Capítulo 4
Escuché que carraspeaban, Aiko-san lo escuchó también porque se alejó con un gesto avergonzado. Giré la cabeza para ver de quién se trataba, y mi corazón me dio un vuelco al ver ahí parada a Paola. En verdad había ido a verme.
Yo me quedé sin saber qué decir. Verla ahí después de tantos días era tan raro, encima en un hospital y yo de paciente. Aiko-san dijo algo y salió de la habitación, dejándonos solos, y yo comencé a ponerme nervioso. Sí, ridículamente nervioso, como si se tratara de otra persona y no de Paola, pero no podía evitarlo.
-¿Cómo te sientes? –me preguntó, sin acercarse, como si fuera una extraña que visita aleatoriamente a algún paciente abandonado en el hospital
-Bien. Ya le dije a los médicos que no tengo nada, pero ellos insisten en tenerme en observación –contesté sin mucho ánimo al notar su tono tan indiferente
De pronto me acordé de la última vez que la había visto, y su imagen junto a Izawa vino a mi mente y recordé lo mucho que me había molestado entonces. Y con el recuerdo volvió mi enojo. Otra vez me sentí indignado con ella.
Si eso no hubiera pasado no habría estado tan distraído en el entrenamiento y no estaría en ése momento en aquél hospital. No debí, pero la culpé. La culpé por haber preferido a Izawa, preocuparme por su extraño comportamiento, y debido a eso haberme distraído tanto como para accidentarme.
-¿Y qué te pasó? –preguntó
-Calculé mal al saltar. Uno de mis compañeros me empujó y terminé golpeándome la cabeza contra uno de los postes –respondí
Volví a sentirme enojado por todo lo que había pasado desde ese día del partido contra el Yokohama Marinos. En ése momento sentí que no quería verla a la cara, aunque me gustara que ella esté ahí por mí. Así que evité mirarla, para que se diera cuenta que yo también podía estar molesto con ella.
-Ya veo… -musitó, y sentí una punzada de culpa por mi actitud, pero no quería retroceder al respecto
Ella no dijo nada más. Yo me debatía en una lucha interna entre mirarla y agradecerle por estar ahí, y el seguir ignorándola para que supiera que yo también tenía sentimientos y también podía molestarme su indiferencia. Intentaba decidir de una vez sobre qué sería lo mejor para hacer, y entonces me acordé de Napoleón.
-Sí, él puede sacarme de este atolladero –pensé satisfecho
No quería quedarme en ése silencio tan incómodo, y sabía que si seguía así callado Paola podría irse, y no quería que se fuera.
-Si puedes vé por Napoleón esta noche –solté, aún con la mirada clavada en la ventana de la habitación- Aiko-san quiso alimentarlo, pero él aún no deja que se le acerque y se esconde cuando la ve –añadí, recordando los intentos de Aiko-san los últimos días respecto a mi gato
-Lo llevaré conmigo, no te preocupes –respondió, y no agregó más. De pronto sentí que estaba ahí como obligada y la sola idea me dolió
-Gracias… -musité decepcionado. Decepcionado de mí mismo por no ser capaz de perdonarla por aquél incidente con Izawa, y decepcionado de ella porque no intentara, como otras veces, de hablar conmigo de lo que sea tratando de contagiarme su alegría para que pensara en positivo
Otra vez ninguno dijo nada. Yo seguía pensando en qué más poder sacar a colación para que ella me hablara, pero no se me ocurría nada. Entonces Aiko-san volvió a entrar en la habitación y yo reprimí una exhalación de fastidio.
Justo cuando intentaba retomar una conversación con Paola, ella nos interrumpía. Sabía que no lo hacía con mala intención y que ni sabía al respecto; pero realmente había sido inoportuna.
-Eh…Será mejor que me vaya ya –dijo Paola
Otra vez el corazón me dio un vuelco y giré la cabeza para mirarla. ¿Cómo que se iba? Si apenas acababa de llegar. ¿En verdad me iba a dejar solo allí? ¿no se iba a quedar como se supone hubiera hecho antes? ¿eso era todo? ¿una especie de visita de médico?
-¿Ya te vas? –gruñí, disconforme
-Sí, tu novia está aquí así que estarás bien cuidado –soltó tranquilamente y eso me indignó aún más
Así que en verdad había ido obligada, seguramente por Sorimachi para saber qué había pasado. Y ya que había visto que no tenía nada grave pues era hora de irse. Nunca hubiera esperado semejante indiferencia por parte de ella.
-Gracias por venir –intervino Aiko-san con esa amabilidad tan característica suya
-Era mi obligación. Después de todo…él es mi amigo –dijo Paola, y aquello fue como una puñalada
Definitivamente había ido obligada. Qué tonto fui al emocionarme creyendo que estaba genuinamente preocupada por mí.
-Cuídate, y haz caso de lo que dicen los médicos, ¿sí? –añadió, como si yo fuera un extraño, y eso me indignó mucho más
-Como sea… -contesté molesto, evitando mirarla
Si se iba a ir no quería verla. Es más, si había ido obligada mejor que ni volviera. No podía ser que en tan poco tiempo su actitud hacia mí hubiera cambiado tanto, al punto de dejarme solo en ése hospital sabiendo que podía necesitarla.
No sé qué le había pasado a Paola –ni si ése algo tenía algo que ver con Izawa-, pero en ése momento no quería saber. Sólo quería que se fuera si se iba a ir, o sería capaz de echarle en cara todo lo que yo sentía, como nunca antes había hecho.
-Adiós –escuché que dijo, y nuevamente sentí un golpe muy fuerte en la boca del estómago
Escuché que la puerta se abría y luego se deslizaba nuevamente para cerrarse.
-En verdad se fue –pensé, dolido e indignado- En verdad me dejó solo…
-¿Quieres un poco de jugo? –me preguntó Aiko-san
-No, gracias –contesté sin mirarla- Quiero dormir. ¿Puedes dejarme solo? –le pedí, tratando de no sonar brusco porque me sentía muy enojado
-Mmmm…está bien –contestó ella tranquilamente
Me ayudó a cubrirme con las sábanas y salió muy cuidadosamente, cerrando la puerta tras de sí.
-Realmente te fuiste –musité decepcionado, pensando en Paola- No sé qué demonios te pasó ni por qué estás así, pero así no quiero estar contigo –añadí, molesto
El par de días que tuve que quedarme en el hospital sólo Aiko-san fue a quedarse conmigo el rato libre que tenía a mediodía y después del trabajo. Mis compañeros también habían ido de visita. Pero la persona que yo suponía iba a volver porque le preocupaba, no volvió.
No sabía ya ni cómo sentirme. Si indignado, molesto, o qué. Paola ni me había llamado para saber cómo estaba, a ése punto de indiferencia había llegado. Me dolía y me enojaba ver lo que pasaba y yo sin poder hacer nada.
Una vez que me dieron el alta del hospital me fui a buscar a Napoleón. Así tendría la excusa de ver a Paola y poder preguntarle –si me animaba- por qué demonios se estaba comportando así conmigo.
Parado frente a su puerta respiré profundamente. Tenía que controlar la indignación que sentía y parecer calmado. Toqué el timbre y cuando ella abrió y la tuve enfrente, tensé la mandíbula para no ponerme a reclamarle de una su indiferencia hacia mí.
-Hola –dije casi escupiéndolo- Vine por Napoleón
Ella me miró por unos segundos y luego desvió la mirada.
-Ya vengo, voy por su jaula –me dijo sin más, y eso me ofendió aún más
Ni siquiera, estando yo ahí, me preguntó cómo estaba. Nada. Su indiferencia seguía y para mí eso ya era el colmo. Ésa no era la Paola que yo conocía, y su actitud me estaba molestando cada vez más.
Sin decir nada, Paola trajo la jaula de mi gato y luego a Napoleón. Se despidió de él, lo metió a la jaula y me lo entregó, así sin más.
-Aquí está, ya puedes llevártelo –me dijo, sin mirarme siquiera- Comió hace poco, así que ten eso en cuenta. No lo sobrealimentes
¿De qué demonios estaba hablando? No nos veíamos en días, después de que yo estuviera internado en el hospital, ¿y ella fingía que no había pasado nada? ¿como si nos hubiéramos visto ayer? Eso fue para mí la gota que rebasó el vaso. No pude más. En otra ocasión me habría callado, como solía hacer, pero esta vez no pude quedarme sin reclamar.
-¿Se puede saber por qué me has estado ignorando? –quise saber, molesto
-Yo no te he estado ignorando –contestó cínicamente
¿Me estaba tomando por idiota? ¡obviamente me había estado ignorando! ¿cómo podía salirme ahora con que no me estuvo ignorando? Eso ya era el colmo.
-Estuve internado por dos días y tú ni te apareciste. Y ni mencionar que antes de eso no me escribiste ni me llamaste una sola vez para que vayamos a comer o algo. ¿Se puede saber qué te pasa? –reclamé cada vez más enojado
-¿A mí? Nada. Y en todo caso tú podías llamar o escribir, ¿no? –me replicó, y yo me quedé descolocado
-Sí, pero ése no es el caso –alegué
Me había agarrado en curva. Sí, tenía razón, yo podía haber sido quien llamara, pero lo importante ahí no era eso, sino que ella me había estado ignorando desde hacía ya un tiempo.
-Estás extraña, así que algo tiene que pasarte –insistí, retomando el punto
-¿Por qué dices que estoy extraña? –devolvió con ése cinismo que no solía mostrar conmigo
-¿Estás enojada conmigo por algo?
-¿Debería estarlo?
-Deja de responderme con otra pregunta –exigí, frunciendo el ceño
-No me pasa nada, así que deja de inventar. Quizás el golpe que te diste en la cabeza fue tan fuerte que ya ves cosas que no existen –se burló. ¿Cómo podía burlarse cuando estábamos hablando de algo tan serio?
-¿Tiene que ver con Aiko-san? –solté casi inconscientemente. Después de todo ésa era la única teoría lógica que vino a mi mente después de tanto pensar al respecto
Y es que, mientras estaba en el hospital –teniendo tanto tiempo de sobra-, había estado analizando el cambio de actitud de Paola, y concluí –no muy convencido- de que aparentemente todo había comenzado desde que comencé a salir con Aiko-san.
No podía ser –me dije a mí mismo-, pero ¿qué tal si fuera eso? Las mujeres son muy complicadas. Y recordé que, estando en colegio, a Paola le molestaba mucho cuando alguna chica se acercaba a sus amigos –en especial a Sorimachi- como entrometiéndose entre ella y ellos. Entonces pensé que quizá eso le podía estar pasando ahora. Que nuevamente, como en ésos años, Paola creía que Aiko-san era una entrometida entre ella y yo, uno de sus amigos. Pero si no se lo preguntaba no iba a saber si había dado en el clavo o no, así que por eso se lo pregunté.
-Sí y no –me contestó sin inmutarse
-¿Cómo que sí y no? –me indigné. Esa no era una respuesta aceptable
-Sí, porque ahora ella es tu novia y entiendo que tienes que pasar más tiempo con ella, no conmigo que sólo soy tu amiga –me explicó
Ajá, con que eso era. Sí era como cuando estábamos en Instituto. Ella de verdad pensaba que Aiko-san se había metido entre ella y yo, y le incomodaba tener que "compartir" a su amigo. Vaya, no sabía que Paola podía ser así de infantil y posesiva.
-El que tenga novia no cambia las cosas contigo –aclaré, conmovido al darme cuenta de la razón de todo, dejando el enojo a un lado
-Eso ya lo sé
-¿Entonces cuál es el problema? –quise saber
Ahora que sabía la razón por la que Paola se había estado comportando así de extraña, pues quería terminar de entender lo que pasaba, sin dejar nada a medias. Pero Paola no respondió. Se quedó ahí mirándome como si estuviera congelada.
-¿No me vas a responder? –insistí, impaciente
-¿Qué esperas que te diga? –me devolvió
-Cuál es el problema que tienes con Aiko-san –repetí, tratando de mantener la calma y no exaltarme
Quería escuchar de su boca ése "ella se está entrometiendo entre tú y yo". Así yo saldría a explicarle que las cosas no eran tan así, y que aún seguíamos siendo amigos y que podíamos continuar haciendo las cosas que hacíamos siempre.
-¿Problema? Yo no tengo problemas con ella –insistió tozudamente
Ya la había descubierto. Ya no podía seguir negándolo más y yo no iba a desistir hasta que no lo admitiera.
-Tienes que tenerlo, porque tu actitud es extraña y, haciendo cuentas, todo empezó cuando comencé a salir con ella –le expliqué tranquilamente
-¿Estás diciéndome que estoy celosa o algo así? –se indignó
-No, pero quiero saber cuál es tu problema, porque algún problema tienes que tener…
-¡¿Que yo tengo un problema?! –se alteró de pronto, sorprendiéndome- ¡Mejor dime cuál es tu problema!
-¿Mi problema? –repetí confundido. ¿Por qué se había enojado así de repente? Si yo le estaba hablando con tranquilidad y casi estábamos a punto de llegar al punto preciso para solucionarlo todo- De qué demonios estás hablando, si la del problema eres tú -repliqué
-¿Yo? Pues sí, ¡si tanto quieres saberlo, sí, sí tengo un problema! ¡mi problema eres tú! –me gritó molesta y yo no supe qué cara poner
-¿Cómo? –musité
¿Que yo era su problema? ¿por qué yo sería un problema para Paola? En lugar de aclararse, todo se iba poniendo de mal en peor. En lugar de estar acercándonos a la solución, ahora nos estábamos alejando de ella.
-¡Tú eres el problema, eres mi problema! ¡porque no importa cuánto me lo diga a mí misma, no puedo aceptar que no puedo estar contigo y eso duele! –siguió, y con cada palabra yo sentía que un agujero se abría bajo mis pies y se hacía cada vez más grande
-¿De qué estás hablando? –pregunté, casi pasmado
De estar a punto de que ella aceptase que estaba celosa de Aiko-san por ser mi novia y que ella haya dejado de ser la única mujer con la que yo pasara el tiempo, ahora ella me salía con algo así.
Aquello que acababa de decirme había sonado a una extraña confesión de una mujer a un hombre, y se suponía que los que estábamos allí éramos sólo nosotros. Paola y yo, una amiga y un amigo, nada más que eso. ¿Cómo es que todo se había tornado así de repente? Yo quería encontrar de una vez la solución al problema que había empezado tras la aparición de Aiko-san, no tener más dudas sin respuesta que complicasen mi ya caótica mente.
-¿Que qué estoy diciendo? ¡mírame, eso estoy diciendo! ¡mírame! ¡eso estuve diciéndote por más de diez años! –siguió gritando, y la cabeza comenzó a darme vueltas porque eso no podía estar pasando, era irreal- Mírame…y tú nunca te dignaste a hacerlo –agregó, apaciguando la voz, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas, y eso para mí fue como un puñal helado que me atravesaba el pecho, porque me dolía verla así. Nunca me gustó verla llorar
-¿Qué? –dije en un hilo de voz, aún sin entender de qué iba todo aquello que ella decía
No era posible que aquello que ella estaba diciendo fuera lo que yo creía que era. Ella no podía estar confesándose…¿a mí? No podía ser cierto.
-Siempre me viste sólo como a una amiga, y yo tenía la esperanza de que un día eso cambiaría, pero la realidad me golpeó de frente cuando me di cuenta que eso nunca pasaría, porque para ti nunca fui una mujer; y eso lo comprobé cuando decidiste elegir a una mujer tan distinta a mí. Así que no sé qué era lo que en verdad esperaba…
Con cada palabra yo sentía como si me hundiera más y más en aquél agujero bajo mis pies, y la cabeza comenzó a darme más y más vueltas. Todo era muy confuso.
-Me gustabas –me dijo, mirándome ceñuda, como si me estuviera reclamando- Me gustas, y no pude decírtelo antes, pero es así…
-¿Qué?
No, no lo había entendido mal. Paola se estaba confesando, se ME estaba confesando, y era como recibir un baldazo de agua fría. Fue como recibir un corrientazo que pasó por todo mi cuerpo. Una parte de mí se removió mientras otra se congeló. Jamás habría esperado algo así y, por ende, no sabía cómo reaccionar, más porque todo había ocurrido de forma repentina y sin previo aviso.
-Desde hace mucho que no te veo sólo como a un amigo. Tú me gustas como hombre. Hasta…siento que hasta me enamoré de ti. Esperé vanamente que tú sintieras lo mismo, aunque no puedo culparte porque eso era sólo parte de una ilusión que yo misma me creé –siguió, y yo no sabía qué decirle
Quería preguntarle por qué no me lo había dicho antes, por qué en vez de decírmelo se había comportado así de extraña, por qué no había sido sincera, así lo hubiéramos podido hablar más tranquilamente y en otras circunstancias. Pero no, lo había soltado justo cuando ya venía hecho un caos, y aquella confesión me liaba aún más la mente.
Estaba tan confundido, sorprendido y en shock, que lo que solté fue –obviamente- una estupidez que no pude evitar, pero de la que me di cuenta y me arrepentí horas después cuando estuve solo para analizar lo que había pasado.
-¿Me estás hablando en serio? –dije atontado por la situación
-¡Claro que hablo en serio! –ella se indignó, y con razón, no puedo culparla
-Pero…
Quise decir más, quise arreglar lo que acababa de decir, o al menos decir algo más, pero ella no me dejó. Comenzó a decirme que sabía qué respuesta iba a darle, y cuando me dijo ése "sólo te veo como a una amiga" estaba seguro que no era eso precisamente lo que le habría dicho. Pero entonces, ¿qué le hubiera respondido? -me pregunté-, y sólo atiné a bajar la cabeza.
Como siempre, gracias a BraveNewWorldd y kuroidono2 por seguir esta historia :)
Paola Wakabayashi, Aiko Fujimiya y Naoko Hoshigawa son personajes OC creado por Tsuki_W.
Todos los personajes de Captain Tsubasa son propiedad de Yoichi Takahashi y Shueisha.
