Capítulo extra-largo… dedicado a L´Fleur Noir, que lleva tiempo pidiéndome capítulos más largos, jejeje…

Espero que os guste! (o al menos que os entretenga…)


Cuando no estás

Misty estaba jugando en el jardín de la casa de sus hermanas con Ondine, Marrill y otros pokémon. Tía y sobrina corrían descalzas sobre el mullido césped. La niña caminaba todavía a trompicones, pero le divertía caer y volver a levantarse. Ambas trataban de atrapar a Marrill, quien también disfrutaba jugando al pilla-pilla. Lo cierto era, que incluso los pokémon necesitaban periodos de descanso y relax, ya que los entrenamientos diarios solían ser muy intensos.

Aunque la joven maestra trataba de desconectar jugando con su sobrina, no podía evitar sentir una constante opresión en el pecho. Se trataba de una sensación de angustia, que le impedía disfrutar plenamente, y que le recordaba sus problemas con Ash…

El chico ya no había vuelto a llamarla, pasados tres días, y aquello le preocupaba mucho. Era consciente de que no había actuado con madurez, y que había huido por la puerta de atrás sin atreverse a enfrentarse a la situación.

Quizá porque ella misma sabía que no tenía argumentos ni razones que justificasen su conducta.

Sin embargo, no podía seguir junto a Ash. Estaba rabiosa, y no comprendía exactamente por qué. Tan solo deseaba que el chico sufriese por ella, y que la buscase desesperado, que le suplicase, que fuera detrás como un perrito faldero…

Aunque eso tampoco le habría gustado… ¿Ash rogándole como un tonto? Tampoco era aquello lo que pretendía…

Quizá con su actitud tan solo buscaba una llamada de atención… Pero no había obrado correctamente.

Y lo sabía.

Le dolía la cabeza. Demasiados interrogantes y demasiadas dudas.

Era una estúpida.

Por fin había conseguido estar con el hombre al que siempre había amado, y ella lo estropeaba de una forma tan absurda…

Debía descansar, meditar, y sobre todo poner en orden sus ideas.

-¡Misty, vamos dentro, trae a la niña!—le gritó Daisy desde la puerta—La cena es a las nueve y aún tenemos que ducharnos y arreglarnos!

Misty se detuvo en seco, tomó a Ondine en sus brazos y obedeció a su hermana. Entró en el salón y se encontró con Lily y Violet en albornoz, con una toalla en la cabeza. Debatían, alborotadas, sobre qué vestido lucir por la noche. Tracey estaba mirando la televisión, ajeno a aquellas superfluas conversaciones.

-Por mucho que la mona se vista de seda…—masculló Misty, sentándose junto a Tracey. Él se rió entre dientes—A mí me da mucha pereza arreglarme…

-Y a mí, pero hay que ir de etiqueta, ya lo sabes—susurró Tracey—Vamos a conocer a la familia del novio de Violet… Y son gente rica…

-Lo sé—dijo Misty, suspirando. Se puso de nuevo en pie y se encaminó a subir las escaleras—Será mejor que me dé prisa…

La pelirroja entró en su habitación y se sentó sobre la cama para decidir cuál de sus modelitos ponerse. Ella también quería estar guapa y llamativa. Al fin y al cabo, era una Waterflower… y tenía una fama de perseverar.

Había triunfado profesionalmente más que ninguna de sus hermanas, y era aclamada y querida en todo Kanto. Pero Lily y Violet también protagonizaban muchas portadas de revistas, ya fuera porque posaban para alguna marca de ropa o debido a algún escándalo amoroso. El caso era que, sin dar un palo al agua, y sin esfuerzo alguno, casi eran tan famosas como ella.

Aquello le frustraba. Por mucho que tratase de disimularlo… seguía siendo la feita.

De pronto el sonido de su móvil interrumpió sus desagradables pensamientos. Escuchar el tono de mensaje estuvo a punto de causarle una taquicardia.

Se levantó de forma pausada, con el corazón latiéndole a toda velocidad, y se aproximó a la mesilla, sobre la que estaba su móvil. No quería mirar… ¡Deseaba con todas sus fuerzas que fuera Ash!

Le dio a la tecla de desbloqueo y miró de reojo… ¡Ponía "Idiota"! Se llevó la mano al pecho y trató de frenar sus latidos. Era un mensaje del Idiota.

Suspiró y se decidió a leer el mensaje.

"Estoy en la playa con los chicos, pasándolo muy bien. Hace muy buen tiempo y salimos todas las noches de fiesta. Pero me lo pasaría mejor si estuvieras tú. Te extraño"

Misty relajó las facciones de la cara, y sintió un alivio tremendo. Aquel mensaje le confería la más pura alegría y esperanza. Quizá Ash no se había enfadado tanto como ella creía.

Y su relación tenía solución…

Pero ahora era su turno. Su turno de responder. De marcar el camino.

Quería pedirle perdón por su actitud y decirle que ella también le echaba de menos, y que lo único que deseaba era estar junto a él, que estaba arrepentida, que no dudaba de él…

Y sin embargo no lo hizo. Apagó el móvil y lo arrojó al fondo de un cajón. El mensaje de Ash le había otorgado un poder… Sonrió de medio lado.

Ese tonto sigue colado por mí. Ya le contestaré más tarde, que sufra.

¿Pero por qué quería hacerle sufrir? Ni ella misma lo comprendía…

A decir verdad Misty estaba atravesando una etapa de inseguridad y de dudas acerca de sí misma, y no era capaz de digerir sus propios sentimientos absurdos.

Algo dentro de ella, la conducía a culpar a Ash de su propia debilidad... Aunque sabía que no estaba siendo justa.

Y desde el otro lado de la línea de móvil, el emisor del mensaje estaba sentado en la arena, mirando el movimiento de las olas del mar. Era su última noche en la isla, y no había podido evitar escribirle un mensaje a su novia.

La echaba de menos. Por mucho que sus amigos habían tratado de hacerle desconectar, había sido en vano. Lo cierto era que se lo había pasado muy bien, pero en ningún momento pudo quitarse de la cabeza que su relación con Misty atravesaba uno de sus peores momentos.

-¡Ash, ven a jugar al fútbol!—le gritó Richie, a pocos metros de distancia.

Pikachu y Sparky también le hacían señas para que se levantase del suelo y se uniera al juego.

Ash sonrió de medio lado, y se puso en pie. Era su último día y debía disfrutar.

Aunque la tonta de Misty no me conteste el mensaje.

Richie, Gary y Tom estaban haciendo unos pases sobre la arena, mientras que Max estaba tumbado en una hamaca leyendo un libro. Las chicas se habían retirado al hotel para ducharse y arreglarse, ya que ellas tardaban mucho más. Les costaba quitarse la arena de pelo, lavarlo, ponerle mascarilla, secarlo y peinarlo… En fin, que por lucir mínimamente decentes en un clima como aquel, debían invertir al menos una hora más que sus amigos varones.

Ash se unió al resto del grupo para jugar un rato al fútbol. Serían las ocho y media de la tarde, y la playa estaba poco concurrida. La mayoría de gente se había retirado ya a sus casas y hoteles. El sol lucía bajo, a punto de ocultar su brillo en la línea que separaba el cielo del mar. La quietud del ambiente serenaba los pálpitos inquietos del corazón de Ash.

Al poco rato, los muchachos se percataron de que un par chicas, situado unos metros a su derecha, no les quitaban ojo y parecían murmurar algo dirigido a ellos. Richie fue el primero en darse cuenta, y trató de lucirse más haciendo los mejores pases futbolísticos. En cuanto tuvo ocasión, se lo comentó por lo bajo a sus compañeros.

-Es que causamos sensación entre las nenas—presumió Gary—¿Les decimos algo?

Ash y Tom ignoraron a sus amigos y no le dieron importancia, a lo que Richie respondió lanzando el balón, a propósito, hasta donde estaban las muchachas.

Una de ellas sujetó la pelota con las manos y se dispuso a devolvérsela a Richie, quien ya se había acercado varios metros.

-Gracias, guapa—le dijo Richie, sonriendo.

-No hay de qué—respondió ella, algo ruborizada, pasándose el balón.

Richie estaba a punto de regresar con sus amigos, considerando que había superado la primera fase de acercamiento, cuando reparó en otra de las chicas del grupo.

Se trataba de la misma muchacha que vieron la primera noche en la discoteca. Aunque en esta ocasión ella lucía en bañador y con el pelo recogido, no dudaba de que se trataba de la misma.

La conocía. Seguro que sí.

Él hizo un gesto extraño con los ojos, y la muchacha también le miró con duda.

-¿Te conozco?—preguntó ella, con una voz decidida.

Richie sonrió ampliamente, sintiendo que se enamoraba perdidamente. Su estrategia había resultado mucho mejor que lo que había planeado. Aquella chica había tomado la iniciativa…

-¡Vamos Richie, que estamos esperando!—le gritó Ash, desde lo lejos. Ya se estaba impacientando por las tonterías de su amigo—¡Vamos, no seas pesado!

La chica miró hacia los otros muchachos y arrugó la nariz.

-¿Cómo no me he dado cuenta?—preguntó ella. Richie supuso que ya había reconocido que eran un grupo de prestigiosos maestros pokémon—Tú eres Richie… y él Ash…

-Sí, bueno… en realidad los cinco somos maestros pokémon—presumió Richie.

-Ya, es que así en bañador tampoco estáis muy reconocibles—intervino la otra muchacha, levantando la mirada sobre sus gafas de sol. Se puso en pie y le tendió la mano a Richie—Soy Tara.

-Yo…—titubeó él, sorprendido por la osadía de aquella chica.

-Richie, ya lo ha dicho mi amiga—le cortó Tara.

Se trataba de una jovencita muy estilizada, con el cabello rubio y largo, bastante bonita. Richie se enamoró por segunda vez en ese día.

La otra muchacha también se puso en pie. Parecía algo airada.

-Pero yo los conozco de otra cosa—dijo ella.

En ese instante, aparecieron tras Richie el resto de sus amigos. Se aburrían de esperar a que el ligón de turno regresase con la pelota.

-Aunque no sabía que os conocíais ambos—continuó ella, mirando alternativamente a Ash y Richie—¿No me recordáis? –hizo una mueca y se echó a reír—Los dos erais unos retacos en vuestro primer viaje pokémon…

Ambos hicieron un repaso rápido por el aquel primer año de aventuras… En contra de lo que hubieran previsto, Ash fue el primero en caer.

Recordaba una escuela, una chica arrogante vestida con uniforme, unas normas absurdas… y una lección que recibió por su parte. Pikachu y él la derrotaron en un gran combate.

-Guiselle—determinó Ash.

-¿Giselle?—repitió Richie—¿La del Instituto Técnico Pokémon?—ella asintió, sonriendo—¡Has cambiado mucho! Te vi la otra noche y me sonaba mucho tu cara, pero creo que jamás habría caído en quién eras…

-Ha pasado mucho tiempo—dijo ella—Yo os he reconocido porque me sigue interesando mucho el mundo pokémon y sigo todas las batallas en televisión.

-Sí, ella es bastante friki de los pokémon—se rió Tara, tratando de hacer un chiste que a nadie le hizo gracia.

-Estabas decidida a participar en la liga pokémon hace… muchos años—se interesó Ash—Pero nunca te vi entre los participantes…

-Pues he participado en seis ocasiones, pero no me clasifiqué ni para la primera ronda—se sinceró ella, algo avergonzada—Creo que tú y tus amigos teníais razón, y la manera de entrenar del instituto no era la adecuada…

-¡Claro que teníamos razón!—exclamó Ash—Aquellos métodos no era buenos… y ya te ves, sin una liga ganada…

-Tampoco tienes que ser tan sincero—masculló la chica.

-¿Sabes lo que es la diplomacia?—preguntó Tara.

Ash no comprendía por qué no podía ser sincero… Y sus amigos pusieron los ojos en blanco, mientras les caía una gota de la sien…

-¿Y ya no vas a presentarte más veces?—quiso saber Richie, retomando el tema—Eras buena… Podrías entrenar y hacerte maestra…

-Ya soy mayor, me dedico a otra cosa y no tengo tiempo de pensar tanto en pokémon—se lamentó ella—Me equivoqué en mi modo de entrenar, y por eso no conseguí mi sueño.

-¡Pero nunca se sabe!—intervino Gary, cansado de estar callado—Mira Ash, nadie apostaba un céntimo por él y ya ves…

Todos se echaron a reír, excepto el aludido.

-¡Pues ahora mismo soy el maestro number one!—presumió él.

-Ash, no hace falta que lo digas—le espetó Richie—Gary te estaba haciendo una broma—todos pusieron los ojos en blanco de nuevo, divertidos ante el infantilismo habitual de Ash.

-Bueno, lo mismo me da—refunfuñó él. Miró el reloj y comprobó lo tarde que se había hecho—Será mejor que nos vayamos a duchar, las chicas nos estarán esperando.

-¿Has venido con Misty?—le preguntó Giselle—Sé que ahora sois pareja…

-No, ella se ha quedado con sus hermanas en Celeste—replicó Ash, sin comprender por qué le tenía que dar explicaciones a una casi desconocida—Hemos venido con nuestras amigas May y Duplica…

-Sí, conozco a Duplica—dijo Giselle, mirando de forma pícara a Gary. Estaba al tanto de su relación por las revistas del corazón—Una gran maestra también…

-Oye, ¿y por qué no os venís a una fiesta que doy en mi yate?—les propuso Tara, harta de una conversación que giraba únicamente en torno a maestros y pokémon.

-¡Perfecto!—exclamó Richie, decidiendo por todos.

-No sé si a las chicas les parecerá buena idea—dijo tímidamente Tom, interviniendo por primera vez.

-¿A ti te apetece venir?—le preguntó Tara, logrando que el chico se ruborizase.

-A mí me da lo mismo—zanjó él.

-Será mejor que lo consultemos con ellas—concluyó Ash—Vamos en pack, así que si no les parece bien pues nada… A mí personalmente también me da lo mismo hacer una cosa u otra…

-Chicas, dadme vuestro móvil y os llamo si al final decidimos ir, ¿vale?—sugirió Richie.

Ellas accedieron a la petición del muchacho y le dictaron ambos números de teléfono, esperando que el chico llamase. No habían visto tantos chicos guapos juntos desde hacía mucho tiempo.

De regreso al hotel, Richie caminaba en las nubes. Había conseguido dos números de móvil sin ningún esfuerzo. Y las dos chicas le habían resultado atractivas. No podía perder aquella oportunidad. Debía convencer a sus amigas para que accedieran a asistir a la fiesta en el yate.

Y no tardó mucho en conseguirlo. Ambas muchachas eran bastante conformadas y complacientes, y no tenían ningún inconveniente en conocer gente nueva. Además, una fiesta en un yate sonaba divertido y diferente. A esas alturas, ya habían recorrido todas las discotecas de la isla.

Llegaron a las doce, y subieron al yate, dispuestos a pasarlo bien y aprovechar su última noche en las islas. Richie solo veía chicas guapas y ligeras de ropa a su alrededor, y cada vez estaba más emocionado. Max y Tom disimulaban su alteración pero tampoco les quitaban el ojo a todas aquellas muchachas que bailaban y tomaban exóticos cóckteles en la cubierta del barco.

Gary y Duplica caminaban agarrados, ajenos a lo que ocurría a su alrededor. Durante aquellas vacaciones habían estado más cariñosos y acaramelados que nunca en toda su relación. Quizá porque Duplica habían comenzado a dejarse querer… Hasta ese momento no se había fiado de Gary por completo, debido a su historial de casanova. Pero llevaban más de un año saliendo juntos y el chico no le había dado motivos para desconfiar de él.

-Hay una cantidad de chicas guapas, eh…—le advirtió ella, medio en serio medio en broma.

Gary la besó con ternura y la abrazó más fuerte.

-También ha chicos guapos—replicó él, riéndose.

-Al menos nos recrearemos la vista—intervino May, que caminaba tras ellos.

Ash cerraba el grupo, sosteniendo el móvil entre las manos y deseando que sonase…

Misty todavía no le había contestado al mensaje… Y él se estaba inquietando mucho.

May se percató del estado de su amigo y se acercó a él, tratando de confortarle con una sonrisa.

-Mañana puedes ir a verla—le susurró. Él suspiró y se encogió de hombros—Ya sabes lo cabezota y testaruda que es… seguro que está deseando verte…

-Ojalá no te equivoques—masculló Ash.

-Ahora disfruta de nuestra última noche…—le aconsejó May—Pronto volvemos al trabajo y no tendremos tiempo de nada…

En ese momento apareció Richie con varios cocketeles y los repartió entre sus amigos.

-Tú no pierdes el tiempo—se burló May.

-Dónde haya mujeres y alcohol ahí estará Richie—añadió Ash, riéndose.

El aludido golpeó a su amigo en la espalda y se echó a reír. Le gustaba aquella fama de fiestero que se había creado tras su ruptura con Sandy.

Luego se volvió hacia Max y Tom.

-¡Vamos, chicos, a ver lo que encontramos por ahí!—exclamó Richie, deseando inspeccionar el territorio.

Se giró con tanto brío que se chocó precisamente contra Giselle y Tara, tirándole un poco de bebida a esta última por el escote.

-¡Perdonad, lo siento, chicas!—se disculpó él.

Sus amigos contuvieron la risa, mientras que Giselle le quitaba importancia al asunto y saludaba a sus invitados.

-Me has empapado—protestó Tara, fulminando con la mirada al causante de su reciente ducha. .

-Tú lo invitaste—se burló Giselle.

-Pero no sabía que era tan torpe—añadió Tara, ya riéndose también.

-Siempre lo ha sido—dijo Ash, pasándole un brazo por encima del hombro a su amigo—Es torpe en todos los sentidos…

-Anda, Ash, cállate ya—protestó cómicamente el muchacho.

Luego presentó a las chicas, que aún no se conocían, y las cuatro iniciaron una absurda conversación en torno a la bonita decoración del yate…

-La parte más linda y romántica es la zona alta de la cubierta—explicó Tara, con orgullo—¿Queréis venir a verla?

-¡Claro!—exclamaron las dos muchachas al unísono.

Duplica se disponía a salir en esa dirección, cuando Tara la tomó del brazo y la detuvo.

-Más lindo verla con un acompañante—le aconsejó Tara, con picardía.

Por un momento Duplica revivió su inseguridad de antaño, cuando temía quedarse soltera de por vida. Miró en dirección a sus amigos y se cruzó con la mirada de Richie, quién le sonría con ternura…

El muchacho sintió algo extraño, como si se detuviera el tiempo durante unos segundos. De pronto desapareció el yate, la bebida, las chicas… todo. Solo podía contemplar la mirada azul de su amiga…

Se disponía a dar un paso en esa dirección, cuando Gary se le adelantó y abrazó a su novia.

-Venga, Tara, llévanos a mí y a mi chica por la ruta del amor—se mofó Gary.

Los demás se echaron a reír, pero Duplica se sentía muy feliz y orgullosa de tener alguien que la amase tanto… Richie era agua pasada.

Por su parte, éste despertó de su aletargamiento, sin comprender qué le había ocurrido, y quiso olvidarlo acercándose a Tara.

-Yo seré tu acompañante en la ruta del amor, si me lo permites—continuó él con la broma.

Tara se echó a reír de forma algo exagerada y tomó al chico de la mano.

-De acuerdo—le susurró ella al oído, con tanta sensualidad que Richie ya solo pensaba en arrancarle el vestido.

May se quedó algo rezagada, ya que aquella estúpida visita a la "zona romántica" ya no le resultaba nada atractiva. Tan solo le había servido para darse cuenta de que era una solterona y que sus posibilidades de volver a encontrar a un chico eran nulas…

-Vamos, Tom, sé que eres un romántico—se burló Ash, empujando al chico contra May. Ella protestó por el impacto—¿Vas a dejar que una señorita se quede sola esta noche?

La "señorita" se sintió ridícula por el trato que le estaba dando Ash, mientras que Tom aniquilaba con la mirada a su amigo.

Ahora no podía decir que no y dejar plantada a May, ya que la chica se sentiría muy humillada. Así que comenzó a caminar en la dirección que las otras dos parejas marcaban.

-Ah, pero, ¿vamos en serio?—inquirió May, algo cortante.

Tom se cruzó de brazos, a la defensiva y miró hacia otro lado.

-Lo que quieras, así vemos el yate completo—dijo el muchacho.

A May le sorprendió la actitud del joven maestro, por lo que no quiso llevarle la contraria y negarse a acompañarle. Lo cierto era que Tom era un chiquillo entrañable.

-¡Cuida lo que haces con mi hermana!—le amenazó Max, con la única intención de incomodar a ambos.

Después se giró hacia Ash y se dio cuenta que tan solo habían quedado ellos dos… y Giselle. La chica les miró a ambos, divertida.

-Veo que vosotros dos no sois nada románticos, ¿no?—preguntó ella.

-Bah, son tonterías—dijo Max.

-Bueno, seguro que el barco es muy bonito, pero ya tendremos tiempo de verlo en toda la noche—añadió Ash—Ahora prefiero sentarme un rato aquí.

Dicho y hecho. Ash se dejó caer en un sofá, con la intención de que los otros dos también desapareciesen durante un rato. Lo cierto era que tanto hablar de romanticismo y parejas, le había hecho recordar de nuevo a Misty… Y quería llamarla por teléfono por última vez.

Sin embargo, Giselle y Max no se marcharon, sino que se sentaron junto a él y le dieron conversación.

-Así que ahora todos los maestros estáis de fiesta, ¿no?—dijo Giselle. Ash asintió—¡Qué bien vivís!

-Bueno, pero cuando no tenemos vacaciones tenemos mucho trabajo—replicó Ash, algo molesto por el comentario—Pasamos días fuera de nuestra casa, y es duro…

-Claro, es duro firmar autógrafos y salir en todas las revistas—ironizó Giselle.

-¡Oye, que no hacemos solo eso!—protestó Max—De hecho ésa es la parte que odio de mi trabajo…

-Además, tú también querías ser maestra así que no nos critiques—añadió Ash.

La muchacha se echó a reír.

-Era una broma—dijo ella, divertida. Puso una mano sobre el pecho de Ash y se acercó un poco más.

Él se alejó, para evitar darle ese tipo de confianzas, y ella lo notó, sintiéndose algo avergonzada.

-Solo quería tomaros el pelo—prosiguió, algo apenada—Lo cierto era que mi sueño era ser maestra pokémon… y no lo conseguí.

-Aún estás a tiempo—la animó Max—No sé lo buena que eres, pero tiempo tienes…

-Bueno, ya voy a cumplir veinticinco años—se lamentó la chica—Y hace mucho que no entreno en serio.

-Pero si de verdad lo deseas puedes—continuó Max, a quién le interesaba de forma casi obsesiva todo el mundo pokémon—Hay maestros que se han proclamado casi con treinta años.

-Bueno, peor no es lo normal—replicó Giselle—Sé que la media para entrar son los veintiuno…

-¿Y qué más da?—insistió Max. Ash le miraba atónito, sorprendido por el repentino interés de su amigo en… ¿una mujer?—Tom entró con solo dieciséis, tampoco es normal… Y Misty Waterflower entró con casi veintitrés… y en mi opinión es la mejor maestra a nivel mundial…

A Ash le chirriaron los oídos.

-¿De verdad piensas eso?—protestó él.

-Sí, ya lo sabes, Misty es la mejor maestra—dijo Max—Pero el mejor maestro eres tú…

-Ah, bueno, eso está mejor—se rió Ash—Por eso somos tan buena pareja.

Giselle se enterneció ante aquel comentario.

-¿Quieres mucho a tu chica, verdad?—le preguntó.

Ash se puso rojo como un tomate. No la quería, la amaba… Pero tampoco iba a gritarlo a los cuatro vientos…

Prefería seguir hablando sobre pokémon. Como siempre había hecho.

Y eso fue lo hicieron los tres. Pasaron casi toda la velada ahí sentados, intercambiando información sobre ataques, técnicas de ataque y estrategias de combate. Lo cierto era que Giselle sabía bastante más sobre pokémon de lo que los dos chicos habían supuesto, y la conversación resultó bastante fructífera.

Al cabo de una hora regresaron Gary, Duplica, May y Tom, quienes se unieron al resto del grupo en su plática pokémon.

La única "pareja" que no regresó fue la compuesta por Richie y Tara. Pero a nadie le sorprendió.

La fiesta no terminó hasta que los primeros rayos del sol incidieron en el cielo. El grupo de amigos retiró a su hotel, para dormir un poco antes de que saliera su avión.

Por el camino, los chicos interrogaron a Richie sobre su nueva aventura, y éste les contó con detalle cómo había seducido a la hermosa Tara… hasta conseguir que ella le llevase hasta su camarote.

-Una fiera, chicos, una fiera… ¡Qué mujer!—exclamó Richie, excitándose tan solo con pensarlo—Ni siquiera tuve que hacer nada yo… a la primera de cambio me llevó al camarote y me metió la lengua…

-¿Entonces te la follaste?—preguntó Gary.

-Qué brutos sois—protestó May, quien trataba de no escuchar la conversación caminando delante junto a Duplica.

-Una vez no… dos—prosiguió Richie, orgulloso—¡Ya os digo que era una fiera!

-Enhorabuena—le felicitó Ash, palmeándole la espalda—¿Vas a volver a verla o ha sido solo un polvo?

-Tengo su teléfono—dijo Richie, pensativo. En realidad no estaba tan satisfecho como aparentaba. Algo fallaba—Sí, es posible que la llame un día de estos…

-La verdad que estas dos chicas eran bastante agradables—intervino Tom—Además Giselle estaba muy interesada en los pokémon…

-Sí, de hecho me dio su teléfono para quedar algún día y entrenar—añadió Max, con indiferencia.

El resto el grupo se paró en seco, digiriendo las palabras del más joven del grupo. El que pasaba de las chicas… El que nunca había tenido una relación.

-¿¡Qué!?—preguntaron todos al unísono. No podían creerlo.

-¿Te ha dado su número?—quiso asegurarse Gary.

-No seáis tontos y dejad de emocionaros—replicó Max, sin darle importancia—No creo que la llame nunca y además solo era por entrenar…

-¡Sí, claro, entrenar, así lo llaman ahora!—ironizó Ash.

Todos se echaron a reír, y tras burlarse durante unos minutos más del paciente Max, llegaron al hotel y se echaron a dormir.

Al día siguiente, el grupo de amigos se despidió y partieron cada uno hacia sus respectivos hogares, ya que querían aprovechar sus últimos días de vacaciones para pasarlos con sus familias.

Ash, sin embargo, prefirió partir hacia Ciudad Celeste, sabiendo que debía aclarar su tensa relación con Misty. Ya no aguantaba más así.

May le preguntó si quería que le acompañase, pero el chico prefirió ir solo. Sabía que la compañía de May dificultaría en reencuentro… Y no quería que Misty se enfadase de nuevo… La quería y la extrañaba demasiado.

En cuanto llegó a Celeste, Ash se detuvo en un hostal para dejar su equipaje y arreglarse un poco. Se dio una ducha relajante, se engominó el pelo y se puso la camiseta preferida de Misty…

Aunque nunca reconocería que la había elegido por eso…

De camino al gimnasio, el joven podía observar cómo las chiquillas se volvían descaradamente para mirarle, y las más mayores se sonrojaban y retiraban la vista. Era una situación muy habitual… Desde que se había proclamado maestro pokémon, su fama había aumentado como la espuma, y su encanto natural incrementaba su atractivo.

Sabía que casi cualquier chica caería rendida a sus pies… A menudo recibía cartas de admiradoras, y el año anterior fue elegido el tercer hombre más atractivo de Kanto, según la revista "Glamour".

Él lo sabía… Aunque cuando se miraba en el espejo tan solo veía a ese niño bajito y torpe que partió de Pueblo Paleta con un Pikachu…

Llegó al gimnasio con el corazón latiéndole a toda velocidad… Llamó al timbre y enseguida escuchó pasos tras la puerta.

El corazón todavía se desbocó más cuando vio cómo el pomo giraba...

-¡Ash, cómo estás!—saludó Tracey, abrazando a su amigo.

-¡Ey, cuánto tiempo!—exclamó Ash, algo más calmado—¿Cómo estás? ¿Y tu niña?

Tracey le invitó a pasar al salón, y Ash le siguió. Ambos se sentaron en el sofá e intercambiaron unas cuantas frases, ya que hacía meses que no se veían en persona, hasta que apareció Daisy y saludó a Ash, algo cortante.

-Imagino que algo pasó con mi hermana—dijo ella, mucho más directa que su marido. Él no respondió, pero bajó la cabeza, como si de un niño reprendido se tratase—Pues has tenido suerte de que Misty esté aquí…—señaló hacia las escaleras—Sube, está en su cuarto.

Ash suspiró y se dirigió hasta allí. Llamó a la puerta con nerviosismo.

-¿Quién es?—preguntó Misty, de forma bastante ruda. Estaba de mal genio.

-Soy yo…—respondió Ash.

El cerebro de Misty estuvo a punto de sufrir un cortocircuito…

¿Ash? ¿Se puede saber qué demonios hace aquí? ¡Arg!

La chica no esperaba que Ash se presentase sin avisar, y mucho menos que ahora mismo estuviera tras la puerta de su cuarto…

Lo primero que hizo fue mirarse en el espejo. ¡Qué pintas llevaba! Todos los días se había arreglado bastante, excepto esa mañana, ya que no tenía previsto salir… Llevaba el pelo suelto, sin planchar, estilo leonino, y vestía con una camiseta larga a modo de camisón.

Miró a su alrededor y no encontró escapatoria… Excepto la ventana…

Ash se impacientó, y al no obtener respuesta, decidió entrar sin permiso… Cuando abrió la puerta, lo primero que vio fue a Misty… con medio cuerpo fuera de la ventana…

El muchacho corrió hacia ella y la agarró del brazo.

-¿Huyendo como un vil caterpie?—le espetó Ash.

Ella le miró con encono… Se sentía tan ridícula…

¿Por qué siempre hago estas cosas?

Parecía una niña pequeña tratando de evitar un castigo.

-Tú no eras así, Misty—prosiguió Ash. Ella se dio por vencida y regresó a su habitación, pero rechazando la mano que Ash le brindaba—Antes eras valiente, te enfrentabas a las cosas…

-¡Ay, Ash deja de darme lecciones!—protestó ella, sentándose sobre su cama. Se sentía muy fea e insegura—No te soporto, tú antes tampoco eras tan engreído…—hizo una pausa y se rió por lo bajo—Bueno, sí que lo eras…

Ash se acercó a ella y se sentó a su lado, dejándose caer con fuerza. Echaba de menos su mal humor y sus discusiones… La indiferencia de los últimos días había sido su peor tortura.

-¿Por qué me has hecho esto?—inquirió Ash, entristecido. Ella evitó mirarle a los ojos y bajó la mirada—¿Cómo te crees que me sentí cuando llegué a tu casa, todo emocionado para verte… y te habías marchado?—hizo una pausa y tragó saliva. Misty le miró y se sintió un poco culpable… El muchacho tenía a aquella mirada bonachona e inocente que le caracterizaba—Me sentí como un auténtico estúpido… Porque siempre estoy haciendo lo que me pides, siempre te sales con la tuya y me tratas como si fuera idiota… y encima tienes celos y me echas en cara cosas que no son ciertas… ¿Qué es lo que pasa contigo? ¿Es que no madurarás nunca?

-¿Me hablas tú de madurar?—replicó ella, emitiendo una risita irónica—Mira quién habla…

-Ya deja siempre la misma canción—le interrumpió Ash—Que sí, que soy un inmaduro, que no me entero de las cosas, que solo pienso en mí… ¡Ya me tienes harto!

-¿Ves cómo no era buena idea que vinieras?—exclamó ella, ofendida. Sabía que en el fondo Ash tenía razón—Por favor, cómo quieres que me alegre de verte si lo único que haces es echarme cosas en cara…

-¡Pues entonces no actúes como una niña!—prosiguió Ash—Huyendo de las cosas no consigues nada…

-¿Huyendo?—repitió ella, todavía más enervada—Yo te dije claramente que no quería saber nada más de ti…

-¿Cuándo me lo dijiste?—preguntó Ash, mosqueado. Se estaba reprimiendo para no gritar.

-En la nota—dijo ella, empleando un tono burlón, como si se dirigiese a un tonto.

-En la nota ponía solo que te marchabas… y hablando de la nota, que sepas que me pareció lo más infantil y cobarde que he visto nunca—le espetó el muchacho, dolido de veras—¿Me dejas con una nota? ¿Después de dos años? Pensaba que lo nuestro era más serio…

Más serio. "Lo nuestro". Ash piensa que nuestra relación era seria. Y está muy afectado… ¿Cómo he podido ser tan idiota?

Misty percibió la triste mirada de Ash, y durante unos segundos sintió cómo el corazón se le llenaba de alegría y un entusiasta amor que solo él sabía trasmitirle. Olvidó por completo sus celos, sus pataletas, su maldita nota, su huida… y su tonto enfado.

-Te amo, Ash—soltó ella, sin pensarlo.

El muchacho la miró con sorpresa y se detuvo el tiempo. Estaba claro. Eran la pareja ideal. Estaban hecho el uno para el otro… Después de la tormenta, siempre llegaba la calma… Como en todas sus discusiones, que solían ser habituales.

-Y yo a ti, Misty—añadió Ash, en un susurro.

Se inclinó hacia ella y le sujetó el mentón con la mano. Ella entreabrió los labios y reprimió un suspiro. Llevaban muchos días sin verse, sin hablar, sin tocarse…

¡Y se querían tanto! Lástima que las discusiones absurdas les hubieran llevado hasta ese punto… Aunque todo podía solucionarse.

Ash abrazó a su novia y ella le colocó las manos alrededor del cuello, quedándose ambos con las narices a muy pocos milímetros de distancia.

Se habían echado mucho de menos. Por mucho que discutieran, y que a veces se considerasen insoportables, debían reconocer que había algo que les unía desde hacía mucho años, algo que les impedía estar enfadados por mucho tiempo…

Ash acercó su boca a la de Misty y la besó con suavidad. Ella respondió al beso y sonrió, algo sonrojada. Todavía sentía un tonto rubor cuando Ash la besaba, especialmente si llevaban tantos días sin verse. Parecía como si una pequeña e insegura Misty, le impidiera disfrutar por completo del amor que el muchacho le profería… Tantas veces le habían llamado la feita sus hermanas, tantas veces el propio Ash le había dicho lo desgarbada y delgaducha que era… Sabía que eran cosas de la infancia, pero por alguna razón no conseguía dejarlas atrás… Solo quería demostrar que ella podía ser hermosa e irresistible, que ella podía ser la mejor de ambos… De nuevo aquella extraña competitividad que los unía y los separaba durante todos sus años de amistad…

-Misty, no olvides nunca lo mucho que te quiero—le repitió Ash, acariciándole las mejillas—Eres la chica con la que quiero compartir mi vida, y te lo he dicho cientos de veces… ¡Aunque a veces me saques de mis casillas!

-¡Y tú a mí!—exclamó ella, riéndose. Se sentía muy afortunada.

Se besaron de nuevo, esta vez con más pasión, mientras se abrazaban con fuerza. Sus respiraciones se sincronizaron, y disfrutaron con cada caricia que se regalaron… Incluso llegaron a tumbarse sobre la cama para estar más cómodos… Hasta que Ash recordó que estaba la puerta abierta y que cualquiera podía sorprenderles en una situación comprometida, y se separó de la muchacha.

Ambos se levantaron de nuevo y quedaron sentados en la cama, sonriéndose, con una mezcla de timidez y picardía.

-¿Nos vamos al hotel?—le susurró Ash, con voz ronca—He cogido una habitación por la mañana…

-Vale, solo espera que me haga la maleta—accedió Misty, contenta. Se levantó con ímpetu y vació su armario—¡Que ya estoy un poco harta de mis hermanas! Siguen tan insoportables como siempre…

-Tú tampoco has estado muy "soportable"—se burló Ash.

-¡Lo siento, tontito!—exclamó Misty, riéndose.

Le golpeó suavemente la cabeza con el puño, y Ash aprovechó para sujetarle la muñeca y acercarla hacia él.

-Pues eso, no me gustaría que creyeras que me voy a ir con otra ni nada parecido—dijo él, más serio—Aunque vea muchas chicas guapas por ahí, tienes que saber que te quiero a ti. No me importa que no seas tan guapa como otras…

Ya estaba. Llevaba demasiado tiempo hablando. Y hablar no era su fuerte…

-¿Qué quieres decir con que no sea tan guapa como otras?—vociferó Misty.

Mierda. He metido la pata completamente… ¡Bocazas! A las mujeres no hay que decirles siempre la verdad… ¿Por qué no seguiré los consejos de Broc?

-A ver, para mí eres muy guapa, Mist, por supuesto—trató de arreglarlo Ash—Pero quiero decir que… que otras chicas son más guapas, y que me da igual… Tampoco yo soy el más listo y me quieres de todas formas, ¿no?

Las pulsaciones de Misty se estaban acelerando por segundos. Ya sabía que no era tan guapa como otras, que no vestía tan bien ni era tan glamourosa… ¡Ya lo sabía! Pero no le gustaba nada escucharlo de los labios de Ash… No sería la perfección hecha mujer, pero tenía grandes admiradores, y los chicos solían silbarle por la calle… Entonces no sería tan fea, ¿no? El tonto de Ash no la valoraba nada… Muchas veces, a juzgar por sus palabras, parecía que él le estaba haciendo un favor por salir con ella.

Misty sintió su orgullo herido, de nuevo… Y no pudo evitar ponerse a gritar.

-¿Pero tú eres idiota?—le preguntó ella, chillando—¡Claro que eres tonto, lo que no sé es cómo he estado tan cegada contigo!

-¿Y ahora por qué te enfadas?—se sorprendió Ash. Estaba muy molesto ante aquellos cambios de humor, que cada vez eran más constantes—¿Porque te digo la verdad? ¿Preferirías que te dijera que eres la más atractiva y guapa cuando no es verdad? ¡Yo no miento! Y mira, me da igual que te enfades, ya me tienes hasta los cojones…Que sepas que había venido para dejarte… pero luego me ha dado pena y no me he atrevido.

-¿Qué?—gritó ella, más ofendida todavía—¿Dejarme tú a mí? ¡Pero si has venido arrastrándote como un weedle! –hizo una pausa tan solo para tomar aire—¡Si yo ya te había dejado antes… con la nota!

-No, yo te dejo ahora—replicó Ash.

-¡No, yo soy la que te he dejado!—exclamó la pelirroja.

-¡A ver, os habéis dejado mutuamente!—exclamó Daisy, abriendo la puerta e interrumpiendo la conversación. Tracey estaba junto a ella. Llevaban rato escuchando—Y dejad de gritar, que la niña está durmiendo.

Ash se cruzó de brazos, le lanzó una mirada de odio a su ahora exnovia y salió de la habitación.

-Disculpad—dijo el chico. Miró a Tracey y trató de sonreírle—A ver si quedamos un día de estos…

-Hasta luego, Ash—se despidió Tracey, con una gota de sudor cayéndole de la sien.

Misty miró su hermana con encono y también se cruzó de brazos.

-¡Vaya pareja!—exclamó Daisy—Y te he oído, niña… Así que seguimos siendo insoportables, ¿no?

Misty lo pensó durante un instante.

-¡Pues sí!—exclamó. Empezó a meter sus ropas y pertenencias en la maleta, todo desordenado, mientras los otros dos la contemplaban, atónitos—¡Y no me llames "niña" porque no lo soy, a ver si os enteráis todos de una maldita vez…

-A lo mejor la insoportable e inmadura eres tú—le increpó Daisy. Luego se acercó a su hermana y suavizó el tono—¿Qué te está pasando, Misty?

-¡No me hables como si te diera pena!—protestó ella. Cerró su maleta y salió de la habitación—Lo siento, pero no me apetece estar con nadie… Gracias por la estancia… Mis vacaciones han concluido…

-¡Llámanos cuando llegues!—le dijo Daisy, dándola por imposible.

-Y conduce con cuidado—añadió Tracey.

Así que Misty regresó a Ciudad Carmín, herida en su fuera interno, y desolada por la ruptura con Ash.

Sentía una sensación extraña dentro de sí. ¿Ya se había terminado todo? ¿Ya no había vuelta atrás? Supuso que sí… Al fin y al cabo había vivido un hermoso sueño durante dos años y sabía que aquello no podía ser eterno… Haber sido la novia de Ash—de ¡Ash!—suponía su mayor satisfacción. Era su deseo inalcanzable…. hecho realidad…

¿Y ahora qué?

Le dolía pensar que ya no tendría el amor de Ash, pero tampoco podía permitir que él creyera que la tenía a sus pies… Se trataba más de una razón de absurdo orgullo que de un motivo real…

El mismo orgullo que le impedía, de pequeña, admitir que sentía celos de todas las chiquillas que mostraban interés por Ash, el mismo orgullo que le hizo ocultar, durante años, el sentimiento que le profería a su amigo.

Y estaba triste…

Porque sabía que su orgullo le impedía ser feliz.

Pero no pensaba hundirse. Ya había derramado demasiadas lágrimas por él, especialmente cuando era una niñita estúpida enamorada de un imbécil que no le hacía ni caso…

Y por su parte, Ash volvió a Ciudad Verde, para preparar la vuelta al trabajo. Necesitaba que su vida volviera a la normalidad. En los últimos meses había vivido con verdadera angustia su relación con Misty, y estaba harto de que cada día tuviera que estar dándole explicaciones por todo… ¿Qué le había visto a esa gruñona histérica? No lo sabía, lo único que sabía era que quería tumbarse y descansar.

Sus sentimientos eran totalmente distintos a los de la pelirroja. Él estaba confuso y dolido.

Reconocía que había sido algo lento para comprender los sentimientos de Misty hacia él, y que durante años la tuvo completamente abandonada, limitándose a escribirle un mensaje de vez en cuando. Admitía haber cometido muchos errores, pero en cuando se había percatado de que lo que sentía hacia ella era algo tan fuerte, tan bonito y tan inmenso, no había dudado en decírselo…¿Por qué ella no obraba con la misma naturalidad? No la entendía.

Y mucho menos ahora, con aquella decisión de no verse más…

Le dolía. Le dolía en lo más fondo del alma.

Pero tampoco pensaba dar su brazo a torcer, ni suplicarle más…

Ya volvería ella arrastrándose… si de verdad él le importaba algo.

Cuando llegó a su casa, se acomodó en el sofá mientras se tomaba una cerveza, y se conectaba al "facebook" desde su móvil. No quería hacerlo, pero lo hizo.

Se metió en el muro de Misty y comprobó que su estado había cambiado. La tonta de ella no había perdido el tiempo y ya había cambiado su situación sentimental, pasando de "tengo una relación" a "soltera".

Maldita niñata…

Él hizo lo propio, además de enviarle un mensaje privado, lleno de rabia.

"Te veré en la próxima reunión de coordinación. Espero que no me montes ningún numerito y que sepas separar lo personal de lo profesional. Tan buena maestra que eres… Intenta no perder la cabeza de nuevo cuando me veas. Chao"

Cuando ella lo recibió, se enfadó todavía más. Ash consiguió exactamente lo que pretendía con aquellas palabras llenas de rencor.

A partir de entonces, ambos pasaron unas semanas algo aplanados y melancólicos, pero trataron de disimularlo. Los medios habían descubierto su ruptura, y llenaron portadas con la noticia, lo cual todavía contribuía más a incrementar su dolor.

Misty trató de centrarse en el trabajo, y no pensar en Ash… pero le resultaba imposible. Todo le recordaba a él… Los niños a los que veía enfrentarse con entusiasmo a los líderes de gimnasio, los pikachus de los entrenadores, los bosques, los ferris, las gorras, las insignias de la liga… ¡Todo!

Duplica estuvo muy pendiente de su amiga, y trató de quedar con ella más a menudo, incluso recorriéndose varios kilómetros en un solo día tan solo para mantener una conversación. Y la pelirroja se lo agradecía de veras… Lamentaba que ambas tuvieran un trabajo que les impidiera pasar más rato juntas y divertirse…

Por su parte, Ash tampoco lo estaba pasando bien. Al enterarse de su ruptura, Delia se había empeñado en pasar unos días con él, para cuidarle, pero aquello todavía le hacía sentir más miserable. Y para colmo, cada vez que posaba en una foto para alguna revista, los periodistas siempre ponían una reseña en la que indicaban lo triste que parecía la mirada del entrenador después de haber roto su noviazgo con su amiga de toda la vida.

Richie y Max estuvieron pendientes de él, pero a distancia, ya que tenían el mismo problema que Duplica. Su labor como maestros les obligaba a viajar continuamente… En momentos como ése, todos añoraban tener una vida más sedentaria…

Unas semanas después, Ash recibió un mensaje al móvil de un número desconocido. Lo leyó con curiosidad y no pudo menos que sorprenderse… y halagarse.

"Hola Ash. Soy Giselle. Le pedí a Max tu número, porque me voy a mudar a Ciudad Verde por trabajo. Él me dijo que tú vivías allí y me gustaría quedar algún día contigo para combatir, si aceptas el reto, claro".

Ash se quedó muy confundido. ¿Giselle? Ni siquiera había pensado en aquella chica desde que se habían despedido de ella en la playa… Él no creía que hubiera tanta confianza para quedar con ella…

Él, jamás se habría atrevido a enviarle un mensaje.

Sin embargo, no tardó en emitir una respuesta.

"Claro que acepto el reto. Cuando estés aquí avísame y quedamos en mi casa, que tengo gimnasio".

Ketchum era incapaz de rechazar una oportunidad de combatir. Además, le serviría él de entrenamiento, y de distracción, ya que en Ciudad Verde no tenía demasiadas amistades.

Y estaba triste.

Precisamente al día siguiente, cumplió veinticuatro años.

Pero no hubo ninguna celebración. Se levantó a las seis y media, como de costumbre, ya que debía ir a trabajar temprano. Además, se le esperaba una jornada dura, pues le tocaba viajar hasta varios pueblos para revisar y evaluar el trabajo de los aspirantes a líderes. Aquello le llevaría todo el día.

El año anterior, Misty se había tomado el día libre y había dormido con él, despertándole con un suculento desayuno que le llevó a la cama.

Todas las tostadas se le quemaron y le faltaba azúcar al zumo… pero cómo quisiera que ahora ella estuviera aquí… ¡Seré idiota!

Suspiró y se dispuso a montar en su coche, justo cuando el móvil le sonó. Se detuvo y sacó el aparato de su bolsillo, con ansiedad.

Era Misty.

-Hola—saludó él, tratando de aparentar indiferencia, pese a que los latidos se le habían acelerado en cuanto leyó el nombre de la muchacha en la pantalla.

-Buenos días, Ash—dijo Misty, con voz tímida—Muchas felicidades…

-Gracias, no sabía si te acordarías—replicó él, con un nudo en la garganta.

-¡Sí, claro!—exclamó Misty, algo más relajada—Son muchos años… ¿Vas a trabajar?

-Sí, claro—repitió Ash. No sabía qué decir—Ahora me montaba en el buga… Tú también, ¿no?

-Sí, sí, ahora salía también—dijo Misty, algo atropellada. No quería terminar la conversación. Quería morirse—Bueno, pues te dejo… ¡Que vaya bien el día!

-Gracias—dijo Ash de nuevo—Y a ti también.

Ambos cortaron la comunicación casi al mismo tiempo, y encendieron sus respectivos motores, para partir hacia sus destinos… Que a partir de entonces, iban a ser muy diferentes.


Lo sé! Siguen ocurriendo cosas que no os gustan, ¿verdad? Lo siento! Mira que les dije a Ash y Misty que no fueran tan cabezotas, pero ya sabéis como son… no me hicieron ni caso…

(bueno, al menos ha habido un beso...!)

Y muuuuuuuuuuuuuchas gracias por los reviews! Es importante lo que pensáis vosotros de mis historias.

Os contesto uno a uno:

L´Fleur Noir: ves que por fin, después de bastante tiempo, he hecho un capítulo muy largo… (15 páginas de word, no llega a las 20 de "Sentiemientos enfrentados" pero ya llegará). Me alegra que sigas leyendo mi fic, aunque estoy haciéndoos sufrir mucho, y Misty vuelve a sus inicios de chiquilla cabezota y orgullosa, y Ash tampoco va a ser tan tonto de seguir detrás de ella, cuando ya lo ha intentado… así que no sé qué pasará con estos dos… tendréis que esperar al siguiente capítulo!

Eli: me encanta que hayas olvidado la historia ASh-Misty, porque es precisamente lo que intento en algunos momentos incluyendo a los secundarios. Gary y Duplica ves que están juntos, aunque de momento no han tenido mucho protagonismo, más adelante tendrán mayores intervenciones en el fic

Red20: espero que no te quedes más veces sin internet, porque tus comentarios son siempre bienvenidos, ya que son muy entusiastas. Ojalá no te decepcione y te guste el desarrollo de la historia, aunque ocurran cosas que no nos gusten a ninguno… Como ves Misty se está convirtiendo de nuevo en la chica que era…tendrá que recapacitar… Y ya ves quién era la chica misteriosa… quizá no la recuerden salía en la primera temporada de pokémon.

kokoamised12: bienvenida a la lectura de mis fics, nunca habia recibido un review tuyo y te lo agradezco mucho. Ya viste quién es la chica… Salía en la primera temporada de pokémon, y es la única chica por la que Ash se ha sentido atraído alguna vez en el anime… jiji

sakura: jajaja me has adivinado muchos de mis movimientos… No he emparejado a Richie con la rubia tonta (supongo que te referirías a Sandy) pero lo he emparejado con otra rubia. Y has nombrado a Giselle… Estoy totalmente sorprendida de que hayas acertado!

Andy Elric: totalmente de acuerdo contigo, yo tampoco aguantaria una pareja como lo está siendo misty… supongo que ash la aguanta porque ya sabe como es y la acepta, pero se está pasando mucho… Ya viste que Ash por fin se ha hartado también. Gracias por tus comentarios y por seguir leyendo, pese al conflicto que te pueda causar la personalidad irascible de Misty, esperemos que pronto cambie

Muchos saludos a todos, pasad buen mes (que es más o menos lo que me tardaré en actualizar) y gracias por leer!

Naliaseleniti