A/N: Este One-shot esta situado casi dos años antes del anterior, después los acomodare bien, por ahora así se queda.
Advertencias: Uso de nombres humanos, algunas cosas con el lenguaje y probable OoC por parte de Alfred.
Género: Family/Humor
Rating: K+
Disclaimer: Solo es mio lo que no es de nadie.
¿De dónde vienen los bebés?
Resumen: "Porque es una pregunta que todos los padres deben enfrentar. Preferiblemente no tan pronto."
Era una soleada mañana de domingo cuando, interrumpiendo toda la paz y tranquilidad que Alfred disfrutaba en su único día libre, un ruido más que familiar lo regresó a la realidad. Resignado, Jones se levantó de la terraza que daba hacia el jardín, para entrar de nuevo a la casa y encontrarse con la persona que lo llamaba.
O personita, mejor dicho. Y es que aparte de llevar cinco años casado con Paola, Alfred también tenía un hijo. Alex, de cinco años, que era casi la viva imagen de él, pero que también había heredado mucho de la personalidad y genio de su madre. Sobre todo su forma de hacerse notar.
— ¡DAD! —
El pequeño Sánchez-Jones se hizo presente en la sala, con su pelo castaño revuelto, su gorra de béisbol desalineada sobre su frente a punto de caerse y con vestigios de haber estado entrenando por largo tiempo con amigo. Las leves heridas en sus brazos y el guante que portaba en su mano podían confirmar eso último. Aunque eso no era lo que llamaba la atención de Alfred, sino la expresión de inquietud y confusión con la que había llegado a casa.
— ¿What happens? —preguntó de forma grave, pero sin ser desagradable.
Alejandro dudó un momento, pero finalmente se acercó a su padre y le hizo una señal para que se agachara y así poder hablarle al oído. Alfred se extraño, pero accedió a la petición de su único hijo para que le contara aquello tan importante.
—Estaba jugando con Robert y cuando volvíamos a casa me comentó que tendría un hermanito pronto —le dijo el pequeño, de forma confidencial, como si fuera lo más sorprendente del mundo—. ¡Un hermanito!
— ¿Y qué tiene eso de extraño? Es normal que los padres tengan más hijos —Alfred se enderezó y alzó una ceja—. No me digas que eso era lo que te tenía tan intrigado, Joshua.
El aludido miró a su padre de forma interrogante.
—But dad, ¿en dónde van a encontrar un hermanito si todos los niños ya tienen familia? ¿Acaso se lo pueden comprar a otros papás?
El pequeño estaba tan empeñado en conocer la verdad, que fue sólo en ese momento que el rubio se dio cuenta del error que había cometido, al no detener el tema cuando pudo.
Oh, my fucking shit. Esta conversación no… no ahora.
Buscando cualquier excusa para posponer esa platica, permaneció en silencio por un instante, pero tal como lo había previsto, a su hijo se le iluminó el rostro y le lanzó la tan indeseada pregunta.
—Papá, ¿de dónde vienen los bebés?
— ¿Uh? — ¿¡Por qué a mí!?
Al verse ignorado intento de nuevo, — Where do babies come from? —comento fuerte y claro para que su padre lo escuchara esta vez.
Alfred pensó en la posibilidad de explicarle de forma clara y precisa que todo se debía a un proceso normal entre un hombre y una mujer, que involucraba espermatozoides, un óvulo fecundado, nueves insufribles meses que conllevaban antojos y varias noches sin dormir por parte de él, pero un breve instante de meditación le dio a entender que aquella explicación no era la más adecuada para un niño de cinco años.
Maldición, ¿por qué diablos Paola no pudo haber bajado de la habitación y estar allí ahora? Era mucho mejor que él con explicaciones y seguramente hallaría la forma de darle una buena respuesta al pequeño, sin llegar a traumatizarlo.
—Verás, Alex, es algo bastante simple… que entenderás perfectamente en su debido momento. Ahora, ve a lavarte y dile a tu madre que te cure esas heridas.
— ¡Daddy! —obviamente el pequeño no iba a ceder ante ese intento de dar por terminado el tema. Fuck, ¿por qué tenía que ser tan obstinado?—. ¡No me estás contestando! Yo quiero saber de dónde vengo, porque… ¡porque a mí también me gustaría tener un hermanito!
— ¿What? —Alfred detuvo sus pasos y se volvió a él, con una expresión de incredulidad en su rostro. Esto se está volviendo más difícil de lo que creí—. ¿Y por qué quieres uno?
— Es que sería divertido tener a alguien más con quien jugar, ¡y además podría enseñarle todas las cosas que sé! —Los ojos miel de Alejandro brillaban de emoción—. Así que quiero elegir a otro niño para que viva aquí en la casa.
— No depende exactamente de ti… —masculló el mayor entre dientes, pensando una buena forma de acallar sus dudas y que no volviera a hablar del el tema por lo menos en otros cinco años más.
— Uh, eso significa que no lo puedo escoger yo… pero entonces, ¿cómo va a llegar el bebé?
— Verás…
¿Por dónde podía comenzar?
"Tu madre y yo formamos una familia…" eso era más que obvio.
"Cuando un hombre y una mujer tienen sexo…" No, demasiado explícito, no quiero traumatizarlo (o entusiasmarlo, lo que sería aún peor).
"Está esto de la cigüeña…" pero qué estupidez, parece un cuento creado por Francis.
— Viniste de la fábrica de bebés —dijo finalmente, con toda la seguridad que pudo. Le complació ver que su hijo parecía haberse tragado su mentira, ya que la sorpresa en sus ojos era indescriptible.
— ¡¿Fábrica de bebés?!
— Of course, yeah. Hacen niños para padres que desean uno y cuando está listo, lo van a buscar y lo llevan a casa — Alfred se llevó una mano al rostro. Esperando que el niño quedara satisfecho.
—¿Y yo vine de ahí también?
—Ciertamente. Y la fábrica queda muy, muy lejos, así que no podemos visitarla de nuevo —aclaró, antes de que su hijo le preguntara aquella posibilidad—. Eso resuelve tu duda, ¿Alex?
— ¡Yeah, dad thank you! —Fue la efusiva respuesta afirmativa del niño, Alfred apenas tuvo tiempo de suspirar aliviado cuando una nueva expresión de duda llenó el rostro del pequeño—. Oh, daddy, ¿qué es el sexo?
Esto no me puede estar pasando…
—¿De dónde escuchaste eso? — Frunció el ceño. ¿Qué clase de pervertido le habría hablado a Joshua de—?
— Arthur y la tía Emily hablaban de eso la otra tarde, y yo los escuché.
Oh, claro, el degenerado adicto a la pornografía y mi her- Mataré a ese maldito.
— Eso, kiddo , es algo tan simple como…
— Enchufes y tomacorrientes.
— ¿QUÉ? —tanto el padre como el hijo se voltearon hacia la dueña de la voz que había pronunciado aquellas palabras. Paola estaba recargada en el lindel de la puerta, con el pelo aún goteando después de la ducha y una pequeña sonrisa en su rostro.
—Así es, enchufes y tomacorrientes. Se necesita de ambos para crear electricidad, y lo mismo sucede con un hombre y una mujer. Se quieren mucho y se juntan para crear… algo similar a la electricidad.
—Oh… —Alejandro se acercó hasta su madre y le sonrió—. ¡Mamá, qué lista eres! Entonces, cuando el tío Arthur habla de tener sexo con la tía Emily, ¡es porque quiere generar electricidad con ella! ¡Para enchufar su tostador o una lámpara!
— Correcto, mi amor. — Contesto la castaña tratando de contener la risa ante la cara totalmente descolocada de su esposo.
Definitivamente lo mato.
Alfred gruño e hizo un gesto que podía leerse claramente como un "Fucking shit, Paola, deja de hablar estupideces."
— Tú también eres muy listo, Alex — Paola le sonrió a su pequeño niño y le lanzó una mirada de circunstancias al rubio —. Qué extraño que tu padre no lo haya mencionado. Seguramente lo olvidó, como cuando un enchufe comienza a fallar y hay que forzarlo para que funcione.
Alfred apretó los dientes.
—Deja el tema de los enchufes, Paola, vaya explicación que le das al niño.
— ¡Pero si habló el fundador de la fábrica de bebés! —le respondió la chica, en el mismo tono de voz.
— Te recuerdo que fuiste tú la que inventaste eso, darling.
— ¡Tenía seis años! ¿Cómo se supone que debía saberlo?
— Entonces no reclames si fue tu idea desde un principio, tomacorriente defectuoso.
— ¡¿CÓMO ME LLAMASTE?!
Alexander miraba alternadamente a sus padres, sin saber muy bien lo que ocurría.
— Me escuchaste perfectamente — El americano sonrió con suficiencia al verla tan enfadada. Por primera vez, le estaba agradando el rumbo de la conversación—. Creo que los tomacorrientes también pueden volverse defectuosos y comienzan a volverse más lentos para conducir electricidad.
— Pero lo más probable es que no sea culpa del tomacorriente, sino del enchufe que simplemente no puede conectarse bien por su incapacidad de tomarse su tiempo para entender cómo funciona la otra parte —le respondió, casi sin respirar y con sus ojos chocolate fijos en los de él.
— El enchufe podría hacer su trabajo mucho más rápido si el tomacorriente no fuera tan obstinado y cediera al instante.
— Eh… dad…
— ¡Entonces está claro que al enchufe sólo le importa acoplarse! Y no le preocupa si el tomacorriente está de ánimo o no, sólo le importa ÉL MISMO.
— ¿Mami…?
— ¿De qué rayos hablas ahora? ¿Por qué llevas la discusión a ese tema?
— Porque quizás el tomacorriente no siempre tiene ganas de generar electricidad, pero el enchufe es tan ególatra y orgulloso que piensa que puede generarla sólo por ser el que… el que se puede meter y sacar —aquello último lo susurró lo más bajo que pudo, para que el menor no la oyera. Alfred alzó una ceja.
—Explica eso.
—Mamá, papá…
—Digo que quizás no siempre es necesario que se conecten, porque hay muchas otras cosas que pueden hacer, pero no, ¡el enchufe siempre quiere y quizás no está satisfaciendo todas las necesidades del tomacorriente! —le explicó, respirando agitadamente.
— ¿Estás insinuando que mi enchufe tiene alguna falla? —preguntó el chico de forma explícita y sin cuidado, molesto por la indirecta. —. Porque vaya que es curioso, ya que NUNCA oí que ese tomacorriente se quejara cuando se lo conecto.
A Paola se le desencajó la mandíbula al oír eso último.
— Eres un…
— ¡MAMÁ, PAPÁ! —la oportuna intervención de su hijo impidió que la chica contestara algo igual o más venenoso que lo que su esposo había dicho—. Yo lo único que quiero saber es si tanto el enchufe como el tomacorriente se quieren de verdad, igual que los papás, así como ustedes dos se quieren.
Los dos abrieron la boca para contestar, pero nada salió de ellos. Se miraron, en una forma que dejaba en claro que estaban haciendo las paces.
—A veces pueden tener sus complicaciones, pero siempre están juntos y sí, se quieren de verdad — La castaña se agachó para quedar a la altura del pequeño y le dio un beso en la frente—. Ya no tienes más dudas, ¿o sí?
—No. Pero creo que me mantendré lejos de los enchufes y todo eso, son muy complicados. Y si el sexo es como ellos, pues tampoco quiero saber nada de él.
— Es lo más inteligente que he oído en todo el día —murmuró el rubio, satisfecho con la respuesta de su hijo. A pesar de todo, la conversación sí concluyó con el efecto que querían.
— Además, Ruy dice que si metes los dedos a uno te da la corriente, ¿es verdad, papá?
Alfred tuvo que utilizar todo su control para no sonreír arrogante ante ello y no mirar a su querida esposa.
— Así es, el tomacorriente puede lanzar chispas si metes tus dedos en él.
Escuchó que Paola crujía los nudillos, pero decidió ignorarla. Estaba demasiado divertido.
— Entiendo, ¡muchas gracias, daddy and mami!
— Ahora ve a lavarte, mientras preparo el almuerzo —la chica caminó hacia la cocina, no sin antes dirigirle una última mirada de indignación al mayor, quien sólo esbozó una sonrisa torcida de lo más engreída. Ella entornó los ojos, pero no pudo evitar sonreír también.
Verdaderamente, amaba a su familia.
