Notas: Les debo un disculpa. Soy consciente de que el Lunes no publiqué. Intentaré que no vuelva a pasar, pero enfermé de un virus del estómago y estuve con mareos, vómitos y náuseas (lo que hacía que mirar una pantalla solo me provocase más de eso) hasta prácticamente hoy. Aquí tienen el capítulo cuatro, algo más largo de lo acostumbrado.

Noche II. Draco Malfoy

Todas las noches necesitaba reunir una gran cantidad de valor para poder salir de su habitación, pero en esa ocasión se le hizo especialmente difícil. Tuvo que echar mano de todo su autocontrol solo para que las manos no le temblaran mientras abotonaba su mejor túnica y únicamente gracias a su inmensa fuerza de voluntad salió al pasillo.

No podía evitar pensar que Severus se daría cuenta. Y entonces, que Merlín lo amparara.

Maldijo entre dientes a Potter por hacerle entrar en razón. ¡Por lo que a él respectaba, la razón podía irse a paseo en aquellos momentos!

Bajó la escalera con la misma expresión que un condenado a la horca. Así se sentía.

—Oh, venga ya —fue lo primero que dijo el moreno al verlo, cuando entró en la cocina, y encima frunció el ceño con disgusto—. ¿Podrías borrar esa expresión de sufrimiento de tu cara? ¡Todo está bien!

—Nada está bien, Potter —respondió, con los dientes apretados, fulminándolo con la mirada.

—De cara a Severus sí, así que ponle un poco más de empeño a lo de aparentar —dijo y luego lo miró con algo de indecisión—. ¿O prefieres contárselo?

—¡No! —gritó, mirándolo furiosamente—. ¡Cómo te atrevas, Potter, te juro que...!

—Eh, tranquilízate —pidió, interrumpiéndole de forma muy grosera según Draco—. No voy a decirle nada, era solo por si habías cambiado de opinión.

Le hizo un gesto despectivo con la mano y se sentó en una de las sillas de la cocina. Miró el reloj. Aún faltaban veinte minutos para las 21:30, la hora acordada.

Trató de entretenerse y no pensar, viendo como Potter ultimaba la cena de un lado para otro, ajustando el fuego por allí, echando más sal por allá. Sonrió un poco cuando el moreno maldijo y sacó corriendo del horno algo que definitivamente olía un poco a quemado.

Draco no había estado presente en la elaboración de una cena en toda su vida, pero estaba seguro de que Potter actuaba como el más servicial de los elfos domésticos a la hora de preparar la comida. Sentía una ligera curiosidad por saber como había aprendido a cocinar siendo tan joven. Ninguno de sus compañeros de Slytherin sabía, ni los chicos y chicas de Ravenclaw con los que había tratado.

Estaba pensando detenidamente en como plantear la cuestión para saciar su curiosidad cuando el moreno le puso una cuchara delante de la cara.

—Pruébalo y dime que tal está, si eres tan amable.

Incapaz de resistirse a la posibilidad de criticarlo, se inclinó y dio un pequeño sorbo al caldo. Rodó los ojos decepcionado al no encontrar nada que criticar. No obstante, antes muerto que hacerle un cumplido a su némesis escolar.

—Aceptable, Potter.

—Oh, eso debe significar que estoy a un paso de la cocina profesional.

—Muy creído te lo tienes —espetó, mirándolo con suficiencia.

—Cuando quieras cocinas tú, para que podamos comparar.

—Cocinar es trabajo de...

—...los elfos domésticos —terminó Potter, sonriendo burlón y sacándole la lengua, ante lo que Draco se planteó si Severus se enfadaría mucho con él si al llegar se encontraba con que el moreno había pasado a mejor vida. Seguramente sí, ya que se había tomado demasiadas molestias para garantizar que estuviera a salvo.

Decidiendo no responder por la paz (su paz mental, evidentemente), se dedicó a seguir mirándolo cocinar. A las nueve y media exactas Potter había colocado la sopa y el pavo fileteado sobre la mesa, así como una ensalada, una panera y cubertería para tres. Los dos se encaminaron al salón y se sentaron en los cómodos pero viejos sillones a esperar, en silencio.

A las diez menos cuarto, Draco vio como Potter se tensaba ligeramente, segundos antes de que Severus Snape apareciera ante ellos, tan alto, oscuro e intimidante como siempre.

Durante los primeros cinco minutos, ninguno dijo nada. Los dos chicos analizaban a su antiguo profesor en busca de heridas o señales, este los observaba a ellos detenidamente a su vez.

—Bien, por su estado parece que ninguno de los dos ha hecho ninguna tontería de momento —comentó, enfatizando las últimas dos palabras.

—Estamos bien, Severus. Lo peor que tenemos que combatir por aquí es el polvo —dijo Potter, poniéndose en pie y acercándose al hombre sin nada del antiguo temor y odio que había mostrado durante toda su adolescencia—. El que le hace visitas diarias a El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado eres tú.

Draco agradeció a Merlín, Morgana y todos los magos que Potter hubiera recordado el tabú sobre el nombre, porque más de una vez había tenido que taparle la boca antes de que lo acabara de pronunciar.

—Por supuesto. Los crucios del señor oscuro son lo único que da sentido a mi vida —comentó el pocionista sarcásticamente, pero sin dar muestras del antiguo aborrecimiento que había profesado a su ex-alumno.

El rubio suspiró. Ni después de tres meses lograba acostumbrarse a la falta de desprecio y al aparente respeto mutuo que Severus y Potter habían alcanzado.

—Vivir con Potter es peor que la cruciatus, Severus —comentó, levantándose al fin y haciendo un tremendo esfuerzo porque su voz sonara tan altanera como siempre, aunque sin conseguirlo del todo—. Con gusto me cambiaría por ti.

Potter negó con la cabeza, divertido. Draco se preguntó que habría dicho que fuera tan gracioso para él, cuando lo había dicho en serio. Bueno, no totalmente en serio, claro está, pero algo de verdad había en sus palabras. No quería salir al exterior bajo ninguna circunstancia dado el panorama, pero preferiría vivir solo.

Severus masculló algo que le sonó a "malcriado" y no pudo evitar hacer un pequeño puchero de descontento, lo que provocó que Potter riera por lo bajo y, estaba seguro, que el espía sonriera casi imperceptiblemente.

Mientras se dirigían los tres a la mesa, se preguntó si aguantaría toda la noche manteniendo su cara de aquí no pasa nada, sigo siendo él mismo de siempre.

Deseaba de todo corazón ser capaz de hacerlo, porque no sabía como reaccionaría Severus si lo descubría.

Continuará...

~Zona RR~

Les respondí a todos por privado (tuve tiempo, ji ji ji).