La Decisión del Lobo.

By: BianchixGokudera25

Disclaimer: Los personajes son totalmente de mi imaginación, las citas, canciones, escritores y poemas son de sus respectivos autores ya que esta historia es sin fines de lucro, solo entretenimiento y/o pasatiempo (en este caso Edgar Allan Poe, Ludovico Einaudi y Alex Campos).

Summary: A veces no imaginamos que en nuestras vidas pueden suceder cosas de las cuales estamos 100% seguros de que no ocurrirán, esta es una de ellas donde el encuentro de una chica y un licántropo (Hombre Lobo) definirá mucho en sus manera de ver la vida y que el amor a primera vista si existe.

Pareja: LianxElizabeth.

Category: T+

N/A: Hablan los personajes _xxxx_, pensamientos _"xxxx"_. Recuerdos del personaje [xxx]

Cap 4. La Decisión del Lobo: Causas.

Pasaron unos días, pero fueron los suficientes como para que ambos chicos fuesen contratados en una librería que estaba a cinco locales de la tienda de antigüedades en la cual trabajaba la chica. La había visto dos veces y parecía un poco distante, recordaba lo del disco compacto, seguramente ella comenzaba a indagar, necesitaba que fuese así, tenía que apresurar su plan. Por otro lado, la joven terminaba de acomodar unas cosas que habían llegado de Londres, estaba un poco confundida cuando tropezó con un libro, eso era raro, ellos no habían pedido algo así, sin embargo le llamó la atención ya que trataba de hombres lobos «¿Hombre Lobo?» Extraño, en fin, al finalizar su jornada regresó a su casa y se fue directamente a su habitación saltándose la cena admitiendo que había comido algo afuera, por ello iría a hacer los deberes, su mente le hacía resonar esa pista una y otra vez, luego observó el disco cuando en el momento de extraerlo salió un ticket de compra con el nombre de L. Foster «¿Quién era esa persona cuyo disco llegó a manos de su amigo?¿Lo habría tomado de algún idiota incauto?» Sin embargo «¿Cómo sabia lo de la pista en la envoltura?» Bien, tampoco era que se iba a dar la tarea de detective, volvería a deleitarse con esa hermosa canción, aunque sin querer colocó otra, iba a cambiarla pero se quedó con la mano a medio camino cuando las primeras frases se hicieron presentes.

Mi amor resulta más fácil

Al saber que sin ti no soy

Y es que tu amor

Se hace más grande

Cuando yo te pido perdón.

Cuando te digo que solo quedamos tú y yo

Cuando tu abrazo me envuelve y escucho así tu voz

Soy aliento en madrugada

Soy el sol en tu ventana

Tu amor refugio seguro

Fue allí donde yo te vi

Y es que mi amor

No lo lleva el viento

Se ancló en tu corazón

Como estrella en el cielo

Tu amor nunca me falta

Se que tu amor se hace más grande

Cuando yo te digo perdón

Tu mi aliento en madrugada

Tú el sol de mi ventana

Como estrella en el cielo

Tu amor nunca me falta.

Era tan hermosa la letra, un mensaje único si querías dedicársela a alguien especial, sin embargo ella sabía que los príncipes azules de los cuentos de hadas no existían, solo tuvo suerte de conocer a su lobuno amigo y estaba enteramente agradecida de que él siempre compartiera con ella sus tristezas, esa dolorosa soledad. Bien, abrió sus cuadernos, tenía que hacer sus deberes ya que mañana después de la escuela iría a visitarlo para seguir leyendo, además de escuchar el resto de las canciones del álbum.

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La mañana llegó y ella se encontraba camino a la escuela, pasando por unas tiendas encontró unos dijes de cuarzo, tenían forma de luna llena sus orillas estaban forradas en plata pero al separarlos uno quedaba en cuarto creciente y el otro en cuarto menguante. Eran maravillosos, tenía que llevarlos, además vio un azabache, la piedra pulida brillaba, en eso pensó en su nuevo amigo "Laila" Eso era el significado de Noche en Hebreo, bien ese sería el otro regalo. Ahora ha seguir a sus clases, se demoraría por esta parada. Los chicos realizaban su labor en la tienda, mientras el dueño salía un momento a entregar un pedido especial.

—Bien señor sabelotodo ¿Cuándo harás tu movimiento? Han pasado varios días y todo lo que hemos hecho es ganar dinero y observar.

—Glen, no comas ansias, recuerda que debe ser una oportunidad...

—¡Te reitero que mi vida pende de un hilo Silver!

—No te va a pasar nada ¡Oye mira!

Ambos miraron por el vidrío de la ventana de la librería que la joven peli castaña compraba unas cosas a un vendedor ambulante.

—¡Hoy la veremos y mañana será el momento en el que me acerque!

—Está bien Silver.

Dijo resignado el peli negro que terminaba de acomodar las cosas que también le correspondía a su amigo. La tarde llegó sin ningún problema y después de su merecida paga los chicos salieron a toda prisa al encuentro semanal en el bosque.

—¡Corre Glen sabes que odio llegar tarde!

—¡Voy, voy…! ¡Lo siento no pude resistir ver esos ricos filetes en la carnicería!

Después de una carrera de diez minutos por la ciudad se adentraron al bosque, volvieron a su modo bestia para llegar al punto de encuentro, iban con gran ventaja, ella aún no llegaba. Ambos se sentaron a recuperar el aliento.

—¡Rayos! ¿Cuantas veces te he dicho que vas a matarme? ¡Ella aun no llega!

—Ella casi está aquí, huele.

Tal como había dicho el lobo gris la joven llegaba con la gran mochila.

—¡Ari! ¿Dónde estás? Ven.

—¿Estás listo Glen?

—Si vamos.

Detrás de unos matorrales los lobos salieron, ella mostró su radiante sonrisa mientras abría sus brazos.

—¡Ari te extrañé!

El lobo gris corrió hacia ella mientras le saltaba encima a lamerle el rostro mientras ella se reía.

—¡Hahaha me haces cosquillas Ari!

El lobo la dejó ponerse de pie, el otro lobo negro movía su cola y soltaba resoplidos en señal de que estaba contento con su llegada, ella sacó de inmediato de su bolso los regalos.

—Ari tengo unos regalos pero antes...

Ella miró al lobo negro y le sonrió.

—¡Ya pensé un nombre para ti! Ahora te llamarás "Laila" sé que se oye como nombre de chica, lo sé, sin embargo va contigo ya que en Hebreo significa Noche, ahora sí, Laila aquí tienes.

Ella sacó un collar con una piedra negra pulida, se lo colocó con cuidado mientras le explicaba.

—Este es un azabache, una piedra capaz de recibir todo el mal rompiéndose en el proceso, como es del color de tu pelaje es un gran escudo.

Luego saco otro collar en forma de luna llena, cuando estuvo frente al lobo gris los separó, eran mitades de una misma roca pero los unía una pieza de plata.

—Ari este es para nosotros, es un cuarzo blanco, esta, contrario al azabache, aquellos sentimientos negativos que tenga su portador, quedarán atrapados en la piedra y como consecuencia esta se tornará negra.

Le colocó el cuarto menguante al lobo y ella se colocó el cuarto creciente, había comprado una cadena adicional para ella. Después sacó el aperitivo de los dos lobos para proseguir con las lecturas.

—Bien teníamos que seguir con el Conde de Montecristo, pero quise detenerme ya que encontré el poema del que te había hablado, es el más famoso del escritor Edgar Allan Poe que me pareció magnifico, debes escucharlo, tú también Laila, se llama El Cuervo.

Los lobos se sentaron a comer sus trozos de carne, pero el gris levantó la mirada para escuchar lo que la joven decía, ella se sentó, tomó un pequeño libro y aclaró su garganta, ya que sus espectadores merecían lo mejor.

"Una vez, en la lúgubre media noche, mientras meditaba débil y fatigado sobre el ralo y precioso volumen de una olvidada doctrina y, casi dormido, se inclinaba lentamente mi cabeza, escuché de pronto un crujido como si alguien llamase suavemente a la puerta de mi alcoba. «Debe ser algún visitante» Pensé ¡Ah! Recuerdo con claridad que era una noche glacial del mes de diciembre y que cada tizón proyectaba en el suelo el reflejo de su agonía. Ardientemente desee que amaneciera; en vano me esforcé en buscar en los libros un lenitivo de mi tristeza, tristeza por mi perdida Leonora, por la preciosa y radiante joven a quien los ángeles llaman Leonora, a la que aquí nadie volverá a llamar. Y el sedoso, triste y vago rumor de las cortinas purpúreas me penetraba, me llenaba de terrores fantásticos, desconocidos para mi hasta ese día; de tal manera que, para calmar los latidos de mi corazón, me ponía de pie y repetía «Debe ser algún visitante que desea entrar en mi habitación, algún visitante retrasado que solicita entrar por la puerta de mi habitación; eso es, y nada más» En ese momento mi alma se sentía más fuerte. No vacilando, pues, más tarde dije «Caballero, o señora, imploro su perdón; mas como estaba medio dormido, y ha llamado usted tan quedo a la puerta de mi habitación, apenas si estaba seguro de haberlo oído» Y, entonces, abrí la puerta de par en par, y ¿Qué es lo que vi? ¡Las tinieblas y nada más! Escudriñando con atención estas tinieblas, durante mucho tiempo quede lleno de asombro, de terror, de duda, soñando con lo de ningún mortal se ha atrevido a soñar; pero el silencio no fue turbado y la movilidad no dio ningún signo; lo único que pudo escucharse fue un nombre murmurado: «¡Leonora!» Era yo el que lo murmuraba y, a su vez, el eco repitió este nombre: «¡Leonora!» Eso y nada más. Vuelvo a mi habitación y sintiendo toda mi alma abrasada, no tarde nuevamente en oír de nuevo un golpe, un poco más fuerte que el primero « Seguramente- me dije- hay algo en las persianas de la ventana; veamos qué es y exploremos este misterio: es el viento, y nada más» Entonces empuje la persiana y, con un tumultuoso batir de alas, entró majestuoso un cuervo digno de las pasadas épocas. El animal no efectuó la menor reverencia, no se paró, no vaciló un minuto; pero con el aire de un Lord o una Lady, se colocó por encima de la puerta de mi habitación; posándose sobre un busto de Palas, precisamente encima de la puerta de mi alcoba; se posó, se instaló y nada más. Entonces este pájaro de ébano, por la gravedad de su continente, y por la severidad de su fisonomía, indujo a mi triste imaginación a sonreír; «Aunque tu cabeza- le dije- no tenga plumero, ni cimera, seguramente no eres un cobarde, lúgubre y viejo cuervo, viajero de las riveras de la noche ¡Dime cuál es tu nombre señorial en las riberas de la Noche Plutónica!» El cuervo exclamó: «¡Nunca más!» Quedé asombrado, que ave tan poco amable entendiera tan fácilmente mi lenguaje, aunque su respuesta no tuviese gran sentido ni me fuera de gran ayuda, porque debemos convenir en que nunca fue dado un hombre ver a un ave por encima de la puerta de su habitación, un ave o un animal sobre una estatua colocada a la puerta de la alcoba, y llamándose ¡Nunca más! Pero el cuervo solitariamente posado sobre el plácido busto, no pronunciaba más que esas palabras, como si en ellas difundiese su alma entera. No pronunciaba nada más, no movía una pluma, hasta que comencé a murmurar débilmente: «Otros amigos ya han volado lejos de mí; hacia la mañana, también él me abandonará como mis antiguas esperanzas» El pájaro dijo entonces: «¡Nunca más!» Estremeciéndome al rumor de esta respuesta lanzada con tanta oportunidad, exclamé: « Sin duda lo que ha dicho constituye todo su saber, que aprendió en casa de algún infortunado, a quien la fatalidad ha perseguido ardientemente, sin darle respiro, hasta que sus canciones no tuviesen más que un solo estribillo, hasta que el de Profundis de su esperanza hubiese adoptado este melancólico estribillo: ¡Nunca, nunca, nunca más!» Pero como el cuervo indujera mi alma triste a sonreír de nuevo, acerque un asiento de mullidos cojines frente al ave, el busto y la puerta; entonces, arrellanándome sobre el terciopelo, quise encadenar las ideas buscando lo que auguraba el pájaro de los antiguos tiempos, lo que este triste, feo, siniestro, flaco y agorero pájaro de los antiguos tiempos quería hacerme comprender al repetir sus ¡Nunca más! De esta manera, soñando, haciendo conjeturas, pero sin dirigir una nueva silaba al pájaro, cuyos ardientes ojos me quemaban ahora hasta el fondo del corazón, trataba de adivinar eso y más todavía, mientras mi cabeza reposaba sobre el terciopelo violeta que su cabeza, la de ella, no oprimirá ya, ¡Ay, nunca más! Entonces me pareció que el aire se espesaba, perfumado por invisible incensario balanceado por serafines, cuyos pasos rozaban la alfombra de la habitación «¡Infortunado! exclamé- Tú Dios te ha enviado por sus ángeles una tregua y un respiro, para que olvides tus tristes recuerdos de Leonora, Bebe !Oh! bebe esa deliciosa bebida para que olvides tus tristes recuerdos de Leonora. ¡Bebe y olvida a la Leonora perdida! » Y el cuervo dijo: «¡Nunca más!» «¡Profeta! Dije- ¡Ser de desdicha! ¡Pájaro o demonio, pero al fin profeta! Que hayas sido enviado por el tentador, o que la tempestad te haya hecho simplemente caer, naufragar, pero aun intrépido, sobre esta tierra desierta, en esta habitación que ha sido visitada por el horror, dime, e lo suplico ¿Existe un bálsamo para mi terrible dolor? ¿Existe el bálsamo de Judea? ¡Dí, di te lo suplico!» Y el cuervo dijo: «¡Nunca más!» «!Profeta! Dije- ¡Ser de desdicha! ¡Pájaro o demonio, pero al fin profeta! Por el cielo que se extiende por nuestras cabezas, por ese Dios que ambos adoramos, di a esta alma llena de dolor si en el lejano paraíso podrá abrazar a una santa joven, a quien los ángeles llaman Leonora. Abrazar a una preciosa y radiante joven a quien los ángeles llaman Leonora» El cuervo dijo: «¡Nunca más!» «!Que esta palabra sea la señal de nuestra separación pájaro o demonio! ¡Grité irguiéndome- Vuelve a la tempestad, a las riveras de la noche plutónica; no dejes una sola pluma negra como recuerdo de la falsedad que tu alma ha proferido. Deja mi soledad inviolada. Abandona ese busto colocado encima de la puerta, retira tu pico de mi corazón y precipita tu espectro lejos de mi puerta» El cuervo dijo: «!Nunca más!» Y el cuervo, inmutable, continúa instalado allí, sobre el pálido busto de Palas, precisamente encima de la puerta de mi habitación, y sus ojos se parecen a los ojos de un demonio que sueña; y la luz de la lámpara, cayendo sobre él, proyecta su sombra en el suelo; y mi alma, fuera del circulo de esta sombra que yace flotante sobre el suelo, no podrá volver a elevarse. ¡Nunca más!

Ella termino de leer pero en vez de sonreír, su semblante se mostró un poco triste. El lobo gris se puso de pie y mientras movía la cola resoplaba.

—¡Ah! Ari, lo siento, es que siento pena por lo acontecido, me considero parte de esta historia, digo, algunas cosas como en el caso del hombre que se lamenta en su soledad, yo siempre lo hago, trato de seguir adelante, mostrando valor en ello, pero termino con mi mente divagando en el mañana, en ese donde un príncipe azul de los cuentos vendrá a mi puerta...No creas que lo pienso en broma; solo que me he dado cuenta que yo necesito a alguien a mi lado, que en las buenas y en las malas me diga que todo estará bien.

Ella volvió a caer en sus pensamientos, realmente no era por mero capricho pero, desde hace tiempo se hacía a la idea que necesitaba a alguien a su lado, no por competir de quien tenía más chicos en su lista, sino porque su mismo corazón le recriminaba la falta de atención. Ella se dio unas palmadas en el rostro y miró a sus amigos, prometiendo que para pasado mañana terminarían la historia, luego colocó otra pieza mientras miraban el atardecer juntos Nuvole Bianche, pieza especial del compositor Ludovico Einaudi. Comenzó a sonar mientras ella miraba el horizonte meditando el poema antes leído, los lobos se susurraban entre sí.

—Ya la escuchaste, de mañana no debe pasar la oportunidad de encontrarte con ella, incluso siendo como tú, ella sabe que la soledad no es muy buena y sé que en verdad te aprecia.

—¡Lo sé, pero no dejo de estar nervioso!

—¡Ari, Laila, vengan a ver los últimos rayos del sol antes que desaparezcan!

Ellos se acercaron a ella para contemplar los distintos matices. Después ella los acarició para despedirse, ellos la acompañaban a mitad de camino para sacarla segura del bosque, luego ellos corrían rápidamente a la madriguera a revolcarse para quitarse el olor y luego de correr mucho, a conseguir alguna botana para volver mientras regresaban los miembros de la manada. Cada quien se iba por su lado, el volvía a su estado estoico e imperturbable en un montículo de piedras y el otro a jugar con sus demás camaradas como si nada hubiese sucedido.

—Hola Glen ¿Qué haremos hoy? Ya que tienes tiempo que no juegas.

—¡Hahaha! Hmnn…Muy pronto vamos a cazar juntos, después de comer correremos hasta la cima de la montaña ¿Les parece? Un ejercicio después de ingerir alimentos es más sano.

—Si, está bien.

Asintieron todos los jóvenes lobeznos de la manada. Pues, se podría decir que Glen era un lobo experimentado, sin embargo jugar con los más jóvenes era su hobbie, y si quería seguir ayudando a su amigo, tenía que seguir fingiendo que no pasaba nada, sin embargo nada sale bien, uno de los pequeños le jaló el collar que se confundía en su pelaje.

—Glen ¿Qué es eso que tienes en el cuello? Es muy bonito pero huele a humano.

—No toques, s-si me lo encontré por allí y me gustó por eso lo deje para mí.

Colocó una cara de hacerse el importante tratando de no parecer nervioso, los demás lobos empezaron a retozar con el hasta que llegó la hora de la caza y el gran lobo blanco salió a relucir.

—Bien es hora de cazar, es el turno de mi hijo Silver para comandar la cacería de esta noche.

El lobo gris miró con indiferencia a su padre, lo pasó de largo, nadie emitía algún sonido, cuando el pasaba su mera presencia hacia sucumbir a cualquiera. Una vez ubicado al frente olfateo una presa grande y de inmediato aulló para dar inicio a la carrera por su premio. El lobo blanco miró a su hijo y observó el collar en su cuello, era extraño, él nunca había sentido atracción por cosas de los humanos al extremo de llevarlas al refugio, sin embargo él se veía más tranquilo desde la última vez que pelearon, no quería arruinarla poca paz que existía entre ellos, pero su hijo no debía de olvidar las reglas, pruebas sobraban de que aquel que rompa las reglas recibiría como castigo la muerte. De allí el siguió al lobo guía para comer su presa y volver a descansar. En cambio el lobo gris pensaba con sumo cuidado todos sus movimientos, su padre le pisaba los pasos y estaba falto de tiempo, mañana haría su movimiento, trataría de acelerar un poco las cosas, ya que su verdadero objetivo era huir de ese lugar junto a ella, no volvería a pasar el dolor de perder a un ser querido, nunca más.

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La mañana fue una soleada llena de vida, ya que el poblado andaba alborotado por un festival anual el cual duraba varios días, en eso la ciudad armaba un gran alboroto, la tienda de antigüedades estaba repleta de gente comprando presentes para sus familiares y amigos que llegaban de visita de otras ciudades adyacentes a esa.

—Elizabeth por favor ayúdame aquí mientras hago esta entrega rápidamente.

—Si señor Banner, vaya con cuidado.

—Gracias, lo tendré.

Ella volvía a atender a los clientes cuando la puerta del establecimiento fue abierta por dos jóvenes, uno tenía el cabello negro y ojos verdes, su piel era tan blanca que por un momento pensó que tal vez estaría un poco anémico, luego posó la mirada en el otro chico, su cabellera color castaña; tenía mechones plateados y sus ojos color ámbar. No pudo evitarlo cuando sus miradas se encontraron, algo golpeó su pecho, su corazón se aceleró y sintió su cara arder, lo cual la obligó a desviarla para terminar de atender a los clientes que estaban en el mostrador haciendo fila para pagar sus compras. Los chicos se movieron a recorrer la tienda. Cuando se hubo vaciado ellos tenían un objeto cada uno y fueron a pagar, ella terminaba de subir nueva mercancía a la estantería cuando uno de ellos habló causando que resbalara de la escalera, sabía lo que vendría, un duro golpe y tal vez mucho tiempo sin visitar a sus amigos lobunos, sin embargo ese golpe nunca llegó, mas unos fuertes brazos la sostenían.

—¡Ah!

—¡Té tengo tranquila!

Ella sintió una calidez única, jamás en su vida se había sentido así, cuando abrió sus ojos, los ámbar le miraban muy preocupados, sin embargo había algo familiar en ellos, esa mirada...

—¿Te encuentras bien? ¿No te lastimaste?

—¡Y-Yo…! ¡E-Estoy bien…! ¡Gracias por...! ¡Rescatarme!

Nuevamente se sintió perdida en la mirada del chico, el otro tampoco podía apartarla, simplemente el cargándola a ella el tiempo se detuvo allí, dentro de ambos solo rogaban porque ese pequeño instante no terminara, hasta que el peli negro aclaró su garganta sacándolos de su ensoñación.

—¡Ah! l-lo siento, disculpa ¿P-Puedes bajarme?

Preguntó con un gran sonrojo, con sumo cuidado la colocó de pie. Ambos la miraron y para romper el silencio incomodo que se había formado comenzó dando el primer paso.

—Hola soy Lían Foster, él es mi amigo Grey Sullivan...Queremos llevar estas cosas.

—¡E-Es un placer, soy Elizabeth Watson y claro ya les empaco sus cosas...! ¡E-Espera! ¿Tú eres Lian Foster? Yo...

—¿Si?

Preguntó el chico interesado, ella movió sus manos con nerviosismo, nunca se había sentido así con un chico, bueno, mejor dicho con ese chico, volvió a levantar la mirada y soltó la tan intrigante pregunta ya que debía saber cómo su amigo había dado con ese disco compacto.

—¿Has perdido algo últimamente? Digo, alguna compra.

—Hmnn...No, reciente compré un disco compacto, pero no lo he perdido, era un obsequio.

Dijo mientras sonreía, causando nuevamente un sonrojo en ella.

—¡A-Ah entiendo disculpa mi atrevimiento, son 30$ y gracias por su compra!

—No te preocupes.

Ellos pagaron y se despidieron de ella. Una vez fuera del local y a más de tres cuadras casi grita de la emoción.

—¡Glen! ¿Lo viste? ¡Pensé que ese tipo de situaciones se veían solo en las historias de los libros y el cine, pero tú lo viste, ella iba a caer sin embargo yo la atrapé, su corazón, su mirada, solo era para mí!

Lo último lo soltó casi sin aliento, el otro volteo los ojos, bien era la primera vez de los dos, aun así su amigo se comportaba como idiota.

—No voy a negarlo, eso fue de película, nunca pensé tal oportunidad, ahora debes regresar mañana, comprar otra tontería y hablar un poco más con ella...Tú sabes que estamos contra reloj, él empieza a sospechar, lo noto en su mirar Silver.

Después de estar riendo como idiota, el oji ámbar miró serio a su amigo asintiendo a lo dicho.

—Él no es idiota, sabe que oculto algo y si no me muevo rápido e inteligentemente me sorprenderá con la guardia baja...Grey vamos a trabajar, tenemos que reunir más dinero para huir de aquí cuando sea necesario.

El otro asintió y siguieron caminando para otro trabajo de medio tiempo. Por otro lado, la chica no podía calmarse, estaba demasiado impactada de como todo había ocurrido tan rápidamente.

—Parezco una idiota poniéndome nerviosa con un chico, pero él...Su mirada, se que la he visto antes y de paso ¿El regaló el disco compacto? Entonces ¿El conoce a Ari? No, no lo creo, son sólo suposiciones mías, el tal vez se lo dio a una linda chica y yo estoy haciéndome falsas esperanzas... ¿P-Pero que me pasa?

Se alboroto el cabello para calmarse y mirar por donde se habían marchado. Bien, al parecer tenían cara de volver a la tienda y ella se aseguraría de preguntarle más acerca de esa compra. No estaba segura y debía averiguar cómo su amigo obtuvo ese disco.

—¡Señorita quiero este retrato!

—¡S-Si claro!

De esa forma se dispuso a terminar de atender los clientes, al día siguiente vería a su amigo y trataría de seguirlo, ya no podía darse el lujo de conformarse sin hacer nada, trataría de dar con la verdad, también de comentarle al respecto, su corazón casi se le sale cuando vio a aquel chico y había prometido que ello era propiedad del lobo. La noche llegó rápidamente, la manada estaban reunida, el lobo negro decidió quitarse el collar y ocultarlos para no levantar sospecha, pero el líder se acercó al amigo de su hijo, tenía que averiguar que tramaba.

—Glen ¿podemos hablar un momento?

—Gran Ornlu, claro.

—Veo que tu relación con mi hijo ha mejorado considerablemente.

—¿Ah? ¡S-Si, si, hablamos un poco al respecto y pues respetando su espacio todo ha vuelta a la normalidad!

El lobo trataba de mantener la calma, pero el aura del líder era tan parecida a la de su amigo, tan imponente, sentía que sería aplastado en cualquier momento. El otro notó el nerviosismo, entonces no estaba equivocado, si se traían algo entre manos, el lobo se agacho para susurrarle algo antes de que llegara su hijo el cual se acercaba rápidamente.

—Sé que mi hijo y tú están ocultando algo, espero sean muy astutos porque si descubro que están rompiendo las reglas, olvidaré que él es mi sangre, que tu perteneces al clan y los asesinaré a ambos ¿Entiendes?

—¡S-Si señor!

—¿Sucede algo Glen? ¿Padre?

El lobo gris miraba a su compañero, mientras que el otro estaba con un aura calmada e indiferentemente, asi que le contestó.

—No, nada, solo me alegro que consideraras tratar mejor a Glen.

Con eso el líder se marchó, el otro se acostó totalmente exhausto.

—¿Que sucedió Glen? ¿Qué te dijo mi padre?

—Silver, sólo date prisa, si es posible dile la verdad y sácala de aquí, yo puedo cubrirte mientras escapan, el va a matarte, lo sé.

El lobo gris se quedó mirando mientras el líder salía del grupo de la manada para adentrarse al bosque, se hizo a un lado de su amigo.

—Tranquilo Glen, todos saldremos de aquí, nos iremos lejos y seremos muy felices, es la decisión que tomé y si el pago es matar a mi padre, lo haré.

—Silver.

—Descansa, vigilaré de que nadie se acerque para que recuperes tus fuerzas, necesitamos todo el dinero posible ¿Recuerdas? Por cierto ¿Dónde escondiste el azabache?

—En el bosque, es un lugar poco frecuentado por los demás ¿Y tú Cuarzo?

—El mío no es necesario ocultarlo, siempre uso cosas de los humanos y esta no es la excepción, bien ahora duerme.

El otro se durmió, en verdad tantos sucesos lo había dejado sin fuerzas. Por otro lado, el lobo gris pensaba en muchas cosas, eso incluía la muerte de su madre y las ganas que tenia de cegar la vida del asesino, no sabía cómo había aceptado tal atrocidad, sin embargo estaba un poco nervioso, la seguridad de su amada Elizabeth, lo era todo. Elizabeth; era la primera vez que lo escuchaba desde que la conoció, aún recordaba los latidos de su corazón, su nerviosa mirada y el lindo tinte en sus mejillas, si que se veía adorable. Él se encargaría de hacerla feliz, no había vuelta atrás, todo por ella, era su luz; no permitiría que nadie la apagara. En casa de la chica, solo se podía escuchar una y otra vez la canción que su amigo le había dedicado, y lo más extraño es que no dejaba de pensar en el joven salvador, ese joven de ojos ámbar, esos ojos que eran nuevos pero al mismo tiempo tan familiares ¿Quién era ese joven? En todo el tiempo que tenía viviendo en esa parte de la ciudad, nunca lo había visto.

—¿Quién eres Lían Foster? ¿Porque siento que te conozco? ¿Porque no dejo de pensar en ti? Por tu culpa me estoy convirtiendo en una traicionera.

Se sentó en su cama y se tapó el rostro con sus manos, su amigo Ari era el único que había estado a su lado todo ese tiempo, cuando la soledad era su fiel compañera. Entregó su corazón, ahora el sentimiento de culpa la atacaba a cada instante, solo rogaba que el sueño llegara, no, más bien que el mañana llegara para hablar con él, tenía que decirle lo que sentía, tal vez así se sentiría menos culpable.

Continuará.

N/A: Hola de nuevo, bien con el siguiente capitulo termino esta corta historia, aun no hay reviews sin embargo agradezco todas las visitas o vistas que le hacen a la historia (hace reverencia) Bien, para el siguiente me odiaran pero ese será el final. Nos veremos en el próximo capítulo.