoro. —Volvió a atraerlo a ella para abrazarlo, agradeciendo que estaban sentados y así no tenía que pensar en como ya casi eran de la misma estatura. —Te veo en la mañana.
Harry asintió y se separó para dedicarle una sonrisa, que ella le respondió de manera cariñosa antes de soltarlo para que se levantara y se fuera a su habitación.
Lily suspiró con pesadez una ves estuvo sola. Se acomodó en el sofá y se recostó del brazo de éste, aún pensando en esa parte de la carta que le había hecho llenarse la cabeza de hipótesis y teorías, cada una más rebuscada que la otra.
No lo había presionado porque no era idiota, y si algo había aprendido en ese último año era que eso no funcionaba con él, al menos no la mayoría de las veces y no en temas así de importantes. Pero no importaba si Harry no quería decírselo, no tenía que hacerlo, ella ya se había prometido a si misma que tarde o temprano lo averiguaría.
—Te dije que se iba a quedar esperándote.
—Técnicamente no me está esperando, está dormida.
Ambos voltearon a verla, y por su parte, James no se molestó en controlar la sonrisa soñadora que se adueñó de su rostro al ver a su esposa durmiendo plácidamente. No podía culparla, ese sofá era bastante amplio y cómodo.
—Igual cuenta, así que puedes emocionarte, no voy a juzgarte. —Se burló Remus, tomando el papel que normalmente le correspondía a Sirius. —No sé como pudiste esperar lo contrario.
—No lo hice, solo pensé que haría lo correcto y se iría a descansar. —Suspiró James, deseando que ese hubiera sido el caso. —Creo que fue algo ingenuo de mi parte.
—Bastante. —Rió su amigo, dándole una palmada en el hombro antes de empezar a alejarse. —Ve a despertarla, yo iré subiendo.
—De acuerdo. Y gracias, Remus. —Añadió con una sonrisa sincera antes de que se marchara. —Sabía que eras mi mejor opción para resolver esto.
—Solo por que no soy un pirómano como Sirius. —Bromeó él, como siempre negado a recibir un cumplido. —Anda, hablamos en la mañana.
James le hizo una seña de despedida con la mano y no esperó que saliera para rodar los ojos. No importaba que quisiera quitarle importancia, se alegraba de haber tomado la decisión de ir con él, siempre era la mejor opción cuando sabía que necesitaba mantenerse sereno y controlado, pensando en frío.
Sirius definitivamente lo hubiera hecho quemar el maldito lugar.
Se acercó al sofá donde Lily dormía y se puso de cuclillas a la altura de su cabeza, odiando tener que despertarla y contemplando la idea de solo acostarse a dormir a su lado, pero sabiendo que se enfadaría si no le avisaba que ya había llegado.
—Lily, ya estoy aquí, ya volvimos… —La llamó en voz baja, moviéndola por el hombro con mucha delicadeza. —Despierta…
Como había esperado, no tomó mucho para que abriera los ojos de golpe e intentara incorporarse rápidamente.
—No me dormí. —Balbuceó con la voz pastosa, intentando enfocar la mirada. —Estoy despierta, estoy…
—Cálmate, loquita. Todo está bien. —James no pudo evitar soltar una risita, divertido y encantado con su expresión somnolienta. —Solo quería que supieras que ya habíamos vuelto.
Lily lo miró por un momento, aún demasiado dormida para entender, haciéndolo pensar en lo adorable que lucía toda confundida, pero unos segundos después ella pareció recordar todo lo que había pasado y comprendío lo que él le estaba diciendo, al menos eso le dio a entender con su suspiro y su asentimiento.
—Se tardaron. —Le reclamó, enarcando una ceja de manera acusatoria.
—Que te puedo decir, todos en ese Ministerio son unos imbéciles. —Gruñó con rabia al recordar, tratando de no pensar demasiado en eso para no volverse a enfadar. —De no haber sido por Dumbledore no sé que habríamos hecho.
—Gracias a Merlín por él. —Suspiró Lily, enderezándose más y tallándose un ojo con la mano. —Entonces, ¿Cómo terminó todo?
—Aún no van a expulsarlo y lo dejarán conservar su varita, pero la audiencia se mantiene. Intentamos que no fuera así, pero no lo logramos. —Se lamentó él, nada feliz al respecto, porque detestaba la idea de Harry frente al maldito Wizengamot. —Hannah tendrá que ir con él, tienen que explicar lo que pasó.
—Sí, eso dedujimos nosotros cuando escribiste. —Se inclinó hacia él y envolvió los brazos en su cuello. —Por ahora vamos a considerarlo una victoria, ¿de acuerdo?
—De acuerdo. —Concordó James, necesitando encontrarle algo positivo a todo el maldito día. —Pasos de bebé.
—Exacto. —Lily le sonrió, aún medio dormida, y se acercó a él para darle un beso que él recibió más que gustoso antes de que se separara para susurrarle. —Sabía que lo resolverías.
—Dumbledore y Remus también hicieron su parte…
—Pero solo a ti quiero agradecerte así. —Explicó ella, haciéndolo reír antes de dejar que lo callara con otro de esos besos que servían para mejorarlo todo. —Te quiero.
—Y yo a ti. —Le respondió James, robándole otro beso antes de separarse. —Pero esta posición no es muy cómoda y me duele hasta el pelo, así que si me permites…
—Es un milagro que no te duela siempre, tomando en cuenta el desastre que es… —Se burló Lily con una risita, abrazándolo una vez tomó asiento junto a ella.
—Ah, pero así te encanta. —Hubiera querido que su mirada seductora fuera más eficiente, pero un bostezo le ganó y lo arruinó todo. — ¿Cómo está Harry?
—Estaba bien, dentro de todo. Espero que ya esté durmiendo, subió hace rato.
— ¿Y Hannah? ¿Se fue a su casa?
—Eh, no… Está arriba con él, estaba exhausta y no quería volver a su casa, así que le dije que se quedara.
—Era de esperarse, un viaje por chimenea no iba a hacerle bien con el aspecto que tenía. —Comentó él con tranquilidad, extrañándose al ver la expresión de Lily. — ¿Por qué me ves así?
—Por nada. —Mintió ella, haciéndolo enarcar una ceja. —Solo esperaba que perdieras la cabeza y lo obligaras a dormir en la habitación más alejada posible, es todo.
—Estoy muy cansado para pensar en esas cosas. —Resopló James, decidiendo que se preocuparía por la vida sexual de su hijo en otro momento que no fuera ese. —Qué haga lo que quiera, igual nunca me hace caso.
—A nadie. —Apuntó Lily, esbozando una sonrisa cariñosa. —Me pidió disculpas.
— ¿De verdad?
—De verdad, por haber escapado y por haber gritado. —Explicó la pelirroja, haciendo que James sintiera que se quitaba un peso de encima. —Yo también lo hice, todo esto se hubiera evitado de haberle explicado mejor las cosas…
—Me alegra que se hayan arreglado. Al menos por esa parte podré estar tranquilo.
—Comentó James, no queriendo darle tiempo para que empezar a culparse, era demasiado tarde para eso. Y tal vez también para la siguiente pregunta que le hizo, pero eso no podía evitarlo. — ¿Y le preguntaste sobre…?
—Lo hice, no me respondió. —Murmuró ella con amargura, adivinando el curso de sus pensamientos. —Está negado a hacerlo.
—Por supuesto, como si alguna vez fuera a ponernos algo fácil. —Chasqueó James, sintiendo esa desagradable y conocida impotencia que se adueñaba de él cada vez que tenían que tratar con el pasado de Harry. — ¿Estás bien?
—Yo… No lo sé. —Admitió su esposa, encogiéndose de hombros y mirándolo con los ojos llenos de dudas y tristeza. —Es solo que veces se me olvida que catorce años es mucho más tiempo de lo que parece.
James suspiró con fuerza y subió las cejas con amargura, entendiendo perfectamente a lo que se refería. A veces era muy fácil pretender que podrían recuperar cada segundo perdido y que el pasado finalmente había dejado de doler, pero había veces que la verdad volvía para golpearlos sin piedad en el rostro.
—No puede ser nada demasiado malo, ¿verdad, James? —Lo miró con los ojos verdes llenos de súplica, rogándole que le diera la respuesta que quería, otro día podrían lidiar con la realidad.
—Por supuesto que no. —Le aseguró él, pegándola a su pecho y recostándose del sofá, enterrando los dedos en su cabello. —Y sin importar lo que sea, vamos a descubrirlo, te lo prometo.
—Sí, por supuesto que sí. —Asintió ella con firmeza y determinación. —Eso haremos.
James dejó un beso sobre su frente, y luego se movió con Lily encima hasta que quedaron acostados en el sofá. Tomó una manta que ella había llevado y no obtuvo protesta cuando los cubrió con ésta, estaban demasiado cansados como para siquiera pensar en moverse, mucho menos subir escaleras.
Al fin y al cabo, no le importaba mucho donde durmieran, siempre que lo hicieran juntos.
¡Hola, mis amores!
Volví en una semana exacta, tengo que admitir que estoy muy orgullosa de mí, ya se me había olvidado como se sentía jajaja. La verdad es que el capítulo me salió súper rápido, en parte porque, como ya vieron, una gran parte fue más que todo adaptación y el resto pues tenía tiempo listo en mi mente.
Ya los eventos empiezan a parecerse más o menos a los del libro, pero con sus evidentes cambios, creo que es más ameno leer todo el asunto del ataque de los dementores con Harry recibiendo ayuda directa de su familia y no los gritos inútiles de Vernon. Como dato curioso, hubo un momento en que los Dursley seguirían siendo protagonistas de la escena, pero para ahorrarnos a todos el trago amargo de recordar que existen, hice los cambios pertinentes. Espero que el resultado haya valido la pena.
También quiero que sepan que esta es la razón por la cual no habrá viaje a Grecia): se que todos lo querían leer y créanme, yo también quería escribirlo, pero me chocaba mucho con esta parte de la trama y aunque intenté, ingeniármelas para que cuadrara no lo logré. Igual nos queda rato en esta historia así que tal vez vayan después, quién sabe. Por otra parte, creo que hubo personas a quien les dije que en este capítulo pasarían cosas que no pasaron, eso es porque tuve que eliminar dos escenas de otras tramas para no hacer un capítulo demasiado extenso, esas quedaran para el próximo.
Como vieron, hubo escenas muy cursis, pero creo que todos las necesitábamos para pasar el mal rato del ataque y además del capítulo anterior, así que creo que fue un buen equilibrio. Y ya me conocen, saben que lo mío es ese tipo de escenas ñoñas y cheesy.
Creo que eso es todo por hoy, aún no me están atormentando mucho en la uni así que por ahora se mantendrán las actualizaciones más o menos rápidas. Espero que les haya gustado el capítulo, cualquier duda, comentario, crítica, saludo, queja, etc, saben que pueden dejármelo abajo en la cajita de los reviews, me encantara conocer sus opiniones respecto a todo lo que acaban de leer.
Me despido por ahora, nos estamos leyendo pronto. Cuídense, los quiero mucho y les mando un beso enorme. Bye(L)
